La terapia de presión negativa. Artículo monográfico

27 junio 2025

 

AUTORES

  1. Alicia Mas Álvarez. Enfermera de Atención Continuada Jaca-Hecho-Berdún. Huesca. España.
  2. Sonsoles María Iglesias Constante. Matrona en el Hospital de Jaca. Huesca. España.
  3. Vanessa Pérez Gamazo. Enfermera de Atención Continuada Jaca-Hecho-Berdún. Huesca. España.
  4. Susana Teresa Lacasa Viscasillas. Enfermera en el Centro de salud de Sabiñánigo. Huesca. España.
  5. Pablo Aguilar Baines. Enfermero en el Centro de Salud de Sabiñánigo. Huesca. España.
  6. Marta Mimbrera Jericó. Enfermera de Atención Continuada Jaca-Hecho-Berdún. Huesca. España.

 

RESUMEN

La piel es el órgano más extenso del cuerpo, y el manejo de sus lesiones es fundamental en el ámbito sanitario. Las heridas representan un desafío que implica un impacto tanto en la calidad de vida de los pacientes como en los sistemas de salud. La Terapia de Presión Negativa (TPN), surgida en los años 90, es una técnica que utiliza presión subatmosférica para favorecer la cicatrización. Consiste en la colocación de una esponja de poliuretano en la herida, que se cubre con un apósito adhesivo y se conecta a un dispositivo que ejerce el vacío. La TPN promueve la vasodilatación capilar y el aporte de nutrientes y oxígeno, lo que acelera la epitelización. También mejora el control del exudado, elimina sustancias dañinas del lecho de la herida, reduce la inflamación y aproxima los bordes de la herida, es eficaz en la gestión del olor y la carga bacteriana. Todo ello reduce las posibles complicaciones que puedan derivar del proceso de cura de una herida y acorta los tiempos de cicatrización con respecto a la cura tradicional. Sus indicaciones incluyen heridas crónicas complejas, heridas agudas como quemaduras, dehiscencias quirúrgicas o heridas altamente exudativas entre otras. Aunque beneficiosa, requiere una valoración inicial del paciente y presenta contraindicaciones específicas. La TPN reduce el tiempo de cicatrización y los costos hospitalarios. A pesar de que requiere una inversión inicial alta, sus ventajas a largo plazo son significativas tanto a nivel de gestión de recursos sanitarios como en el ámbito de la calidad de vida del paciente.

PALABRAS CLAVE

Terapia de presión negativa, heridas, terapia avanzada, enfermería.

ABSTRACT

The skin is the body’s largest organ, and managing its lesions is fundamental in healthcare. Wounds pose a challenge that impacts both patients’ quality of life and healthcare systems. Negative Pressure Wound Therapy (NPWT), which emerged in the 1990s, is a technique that uses subatmospheric pressure to promote healing. It involves placing a polyurethane sponge in the wound, covering it with an adhesive dressing, and connecting it to a device that applies the vacuum. NPWT promotes capillary vasodilation and the delivery of nutrients and oxygen, which accelerates epithelialization. It also improves exudate control, removes harmful substances from the wound bed, reduces inflammation, and approximates the wound edges. It’s effective in managing odor and bacterial load. All of this reduces potential complications that may arise from the wound healing process and shortens healing times compared to traditional wound care. Its indications include complex chronic wounds, acute wounds like burns, surgical dehiscences, or highly exudative wounds, among others. Although beneficial, it requires an initial patient assessment and has specific contraindications. NPWT reduces healing time and hospital costs. Despite requiring a high initial investment, its long-term advantages are significant, both in terms of healthcare resource management and patient quality of life.

KEY WORDS

Negative-pressure wound therapy, wounds, advanced therapy, nursing.

DESARROLLO DEL TEMA

La piel es el órgano más extenso del cuerpo y su cuidado es imprescindible. La prevención y el tratamiento de las lesiones cutáneas tienen un gran peso en el ámbito sanitario 1. En concreto, las heridas suponen un reto no solo por su impacto en la calidad de vida de las personas, sino también por su peso en los sistemas de salud y en la gestión de recursos2.

La Terapia de Presión Negativa (TPN) surgió en Estados Unidos en la década de los 90 de la mano de los doctores Argenta y Morykwas. Crearon una nueva tecnología que consiste en aplicar una presión subatmosférica para favorecer la cicatrización en el lecho de las heridas mediante un sistema de vacío1,3.

La TPN es una técnica que consiste en introducir una esponja de poliuretano en la herida, ajustando el tamaño de la espuma a los bordes de la herida. Esto se cubre con un apósito adhesivo y se conecta a un dispositivo electrónico que ejerce la presión negativa1. Para garantizar su correcto funcionamiento, es necesario asegurar un correcto sellado con el apósito adhesivo4. Se debe verificar también el funcionamiento del dispositivo, y comprobar la detección de señales y alarmas del aparato4.

Mecanismo de acción de la TPN.

La TPN es una técnica no invasiva compuesta por un sistema oclusivo que utiliza un flujo de presión negativa para promover procesos fisiológicos5,6. El vacío provoca un efecto osmótico que se traduce en un aumento de la vasodilatación capilar en el lecho de la herida. Al aumentar el flujo de sangre local, se incrementa el aporte de nutrientes y oxígeno a los tejidos6. Esto genera hipergranulación y formación de nuevos tejidos, acelerando el proceso de epitelización6.

La TPN también mejora el control del exudado de la herida. Esto ocurre gracias a la extracción del exudado mediante la fuerza de succión reduciendo la exposición de la herida a los fluidos2,3,4,5.

La TPN elimina metalo proteinasas del lecho de la herida y modifica los puentes de las integrinas intercelulares, lo que crea un ambiente óptimo para una rápida epitelización1,4. Además, favorece la eliminación de enzimas dañinas para los tejidos de la herida, reduciendo la inflamación y mejorando la calidad de los tejidos1,3.

La TPN consigue aproximar los bordes de la herida y eliminar espacios muertos, de modo que se reduce el riesgo de seromas y hematomas4. Gracias al vacío, también se consigue disminuir el edema2,4. La TPN es eficaz en la gestión del olor y en el control de la carga bacteriana4,5. El sistema de vacío favorece la limpieza de la herida, creando un ambiente óptimo para la proliferación de tejido de granulación 1,3,4.

Indicaciones de la TPN:

  • heridas agudas quemaduras o colgajos4,5,6.
  • heridas subagudas como dehiscencias quirúrgicas que precisen cierre por segunda intención1,3,5.
  • heridas crónicas graves1,4,5.
  • úlceras por presión profundas grado III y IV1,3,4,6.
  • úlceras diabéticas1,4.
  • heridas muy exudativas1,4.
  • como tratamiento adyuvante en otras terapias4.

 

Previo a la utilización de la TPN es necesario una valoración inicial del paciente; antecedentes de anastomosis vascular, alergia a materiales utilizados, tratamiento anticoagulante etc. puesto que no todos los pacientes son candidatos al uso de esta terapia2,4.

Contraindicaciones de la TPN:

  • heridas con exposición de órganos y vasos sanguíneos1,4.
  • heridas neoplásicas1,4.
  • osteomielitis sin tratar1,4.
  • heridas infectadas sin tratamiento4.
  • heridas con sospecha de drenaje de líquido cefalorraquídeo1.
  • heridas con tejido necrótico sin desbridar 1,4.
  • fístulas no exploradas1,4.
  • pacientes anticoagulados no controlados por el riesgo de hemorragia4.
  • pacientes con baja adherencia al tratamiento4.

 

La TPN resulta beneficiosa en el proceso de cicatrización de heridas complejas ya que reduce el tiempo de cicatrización, evita complicaciones y mejora la calidad de vida de los pacientes2. Mediante el uso de la TPN se alcanza un avance de fase inflamatoria a proliferativa en un menor tiempo que mediante la realización de curas húmedas tradicionales 3,5. El proceso de cura de una herida lleva asociados costes como los derivados de ingresos hospitalarios 3. Sin embargo, la TPN reduce los tiempos de estancia hospitalaria1.

La TPN no es un tratamiento caro para tratarse de una terapia avanzada2. Se ha descrito como costo-efectiva tanto en recursos materiales (se reduce la frecuencia de las curas) como en recursos personales1,3,5. Su aplicación además de ser segura y sencilla, resulta cómoda para el paciente porque facilita su movilidad y se puede aplicar de forma ambulatoria1,3,5. En su origen su uso era exclusivamente hospitalario, pero después se implementó en la Atención Primaria2. La TPN también reduce el dolor, un factor imprescindible en la mejora de la calidad de vida de los pacientes1,3,5.

A pesar de los múltiples beneficios de la TPN, es necesario tener en cuenta una serie de consideraciones. Puede aparecer maceración perilesional secundaria a no usar un tamaño adecuado de espuma4. También puede aparecer sangrado y dolor en la retirada de la espuma y apósito de fijación4. En cuanto a la esfera económica, hay que señalar que la inversión inicial de la TPN es alta, pero a largo plazo, se ha demostrado un beneficio costo-eficacia3.

Para que una terapia avanzada como esta se pueda llevar a cabo desde la Atención Primaria es necesario el apoyo de la gerencia, los laboratorios adjudicatarios de los materiales e incluso los propios profesionales, que deben mostrar su interés en la formación y manejo de la TPN2.

Resaltar finalmente la necesidad de más estudios científicos sobre la TPN que delimiten aspectos como el tiempo óptimo de curas o definan su uso en otro tipo de heridas1. Del mismo modo, es necesario el desarrollo de proyectos formativos para el personal sanitario mediante la actualización de conocimientos, jornadas formativas y la creación de protocolos para la estandarización de cuidados3. Todo ello con el objetivo de implementar esta terapia de práctica avanzada en la Atención Primaria2.

 

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