AUTORES
- Alba Labuena Solano. Graduada en Enfermería. Hospital de Barbastro. Huesca, España.
- Lucía García Lapeña. Graduada en Enfermería. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Lucía María Gracia Fumanal. Graduada en Enfermería. Hospital de Barbastro. Huesca, España.
- Anabel Naval Gascón. Graduada en Enfermería. Hospital de Barbastro. Huesca, España.
- Sara Juadra Farré. Graduada en Enfermería. Hospital de Barbastro. Huesca, España.
- Raquel de la Natividad Seguí. Graduada en Enfermería. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
RESUMEN
La gastroenteritis aguda es una de las causas más frecuentes de consulta médica en la población pediátrica, particularmente en niños menores de cinco años. Su presentación clínica, caracterizada por diarrea y/o vómitos, puede conducir a una rápida pérdida de líquidos y electrolitos, dando lugar a un estado de deshidratación que, si no se maneja de forma oportuna, puede generar consecuencias graves. Esta revisión sistemática tiene como propósito analizar la literatura científica disponible sobre la deshidratación en niños con gastroenteritis aguda, identificando factores de riesgo, métodos de evaluación y estrategias terapéuticas efectivas. Para ello, se realizó una búsqueda en diferentes bases de datos, abarcando publicaciones entre los años 2015 y 2025. La mayoría de los estudios incluidos resaltan la eficacia de la rehidratación oral como primera línea de tratamiento en casos leves a moderados, gracias a su seguridad, su buena adherencia al tratamiento en niños y su bajo coste. Por otro lado, la rehidratación intravenosa se utiliza como tratamiento de casos graves o cuando la vía oral está contraindicada o ha fracasado. Además, se identificó que las intervenciones preventivas y educativas, dirigidas a padres y cuidadores, juegan un papel fundamental en la reducción de complicaciones, especialmente cuando se centran en la promoción de la higiene, el reconocimiento temprano de signos clínicos y el manejo nutricional adecuado. Los hallazgos de esta revisión refuerzan la necesidad de implementar estrategias integrales que incluyan el fortalecimiento de la atención primaria, la vigilancia epidemiológica y la educación sanitaria, como pilares clave para mejorar el abordaje de la deshidratación asociada a la gastroenteritis aguda en la infancia.
PALABRAS CLAVE
Deshidratación, gastroenteritis, niño, terapia de fluidos, soluciones de rehidratación oral, diarrea.
ABSTRACT
Acute gastroenteritis is one of the most common causes of medical consultation in the pediatric population, particularly in children under five years of age. Its clinical presentation, characterized by diarrhea and/or vomiting, can lead to rapid fluid and electrolyte loss, resulting in a state of dehydration that, if not managed promptly, can have serious consequences. The purpose of this systematic review is to analyze the available scientific literature on dehydration in children with acute gastroenteritis, identifying risk factors, assessment methods, and effective therapeutic strategies. To this end, a search was conducted in different databases, covering publications between 2015 and 2025. Most of the included studies highlight the efficacy of oral rehydration as a first-line treatment in mild to moderate cases, thanks to its safety, good adherence to treatment in children, and low cost. On the other hand, intravenous rehydration is used as a treatment for severe cases or when oral rehydration is contraindicated or has failed. Furthermore, preventive and educational interventions aimed at parents and caregivers were identified as playing a fundamental role in reducing complications, especially when focused on hygiene promotion, early recognition of clinical signs, and adequate nutritional management. The findings of this review reinforce the need to implement comprehensive strategies that include strengthening primary care, epidemiological surveillance, and health education as key pillars for improving the management of dehydration associated with acute gastroenteritis in children.
KEY WORDS
Dehydration, gastroenteritis, child, fluid therapy, oral rehydration solutions, diarrhea.
INTRODUCCIÓN
La deshidratación es una alteración originada por la excesiva pérdida de agua y electrolitos, que comporta un compromiso clínico variable. La etiología es variada, siendo la más frecuente las pérdidas gastrointestinales por procesos infecciosos. La gastroenteritis aguda (GEA) es una de las patologías más comunes en la práctica pediátrica, siendo responsable de una elevada morbilidad y de un significativo uso de recursos sanitarios. Aunque la mayoría de los casos se resuelven con una intervención médica mínima, algunos pacientes pueden presentar complicaciones como deshidratación y/o hipoglucemia, especialmente cuando la diarrea o los vómitos son persistentes1. La diarrea aguda se caracteriza por una alteración en el patrón habitual de evacuaciones, manifestada por una disminución en la consistencia de las heces (blandas o líquidas) y/o un aumento en su frecuencia, generalmente igual o superior a tres deposiciones en un período de 24 horas. Puede presentarse de forma aislada o acompañada de otros síntomas gastrointestinales o sistémicos2.
El tratamiento de primera elección es la rehidratación oral, debido a su eficacia, seguridad y facilidad de administración. No obstante, en situaciones de deshidratación grave, o cuando la rehidratación oral está contraindicada o ha fracasado, la rehidratación intravenosa se convierte en la alternativa terapéutica principal1.
El fortalecimiento de la vigilancia epidemiológica, junto con la identificación de factores de riesgo asociados a la aparición de enfermedades diarreicas agudas, constituye un componente esencial para su prevención. Las intervenciones educativas dirigidas a pacientes pediátricos y sus familias, enfocadas en hábitos de higiene y alimentación, se consolidan como pilares fundamentales del abordaje preventivo y terapéutico2.
OBJETIVOS
- Analizar la evidencia actual sobre la deshidratación en niños con gastroenteritis aguda.
- Describir la eficacia y seguridad de las diferentes estrategias de rehidratación oral e intravenosa.
- Revisar las intervenciones preventivas y educativas orientadas a reducir la incidencia y las complicaciones de la deshidratación en el contexto de la gastroenteritis aguda infantil.
METODOLOGÍA
Se ha realizado una revisión sistemática de la literatura con el objetivo de identificar y analizar la evidencia disponible sobre la deshidratación en niños con gastroenteritis aguda, incluyendo factores de riesgo, estrategias terapéuticas e intervenciones preventivas. Para ello, se ha llevado a cabo una búsqueda en diferentes bases de datos como PubMed, SciELO, CINAHL y Web of Science, incluyendo artículos publicados entre los años 2015 y 2025. Las palabras clave utilizadas para la búsqueda han sido las siguientes: deshidratación, gastroenteritis, niño, terapia de fluidos, soluciones de rehidratación oral y diarrea, tanto en español como en inglés, aplicando operadores booleanos (AND, OR, NOT) para combinarlas entre sí y reforzar la búsqueda.
En cuanto a criterios de inclusión se encuentran los artículos en inglés o español, estudios realizados en población pediátrica y estudios que abordarán la deshidratación relacionada con gastroenteritis aguda, siendo estos ensayos clínicos, estudios observacionales, revisiones sistemáticas y guías clínicas. Como criterios de exclusión están todos los estudios no disponibles en texto completo, publicaciones duplicadas o no relevantes para los objetivos del estudio y estudios centrados en adultos, así como aquellos realizados previos al año 2015
RESULTADOS
En general, la deshidratación o hipovolemia se trata de un desequilibrio de agua y electrolitos del cuerpo, por pérdidas o aportes insuficientes. El déficit de volumen de líquidos se produce cuando el organismo pierde tanto agua como electrolitos del líquido extracelular en proporciones similares. Se puede producir por pérdidas excesivas de líquidos (vómitos o diarrea, diuresis excesiva, fiebre, sudoración excesiva, sangrado, …) o por aporte insuficiente de líquido (anorexia, disfagia, alteraciones de la mucosa oral, …)3. Si nos centramos en la población pediátrica la etiología más frecuente es debido a escasos aportes causados por ayuno prolongado, disminución de la ingesta de agua y/o lactancia materna no bien establecida, pero sin duda, la principal causa de deshidratación en la infancia está en relación con la gastroenteritis aguda4.
Tipos de deshidratación:
- Deshidratacion leve: perdida de hasta el 5% de peso en el lactante. Aparece sintomatología por la pérdida de líquido intersticial: piel fría, fontanelas hundidas, ojos hundidos y sequedad de mucosas. Estos cambios no reflejan un compromiso hemodinámico importante, pero suponen un riesgo evidente. (5)
- Deshidratacion moderada: pérdida de peso de 5 a 10% en el lactante. Aparece sintomatología por el déficit intersticial y por el déficit de líquido intravascular: palidez, letargia, taquicardia, hipotensión y oliguria. El compromiso hemodinámico es importante5.
- Deshidratación grave: pérdida de más del 10% del peso del lactante. Están presentes todos los signos de depleción de los espacios intersticial e intravascular, además de signos como palidez, flacidez, pulso rápido y débil, hipotensión y oliguria, que indican colapso intravascular y shock5.
En niños mayores los porcentajes de pérdida de peso serán leve menor del 3%, moderada entre 3-7% y grave mayor del 7 %5.
Clasificación cualitativa de la deshidratación:
- Deshidratación isotónica, isonatrémica o isoosmótica: es la más común y tiene lugar cuando las pérdidas de agua y electrolitos se producen en proporciones similares. La concentración de líquido intracelular es proporcional a la concentración de líquido extracelular.
- Deshidratación hipotónica o hiponatrémica: se produce cuando hay una mayor pérdida de electrolitos que de agua, por lo tanto, las cifras de sodio están por debajo de la normalidad, siendo estas menores de 130 mEq/l. La pérdida excesiva de electrolitos hace que disminuya la osmolaridad y origina el paso de agua del líquido extracelular al líquido intracelular, produciendo que la célula se hinche y el espacio extracelular pierda agua, aumentando el riesgo de que se produzca un shock.
- Deshidratación hipertónica o hipernatrémica: se produce cuando hay una mayor pérdida de agua que de electrolitos, por lo tanto, las cifras de sodio son superiores a la normalidad (>150 mEq/l). La pérdida excesiva de agua hace que aumente la osmolaridad y origina el paso de agua del líquido intracelular al líquido extracelular, produciendo que la célula se deshidrate. La piel aparecerá con aspecto pastoso y se puede producir lesión cerebral grave por deshidratación. Es frecuente en niños con gastroenteritis a los que se le dan soluciones orales con una concentración alta de sal6.
Uno de los factores de riesgo más relevantes identificados en los estudios revisados son la edad menor de tres meses y la desnutrición. Los lactantes menores de tres meses requieren especial vigilancia al presentar cuadros de enfermedad diarreica aguda complicada, debido a la inmadurez de su sistema inmunológico, lo que los hace particularmente susceptibles a infecciones gastrointestinales y sus complicaciones. Además, la ausencia de lactancia materna exclusiva y una alimentación inadecuada en esta etapa temprana de la vida se asocian frecuentemente con un mayor riesgo de episodios diarreicos acompañados de alteraciones en el equilibrio hidroelectrolítico y ácido-base, lo que agrava el estado clínico del paciente2.
La realización de pruebas complementarias en el contexto de deshidratación pediátrica no siempre está indicada, sin embargo, su realización puede resultar útil en determinados casos para guiar el manejo terapéutico. Se recomienda considerar estas pruebas cuando presentan alteración del estado de conciencia, signos clínicos de deshidratación grave, manifestaciones de hiponatremia o hipopotasemia, necesidad de rehidratación intravenosa o ante la sospecha de patologías subyacentes que requieran diagnóstico diferencial.
A pesar de ello, la evaluación clínica continúa siendo el método más confiable para estimar el grado de deshidratación. Cuando se decide realizar estudios de laboratorio, los más utilizados incluyen4:
- Bioquímica sanguínea: se solicita la determinación de electrolitos (sodio y potasio), cloro (especialmente útil en casos de vómitos), osmolaridad plasmática y función renal (urea y creatinina), debido a la frecuente pérdida de estos elementos a través de heces o vómitos.
- Gasometría venosa: permite evaluar el estado ácido-base. La acidosis metabólica es común en casos de diarrea intensa, debido a la pérdida de bicarbonato. En estos escenarios, el potasio intracelular se moviliza hacia el espacio extracelular; durante la corrección con fluidoterapia, este fenómeno se revierte, lo que puede inducir hipopotasemia. Valores de bicarbonato <17 mEq/l se asocian con deshidratación de moderada a grave.
- Glucemia: recomendable en niños con disminución de la ingesta, debido al riesgo de hipoglucemia.
- Cetonemia: su medición, si está disponible, puede orientar la elección del tipo de suero intravenoso. En pacientes con cetosis y glucemia normal, se sugiere utilizar soluciones con glucosa al 2,5% para la rehidratación rápida. Además, algunos estudios relacionan el grado de cetonemia con la severidad de la acidosis y el nivel de deshidratación.
- Estudios urinarios: la evaluación de osmolaridad y electrolitos urinarios puede aportar información sobre la respuesta renal a las alteraciones hidroelectrolíticas. En casos de hipovolemia, una concentración de sodio urinario ≤ 25 mEq/l es indicativa de depleción de volumen.
Tratamiento:
La rehidratación oral está indicada en las formas leves. En las moderadas además de la vía oral estaría indicada la sueroterapia de apoyo.
El protocolo de rehidratación oral en pacientes pediátricos se estructura en dos fases: la fase de rehidratación y la fase de mantenimiento. Durante la fase de rehidratación realizada bajo supervisión médica, se administra un volumen orientado a corregir el déficit hídrico existente. En casos de deshidratación isotónica o hipotónica, el tiempo estimado de reposición es de 3 a 4 horas, mientras que, en situaciones de deshidratación hipertónica, el período de administración se extiende entre 8 y 12 horas, debido al riesgo de desequilibrio osmótico si la reposición es demasiado rápida. Una vez completada esta fase, se procede a la fase de mantenimiento, la cual se prolonga hasta la resolución del cuadro clínico. En esta etapa, se indica un volumen de solución de rehidratación oral de 5 a 10 ml/kg por cada deposición diarreica y de 2 ml/kg por cada episodio de vómito. Para evitar sobrecarga hídrica, se establece un límite máximo de 150 ml/kg/día de solución de rehidratación, complementado con agua ofrecida a demanda del paciente. Este enfoque busca una reposición segura y eficaz, adaptada a la evolución clínica del niño y al tipo de deshidratación diagnosticada7.
Generalmente la sed del paciente regula la ingesta. Para evitar los vómitos se recomienda administrar pequeñas cantidades con cucharilla o 2 ml con jeringa cada 5 minutos. Si reaparecen los vómitos descansar 15-30 minutos y comenzar de nuevo. Si se obtiene buena tolerancia, aumentar progresivamente hasta 5 ml cada 2 minutos7.
La rehidratación por vía intravenosa tiene lugar cuando la rehidratación por vía oral es insuficiente o está indicada de entrada una hidratación por vía intravenosa. Estas indicaciones son el shock, la deshidratación grave con trastornos de la conciencia o acidosis grave, el empeoramiento o la ausencia de mejoría después de la rehidratación por vía oral, la persistencia de vómitos a pesar de la toma de suero de rehidratación oral dado de manera adecuada y la distensión abdominal grave8.
En caso de shock la reposición de líquidos se hará con 10-30 ml/kg, de suero salino fisiológico o Ringer Lactato, a pasar en 20-30 minutos. Si no existe respuesta se repite la expansión. Las necesidades basales hacen referencia al aporte necesario de líquidos que requiere el organismo para el mantenimiento del equilibrio homeostático. Se puede calcular la sueroterapia de mantenimiento, para 24 horas, a través de la regla de Holliday8:
- Primeros 10 kg de peso x 100 ml de suero intravenoso.
- Segundos 10 kg de peso x 50 ml de suero intravenoso.
- Siguientes kg de peso x 20 ml de suero intravenoso.
En la deshidratación hipernatrémica no se debe aportar el 100% de las necesidades basales, sino que se administrarán el 70-80% del volumen calculado6.
En la mayoría de los casos los antibióticos no están indicados y la resolución de los síntomas es espontánea. En algunos casos, sí que está indicada la antibioterapia para reducir la duración de los síntomas, pero también para disminuir la contagiosidad (sobre todo de Shigella y Campylobacter). La antibioterapia dependerá del resultado del coprocultivo, excepto en caso de diarrea invasiva grave (diarrea mucosanguinolenta y fiebre elevada)9.
Estrategias preventivas y educativas:
En el manejo domiciliario de la enfermedad diarreica aguda (EDA) en niños, se reconocen tres principios fundamentales que continúan siendo vigentes por su eficacia y aplicabilidad práctica: mantener una alimentación continua, asegurar una ingesta abundante de líquidos y acudir oportunamente a consulta médica. La alimentación no debe interrumpirse durante el episodio diarreico, se recomienda continuar con los alimentos habituales, evitando únicamente aquellos con alto contenido de azúcar, muy concentrados o excesivamente condimentados. No se aconseja la introducción de nuevos alimentos durante la fase aguda del cuadro10.
En cuanto a la reposición de líquidos, la terapia de rehidratación oral debe administrarse después de cada evacuación: media taza (aproximadamente 75 ml) en menores de un año y una taza completa (150 ml) en mayores de un año10.
Es importante acudir a la consulta médica, ya que permite valorar el estado de hidratación, reforzar el conocimiento sobre la correcta preparación y administración de la terapia de rehidratación oral, y reconocer signos de alarma que indican la necesidad de atención inmediata. Por ello, es importante informar a los cuidadores que la terapia de rehidratación oral no detiene la diarrea, pero es fundamental para prevenir la deshidratación, mejorar el estado general del niño y favorecer la recuperación del apetito10.
En lactantes alimentados al pecho, la lactancia materna debe mantenerse durante todas las fases del tratamiento. Los niños alimentados con fórmula pueden reanudarla de forma habitual tras la rehidratación, junto con la introducción progresiva de alimentos apropiados para su edad10.
Algunos casos de mortalidad infantil por enfermedad diarreica aguda se atribuyen a una evaluación médica inadecuada del estado de hidratación, nutrición o la omisión de factores de riesgo sociales como el bajo nivel educativo de los padres o el desconocimiento de signos de alarma. Estudios revelan que solo el 12,5% de las madres busca atención médica durante las primeras 24 horas del cuadro diarreico, y más de la mitad implementa prácticas alimentarias inapropiadas. Solo el 42% conoce la función preventiva de la terapia de rehidratación oral, sin embargo, con intervenciones educativas adecuadas, estos indicadores pueden mejorar sustancialmente, previniendo hasta un 90% de los fallecimientos10.
La educación para la salud dirigida a padres y cuidadores constituye un componente esencial en el tratamiento exitoso de la enfermedad diarreica aguda. Es muy importante reforzar la comprensión sobre la continuidad de la terapia de rehidratación oral, ya que suele ser suspendida prematuramente una vez que se observa mejoría clínica, lo que compromete la recuperación completa del niño.
CONCLUSIONES
La deshidratación continúa siendo una de las principales complicaciones asociadas a la gastroenteritis aguda en la población pediátrica, especialmente en lactantes y niños pequeños. La evidencia revisada destaca la importancia del diagnóstico precoz y la correcta evaluación del grado de deshidratación como elementos clave para reducir la morbimortalidad asociada.
La rehidratación oral sigue siendo el tratamiento de primera elección por su eficacia, bajo coste y accesibilidad. Sin embargo, en casos graves o ante el fracaso de esta vía, la rehidratación intravenosa se posiciona como una alternativa segura y necesaria. Asimismo, se evidenció que las intervenciones preventivas basadas en educación sanitaria, promoción de la higiene y vigilancia epidemiológica activa son necesarias para disminuir la incidencia y severidad de estos cuadros clínicos. Al mismo tiempo, es fundamental que los sistemas de salud, en conjunto con programas de atención materno-infantil, continúen fortaleciendo estrategias de prevención, diagnóstico y tratamiento adecuado de la deshidratación asociada a gastroenteritis aguda, con un enfoque integral y centrado en la población infantil.
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