AUTORES
- Mónica Pilar Ariza Samper. Microbiología y Parasitología. Hospital Universitario Royo Villanova, Zaragoza. España.
- Violeta Frutos Millán. Microbiología y Parasitología. Hospital Comarcal de Alcañiz, Teruel, España.
- Laura Valour. Microbiología y Parasitología. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
- Belén Lambán Per. Microbiología y Parasitología. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
- María Lezaun Andreu. Microbiología y Parasitología. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
- Victor Viñeta Valdelvira. Microbiología y Parasitología. Hospital Obispo Polanco, Teruel, España.
RESUMEN
Las enfermedades transmitidas por alimentos constituyen un problema relevante de salud pública debido a su elevada incidencia, impacto sanitario y consecuencias económicas. En este contexto, Arcobacter spp. ha emergido como un patógeno zoonótico de importancia creciente, relacionado con infecciones humanas principalmente de origen alimentario e hídrico. Este género bacteriano, perteneciente a la familia Campylobacteraceae, presenta características fisiológicas que favorecen su supervivencia en diversos ambientes, incluyendo alimentos de origen animal, agua, aguas residuales y reservorios domésticos y silvestres. Entre las especies con mayor relevancia clínica destacan A. butzleri, A. cryaerophilus y A. skirrowii, asociadas principalmente con cuadros de gastroenteritis, diarrea persistente y, en casos excepcionales, infecciones sistémicas en pacientes vulnerables. La capacidad de estas bacterias para tolerar condiciones ambientales adversas, crecer a bajas temperaturas, formar biopelículas y persistir en diferentes etapas de la cadena alimentaria favorece su transmisión al ser humano.
A pesar del aumento en la detección de infecciones por Arcobacter, su verdadera prevalencia continúa siendo desconocida debido a la ausencia de protocolos diagnósticos estandarizados y a las limitaciones de los métodos microbiológicos convencionales. El desarrollo de técnicas moleculares ha permitido identificar una mayor frecuencia de casos, sugiriendo un posible subdiagnóstico histórico. La mayoría de las infecciones presentan evolución autolimitada; sin embargo, la aparición de cepas resistentes a diversos antimicrobianos representa un desafío para el tratamiento y la vigilancia epidemiológica. Por ello, resulta fundamental fortalecer los sistemas de vigilancia microbiológica, desarrollar métodos diagnósticos estandarizados e implementar estrategias preventivas basadas en el control sanitario de la producción animal y la adecuada manipulación de alimentos.
En conclusión, Arcobacter spp. debe considerarse un patógeno emergente de relevancia para la salud pública debido a su amplia distribución, potencial zoonótico y capacidad de adaptación ambiental, siendo necesaria una mayor investigación para comprender su impacto real y establecer medidas eficaces de control.
PALABRAS CLAVE
Arcobacter, enfermedades transmitidas por los alimentos, zoonosis, salud pública.
ABSTRACT
Foodborne diseases constitute a significant public health issue due to their high incidence, health impact, and economic consequences. In this context, Arcobacter spp. has emerged as a zoonotic pathogen of growing importance, linked to human infections primarily of foodborne and waterborne origin. This bacterial genus, belonging to the Campylobacteraceae family, exhibits physiological characteristics that favor its survival in diverse environments, including foods of animal origin, water, wastewater, and domestic and wild animal reservoirs. Among the species of greatest clinical relevance are A. butzleri, A. cryaerophilus, and A. skirrowii; these are primarily associated with gastroenteritis, persistent diarrhea, and—in exceptional cases—systemic infections in vulnerable patients. The ability of these bacteria to tolerate adverse environmental conditions, grow at low temperatures, form biofilms, and persist at various stages of the food chain facilitates their transmission to humans.
Despite the increased detection of Arcobacter infections, their true prevalence remains unknown due to the lack of standardized diagnostic protocols and the limitations of conventional microbiological methods. The development of molecular techniques has led to the identification of a higher frequency of cases, suggesting that the condition may have been historically underdiagnosed. Most infections are self-limiting; however, the emergence of strains resistant to various antimicrobials poses a challenge for treatment and epidemiological surveillance. Therefore, it is crucial to strengthen microbiological surveillance systems, develop standardized diagnostic methods, and implement preventive strategies based on sanitary control in animal production and proper food handling.
In conclusion, Arcobacter spp. should be considered an emerging pathogen of public health significance due to its widespread distribution, zoonotic potential, and environmental adaptability; further research is needed to understand its actual impact and establish control capabilities.
KEY WORDS
Arcobacter, foodborne diseases, zoonosis, public health.
INTRODUCCIÓN
Las enfermedades transmitidas por los alimentos representan uno de los principales problemas de salud pública a nivel mundial debido a su elevada incidencia y a las consecuencias económicas y sanitarias que generan. La globalización del comercio de alimentos, los cambios en los hábitos de consumo y la creciente resistencia antimicrobiana han favorecido la aparición y reconocimiento de nuevos microorganismos capaces de producir enfermedad en humanos. Entre estos agentes emergentes destaca el género Arcobacter, un grupo bacteriano perteneciente a la familia Campylobacteraceae, filogenéticamente relacionado con Campylobacter, pero con características fisiológicas y epidemiológicas que les permiten sobrevivir en una amplia variedad de ambientes.
Durante los últimos años, diversas investigaciones han demostrado que especies como Arcobacter butzleri, Arcobacter cryaerophilus y Arcobacter skirrowii están presentes en alimentos de origen animal, agua potable, aguas residuales y diferentes especies domésticas y silvestres, lo que incrementa las posibilidades de transmisión al ser humano. Aunque durante mucho tiempo fueron consideradas microorganismos de escasa importancia clínica, actualmente existe suficiente evidencia para catalogarlas como patógenos emergentes con potencial zoonótico y capacidad para producir gastroenteritis, diarrea persistente y, en pacientes inmunocomprometidos, infecciones más graves.
El incremento en el número de aislamientos de Arcobacter no solo responde a una mayor circulación del microorganismo, sino también al desarrollo de métodos moleculares de diagnóstico que han permitido identificar casos previamente atribuidos a otros enteropatógenos. Sin embargo, aún persisten importantes limitaciones relacionadas con la falta de protocolos estandarizados para su aislamiento e identificación, situación que probablemente ocasiona un subregistro considerable de los casos humanos.
Desde la perspectiva de la salud pública, el estudio de este género bacteriano resulta especialmente relevante porque reúne varias características que favorecen su diseminación: amplia distribución en animales destinados al consumo humano, capacidad para sobrevivir en ambientes acuáticos, formación de biopelículas, resistencia a condiciones ambientales adversas y presencia en diferentes etapas de la cadena alimentaria.
En este contexto, resulta necesario analizar la información científica disponible acerca de la epidemiología, mecanismos de transmisión, patogenicidad, diagnóstico y estrategias de prevención de las infecciones ocasionadas por Arcobacter, con el propósito de comprender su importancia como agente emergente y promover medidas que reduzcan el riesgo para la población.
Características del género Arcobacter:
Las células de Arcobacter son bacilos curvos, con una longitud aproximada de 0,5 a 3,0 μm y un diámetro de 0,2 a 0,9 μm. En cultivos jóvenes pueden observarse formas curvas o con configuración de “S”, mientras que en cultivos envejecidos predominan formas cocoides o esféricas debido a cambios morfológicos asociados con la edad bacteriana. Son microorganismos no esporulados y presentan movilidad gracias a la presencia de uno o dos flagelos polares, dependiendo de la especie1.
La primera bacteria posteriormente incluida dentro de este género fue aislada en 1977 a partir de fetos bovinos con aborto espontáneo2 y, aunque inicialmente fuera considerada como una especie perteneciente al género Campylobacter (inicialmente Campylobacter aerotolerante, posteriormente Campylobacter cryaerophila) debido a sus similitudes morfológicas y bioquímicas, los estudios taxonómicos demostraron diferencias suficientes para proponer la creación del género Arcobacter en 1985, estableciendo una nueva clasificación dentro de la familia Campylobacteraceae.1 Mientras que la mayoría de las especies de Campylobacter requieren condiciones estrictamente microaerófilas, las especies de Arcobacter son aerotolerantes y pueden desarrollarse en ambientes aerobios, microaerófilos e incluso anaerobios. Su crecimiento óptimo ocurre alrededor de los 37 °C, aunque pueden multiplicarse en un rango aproximado de 15 a 42 °C1, característica que favorece su persistencia en ambientes naturales y en alimentos refrigerados.
Actualmente, el género incluye numerosas especies reconocidas mediante estudios genómicos y taxonómicos. Entre las especies con mayor relevancia epidemiológica se encuentran A. butzleri, A. cryaerophilus, A. skirrowii y A. nitrofigilis3,4. De ellas, A. butzleri es considerada la especie con mayor importancia clínica debido a su frecuencia de aislamiento en muestras humanas, alimentos y ambientes asociados con producción animal3.
Los mecanismos responsables de la patogenicidad de Arcobacter aún no se encuentran completamente esclarecidos. A diferencia de otros enteropatógenos ampliamente estudiados, la información disponible sobre sus factores de virulencia continúa siendo limitada. Diversos estudios experimentales han demostrado que algunas cepas poseen capacidad de adherencia a células epiteliales, invasión celular y producción de efectos citotóxicos5-8, lo que sugiere la participación de múltiples mecanismos en el desarrollo de enfermedad.
El género Arcobacter no forma parte de la microbiota intestinal humana, pero sí que ha sido aislado en muestras del tracto intestinal y muestras de heces de animales de ganadería, principalmente pollo, cerdo y res;5,9 así como en ganado ovino y caprino, en otras aves de corral, en moluscos, productos lácteos10 y en animales domésticos. En animales, las infecciones más graves han provocado abortos, mastitis y diarrea. Sin embargo, al igual que en los humanos, esta bacteria ha sido aislada en ejemplares asintomáticos9.
Arcobacter es un patógeno potencial de transmisión alimentaria y por vía hídrica11-13. Además, las especies de Arcobacter han sido definidas como agentes de potencial zoonótico debido a su rol patogénico en humanos y animales.
La transmisión se ve favorecida por características propias de la bacteria que la hacen resistente a ambientes adversos, incluyendo su tolerancia a altas concentraciones de hipoclorito de sodio, a metales pesados, su capacidad de crecer a bajas temperaturas, en ambientes secos y de adherirse a diversas superficies13. En este sentido, también debe tenerse en cuenta su capacidad para establecer endosimbiosis con amebas de vida libre, las cuales, además de servirle de transporte, pueden proteger a la bacteria de factores ambientales adversos14.
Importancia clínica y prevalencia de Arcobacter en humanos:
Aunque el género Arcobacter fue descrito inicialmente como un microorganismo asociado principalmente con enfermedades animales, durante las últimas décadas se ha demostrado su capacidad para producir infecciones en humanos. Actualmente, tres especies son reconocidas como las principales responsables de enfermedad humana: A. butzleri, A. cryaerophilus y A. skirowii. Entre ellas, A. butzleri representa la especie aislada con mayor frecuencia en muestras clínicas y ambientales, seguida por A. cryaerophilus y, con menor frecuencia, A. skirrowii3.
La manifestación clínica más frecuente asociada con la infección por Arcobacter es la gastroenteritis. Los pacientes pueden presentar diarrea acuosa o persistente7,15, dolor abdominal, náuseas, vómitos, fiebre y malestar general. La duración y gravedad del cuadro son variables, pudiendo abarcar desde infecciones asintomáticas hasta episodios prolongados que requieren atención médica. Se han descrito casos de diarrea crónica, enteritis severa y, de forma excepcional, infecciones extraintestinales como bacteriemia. Estos cuadros invasivos han sido reportados principalmente en pacientes con enfermedades subyacentes o condiciones que comprometen la respuesta inmunitaria15,16.
La falta de un protocolo oficial y una búsqueda activa de este patógeno emergente dificulta establecer una prevalencia real de estos microorganismos9, ya que, usando métodos de cultivo tradicional, la prevalencia reportada de Arcobacter en muestras de heces diarreicas humanas oscila entre un 0,1% y un 2,4%. Sin embargo, usando métodos moleculares (m-PCR) se encuentra una prevalencia mayor, desde un 1,2% en países europeos y hasta un 12,9% en regiones de África.7 Algo común en todos los estudios es que A. butzleri presenta la mayor prevalencia, seguido por A. cryaerophilus y A. skirrowii9,16.
El género Arcobacter ha sido aislado como único patógeno en casos de diarrea documentada, excluyendo otras causas como bacterias enteropatógenas clásicas (Campylobacter, Shigella, Salmonella, E. coli enteropatógeno…), virus y parásitos. De la misma manera, ha sido también documentada la coinfección de Arcobacter con otros patógenos16, en cuyo caso el rol patógeno del Arcobacter no es tan claro. Sin embargo, se logró demostrar que especies de este género han actuado como agentes causales de diarrea del viajero17 y en muy pocas situaciones se ha asociado a bacteremia18.
Hasta el momento, no se ha establecido de manera clara cuál es el rol que juegan en la infección las características del hospedero, incluyendo edad, sexo y estado inmunológico; pero, al igual que con otros patógenos, se estima que son factores predisponentes, que facilitan o propician la infección19.
Tratamiento:
La mayoría de los casos de enteritis causada por Arcobacter son autolimitadas y no requieren de terapia antimicrobiana15, aunque la severidad y prolongación de los síntomas pueden justificar la antibioticoterapia. Para el caso de Arcobacter no se han estandarizado los test de susceptibilidad y se han ensayado E-test, dilución en agar, difusión en agar por discos y métodos de microdilución en caldo,15 los cuales han revelado que algunas cepas de A butzleri son resistentes a clindamicina, azitromicina, metronidazol, cloranfenicol y ampicilina.20-23
El tratamiento con fluoroquinolonas o macrólidos se ha propuesto para el tratamiento de las infecciones por Arcobacter tanto en animales como en humanos, ya que estos presentan una buena actividad contra estas cepas15, aunque se ha detectado un incremento de cepas resistentes a estos antimicrobianos, situación que representa un desafío creciente para el tratamiento clínico y la vigilancia microbiológica21.
CONCLUSIONES
La evidencia científica disponible confirma que Arcobacter constituye un patógeno emergente cuya importancia sanitaria ha sido históricamente subestimada. Aunque la mayoría de las infecciones producen cuadros gastrointestinales autolimitados,15 la amplia distribución ambiental del microorganismo y su presencia en la cadena alimentaria representan factores de riesgo significativos para la población.
El aumento en el número de investigaciones publicadas durante los últimos años refleja tanto una mejora en las técnicas diagnósticas como un mayor reconocimiento del microorganismo por parte de la comunidad científica. No obstante, persisten importantes vacíos de conocimiento relacionados con su verdadera incidencia, mecanismos de transmisión y capacidad patogénica.
Uno de los principales desafíos identificados corresponde a la ausencia de métodos estandarizados para su aislamiento microbiológico. Esta situación dificulta la comparación entre estudios epidemiológicos realizados en diferentes países y probablemente contribuye al subdiagnóstico de numerosos casos clínicos.
La contaminación de alimentos de origen animal continúa siendo la principal vía de transmisión hacia el ser humano.11-13 En consecuencia, las estrategias de prevención deben enfocarse en fortalecer las buenas prácticas de producción pecuaria, mejorar los sistemas de inspección sanitaria y promover una adecuada manipulación de los alimentos tanto en la industria como en los hogares.
La creciente aparición de cepas resistentes a diversos antimicrobianos representa otro aspecto preocupante.20-23 Aunque la mayoría de las infecciones no requiere tratamiento antibiótico, la vigilancia permanente de los perfiles de susceptibilidad resulta indispensable para evitar la propagación de cepas multirresistentes.
Desde la perspectiva de la salud pública, resulta prioritario incorporar Arcobacter dentro de los programas de vigilancia microbiológica de enfermedades transmitidas por alimentos. Asimismo, es necesario desarrollar protocolos internacionales estandarizados que permitan mejorar el diagnóstico, facilitar la comparación de resultados entre laboratorios y fortalecer la investigación epidemiológica.
En conclusión, Arcobacter spp. debe considerarse un microorganismo emergente de relevancia creciente para la salud humana. Su amplia distribución ambiental, la diversidad de reservorios animales, las múltiples vías de transmisión y la limitada capacidad diagnóstica justifican la necesidad de continuar investigando su comportamiento epidemiológico, desarrollar mejores estrategias de control y fortalecer las medidas preventivas destinadas a reducir su impacto sobre la población.
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