AUTORES
- Marina Aguayo Carrasco. Enfermera. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
- María Reche Romero. Enfermera. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Patricia Burzurí Lafuente. Enfermera. Hospital Nuestra Señora de Gracia, Zaragoza. España.
- Gloria Escobar Azañedo. Enfermera. Hospital Obispo Polanco, Teruel. España.
- Rocio Azañedo Fuertes. TCAE. Residencia de Personas Mayores, Javalambre. España.
- Nerea Pérez Redon. Enfermera. Hospital Obispo Polanco, Teruel. España.
RESUMEN
La actividad física ejerce una influencia significativa sobre el sistema inmunológico, modulando tanto la inmunidad innata como la adaptativa. El ejercicio moderado regular mejora la función inmunológica y reduce el riesgo de infecciones, mientras que el ejercicio intenso y prolongado puede inducir una inmunosupresión temporal. Este artículo revisa la evidencia científica actual sobre la relación entre el ejercicio físico y la función inmunitaria, sus mecanismos fisiológicos subyacentes y sus implicaciones para la salud pública. El ejercicio físico, en dosis adecuadas, se constituye como un potente modulador positivo del sistema inmunológico. Mientras que la actividad física moderada fortalece las defensas del organismo y reduce la incidencia de infecciones, el ejercicio excesivo puede provocar una inmunosupresión temporal, incrementando el riesgo de enfermedades infecciosas. Promover hábitos de ejercicio controlado no solo mejora el rendimiento físico, sino que también representa una estrategia efectiva en la promoción de la salud inmunológica a largo plazo.
PALABRAS CLAVE
Sistema inmunológico, ejercicio, ejercicio físico, salud.
ABSTRACT
Physical activity exerts a significant influence on the immune system, modulating both innate and adaptive immunity. Regular moderate exercise improves immune function and reduces the risk of infections, while intense and prolonged exercise can induce temporary immunosuppression. This article reviews the current scientific evidence on the relationship between physical exercise and immune function, its underlying physiological mechanisms, and its implications for public health.
Physical exercise, in adequate doses, is a powerful positive modulator of the immune system. While moderate physical activity strengthens the body’s defenses and reduces the incidence of infections, excessive exercise can cause temporary immunosuppression, increasing the risk of infectious diseases. Promoting controlled exercise habits not only improves physical performance but also represents an effective strategy for promoting long-term immune health.
KEY WORDS
Immune system, exercise, exercice physique, health.
INTRODUCCIÓN
El sistema inmunológico cumple una función vital en la defensa del organismo frente a agentes patógenos. Su efectividad puede ser influenciada por múltiples factores, entre ellos la actividad física. La relación entre ejercicio y función inmune ha sido ampliamente estudiada en las últimas décadas, revelando un efecto en forma de ‘’J’’, donde el ejercicio moderado reduce el riesgo de enfermedad, mientras que el ejercicio excesivo lo incrementa1,2. Este patrón indica que tanto el sedentarismo como el sobreentrenamiento pueden comprometer la capacidad inmunológica del organismo, siendo el equilibrio una clave para el mantenimiento de la salud.
Efectos del ejercicio moderado sobre la inmunidad:
La práctica regular de ejercicio moderado se asocia con mejoras en la vigilancia inmunitaria, aumento de la actividad de las células Natural Killer (NK), y una mayor circulación de leucocitos en sangre periférica (3). Este tipo de ejercicio también favorece a una mejor respuesta linfocitaria y una mayor eficacia en la producción de anticuerpos4. Estas respuestas adaptativas están mediadas por una modulación favorable de las vías neuroendocrinas e inmunorreguladoras.
Además, estudios han demostrado que las personas físicamente activas presentan una menor incidencia de infecciones del tracto respiratorio superior5 Kohut y Senchina6 mostraron que, en los adultos mayores, el ejercicio mejora la respuesta inmunitaria a las vacunas, lo que es un hallazgo relevante especialmente en campañas de vacunación contra virus como la influenza o el SARS-CoV-2. Está mejora se ha atribuido a una mayor eficiencia en la presentación de antígenos y a una activación más robusta de células T auxiliares.
Efectos del ejercicio intenso o prolongado:
Por otro lado, el ejercicio intenso o prolongado (definido como aquel que excede los 90 minutos a intensidades superiores al 70% VO2máx) puede inducir una inmunosupresión temporal, incrementando la susceptibilidad a infecciones, particularmente del tracto respiratorio7. Este fenómeno, conocido como “ventana abierta”, puede durar entre 3 y 72 horas después del esfuerzo físico, dependiendo de la intensidad y duración del ejercicio8.
Durante esta fase, se observa una disminución en la concentración de inmunoglobulina A (IgA) en saliva, linfocitos T y B circulantes, y en la actividad de las células NK9. Estos efectos han sido documentados ampliamente en atletas de resistencia, como maratonistas y triatletas, quienes frecuentemente reportan infecciones leves tras las competencias10.
Mecanismos fisiológicos involucrados:
El ejercicio físico modula el sistema inmunológico a través de mecanismos complejos que incluyen vías neuroendocrinas y metabólicas. Durante la actividad física, se elevan los niveles de cortisol, adrenalina y otras catecolaminas, las cuales poseen efectos inmunomoduladores. A corto plazo, estas hormonas promueven la redistribución de células inmunes hacia tejidos periféricos, pero su elevación sostenida puede ejercer efectos inmunosupresores11.
Asimismo, el ejercicio contribuye a la reducción de la inflamación crónica de bajo grado al disminuir la producción de citocinas proinflamatorias como TNF-α e IL-6, efecto que es especialmente beneficioso en enfermedades autoinmunes y crónicas como la diabetes tipo 2 y la artritis reumatoide12.
Ejercicio, microbiota y sistema inmune:
Recientemente se ha comenzado a explorar la interacción entre la actividad física, la microbiota intestinal y el sistema inmune. El ejercicio físico regular se ha asociado con favorecer una mayor diversidad microbiana intestinal, lo cual se asocia con una mejor respuesta inmune y una menor inflamación sistémica13. Esto sugiere una vía indirecta pero significativa a través de la cual el ejercicio puede reforzar la respuesta inmune.
CONCLUSIONES
El ejercicio físico, en dosis adecuadas, se constituye como un potente modulador positivo del sistema inmunológico. Mientras que la actividad física moderada fortalece las defensas del organismo y reduce la incidencia de infecciones, el ejercicio excesivo puede provocar una inmunosupresión temporal, incrementando el riesgo de enfermedades infecciosas. La comprensión de estos mecanismos es esencial para la prescripción adecuada de programas de entrenamiento, especialmente en poblaciones vulnerables como adultos mayores o atletas de alto rendimiento. Promover hábitos de ejercicio controlado no solo mejora el rendimiento físico, sino que también representa una estrategia efectiva en la promoción de la salud inmunológica a largo plazo.
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