Beneficios del ejercicio terapéutico para la enfermedad de Parkinson

17 agosto 2024

AUTORES

  1. María Esteban Aldana. Fisioterapeuta de Residencia DomusVi.
  2. Sandra Martín Aragón. Fisioterapeuta en el Servicio Aragonés de Salud.
  3. Alejandro García Pérez. Fisioterapeuta en el Servicio Aragonés de Salud.
  4. Sara Fuertes Gimeno. Fisioterapeuta en el Servicio Aragonés de Salud.
  5. Alicia Ferrer Benito. Fisioterapeuta en el Servicio Aragonés de Salud.
  6. Laura Groeneveld Larraz. Fisioterapeuta en el Servicio Aragonés de Salud.

 

RESUMEN

La enfermedad de Parkinson (EP) es un trastorno neurodegenerativo multisistémico, progresivo e incurable; constituye la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente por detrás de la demencia tipo Alzheimer. Hay manifestaciones clínicas motoras como bradicinesia, temblor, alteraciones de la postura y la marcha; y no motoras como depresión, ansiedad, alteraciones del sueño, fatiga… Se considera el nivel de actividad física como predictor de riesgo de padecer Parkinson: niveles altos de actividad física se asocian con riesgos más bajos de desarrollar la enfermedad de Parkinson. La actividad física ayuda tanto a la mejora de la función motora, como al estado de ánimo y la apatía, evidenciando así la implantación del ejercicio terapéutico como terapia complementaria en la EP. A la hora de diseñar un programa de ejercicio en personas con EP hay varios artículos que recomiendan la utilización del ejercicio aeróbico, con la utilización de trabajo de fuerza y con la realización de otras actividades de ejercicio como el yoga, el baile o el Tai Chi.

PALABRAS CLAVE

Enfermedad de Parkinson, ejercicio terapéutico, actividad física.

ABSTRACT

Parkinson’s disease (PD) is a multisystemic, progressive and incurable neurodegenerative disorder; it is the second most common neurodegenerative disease after Alzheimer’s dementia. There are clinical motor manifestations such as bradykinesia, tremors, postural and gait disturbances as well as non-motor manifestations such as depression, anxiety, sleep disturbances, fatigue… The level of physical activity is considered an indicator of risk for Parkinson’s disease: high levels of physical activity are associated with lower risks of developing Parkinson’s disease. Physical activity helps to improve motor function, mood and

apathy, thus demonstrating the importance of therapeutic exercise as a complementary therapy in PD. When designing an exercise programme for people with PD, several articles recommend the use of aerobic exercise, combining strength exercise with other exercise activities such as yoga, dance or Tai Chi.

KEY WORDS

Parkinson disease, therapeutic exercise, physical activity.

DESARROLLO DEL TEMA

La enfermedad de Parkinson (EP) es un trastorno neurodegenerativo multisistémico, progresivo e incurable. Se caracteriza por un déficit dopaminérgico y la manifestación principal van a ser los trastornos del movimiento. Se trata de un proceso complejo de aparición en la edad adulta. Su etiología es desconocida y, en términos generales, la causa subyacente sería la combinación de factores ambientales y genéticos1.

EPIDEMIOLOGÍA:

La enfermedad de Parkinson constituye la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente por detrás de la demencia tipo Alzheimer2.

Predomina en hombres y aparece usualmente entre los 65 y 70 años. El inicio antes de los 40 años es menor al 5% de los casos y se asocia a variantes genéticas. La incidencia en países de altos ingresos es de 14 por 100000 habitantes en la población total y 160 por 100000 en mayores de 65 años3.

Por otro lado, se trata de una enfermedad de distribución universal, aunque se han sugerido diferencias interétnicas como un mayor riesgo en poblaciones hispanas1.

FISIOPATOLOGÍA:

La pérdida de neuronas de la sustancia negra produce un déficit de dopamina. Ésta es el neurotransmisor más importante del Sistema Nervioso Central (SNC) que interviene en el control del movimiento, motivación y sistema de recompensa. Por lo que su déficit produce manifestaciones motoras y no motoras4.

MANIFESTACIONES CLÍNICAS

Dentro de los síntomas podemos distinguir entre los síntomas motores y los no motores. Los síntomas motores más frecuentes son5:

  • Bradicinesia.
  • Temblor.
  • Rigidez y alteraciones de la postura.
  • Alteraciones de la marcha: disminución del braceo, menor cadencia, disminución de la longitud del paso, inadecuada flexión de rodillas y caderas, bloqueo inicial del paso (freezing).
  • Otros síntomas: cambios en la expresión facial, disminución del volumen en el habla, escritura pequeña (micrografía)3.

 

Los síntomas no motores más comunes son1:

  • Neuropsiquiátricos: depresión, ansiedad, apatía, deterioro cognitivo leve, demencia…
  • Trastornos del sueño: insomnio, síndrome de piernas inquietas, hipersomnia diurna…
  • Fatiga.
  • Sensitivos: dolor, hiposmia, alteraciones visuales.
  • Disfunción anatómica: urgencia y frecuencia miccional, disfunción sexual, hipotensión ortostática…
  • Gastrointestinales: disfagia, estreñimiento…

 

BENEFICIOS DEL EJERCICIO PARA EL PARKINSON:

Varios estudios determinan el nivel de actividad física como predictor de riesgo de padecer Parkinson: niveles altos de actividad física se asocian con riesgos más bajos de desarrollar la enfermedad de Parkinson. El incremento de la actividad física de forma progresiva es un factor positivo para que los niveles de prevalencia sean menores6.

La actividad física ayuda tanto a la mejora de la función motora, como al estado de ánimo y la apatía, debido al aumento de la liberación de la dopamina y a la activación del estriado ventral, evidenciando así la implantación del ejercicio terapéutico como terapia complementaria en la EP.

Asimismo, recientes revisiones sistemáticas verifican la mejora de síntomas como la congelación de la marcha, la calidad de vida, el equilibrio o la movilidad funcional en persona con EP mediante la realización de ejercicio físico en sus diferentes variantes. Asegurando a su vez, el mínimo riesgo de efectos adversos en la realización del ejercicio7.

Realizar programas de ejercicio físico que integren fuerza, resistencia, equilibrio y flexibilidad en pacientes con EP ayuda a mejorar el ciclo de la marcha y a reducir las caídas debido al aumento de la fuerza y la mejora de la flexibilidad y equilibrio; a reducir los síntomas de rigidez muscular y bradicinesia; y a mejorar la movilidad funcional.

Además, la capacidad ejecutiva mejora y repercute sobre la función cerebral y cognitiva y reduce los síntomas de ansiedad y depresión que pueden originarse tras el diagnóstico y avance de la enfermedad. Así, podemos concluir que el ejercicio físico en esta patología tiene efectos positivos sobre los síntomas motores y no motores, un papel clave para ralentizar el avance de la enfermedad y a la vez mejorar su calidad de vida y evitar la pérdida de autonomía funcional8,9.

PRESCRIPCIÓN ESPECÍFICA DEL EJERCICIO:

Hay que tener en cuenta el estado cognitivo y motor del paciente con EP para poder diseñar un programa de ejercicio terapéutico adaptado a sus capacidades y necesidades; intentando que sea realizable para él, a la vez que motivante y que garantice su adhesión al tratamiento. Se deben establecer pautas que sean fáciles de realizar por el paciente en el domicilio10.

A la hora de diseñar un programa de ejercicio en personas con EP hay varios artículos que recomiendan la utilización del ejercicio aeróbico con la utilización de trabajo de fuerza y con la realización de otras actividades de ejercicio como el yoga, el baile o el Tai Chi.

Las personas mayores de 60 años tienen la capacidad de mejorar su fuerza muscular después de realizar un entrenamiento de fuerza máxima, siempre y cuando la intensidad y duración del entrenamiento sean adecuadas. El entrenamiento de fuerza de alta intensidad, 60-100% de 1RM (repetición máxima), es seguro en personas mayores de 60 años11.

  • Programas de 12 semanas.
  • Frecuencia de 3 sesiones por semana.
  • 70% 1 RM hasta el fallo, combinado con aeróbico en los descansos12.

 

Como ya se ha explicado, uno de los síntomas motores más importantes en el paciente con EP es la alteración del patrón de la marcha y el mayor riesgo de caídas que esto produce. Por ello, se incluye dentro del ejercicio terapéutico la cinta de correr. Se trata de una buena herramienta para tratar las alteraciones de la marcha ya que se puede conseguir mantener un ritmo constante, mantener la simetría en los pasos y es adaptable al paciente, pudiendo alcanzar velocidades más altas.

  • Programas de 1 mes.
  • Frecuencia de 3-4 sesiones semanales.
  • Duración de cada sesión entre 20-60 minutos.
  • Intensidades progresivas medias13.

 

El baile, Yoga y Tai Chi son una buena forma de hacer ejercicio para aquellos pacientes que no pueden llevar a cabo una actividad durante un tiempo prolongado, además las clases de estas actividades involucran cuerpo, mente y promueve las relaciones sociales. También son fáciles de adaptar a cada sujeto y pueden realizarse en cualquier lugar.

El baile obtiene mejoras en la marcha, en los síntomas motores, en la calidad de vida, en el equilibrio, en alteraciones posturales, en alteraciones psíquicas y en problemas sociales; además reduce los síntomas depresivos y la fatiga14.

  • Programas de 10 a 13 semanas.
  • Frecuencia de 2 horas por semana.
  • Duración de cada sesión de 60 minutos.
  • Diferentes estilos de baile15.

 

La práctica de Taichi se ha demostrado que genera mejoras en los pacientes de Parkinson en aspectos como la función motora, la depresión y la calidad de vida.

  • Programas de 5 a 24 semanas.
  • Frecuencias semanales de 1 a 3 semanas.
  • Duración de cada sesión entre 45-90 minutos16.

 

CONCLUSIÓN

La enfermedad de Parkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente con una prevalencia cada vez mayor, que presenta tanto síntomas motores como no motores. Esto condiciona la calidad de vida de las personas con EP, perdiendo autonomía y funcionalidad. El nivel de actividad física se considera un predictor de riesgo de padecer Parkinson: niveles altos de actividad física se asocian con riesgos más bajos de desarrollar la enfermedad de Parkinson. Por ser una enfermedad degenerativa y sin cura, el ejercicio terapéutico cobra especial importancia en el tratamiento por sus muchos efectos beneficiosos físicos y cognitivos. A través del ejercicio terapéutico se evidencian mejoras en el patrón de la marcha, en la capacidad ejecutiva de la función cerebral, en la reducción de la rigidez muscular y bradicinesia, en la disminución del riesgo de caídas; además de reducir los síntomas de ansiedad y depresión. El programa de ejercicio terapéutico debe ser adaptado a las capacidades y necesidades del paciente con EP. Hay varios artículos que recomiendan la utilización del ejercicio aeróbico con la utilización de trabajo de fuerza y con la realización de otras actividades de ejercicio como el yoga, el baile o el Tai Chi. Así, podemos concluir que el ejercicio físico en esta patología tiene un papel clave para ralentizar el avance de la enfermedad y a la vez mejorar su calidad de vida y evitar la pérdida de autonomía funcional.

 

BIBLIOGRAFÍA

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