- Inés Postigo Herrero. Grado en Enfermería. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud, Zaragoza (España).
- Marta Leza Gracia. Grado en Enfermería. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud, Zaragoza (España).
- Laura López Nolasco. Grado en Enfermería. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud, Zaragoza (España).
- Cristina Pérez Villalba. Grado en Enfermería. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud, Zaragoza (España).
- Inés Zarralanga Izaga. Grado en Enfermería. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud, Zaragoza (España).
RESUMEN
La lactancia materna exclusiva (LME) es la forma óptima de alimentación durante los primeros seis meses de vida, proporcionando todos los nutrientes esenciales para el crecimiento y desarrollo del lactante. La leche materna es un alimento completo, adaptado a las necesidades fisiológicas del bebé, con proteínas de alto valor biológico, grasas esenciales, carbohidratos y micronutrientes. Su composición varía según la edad del lactante y la hora del día, optimizando la producción de leche y regulando el sueño mediante hormonas y componentes como la prolactina y el triptófano.
Además de sus beneficios nutricionales, la LME tiene un papel protector frente a infecciones, gracias a la presencia de inmunoglobulina A (IgA), lactoferrina, leucocitos y citocinas. Esto contribuye a reducir la morbilidad y mortalidad infantil, a la vez que favorece el desarrollo de la microbiota intestinal y fortalece el sistema inmunológico.
La LME también influye en el desarrollo neurocognitivo del bebé, ofreciendo ventajas en el coeficiente intelectual y en la prevención de trastornos de conducta a largo plazo. El contacto físico durante la lactancia fortalece el vínculo madre-hijo, favoreciendo la seguridad emocional y el desarrollo socioafectivo.
PALABRAS CLAVE
Lactancia exclusiva, técnica de amamantamiento, beneficios, lactancia, problemas.
ABSTRACT
Exclusive breastfeeding (ESM) is the optimal form of feeding during the first six months of life, providing all essential nutrients for the growth and development of the infant. Breast milk is a complete food, adapted to the physiological needs of the baby, with high biological value proteins, essential fats, carbohydrates and micronutrients. Its composition varies according to the age of the infant and time of day, optimizing milk production and regulating sleep through hormones and components such as prolactin and tryptophan.
In addition to its nutritional benefits, ESM has a protective role against infections due to the presence of immunoglobulin A (IgA), lactoferrin, leukocytes and cytokines. This helps reduce infant morbidity and mortality, while promoting the development of intestinal microbiota and strengthening the immune system.
ESM also influences the neurocognitive development of the baby, offering advantages in IQ and the prevention of long-term behavioral disorders. Physical contact during breastfeeding strengthens the mother-child bond, promoting emotional security and socio-affective development.
In conclusion, exclusive breastfeeding meets the nutritional needs of the infant, provides immune protection, supports healthy growth and promotes neurological and emotional development, while reducing the risk of future disease. Therefore, their promotion and support are essential for a healthy start in life and comprehensive development of the baby.
KEY WORDS
Exclusively breastfed, breastfeeding technique, benefits, lactation, problems.
DESARROLLO DEL TEMA
La lactancia materna exclusiva se define como la alimentación del lactante únicamente con leche materna, sin la introducción de otros líquidos o alimentos, ni siquiera agua, durante un período mínimo de seis meses1.
La lactancia es un proceso fisiológico que supone la producción y secreción de leche constituyendo una parte integral del ciclo reproductivo y una consecuencia natural del embarazo y el parto. Su desarrollo comienza aproximadamente entre las semanas 16 y 22 de gestación, período en el cual se observan los primeros cambios en las glándulas mamarias2.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda mantener la LME durante los primeros seis meses de vida, para posteriormente introducir de forma progresiva la alimentación complementaria, manteniendo la lactancia materna hasta, al menos, los dos años. Durante el periodo de los seis primeros meses el lactante únicamente recibe leche materna, salvo en casos en los que se administren medicamentos, suplementos vitamínicos o sales y minerales para la rehidratación3.
Durante las primeras semanas, los senos incrementan el tamaño y la sensibilidad a consecuencia de una elevación del flujo sanguíneo hacia las glándulas. En esta etapa, los folículos lácteos y las redes de conductos se desarrollan bajo la influencia de las hormonas placentarias: la progesterona estimula la proliferación de los folículos lácteos, mientras que los estrógenos favorecen el desarrollo de la red de conductos lácteos2.
El contenido de la leche materna se va adecuando a las exigencias del lactante, progresando desde el calostro, pasando por la leche de transición hasta la leche madura. Los bebés que reciben leche materna, en comparación con los bebés no amamantados, tienen un menor riesgo de obesidad infantil, diabetes tipo 2 y presión arterial alta, además de desempeñar mejor las mediciones del desarrollo cognitivo2.
La leche materna presenta una composición que varía durante el día, incrementándose por la noche el nivel de prolactina, hormona cuya función es promover la síntesis de leche. Este mecanismo permite que se produzca la cantidad de leche necesaria para el bebé durante las horas nocturnas, asegurando un suministro adecuado2.
Un componente relevante es el triptófano, un aminoácido esencial presente de forma natural en la leche materna. Este, desempeña un papel fundamental en la regulación del sueño y los ritmos circadianos, favoreciendo que el bebé se relaje y concilie el sueño con mayor facilidad2.
Para las madres, la lactancia materna ofrece múltiples beneficios para la salud, incluyendo la disminución del riesgo de enfermedades cardiovasculares, hipertensión y diabetes, así como una recuperación posparto más rápida. Además de los beneficios físicos, contribuye al bienestar psicológico de la madre, siendo un factor clave en la prevención de la depresión posparto2.
No existe una sugerencia definitiva respecto a la duración de la lactancia materna; sin embargo, los expertos recomiendan mantenerla hasta los 24 meses, junto con alimentación complementaria, o mientras el lactante y la madre lo deseen. A pesar de los múltiples efectos positivos comprobados de la lactancia materna para la salud del bebé, más del 40% de los recién nacidos en el mundo no reciben leche materna2.
Se ha observado que los recién nacidos alimentados exclusivamente con leche materna presentan diferencias en su desarrollo y crecimiento en comparación con aquellos que reciben leche de fórmula. Estas diferencias podrían estar relacionadas con el efecto protector de la lactancia materna frente al sobrepeso y la obesidad1. Además de tener beneficios sobre la obesidad y sobrepeso, se asocia con una ligera mejora en el desarrollo del coeficiente intelectual en etapas más tardías de la infancia. Además, es un factor protector en el progreso de trastornos de la conducta4. Los efectos positivos de la lactancia materna pueden observarse a corto y largo plazo por eso se considera que esta es el alimento más adecuado para los lactantes5.
En los primeros días de vida, el recién nacido pierde alrededor de un 4% de su peso inicial, pérdida que se asocia principalmente a masa grasa (incluyendo agua corporal) y que suele ser mayor en los lactantes alimentados con leche de fórmula. Sin embargo, los bebés que reciben lactancia materna exclusiva tienden a recuperar este peso más rápidamente1.
Factores como el nivel socioeconómico de la madre, la vuelta al trabajo, el tipo de parto y la educación prenatal sobre la lactancia contribuye en la lactancia materna posterior6. Reconocer y entender factores que contribuyen en la LME como son los demográficos, económicos, sociales y clínicos ayuda a incrementar el éxito de este tipo de lactancia7.
Entre las características asociadas a una mayor probabilidad de mantener la LME se incluyen, en el ámbito demográfico, el hecho de que los progenitores cuenten con estudios superiores (formación universitaria); en el ámbito social y económico, un mayor nivel de ingresos familiares y el apoyo activo por parte de la pareja y de otros familiares cercanos; y, en el plano clínico, la experiencia previa de la madre en la crianza, especialmente cuando ha tenido hijos anteriormente. Por el contrario, la situación de pobreza constituye un factor que puede dificultar su mantenimiento7.
En definitiva, la implementación de estrategias como la sensibilización y educación sobre lactancia materna, el respaldo político y financiero, el sustento social y familiar a las mujeres lactantes, la promoción del parto eutócico, la provisión de servicios maternos de calidad y la optimización de la atención materna y neonatal en las primeras horas de vida, contribuye de manera significativa al incremento de las tasas de lactancia materna exclusiva7.
Por otra parte, diversos estudios señalan que la lactancia materna exclusiva (LME) constituye un importante factor protector ya que en situaciones de crisis, este tipo de lactancia resulta especialmente importante frente a la morbilidad y mortalidad infantil asociada a infecciones del tracto gastrointestinal y respiratorias. Además, se estima que podría prevenir hasta un 12 % de las muertes en menores de cinco años y reducir el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante3,5.
En comparación, los recién nacidos alimentados con leche de fórmula presentan mayor riesgo de exposición a patógenos causantes de diarrea, debido a factores como la manipulación de biberones, la introducción temprana de alimentos complementarios o el uso de leches no maternas. Esta situación puede derivar en una nutrición inadecuada y, en consecuencia, en una menor eficacia de la inmunidad no específica3.
Además de aportar propiedades biológicas e inmunológicas y de su papel de fortalecimiento del vínculo madre-hijo, la leche materna destaca por cubrir de forma completa las necesidades nutricionales del lactante.
Las proteínas que se encuentran en la leche materna constituyen una fuente óptima de aminoácidos para el crecimiento infantil, tienen un gran valor biológico y al ser de origen humano, no cuentan con capacidad antigénica5.
A lo largo del periodo de lactancia, la composición proteica de la leche materna experimenta variaciones: en la etapa inicial predomina la fracción sérica (aproximadamente un 80 %) frente a la caseína, mientras que en la lactancia tardía ambas fracciones tienden a equilibrarse, alcanzando una proporción cercana al 50-505.
Las principales proteínas séricas presentes en la leche materna y no en la leche de fórmula, son, la α-lactoalbúmina, esencial para la producción de lactosa, la lactoferrina y la inmunoglobulina A (IgA), todas ellas con un papel significativo bioactivo e inmunológico. La lactoferrina, que constituye entre el 15 y el 20 % de las proteínas séricas, ejerce una relevante función antibacteriana al inhibir el crecimiento, la adhesión y la translocación de bacterias, además de participar en la modulación del crecimiento epitelial. Por su parte, la IgA es la inmunoglobulina predominante en la leche materna y proporciona una protección antimicrobiana fundamental5.
Asimismo, la leche materna contiene otros factores inmunitarios como leucocitos, citocinas y lisozimas, que contribuyen al desarrollo equilibrado de la microbiota intestinal y favorecen la tolerancia alimentaria5.
La prevalencia y la práctica de la lactancia materna se ven significativamente condicionadas por el enfoque adoptado por los profesionales de la salud para promoverla durante el embarazo, el posparto y la primera infancia. Entre los principales factores que contribuyen a la interrupción de la lactancia materna se encuentran la baja producción de leche y las condiciones laborales de la madre entre otros, añadiendo la ingurgitación, la mastitis y la inflamación y dolor de mama asociados. Existen también factores relacionados con la salud del bebé, como por ejemplo la dificultad para succionar y las alergias alimentarias2.
La mastitis es una patología caracterizada por una inflamación del tejido mamario, la cual puede estar acompañada de infección y que puede afectar la continuidad de la lactancia materna. Puede clasificarse en aguda, subaguda y crónica. Se han sugerido diversos métodos para su prevención y tratamiento, incluyendo el uso de probióticos8.
Esta patología constituye una de las causas más frecuentes de la interrupción de la lactancia, aunque su incidencia varía debido a las diferencias en la definición y a la ausencia de muestras representativas. Gran parte de los datos disponibles se basan en diagnósticos referidos por las propias mujeres, lo que puede generar variaciones en la percepción de los síntomas8.
Con la estasis de la leche producida por la compresión y/u obstrucción de los conductos lactíferos y el crecimiento bacteriano excesivo, dolor y reducción de la producción mamaria, se produce la complicación más habitual que es el absceso, más frecuente en las seis primeras semanas8.
La mastitis lactante constituye la forma más frecuente de mastitis, y según Wilson, afecta aproximadamente a 1 de cada 4 mujeres que amamantan, siendo más común durante la segunda y tercera semana posparto. Ante la perseverancia del dolor, la consulta médica temprana resulta fundamental para prevenir complicaciones8.
La aplicación de cepas probióticas específicas, tanto en el último trimestre del embarazo como durante la lactancia, ha evidenciado eficacia en la disminución de la incidencia de mastitis en estudios clínicos, lo que sugiere que pueden formar parte de un enfoque integral para la prevención y manejo de esta patología8.
CONCLUSIÓN
La lactancia materna exclusiva cubre las necesidades nutricionales del lactante, proporciona protección inmunitaria, apoya el crecimiento saludable y promueve el desarrollo neurológico y emocional, reduciendo además el riesgo de enfermedades futuras. Por ello, su promoción y apoyo resultan esenciales para un inicio de vida saludable y un desarrollo integral del bebé.
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