AUTORES
- Marina Margelí Martín. Enfermera Generalista CRP Nuestra Señora del Pilar. Zaragoza, España.
- Paula Palacín Sales. Enfermera de Atención Primaria Centro de Salud Fernando el Católico. Zaragoza, España.
- Erika López Alcain. Enfermera del Servicio de Radiología en Hospital Royo Villanova. Zaragoza, España.
- María Castiella Sanjoaquín. Enfermera Centro de Salud Delicias Sur. Zaragoza, España.
- Luna Rosa Bellosta López. EIR Pediatría del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
- Natalia Muñoz Agudo. Enfermera de Urgencias Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
El dolor crónico (DC) es un problema de salud pública que afecta significativamente la calidad de vida y requiere un enfoque clínico integral. Se clasifica en nociceptivo, neuropático, mixto, idiopático y psicógeno, y está influenciado por factores biopsicosociales como ansiedad, depresión y estrés. El rol de enfermería es fundamental en su abordaje, mediante una valoración continua, educación, apoyo emocional y coordinación multidisciplinaria. El tratamiento combina farmacoterapia ajustada con terapias no farmacológicas como mindfulness, ejercicio, y terapia cognitivo-conductual. Es clave empoderar al paciente a través de la educación en autocuidado y manejo del dolor. La atención debe centrarse en la persona, considerando su entorno físico, emocional y social. Enfermería también debe detectar signos psicológicos y promover la funcionalidad. La relación terapéutica y el trabajo en equipo son esenciales para el éxito del tratamiento. La intervención oportuna y multidisciplinaria mejora la calidad de vida y reduce el impacto social del DC. Un enfoque holístico es indispensable para abordar sus múltiples dimensiones.
PALABRAS CLAVE
Dolor crónico, enfermería, enfoque integral, tratamiento multidisciplinario, calidad de vida.
Chronic pain (CP) is a public health issue that significantly affects quality of life and requires a comprehensive clinical approach. It is classified as nociceptive, neuropathic, mixed, idiopathic, or psychogenic, and is influenced by biopsychosocial factors such as anxiety, depression, and stress. Nursing plays a fundamental role in managing CP through ongoing assessment, education, emotional support, and multidisciplinary coordination. Treatment combines individualized pharmacotherapy with non-pharmacological therapies such as mindfulness, exercise, and cognitive-behavioral therapy. Empowering patients through education in self-care and pain management is key. Care should be person-centered, considering the patient’s physical, emotional, and social environment. Nurses must also identify psychological symptoms and promote functionality. A strong therapeutic relationship and teamwork are essential for effective treatment. Timely and multidisciplinary intervention improves quality of life and reduces the social impact of chronic pain. A holistic approach is essential to address its multiple dimensions.
KEY WORDS
Chronic pain, nursing, comprehensive approach, multidisciplinary treatment, quality of life.
El dolor crónico (DC) es un problema de salud pública que afecta a una proporción significativa de la población mundial, generando un considerable impacto en la calidad de vida de quienes lo padecen y en los sistemas de salud. La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) define el dolor crónico como el dolor persistente o recurrente que dura más de 3 meses1, más allá del tiempo esperado para la curación normal de una lesión o enfermedad2. Esta persistencia hace que el dolor crónico no solo sea una experiencia sensorial, sino también un fenómeno emocional y social complejo, que influye en múltiples dimensiones de la vida del paciente3.
El dolor crónico (DC) afecta a una de cada cinco personas de la población mundial y supone un reto clínico importante. La prevalencia estimada de DC en Europa es del 19%, siendo el 18% de intensidad moderada a severa . En España la prevalencia de DC es del 17%4. Esta elevada prevalencia resalta la necesidad de un abordaje clínico efectivo y multidisciplinario que considere la complejidad del dolor crónico.
El dolor crónico se clasifica según su origen y características en distintos tipos principales, lo que resulta fundamental para orientar su evaluación y manejo3. Entre estos tipos destacan:
- Dolor nociceptivo crónico: Derivado de la activación continua de nociceptores debido a daño tisular persistente o inflamación. Ejemplos comunes incluyen la artritis reumatoide, la osteoartritis y el dolor lumbar crónico asociado a lesiones musculares.
- Dolor neuropático crónico: Causado por daño o disfunción en el sistema nervioso somatosensorial, ya sea periférico o central, manifestándose con sensaciones de ardor, hormigueo o descargas eléctricas. Ejemplos son la neuropatía diabética y la neuralgia postherpética.
- Dolor mixto: Que combina componentes nociceptivos y neuropáticos, como ocurre en el dolor oncológico y en algunos casos de fibromialgia.
- Dolor idiopático: Dolor crónico sin una causa médica identificable clara tras una evaluación exhaustiva, por ejemplo, ciertos síndromes de dolor regional complejo5.
- Dolor psicógeno: Aquél cuya percepción y mantenimiento están influenciados predominantemente por factores psicológicos, sin una causa física evidente, aunque su experiencia es genuina y real para el paciente2.
El desarrollo y la cronificación del dolor pueden verse influidos por diversos factores biopsicosociales. Entre ellos, destacan elementos psicológicos como la depresión, la ansiedad, la catastrofización, las conductas de evitación y el estrés; así como factores sociales y culturales que modulan la percepción y el afrontamiento del dolor2. Esta interacción dinámica entre factores biológicos, psicológicos y sociales resalta la necesidad de un enfoque integral biopsicosocial para la evaluación, prevención y tratamiento del dolor crónico.
Además, el dolor crónico no solo provoca sufrimiento físico, sino que conlleva una serie de consecuencias negativas en la salud del paciente, tales como deterioro funcional, alteraciones emocionales (depresión, ansiedad), afectación del sistema inmunológico y repercusiones sociales como pérdida laboral y aislamiento6. Por ello, el abordaje del dolor crónico requiere la implementación de cuidados que integren la valoración y manejo farmacológico junto con intervenciones psicológicas y de rehabilitación, adaptadas a las características individuales del paciente.
Cuidados de Enfermería en el Manejo del Dolor Crónico:
El rol de enfermería en el abordaje del dolor crónico es fundamental, dado que implica una valoración continua, administración de tratamientos, educación, apoyo emocional y coordinación multidisciplinaria.
1. Valoración Integral del Dolor:
La valoración debe ser exhaustiva y utilizar escalas validadas para medir la intensidad, localización, calidad y duración del dolor, como la Escala Visual Analógica (EVA) o la escala de McGill6. Además, debe identificarse cómo el dolor afecta la funcionalidad diaria, la calidad de vida y el estado emocional del paciente, detectando síntomas de ansiedad, depresión o trastornos del sueño7.
El tratamiento farmacológico debe individualizarse en función de la etiología y respuesta del paciente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) propone una escala analgésica escalonada, iniciando con analgésicos básicos como AINEs y paracetamol, escalando a opioides menores (codeína, tramadol) y finalmente a opioides mayores (morfina, fentanilo) según la necesidad y tolerancia6,7.
Además, para el dolor neuropático y condiciones como la fibromialgia, se utilizan fármacos coadyuvantes como antidepresivos (inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina) y antiepilépticos (gabapentina, pregabalina)6. Es esencial monitorizar los efectos secundarios, ajustar las dosis y retirar medicaciones que no muestran eficacia, para evitar daños iatrogénicos7.
3. Terapias No Farmacológicas:
Las terapias complementarias y alternativas tienen un papel creciente en el manejo del dolor crónico. Entre ellas destacan:
- Técnicas mente-cuerpo como la meditación y mindfulness, que favorecen la regulación emocional y reducción del estrés.
- Terapias psicológicas, especialmente la terapia cognitivo-conductual (TCC), que modifica patrones de pensamiento negativos y mejora el afrontamiento2.
- Programas de ejercicio físico adaptados para mejorar la movilidad y reducir rigidez.
- Técnicas de relajación, musicoterapia, acupuntura, y terapias manuales (quiropráctica, osteopatía).
- Intervenciones para mejorar el autoconcepto y autoestima, mediante afirmaciones, psicoeducación y trabajo emocional (Sociedad Española del Dolor, s.f.).
La combinación de estas terapias con el tratamiento farmacológico optimiza los resultados y la calidad de vida del paciente7.
4. Educación y Empoderamiento del Paciente:
La educación es clave para que el paciente entienda la naturaleza del dolor crónico, la importancia de la adherencia terapéutica y el autocuidado. Enfermería debe enseñar técnicas de manejo del estrés, respiración, relajación y autocontrol del dolor, fomentando la participación activa y autonomía del paciente6.
5. Apoyo Emocional y Psicosocial:
El apoyo emocional es vital, ya que el dolor crónico puede provocar aislamiento, depresión y ansiedad. Los profesionales de enfermería deben ofrecer un espacio seguro para expresar emociones, brindar contención y derivar a servicios especializados si es necesario. La construcción de una relación terapéutica basada en confianza favorece la adherencia y bienestar del paciente2.
6. Promoción de la Actividad Física y Funcionalidad:
Diseñar programas personalizados de actividad física que respeten las limitaciones del paciente pero fomenten la movilidad es fundamental. Se deben promover actividades diarias y sociales para evitar el aislamiento y la pérdida funcional8.
7. Coordinación Multidisciplinaria:
El manejo del dolor crónico requiere la colaboración estrecha entre enfermería, medicina, psicología, fisioterapia y otros especialistas. El trabajo en equipo asegura un abordaje integral y continuidad en el seguimiento del paciente7.
Evaluación Psicológica y Tratamiento:
La evaluación psicológica incluye valoración de ansiedad, depresión, estrategias de afrontamiento, discapacidad funcional y contexto psicosocial mediante instrumentos estandarizados. El tratamiento psicológico, especialmente la TCC, está avalado para modificar creencias negativas y mejorar la funcionalidad. Otras intervenciones útiles son la psicoeducación, técnicas de relajación, terapia de aceptación y compromiso, y terapia familiar2.
El dolor crónico constituye una condición clínica de gran complejidad que impacta profundamente en múltiples dimensiones de la vida del paciente. No solo se trata de un síntoma físico persistente, sino de un fenómeno biopsicosocial que afecta la esfera emocional, social y funcional del individuo. Esta multifactorialidad exige que los cuidados de enfermería se orienten hacia un abordaje integral, que contemple tanto los aspectos biomédicos como los psicosociales y culturales del dolor.
El rol del profesional de enfermería es crucial para la valoración precisa y continua del dolor, utilizando herramientas estandarizadas que permitan una comprensión detallada de la intensidad, características, impacto funcional y repercusiones emocionales del dolor en cada paciente. Esta valoración no debe limitarse a la dimensión física, sino que debe incorporar la detección de factores psicológicos como ansiedad, depresión, catastrofización y otros elementos que contribuyen a la cronificación del dolor.
En la gestión del dolor crónico, la enfermería debe implementar intervenciones farmacológicas seguras y personalizadas, vigilando la eficacia y posibles efectos adversos, así como promoviendo la adherencia terapéutica. Sin embargo, el tratamiento farmacológico es solo una parte del abordaje, ya que las terapias no farmacológicas —que incluyen técnicas de relajación, terapia cognitivo-conductual, ejercicios adaptados, mindfulness y otras modalidades complementarias— son esenciales para mejorar el bienestar global del paciente y reducir la dependencia exclusiva de los medicamentos.
La educación del paciente y su familia sobre la naturaleza del dolor crónico, la importancia de mantener la actividad física adecuada y el autocuidado, resulta fundamental para empoderar al individuo y fomentar una actitud activa frente a su condición. Este empoderamiento es clave para mejorar la calidad de vida, minimizar la discapacidad y facilitar un manejo efectivo y sostenido del dolor a largo plazo.
El apoyo emocional proporcionado por enfermería contribuye significativamente a mitigar el impacto psicosocial del dolor crónico, ayudando a disminuir el aislamiento, la depresión y la ansiedad asociadas. La construcción de una relación terapéutica sólida basada en la empatía, comunicación efectiva y confianza es indispensable para el éxito del tratamiento.
Finalmente, la complejidad del dolor crónico demanda una coordinación multidisciplinaria efectiva, donde la enfermería actúa como un nexo esencial entre los diferentes profesionales de salud, garantizando la continuidad del cuidado y la integración de intervenciones médicas, psicológicas y rehabilitadoras.
En suma, los cuidados de enfermería frente al dolor crónico deben ser holísticos, continuos y centrados en el paciente, adaptados a sus necesidades particulares y dinámicas a lo largo del tiempo. Solo así es posible abordar con éxito los múltiples desafíos que implica el dolor crónico, mejorar la funcionalidad, la salud mental y la calidad de vida, y reducir el impacto social y económico de esta condición prevalente y debilitante.
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