Manejo de enfermería en la insuficiencia cardíaca. La importancia del autocuidado

2 junio 2024

AUTORES

  1. Laura Landa Culebras. Graduada en Enfermería. Hospital Royo Villanova. Zaragoza.
  2. Raquel Barcelona Mayoral. Diplomada en Enfermería. Hospital Lozano Blesa. Zaragoza.
  3. Noelia Raso Beamonte. Graduada en Enfermería. Hospital de Barbastro. Huesca.
  4. Nuria Aguado Fernández. Diplomada en Enfermería. Hospital Royo Villanova. Zaragoza.
  5. Miguel Baleriola Terrado. Graduado en Enfermería. Hospital Lozano Blesa. Zaragoza.
  6. Azahara Celma Gil. Graduada en Enfermería. Hospital Royo Villanova. Zaragoza.

 

RESUMEN

La insuficiencia cardíaca es un síndrome clínico resultado de una alteración cardíaca estructural o funcional que se manifiesta por unos síntomas típicos que son la disnea, fatiga y edema de miembros inferiores. La progresión de la enfermedad se caracteriza por las frecuentes descompensaciones que requieren reingresos hospitalarios, limitación del estado funcional, elevada morbimortalidad y la disminución de la calidad de vida.

El tratamiento farmacológico resulta un pilar clave en el abordaje de la insuficiencia cardiaca ya que mejoran la sintomatología y la supervivencia, pero es necesario el desarrollo de otras estrategias terapéuticas que logren mejorar la calidad de vida de los pacientes como es la educación del autocuidado por parte de enfermería.

PALABRAS CLAVE

Insuficiencia cardíaca, atención de enfermería, autocuidado, educación en salud y calidad de vida.

ABSTRACT

Heart failure is a clinical syndrome resulting from a structural or functional cardiac alteration that is manifested by typical symptoms that are dyspnea, fatigue and edema of the lower limbs. The progression of the disease is characterized by frequent decompensations that require hospital readmissions, limitation of functional status, high morbidity and mortality, and decreased quality of life.

Pharmacological treatment is a key pillar in the approach to HF since it improves symptoms and survival, but it is necessary to develop other therapeutic strategies that improve the quality of life of patients, such as self-care education by nursing.

KEY WORDS

Heart failure, nursing care, self-care, health education and quality of life.

DESARROLLO DEL TEMA

La insuficiencia cardíaca (IC) es un síndrome clínico complejo resultado de una alteración cardiaca estructural o funcional que produce una elevación de las presiones intracardiacas o un gasto cardíaco inadecuado en reposo o durante el ejercicio. Esta afección presenta unos síntomas típicos, como la disnea, la fatiga y la inflamación de tobillos. La progresión de la IC se caracteriza por repetidas descompensaciones que requieren recurrentes hospitalizaciones para su estabilización y posterior alta1,2,3.

La prevalencia de esta enfermedad se ha incrementado en los últimos años, debido en parte al aumento del envejecimiento poblacional y la presencia de múltiples comorbilidades, especialmente las enfermedades cardiovasculares. La IC se asocia a una elevada mortalidad y a un progresivo deterioro funcional, pese a los avances en las estrategias terapéuticas. Se ha demostrado el impacto negativo en la calidad de vida de las personas que padecen IC como consecuencia de la disminución en la capacidad funcional, presencia de síntomas físicos limitantes, pérdida de independencia en la realización de las actividades de la vida diaria, así como trastornos en el estado de ánimo4.

Fisiopatología y etiología:

La IC es el estado en el que el corazón es incapaz de bombear sangre en cantidades requeridas para las necesidades metabólicas de los tejidos.

La identificación de la etiología de la disfunción cardiaca subyacente es fundamental para el diagnóstico de la IC. Frecuentemente, está ocasionada por una disfunción miocárdica, ya sea sistólica, diastólica o ambas, aunque existen otras alteraciones que pueden contribuir a generar IC como condiciones de carga anormales o arritmias. Se señalan como causas más frecuentes la cardiopatía isquémica e hipertensión arterial. Causas de la insuficiencia cardíaca1,2:

  • Enfermedad coronaria (ej. infarto de miocardio o angina).
  • Hipertensión arterial.
  • Valvulopatías (primaria, secundaria o congénita).
  • Arritmias (ej. taquiarritmias auriculares, bradiarritmias o arritmias ventriculares).
  • Miocardiopatías (dilatada, hipertrófica, restrictiva o producida por toxinas como alcohol, cocaína, hierro o cobre).
  • Infección (ej. miocarditis viral, enfermedad de Chagas, VIH o enfermedad de Lyme).
  • Estados de gasto cardíaco elevado (ej. Sepsis).
  • Sobrecarga de volumen (ej. Insuficiencia renal).
  • Inducida por fármacos (ej. Antracidinas o trastuzumab).
  • Infiltrativa (ej. Amiloidosis, sarcoidosis o neoplasia).
  • Enfermedad de depósito (ej. Hemocromatosis).
  • Enfermedad endomiocárdica o pericárdica.
  • Alteraciones metabólicas (endocrinas, enfermedades autoinmunitarias o nutricionales como déficit de tiamina o selenio).

 

Epidemiología:

La prevalencia y la incidencia de la insuficiencia cardíaca están en aumento, actualmente la incidencia de la IC en Europa es de aproximadamente 3-5/1.000 personas/año y en España es de 2-3/1.000 personas/año. La prevalencia estimada de la IC se sitúa alrededor del 2% de los adultos en países desarrollados, y aumenta a más del 10% en los mayores de 70 años2,3.

El pronóstico de los pacientes con IC ha mejorado considerablemente gracias a los avances terapéuticos, aunque éste sigue siendo malo y su calidad de vida está disminuida. Las tasas de mortalidad a los 5 años tras el diagnóstico son del 20-30%2.

La IC es un problema de salud debido al aumento del envejecimiento poblacional y de la prevalencia de comorbilidades como HTA, diabetes mellitus, fibrilación auricular e insuficiencia renal. Los pacientes con IC son hospitalizados como media 1 vez al año y el perfil de este paciente es de edad avanzada, con múltiples comorbilidades que complican su evolución y su pronóstico. Todo esto conlleva un importante gasto socio-económico para el sistema sanitario2,3.

Clasificación:

Existen diferentes clasificaciones de la insuficiencia cardíaca1,2,3:

  1. Según la fracción de eyección del ventrículo izquierdo (FEVI). Es la denominación más empleada para describir la disfunción del corazón. La FEVI es el porcentaje de sangre expulsada por el ventrículo izquierdo en cada latido. La diferenciación de los pacientes según la FEVI es importante por su relación con etiologías subyacentes, comorbilidades y respuesta al tratamiento. Cuanto menor es la FEVI peor es el pronóstico. Hay 3 fenotipos básicos:
  2. IC con FEVI reducida (IC-Fer) ≤ 40%. Estos pacientes tienen una reducción significativa de la función sistólica del ventrículo izquierdo. Alrededor del 40-50% de los pacientes con IC tienen FEVI reducida.
  3. IC con FEVI de rango medio o ligeramente reducida 41-49%.
  4. IC con FEVI conservada ≥ 50 %.
  5. Según la clasificación funcional de la New York Heart Association (NYHA). Describe el grado de esfuerzo en la actividad física relacionado con la gravedad de los síntomas de IC. El inconveniente de esta clasificación es que se basa únicamente en los síntomas, cuando hay otros indicadores pronósticos más sensibles.
  6. Clase I. Sin limitación de la actividad física. La actividad física ordinaria no causa disnea, fatiga o palpitaciones.
  7. Clase II. Leve limitación de la actividad física. Se siente cómodo en reposo, pero la actividad física ordinaria le produce disnea, fatiga o palpitaciones.
  8. Clase III. Marcada limitación de la actividad física. Cómodo en reposo pero una actividad menor que la ordinaria le produce disnea, fatiga o palpitaciones.
  9. Clase IV. Incapacidad de llevar a cabo cualquier actividad física sin sentir molestias. Puede haber síntomas en reposo y cualquier actividad aumenta la sensación de malestar.
  10. Según la anomalía estructural o síntomas por la American Heart Association/American College of Cardiology (ACC/AHA). Se basa en cuatro estadios evolutivos dependiendo de la anomalía estructural o la presencia de síntomas.
  11. Etapa A. Riesgo alto de IC, pero sin enfermedad estructural cardíaca o síntomas de IC.
  12. Etapa B. Enfermedad cardíaca estructural sin signos o síntomas de IC.
  13. Etapa C. Enfermedad cardíaca estructural con signos previos o presencia de síntomas de IC.
  14. Etapa D. IC refractaria que requiere intervenciones especializadas.

 

Además, cabe señalar que se utilizan diferentes términos descriptivos de la insuficiencia cardíaca1,2:

  • Aguda. Los síntomas aparecen de forma repentina y son graves desde el principio.
  • Crónica. Se van desarrollando gradualmente los síntomas, es la más frecuente.
  • Sistólica. Existe una anomalía de la función sistólica que impide la eyección de un volumen de sangre adecuado y una dilatación de las cavidades cardíacas.
  • Diastólica. Hay un defecto en el llenado con un aumento de las presiones finales de llenado.
  • Izquierda. Prevalecen los síntomas derivados de la congestión pulmonar como disnea, ortopnea y disnea paroxística.
  • Derecha. Predominan los síntomas generados de la congestión hepática con dolor en el hipocondrio derecho, ictericia o ascitis.
  • Compensada. No hay presencia de síntomas de congestión ni de bajo gasto cardíaco.
  • Descompensada. Hay un deterioro lento o brusco de la sintomatología que puede requerir la hospitalización del paciente e impacta negativamente su situación. Esto se debe a factores desencadenantes como taquicardias, infecciones, disfunción renal o mal cumplimiento del tratamiento, entre otros.

 

Manifestaciones clínicas1,2:

  • Síntomas típicos. Disnea, ortopnea (disnea en decúbito por el aumento del retorno venoso), disnea paroxística nocturna (instauración brusca de dificultad respiratoria que despierta al paciente), disminución de la tolerancia al ejercicio, fatiga e inflamación de tobillos.
  • Síntomas menos típicos. Tos nocturna, sibilancias, sensación de hinchazón, pérdida de apetito, confusión (especialmente en ancianos), depresión, palpitaciones, decaimiento, palpitaciones, bendopnea (falta de aire cuando el cuerpo se inclina hacia adelante), mareo y síncope.
  • Signos específicos. presión venosa yugular elevada, reflujo hepatoyugular, tercer sonido cardiaco (ritmo galopante) e impulso apical desplazado lateralmente.
  • Signos menos específicos. Aumento de peso (>2 kg/semana), pérdida de peso (en IC avanzada), caquexia, soplo cardiaco, edema periférico (tobillos, sacro o escroto), crepitantes pulmonares, derrame pleural, taquicardia, pulso irregular, taquipnea, respiración de Cheyne Stokes, hepatomegalia, ascitis, extremidades frías, oliguria y presión de pulso estrecha.

 

Diagnóstico:

Requiere la presencia de la sintomatología típica de IC (disnea, fatiga y edema tobillos) y la evidencia objetiva de disfunción cardíaca. Las siguientes pruebas diagnósticas están recomendadas ante pacientes con sospecha de IC 1, 2:

  • Ecocardiografía. Es la prueba clave de la evaluación cardíaca. Determina la FEVI, ofrece información sobre otros parámetros como la dimensión de las cámaras, anomalías en la movilidad de la pared, función del VD, hipertensión pulmonar, función valvular y marcadores de la función diastólica.
  • Electrocardiograma (ECG). Puede revelar anomalías como fibrilación auricular, ondas Q, hipertrofia del VI y complejo QRS prolongado que aumentan la probabilidad del diagnóstico de IC.
  • Determinación de péptidos natriuréticos (PN): péptido natriurético cerebral (BNP) y aminoterminal del propéptido natriurético cerebral (NT-proBNP). Concentraciones plasmáticas más elevadas de lo normal sugieren que la persona padece cierto grado de IC por lo que se recomienda como una de las pruebas diagnósticas iniciales. Estas concentraciones en sangre están relacionadas con la gravedad de la IC y valores elevados se asocian a un peor pronóstico.
  • Determinación de urea y electrolitos, creatinina, recuento sanguíneo completo, pruebas de función hepática y tiroidea para diferenciar la IC de otras entidades.
  • Radiografía de tórax. Recomendada para investigar otras posibles causas de la disnea o para apoyar el diagnóstico (congestión pulmonar o cardiomegalia).

 

Tratamiento farmacológico

La farmacoterapia es uno de los pilares fundamentales en el tratamiento de los pacientes con IC, mejorando la clínica y la supervivencia. Los cuatro fármacos clave son1,2:

  1. Los inhibidores de conversión de la angiotensina (IECA) (ej. Captopril, enalapril, ramipril, etc) o un inhibidor del receptor de angiotensina-neprilisina (ARNI) (ej. Sacubitrilo/valsartán). Son la primera clase de fármacos que han demostrado la disminución de la morbimortalidad y de los síntomas. Están recomendados para todos los pacientes siempre que no haya contraindicaciones o intolerancia y la dosis debe aumentarse hasta alcanzar la dosis máxima tolerada.
  2. Bloqueador beta o betabloqueantes (BB) (ej. Bisoprolol, carvedilol, nevibolol). Antagonista del receptor de mineralocorticoides (ARM) o antagonistas de la aldosterona (ej. Epleronona, espironolactona).
  3. Inhibidor del cotransportador de sodio-glucosa 2 (ISGLT2) (ej. Dapaglifozina, empaglifozina). Han demostrado reducir el riesgo de mortalidad cardiovascular en pacientes con IC, independientemente de si tienen diabetes o no.

 

Para el tratamiento de la IC con fracción de eyección reducida, se recomienda con una indicación de clase I y nivel de evidencia A, la triada compuesta por un IECA o ARNI, un bloqueador beta y un antagonista de la aldosterona, en cuanto se confirme el diagnóstico y siempre que no haya contraindicaciones2,3.

Además de estos fármacos, hay otros de especial importancia en el tratamiento de la IC1,2,5:

  • Antagonistas del receptor de la angiotensina II (ARA II) (ej. Candesartán, losartán, valsartán). Son el tratamiento alternativo para pacientes que no toleran IECA o ARNI por los efectos secundarios adversos.
  • Diuréticos del asa (ej. Furosemida, torasemida, bumetanida). Utilizados como tratamiento para la retención de líquidos con el objetivo de alcanzar y mantener la euvolemia con la dosis más baja posible. Recomendados para reducir los signos y síntomas de congestión y sobrecarga hídrica, una de las principales causas de hospitalización por IC descompensada. La dosis debe ajustarse a las necesidades individuales de la persona.
  • Tiazidas (ej. Indapamida, hidroclorotiazida, metolazona) y diuréticos ahorradores de potasio (ej. Amilorida, triamtereno) pueden usarse como tratamiento coadyuvante en el manejo de la congestión.
  • Fármacos inotrópicos. Son una estrategia de rescate para los pacientes que presentan bajo gasto cardíaco con hipoperfusión de los órganos diana, con el objetivo de mejorar la hemodinámica (ej. Digitálicos).

 

Tratamiento no farmacológico:

Este tratamiento se usa en combinación con la terapia farmacológica o en aquellos pacientes en los que esta terapia no es suficiente, en especial en casos de IC avanzada con una capacidad funcional comprometida1,2,5.

  • Dispositivos electrónicos cardioimplantables:
  • Desfibriladores automáticos implantables (DAI). Recomendado en pacientes con IC con FEVI reducida y que además tengan cardiopatía isquémica y/o miocardiopatía isquémica con riesgo de arritmias ventriculares o potencialmente mortales y muerte súbita.
  • Terapia de resincronización cardíaca (TRC). Mejora la función cardíaca y la calidad de vida en los pacientes con IC con FEVI reducida con disincronía mecánica en el corazón.
  • Trasplante cardíaco. Destinado a pacientes con IC avanzada con mal pronóstico a largo plazo, que no tengan más alternativas de tratamiento, sin comorbilidades significativas y no haya ninguna contraindicación para realizarlo. La mayor limitación del trasplante cardíaco es el escaso número de donantes frente a los posibles candidatos que lo necesitan.
  • Asistencias mecánicas circulatorias. Sirven para descargar el ventrículo debilitado y mantener una perfusión orgánica suficiente. El más usado es el dispositivo de asistencia ventricular izquierda (DAVI) que asume parte o todo el trabajo del ventrículo izquierdo. Es una alternativa en pacientes no candidatos para trasplante cardiaco o aquellos que están a la espera de uno.
  • Corazón artificial total temporal Syncardias. Indicado en pacientes en espera para trasplante cardiaco con riesgo de muerte inminente por insuficiencia biventricular irreversible.

 

Educación del paciente con IC para el autocuidado:

Es una de las principales intervenciones en el tratamiento de la insuficiencia cardíaca y tiene el objetivo de ayudar a la persona a afrontar y lograr el control de su enfermedad.

El autocuidado con personas con IC es un concepto que abarca un conjunto de comportamientos de salud asociados con mejores resultados en el manejo de esta enfermedad. Estos incluyen la adherencia y cumplimiento del tratamiento farmacológico, hábitos de vida saludables y el reconocimiento y manejo de los síntomas, lo cual puede ser difícil para muchos pacientes. Es necesario integrar el conocimiento científico sobre las intervenciones para mejorar el autocuidado de los pacientes adultos con IC. Numerosos estudios han probado intervenciones para mejorar las conductas de autocuidado de la IC y se observa una falta de claridad en las recomendaciones de las guías prácticas para el autocuidado de estos pacientes 6, 7.

Los programas realizados con el fin de mejorar el autocuidado en pacientes con IC, han sido eficaces para reducir los reingresos hospitalarios. Existe evidencia de la efectividad de una intervención de enfermería centrada en la educación con desarrollo de conocimiento, experiencia y habilidades de toma de decisiones para mejorar la gestión del autocuidado y con ello la calidad de vida6,8.

Las intervenciones destacadas son2,7,8,9:

  • Explicar la enfermedad y su curso, sintomatología, factores de riesgo, pronóstico y los objetivos a corto y largo plazo. Mejorar el conocimiento de los pacientes sobre la IC es fundamental para que desarrollen habilidades de autocuidado. Proporcionar información adaptada a cada paciente y tener en cuenta el nivel cultural así como barreras de comunicación. Proporcionar sesiones educativas y suministrar manuales informativos.
  • Adherencia y cumplimiento de la medicación. Comprender las indicaciones y beneficios del tratamiento farmacológico y explicar los efectos secundarios, además de las consecuencias de no tomar una dosis o suspender la medicación. Los medicamentos prescritos pueden adaptarse mediante una intervención educativa como es el caso de los diuréticos. Como ejemplo, si hay una ganancia de peso o edema puede aumentar la dosis de diurético.
  • Realizar ejercicio físico. Es necesario adaptar la actividad física a la condición física del paciente, sus necesidades y su tolerancia al ejercicio. Se recomienda seguir un programa de ejercicio supervisado inicialmente por personal especializado. El objetivo mayoritario es que el paciente sea capaz de realizar las actividades de la vida diaria sin presentar disnea y/o fatiga, además de conocer cómo conservar su energía. Los ejercicios indicados para estos pacientes son andar, bicicleta o natación.
  • Cumplimiento de una dieta saludable, rica en frutas, verduras, cereales, legumbres y pescado azul y reducir los alimentos ricos en colesterol y grasas saturadas. Prevenir la obesidad y la desnutrición. Evitar la ingesta excesiva de sal y sodio, menos de 5 gramos/día.
  • Medición del peso 2 o 3 veces a la semana o diariamente si hay descompensación. Realizar el control de peso por la mañana en ayunas y después de orinar.
  • Reconocimiento precoz y manejo de síntomas y signos de descompensación como disnea, fatiga, necesidad de aumentar el número de almohadas para dormir, ganancia rápida de peso, disminución de la cantidad de orina y edema de piernas. Saber cuándo y cómo contactar con un profesional sanitario.
  • Control y manejo de líquidos y diuresis. Evitar la ingesta excesiva de fluidos, se puede considerar una restricción de líquidos de 1,5-2 litros/día para pacientes con IC descompensada o grave. Es necesario tener en cuenta temperatura y humedad ambiental así como la presencia de náuseas y vómitos.
  • Vacunación anual contra la gripe y enfermedad neumocócica.
  • Apoyo social y psicológico. Abordar depresión, ansiedad y sobrecarga de cuidadores, entre otros problemas.
  • Restringir consumo de alcohol.
  • Dejar de fumar.
  • Sueño y descanso adecuados.
  • Actividad sexual, viajes y ocio según capacidad física del paciente.
  • Recordar seguimiento de visitas.

 

Sin embargo, muchos factores pueden influir o afectar en la capacidad de autocuidado de una persona, ya sea por el estado socioeconómico, nivel de conocimientos sobre la salud, el acceso a apoyo familiar o social, la transición del ingreso hospitalario al domicilio, la intervención educativa recibida o el modelo de atención en un sistema de salud determinado9.

En definitiva, las enfermeras brindan asesoramiento general sobre el manejo y seguimiento de la enfermedad y se ha investigado la eficacia de la educación dirigida por las mismas sobre las habilidades de autocuidado para abordar la IC y lograr una mejora significativa de la calidad de vida de los pacientes que la padecen. Resulta conveniente realizar una intervención educativa estructurada, la primera sesión educativa es aconsejable durante el ingreso en el hospital una vez estabilizada la situación y antes del alta al domicilio, ofrecer materiales impresos. Además, se recomiendan consultas telefónicas o en persona cada cuatro semanas programadas de rutina. Todo ello se asocia a una mejor capacidad de autocuidado de los pacientes, una reducción de los reingresos hospitalarios y una mejora en la calidad de vida de los enfermos y cuidadores principales9.

Seguimiento del paciente con IC:

Es necesaria la implantación de un abordaje multidisciplinar para una atención integral y continuada del paciente con IC desde su diagnóstico, la hospitalización y la transición de cuidados a sectores sanitarios dependiendo de la evolución y la atención necesarias. El objetivo del proceso estructurado de seguimiento es mejorar el abordaje clínico ofreciendo el recurso asistencial más adecuado según la fase evolutiva de la enfermedad y con ello reducir los reingresos hospitalarios, la morbimortalidad y mejorar el autocuidado y la calidad de vida del paciente1.

Tras el alta hospitalaria la visita precoz es importante para la transición al manejo ambulatorio a largo plazo y así abarcar los puntos necesarios para poder llevar un abordaje adecuado de la enfermedad. De la misma manera, resulta necesario un seguimiento planificado tanto en consultas ambulatoria, domiciliaria o telefónica para valorar la progresión de la enfermedad, eficacia del tratamiento prescrito, comorbilidades y síntomas de descompensación, entre otros1.

Las enfermeras de atención domiciliaria desempeñan un papel clave en el proceso de atención de estos pacientes ya que pueden reconocer precozmente manifestaciones que demuestran el empeoramiento de la IC y determinar condiciones que requieran acción inmediata. Además de proporcionar intervenciones para promover y fomentar el autocuidado del paciente. De la misma manera, cabe mencionar el importante papel de los familiares y cuidadores del enfermo, en especial en las fases avanzadas de IC por la dependencia que muestran, ya que se encargan de los cuidados principales del mismo10.

Actualmente, se están realizando muchas investigaciones sobre telemonitoreo y monitoreo remoto de parámetros de salud como ECG, TA y peso. Por lo que se contempla la posibilidad de la atención domiciliaria de los pacientes con IC que utilizan telemonitorización mediante dispositivos cardíacos implantables10.

Cuidados paliativos:

La IC refractaria o terminal es la situación evolutiva que se encuentra entre la IC avanzada en estadio III-IV de la NYHA y la agonía. Se caracteriza por síntomas múltiples y graves, escasa o nula respuesta al tratamiento, pérdida de autonomía, elevado impacto emocional, hospitalizaciones frecuentes y pronóstico de vida limitado. En esta etapa el objetivo del tratamiento es garantizar el bienestar del paciente1.

La asociación de IC de la Sociedad Europea de Cardiología reconoce el valor de la implementación temprana de cuidados paliativos en el manejo multidisciplinario de la IC. Los pacientes pueden beneficiarse de la integración de estos cuidados en el seguimiento, independientemente del estadio de la enfermedad en la que se encuentren y aumentarlos a medida que la enfermedad va progresando y avanzando. La implementación progresiva de cuidados paliativos desde el diagnóstico de la IC, tiene como principal objetivo detectar e intervenir en las necesidades específicas de cada paciente conforme la enfermedad va avanzando y las opciones terapéuticas se van agotando, manteniendo su calidad de vida y autonomía, considerando las preferencias del paciente y su entorno4.

Este enfoque paliativo multidisciplinario ha demostrado reducción significativa de hospitalizaciones, una mejora en la sintomatología, menos ansiedad y depresión, así como una mejora en la calidad de vida de estos pacientes. Es importante que la planificación de esta atención se lleve a cabo en una fase temprana de la enfermedad con el objetivo de mejorar la autonomía del paciente en la toma de decisiones sobre su fin de vida, basándose en los valores y creencias de cada persona. Para ello se debe informar adecuadamente al paciente sobre el pronóstico y las opciones de tratamiento, y así poder planificar con antelación las medidas a seguir5.

Componentes clave de los cuidados paliativos2,5:

  • Mejorar o mantener la calidad de vida del paciente y su familia hasta su fallecimiento en la medida de lo posible.
  • Evaluar de manera frecuente los síntomas causados por la fase terminal como disnea, congestión pulmonar y dolor para aliviar los síntomas, considerar la administración de opiáceos, benzodiacepinas y oxigenoterapia según necesite.
  • Planificación anticipada de la atención sanitaria. Evitar acciones que solo prolongan el sufrimiento o agonía.
  • Acceso del paciente y su familia a apoyo psicosocial y espiritual cuando sea necesario.

 

CONCLUSIONES

La IC es un síndrome clínico debido a una alteración cardíaca estructural y/o funcional que se caracteriza por la progresión de los síntomas que generan hospitalizaciones frecuentes, limitación de la capacidad funcional y de la autonomía y con ello un deterioro sustancial de la calidad de vida de los pacientes. En la actualidad, resulta un problema sociosanitario importante debido al aumento de la prevalencia e incidencia y de la morbimortalidad, generando altos costes en el sistema sanitario. A pesar de los avances en el tratamiento de la IC, resulta necesario el desarrollo de intervenciones o estrategias terapéuticas que puedan mejorar o mantener la calidad de vida de estos pacientes.

Se ha demostrado la eficacia del seguimiento estructurado de la IC por parte de un equipo multidisciplinar, desde el diagnóstico de la enfermedad hasta el final de vida del paciente, caracterizado por la atención integral, la continuidad y la coordinación con los diferentes niveles asistenciales.

La enfermería desempeña un rol importante durante el proceso de esta enfermedad en especial en la educación para el autocuidado como la adherencia al tratamiento, conocimiento del curso de la enfermedad, reconocer cambios en la sintomatología y ayuda en la modificación de los hábitos de vida saludables como una dieta saludable o la práctica de ejercicio físico. Se ha demostrado que los pacientes con IC que manifiestan un autocuidado efectivo tienen menos tasas de reingresos hospitalarios, morbimortalidad y una mejor calidad de vida.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Asociación Española de Enfermería en Cardiología. Manual de procedimientos en insuficiencia cardíaca por enfermeras especializadas [Internet]. 2021 [citado el 12 de febrero 2024]; 1–116. Disponible en: https://enfermeriaencardiologia.com/publicaciones/manuales/manual-de-procedimientos-en-insuficiencia-cardiaca-por-enfermeras-especializadas
  2. McDonagh TA, Metra M, Adamo M, Gardner RS, Baumbach A, Bohm M, et al. Guía ESC 2021 sobre el diagnóstico y tratamiento de la insuficiencia cardíaca aguda y crónica. Rev Española Cardiol [Internet]. 2022 [citado el 12 de febrero 2024]; 75(6): 458–65. Disponible en: https://www.revespcardiol.org/es-guia-esc-2021-sobre-el-articulo-S0300893221005236
  3. Sicras Mainar A, Sicras Navarro A, Palacios B, Varela L, Delgado JF. Epidemiología y tratamiento de la insuficiencia cardíaca en España: estudio PATHWAYS-HF. Rev Española Cardiol [Internet]. 2022 [citado el 12 de febrero 2024]; 75(1): 31–8. Disponible en: https://www.revespcardiol.org/es-epidemiologia-tratamiento-insuficiencia-cardiaca-espana-articulo-S0300893220305467
  4. Sánchez M, Proasi F, Ahualli L, Higa C. What Are We Talking About When We Talk About Palliative Care in Heart Failure? Rev Argent Cardiol [Internet]. 2023 [citado el 12 de febrero 2024]; 91(4): 284–9. Disponible en: http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1850-37482023000400284&lang=es
  5. Sarmiento LD, Leon JT, Peña VC, Strauch RP, Caltagirone R. Manejo multidisciplinario y terapia paliativa en falla cardíaca avanzada, revisión de la evidencia. Acta Bioclinica [Internet]. 2024 [citado el 13 de febrero 2024]; 14(27): 320–79. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/31113205/
  6. Herrera Guerra EP.Intervención de enfermería, toma de decisiones para el manejo de síntomas en personas con falla cardíaca. Hacia. Prom. Salud [Internet]. 2021 [citado el 13 de febrero 2024]; 26(2): 115–128. Disponible en: http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0121-75772021000200115
  7. Ruppar TM, Cooper PS, Johnson ED, Riegel B. Self-care interventions for adults with heart failure: A systematic review and meta-analysis protocol. J Adv Nurs [Internet]. 2019 [citado el 13 de febrero 2024]; 75(3): 676–82. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30397943/
  8. Zhang Z, Bai J, Huang Y. The efficacy of a nursing care and follow-up program for patients with heart failure: Study protocol for a randomized controlled trial. Med (United States) [Internet]. 2020 [citado el 13 de febrero 2024]; 99(49): e23380. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33285722/
  9. Cui X, Zhou X, Ma L le, Sun TW, Bishop L, Gardiner FW, et al. A nurse-led structured education program improves self-management skills and reduces hospital readmissions in patients with chronic heart failure: a randomized and controlled trial in China. Rural Remote Health [Internet]. 2019 [citado el 14 de febrero 2024]; 19(2): 5270. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/31113205/
  10. Taniguchi C, Okada A, Seto N, Shimizu Y. How visiting nurses detect symptoms of disease progression in patients with chronic heart failure. Int J Qual Stud Health Well-being [Internet]. 2020 [citado el 14 de febrero 2024]; 15(1): 1–7. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32114970/

Publique con nosotros

Indexación de la revista

ID:3540

Últimos artículos