Aspectos relacionales entre el trastorno del espectro autista y la microbiota intestinal. Revisión narrativa

8 agosto 2026

 

AUTORES

  1. Luis Manuel Montull Cereceda. Enfermero Hospital Universitario San Jorge. Huesca, España.
  2. Laura Gazol Borraz. Enfermera Hospital Universitario San Jorge. Huesca, España.
  3. Héctor Gil Gómez. Enfermero Residencia para personas mayores Ciudad de Huesca. Huesca, España.
  4. Julián Crespo Sarvisé. Enfermero Hospital Universitario San Jorge. Huesca, España.
  5. María Trinidad Rincón Carmona. Enfermera Hospital Universitario San Jorge. Huesca, España.
  6. David Malo Mir. Graduado en Enfermería. Huesca, España.

RESUMEN

Introducción: El trastorno del espectro autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo que afecta principalmente a la comunicación, la interacción social y la conducta. En los últimos años ha aumentado el interés por conocer el papel que desempeña la microbiota intestinal en este trastorno. Diversos estudios plantean que existe una conexión entre el intestino y el cerebro que podría influir en la aparición o intensidad de los síntomas.

Objetivo: Analizar la relación existente entre la microbiota intestinal y el trastorno del espectro autista, revisando la evidencia científica disponible sobre su posible influencia en el desarrollo del trastorno y en las alternativas terapéuticas.

Metodología: Para la elaboración de este trabajo se realizó una revisión bibliográfica de artículos científicos, trabajos académicos y publicaciones relacionadas con el TEA y la microbiota intestinal en diferentes bases de datos.

Desarrollo y resultados: La revisión de los estudios muestra que las personas con TEA suelen presentar alteraciones en la microbiota intestinal y una mayor frecuencia de problemas gastrointestinales. Algunos tratamientos, como el uso de probióticos, prebióticos o el trasplante de microbiota fecal, han conseguido mejorar ciertos síntomas en algunos pacientes.

Conclusión principal: La microbiota intestinal desempeña un papel importante en el funcionamiento del eje intestino-cerebro y se relaciona con algunos síntomas del trastorno del espectro autista. Aunque las investigaciones realizadas hasta ahora ofrecen resultados prometedores, todavía no existe evidencia suficiente para establecer tratamientos definitivos. Es necesario realizar estudios más amplios y con un seguimiento prolongado para obtener conclusiones más sólidas. Aun así, esta línea de investigación abre nuevas posibilidades para mejorar la calidad de vida de las personas con TEA. Comprender mejor esta relación puede favorecer el desarrollo de futuras estrategias terapéuticas.

PALABRAS CLAVE

Trastorno del espectro autista, microbioma gastrointestinal, sistema nervioso central.

ABSTRACT

Introduction: Autism Spectrum Disorder (ASD) is a neurodevelopmental condition that primarily affects communication, social interaction, and behavior. In recent years, growing interest has focused on understanding the role of the gut microbiota in this disorder. Several studies suggest the existence of a gut–brain connection that may influence the onset or severity of ASD symptoms.

Objective: To analyze the relationship between the gut microbiota and Autism Spectrum Disorder by reviewing the available scientific evidence regarding its potential influence on the development of the disorder and on possible therapeutic approaches.

Methods: A literature review was conducted using scientific articles, academic papers, and publications related to ASD and the gut microbiota retrieved from different databases.

Results: The reviewed studies indicate that individuals with ASD frequently exhibit alterations in the gut microbiota and a higher prevalence of gastrointestinal disorders. Some therapeutic interventions, including the use of probiotics, prebiotics, and fecal microbiota transplantation, have shown improvements in certain symptoms in some patients.

Main Conclusion: The gut microbiota plays an important role in the functioning of the gut–brain axis and is associated with several symptoms of Autism Spectrum Disorder. Although current research has yielded promising results, there is still insufficient evidence to establish definitive therapeutic interventions. Larger studies with longer follow-up periods are needed to draw more robust conclusions. Nevertheless, this line of research opens new possibilities for improving the quality of life of individuals with ASD. A better understanding of this relationship may contribute to the development of future therapeutic strategies.

KEY WORDS

Autism Spectrum Disorder, Gastrointestinal Microbiome, Central Nervous System.

INTRODUCCIÓN

El presente trabajo pretende analizar los parámetros relacionales existentes entre la microbiota intestinal y su implicación en el trastorno del espectro autista (TEA) a través de una revisión bibliográfica de diversas fuentes con el objetivo de contrastar diferentes opiniones y analizar el panorama científico, esbozando aquellos puntos que evidencian la falta de consenso respecto al tema que se trata.

Aunque el tratamiento científico y divulgativo de este proceso relacional todavía no es muy prolífico, las investigaciones favorables sobre el autismo y su fisiopatología aumentan, especialmente debido al constante incremento de niños con TEA desde la década de los 90, un 1% cada vez más creciente de la población mundial sufre este trastorno1,2.

El eje bidireccional existente entre la microbiota-intestino-cerebro establece el circuito relacional a nivel metabólico por vías inmunes, endocrinas y nerviosas -neuronales- que tienen una influencia intrínseca con el autismo y la regulación de las poblaciones bacterianas intestinales1.

Este mecanismo permite “adaptarse a los cambios ambientales y mantener un equilibrio microecológico”3. Las últimas investigaciones acerca de los procesos terapéuticos que intervienen en este mecanismo buscan entender cómo la modificación de una microbiota intestinal anormal favorece el alivio de los síntomas en diferentes dimensiones (biológicas, metabólicas y conductuales) del autismo3.

Si bien no existe un horizonte para la cura del autismo, la evidencia vislumbra un cambio en el alivio de la sintomatología gastrointestinal y comportamental a través de diferentes terapias que alteran la microbiota2.

OBJETIVOS

General: Analizar la evidencia científica disponible sobre la relación entre la microbiota intestinal y el trastorno del espectro autista, así como su posible implicación en el desarrollo, la sintomatología y las estrategias terapéuticas del trastorno.

Específicos:

– Describir la influencia del eje microbiota-intestino-cerebro en la fisiopatología del trastorno del espectro autista.

– Identificar las alteraciones de la microbiota intestinal más frecuentemente descritas en personas con trastorno del espectro autista.

– Revisar la eficacia de las intervenciones dirigidas a la microbiota intestinal, como los probióticos, prebióticos y el trasplante de microbiota fecal, en la mejora de la sintomatología asociada al TEA.

METODOLOGÍA

Se realizó una revisión bibliográfica sobre la relación entre la microbiota intestinal y el trastorno del espectro autista (TEA). La búsqueda de información se llevó a cabo en las bases de datos PubMed, Scielo y Dialnet. Se emplearon los descriptores DeCS/MeSH “Trastorno del Espectro Autista”, “Microbioma Gastrointestinal”, “Sistema Nervioso Central” combinados mediante los operadores booleanos “AND” y “OR”.

La estrategia de búsqueda permitió recuperar un total de 86 artículos. Tras eliminar 16 estudios duplicados, se revisaron 70 títulos y resúmenes. Posteriormente, se aplicaron los criterios de inclusión y exclusión, seleccionándose 24 artículos para lectura a texto completo, de los que se incorporan finalmente 11 estudios.

Como criterios de inclusión se consideraron artículos originales y revisiones publicados en español o inglés durante los últimos diez años, disponibles a texto completo y relacionados con la microbiota intestinal y el TEA. Se excluyeron estudios duplicados, trabajos con acceso restringido, cartas al editor, tesis y publicaciones que no abordaban de forma específica la relación entre ambas variables. La información obtenida fue analizada de forma organizada según los hallazgos identificados en la literatura científica.

RESULTADOS

1. Evolución Conceptual e Histórica del Trastorno del Espectro Autista (TEA).

  1. Etimológicamente, el término autismo deriva del griego autt(o) -actuar sobre uno mismo- combinado con el sufijo -ismo -proceso patológico-. Su introducción en la literatura clínica se atribuye al psiquiatra Eugen Bleuler en 1908, quien lo empleó originalmente como un descriptor sintomático de la alienación observada en pacientes con esquizofrenia. Posteriormente, el término fue redefinido al identificarse un síndrome clínico específico caracterizado por la incapacidad innata para establecer relaciones interpersonales, alteraciones severas en el desarrollo del lenguaje y patrones de movimientos estereotipados y repetitivos carentes de finalidad manifiesta2.
  2. La taxonomía y el marco diagnóstico de esta condición han experimentado modificaciones de gran relevancia. En clasificaciones previas, como las recogidas en el DSM-IV, el marco nosológico fragmentaba el fenómeno en categorías diferenciadas: alteración cualitativa de la interacción social, alteración de la comunicación y patrones de comportamiento restringidos. Sin embargo, los criterios actuales del manual unificaron estos subtipos históricos —trastorno autista, trastorno desintegrativo infantil, trastorno de Asperger y el trastorno generalizado del desarrollo no especificado— bajo un constructo único y multidimensional denominado Trastorno del Espectro Autista4. Este enfoque actual reconoce el TEA como un espectro de conductas complejas y heterogéneas, omitiendo la delimitación cronológica estricta de su inicio y restringiendo su etiopatogenia a las fases tempranas del desarrollo físico-cognitivo2.
  3. Desde una perspectiva neurobiológica, el TEA se define como un conjunto de alteraciones del neurodesarrollo de carácter crónico y expresión fenotípica variable2. La evidencia disponible sugiere una disfunción en la corteza cerebral que altera la conectividad sináptica, modificando los circuitos de procesamiento de información compleja. Esta fisiopatología posee un componente genético significativo, con variantes moleculares que codifican proteínas estructurales y funcionales de la sinapsis5. Epidemiológicamente, aunque las tasas de prevalencia exhiben variabilidad global, a nivel local se estima una incidencia de 8 casos por cada 10.000 niños, con una distribución marcadamente asimétrica que afecta con mayor frecuencia al sexo masculino6.

2. El Eje Microbiota-Intestino-Cerebro: Bases Anatómicas y Fisiológicas.

  1. A la compleja red de factores genéticos, neuroquímicos e inmunitarios que modulan el TEA, se ha sumado el estudio de la microbiota intestinal (MI) como un factor epigenético y modulador del neurodesarrollo. La MI constituye un ecosistema denso que concentra aproximadamente 10 millones de genes bacterianos, representando cerca del 99% del microbioma humano y una masa aproximada de 1 kg7. Taxonómicamente, esta comunidad está integrada por un 93% de bacterias (predominantemente anaerobias, con más de 1.000 especies identificadas), un 5,7% de virus y hongos, un 0,8% de arqueas y un 0,5% de eucariotas6.
  2. La comunicación entre este ecosistema microbiano y el sistema nervioso central (SNC) se articula a través del denominado eje microbiota-intestino-cerebro, una red bidireccional que integra vías neuronales, endocrinas, metabólicas e inmunitarias7. El sustrato anatómico principal de esta conexión es el sistema nervioso entérico (SNE), una división del sistema nervioso autónomo que posee más de 200 millones de neuronas organizadas en los plexos mientérico y submucoso8. Aunque el SNE posee autonomía funcional para coordinar la motilidad, la secreción mucosa, el flujo sanguíneo epitelial y las respuestas inmunes locales, mantiene una interconexión constante con el SNC a través del nervio vago y los ganglios paravertebrales8.
  3. Las bacterias intestinales metabolizan sustratos de la dieta y sintetizan neuroactivos y ácidos grasos de cadena corta (AGCC) que actúan como señales moleculares. Estos metabolitos utilizan las vías aferentes del nervio vago para inducir modificaciones en estructuras cerebrales centrales, modulando respuestas cognitivas, conductuales y emocionales 1. El control es estrictamente bidireccional: mientras el SNC regula el ambiente luminal y la composición de la MI mediante la modulación de la motilidad y la secreción de proteínas protectoras como la mucina, los metabolitos bacterianos intervienen en la homeostasis del hospedador8.
  4. Un ejemplo crítico es el ácido propiónico (APP), un ácido orgánico producido por la fermentación bacteriana que es capaz de atravesar la barrera intestinal y la barrera hematoencefálica. Una vez en el SNC, el APP es captado por la glía y las neuronas, actuando como sustrato energético y modulador epigenético durante las fases críticas del desarrollo cerebral temprano8. Asimismo, estos metabolitos interactúan con la microglía y los astrocitos, mediando respuestas neuroinflamatorias ligadas a diversas condiciones neuropsiquiátricas, incluyendo la ansiedad, la depresión y el deterioro cognitivo7,8.

3. Disbiosis Intestinal y Comorbilidades Gastrointestinales en el TEA.

  1. La existencia de una correlación entre las alteraciones de la MI (disbiosis) y la gravedad fenotípica del TEA se apoya en la alta prevalencia de disfunciones gastrointestinales en esta población. Los pacientes con TEA presentan una incidencia hasta cuatro veces mayor de sintomatología digestiva —como dolor abdominal, distensión, diarrea crónica, estreñimiento y dispepsia— en comparación con controles neurotípicos3,9. Esta disfunción digestiva no es un fenómeno aislado; existe una correlación directa entre la severidad de los trastornos gastrointestinales y la agudización de manifestaciones conductuales como la irritabilidad, la agresividad, los trastornos del sueño y las conductas autolesivas3.
  2. Mecánicamente, la disbiosis altera la integridad de la barrera mucosa, desencadenando un estado anómalo de la permeabilidad intestinal. Este fallo estructural permite la traslocación a la circulación de metabolitos y endotoxinas bacterianas que, al cruzar la barrera hematoencefálica, incrementan la neuroinflamación y alteran la función sináptica 10. Géneros bacterianos específicos, como Fusobacterium, han sido vinculados con la producción de metabolitos neurotóxicos con un impacto sistémico directo3.
  3. El establecimiento inicial de la MI ocurre mediante la colonización vertical durante la gestación, el parto y la lactancia. Se ha sugerido que factores metabólicos maternos, como la obesidad gestacional, constituyen un factor de riesgo para el desarrollo de alteraciones del neurodesarrollo en la descendencia, debido a la transferencia de perfiles microbianos anómalos que comprometen el desarrollo inmunológico y neurológico temprano del neonato9.

4. Estrategias Terapéuticas Basadas en la Modulación de la Microbiota.

  1. La evidencia de la interacción biológica en el eje intestino-cerebro ha impulsado el desarrollo de intervenciones clínicas orientadas a la restauración de la eubiosis -estado de equilibrio de la microbiota- mediante el uso de prebióticos, probióticos y el trasplante de microbiota fecal (TMF)11.

4.1. Prebióticos y Probióticos

  1. Los prebióticos se definen como sustratos alimentarios no digeribles (tales como oligosacáridos, almidón resistente y polisacáridos no amiláceos) que estimulan selectivamente el crecimiento y la actividad de taxones bacterianos beneficiosos11. Los ensayos clínicos sugieren que su administración contribuye a la reducción de biomarcadores inflamatorios sistémicos -citoquinas y quimioquinas- y normaliza los perfiles de metabolitos exógenos en orina y heces.
  2. Por su parte, los probióticos son microorganismos vivos viables que, administrados en dosis adecuadas, confieren un beneficio a la salud11. Aunque la literatura científica asocia su uso con mejoras en las puntuaciones de escalas de comportamiento y estado anímico, la interpretación de estos hallazgos presenta un sesgo metodológico recurrente: la mejoría conductual coexiste con una remisión de las dolencias gastrointestinales, lo que dificulta determinar si el impacto sobre el comportamiento es un efecto neuroquímico directo o una consecuencia indirecta del alivio del malestar físico.

4.2. Trasplante de Microbiota Fecal (TMF) y Terapias Antimicrobianas.

  1. La viabilidad de modificar la conducta mediante la manipulación de la MI se documentó inicialmente en roedores, donde la infusión intracerebral de APP indujo conductas repetitivas y déficit social, mientras que el TMF redujo la sintomatología conductual en el TEA. En humanos, un hito clínico preliminar se observó tras la administración de antibióticos de amplio espectro en un paciente pediátrico, lo que indujo un cuadro regresivo compatible con TEA debido a la erradicación de la MI remanente, exceptuando cepas de Clostridium productoras de neurotoxinas; la posterior instauración de antibioterapia dirigida (vancomicina y metronidazol) revirtió la sintomatología autista tras restaurar el equilibrio del microbioma intestinal6.
  2. Otro estudio clínico evaluó la eficacia del TMF (administrado por vía oral o colonoscopia) en 40 niños con TEA y comorbilidades gastrointestinales, comparándolos con un grupo control de 16 sujetos neurotípicos3. Los resultados del ensayo arrojaron datos significativos:
  • Atenuación de la sintomatología gastrointestinal: Se registró una reducción del 35% en manifestaciones como dolor abdominal, reflujo y estreñimiento, una cifra que en estudios homólogos norteamericanos alcanzó hasta el 80% de efectividad11.
  • Modulación conductual: Se observó una mejoría cuantitativa del 10% en variables asociadas al lenguaje, estado de ánimo y reactividad emocional, sin registrarse efectos adversos graves. No obstante, los beneficios clínicos revirtieron progresivamente a partir de la octava semana post-tratamiento, sugiriendo la necesidad de protocolos de mantenimiento prolongados3.
  • Respuestas neuroquímicas y taxonómicas: El análisis sérico posterior al TMF reveló una modulación y normalización de los niveles de neurotransmisores clave implicados en la cognición y el comportamiento, notablemente la serotonina (5-HT), el ácido gamma-aminobutírico (GABA) y la dopamina (DA)3.

A nivel taxonómico, si bien el TMF no reestructuró la diversidad alfa global de las comunidades bacterianas, sí indujo variaciones significativas en la diversidad beta, promoviendo la colonización eficiente de taxones del donante3. Se observó un incremento de Eubacterium coprostanoligenes, el cual correlacionó positivamente con la disminución del malestar digestivo, y una estabilización de géneros como Christensenellaceae, Akkermansiaceae, Coprococcus 2, Eisenbergiella y Tyzzarella, junto con la regulación de Verrucomicrobia, comúnmente asociado a patologías neurodegenerativas3. Por el contrario, los perfiles basales pre-tratamiento en pacientes con TEA evidenciaron un déficit crónico de bacterias productoras de AGCC, específicamente de los géneros Faecalibacterium, Ruminococcus, Bifidobacterium y Bacteroides6.

CONCLUSIONES

  1. La eubiosis y el correcto desarrollo de la microbiota intestinal constituyen factores críticos en la preservación de la homeostasis sistémica. Las alteraciones en la ventana de colonización temprana o las modificaciones anómalas posteriores se vinculan con la fisiopatología de enfermedades locales y trastornos neuropsiquiátricos complejos.
  2. El Trastorno del Espectro Autista debe ser abordado desde un paradigma etiológico multifactorial. Si bien carece de una resolución curativa actual, la modulación de la microbiota intestinal representa una frontera terapéutica prometedora con capacidad demostrada para influir en la homeostasis inmunitaria, endocrina y neurológica del hospedador.
  3. La incorporación clínica de prebióticos, probióticos y el trasplante de microbiota fecal en la última década ha aportado herramientas capaces de corregir perfiles de disbiosis severos. Estas intervenciones han demostrado eficacia en la mitigación de las comorbilidades gastrointestinales y en la mejora secundaria de los índices psicobiológicos y conductuales en pacientes pediátricos con TEA.
  4. A pesar de las correlaciones biológicas descritas, la literatura científica actual adolece de una marcada fragmentación metodológica. La escasez de ensayos clínicos controlados se ve agravada por una profunda heterogeneidad en el diseño de los estudios: las muestras analizadas presentan que discrepan respecto a la gravedad clínica del TEA, la presencia de discapacidad intelectual y las comorbilidades asociadas. Asimismo, la falta de estandarización en las cepas empleadas, las dosificaciones de pre/probióticos, la ausencia frecuente de grupos placebo y el seguimiento a corto plazo limitan la obtención de conclusiones definitivas, haciendo necesaria la realización de ensayos clínicos a gran escala y a largo plazo.

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