AUTORES
- Paula Cebollero Buisán. Enfermera Especialista en EFyC. SALUD Aragón. España.
- Lorea García Etayo. Enfermera. Osasunbidea. Navarra, España.
- Rebeca Pérez Moreno. Enfermera Especialista en EFyC. SALUD Aragón. España.
- Silvia Yanguas González. Enfermera Especialista en EFyC. Osasunbidea. Navarra, España.
- María Amparo Bujanda Roselló. Enfermera Especialista en EFyC. SALUD Aragón. España.
- Lara María Cebollero Buisán. Enfermera Especialista en EFyC. SALUD Aragón. España.
RESUMEN
La fibrilación auricular (FA) es la arritmia cardíaca sostenida más frecuente y una de las principales causas prevenibles de ictus cardioembólico. En un elevado número de personas mayores de 65 años permanece asintomática, lo que retrasa el diagnóstico y favorece la aparición de complicaciones. La consulta de enfermería de Atención Primaria ofrece una oportunidad privilegiada para su detección precoz, ya que en ella se realizan de forma habitual controles cardiovasculares y seguimiento continuado de pacientes con factores de riesgo.
El objetivo de este trabajo monográfico es describir un protocolo de actuación para el cribado oportunista de la fibrilación auricular silente en personas mayores de 65 años desde la consulta de enfermería de Atención Primaria, así como revisar las actuaciones recomendadas tras la sospecha diagnóstica, los criterios de derivación y el seguimiento posterior del paciente.
Para su elaboración se llevó a cabo una revisión narrativa de la literatura científica mediante la consulta de PubMed, Dialnet y Cuiden, complementada con guías de práctica clínica y documentos de consenso nacionales e internacionales. La revisión pone de manifiesto que la identificación sistemática de pacientes de riesgo, la palpación del pulso, la medición de la presión arterial y la realización de un electrocardiograma son medidas sencillas que pueden mejorar la detección precoz de la enfermedad¹⁻⁸.
La selección de los estudios se realizó tras la lectura de títulos, resúmenes y textos completos, priorizando guías de práctica clínica, documentos de consenso, revisiones sistemáticas y ensayos clínicos relevantes por su calidad metodológica y actualidad.
La propuesta presentada integra estas actuaciones en una secuencia práctica adaptada a la consulta de enfermería e incorpora recomendaciones para la comunicación con el médico de Atención Primaria, la educación para la salud y el seguimiento del paciente tras el diagnóstico.
PALABRAS CLAVE
Fibrilación auricular, cribado, atención primaria de salud, enfermería de atención primaria, ictus, electrocardiografía, educación para la salud.
ABSTRACT
Atrial fibrillation (AF) is the most common sustained cardiac arrhythmia and a leading preventable cause of cardioembolic stroke. It often remains asymptomatic in individuals over the age of 65, delaying diagnosis and increasing the risk of complications. Primary care nursing consultations offer a prime opportunity for early detection, as routine cardiovascular checks and ongoing monitoring of patients with risk factors are standard practice in this setting.
This paper aims to outline a protocol for the opportunistic screening of silent atrial fibrillation in individuals over 65 within primary care nursing consultations. It also reviews recommended actions following a suspected diagnosis, referral criteria, and subsequent patient follow-up.
To develop this protocol, a narrative review of the scientific literature was conducted using PubMed, Dialnet, and Cuiden, supplemented by clinical practice guidelines and national and international consensus documents. The review highlights that systematically identifying at-risk patients, palpating the pulse, measuring blood pressure, and performing an electrocardiogram are simple measures that can improve early detection of the condition¹⁻⁸.
Studies were selected after reviewing titles, abstracts, and full texts, prioritizing clinical practice guidelines, consensus documents, systematic reviews, and clinical trials based on their methodological quality and currency.
The proposed protocol integrates these actions into a practical sequence tailored to the nursing consultation and includes recommendations for communicating with the primary care physician, providing health education, and monitoring the patient after diagnosis.
KEY WORDS
Atrial fibrillation, screening, primary health care, primary care nursing, stroke, electrocardiography, health education.
DESARROLLO DEL TEMA
La fibrilación auricular (FA) constituye la arritmia sostenida más frecuente en la población adulta y uno de los principales factores de riesgo de ictus cardioembólico. Aunque en algunos pacientes se manifiesta con palpitaciones, disnea o deterioro de la capacidad funcional, en un porcentaje considerable de los casos permanece asintomática durante largos periodos. Esta forma de presentación, conocida como fibrilación auricular silente (o subclínica), dificulta su identificación precoz y favorece que el diagnóstico se establezca tras la aparición de complicaciones potencialmente graves, especialmente el ictus.
Se estima que la FA afecta al 2-4 % de la población adulta, porcentaje que aumenta progresivamente con la edad y alcanza cifras del 10-15 % en las personas mayores de 75 años¹. En España, el estudio OFRECE estimó una prevalencia del 4,4 % en la población mayor de 40 años, lo que equivale aproximadamente a un millón de personas afectadas. Además, puso de manifiesto que cerca de un tercio de los casos permanecían sin diagnosticar en el momento del estudio². Esta situación implica que un número importante de pacientes convive con la arritmia sin recibir el tratamiento anticoagulante indicado para reducir el riesgo de ictus.
En este contexto, la enfermería familiar y comunitaria desempeña un papel especialmente relevante. La consulta de Atención Primaria constituye un entorno idóneo para la detección precoz de la FA, ya que en ella se realizan de forma periódica controles de la presión arterial, registros electrocardiográficos, seguimiento de pacientes con enfermedades crónicas y actividades de prevención dirigidas a personas con factores de riesgo cardiovascular. Además, el contacto continuado con la población facilita la identificación de alteraciones del ritmo cardíaco durante la práctica asistencial habitual, incluso en pacientes que consultan por motivos distintos a una sospecha de arritmia.
La elevada accesibilidad de la enfermería de Atención Primaria, unida a la continuidad asistencial y al conocimiento longitudinal del paciente, sitúa a estos profesionales en una posición estratégica para desarrollar programas de cribado oportunista de FA, especialmente en la población de mayor riesgo.
Este trabajo tiene como finalidad describir un protocolo de actuación para el cribado de fibrilación auricular silente en la consulta de enfermería de Atención Primaria dirigido a personas mayores de 65 años. Asimismo, se revisan los criterios de identificación de pacientes candidatos al cribado, la interpretación inicial de los hallazgos, las pautas de comunicación con el médico de Atención Primaria y las principales intervenciones de seguimiento y educación para la salud que corresponden a la enfermería una vez confirmado el diagnóstico. El propósito no es ampliar las competencias diagnósticas de la enfermera, sino proporcionar una herramienta práctica que facilite la detección precoz, la toma de decisiones dentro de su ámbito competencial y la coordinación con el resto del equipo asistencial.
FIBRILACIÓN AURICULAR SILENTE: POR QUÉ ES UN PROBLEMA Y POR QUÉ AFECTA A LOS MAYORES:
La FA se caracteriza por una activación eléctrica rápida, desorganizada e ineficaz de las aurículas, que origina una respuesta ventricular irregular. En condiciones fisiológicas, el impulso eléctrico se genera en el nodo sinusal y se propaga de forma ordenada por el sistema de conducción cardíaco. En la FA, múltiples focos ectópicos alteran este mecanismo y producen una actividad auricular caótica. En el electrocardiograma (ECG) esta alteración se manifiesta por la ausencia de ondas P definidas, la presencia de ondas f y un ritmo ventricular completamente irregular³.
La principal complicación de la FA es el ictus cardioembólico. La pérdida de la contracción auricular favorece el estancamiento de la sangre, especialmente en la orejuela auricular izquierda, lo que facilita la formación de trombos susceptibles de embolizar hacia la circulación cerebral. En ausencia de tratamiento anticoagulante, el riesgo de ictus es varias veces superior al de la población sin FA y, además, los eventos cerebrovasculares asociados a esta arritmia suelen presentar mayor gravedad, discapacidad residual y mortalidad⁴.
La mayor prevalencia de FA silente en las personas de edad avanzada responde a diversos factores. El envejecimiento se acompaña de cambios estructurales y funcionales del miocardio, como la fibrosis auricular, la dilatación de las cavidades cardíacas y las alteraciones del sistema de conducción, que favorecen el desarrollo de la arritmia¹. A ello se suma una menor percepción de los síntomas, de modo que episodios que en personas jóvenes provocarían palpitaciones evidentes pueden pasar inadvertidos en pacientes de edad avanzada. Asimismo, manifestaciones inespecíficas como la astenia, la disnea de esfuerzo o los mareos suelen atribuirse al envejecimiento o a otras comorbilidades, retrasando la sospecha clínica y, en consecuencia, el diagnóstico.
La valoración del riesgo tromboembólico es un elemento esencial tras el diagnóstico de FA. La escala CHA₂DS₂-VASc continúa siendo la herramienta de referencia para estimar dicho riesgo y orientar la indicación del tratamiento anticoagulante³. Aunque la decisión terapéutica corresponde al facultativo, resulta fundamental que la enfermería conozca esta escala y los factores que la integran, ya que ello facilita la comprensión del proceso asistencial, mejora la educación sanitaria y permite reforzar la adherencia al tratamiento anticoagulante durante el seguimiento en Atención Primaria.
CÓMO DETECTAR LA FA SILENTE DESDE LA CONSULTA DE ENFERMERÍA:
El primer paso: identificar a los pacientes con mayor riesgo:
La realización sistemática de un electrocardiograma (ECG) a todas las personas que acuden a la consulta de enfermería no resulta una estrategia viable ni clínicamente justificada, pese a tratarse de una prueba sencilla, accesible y de gran utilidad diagnóstica. En cambio, sí es fundamental identificar a aquellos pacientes con mayor probabilidad de presentar una FA silente, ya que son quienes más pueden beneficiarse de un cribado oportunista.
La Tabla 1 resume los principales factores de riesgo y los indicadores clínicos que deben motivar la valoración del ritmo cardíaco. En términos generales, se recomienda considerar el cribado en personas mayores de 65 años que presenten dos o más factores de riesgo, siempre que no exista una valoración reciente del ritmo cardíaco¹.
Un hallazgo que merece especial atención es la detección de irregularidad del pulso durante la medición de la presión arterial. Numerosos tensiómetros automáticos validados para uso clínico incorporan sistemas de detección de arritmias que alertan ante irregularidades significativas del ritmo. Aunque este indicador no tiene valor diagnóstico por sí mismo (ya que puede aparecer en presencia de extrasístoles u otras alteraciones del ritmo), constituye una señal de alerta que debe motivar una valoración clínica adicional mediante palpación manual del pulso y, si la irregularidad persiste, la realización de un ECG de 12 derivaciones⁴.
La palpación del pulso: una técnica sencilla e infrautilizada:
La palpación del pulso radial durante al menos 60 segundos continúa siendo una de las herramientas de cribado más simples, accesibles y coste-efectivas disponibles en Atención Primaria. Diversos estudios han demostrado una sensibilidad comprendida entre el 87 % y el 97 % para la detección de FA, con una especificidad suficiente para recomendar su utilización como primera fase del proceso de cribado⁵.
El principal hallazgo consiste en la presencia de un ritmo completamente irregular, caracterizado por intervalos impredecibles entre los latidos y ausencia de un patrón reconocible. Este comportamiento difiere claramente de la irregularidad ocasional producida por extrasístoles aisladas y, con una adecuada experiencia clínica, suele ser fácilmente identificable.
Durante la exploración también puede objetivarse un déficit de pulso, definido como la discrepancia entre la frecuencia cardíaca obtenida mediante auscultación y la frecuencia detectada por palpación del pulso radial. Este fenómeno se produce porque algunos latidos generan un gasto sistólico insuficiente para originar una onda de pulso palpable. Su identificación debe registrarse en la historia clínica y comunicarse al médico responsable, ya que constituye un hallazgo de interés clínico.
El electrocardiograma (ECG): prueba de referencia para el diagnóstico:
El ECG de 12 derivaciones continúa siendo la prueba de referencia para confirmar el diagnóstico de FA. Sus hallazgos característicos incluyen la ausencia de ondas P, la presencia de ondas f de morfología variable y un ritmo ventricular completamente irregular³.
La realización del ECG y su interpretación básica forman parte de las competencias de la enfermería, mientras que la confirmación diagnóstica y las decisiones terapéuticas corresponden al facultativo.
Debe tenerse presente que un ECG convencional de 10 segundos puede resultar normal en pacientes con FA paroxística, ya que estos alternan episodios de arritmia con periodos de ritmo sinusal. Por este motivo, cuando exista una elevada sospecha clínica pese a un ECG normal, la enfermera debe comunicar el hallazgo al médico para valorar la indicación de pruebas de monitorización prolongada, como el Holter de 24-48 horas o, en casos seleccionados, sistemas de registro continuo de mayor duración⁶.
En los últimos años se han incorporado dispositivos portátiles capaces de registrar un ECG de una sola derivación, permitiendo al paciente realizar el registro durante los episodios sintomáticos y transmitir posteriormente la información al equipo sanitario. Algunos de estos dispositivos ya se utilizan en programas de detección precoz de FA, con resultados prometedores en cuanto a su capacidad para incrementar el diagnóstico de formas paroxísticas de la enfermedad⁷,⁸. Aunque su implantación depende de la disponibilidad de recursos en cada sistema sanitario, resulta recomendable que la enfermera especialista en Enfermería Familiar y Comunitaria conozca estas herramientas y valore su utilidad en pacientes con síntomas intermitentes y ECG basal normal.
Protocolo de actuación:
La Tabla 2 presenta un protocolo de cribado de FA silente diseñado para su aplicación en la consulta de enfermería de Atención Primaria. Se trata de una propuesta estructurada en pasos secuenciales que especifica las actuaciones recomendadas y los recursos necesarios en cada fase del proceso.
Este protocolo debe entenderse como una guía flexible, susceptible de adaptarse a la organización y a los recursos disponibles en cada centro de salud. Su finalidad es facilitar la implantación de estrategias de cribado oportunista y favorecer una detección precoz de la FA desde el ámbito competencial de la enfermería.
CUÁNDO Y CÓMO COMUNICAR LOS HALLAZGOS AL MÉDICO: CRITERIOS DE DERIVACIÓN:
La detección de una posible FA durante la consulta de enfermería requiere una comunicación adecuada con el médico responsable, cuya prioridad dependerá de la situación clínica del paciente y de los hallazgos obtenidos.
Cuando el ECG muestre datos compatibles con FA o se detecte una irregularidad persistente del pulso con alta sospecha clínica, el hallazgo debe comunicarse al facultativo antes de que el paciente abandone el centro sanitario¹,³.
Si el paciente presenta signos o síntomas de inestabilidad clínica (como dolor torácico, disnea intensa, síncope, hipotensión, alteración del nivel de conciencia o sospecha de ictus agudo), la comunicación debe ser inmediata. En estas circunstancias, el paciente no debe abandonar el centro sin haber sido valorado por un médico y deberá activarse el protocolo de atención urgente vigente en el centro, incluyendo, cuando esté indicado, la solicitud de asistencia mediante el servicio de emergencias sanitarias.
Cuando el paciente permanezca hemodinámicamente estable y el ECG muestre hallazgos compatibles con FA, la valoración médica debe realizarse durante la misma jornada asistencial, preferiblemente antes de finalizar la consulta. Corresponderá al facultativo confirmar si se trata de una FA de nueva aparición, una forma paroxística o un diagnóstico previamente conocido, así como establecer el plan diagnóstico y terapéutico correspondiente.
En aquellos casos en los que la irregularidad del pulso resulte dudosa, el ECG no sea concluyente o exista una elevada sospecha clínica pese a la ausencia de hallazgos diagnósticos, la enfermera deberá registrar de forma detallada la incidencia en la historia clínica y solicitar una valoración médica diferida. Antes de implantar un programa de cribado resulta recomendable consensuar con el equipo médico los circuitos asistenciales y los tiempos de respuesta para este tipo de situaciones, con el fin de garantizar una actuación homogénea.
Una vez confirmado el diagnóstico de FA e indicada la valoración por cardiología, la enfermería desempeña un papel esencial en la continuidad asistencial. Su intervención debe orientarse a garantizar que el paciente comprende el motivo de la derivación, la importancia del seguimiento especializado y los signos de alarma que requieren atención sanitaria urgente antes de la consulta programada.
CUÁNDO EL PACIENTE REGRESA DE CARDIOLOGÍA: SEGUIMIENTO Y EDUCACIÓN PARA LA SALUD:
Una vez confirmado el diagnóstico de FA y establecido el tratamiento por el servicio de Cardiología, comienza una etapa en la que la enfermería de Atención Primaria adquiere un papel fundamental en el seguimiento del paciente. El cardiólogo habrá determinado la indicación de anticoagulación, el tratamiento más adecuado y la estrategia de control del ritmo o de la frecuencia cardíaca. A partir de ese momento, el contacto periódico con el paciente permitirá valorar la adherencia terapéutica, detectar posibles dificultades relacionadas con el tratamiento e identificar precozmente dudas, temores o efectos adversos que puedan comprometer el cumplimiento de las recomendaciones.
La Tabla 3 resume los principales contenidos de educación para la salud y las actividades de seguimiento recomendadas en pacientes con FA. Estos contenidos no deben abordarse en una única consulta, sino distribuirse de forma progresiva según las necesidades del paciente. En las primeras visitas conviene priorizar aquellos aspectos relacionados con la seguridad del tratamiento anticoagulante, incorporando posteriormente recomendaciones sobre estilos de vida saludables, autocuidado y prevención de complicaciones. Este abordaje escalonado facilita la asimilación de la información, favorece la continuidad asistencial y permite reforzar la adherencia terapéutica durante el seguimiento.
La anticoagulación: el eje del seguimiento enfermero:
La anticoagulación oral constituye la principal medida para prevenir el ictus en los pacientes con FA y riesgo tromboembólico elevado³. En la práctica clínica se emplean dos grupos de fármacos: los antagonistas de la vitamina K, representados principalmente por el acenocumarol, y los anticoagulantes orales de acción directa (ACOD), entre los que se incluyen apixabán, rivaroxabán, dabigatrán y edoxabán. Desde el punto de vista del seguimiento enfermero, ambos tratamientos presentan características diferenciadas que condicionan las intervenciones educativas y el control clínico.
Los pacientes tratados con acenocumarol requieren controles periódicos del tiempo de protrombina expresado como cociente internacional normalizado (INR), con el objetivo de mantener valores habitualmente comprendidos entre 2 y 3. En numerosos centros de Atención Primaria este seguimiento se realiza desde consultas de enfermería específicas, lo que convierte la educación sanitaria en un elemento esencial del proceso asistencial. Es importante informar al paciente sobre la influencia de determinados alimentos ricos en vitamina K, las posibles interacciones farmacológicas y la necesidad de comunicar cualquier modificación de su tratamiento habitual antes de iniciarla¹.
En los pacientes tratados con ACOD no es necesario monitorizar el INR, lo que simplifica el seguimiento. Sin embargo, la ausencia de un parámetro analítico que permita detectar el incumplimiento terapéutico hace especialmente relevante la valoración periódica de la adherencia. Durante las consultas de seguimiento conviene explorar de forma abierta las dificultades para mantener el tratamiento y reforzar la importancia de no suspender la anticoagulación sin indicación médica, incluso ante procedimientos odontológicos, intervenciones programadas o pequeños episodios hemorrágicos, salvo que exista una recomendación expresa del equipo responsable del paciente.
El control de la presión arterial: un objetivo prioritario:
La hipertensión arterial es el factor de riesgo cardiovascular que con mayor frecuencia se asocia a la FA y uno de los principales determinantes tanto del riesgo de ictus como del riesgo hemorrágico en pacientes anticoagulados¹⁰. Por este motivo, el control adecuado de la presión arterial constituye uno de los objetivos prioritarios del seguimiento en Atención Primaria.
La consulta de enfermería ofrece un entorno idóneo para realizar controles periódicos de la presión arterial, revisar los registros domiciliarios y reforzar las medidas no farmacológicas dirigidas a mejorar el control tensional, entre ellas la reducción del consumo de sal, la práctica regular de actividad física, el abandono del tabaquismo, la moderación del consumo de alcohol y el mantenimiento de un peso saludable. La continuidad asistencial permite, además, detectar precozmente desviaciones respecto a los objetivos terapéuticos y favorecer la adherencia tanto al tratamiento antihipertensivo como a las recomendaciones sobre estilos de vida.
El impacto emocional y la calidad de vida:
El diagnóstico de FA no solo implica consecuencias clínicas, sino también repercusiones emocionales que pueden afectar de forma significativa a la calidad de vida. Muchos pacientes experimentan preocupación o miedo ante la posibilidad de sufrir un ictus, circunstancia que, en ocasiones, conduce a limitar innecesariamente sus actividades cotidianas, reducir la actividad física o evitar desplazamientos, con el consiguiente deterioro de su bienestar¹¹.
La consulta de enfermería constituye un espacio idóneo para identificar estas preocupaciones y ofrecer información basada en la evidencia que contribuya a reducir la incertidumbre. El objetivo no es minimizar el riesgo asociado a la enfermedad, sino ayudar al paciente a comprender que un tratamiento correctamente instaurado y un adecuado seguimiento reducen de forma importante la probabilidad de complicaciones. Favorecer una participación activa en el autocuidado, resolver dudas y reforzar la confianza en el tratamiento son intervenciones que pueden mejorar la calidad de vida y facilitar la adaptación al diagnóstico.
DISCUSIÓN-CONCLUSIONES
La fibrilación auricular silente en personas mayores de 65 años constituye un problema de salud pública por su elevada prevalencia, su frecuente infradiagnóstico y la gravedad de las complicaciones asociadas, especialmente el ictus cardioembólico. La evidencia disponible pone de manifiesto que una proporción importante de estos eventos podría prevenirse mediante estrategias de detección precoz dirigidas a la población de mayor riesgo1-7.
En este contexto, la consulta de enfermería de Atención Primaria reúne características que la convierten en un entorno especialmente adecuado para desarrollar programas de cribado oportunista. La accesibilidad al sistema sanitario, la continuidad asistencial, el conocimiento longitudinal del paciente y la relación terapéutica establecida favorecen la identificación de personas con factores de riesgo o con alteraciones del ritmo cardíaco que podrían pasar desapercibidas en otros niveles asistenciales. Sin embargo, la implantación de estas estrategias continúa siendo desigual y, en muchos centros, depende más de la iniciativa individual de los profesionales que de protocolos de actuación estructurados.
El protocolo propuesto en este trabajo se basa en procedimientos diagnósticos sencillos y ampliamente disponibles en Atención Primaria, como la medición de la presión arterial, la palpación sistemática del pulso y la realización de un electrocardiograma cuando esté indicado. Su aplicación no requiere tecnología compleja ni recursos extraordinarios, sino una adecuada formación de los profesionales, criterios homogéneos de actuación y una correcta coordinación entre enfermería y medicina de familia. En este sentido, la protocolización de la práctica clínica puede contribuir a incrementar la detección precoz de la FA y a mejorar la continuidad del proceso asistencial.
Tras confirmar el diagnóstico de FA, el seguimiento enfermero continúa desempeñando un papel esencial. La promoción de la adherencia al tratamiento anticoagulante, el control de la presión arterial, la educación para la salud, la identificación precoz de posibles complicaciones y el acompañamiento durante la evolución de una enfermedad crónica representan intervenciones propias de la práctica enfermera que pueden contribuir a mejorar la seguridad clínica y la calidad de vida de estos pacientes.
Como principal limitación, este trabajo presenta el carácter propio de una revisión narrativa, por lo que no incorpora una evaluación sistemática de la calidad metodológica de los estudios incluidos ni permite establecer una jerarquía formal de la evidencia disponible. Asimismo, la heterogeneidad de los trabajos revisados, tanto en el diseño como en las poblaciones estudiadas y los contextos asistenciales, aconseja interpretar los resultados con prudencia y limita su extrapolación directa al conjunto del sistema sanitario español.
Serán necesarios nuevos estudios desarrollados en Atención Primaria que evalúen la efectividad de protocolos de cribado liderados por enfermería y analicen su impacto sobre la detección precoz de la fibrilación auricular, la instauración del tratamiento anticoagulante y la prevención de eventos cerebrovasculares.
En conclusión, el cribado oportunista de fibrilación auricular silente en personas mayores de 65 años constituye una intervención factible dentro de la consulta de enfermería de Atención Primaria y puede integrarse en la actividad asistencial habitual mediante procedimientos sencillos y recursos ya disponibles. La capacitación de los profesionales, la existencia de protocolos consensuados y el trabajo coordinado entre los distintos niveles asistenciales pueden favorecer una detección más temprana de esta arritmia y contribuir a mejorar la prevención del ictus y la atención integral de las personas con FA.
BIBLIOGRAFÍA
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ANEXOS
Tabla 1. Factores de riesgo, manifestaciones de sospecha y hallazgos exploratorios orientativos de fibrilación auricular silente en personas mayores de 65 años:
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| Edad ≥ 65 años | Cansancio o fatiga sin causa aparente | Pulso irregular durante la toma de la presión arterial | |||
| Hipertensión arterial | Disnea de esfuerzo de nueva aparición o desproporcionada | Déficit de pulso (diferencia entre la frecuencia cardíaca auscultada y el pulso radial) | |||
| Diabetes mellitus tipo 2 | Mareos o sensación de inestabilidad episódica | Variabilidad llamativa de las cifras de presión arterial entre visitas | |||
| Insuficiencia cardíaca o cardiopatía estructural conocida | Palpitaciones intermitentes | Frecuencia cardíaca elevada o ritmo irregular en un electrocardiograma previo | |||
| Obesidad (IMC ≥ 30 kg/m²) | Antecedente de accidente isquémico transitorio o ictus de etiología no filiada | Hipertrofia ventricular izquierda en un electrocardiograma previo | |||
| Apnea obstructiva del sueño | Síncopes o presíncopes de repetición | – |
Fuente: elaboración propia.
Tabla 2. Protocolo de cribado de fibrilación auricular silente en la consulta de enfermería de Atención Primaria:
| Paso | Actuación de Enfermería | Procedimiento /Herramienta | Resultado esperado |
| 1 | Identificar a los pacientes con riesgo | Revisar historia clínica antes de la consulta. Identificar los factores de riesgo descritos en la Tabla 1 | Selección de pacientes candidatos al cribado oportunista. |
| 2 | Medir la presión arterial y la frecuencia cardíaca | Utilizar un tensiómetro automático validado. Registrar la presión arterial, la frecuencia cardíaca y la presencia de un posible indicador de arritmia. | Detección de alteraciones del ritmo o de la frecuencia cardíaca. |
| 3 | Palpar el pulso radial | Realizar la palpación durante 60 segundos, valorando la frecuencia, el ritmo y su regularidad. | Confirmación o descarte de irregularidad del pulso. |
| 4 | Realizar un electrocardiograma de 12 derivaciones | Registrar un ECG en reposo y valorar el ritmo, la frecuencia cardíaca y los principales parámetros electrocardiográficos. | Identificación de hallazgos compatibles con fibrilación auricular u otras alteraciones del ritmo. |
| 5 | Valorar síntomas asociados | Realizar una anamnesis dirigida para identificar palpitaciones, disnea, fatiga, mareos o síncope. En pacientes con FA conocida, valorar la sintomatología mediante la clasificación EHRA. | Caracterización clínica y clasificación de la sintomatología. |
| 6 | Registrar los hallazgos y comunicar al médico | Documentar la valoración en la historia clínica y comunicar los hallazgos al médico según el grado de urgencia y el circuito asistencial establecido. | Activación del proceso diagnóstico y del circuito asistencial correspondiente. |
Fuente: Elaboración propia a partir de las recomendaciones de las guías ESC sobre fibrilación auricular¹, la guía ACC/AHA/ACCP/HRS³ y los documentos de consenso sobre cribado de fibrilación auricular4-8.
Tabla 3. Educación para la salud y seguimiento enfermero de pacientes con fibrilación auricular en Atención Primaria:
| Área de actuación enfermera | Mensajes clave para el paciente | Seguimiento enfermero |
| Conocimiento de la enfermedad | Explicar, con un lenguaje comprensible, que la fibrilación auricular produce un ritmo cardíaco irregular y aumenta el riesgo de ictus. Destacar la importancia del seguimiento y del tratamiento para prevenir complicaciones. | Valorar la comprensión del paciente en cada consulta y resolver las dudas que puedan surgir. |
| Tratamiento anticoagulante | Insistir en la importancia de no omitir ninguna dosis y de no suspender el tratamiento sin indicación médica. Explicar cómo actuar ante el olvido de una dosis y revisar las principales interacciones alimentarias y farmacológicas en pacientes tratados con acenocumarol. | Realizar el control del INR en pacientes tratados con acenocumarol, valorar la adherencia terapéutica (p. ej., mediante el test de Morisky-Green) y registrar las incidencias relacionadas con el tratamiento. |
| Signos y síntomas de alarma | Informar sobre las situaciones que requieren atención sanitaria urgente, como dolor torácico, dificultad para hablar o mover una extremidad, síncope, disnea intensa o palpitaciones acompañadas de malestar general. | Reforzar esta información en las consultas de seguimiento y facilitar material educativo por escrito cuando esté disponible. |
| Hábitos de vida | Promover la reducción del consumo de alcohol, el abandono del tabaquismo, el control del peso, la práctica regular de actividad física adaptada y el adecuado control de la presión arterial. | Revisar periódicamente las constantes clínicas y ofrecer apoyo para la adopción y el mantenimiento de hábitos de vida saludables. |
| Autocontrol de la presión arterial | Enseñar la técnica correcta de automedición domiciliaria, recomendar el registro periódico de las cifras y explicar qué valores deben motivar una consulta con el equipo sanitario. | Revisar los registros domiciliarios de presión arterial y coordinar, cuando sea necesario, la valoración conjunta con el médico responsable. |
Fuente: elaboración propia.