Burnout de la perspectiva a la realidad

18 junio 2026

 

AUTORES

  1. Karen Vanessa Mira Escobar. Graduado en enfermería. Enfermera en Clínica Privada. Aragón, España.
  2. María Luisa Pineda Romero. Graduado en enfermería. Enfermera en el Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  3. Paula Verdugo Altamirano. Graduado en enfermería. Enfermera en el Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  4. Cristina Rodríguez Casanueva. Graduado en enfermería. Enfermera en el Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  5. Rocío Puerta Castro. Graduado en enfermería. Enfermera en el Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.

 

RESUMEN

Actualmente el síndrome de burnout forma parte de una experiencia compleja y multidimensional que supera la sola respuesta al estrés laboral, posicionándose de esta manera como un fenómeno que parece estar estrechamente relacionado con factores individuales, organizacionales, ambientales y contextuales. Por lo que, desde una perspectiva más cualitativa, diversos autores coinciden en describirlo como un proceso de progresión que se caracteriza por el agotamiento emocional y la disminución o falta de logros a nivel profesional, entre otros aspectos, que prevalecen especialmente en profesionales sanitarios.

Autores como Montaño Delgado, en su revisión resaltan la relación entre algunos aspectos que involucran los rasgos de personalidad y el desempeño laboral, sugiriendo que estas son variables que se relacionan directamente con la salud mental y el agotamiento y destaca que condiciones como el neuroticismo o la baja resiliencia modulan la vivencia del burnout, lo que introduce una percepción más subjetiva en dicha interpretación. Esta visión la comparten autores como Wang et al., quienes en su estudio evidencian una mayor vulnerabilidad en el personal de enfermería, especialmente en profesionales jóvenes o con menor experiencia, resaltando nuevamente cómo las condiciones laborales se entrecruzan con percepciones individuales de carga emocional.

Por otro lado, algunos estudios realizados en el contexto de la pandemia destacan que durante esta y posterior a ella se presentó un incremento significativo en la prevalencia del burnout, esto asociado a factores como la sobrecarga asistencial, la incertidumbre y la exposición continua al sufrimiento y a la muerte. Sin embargo, más allá de todos los factores estructurales, algunos autores plantean que el burnout también refleja una discordancia entre los valores personales y las exigencias de las diferentes instituciones sanitarias, generando de esta manera una vivencia de desgaste.

Del mismo modo, algunos enfoques más recientes plantean una comprensión más holística, en la que se integren aspectos como el bienestar y las estrategias de afrontamiento tanto a nivel individual como organizacional. En este sentido, el burnout no sólo se posiciona como un problema de salud laboral, sino como un indicador de la calidad del entorno sanitario y de las dinámicas relacionales que lo atraviesan.

En conclusión, gran cantidad del contenido revisado sugiere que el burnout debería abordarse desde una perspectiva más integral que contemple tanto los factores objetivos como las experiencias más subjetivas de cada uno de los profesionales, especialmente en el grupo de sanitarios de enfermería, puesto que la implicación emocional constituye un eje central de la práctica asistencial en el día a día.

PALABRAS CLAVE

Síndrome de burnout, personal sanitario, enfermería, estrés laboral, factores psicosociales, salud mental.

ABSTRACT

Currently, burnout syndrome is part of a complex and multidimensional experience that goes beyond simply responding to work-related stress, thus positioning itself as a phenomenon that appears to be closely related to individual, organizational, environmental, and contextual factors. Therefore, from a more qualitative perspective, various authors agree in describing it as a progressive process characterized by emotional exhaustion and a decrease or lack of professional achievements, among other aspects, which are especially prevalent among healthcare professionals.

Authors such as Montaño Delgado, in their review, highlight the relationship between certain aspects involving personality traits and job performance, suggesting that these are variables directly related to mental health and burnout. They emphasize that conditions such as neuroticism or low resilience modulate the experience of burnout, introducing a more subjective perception into its interpretation. This view is shared by authors such as Wang et al., who, in their study, demonstrate greater vulnerability among nursing staff, especially younger or less experienced professionals, again highlighting how working conditions intersect with individual perceptions of emotional burden.

On the other hand, some studies conducted in the context of the pandemic highlight a significant increase in the prevalence of burnout during and after the pandemic. This increase is associated with factors such as excessive workload, uncertainty, and continuous exposure to suffering and death. However, beyond all the structural factors, some authors suggest that burnout also reflects a mismatch between personal values ​​and the demands of different healthcare institutions, thus generating a feeling of exhaustion.

Similarly, some more recent approaches propose a more holistic understanding, integrating aspects such as well-being and coping strategies at both the individual and organizational levels. In this sense, burnout is not only positioned as an occupational health problem but also as an indicator of the quality of the healthcare environment and the relational dynamics within it.

In conclusion, much of the reviewed content suggests that burnout should be addressed from a more comprehensive perspective that considers both objective factors and the more subjective experiences of each professional, especially in the nursing healthcare group, since emotional involvement is a central axis of daily care practice.

KEY WORDS

Burnout syndrome, healthcare personnel, nursing, occupational stress, psychosocial factors, mental health.

DESARROLLO DEL TEMA

Actualmente el burnout se ha establecido como uno de los principales problemas de salud a nivel laboral especialmente en el ámbito sanitario, debido a su impacto en la salud mental y emocional de los profesionales. Más allá de su estandarización como respuesta al estrés crónico, en la actualidad se entiende como una experiencia compleja, en la que interfieren factores individuales, organizacionales y sociales que condicionan la vivencia del trabajo asistencial1. Este fenómeno, reconocido por organismos internacionales como un riesgo psicosocial relevante, pone en evidencia no solo el desgaste físico, sino también la profunda afectación emocional que repercute en el sentido del trabajo de muchos de los profesionales.

El burnout no puede limitarse a la descripción de síntomas o indicadores medibles, sino que debe interpretarse como un proceso variable que afecta la forma en que los profesionales perciben, significan y afrontan su labor diaria. En este sentido, se puede decir que es un fenómeno que afecta de forma progresiva la identidad de los profesionales, especialmente en contextos donde las demandas emocionales son altas y el reconocimiento es insuficiente2. Derivado de lo anterior se podría decir que la vivencia del síndrome implica, por tanto, un cambio en la relación del profesional con su entorno laboral, en la que el compromiso inicial puede dar paso a sentimientos de distanciamiento, frustración y pérdida de propósito o dirección laboral.

Diversos estudios han evidenciado la influencia de los rasgos de personalidad en el desarrollo del burnout, resaltando características como la vulnerabilidad emocional, el perfeccionismo o la baja resiliencia aspectos que exponen la forma en que los individuos viven el estrés laboral3. Esta perspectiva permite entender que, ante condiciones similares, no todos los profesionales desarrollan burnout con la misma intensidad, lo que refuerza la importancia de considerar la subjetividad como un elemento importante en su análisis. Puesto que, se ha logrado evidenciar que el desempeño laboral no solo depende de factores técnicos, sino también del estado emocional y de la capacidad de adaptación de cada profesional.

En el contexto asistencial, y particularmente en el personal de enfermería, el contacto continuo con el sufrimiento, la enfermedad y la muerte sitúa a los profesionales en una posición de alta exposición emocional. Pues este componente vocacional y relacional del cuidado, lejos de ser únicamente un factor protector, puede convertirse en una fuente de desgaste cuando no existen recursos adecuados para la gestión emocional. Diversos autores coinciden en que el desgaste se manifiesta con mayor intensidad en colectivos con menor experiencia o en etapas iniciales de la vida laboral, lo que sugiere una relación directa entre la carga emocional, la inseguridad profesional y la percepción de eficacia4.

Dicho la anterior y con base en la revisión bibliográfica es de resaltar que la pandemia de COVID-19 ha generado un punto de inflexión en la comprensión del burnout, mostrando un incremento significativo de su prevalencia y visibilizando factores asociados como la sobrecarga laboral, la incertidumbre clínica, la falta de recursos y la exposición constante al sufrimiento y la muerte5. Algunos autores coindicen en que este escenario extremo ha puesto en evidencia la fragilidad de los sistemas sanitarios y la necesidad de atender no solo a las demandas asistenciales, sino también al bienestar emocional de los profesionales dentro de cada institución. Por lo que, el burnout ha dejado de percibirse como una problemática individual para ser reconocido como un fenómeno mucho más estructural.

Asimismo, investigaciones centradas en el estrés hospitalario resaltan que las condiciones de muchas instituciones sanitarias, como la elevada carga de trabajo, la presión asistencial, la falta de apoyo institucional y la escasa autonomía, contribuyen de manera significativa a la aparición de un malestar persistente en los trabajadores del área de la salud6. Malestar que no se limita solo al entorno laboral, sino que se extiende a la vida cotidiana de los profesionales, afectando no solo su trabajo sino, además, su descanso, sus relaciones interpersonales y su equilibrio emocional. De este modo, el burnout se posiciona como una experiencia que entrelaza los límites entre lo profesional y lo personal.

Dicho lo anterior es de resaltar que, en los últimos años, ha surgido una visión más holística acerca del burnout, que lo relaciona con el bienestar integral del profesional sanitario. Desde este enfoque, se plantea que el síndrome no solo refleja un desgaste individual, sino también una disonancia entre los valores personales y las exigencias del sistema sanitario, generando lo que algunos autores describen como pérdida de sentido del trabajo7. Esta perspectiva resulta especialmente relevante en profesiones como la enfermería, donde el cuidado humanizado constituye un eje central y donde la imposibilidad de ofrecer una atención de calidad puede generar un profundo conflicto interno.

Además, algunos autores en el estudio del burnout han señalado que este síndrome se relaciona con una pérdida progresiva de energía, compromiso y eficacia profesional, lo que repercute directamente en la calidad de la atención y en la seguridad del paciente8. Por consiguiente, desencadenando una forma de distanciamiento emocional, que puede interpretarse como un mecanismo de defensa ante la sobrecarga, pero a su vez contribuye a deteriorar la relación terapéutica y la satisfacción laboral.

En este sentido, el burnout no solo afecta al individuo, sino que tiene implicaciones a nivel organizacional y social, al influir en variables como el absentismo, la rotación del personal y la calidad del servicio sanitario. La disminución del rendimiento, los errores clínicos y la pérdida de motivación son algunas de las consecuencias más relevantes, evidenciando que el bienestar del profesional está estrechamente vinculado con la calidad de la atención prestada.

Por todo ello, y posterior a la revisión, es importante resaltar que el abordaje del burnout requiere superar las perspectivas meramente cuantitativas y explorar cuestiones y aspectos que integren la dimensión subjetiva frente a la experiencia de cada profesional. Por consiguiente, analizar cómo el agotamiento emocional afecta tanto al desempeño laboral como a la vida diaria de los profesionales resulta fundamental para ampliar la visión frente al tema, diseñar intervenciones más humanas, eficaces y sostenibles en el tiempo, y promover entornos de trabajo saludables. Asimismo, es necesario fortalecer el apoyo institucional y fomentar estrategias de afrontamiento que permitan preservar la salud mental y emocional de los profesionales sanitarios.

En definitiva, comprender el burnout desde una mirada cualitativa implica el reconocimiento de la complejidad de las diversas experiencias vividas por los profesionales sanitarios y la necesidad de situar su bienestar como parte de las políticas de salud. Solo así será posible garantizar no solo un desempeño óptimo de cada persona, sino también una práctica asistencial más humana, ética y sostenible1-8.

CONCLUSIÓN

El síndrome de burnout en profesionales sanitarios se posiciona como una realidad compleja que trasciende el ámbito laboral, impactando de manera significativa tanto en el desempeño profesional como en la vida personal de quienes lo padecen. La evidencia revisada coincide en señalar que el agotamiento emocional, es el núcleo central del síndrome y que este no solo compromete la calidad de la atención prestada por cada profesional, sino que además afecta la capacidad para la toma de decisiones, la empatía clínica y la relación terapéutica con los pacientes.

Dicho lo anterior el burnout no puede entenderse únicamente como una consecuencia de la sobrecarga asistencial, sino como una experiencia marcada por la interacción entre factores organizacionales, exigencias emocionales y características individuales. En este sentido, diversos autores destacan que la pérdida de sentido profesional emerge como mecanismos de defensa ante un entorno percibido como altamente demandante y, en muchas ocasiones, poco reconocido.

Puntualmente en el personal de enfermería, donde el cuidado implica un alto grado de implicación emocional, el desgaste se manifiesta de forma más intensa, afectando no solo al rendimiento laboral, sino también al bienestar psicológico, las relaciones interpersonales y la calidad de vida fuera del entorno sanitario. Por lo que esta doble afectación evidencia que el burnout desborda los límites del espacio de trabajo, instalándose en la vida cotidiana del profesional.

Por consiguiente, abordar el burnout requiere una mirada amplia que contemple tanto las condiciones estructurales del sistema sanitario como la vivencia de cada profesional. Pues solo mediante estrategias que combinen intervenciones organizacionales y apoyo psicoemocional será posible preservar el bienestar del personal sanitario y garantizar un desempeño óptimo y humanizado en la práctica asistencial.

BIBLIOGRAFÍA

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  3. Montaño Delgado AP. Síndrome de burnout, rasgos de personalidad y desempeño laboral en profesionales de salud: revisión sistemática. Revista Científica de Salud. 2023.
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