AUTORES
- Ariadna Gracia Prad. Graduada en Enfermería, Zaragoza, Aragón, España.
- Silvia Carnicer Izaguerri. Graduada en Enfermería, Zaragoza, Aragón, España.
- Paula Bujalance Latasa. Graduada en Enfermería, Zaragoza, Aragón, España.
- Oumaima Aboulmakarim Rabbani. Graduada en Enfermería, Zaragoza, Aragón, España.
RESUMEN
La enfermedad celíaca es una condición autoinmune que afecta aproximadamente al 1% de la población. Se desencadena por la ingestión de la proteína gliadina presente en el gluten, que se encuentra en cereales como el trigo y la cebada. Esta enfermedad causa inflamación en el intestino delgado, lo que puede llevar a síntomas agudos como diarrea, estreñimiento y náuseas. En los últimos años, ha habido un aumento en los diagnósticos, incluso en personas mayores, debido a mejores pruebas de detección.
La prevalencia de la enfermedad celíaca ha ido en aumento en países occidentales y entre familiares de personas afectadas, así como en pacientes con síndrome de Down. En los últimos 30 años, la incidencia ha crecido significativamente. Son más propensas a desarrollarla las personas con enfermedades autoinmunes, diabetes tipo 1, y otras condiciones clínicas.
El diagnóstico de la celiaquía se realiza a través de biopsias duodenales y pruebas serológicas, aunque ninguna prueba actual es 100% efectiva. Para diagnosticar, se utiliza la «regla de los cuatro de cinco», donde se deben cumplir cuatro de varios criterios clínicos y de laboratorio.
Un diagnóstico tardío o un mal seguimiento de la dieta sin gluten puede aumentar el riesgo de complicaciones graves, aunque estos casos son pocos. Los síntomas persistentes a pesar de cumplir con la dieta deben ser investigados. Actualmente, la única forma efectiva de tratamiento es seguir una dieta sin gluten de por vida, lo que mejora los síntomas y la salud intestinal, aunque también puede afectar la calidad de vida del paciente debido a temores y deficiencias nutricionales.
Para la prevención, hay que cuidar la microbiota y la dieta infantil. La detección temprana también es importante, y el cribado masivo puede ayudar a identificar casos asintomáticos.
PALABRAS CLAVE
Enfermedad celíaca.
ABSTRACT
Celiac disease is an autoimmune condition that affects approximately 1% of the population. It is triggered by the ingestion of the gliadin protein present in gluten, which is found in cereals such as wheat and barley. This disease causes inflammation in the small intestine, which can lead to acute symptoms such as diarrhea, constipation and nausea. In recent years, there has been an increase in diagnoses, even in older people, due to better screening tests.
The prevalence of celiac disease has been increasing in Western countries and among relatives of affected individuals, as well as in patients with Down syndrome.
In the last 30 years, the incidence has increased significantly. People with autoimmune diseases, type 1 diabetes, and other clinical conditions are more likely to develop celiac disease.
Diagnosis of celiac disease is made through duodenal biopsies and serological tests, although no current test is 100% effective. To diagnose, the “four out of five rule” is used, where four of several clinical and laboratory criteria must be met.
Late diagnosis or poor adherence to the gluten-free diet can increase the risk of serious complications, although such cases are rare. Persistent symptoms despite compliance with the diet should be investigated. Currently, the only effective form of treatment is to follow a lifelong gluten-free diet, which improves symptoms and intestinal health, although it can also affect the patient’s quality of life due to fears and nutritional deficiencies.
For prevention, the microbiota and children’s diet must be taken care of. Early detection is also important, and mass screening can help identify asymptomatic cases.
KEY WORDS
DESARROLLO DEL TEMA
La enfermedad celíaca es una condición autoinmune caracterizada por un perfil serológico e histológico específico desencadenado por la ingestión de la proteína gliadina en individuos genéticamente predispuestos. El gluten es el término general que determina las proteínas solubles en alcohol presentes en varios cereales, como el trigo, el centeno, la cebada, la espelta y el kamut1.
Esta condición autoinmune afecta al 1% de la población y conduce a una enfermedad inflamatoria reversible en la mucosa del intestino delgado con repercusiones agudas como diarrea, estreñimiento, hinchazón, náuseas y vómitos2.
En estos últimos años, ha habido cambios en la aparición de esta enfermedad, debido al aumento constante en el número de diagnósticos, incluso en personas mayores de 65 años. Esto es debido principalmente a la mayor disponibilidad de pruebas de detección sensibles y específicas, que permiten la identificación de los grupos de riesgo y conlleva un aumento de casos en todo el mundo1.
La enfermedad celíaca es uno de los trastornos autoinmunes más comunes, con una prevalencia del 1% de la población general, con la excepción de las áreas con baja carga genética o bajo consumo de esta proteína (África subsahariana y Japón).
Además, la prevalencia está aumentando en los países occidentales y en familiares de primer grado con y específicamente en pacientes con síndrome de Down1.
En casos generales, la incidencia de esta condición ha crecido de manera significante en los últimos 30 años, de 2-3 casos a 9-13 casos por cada 100.000 habitantes3.
FACTORES DE RIESGO:
La enfermedad es más frecuente, en determinados grupos de alto riesgo, como personas con diabetes tipo 1, enfermedad tiroidea autoinmune, Síndrome de Down, hepatitis autoinmune, síndrome de Turner, miembros de la familia de primer grado, personas con anemia por deficiencia de hierro, pacientes con osteoporosis y muchas otras afecciones clínicas3.
Si bien la susceptibilidad genética influye en la prevalencia, otros factores ambientales, la dieta básica, patógenos entéricos y el uso de antibióticos también son importantes4.
La prueba más utilizada para el diagnóstico de la celiaquía está representada por los cambios detectados en las mucosas gracias a la biopsia duodenal y por pruebas serológicas como Ac anti-tTG, Ac anti-endomio (EmA) y Ac de péptido de gliadina (DGP)).
A pesar del progreso realizado en pruebas de serología, ninguna prueba de anticuerpos disponible actualmente proporciona una sensibilidad y una especificidad del 100 %.
Actualmente la atención hacia estos pacientes, se basa en la «regla de los cuatro de cinco«, que indica que cuatro de los cinco de los siguientes criterios son suficientes para diagnosticar la enfermedad. El primero son signos y síntomas típicos como diarrea y malabsorción, el segundo es la positividad de anticuerpos en las pruebas serológicas, la tercera es la positividad de HLA-DQ2 y/o HLA-DQ8, la cuarta es el daño intestinal y la última sería la respuesta clínica a GFD4.
Se ha demostrado que un diagnóstico tardío de esta enfermedad (personas mayores de 50 años) o un mal seguimiento de la dieta sin gluten conlleva un mayor grado de morbimortalidad en comparación con las personas que sí cumplen correctamente estos requisitos. Aunque estas complicaciones se suelen presentar en poca parte de los pacientes que tienen esta patología; se incluyen hipoesplenismo, linfoma intestinal, adenocarcinoma del intestino delgado y jejunitis ulcerativa.
Se debe empezar a sospechar de algunas de estas complicaciones cuando a pesar de la adherencia a la dieta sin gluten, se quejan de una persistencia inexplicable de los síntomas como diarrea, suboclusión intestinal, dolor abdominal, pérdida de peso, fiebre y astenia severa4.
Actualmente, el único tratamiento efectivo disponible es una dieta estricta para toda la vida, ya que conduce a la resolución de los síntomas intestinales y extraintestinales, la negatividad de los anticuerpos y el crecimiento de las vellosidades intestinales.
Además, la dieta ofrece un efecto protector parcial hacia varias complicaciones. Sin embargo, para los pacientes el seguimiento de. esta dieta también incluye un impacto negativo en la calidad de vida, problemas psicológicos, miedo a la contaminación involuntaria, posibles deficiencias de vitaminas y minerales, síndrome metabólico, un mayor riesgo cardiovascular y, a menudo, estreñimiento severo
La mayoría de estos inconvenientes se pueden superar instruyendo al paciente sobre los riesgos de un régimen sin gluten no controlado y proporcionando recomendaciones nutricionales de un dietista con experiencia en este tipo de paciente4.
Una manera de realizar la prevención primaria es cuidar nuestra microbiota. Ya que el desarrollo de la enfermedad también se ha relacionado con alteraciones en el microbioma intestinal humano, que es necesario para el desarrollo adecuado del sistema inmune. Además, en relación con la prevención primaria, la alimentación infantil con seguimiento a largo plazo, también ha obtenido buenas respuestas. Otras posibles, como el papel de las infecciones, no se han investigado en profundidad.
La prevención secundaria se basa en la detección y el tratamiento temprano con la búsqueda de casos activos de sujetos con síntomas. Este enfoque ha llevado al diagnóstico temprano de muchos pacientes, lo que ha resultado en una mejora significativa de la salud después del tratamiento, y una buena calidad de vida.
El cribado de la población general, también llamado cribado masivo, sería teóricamente la mejor forma de prevención secundaria, ya que podría detectar potencialmente todos los casos, incluidos los de pacientes asintomáticos5.
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