- Alejandro Millán Arrazola. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Natalia Crespo Forcén. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Iñaki Goiri García. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Cristina López Esbec. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Jose María Martínez Garcés. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Ignacio Ladrero Paños. Médico Interno Residente, Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
RESUMEN
La cirugía de aorta ascendente y raíz aórtica requiere un manejo anestésico centrado en transiciones críticas, donde pequeñas variaciones de poscarga, frecuencia cardiaca o precarga pueden precipitar inestabilidad hemodinámica o bajo gasto. En este contexto, el procedimiento de Bentall reemplaza raíz y válvula mediante un injerto compuesto con reimplante coronario, mientras que la técnica de David preserva la válvula nativa mediante reimplante valvular dentro de un injerto. La inducción debe evitar hipertensión/taquicardia e hipotensión sostenida, adaptando fármacos y soporte vasoactivo al fenotipo (insuficiencia aórtica, disfunción ventricular). En la fase pre-circulación extracorpórea (CEC), el uso de ecocardiografía transesofágica (ETE) permite guiar la valoración basal, el estado de volumen y la interpretación de la inestabilidad durante heparinización y canulación. La salida de CEC es el momento de mayor vulnerabilidad: la ETE permite descartar aire intracardiaco, verificar el resultado de la reparación y orientar inotrópicos/vasopresores dentro de un destete estructurado. Se presenta un enfoque práctico focalizado en inducción, pre-CEC y salida de bomba, integrando la ETE como herramienta de seguridad perioperatoria1,2,3,4,5,6.
PALABRAS CLAVE
Aorta ascendente, circulación extracorpórea, anestesia general, ecocardiografía transesofágica, raíz aórtica, procedimiento de bentall, reemplazo de raíz aórtica.
ABSTRACT
Ascending aorta and aortic root surgery demands an anesthetic strategy focused on critical transitions, where small changes in afterload, heart rate, or preload may trigger major hemodynamic instability. The Bentall procedure replaces the aortic root and valve with a composite valved conduit plus coronary reimplantation, whereas the David operation preserves the native valve using a reimplantation (valve-sparing) technique. Induction should avoid hypertensive/tachycardic surges and sustained hypotension, tailoring drugs and vasoactive support to the underlying phenotype (aortic regurgitation, ventricular dysfunction). During the pre–cardiopulmonary bypass (CPB) phase, close coordination with perfusion and baseline transesophageal echocardiography (TEE) guide volume status assessment and help interpret instability during heparinization and cannulation. Separation from CPB is a high-risk period in which TEE is pivotal to rule out residual intracardiac air, confirm repair results, and guide inotrope/vasopressor titration within a structured weaning approach. This review provides a practical stepwise framework centered on induction, pre-CPB management, and weaning, integrating TEE as a perioperative safety tool.
KEY WORDS
Ascending aorta, cardiopulmonary bypass, general anesthesia, transesophageal echocardiography, aortic root, bentall procedure, aortic root replacement.
DESARROLLO DEL TEMA
La cirugía de aorta ascendente incluye desde el reemplazo supracoronario hasta procedimientos sobre la raíz aórtica, y con frecuencia se realiza bajo CEC, lo que concentra el riesgo anestésico en periodos de transición (inducción, canulación, inicio y fin de CEC) donde pequeños desajustes de poscarga, frecuencia cardiaca o volumen pueden precipitar bajo gasto, isquemia o inestabilidad grave1.
Dentro de la cirugía de raíz, el Bentall reemplaza raíz y válvula mediante un injerto compuesto con reimplante coronario, mientras que la técnica de David conserva la válvula nativa mediante reimplante valvular en un injerto, evitando una prótesis valvular en pacientes seleccionados, con perfiles de complicaciones y reintervención distintos en la literatura comparativa2,3.
La ETE se ha consolidado como una herramienta central en cirugía cardiaca: complementa la valoración preoperatoria, guía la canulación y la detección de complicaciones, y permite comprobar el resultado de la reparación antes de abandonar quirófano, lo que resulta especialmente relevante en cirugía de aorta ascendente y raíz por el riesgo de insuficiencia valvular residual y aire intracardiaco4,5.
Monitorización e inducción:
En cirugía de aorta ascendente, la monitorización debe anticiparse a transiciones hemodinámicas rápidas: al menos una vía arterial, accesos venosos de alto flujo y posibilidad de soporte vasoactivo inmediato, integrando la ETE como monitor “funcional” que evalúa función biventricular, estado de volumen, severidad de insuficiencia aórtica y hallazgos que condicionan la estrategia (p. ej., disfunción de ventrículo derecho). Las recomendaciones actuales sobre CEC enfatizan objetivos de perfusión y minimización de factores que favorecen disfunción orgánica (p. ej., hemodilución excesiva), por lo que resulta útil explicitar con perfusión, antes de inducir, la estrategia prevista de flujo/presión, temperatura y criterios de transfusión o corrección hemostática, especialmente en cirugías complejas o prolongadas. Aunque este texto se centra en el intraoperatorio, el “encaje” con el manejo de la sangre del paciente (manejo integral de la hemorragia y la transfusión) es relevante porque la coagulopatía post-CEC puede condicionar decisiones de salida de bomba y cierre, las guías contemporáneas recomiendan estrategias protocolizadas, empleo de antifibrinolíticos cuando proceda y transfusión guiada por objetivos para reducir complicaciones asociadas a hemoderivados2,4,5,7.
La inducción debe evitar dos extremos: hipertensión/taquicardia (aumentan estrés de pared aórtica y demanda miocárdica) e hipotensión sostenida (reduce perfusión coronaria y cerebral), con una titulación individualizada según fenotipo (insuficiencia aórtica, disfunción ventricular, hipertensión crónica) y con soporte vasoactivo preparado antes de la laringoscopia. En insuficiencia aórtica significativa, suele buscarse una frecuencia cardiaca no baja y evitar incrementos bruscos de poscarga para limitar el reflujo, mientras que en disfunción ventricular se prioriza mantener presión de perfusión y contractilidad efectiva, aceptando soporte inotrópico precoz si la ETE o la clínica lo sugieren. La ETE temprana tras la inducción aporta una información basal reproducible: cuantifica función biventricular, valora la válvula aórtica y la raíz, identifica derrame y ayuda a planificar el manejo de volumen y fármacos antes de la heparinización y la canulación, coherente con guías de uso perioperatorio y con recomendaciones centradas en la toma de decisiones quirúrgicas1,4,5.
Fase de CEC:
En el periodo previo a CEC, la coordinación con cirugía y perfusión es determinante: la heparinización, la canulación y la manipulación cardiaca pueden inducir hipotensión brusca o arritmias, por lo que conviene mantener una presión de perfusión estable, ventilación y oxigenación conservadoras y un plan claro de vasopresores, apoyado por ETE para confirmar posiciones, detectar problemas de llenado y descartar complicaciones inmediatas. La ETE es especialmente útil para orientar situaciones ambiguas en pre-CEC (hipotensión con presiones de llenado “normales”, sospecha de disfunción del ventrículo derecho o insuficiencia valvular más severa de lo previsto) y para guiar la estrategia de carga o descarga antes de iniciar la CEC, lo que disminuye decisiones “a ciegas” en un periodo de alta inestabilidad. En esta fase, también es razonable preparar el plan de salida de CEC desde el inicio: definir objetivos hemodinámicos y de temperatura, revisar electrolitos y hematocrito esperados durante la CEC y prever los fármacos de soporte necesarios, siguiendo principios de buenas prácticas de CEC y de destete estructurado3,5,6.
Aunque el foco del artículo no es la CEC, algunas decisiones intraoperatorias “durante bomba” repercuten directamente en la salida: evitar hipotermia no planificada, mantener objetivos de perfusión y reducir la hemodilución excesiva facilitan el destete, disminuyen la vasoplejia y reducen la probabilidad de transfusión reactiva al final del procedimiento. En cirugía de aorta ascendente con reparación de raíz, la ETE puede colaborar en momentos seleccionados (p. ej., tras etapas de reparación, si se permite ventana) y, sobre todo, en la fase de desaireación, donde su papel es detectar aire intracardiaco residual antes del destete para reducir embolia gaseosa y eventos neurológicos relacionados5,7.
La salida de CEC exige un algoritmo mental claro: corregir temperatura, calcio y equilibrio ácido-base, asegurar ventilación y oxigenación, optimizar precarga y ritmo, titular vasopresores/inotrópicos según respuesta, y reevaluar sistemáticamente con ETE si aparece bajo gasto, vasoplejía o hipotensión refractaria, tal como recogen revisiones orientadas al destete y al manejo del periodo post-CEC. En cirugía de aorta ascendente y raíz, la ETE tras la reparación es crítica para confirmar ausencia de insuficiencia aórtica significativa residual (en David) o adecuado funcionamiento del conducto valvulado (en Bentall), descartar alteraciones segmentarias sugestivas de isquemia, valorar ventrículo derecho y comprobar que no existe compresión/taponamiento, integrando recomendaciones perioperatorias y quirúrgico-dirigidas para la toma de decisiones intraoperatorias. La detección y eliminación de aire intracardiaco (desaireación) es un objetivo explícito antes de abandonar la CEC: la ETE permite identificar aire en cavidades y venas pulmonares, guiar maniobras correctoras y decidir si es seguro el destete definitivo, evitando reentradas a CEC por inestabilidad secundaria a embolia gaseosa o deterioro hemodinámico no explicado. Si el destete resulta dificultoso, las causas suelen agruparse en disfunción ventricular (izquierda o derecha), isquemia, alteraciones del ritmo, problemas de precarga/poscarga y vasoplejía, en ese escenario, la ETE ayuda a diferenciar fenotipos (p. ej., ventrículo izquierdo hipocinético vs ventrículo derecho dilatado), permitiendo tratamiento dirigido y reduciendo escaladas empíricas de catecolaminas4,5,6.
CONCLUSIONES
La anestesia para cirugía de aorta ascendente debe estructurarse alrededor de momentos críticos —inducción, pre-CEC y salida de bomba— porque concentran la mayor parte del riesgo hemodinámico y las decisiones con impacto inmediato en resultados1.
La ETE no es solo una herramienta diagnóstica, sino un monitor de seguridad: establece situación basal tras la inducción, guía la interpretación de la inestabilidad en pre-CEC y, en la salida de CEC, permite verificar la reparación (Bentall o David), detectar aire residual y orientar soporte vasoactivo de forma dirigida, alineado con recomendaciones perioperatorias y de toma de decisiones intraoperatorias4,5.
La coordinación anestesia–cirugía–perfusión, apoyada en principios de buenas prácticas de CEC y estrategias protocolizadas de manejo de la sangre del paciente, facilita un destete más predecible, reduce variabilidad y mejora la seguridad en cirugía de aorta ascendente3,4,5,6,7.
BIBLIOGRAFÍA
- Powell TR, Shah EB, Khalifa A, Orozco-Sevilla V, Tolpin DA. Anesthetic Management for Proximal Aortic Repair. Semin Cardiothorac Vasc Anesth. 2025,doi:10.1177/10892532251318061.
- Salmasi MY, Theodoulou I, Iyer P, Al-Zubaidy M, Naqvi D, Snober M, et al. Comparing outcomes between valve-sparing root replacement and the Bentall procedure in proximal aortic aneurysms: systematic review and meta-analysis. Interact Cardiovasc Thorac Surg. 2019,29(6):911-922.
- Wahba A, Kunst G, De Somer F, Kildahl HA, Milne B, Kjellberg G, et al. 2024 EACTS/EACTAIC/EBCP Guidelines on cardiopulmonary bypass in adult cardiac surgery. Br J Anaesth. 2025,134(4):917-1008. doi:10.1016/j.bja.2025.01.015.
- American Society of Anesthesiologists, Society of Cardiovascular Anesthesiologists Task Force on Transesophageal Echocardiography. Practice guidelines for perioperative transesophageal echocardiography: an updated report. Anesthesiology. 2010,112(5):1084-1096.
- Nicoara A, Skubas N, Ad N, Finley A, Mahmood F, Onorati F, et al. Guidelines for the use of transesophageal echocardiography to assist with surgical decision-making in the operating room: a surgery-based approach. J Am Soc Echocardiogr. 2020,33(6):692-734.e1.
- Licker M, Diaper J, Robert J, Ellenberger C. Management of weaning from cardiopulmonary bypass. Best Pract Res Clin Anaesthesiol. 2012,26(2):199-210.
- Tibi P, McClure RS, Huang J, Baker RA, Fitzgerald D, Shore-Lesserson L, et al. STS/SCA/AmSECT/SABM Update to the Clinical Practice Guidelines on Patient Blood Management. Ann Thorac Surg. 2021,112(3):981-1004. doi:10.1016/j.athoracsur.2021.03.033.