Nº de DOI: 10.34896/RSI.2026.23.49.001
AUTORES
- Alejandra Vázquez Tolosa. Médico Interno Residente de Angiología y Cirugía Vascular, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
- Maria Isabel Ortiz Bazán. Médico Interno Residente de Angiología y Cirugía Vascular, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
- Marina Gracia Sobradiel. Médico Interno Residente de Angiología y Cirugía Vascular, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
- Luis Esteva Muñoz. Médico Interno Residente de Angiología y Cirugía Vascular, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
- Ana María Miguel Sánchez. Facultativo Especialista de Área de Angiología y Cirugía Vascular, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
- Iván Andrés Higuera Jaramillo. Médico Interno Residente de Angiología y Cirugía Vascular, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
RESUMEN
Las lesiones vasculares del cuello representan un desafío diagnóstico y terapéutico debido a la complejidad anatómica y al riesgo de secuelas neurológicas. Las Guías de Práctica Clínica 2025 de la Sociedad Europea de Cirugía Vascular (ESVS) introducen cambios relevantes en su manejo, priorizando la toma de decisiones basada en pruebas de imagen. El objetivo de este trabajo es sintetizar las recomendaciones actualizadas de la ESVS sobre el cribado, diagnóstico y tratamiento del trauma vascular cervical. Se realizó una revisión del capítulo “Trauma vascular cervical” de las Guías ESVS 2025, centrada en los criterios diagnósticos y las indicaciones de tratamiento quirúrgico y médico. Las guías recomiendan un enfoque diagnóstico de “Cuello Completo”, estableciendo la angiografía por tomografía computarizada como prueba de elección en pacientes hemodinámicamente estables. En el trauma arterial penetrante, la cirugía abierta continúa siendo prioritaria para lesiones carotídeas accesibles, mientras que en el trauma venoso se acepta la ligadura de la vena yugular interna en pacientes inestables o con lesiones complejas, siempre que exista permeabilidad contralateral. Los hematomas cervicales expansivos requieren control precoz de la vía aérea y exploración quirúrgica urgente. En la lesión cerebrovascular contusa, se recomienda tratamiento conservador con antiagregación simple en lesiones de bajo grado, reservando el uso de stents para lesiones de alto grado o pseudoaneurismas expansivos. En conclusión, las Guías ESVS 2025 refuerzan un manejo multimodal basado en la imagen en pacientes estables, manteniendo la cirugía abierta como pilar en el trauma penetrante y el tratamiento médico como primera línea en la lesión cerebrovascular contusa.
PALABRAS CLAVE
Trauma vascular cervical, lesión de arteria carótida, lesión vena yugular, lesión de arteria vertebral, lesión cerebrovascular contusa (BCVI), guías ESVS.
ABSTRACT
Vascular injuries of the neck represent a diagnostic and therapeutic challenge due to the anatomical complexity of the region and the risk of neurological sequelae. The 2025 Clinical Practice Guidelines of the European Society for Vascular Surgery (ESVS) introduce relevant changes in management, emphasizing image-based decision-making. The aim of this study is to synthesize the updated ESVS recommendations regarding screening, diagnosis, and treatment of cervical vascular trauma. A review of the chapter “Cervical Vascular Trauma” of the 2025 ESVS Guidelines was performed, focusing on diagnostic criteria and indications for surgical and medical management. The guidelines recommend a “Whole Neck” diagnostic approach, establishing computed tomography angiography as the imaging modality of choice in hemodynamically stable patients. In penetrating arterial trauma, open surgical repair remains the preferred option for accessible carotid injuries, whereas in venous trauma, ligation of the internal jugular vein is considered acceptable in unstable patients or complex injuries, provided contralateral venous patency is present. Expanding cervical hematomas require early airway control followed by urgent surgical exploration. In blunt cerebrovascular injury, conservative management with single antiplatelet therapy is recommended for low-grade lesions, while routine stent use is discouraged and reserved for high-grade injuries or expanding pseudoaneurysms. In conclusion, the 2025 ESVS Guidelines support a multimodal, imaging-driven strategy in stable patients, maintaining open surgery as a cornerstone in penetrating trauma and medical therapy as first-line treatment for blunt cerebrovascular injury.
KEY WORDS
Cervical vascular trauma, carotid artery injury, jugular vein injury, vertebral artery injury, blunt cerebrovascular injury (BCVI), ESVS guidelines.
INTRODUCCIÓN
El traumatismo vascular cervical constituye un desafío clínico considerable debido a la compleja anatomía del cuello, donde arterias carótidas y vertebrales, venas yugulares, tráquea, esófago, laringe, glándulas salivales y estructuras nerviosas craneales y periféricas coexisten en un espacio limitado. Esta proximidad de estructuras vitales implica que cualquier mecanismo traumático, ya sea penetrante o contuso, puede ocasionar daño simultáneo a múltiples sistemas, complicando tanto el diagnóstico como la planificación terapéutica. Además, la rápida progresión de complicaciones como hemorragia masiva o ictus agudo requiere una evaluación precisa y oportuna para mejorar los desenlaces clínicos.
Aunque los traumas vasculares cervicales representan un porcentaje relativamente pequeño de todos los traumatismos, su impacto es significativo. En el trauma penetrante, la incidencia de lesión vascular cervical se estima en hasta el 20% de los casos, siendo la arteria carótida interna la más frecuentemente comprometida1. La arteria vertebral, aunque menos afectada, presenta tasas de lesión del 3,1% en contextos civiles y 0,3% en entornos militares2, y puede asociarse con complicaciones graves como ictus posterior y hemorragia retrofaríngea o mediastínica. Las lesiones contusas (blunt cervical vascular injuries, BCVI) son menos comunes, con una incidencia del 1–5% en pacientes con lesiones graves, pero pueden aumentar hasta cuatro veces en traumatismos de alto impacto, especialmente cuando hay fracturas cráneo-maxilofaciales asociadas3, lo que subraya la necesidad de cribado sistemático en pacientes de alto riesgo.
Tradicionalmente, la valoración del cuello se basaba en la clasificación anatómica por zonas: zona I (base del cuello hasta el cartílago cricoides), zona II (cartílago cricoides hasta la mandíbula) y zona III (mandíbula hasta la base del cráneo). Sin embargo, numerosos estudios han demostrado que las trayectorias de las heridas penetrantes con frecuencia atraviesan múltiples zonas, lesionando estructuras vasculares, aero-digestivas y nerviosas en diferentes regiones. Esta limitación de la clasificación por zonas, junto con la disponibilidad de técnicas de imagen avanzadas, ha llevado a un cambio de paradigma. Las guías ESVS 2025 recomiendan un enfoque integral del cuello completo, apoyado en angiotomografía computarizada (AngioTC) de alta resolución, que permite identificar lesiones vasculares y estructuras adyacentes con gran precisión, reducir exploraciones quirúrgicas innecesarias y optimizar la planificación de intervenciones quirúrgicas o endovasculares4.
El diagnóstico precoz y la estratificación del riesgo son fundamentales, ya que el retraso en la identificación de lesiones vasculares cervicales puede derivar en complicaciones neurológicas graves, hemorragia incontrolada y aumento de la mortalidad. En este contexto, las guías ESVS 2025 proponen una clasificación estandarizada de las lesiones arteriales traumáticas que permite homogeneizar la comunicación clínica y orientar el manejo terapéutico. Dicha clasificación incluye el grado 1, caracterizado por lesiones intimales como desgarros, disecciones o hematomas intramurales con preservación del contorno externo del vaso; el grado 2, que engloba la disrupción de la pared arterial con hemorragia contenida, pseudoaneurisma o estenosis significativa; el grado 3, definido por hemorragia no contenida o sangrado activo con compromiso hemodinámico; y por último el grado X, correspondiente a la oclusión completa del vaso5. Esta estratificación es aplicable tanto a lesiones carotídeas como vertebrales, y resulta clave para elegir el tratamiento más adecuado en cada caso. Según esto, la evaluación clínica, los signos conocidos como duros y blandos de lesión vascular (que se explicarán a continuación), y la implementación de protocolos de cribado basados en factores de riesgo son esenciales para guiar la toma de decisiones5. Asimismo, la terapia antitrombótica, la reparación quirúrgica de arterias carótidas y las intervenciones endovasculares en lesiones vertebrales representan pilares fundamentales del manejo moderno.
OBJETIVO
El objetivo de esta revisión narrativa es proporcionar una síntesis comprensiva de la evidencia más reciente sobre traumatismo vascular cervical, basada en las guías ESVS 2025, abordando de manera detallada la epidemiología, presentación clínica, diagnóstico por imagen, manejo quirúrgico y endovascular, terapia antitrombótica y seguimiento. La revisión distingue entre lesiones penetrantes y contusas, resaltando diferencias en la patogenia, riesgos de complicaciones y estrategias terapéuticas, con el propósito de ofrecer una referencia actualizada para profesionales que manejan pacientes con trauma cervical de diversa gravedad.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión narrativa de la literatura publicada hasta 2025, utilizando bases de datos PubMed, Scopus, Embase y Cochrane Library. Los criterios de búsqueda incluyeron términos como: «cervical vascular trauma», «penetrating neck injury», «blunt cervical vascular injury», «carotid artery injury», «vertebral artery injury», «endovascular management» y «antithrombotic therapy».
Se incluyeron estudios clínicos, series de casos, revisiones sistemáticas y guías clínicas relevantes, priorizando evidencia robusta y aplicabilidad a la práctica clínica. Se excluyeron publicaciones con datos insuficientes, pacientes pediátricos o con etiología no traumática.
Resultados
Lesión vascular cervical penetrante:
Las lesiones vasculares penetrantes constituyen entre el 10–20% de todos los traumatismos cervicales1. La arteria carótida interna es la que se lesiona con mayor frecuencia, seguida de la carótida común y la arteria vertebral2. Las lesiones venosas, especialmente de la vena yugular interna, son menos frecuentes pero pueden causar shock hemorrágico significativo cuando son bilaterales o asociadas a heridas de alta energía2.
Epidemiología y características clínicas:
La incidencia de lesión penetrante de la arteria vertebral en poblaciones civiles y militares es del 3,1% y 0,3%, respectivamente2. Las lesiones arteriales representan la mayor proporción de eventos neurológicos post-trauma en el cuello, mientras que las lesiones venosas suelen presentar manifestaciones menos graves pero con riesgo de hemorragia masiva.
La amplitud y gravedad de los síntomas o signos clínicos hace que se puedan clasificar como duros o blandos1:
- Signos duros: se tratan de síntomas graves como hematomas pulsátiles o expansivos, hemorragia que no cede con medidas locales, shock refractario, pulso ausente o disminuido, soplo o frémito vascular y déficit neurológico. Cabe destacar que aproximadamente el 30–40% de pacientes con lesiones carotídeas presentan déficit neurológico al ingreso.
- Signos blandos: se tratan de síntomas menos graves como disfagia, disfonía, hemoptisis o hematemesis menores y hematomas no expansivos. Entre 15–20% de pacientes presentan solo signos blandos, lo que dificulta la identificación temprana de la lesión vascular en traumatismos cervicales y puede retrasar la intervención.
El ictus es una complicación central que se da en lesiones carotídeas y vertebrales. Puede ocurrir de manera inmediata o desarrollarse durante la observación hospitalaria, especialmente si la lesión no se detecta de manera precoz1,2. La mortalidad intrahospitalaria por ictus post-trauma carotídeo varía entre 25–30% en series multicéntricas.
Diagnóstico por imagen:
En pacientes estables, la angioTC es la prueba diagnóstica de elección de elección1,4. Esta permite identificar lesiones de la capa intima aisladas (Grado 1 ESVS), candidatas a manejo conservador, hematomas contenidos y pseudoaneurismas (Grados 2–3 ESVS), que requieren reparación quirúrgica o endovascular, y oclusiones completas (Grado X ESVS), que necesitan evaluación individualizada. Estudios muestran que la angioTC reduce la exploración quirúrgica negativa de 30% a menos del 10% en centros especializados4. Las lesiones venosas pueden ser subestimadas si no hay sangrado activo, por lo que se recomienda vigilancia clínica o eco- Doppler si se sospecha.
Resultados por tipo de lesión:
Arteria carótida penetrante:
Los desenlaces dependen del grado de lesión vascular según la clasificación de la ESVS, explicado previamente. Encontramos las diferentes opciones:
- Grado 1 (desgarro intimal): se recomienda el manejo conservador con antiagregación simple. En este contexto, la progresión a ictus es <5%.
- Grados 2–3 (disrupción parcial o pseudoaneurisma): la reparación arterial es superior a la ligadura en términos de mortalidad y preservación neurológica. En registros norteamericanos, la mortalidad intrahospitalaria con ligadura fue 21–25%, mientras que con reconstrucción descendió a 7–12%. Entre los supervivientes con déficit neurológico preoperatorio, el 80% mejoró tras la reparación. Estos datos concuerdan con estudios africanos, donde la ligadura se asoció a mortalidad del 45%, mientras que la reparación arterial redujo la mortalidad al 17,6%5.
- Grado X (oclusión completa): en este caso la evidencia es limitada. El manejo individualizado depende de la extensión de la lesión, presencia de síntomas neurológicos, ubicación (carótida común o interna) y hallazgos de infarto cerebral en la angioTC1.
Arteria vertebral penetrante:
En lesiones penetrantes de la arteria vertebral, la mortalidad y morbilidad dependen de la localización y daño asociado:
- Grado 1: se recomienda el manejo conservador con antiagregación; además las complicaciones neurológicas raras.
- Grado 2: como tratamiento de primera línea se aconseja el tratamiento con técnicas endovasculares (embolización con coils o stent cubierto). Diferentes revisiones sistemáticas (n=462 y n=169) muestran el éxito técnico >95%, mortalidad <5%, y ictus postprocedimiento ~4%5. La embolización proximal es generalmente segura si la circulación contralateral está intacta.
- Grado 3: en caso de hemorragia activa requiere intervención inmediata. Cuando no es factible el abordaje endovascular, la cirugía (ligadura, reparación primaria o transposición) puede controlar la hemorragia, aunque con mayor riesgo de déficit neurológico.
- Grado X: ante casos de oclusión asintomática se recomienda el manejo conservador, donde el riesgo de ictus es en torno al 4%5.
Lesiones venosas penetrantes:
- Vena yugular interna: se prefiere realizar reparación quirúrgica. La ligadura es una opción en presencia de inestabilidad hemodinámica, con escasa repercusión clínica si se mantiene flujo contralateral.
- Vena yugular externa: la ligadura es segura y no presenta complicaciones significativas.
Lesión vascular cervical contusa (BCVI):
Las BCVI representan entre 1–5% de los traumatismos graves y son más frecuentes en traumatismos de alto impacto y fracturas craneomaxilofaciales2,3.
Presentación clínica:
Las BCVI normalmente suelen ser asintomáticas al ingreso. Los síntomas tardíos incluyen ictus por embolia oclusiva (Grado 2 o 3 ESVS)2 o déficit neurológico progresivo por pseudoaneurismas o disecciones intraluminales2. Hasta 50% de lesiones de bajo grado se detectan únicamente mediante cribado la angioTC2. La mortalidad global es <10% si se identifica y trata correctamente, de ahí la importancia de la realización de pruebas de imagen en pacientes estables2,3.
Diagnóstico por imagen:
La angioTC desde arco aórtico hasta vasos intracraneales detecta lesiones de las arterias carótida y vertebral con especificidad 82–100% y valor predictivo negativo 90–99%3,4. Los criterios de cribado de Denver modificados son los más utilizados para seleccionar pacientes en riesgo. Estos criterios combinan signos clínicos, como déficit neurológico no explicado o hematoma cervical en expansión, con factores de riesgo relacionados con el mecanismo del traumatismo, incluyendo traumatismos de alta energía y fracturas craneofaciales o cervicales. Su aplicación permite identificar lesiones vasculares inicialmente asintomáticas con riesgo de progresión tromboembólica. Indican que el cribado sistemático facilita el inicio precoz de tratamiento antitrombótico y reduce la incidencia de ictus postraumático4.
Resultados según tipo de lesión:
Arteria carótida contusa:
- Grado 1: se recomienda la terapia antitrombótica, ya que el manejo conservador suele conllevar resolución espontánea de la lesión, con una incidencia de ictus <5%4,5.
- Grado 2 (pseudoaneurisma): en este contexto el riesgo de progresión es mayor. Sin tratamiento, la probabilidad de ictus es del 20% y la mortalidad del 36,7%6. La mayoría se resuelven con manejo conservador y antiagregación. La intervención endovascular se reserva para pseudoaneurismas >10 mm o expansivos.
- Grado 3 (sangrado no contenido): por su gravedad, se recomienda el implante de stents cubiertos o cirugía abierta. Se ha demostrado que la intervención oportuna reduce mortalidad5.
- Grado X (oclusión): está indicado el manejo conservador, reservando la anticoagulación en casos asintomáticos6.
Arteria vertebral contusa:
- Lesiones de bajo grado: se recomienda la antiagregación simple, y se espera la resolución de la sesión en 6 meses6.
- Lesiones de alto grado: se indica el tratamiento endovascular solo en casos de hemorragia activa, eventos isquémicos recurrentes o pseudoaneurisma progresivo6.
Terapia antitrombótica:
Se prefiere la antiagregación simple, ya que presenta menor riesgo hemorrágico y eficacia similar frente al tratamiento anticoagulante8. Es esencial iniciar el tratamiento de manera precoz para reducir el riesgo de ictus, y la duración mínima recomendada es de 3 meses7,8.
Vigilancia:
Las guías de la ESVS del 2025 recomiendan las siguientes pautas de seguimiento:
- Realización de angioTC de seguimiento a los 7–10 días del evento: se ha comprobado que el 50% de las lesiones de bajo grado resuelven, mientras que el 10% progresan7,8.
- Realización de angioTC de seguimiento a los 3 meses del en los pseudoaneurismas persistentes. Normalmente, entre los 3 y 12 meses se objetiva la resolución completa de la lesión. Se ha observado que los pseudoaneurismas de alto grado rara vez sufren cambios después de los 3 meses, manteniéndose estables.
Resultados globales:
Los análisis confirman que, en lesiones penetrantes, la mortalidad global varía entre 10–25%, dependiendo del vaso y manejo por el que se opte. El ictus se desarrolla entre el 5–30% de casos, según la extensión de la lesión y el tratamiento elegido. En BCVI, la mortalidad es significativamente menor (<10%), pero el riesgo de ictus permanece sin terapia antitrombótica2,6. La mayoría de los pseudoaneurismas y disecciones de bajo grado se resuelven sin precisar intervención quirúrgica, mientras que lesiones progresivas requieren cirugía endovascular para evitar complicaciones neurológicas6,8.
DISCUSIÓN
El traumatismo vascular cervical constituye un desafío clínico debido a la complejidad anatómica del cuello y la diversidad de presentaciones, que van desde lesiones asintomáticas hasta hemorragia masiva o ictus inmediato1,2. Las guías ESVS 2025 enfatizan un enfoque integral del cuello completo frente al clásico manejo por zonas, ya que las trayectorias de las heridas penetrantes frecuentemente cruzan límites anatómicos, afectando estructuras vasculares y aero-digestivas en varios campos1,4. La adopción de la angioTC como modalidad diagnóstica de primera línea ha mejorado la detección de lesiones, reducido exploraciones quirúrgicas negativas y permitido un cribado temprano en pacientes con traumatismos cerrados de alto riesgo3,4.
En las lesiones penetrantes, los resultados muestran que la reparación arterial de las arterias carotídeas y la terapia endovascular de las vertebrales ofrecen claras ventajas sobre la ligadura tradicional. Series multicéntricas indican que la ligadura de la arteria carótida común o interna se asocia con mortalidad de 21–45% y alto riesgo de déficit neurológico, mientras que la reconstrucción arterial reduce mortalidad a 7–17% y mejora el déficit neurológico preoperatorio en hasta el 80% de los casos5. Este hallazgo refuerza la necesidad de una estrategia quirúrgica agresiva pero selectiva, priorizando la preservación del flujo sanguíneo siempre que la anatomía y la estabilidad hemodinámica lo permitan.
En la lesión de la arteria vertebral penetrante, la terapia endovascular ha emergido como la técnica de elección para lesiones de Grado 2–3 según la clasificación de la ESVS, con éxito técnico >95%, mortalidad <5% y bajo riesgo de ictus (~4%) cuando la circulación contralateral está intacta5. La cirugía sigue siendo necesaria en casos de hemorragia activa o cuando la vía endovascular no es factible, con técnicas que incluyen ligadura, reparación primaria o transposición vascular5. Estos datos subrayan la importancia de la evaluación anatómica individualizada y del abordaje multidisciplinario para reducir mortalidad y complicaciones neurológicas.
Las lesiones venosas penetrantes, aunque menos frecuentes, requieren atención quirúrgica en situaciones de inestabilidad hemodinámica. La ligadura de la vena yugular interna es factible si el flujo contralateral se mantiene- Por su parte, la vena yugular externa puede ligarse de manera segura5. Esto refleja la necesidad de priorizar la reparación arterial mientras se mantiene un enfoque pragmático sobre las lesiones venosas.
En las lesiones contusas (BCVI), la mayoría de los pacientes son asintomáticos al ingreso, y la detección depende del cribado mediante angioTC2,3. Los pseudoaneurismas y disecciones intraluminales de bajo grado suelen resolverse con antiagregación simple, mientras que las lesiones de alto grado requieren tratamiento endovascular selectivo6,8. La terapia antitrombótica precoz es fundamental para prevenir ictus; y la antiagregación simple ofrece un balance óptimo entre eficacia y riesgo hemorrágico7,8. La evidencia reciente sugiere que la anticoagulación sistémica puede ser igual de efectiva, pero con mayor riesgo de complicaciones hemorrágicas, lo que ha consolidado el uso de la antiagregación simple como tratamiento de primera línea7,8.
La vigilancia mediante angioTC a los 7–10 días del evento y a los 3 meses permite identificar lesiones progresivas y guiar la duración de la terapia antiagregante, asegurando resolución de pseudoaneurismas y oclusiones sin complicaciones neurológicas7,8. El seguimiento a largo plazo de lesiones de alto grado sigue siendo objeto de debate, aunque los datos disponibles indican que la mayoría de los pseudoaneurismas se estabilizan sin intervención adicional5.
A pesar de estos avances, persisten lagunas importantes en la evidencia, incluyendo el manejo óptimo de oclusiones completas (Grado X), la duración y selección ideal de terapia antitrombótica postoperatoria, y los resultados a largo plazo de intervenciones endovasculares en el trauma cervical5. La investigación futura debería centrarse en estudios prospectivos multicéntricos que comparen los resultados de las técnicas endovasculares emergentes, así como en la estandarización de protocolos de cribado de BCVI para optimizar la relación riesgo-beneficio.
La integración de la angioTC, la reparación quirúrgica selectiva, el manejo endovascular y la terapia antitrombótica basada en la evidencia ha mejorado significativamente la supervivencia y preservación neurológica en los traumatismos vasculares cervicales. El éxito del tratamiento depende de una evaluación clínica temprana, cribado radiológico oportuno, abordaje individualizado y coordinación multidisciplinar. La implementación de las guías de la ESVS del 2025 representa un avance clave hacia la estandarización del manejo, asegurando eficacia y seguridad en pacientes con trauma vascular cervical.
CONCLUSIONES
En conclusión, el traumatismo vascular cervical constituye una condición clínica compleja con un riesgo significativo de ictus y hemorragia, especialmente en casos penetrantes. La implementación de la la angioTC como herramienta diagnóstica de primera línea permite una detección temprana y precisa de las lesiones vasculares, mejorando la planificación terapéutica y reduciendo intervenciones quirúrgicas innecesarias. La reparación arterial carotídea, junto con las técnicas endovasculares en lesiones vertebrales, ha demostrado reducir la mortalidad y los déficits neurológicos comparado con la ligadura. En lesiones contusas, la antiagregación simple se considera el tratamiento de primera línea, con seguimiento radiológico para ajustar la estrategia según la evolución de la lesión. La adherencia a las guías de traumatismos vasculares de la ESVS del 2025 facilita un manejo estandarizado, promueve la toma de decisiones basada en evidencia y mejora los desenlaces clínicos en pacientes con trauma vascular cervical.
DECLARACIONES ÉTICAS Y CONFLICTO DE INTERESES
Los autores declaran que se ha utilizado una herramienta de inteligencia artificial generativa (ChatGPT, OpenAI) como apoyo en la redacción y mejora del estilo lingüístico del manuscrito. El contenido científico, la interpretación de la evidencia y las conclusiones son responsabilidad exclusiva de los autores.
Los autores declaran no tener conflictos de intereses.
FINANCIACIÓN
Este trabajo no ha recibido ayudas provenientes de agencias del sector público, sector comercial o entidades sin ánimo de lucro.
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