Contribución de enfermería a la continuidad asistencial durante la transición de adolescentes desde los servicios de salud mental infanto-juvenil a los servicios de adultos

20 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Maddi Fernández Goñi. (Enfermera Especialista en Salud Mental). Aragón, España.
  2. Laura Tejerina Tejedo. (Enfermera Especialista en Pediatría). Aragón, España.
  3. Martina Ibáñez Baró. (Enfermera Especialista en Pediatría). Aragón, España.
  4. Alba Ortiz Gómez. (Enfermera Especialista en Salud Mental). Aragón, España.
  5. María Poves Ruiz. (Enfermera Generalista). Aragón, España.

RESUMEN

Introducción: la transición de los servicios de salud mental infanto-juvenil (USMIJ) a los servicios de adultos (USMA) constituye una etapa vulnerable, en la que pueden producirse dificultades que afectan a la continuidad asistencial.

Objetivo: analizar la contribución de enfermería a la continuidad asistencial durante esta transición e identificar dificultades, factores facilitadores y estrategias de cuidado.

Metodología: se realizó una búsqueda bibliográfica en PubMed utilizando los términos MeSH “mental health services”, “adolescent” y “continuity of patient care”. Tras aplicar filtros de los últimos cinco años y texto completo gratuito, y establecer criterios de inclusión y exclusión, se seleccionaron ocho artículos.

Resultados: se identificaron como principales dificultades la ansiedad y la incertidumbre ante el cambio, la pérdida de relaciones terapéuticas, la falta de información, la limitada participación de los jóvenes y las deficiencias de en la comunicación y coordinación entre servicios. La planificación anticipada, la participación activa de los adolescentes, la coordinación entre profesionales, la transferencia adecuada de información y el mantenimiento de apoyos durante el proceso se identificaron como principales facilitadores de esa continuidad asistencial. A partir de estos hallazgos, se elaboró una propuesta de plan de cuidados basada en la taxonomía NANDA-I, NOC y NIC.

Discusión: aunque la evidencia específica sobre la contribución de enfermería es limitada, los resultados permiten identificar áreas de intervención relacionadas con la educación sanitaria, el apoyo emocional, el acompañamiento y la coordinación de cuidados.

Conclusiones: una transición requiere un proceso planificado, progresivo y centrado en las necesidades de los jóvenes. Enfermería puede desempeñar un papel relevante como profesional de referencia para favorecer la preparación, el acompañamiento y la continuidad de los cuidados durante esta etapa.

PALABRAS CLAVE

Salud mental, adolescentes, continuidad de cuidados, enfermería.

ABSTRACT

Introduction: the transition from child and adolescent mental health services (CAMHS) to adult mental health services (AMHS) constitutes a vulnerable stage during which difficulties may arise that affect continuity of care.

Objective: to analyse the contribution of nursing to continuity of care during this transition and to identify difficulties, facilitating factors, and care strategies.

Methodology: a literature search was conducted in PubMed using the MeSH terms “mental health services,” “adolescent,” and “continuity of patient care.” After applying filters for the last five years and free full-text availability, and establishing inclusion and exclusion criteria, eight articles were selected.

Results: the main difficulties identified were anxiety and uncertainty regarding the change, the loss of therapeutic relationships, lack of information, limited involvement of young people, and deficiencies in communication and coordination between services. Advance planning, active participation of adolescents, coordination among professionals, appropriate transfer of information, and maintaining support throughout the process were identified as the main facilitators of continuity of care. Based on these findings, a proposed care plan was developed using the NANDA-I, NOC, and NIC taxonomies.

Discussion: although specific evidence regarding the contribution of nursing is limited, the findings allow for the identification of areas of intervention related to health education, emotional support, accompaniment, and care coordination.

Conclusions: transition requires a planned, gradual process centred on the needs of young people. Nurses can play a relevant role as key professionals in promoting preparation, providing support, and ensuring continuity of care throughout this stage.

KEY WORDS

Mental health, adolescents, continuity of care, nursing.

INTRODUCCIÓN

La transición desde los servicios de salud mental infanto-juvenil (USMIJ) hacia los servicios de salud mental de adultos (USMA) constituye un proceso relevante dentro de la atención a adolescentes con necesidades continuas de salud mental. Se trata de una etapa que implica el paso entre dispositivos diferentes y que coincide con un periodo de cambios evolutivos personales, familiares y sociales significativos, por lo que requiere una planificación adecuada que permita responder a las necesidades de los jóvenes que continúan precisando atención especializada tras superar la edad límite de los servicios infanto-juveniles1,2.

La literatura científica ha puesto de manifiesto la necesidad de considerar este proceso como un componente esencial de la atención, promoviendo modelos asistenciales orientados a favorecer una transición organizada y planificada entre los servicios de salud mental infanto-juvenil y los de adultos2,3.

En este contexto, la continuidad asistencial se ha consolidado como uno de los principios fundamentales para garantizar la calidad de los cuidados durante la transición. La coordinación entre servicios, la planificación del proceso asistencial y el mantenimiento de la atención a lo largo del tiempo, son aspectos reconocidos sobre transición en salud mental, así como en las recomendaciones elaboradas para orientar la práctica clínica y la organización de los servicios2-4.

La atención a la transición también ha incorporado progresivamente enfoques centrados en la persona, reconociendo la importancia de considerar las necesidades y preferencias de los adolescentes y jóvenes durante la planificación de los cuidados. Esta perspectiva ha contribuido al desarrollo de modelos de transición orientados a favorecer procesos más adaptados a las características de esta población1,2,5.

La complejidad de este proceso exige la participación coordinada de distintos profesionales implicados en la atención de la salud mental de los adolescentes. En este sentido, la continuidad asistencial requiere intervenciones dirigidas a facilitar la coordinación de los cuidados, la comunicación entre dispositivos y el acompañamiento de los jóvenes a lo largo de la transición2-4. Sin embargo, la contribución específica de enfermería en este ámbito ha recibido una atención limitada, a pesar de que estos profesionales participan de manera habitual en la planificación, prestación y seguimiento de los cuidados de salud mental.

Por ello, resulta pertinente profundizar en la contribución de enfermería a la continuidad asistencial durante la transición desde los servicios de salud mental infanto-juveniles a los servicios de salud mental de adultos, con el fin de identificar su papel dentro de este proceso y su posible aportación a la mejora de la atención ofrecida a los jóvenes y adolescentes.

OBJETIVOS

Objetivo general:

Analizar la contribución de enfermería a la continuidad asistencial durante la transición de adolescentes desde los servicios de salud mental infanto-juvenil hacia los servicios de salud mental de adultos.

Objetivos específicos:

  • Identificar las principales dificultades experimentadas por los jóvenes durante el proceso de transición.
  • Analizar los factores que favorecen una transición exitosa y la continuidad de cuidados.
  • Proponer un plan de cuidados basado en taxonomías NANDA-NOC-NIC aplicable a este contexto.

METODOLOGÍA

Se realizó una búsqueda bibliográfica en la base de datos PubMed con los siguientes términos MeSH: “mental health services”, “adolescent” y “continuity of patient care”. Esta búsqueda permitió recuperar inicialmente 1.064 artículos. Posteriormente, se aplicó un filtro para seleccionar únicamente publicaciones de los últimos cinco años, obteniéndose 104 referencias. Finalmente, se utilizó el filtro de texto completo gratuito (Free Full Text), reduciéndose el número de artículos a 65 estudios.

Los criterios de inclusión contemplaron artículos publicados en inglés o español, disponibles en texto completo, que abordarán la transición de adolescentes y jóvenes desde los servicios de salud mental infanto-juvenil hacia los servicios de salud mental de adultos, así como aquellos relacionados con la continuidad asistencial, la coordinación entre dispositivos asistenciales y la planificación de la transición

Como criterios de exclusión, se descartaron aquellos artículos centrados exclusivamente en trastornos o enfermedades específicas, los estudios que no abordaban el paso entre los servicios de salud mental infanto-juvenil y de adultos, y los artículos que no cumplían los criterios de idioma o disponibilidad del texto completo.

Tras la aplicación de los criterios de selección, se realizó una revisión de títulos y resúmenes y, posteriormente, una lectura completa de los artículos considerados relevantes. Como resultado de este proceso de selección, la muestra final quedó constituida por ocho artículos.

RESULTADOS

A. Experiencias de los jóvenes durante la transición:

Los estudios revisados muestran que la transición desde los servicios de salud mental infanto-juvenil a los servicios de adultos suele vivirse como un proceso complejo y, en muchos casos, generador de incertidumbre1,2,5. Los jóvenes destacan que el cambio coincide con una etapa de importantes transformaciones personales y evolutivas, lo que incrementa la necesidad de apoyo durante el proceso1,2.

Uno de los aspectos más relevantes identificados fue la ansiedad asociada al paso a los servicios de adultos. Los participantes del estudio de Adanijo y Bird describieron preocupaciones relacionadas con las diferencias percibidas entre ambos sistemas asistenciales, el temor a perder apoyo y la incertidumbre sobre la atención que recibirían tras cumplir la mayoría de edad. Asimismo, los jóvenes manifestaron que alcanzar los 18 años no implica necesariamente sentirse preparados para ser atendidos en un modelo asistencial dirigido a adultos5.

Otro elemento destacado fue el impacto emocional derivado de la finalización de las relaciones terapéuticas establecidas en los servicios infanto-juveniles. Los participantes señalaron que la pérdida de profesionales con los que habían desarrollado vínculos de confianza durante años constituyó uno de los aspectos más difíciles de la transición5. Del mismo modo, los estudios incluidos resaltan la importancia que los jóvenes otorgan a sentirse escuchados, informados e implicados en las decisiones relacionadas con su atención1,2,5.

B. Barreras para una transición adecuada:

Entre las barreras más frecuentes se encuentra la insuficiente planificación del proceso. Diversos estudios describen transiciones iniciadas tardíamente o percibidas como repentinas, lo que reduce la capacidad de preparación de los jóvenes y sus familias1,2,5. En el estudio cualitativo de Adanijo y Bird, todos los participantes hicieron referencia al ritmo de la transición, describiéndola con frecuencia como abrupta o excesivamente rápida5.

La falta de información también aparece de manera recurrente en la literatura. Los jóvenes refieren no disponer de información suficiente sobre el funcionamiento de los servicios de adultos, los pasos del proceso de transición o las características de la atención que recibirán posteriormente1,5. Esta situación contribuye a generar incertidumbre y dificulta la adaptación al nuevo contexto asistencial5.

Otra barrera identificada es la limitada participación de los adolescentes en la planificación de la transición. Algunos participantes manifestaron sentirse poco involucrados en las decisiones relativas a su atención, percibiendo que los procesos se desarrollaban sin su participación activa5.

Los problemas de comunicación y coordinación entre servicios constituyen igualmente una dificultad relevante. Los estudios describen carencias en la transferencia de información entre equipos y escasas experiencias de trabajo conjunto entre los servicios de salud mental infanto-juvenil y los servicios de adultos1,2,4,5.

Por último, algunos jóvenes señalaron dificultades una vez incorporados a los servicios de adultos, incluyendo respuestas lentas por parte de los profesionales, una percepción de menor intensidad del apoyo recibido y dificultades para establecer nuevas relaciones terapéuticas5.

C. Facilitadores de la continuidad asistencial:

La planificación temprana emerge como uno de los principales facilitadores. Las recomendaciones de la European Society of Child and Adolescent Psychiatry (ESCAP) destacan la necesidad de iniciar la preparación de la transición con meses de antelación, permitiendo que los jóvenes dispongan de tiempo suficiente para comprender el proceso y prepararse para el cambio asistencial3.

La participación activa de los adolescentes constituye otro elemento esencial. La evidencia subraya la importancia de incorporar sus preferencias, necesidades y expectativas en la planificación de la transición, favoreciendo la toma de decisiones compartida y una atención centrada en la persona1,3.

La coordinación entre servicios también aparece como un componente fundamental. Los estudios destacan la necesidad de una comunicación efectiva entre los equipos implicados, una adecuada transferencia de información clínica y, cuando sea posible, periodos de solapamiento o trabajo conjunto entre los servicios de origen y destino3-5.

Asimismo, la participación de las familias y la disponibilidad de apoyos adaptados a las necesidades de los jóvenes se identifican como factores que pueden facilitar la continuidad de los cuidados durante este periodo de cambio3-5.

D. Estrategias y modelos para mejorar la transición:

Los estudios revisados describen diferentes estrategias orientadas a mejorar la seguridad y la calidad de las transiciones en salud mental3,6-8.

Entre ellas destaca el desarrollo de protocolos estructurados de transición y alta asistencial. El proyecto explicado por Tyler N, et al., propone la utilización de cuidados diseñados para mejorar la seguridad del paciente y reducir los riesgos asociados a los cambios entre dispositivos asistenciales7.

La guía práctica elaborada por la ESCAP plantea un modelo basado en la planificación anticipada, la toma de decisiones compartida, el trabajo multidisciplinar, la preparación gradual de los jóvenes y el mantenimiento de la continuidad asistencial tras el traspaso a los servicios de adultos3.

Por otro lado, el estudio de Vakili N, et al., pone de manifiesto la posibilidad de utilizar herramientas digitales como recurso de apoyo durante la transición. Los jóvenes participantes consideraron especialmente útiles las intervenciones basadas en mensajes de texto personalizados que proporcione información, orientación y apoyo relacionado con el proceso asistencial6.

E. Aspectos relacionados con la continuidad asistencial relevantes para la práctica clínica

De forma transversal, los estudios revisados identificaron varios elementos considerados relevantes para favorecer la continuidad asistencial durante la transición de las USM-IJ a las USMA. Entre ellos destacan la planificación temprana del proceso, la participación activa de los jóvenes en la toma de decisiones, la coordinación entre servicios, la adecuada transferencia de información clínica y el mantenimiento de apoyos durante el periodo de transición1-5.

Asimismo, diferentes trabajos señalaron la importancia de desarrollar modelos asistenciales específicos para jóvenes en edad de transición, implementar estrategias estructuradas de acompañamiento y promover mecanismos de comunicación que faciliten la conexión entre los adolescentes y los servicios de salud mental de adultos4,6-8.

DISCUSIÓN

La transición como periodo vulnerable para la continuidad asistencial:

Los resultados de esta revisión ponen de manifiesto que la transición desde las USMIJ hacia las USMA constituye un periodo especialmente vulnerable para la continuidad asistencial. Los estudios revisados coinciden en describir este proceso como un momento de cambio que va más allá del simple traslado entre dispositivos, ya que implica la adaptación a nuevos equipos profesionales, distintos modelos de atención y cambios en las responsabilidades asumidas por los propios jóvenes1,2,5.

Las experiencias recogidas en la literatura muestran que muchos adolescentes afrontan la transición con sentimientos de incertidumbre y preocupación por el futuro de su atención. El estudio cualitativo de Adanijo y Bird identificó una importante ansiedad asociada al acceso a los servicios de adultos, motivada por las expectativas negativas sobre estos recursos, el temor a perder apoyos y la preocupación por la disminución de la atención recibida. Del mismo modo, la pérdida de las relaciones terapéuticas establecidas durante años con los profesionales de la USMIJ fue descrita como uno de los aspectos más difíciles del proceso5.

A estas dificultades se suman problemas relacionados con la organización de los propios servicios. Las transiciones suelen verse afectadas por diferencias entre los modelos asistenciales de los servicios infanto-juveniles y de adultos, así como por deficiencias en la coordinación y comunicación entre dispositivos1,2,4. Como consecuencia, algunos jóvenes experimentan interrupciones en el seguimiento, dificultades para acceder a los recursos adecuados o incluso desvinculación de los servicios de salud mental1,2. Todo ello pone de manifiesto que la transición constituye un punto crítico dentro del itinerario asistencial y que la continuidad de los cuidados no puede darse por garantizada, sino que requiere actuaciones específicas y planificadas.

Los resultados observados coinciden con la presencia limitada de los componentes considerados esenciales para una transición óptima. En el estudio de Adanijo y Bird, la mayor parte presentó carencias relacionadas con la planificación, la comunicación entre servicios o la continuidad de los cuidados5. Estos resultados refuerzan la necesidad de considerar la transición como una etapa de especial riesgo asistencial que requiere una atención específica por parte de los profesionales y las organizaciones sanitarias.

Necesidad de modelos de transición planificados y coordinados:

Tras analizar los resultados, se observa que gran parte de las dificultades identificadas durante la transición podrían prevenirse mediante modelos asistenciales más estructurados, coordinados y centrados en las necesidades de los jóvenes. Diversos autores destacan que una transición efectiva debe entenderse como un proceso planificado y progresivo que se inicia antes de alcanzar el límite de edad establecido por los servicios infanto-juveniles y continúa tras la incorporación a los servicios de adultos2-4.

Entre los elementos considerados fundamentales destaca la planificación anticipada. Las recomendaciones de la ESCAP subrayan la necesidad de iniciar tempranamente la preparación para la transición, permitiendo al adolescente participar en las decisiones relacionadas con su atención y favoreciendo una adaptación gradual a los nuevos servicios3. De forma similar, los jóvenes participantes en el estudio de Adanijo y Bird señalaron que una mayor preparación previa y una información más clara podrían haber facilitado su experiencia durante el proceso5.

Otro aspecto ampliamente apoyado por la literatura es la necesidad de fortalecer la coordinación entre los distintos dispositivos asistenciales. Los estudios revisados muestran que la comunicación insuficiente entre equipos constituye una de las principales limitaciones para garantizar la continuidad de los cuidados2,4,5. En este sentido, se propone favorecer el trabajo conjunto entre profesionales de ambos servicios, promover la transferencia efectiva de información clínica y establecer periodos de solapamiento que permitan una incorporación progresiva de los jóvenes a los servicios de adultos3-5.

Asimismo, la literatura reciente ha impulsado el desarrollo de nuevas estrategias y modelos organizativos para responder a las necesidades específicas de esta población que reflejan el interés por crear estructuras asistenciales adaptadas a los jóvenes en edad de transición3,8, mientras que iniciativas como la de Tyler N, et al., buscan estandarizar procedimientos que aumenten la seguridad y reduzcan los riesgos asociados a los cambios asistenciales7. De manera complementaria, las tecnologías digitales también han comenzado a explorarse como herramientas potenciales para proporcionar información, acompañamiento y apoyo durante este periodo6.

Estos hallazgos sugieren que la mejora de la continuidad asistencial no depende únicamente de la existencia de recursos especializados, sino también de la capacidad de los servicios para desarrollar procesos coordinados, flexibles y centrados en las necesidades de los adolescentes y jóvenes.

Implicaciones para la práctica enfermera durante la transición a los servicios de adultos:

Aunque ninguno de los estudios incluidos analizó específicamente la contribución de enfermería durante la transición entre servicios de salud mental infanto-juvenil y de adultos, los resultados obtenidos permiten identificar diversas áreas de intervención estrechamente relacionadas con las competencias propias de estos profesionales.

La necesidad de proporcionar información clara y comprensible, identificada por numerosos jóvenes durante el proceso de transición1,5, sitúa a la enfermería en una posición privilegiada para desarrollar actividades de educación sanitaria y orientación. La información sobre el funcionamiento de los servicios de adultos, los recursos disponibles y los cambios asociados al proceso de transición puede contribuir a reducir la incertidumbre y favorecer una mayor participación de los adolescentes en la toma de decisiones relacionadas con su atención.

Del mismo modo, los problemas de coordinación y comunicación descritos en varios estudios2-5 subrayan la importancia de intervenciones orientadas a garantizar la continuidad de los cuidados. La enfermería de salud mental participa habitualmente en actividades de coordinación interdisciplinar, seguimiento clínico y acompañamiento terapéutico, funciones que resultan especialmente relevantes durante los periodos de cambio asistencial. Desde esta perspectiva, el profesional de enfermería puede actuar como figura de referencia para el adolescente y su familia, favoreciendo la comunicación entre dispositivos y facilitando la transición entre servicios.

En este sentido, los hallazgos de esta revisión constituyen una base útil para la elaboración de un plan de cuidados orientado a favorecer una transición segura, planificada y centrada en las necesidades de los jóvenes, utilizando para ello las taxonomías NANDA, NOC y NIC9.

Propuesta de plan de cuidados para adolescentes en transición desde la USMIJ a la USMA con taxonomía NANDA-NOC-NIC9:

Diagnóstico NANDA 00146: Ansiedad.

Relacionado con: incertidumbre ante la transición a los servicios de adultos, cambios organizativos, pérdida de relaciones terapéuticas previas y desconocimiento del nuevo entorno asistencial.

NOC (resultados)

  • [1211] Nivel de ansiedad.
  • [1402] Control de la ansiedad.
  • [1302] Afrontamiento de problemas.
  • [1204] Equilibrio emocional.

NIC (intervenciones)

  • [5820] Disminución de la ansiedad.
  • [5230] Mejorar el afrontamiento.
  • [5270] Apoyo emocional.
  • [4920] Escucha activa.

Diagnóstico NANDA 00126: Conocimientos deficientes.

Relacionado con: desconocimiento del proceso de transición, funcionamiento de los servicios de salud mental de adultos y recursos disponibles.

NOC (resultados)

  • [1806] Conocimiento: recursos sanitarios.
  • [1813] Conocimiento: régimen terapéutico.
  • [1803] Conocimiento: proceso de la enfermedad.
  • [1601] Conducta de cumplimiento.

NIC (intervenciones)

  • [5606] Enseñanza individual.
  • [5510] Educación para la salud.
  • [5240] Asesoramiento.
  • [5602] Enseñanza: proceso de enfermedad.

Diagnóstico NANDA 00069: Afrontamiento ineficaz.

Relacionado con: cambios asistenciales, pérdida de referentes terapéuticos y adaptación a nuevas dinámicas de atención.

NOC (resultados)

  • [1302] Afrontamiento de problemas.
  • [1300] Aceptación: estado de salud.
  • [1205] Autoestima.
  • [1504] Apoyo social.

NIC (intervenciones)

  • [5230] Mejorar el afrontamiento.
  • [5270] Apoyo emocional.
  • [5440] Aumentar los sistemas de apoyo.
  • [5100] Potenciación de la socialización.

Diagnóstico NANDA 00276: Riesgo de autogestión ineficaz de la salud:

Relacionado con: cambios en la organización asistencial, incremento de la autonomía requerida y riesgo de desvinculación de los servicios durante la transición.

NOC (resultados)

  • [1613] Autogestión de la enfermedad crónica.
  • [1609] Conducta de adhesión al tratamiento.
  • [1601] Conducta de cumplimiento.
  • [1814] Conocimiento: procedimientos terapéuticos.

NIC (intervenciones)

  • [4480] Facilitar la autorresponsabilidad.
  • [1803] Ayuda con el autocuidado.
  • [7310] Coordinación de cuidados.

LIMITACIONES DEL ESTUDIO

La principal limitación de esta revisión es el reducido número de estudios seleccionados sobre la transición desde los servicios de salud mental infanto-juvenil a los servicios de salud mental de adultos. A pesar del elevado número inicial de resultados, la aplicación de los criterios de selección redujo considerablemente los artículos elegibles, evidenciando la escasez de investigaciones recientes sobre esta temática. Por otro lado, la evidencia específica sobre el papel de enfermería en la transición entre las USMIJ y las USMA es todavía limitada, por lo que la propuesta de cuidados presentada se basa en los hallazgos identificados en la literatura revisada y en las competencias propias de la práctica enfermera.

CONCLUSIONES

La transición desde los servicios de salud mental infanto-juvenil a los servicios de salud mental de adultos constituye un periodo vulnerable que puede comprometer la continuidad asistencial cuando no existe una planificación adecuada. Los estudios revisados destacan la importancia de la preparación temprana, la coordinación entre servicios, la participación activa de los jóvenes y el mantenimiento de apoyos durante el proceso de transición.

Aunque la evidencia específica sobre la contribución de enfermería es limitada, los hallazgos identificados sugieren que los profesionales de enfermería pueden desempeñar un papel relevante en la educación sanitaria, el acompañamiento terapéutico y la coordinación de cuidados. En este contexto, la propuesta de un plan de cuidados basado en las taxonomías NANDA-I, NOC y NIC puede constituir una herramienta útil para favorecer una transición más segura, planificada y centrada en las necesidades de los adolescentes y jóvenes.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Rosina R, McMaster R, Lovecchio V, Wu CJ. Young People Transitioning From Child and Adolescent to Adult Mental Health Services: A Qualitative Systematic Review. Int J Ment Health Nurs. 2025;34(1):e13439. doi: 10.1111/inm.13439.
  2. Guerra ADC, Rodríguez CA, González H. Transition in mental health from childhood to adulthood: A scoping review. An Sist Sanit Navar. 2025;48(1):e1107. doi: 10.23938/ASSN.1107.
  3. Tuomainen H, Appleton R, Asher G, Dieleman GC, Franić T, de Girolamo G, et al,. European Society of Child and Adolescent Psychiatry (ESCAP) practical guidance for clinicians and mental health services regarding child to adult mental health service transitions and managed discharge at the service boundary. Eur Child Adolesc Psychiatry. 2026;35(4):1357-1368. doi: 10.1007/s00787-026-03006-6.
  4. Shahid S, De Simone T, Appleton R, Bisp S. Exploring the barriers and facilitators of discharging children and young people from child and adolescent mental health services. Clin Child Psychol Psychiatry. 2025;30(3):653-669. doi: 10.1177/13591045251340490.
  5. Adanijo A, Bird JC. Young people’s experiences of transition from child and adolescent mental health services to adult mental health services: A qualitative study. J Child Adolesc Ment Health. 2026;37(1):185-196. doi: 10.2989/17280583.2025.2533162.
  6. Vakili N, Curran JA, Walls R, Phillips D, Miller A, Cassidy C, et al,. Preferences for Text Messaging Supports During Youth Transition to Adult Mental Health Services: Theory-Informed Modified e-Delphi Study. JMIR Form Res. 2024;8:e51690. doi: 10.2196/51690.
  7. Tyler N, Angelakis I, Keers RN, Planner C, Hodkinson A, Giles SJ, et al,. Evaluating a co-designed care bundle to improve patient safety at discharge from adult and adolescent mental health services (SAFER-MH and SAFER-YMH): protocol for a non-randomised feasibility study. BMJ Open. 2023;13(4):e069216. doi: 10.1136/bmjopen-2022-069216.
  8. Colizzi M, Basaldella M, Candolo A, Garzitto M, Palermo A, Scipioni C, et al. Lessons Learnt From Running a Transition-Age Youth Mental Health Outpatient Clinic in Italy: The PRecocity of Intervention in Adolescent Medicine (PRIMA) Experience. Early Interv Psychiatry. 2025;19(1):e13604. doi: 10.1111/eip.13604.
  9. NNNConsult. NANDA-I, NOC y NIC [Internet]. Philadelphia: Wolters Kluwer. [Consultado 21 Jul 2026]. Disponible en: https://www.nnnconsult.com/

 

Publique con nosotros

Indexación de la revista

ID:3540

Últimos artículos