AUTORES
- Laura Clemente Martínez. Enfermera Especialista en Salud Mental. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
- Sofia García Padilla. Enfermera Especialista en Salud Mental. Hospital Clínico Lozano Blesa. Zaragoza, España.
- Sergio López Suárez. Enfermero. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
- Candela Moreno Lambea. Enfermera. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
RESUMEN
La adolescencia es una etapa clave para adquirir hábitos que pueden mantenerse en la edad adulta. Durante este periodo existe una especial vulnerabilidad a problemas de salud mental y conductas de riesgo, por lo que el autocuidado y la existencia de entornos familiares, educativos y sociales protectores adquieren especial importancia.
Esta revisión bibliográfica tiene como objetivo principal revisar la evidencia científica sobre los principales hábitos de autocuidado durante la adolescencia, así como conocer estrategias para su implementación e identificar el papel de la familia, el entorno educativo y otros adultos de referencia.
Se realizó una revisión bibliográfica mediante búsquedas en PubMed, Dialnet, Cochrane, Scielo y CUIDEN, utilizando términos relacionados con autocuidado, adolescencia y hábitos saludables. Se incluyeron estudios recientes, en castellano o inglés, realizados en población adolescente y disponibles a texto completo, seleccionando finalmente seis artículos.
Los resultados revelan que el autocuidado comprende dimensiones físicas, emocionales, cognitivas y sociales. Entre las principales prácticas destacan una alimentación adecuada, actividad física, higiene, descanso, gestión emocional, aficiones, establecimiento de objetivos y límites interpersonales, relaciones saludables y capacidad para pedir ayuda. El apoyo familiar, educativo y social facilita la adquisición y mantenimiento de estos hábitos.
En conclusión, el autocuidado favorece la salud integral, la calidad de vida y el bienestar mental durante la adolescencia. Su desarrollo no depende únicamente del adolescente, sino también de su entorno. Por ello, las intervenciones deben promover hábitos saludables, habilidades de afrontamiento, factores protectores y capacidad para solicitar ayuda.
PALABRAS CLAVE
Adolescencia, autocuidado, hábitos saludables, salud mental, promoción de la salud.
ABSTRACT
Adolescence is a crucial time for developing habits that can be maintained into adulthood. During this period, there is a particular vulnerability to mental health problems and risky behaviours; consequently, self-care and the presence of supportive family, educational and social environments take on particular importance.
The main objective of this literature review is to examine the scientific evidence on the key self-care habits during adolescence, as well as to explore strategies for their implementation and to identify the role of the family, the educational environment and other significant adults.
A literature review was carried out using searches on PubMed, Dialnet, Cochrane, Scielo and CUIDEN, employing terms related to self-care, adolescence and healthy habits. Recent studies, in Spanish or English, conducted on adolescent populations and available in full text were included, resulting in the selection of six articles.
The results reveal that self-care encompasses physical, emotional, cognitive and social dimensions. Key practices include a balanced diet, physical activity, personal hygiene, rest, emotional regulation, hobbies, setting goals and interpersonal boundaries, healthy relationships and the ability to ask for help. Family, educational and social support facilitates the acquisition and maintenance of these habits.
In conclusion, self-care promotes holistic health, quality of life and mental wellbeing during adolescence. Its development depends not only on the adolescent but also on their environment. Therefore, interventions should promote healthy habits, coping skills, protective factors and the ability to seek help.
KEY WORDS
Adolescence, self-care, healthy habits, mental health, health promotion.
INTRODUCCIÓN
La adolescencia, comprendida entre los 10 y los 19 años según la OMS, constituye una etapa de importantes cambios físicos, psicológicos, emocionales y sociales, y resulta fundamental para el establecimiento de hábitos y comportamientos que pueden mantenerse durante la edad adulta. Debido a su vulnerabilidad, precisa de una especial atención por parte de familias o adultos implicados en su crianza, cuidado y desarrollo1.
Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1 de cada 7 jóvenes entre 10 y 19 años padece algún trastorno mental. Lo que supone aproximadamente un 14,3 %. Entre los problemas de salud mental más frecuentes durante esta etapa se encuentran los trastornos de ansiedad, la depresión y los trastornos del comportamiento, también pueden aparecer conductas autolesivas y otros problemas relacionados con la salud mental como trastornos de la conducta alimentaria1.
Este periodo es especialmente relevante para la adquisición de hábitos relacionados con el bienestar físico y mental, como el mantener patrones de sueño saludables, realizar actividad física, desarrollar habilidades para afrontar situaciones adversas y gestionar las emociones.
La presencia de entornos familiares, escolares y sociales protectores desempeña un papel importante en este proceso1.
Se trata de una época en la que se inician muchas de las conductas de riesgo para la salud como consumo de sustancias psicoactivas o conductas sexuales no seguras1.
Según La Encuesta sobre uso de drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES), una encuesta que se realiza en estudiantes de 14 a 18 años y permite analizar la evolución de los principales consumos de sustancias en esta población2.
Alrededor del 74% de los jóvenes españoles entre 14 y 18 años ha consumido alcohol alguna vez en su vida y la edad de inicio alrededor de los 14 años. Igualmente, la edad de inicio de consumo del tabaco y del cannabis se sitúa antes de los 15 años en ambas. Asimismo, resulta especialmente relevante la evolución del uso de sistemas electrónicos de suministro de nicotina (SEEN), conocidos habitualmente como cigarrillos electrónicos o “vapers”2.
Según el Estudio Health Behaviour in School-aged Children (HBSC), que analiza diversos hábitos y comportamientos entorno a la salud de adolescentes españoles entre 11 y 18 años, hay ciertos hábitos de vida que han aumentado o disminuido con las diferentes ediciones del mismo3.
Los resultados correspondientes a la edición de 2022 y su comparación con ediciones anteriores muestran una reducción del consumo de dulces, refrescos, consumo de cannabis o el embarazo adolescente. Sin embargo, también se ha reducido el número de personas que desayunan diariamente, el consumo de verduras, el uso de preservativo o las horas de actividad física semanal. Además, el número de horas de sueño también desciende en los últimos años, alejándose cada vez más del número de horas recomendadas para su edad3.
Por otra parte, aumenta la delgadez extrema, el uso de pastillas anticonceptivas, los episodios de embriaguez, el estrés escolar y la preocupación por su imagen corporal3.
Estos resultados ponen de manifiesto que el autocuidado durante la adolescencia no debe limitarse exclusivamente a la prevención de enfermedades, sino que debe contemplar un conjunto de conductas relacionadas con el bienestar físico, psicológico y social3.
Ante la presencia de hábitos de vida potencialmente perjudiciales para la salud, adquiere especial relevancia la promoción de prácticas de autocuidado. Se entiende como autocuidado “el conjunto de prácticas cotidianas y decisiones que desarrolla una persona, un grupo o una familia para cuidar su salud y tener una mejor calidad de vida” 4. Desde la perspectiva enfermera, el autocuidado se relaciona con las acciones que las personas realizan de manera intencionada para mantener su vida, salud y bienestar.
En el caso de los adolescentes, estas prácticas adquieren especial interés debido a que durante esta etapa se consolidan hábitos que pueden mantenerse durante la edad adulta.
Según la OMS, las intervenciones enfocadas a la promoción de la salud en la adolescencia se centran en aumentar la gestión emocional y/o resiliencia ante situaciones adversas, en enseñar alternativas a conductas de riesgos y promover relaciones y entornos sociales saludables1.
OBJETIVOS
El objetivo principal de este estudio es revisar la evidencia científica y la bibliografía referente a los hábitos de autocuidado más relevantes durante la adolescencia.
Como objetivos secundarios conocer diferentes estrategias para la implementación de hábitos de autocuidado. También identificar el papel de la familia, el entorno educativo y otros adultos de referencia en la adquisición y mantenimiento de dichos hábitos.
METODOLOGÍA
Se planteó una revisión bibliográfica de la evidencia científica referente al tema de estudio.
Se realizó una búsqueda bibliográfica utilizando las palabras clave “autocuidado” AND “adolescencia”, “autocuidado” AND “adolescentes”, “hábitos saludables” AND “adolescentes”. Así como “self care” AND “adolescent” en bases de datos como Pubmed, Dialnet, Cochrane, Scielo y CUIDEN.
La estrategia de búsqueda se orientó a identificar estudios relacionados con las prácticas de autocuidado, los hábitos saludables y su relación con el bienestar y la salud mental en población adolescente.
Como criterios de inclusión se consideraron estudios realizados en población adolescente que abordan las prácticas de autocuidado, los hábitos saludables, el bienestar psicológico o la promoción de la salud. Se excluyeron aquellos estudios que no estuvieran relacionados directamente con la población objeto de estudio o con las variables analizadas.
Se incluyeron aquellos artículos disponibles a texto completo. En idioma castellano o inglés.
Como fecha de publicación se acotó a artículos e investigaciones con un máximo de 5 años con el objetivo de priorizar evidencia científica reciente.
Tras aplicar dichos criterios de inclusión y exclusión se seleccionaron 6 artículos.
RESULTADOS
Los estudios revisados muestran que el autocuidado durante la adolescencia comprende diferentes dimensiones relacionadas entre sí, incluyendo aspectos físicos, emocionales, cognitivos, sociales y, en algunos casos, espirituales. Estas dimensiones no deben entenderse de forma aislada, ya que los hábitos relacionados con el descanso, la alimentación, la actividad física, la gestión emocional y las relaciones sociales pueden influirse mutuamente1 4 5.
Promover una buena salud mental implica, entre otras, fomentar una percepción positiva de sí mismos, las relaciones saludables y los comportamientos que favorezcan el bienestar en general6.
Se recogen diversas acciones de autocuidado:
- Alimentación saludable. Ni en exceso ni deficitaria. Interesarse por conocer alimentos y nutrientes necesarios, pero sin realizar dietas restrictivas.
- Suficiente actividad física diaria o semanal. Según las necesidades de nuestro cuerpo, la ingesta alimentaria y la etapa del desarrollo. La actividad física regular puede contribuir tanto al bienestar físico como al psicológico. Si la situación lo permite, al aire libre en contacto con la naturaleza.
- Higiene propia y del entorno. Actividades como bañarse, lavarse los dientes, las manos, recoger o limpiar la casa, la habitación, etc.
- Dormir o descansar. El cuerpo y la mente necesitan reponerse durante las horas de sueño. El confort del entorno, un horario habitual o no tomar estimulantes favorece el descanso.
- Cuidar nuestros pensamientos. Poder expresarlos en un entorno seguro o escribirlos, reconocer los pensamientos que nos generan angustia o son distorsionados. Poder pedir ayuda.
- Dedicar tiempo a nuestras aficiones. Leer, dibujar o pintar, ver películas o series, visitar museos, realizar manualidades, escuchar música, bailar, aprender idiomas, realizar cursos, jardinería etc.
- Conocer las emociones e identificarlas. No todas las personas viven igual las diversas emociones. Es importante sentirlas y expresarlas.
- Plantearnos objetivos. A corto, medio y largo plazo. Siendo realistas y honestos. La consecución de los objetivos propuestos puede favorecer la percepción de competencia y la motivación personal.
- Mantener el contacto con personas a quien valoramos y por quien nos sentimos valorados. Si no es posible un contacto en persona, a nivel virtual.
- Identificar relaciones saludables con personas de nuestro entorno (familia, pareja, amistades). Basadas en confianza, respeto, escucha, compromiso, honestidad, comunicación y resolución de conflictos.
- Establecimiento de límites interpersonales. Identificar y comunicar aquellas situaciones o conductas que no resulten adecuadas o tolerables, utilizando estrategias de comunicación asertiva.
- Identificación de valores personales y, cuando resulte relevante, de aspectos relacionados con la espiritualidad.
Un aspecto especialmente relevante es la capacidad para pedir ayuda cuando las estrategias personales de autocuidado no son suficientes. La identificación temprana de malestar psicológico y la búsqueda de apoyo por parte de familiares, docentes, profesionales sanitarios u otros adultos de referencia pueden constituir elementos protectores frente al agravamiento de los problemas de salud mental7.
El autocuidado en la adolescencia depende tanto de los jóvenes como del apoyo y presencia de su familia y/o adultos responsables. Los autores destacan, además, la importancia de contar con adultos significativos disponibles, capaces de proporcionar orientación, acompañamiento y apoyo ante las dificultades. También se pone en valor el uso de la tecnología como método de resolución de dudas o adquisición de hábitos, aunque con limitación de tiempo y sin que sustituya el acompañamiento de los adultos referentes8.
En este sentido, el autocuidado adolescente debe entenderse no únicamente como un conjunto de conductas individuales, sino como un proceso condicionado por el contexto familiar, escolar y social. La disponibilidad de apoyo y la posibilidad de pedir ayuda pueden favorecer que los adolescentes transformen el conocimiento sobre hábitos saludables en conductas mantenidas en el tiempo9.
CONCLUSIONES
La incorporación de hábitos de autocuidado en el día a día ayuda a mejorar la calidad de vida y previene enfermedades, pero también es una forma de mejorar la relación con uno mismo ya que invita a reflexionar sobre las necesidades y preferencias propias, promueve la toma de decisiones y la capacidad de establecer límites.
La adolescencia constituye una etapa relevante para el desarrollo de la identidad, la autoestima y las habilidades de afrontamiento, por lo que cultivar o adquirir hábitos que aumenten el bienestar emocional y pongan en valor a la persona es clave para aumentarla y fortalecerla.
En conjunto, la evidencia revisada sugiere que el autocuidado durante la adolescencia constituye una herramienta relevante para la promoción de la salud integral y el bienestar mental. Los hábitos relacionados con la alimentación, la actividad física, el descanso, la gestión emocional y las relaciones sociales pueden contribuir al bienestar del adolescente. Sin embargo, su adquisición y mantenimiento no dependen exclusivamente del individuo, sino también del apoyo proporcionado por la familia, el entorno educativo y otros adultos de referencia.
Por ello, las intervenciones de promoción de la salud dirigidas a adolescentes deberían abordar el autocuidado desde una perspectiva integral, adaptada a sus necesidades y orientada no sólo a prevenir conductas de riesgo, sino también a potenciar factores protectores, habilidades de afrontamiento y capacidad para solicitar ayuda cuando sea necesario.
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