AUTORES
- Yolanda Soler Gómez. Enfermera. Hospital Obispo Polanco Teruel. España.
- Dolores Miguela Fernández Viñado. Enfermera. Hospital Obispo Polanco Teruel. España.
- Carlos Martínez Fernández. Enfermero. Hospital Obispo Polanco Teruel. España.
- Helena Licer Gómez. Enfermera. Hospital Obispo Polanco Teruel. España.
- Elena Rodríguez Latorre. Enfermera. Hospital Quirón Zaragoza. España.
- María Belén Barrera Muñoz. Enfermera- Hospital Obispo Polanco Teruel. España.
RESUMEN
La hemorragia digestiva alta (HDA) es una urgencia médica frecuente que implica la pérdida de sangre proveniente del tracto gastrointestinal superior, habitualmente por lesiones esofágicas, gástricas o duodenales. El manejo de estos pacientes requiere una intervención inmediata, integral y protocolizada, en la que el rol de enfermería es esencial para la estabilización hemodinámica, la preparación de pruebas diagnósticas y la vigilancia estrecha del estado clínico. Este artículo revisa el abordaje enfermero del paciente con HDA desde su llegada al servicio de urgencias hasta su estabilización y recuperación, integrando elementos técnicos y humanos que garantizan una atención de calidad.
PALABRAS CLAVE
Hemorragia digestiva alta, cuidados de enfermería, urgencias, estabilización, sangrado gastrointestinal.
ABSTRACT
Upper gastrointestinal bleeding (UGIB) is a common medical emergency involving blood loss from the upper digestive tract, usually due to esophageal, gastric, or duodenal lesions. Management requires immediate and comprehensive intervention, where nursing plays a key role in hemodynamic stabilization, preparation for diagnostic procedures, and close monitoring. This article explores nursing care for patients with UGIB from emergency admission through stabilization and recovery, emphasizing both technical competence and humanized care.
KEY WORDS
Upper gastrointestinal bleeding, nursing care, emergencies, stabilization, gastrointestinal bleeding.
DESARROLLO DEL TEMA
La hemorragia digestiva alta es una patología urgente que representa una causa importante de ingreso hospitalario. Se define como la pérdida de sangre con origen proximal al ángulo de Treitz, afectando comúnmente el esófago, estómago y duodeno1. Las causas más frecuentes incluyen úlceras pépticas, varices esofágicas y desgarros de la mucosa esofágica (síndrome de Mallory-Weiss). Clínicamente, se manifiesta por hematemesis (vómito de sangre) o melenas (heces negras y alquitranadas).
El tratamiento eficaz de la HDA depende de una actuación rápida y coordinada. En este proceso, la enfermería tiene un papel esencial tanto en la fase aguda como en la posterior vigilancia y recuperación del paciente. La combinación de competencias técnicas, observación continua y acompañamiento emocional mejora los resultados clínicos y la experiencia del paciente2.
Evaluación inicial y estabilización del paciente:
La fase inicial del abordaje de una hemorragia digestiva alta (HDA) es crítica. Una atención rápida y ordenada puede marcar la diferencia en el pronóstico del paciente. Desde el primer contacto, el personal de enfermería debe aplicar una valoración primaria con enfoque ABC (vía aérea, respiración, circulación), priorizando la oxigenación y la estabilización hemodinámica1.
- Vía aérea y oxigenación: si hay vómitos con sangre (hematemesis), se debe asegurar una vía aérea permeable. En casos severos, puede ser necesaria la intubación endotraqueal.
- Respiración: se administra oxígeno suplementario con mascarilla o cánula nasal, monitorizando la saturación de oxígeno constantemente.
- Circulación: se canalizan una o dos vías venosas periféricas de grueso calibre para reposición de volumen con soluciones cristaloides (Ringer Lactato o suero fisiológico) y, si es necesario, hemoderivados.
Se toman muestras de sangre para hemograma completo, pruebas de coagulación, función hepática, creatinina y tipificación sanguínea. El control estricto de signos vitales cada 10-15 minutos es esencial durante las primeras horas. La enfermería debe identificar signos de hipoperfusión, como palidez, piel fría, taquicardia, hipotensión o alteración del estado de conciencia2.
También se inicia un registro de ingresos y egresos, evaluando diuresis horaria mediante sonda vesical si el cuadro es grave. Este dato es clave para estimar el estado de perfusión renal y el volumen circulante efectivo.
Manejo durante la hemorragia activa:
Durante el episodio de sangrado activo, los cuidados de enfermería se intensifican. La monitorización continua del paciente permite detectar cambios bruscos en el estado hemodinámico. Se inicia tratamiento farmacológico prescrito por el equipo médico, entre los que destacan:
- Inhibidores de la bomba de protones (IBP) en perfusión continua, como el omeprazol o pantoprazol, para disminuir la secreción gástrica.
- Fármacos vasoactivos como la somatostatina o la terlipresina, especialmente en pacientes con sospecha de sangrado por varices esofágicas.
- Antibióticos profilácticos, especialmente en pacientes cirróticos, para prevenir infecciones derivadas de la translocación bacteriana intestinal1.
El paciente debe permanecer en ayuno estricto. La enfermería asegura la correcta identificación y administración de medicamentos, revisa el estado de los accesos venosos y controla signos de efectos adversos, como hipotensión o bradicardia.
Además, se observan y registran con precisión las características del sangrado: color, consistencia, volumen estimado y frecuencia. Este dato es útil para orientar el diagnóstico y valorar la respuesta al tratamiento.
Preparación y asistencia durante la endoscopia:
La endoscopia digestiva alta es el método diagnóstico y terapéutico de elección. Se debe realizar en las primeras 24 horas, salvo que el paciente esté inestable. La función de enfermería incluye:
- Confirmar el cumplimiento del ayuno.
- Preparar el material necesario (fonendoscopio, pulsioxímetro, aspirador, oxígeno, fármacos).
- Colocar al paciente en posición decúbito lateral izquierdo.
- Brindar soporte emocional previo al procedimiento.
Durante la endoscopia, el personal de enfermería colabora estrechamente con el equipo médico: administra sedantes según protocolo, controla la saturación, vigila la presión arterial y observa signos de disconfort. Si el procedimiento incluye tratamiento endoscópico (esclerosis, ligadura, aplicación de clips), se deben manejar cuidadosamente los insumos necesarios.
Tras el examen, se continúa la monitorización en recuperación hasta que el paciente recupere plenamente el estado de conciencia. Se evalúa la tolerancia a líquidos antes de iniciar una dieta progresiva.
Vigilancia postendoscópica y cuidados continuos:
Después de la endoscopia, el paciente continúa en observación. Enfermería debe:
- Evaluar continuamente el estado hemodinámico.
- Vigilar la presencia de nuevo sangrado: heces negras recientes, hematemesis, o caída brusca de presión arterial.
- Controlar el dolor abdominal o distensión, que podrían indicar complicaciones como perforación.
- Reiniciar la dieta según tolerancia y prescripción médica, generalmente iniciando con líquidos claros y progresando a dieta blanda.
- Promover la movilización precoz si el estado lo permite, para evitar complicaciones asociadas a la inmovilidad.
En pacientes con comorbilidades (cirrosis hepática, insuficiencia renal, cardiopatías), la vigilancia debe ser aún más estricta debido al mayor riesgo de descompensación.
Educación sanitaria y prevención de recaídas:
Una vez superada la fase crítica, enfermería desempeña un papel clave en la educación sanitaria. Se deben explicar con claridad y empatía las posibles causas de la hemorragia y cómo prevenir recurrencias. Algunas intervenciones educativas relevantes incluyen:
- Consejos dietéticos: evitar alimentos irritantes, como café, alcohol, comidas picantes y frituras.
- Adherencia al tratamiento farmacológico: enseñar cómo tomar correctamente los IBP o protectores gástricos.
- Evitar AINEs sin indicación médica: informar sobre los riesgos del uso de analgésicos no prescritos, especialmente en pacientes con antecedentes de úlcera.
- Control de enfermedades crónicas: en pacientes con hipertensión portal, insistir en el seguimiento médico y la importancia del tratamiento profiláctico.
La participación de la familia es fundamental en esta etapa. El equipo de enfermería debe promover un entorno de confianza, en el que el paciente pueda expresar sus dudas y temores.
Apoyo emocional y humanización del cuidado:
Más allá del manejo clínico, la hemorragia digestiva alta representa una situación de gran carga emocional. La incertidumbre, el temor a una recaída y la sensación de vulnerabilidad son comunes. El personal de enfermería debe desarrollar una escucha activa y sin juicios, validando las emociones del paciente.
Es recomendable:
- Brindar contención emocional desde el ingreso.
- Mantener una comunicación clara y respetuosa.
- Involucrar al paciente en su cuidado cuando sea posible.
- Detectar signos de ansiedad, angustia o depresión para una derivación oportuna.
Un cuidado humanizado, empático y cercano mejora la experiencia del paciente y contribuye significativamente a su recuperación física y emocional3.
CONCLUSIONES
El paciente con hemorragia digestiva alta requiere atención inmediata, precisa y coordinada. La enfermería desempeña un papel clave en todas las fases del proceso: estabilización inicial, acompañamiento en el diagnóstico, cuidados postprocedimiento y educación para la prevención.
La competencia técnica debe ir acompañada de una atención humanizada que contemple los aspectos emocionales y sociales del paciente. Solo así se garantiza una recuperación segura y se minimiza el riesgo de recurrencias. La formación continua del personal de enfermería y la aplicación de protocolos actualizados son esenciales para afrontar con éxito este tipo de urgencias médicas.
BIBLIOGRAFÍA
- Sociedad Española de Patología Digestiva. Guía de actuación ante la hemorragia digestiva alta. Madrid: SEPD; 2023.
- Consejo General de Enfermería. Actuación de enfermería en urgencias digestivas. Madrid; 2022.
- Ministerio de Sanidad. Protocolo clínico para el manejo de hemorragias digestivas. Madrid; 2021.