- Cristina Barajas Gracia. Enfermera. Centro de Salud Perpetuo Socorro (Huesca).
- Adriana Azagra Antin. Enfermera Especialista en Familiar y Comunitaria. Centro de Salud Perpetuo Socorro (Huesca).
- Sergio Guajardo Esteban. Auxiliar Administrativo Salud (Huesca).
RESUMEN
La colitis ulcerosa es una enfermedad inflamatoria intestinal crónica que afecta exclusivamente al colon y al recto, caracterizada por la presencia de inflamación continua de la mucosa. Su etiología es multifactorial, involucrando componentes genéticos, inmunológicos y ambientales. Los síntomas incluyen diarrea crónica, rectorragia, dolor abdominal y pérdida de peso. El diagnóstico se basa en hallazgos clínicos, endoscópicos e histopatológicos. El tratamiento incluye terapia farmacológica, como aminosalicilatos, corticosteroides, inmunomoduladores y agentes biológicos. En casos graves, puede requerir cirugía. Esta monografía presenta una revisión integral sobre la fisiopatología, diagnóstico, tratamiento y pronóstico de la colitis ulcerosa.
PALABRAS CLAVE
Colitis ulcerosa, enfermedad inflamatoria intestinal, diarrea.
ABSTRACT
Ulcerative colitis is a chronic inflammatory bowel disease that affects only the colon and rectum, characterized by continuous mucosal inflammation. Its etiology is multifactorial, involving genetic, immunological, and environmental components. Symptoms include chronic diarrhea, rectal bleeding, abdominal pain, and weight loss. Diagnosis is based on clinical, endoscopic, and histopathological findings. Treatment involves pharmacological therapy such as aminosalicylates, corticosteroids, immunomodulators, and biologic agents. In severe cases, surgery may be required. This monograph presents a comprehensive review of the pathophysiology, diagnosis, treatment, and prognosis of ulcerative colitis.
KEY WORDS
Ulcerative colitis, inflammatory bowel disease, diarrhea.
DESARROLLO DEL TEMA
La colitis ulcerosa (CU) es una de las dos principales enfermedades inflamatorias intestinales (EII), junto con la enfermedad de Crohn. A diferencia de esta última, la CU afecta de manera continua al colon, comenzando en el recto y extendiéndose proximalmente. Su incidencia ha aumentado globalmente, particularmente en países desarrollados, sugiriendo una posible asociación con factores ambientales y estilo de vida occidentalizado. Esta tendencia se ha relacionado con dietas altas en grasas animales y azúcares refinados, así como con una menor exposición a microorganismos en la infancia (hipótesis de la higiene)⁴.
Fisiopatología:
La fisiopatología de la CU es compleja e involucra una disfunción en la interacción entre la microbiota intestinal, el sistema inmunológico y la barrera epitelial intestinal. Se ha identificado una predisposición genética, con varios loci relacionados con la susceptibilidad a la enfermedad, como el HLA-DRB1*0103. La activación inmunológica inapropiada da lugar a una respuesta inflamatoria mediada por células T y la liberación de citocinas proinflamatorias como TNF-α, IL-1 y IL-6². Estudios recientes también han demostrado un desequilibrio en la microbiota intestinal (disbiosis), caracterizado por una reducción de bacterias antiinflamatorias como Faecalibacterium prausnitzii¹.
Manifestaciones clínicas:
Los síntomas de la CU dependen de la extensión y severidad de la enfermedad. Los pacientes presentan típicamente diarrea con sangre, tenesmo, urgencia fecal, dolor abdominal y, en algunos casos, fiebre y pérdida de peso. La colitis extensa se asocia a un riesgo más alto de complicaciones como megacolon tóxico o cáncer colorrectal. También pueden presentarse síntomas inespecíficos como fatiga, anemia ferropénica y malestar general. Las manifestaciones extraintestinales incluyen afecciones articulares, dermatológicas (eritema nodoso), oculares (epiescleritis) y hepatobiliares (colangitis esclerosante primaria)³.
Diagnóstico:
El diagnóstico se basa en la combinación de hallazgos clínicos, pruebas de laboratorio, estudios endoscópicos e histopatología¹. La colonoscopia es fundamental y muestra inflamación continua con friabilidad de la mucosa, ulceraciones y sangrado. La biopsia revela infiltrado inflamatorio crónico con criptitis, abscesos crípticos y distorsión arquitectural. Los biomarcadores fecales como la calprotectina son útiles para valorar la actividad inflamatoria. Además, se utilizan marcadores serológicos como p-ANCA, aunque su especificidad es limitada. Es importante realizar diagnósticos diferenciales con infecciones, enfermedad de Crohn, colitis isquémica y otras colitis microscópicas³.
Clasificación y evaluación de la severidad:
La CU puede clasificarse según su localización (proctitis ulcerosa, colitis izquierda, pancolitis) y su severidad (leve, moderada, grave), según criterios clínicos y endoscópicos. La clasificación de Truelove y Witts es una de las más utilizadas para determinar la severidad y guiar el tratamiento. Recientemente se han incorporado escalas como el índice de actividad clínica de Mayo, que incluye parámetros clínicos y endoscópicos para valorar la actividad y respuesta al tratamiento³.
Tratamiento:
– Tratamiento farmacológico:
- Aminosalicilatos (5-ASA): Utilizados en formas leves a moderadas. La mesalazina es eficaz para inducir y mantener la remisión. Se puede administrar por vía oral, rectal o combinada, dependiendo de la localización de la enfermedad².
- Corticosteroides: Indicados en formas moderadas a graves que no responden a 5-ASA. No se recomiendan para mantenimiento. Prednisona oral o budesonida MMX son opciones frecuentes².
- Inmunomoduladores: Azatioprina y 6-mercaptopurina son útiles en pacientes que requieren esteroides a largo plazo o que tienen enfermedad dependiente de esteroides. Su efecto puede tardar varias semanas en instaurarse².
- Agentes biológicos: Inhibidores de TNF-α (infliximab, adalimumab), anti-integrinas (vedolizumab) y anti-interleucinas (ustekinumab) se utilizan en CU moderada a grave refractaria. Estos fármacos han mejorado significativamente las tasas de remisión clínica y endoscópica. También se investiga el uso de inhibidores de JAK (tofacitinib), especialmente en pacientes que han fallado a terapias biológicas².
– Tratamiento quirúrgico:
La colectomía está indicada en casos de CU fulminante, megacolon tóxico, displasia o cáncer. La proctocolectomía con anastomosis ileoanal es el procedimiento de elección. Aunque resuelve la enfermedad intestinal, puede asociarse a complicaciones como pouchitis, incontinencia fecal o disfunción sexual. La decisión quirúrgica debe individualizarse y discutirse con el paciente³.
Complicaciones:
Las complicaciones pueden ser locales (perforación, megacolon tóxico, estenosis) o sistémicas (manifestaciones extraintestinales como artritis, uveítis, pioderma gangrenoso). Además, existe un mayor riesgo de cáncer colorrectal en pacientes con CU de larga evolución. Por ello, se recomienda iniciar vigilancia endoscópica cada 1-2 años después de 8-10 años del inicio de la enfermedad. También se han reportado complicaciones metabólicas (osteoporosis por uso prolongado de esteroides) y psicológicas (ansiedad, depresión)⁵.
Pronóstico y seguimiento:
El pronóstico ha mejorado con las nuevas terapias biológicas. Sin embargo, la CU es una enfermedad crónica y requiere seguimiento continuo, incluyendo vigilancia endoscópica para detección precoz de displasia y cáncer. El manejo integral incluye educación al paciente, soporte nutricional y psicológico. La adherencia terapéutica es clave para evitar recaídas. Además, se debe monitorizar la respuesta al tratamiento con herramientas clínicas, bioquímicas y endoscópicas para ajustar el enfoque terapéutico³.
CONCLUSIONES
La colitis ulcerosa representa un reto terapéutico importante debido a su curso clínico variable y a las potenciales complicaciones. Un enfoque multidisciplinario y personalizado es esencial para lograr el control de la enfermedad, mejorar la calidad de vida del paciente y prevenir complicaciones a largo plazo. El avance en las terapias biológicas ha transformado el panorama terapéutico, aunque persisten desafíos relacionados con el acceso, la respuesta variable y los efectos adversos⁵. La investigación futura se orienta hacia terapias más seguras, específicas y accesibles, así como a una mejor comprensión de los mecanismos fisiopatológicos subyacentes.
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