Muerte encefálica y donación de órganos: fundamentos clínicos y papel de enfermería en el mantenimiento del potencial donante

3 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Belén Buetas Buera. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  2. Ana Peligero Mindan. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  3. Ingrid Trallero Marco. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  4. Sara Vidaller Guillen. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  5. Natalia Garzo González. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  6. Irene Sánchez Subias. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.

RESUMEN

La muerte encefálica constituye el cese irreversible de todas las funciones del encéfalo y representa, desde el punto de vista científico, ético y legal, el fallecimiento de la persona. Su diagnóstico requiere una evaluación neurológica rigurosa basada en la presencia de coma arreactivo, ausencia de reflejos troncoencefálicos y ausencia de respiración espontánea, complementándose en determinadas situaciones con pruebas instrumentales. La identificación de pacientes en muerte encefálica resulta especialmente relevante por su estrecha relación con la donación de órganos, procedimiento que permite salvar o mejorar la calidad de vida de numerosos pacientes con insuficiencia orgánica terminal. El mantenimiento adecuado del potencial donante constituye un proceso complejo en el que la enfermería desempeña un papel fundamental mediante la vigilancia continua, el control hemodinámico, respiratorio y metabólico, la prevención de infecciones y el apoyo a la familia durante todo el proceso. El objetivo de este artículo es revisar los aspectos fundamentales de la muerte encefálica y la donación de órganos, destacando las principales intervenciones enfermeras orientadas a preservar la viabilidad de los órganos destinados al trasplante.

PALABRAS CLAVE

muerte encefálica, donación de órganos, trasplante, potencial donante, cuidados intensivos, enfermería.

ABSTRACT

Brain death is defined as the irreversible cessation of all brain functions and represents, from a scientific, ethical, and legal perspective, the death of an individual. Its diagnosis requires a rigorous neurological assessment based on the presence of unresponsive coma, absence of brainstem reflexes, and absence of spontaneous respiration, which may be complemented by ancillary tests in specific situations. The identification of patients with brain death is particularly relevant due to its close relationship with organ donation, a procedure that can save lives or improve the quality of life of numerous patients with end-stage organ failure. The adequate management of the potential organ donor is a complex process in which nursing plays a fundamental role through continuous monitoring, hemodynamic, respiratory, and metabolic support, infection prevention, and family support throughout the entire process. The aim of this article is to review the fundamental aspects of brain death and organ donation, highlighting the main nursing interventions aimed at preserving the viability of organs intended for transplantation.

KEY WORDS

brain death, organ donation, transplantation, potential donor, intensive care, nursing.

DESARROLLO DEL TEMA

La donación de órganos constituye uno de los mayores avances de la medicina moderna y representa una oportunidad terapéutica para pacientes con enfermedades graves e irreversibles. Gracias a los programas de trasplante, miles de personas pueden prolongar su supervivencia y mejorar significativamente su calidad de vida. Sin embargo, el éxito de estos procedimientos depende en gran medida de la disponibilidad y adecuada preservación de órganos viables.

La muerte encefálica es la principal fuente de donación de órganos procedentes de donantes fallecidos. Se define como el cese irreversible de todas las funciones encefálicas y es reconocida legalmente como equivalente a la muerte del individuo. Este concepto supuso un importante cambio en la práctica clínica al permitir la extracción de órganos en condiciones óptimas de perfusión antes de que se produzca el deterioro tisular asociado al paro cardiorrespiratorio.

La complejidad del proceso exige la participación coordinada de múltiples profesionales sanitarios. Entre ellos, la enfermería desempeña un papel esencial tanto en la detección precoz del potencial donante como en el mantenimiento fisiológico del organismo y el acompañamiento a las familias durante un momento especialmente difícil.

MUERTE ENCEFÁLICA: CONCEPTO, ETIOLOGÍA Y DIAGNÓSTICO:

La muerte encefálica es consecuencia de una lesión cerebral grave e irreversible que provoca el cese completo de la función neurológica 1.

Entre las principales causas se encuentran:

  • Accidentes cerebrovasculares hemorrágicos o isquémicos.
  • Hemorragia subaracnoidea.
  • Traumatismos craneoencefálicos graves.
  • Tumores cerebrales.
  • Encefalopatías anóxicas.
  • Infecciones del sistema nervioso central.
  • Intoxicaciones.
  • Determinados trastornos metabólicos.

Desde el punto de vista fisiopatológico, una lesión estructural cerebral provoca un aumento progresivo de la presión intracraneal. Este incremento reduce la perfusión cerebral hasta que el flujo sanguíneo cerebral cesa por completo, produciéndose un infarto encefálico total y, finalmente, la muerte encefálica.

Paradójicamente, aunque el cerebro deja de funcionar, otros órganos pueden mantenerse viables durante un tiempo gracias al soporte vital avanzado. Este hecho constituye la base que hace posible la donación de órganos.

CRITERIOS FUNDAMENTALES PARA DIAGNÓSTICO DE MUERTE ENCEFÁLICA:

El diagnóstico de muerte encefálica se basa fundamentalmente en una exploración neurológica sistemática realizada por médicos expertos. Para poder llevarla a cabo deben cumplirse determinadas condiciones clínicas que permitan interpretar correctamente los hallazgos neurológicos 1.

Entre estas condiciones encontramos:

  • Etiología conocida e irreversible.
  • Estabilidad hemodinámica.
  • Temperatura corporal adecuada (<32º)
  • Correcta oxigenación y ventilación.
  • Ausencia de alteraciones metabólicas graves.
  • Ausencia de efectos farmacológicos que puedan interferir con la valoración neurológica como depresores del sistema nervioso central o bloqueantes neuromusculares.

COMA ARREACTIVO:

El primer criterio diagnóstico es que el paciente presente un coma profundo sin respuesta a estímulos dolorosos aplicados en el territorio del nervio trigémino. El paciente de coma profundo y arreactivo con nivel 3 en la Escala de Coma de Glasgow. Se realiza estimulación algésica en el territorio del trigémino (supraorbitario, labio superior y A.T.M. a lo que no debe haber respuesta). Es importante conocer que pueden persistir ciertos reflejos medulares, como reflejos de retirada o movimientos espinales automáticos. Estos hallazgos no contraindican el diagnóstico de muerte encefálica y no deben confundirse con actividad cerebral residual

AUSENCIA DE REFLEJOS TRONCOENCEFÁLICOS:

La exploración del tronco encefálico es el núcleo del diagnóstico; se realiza una exploración rigurosa y sistemática para asegurar la ausencia de determinados reflejos:

  • Reflejo fotomotor: Explora el mesencéfalo haciendo incidir una luz sobre las pupilas y evaluando reacción; la respuesta normal es observar miosis pupilar ante el estímulo luminoso. Se exploran las vías aferente y eferente del nervio óptico (par craneal II)
  • Reflejo corneal: Explora la protuberancia mediante la estimulación de la córnea con una gasa. Se evalúa la ausencia de contracción palpebral evaluando la vía aferente del nervio trigémino (V par) y la vía eferente del nervio vestibulococlear (VII par)
  • Reflejo oculovestibular: Explora la unión bulbo-protuberancia realizando giros bruscos de la cabeza del paciente mientras este se encuentra con los ojos abiertos. Si los ojos se quedan fijos en el centro o se mueven hacia el mismo lado que la cabeza es una indicación de alteración o disfunción en el tronco cerebral. Este reflejo también se llama “ojos de muñeca”. Evalúa la vía aferente del nervio vestibulococlear (VIII par) y via eferente del nervio motor ocular (III par) y motor ocular externo (VI par)
  • Reflejo oculocefálico: Explora la unión bulbo-protuberancia mediante la inyección de 50 ml de suero frío con los ojos del paciente abiertos mientras está reclinado 30º. En el paciente sano observamos nistagmo compensatorio hacia el lado contrario al estimulado. Evalúa la vía aferente del nervio vestibulococlear (VIII par) y la vía eferente del nervio motor ocular común y externo (III y VI par)
  • Reflejo nauseoso: Explora el bulbo mediante la estimulación del velo del paladar blanco, la úvula y orofaringe. La reacción de un paciente sano sería la aparición de náuseas. Evalúa la vía aferente del nervio glosofaríngeo (IX par) y la vía eferente del nervio vago (X par)
  • Reflejo tusígeno: Explora el bulbo mediante la introducción de una sonda por el tubo orotraqueal para la estimulación de la tráquea. La respuesta normal sería la aparición de tos. Evalúa la vía aferente del nervio glosofaríngeo (IX par) y la eferente del nervio vago (X par)

TEST DE ATROPINA

Exploración farmacológica del nervio vago (X par craneal) mediante la administración de 0,04 mg/kg de atropina. Si se produce un aumento < 10% de la frecuencia cardiaca del paciente se considera test positivo lo que indica muerte encefálica. Es importante realizar este test una vez ya ha sido realizada la valoración pupilar puesto que la atropina afecta a la reacción de estas.

TEST DE APNEA

Constituye una de las pruebas más importantes del diagnóstico. Se realiza tras completar la exploración neurológica y confirma la ausencia de respiración espontánea cuando el aumento de dióxido de carbono arterial no provoca ningún esfuerzo respiratorio.

PRUEBAS DIAGNÓSTICAS INSTRUMENTALES

En determinadas situaciones, especialmente cuando la exploración clínica no puede completarse o existen dudas diagnósticas, pueden emplearse pruebas complementarias. Por ejemplo el electroencefalograma, el bispectral index scale (BIS) o los potenciales evocados valoran la función neuronal mientras que el doppler transcraneal, la arteriografía cerebral convencional y la angiografía cerebral mediante TC exploran el flujo sanguíneo cerebral.

DONACIÓN DE ÓRGANOS: ASPECTOS FUNDAMENTALES:

La legislación española reconoce la muerte encefálica como equivalente legal de la muerte. Asimismo, establece que el diagnóstico debe realizarse por un equipo médico independiente del encargado de la extracción y el trasplante de órganos 2.

La donación se fundamenta en principios éticos esenciales:

  • Altruismo.
  • Gratuidad.
  • Anonimato.
  • Confidencialidad.
  • Equidad en la distribución de órganos.

Existen dos modalidades principales de donación:

  • Donación de órganos de donante fallecido, tras muerte encefálica o parada cardiorrespiratoria irreversible.
  • Donación de órganos de donante vivo, realizada de forma voluntaria, altruista y gratuita.

El éxito de la donación depende de la adecuada conservación de los órganos desde el momento del diagnóstico de muerte encefálica hasta la extracción quirúrgica.

España mantiene desde hace décadas una posición de liderazgo mundial en donación y trasplantes gracias al modelo organizativo impulsado por la Organización Nacional de Trasplantes, basado en la coordinación hospitalaria y la formación específica de los profesionales implicados.

APLICACIÓN CLÍNICA EN ENFERMERÍA:

La enfermería constituye una pieza clave en el proceso de donación de órganos. Sus funciones abarcan la detección de potenciales donantes, la colaboración con los coordinadores de trasplantes, el mantenimiento fisiológico del donante y el apoyo emocional a la familia 2,3.

DETECCIÓN DEL POTENCIAL DONANTE:

La identificación precoz de pacientes susceptibles de evolucionar hacia muerte encefálica constituye una de las primeras funciones enfermeras dentro del proceso de donación. La vigilancia continua en las unidades de cuidados intensivos permite detectar signos de deterioro neurológico y activar tempranamente los protocolos de donación.

MANTENIMIENTO DE LA FUNCIÓN CARDIOVASCULAR:

Tras la muerte encefálica se producen importantes alteraciones cardiovasculares secundarias a la pérdida del control autonómico. La hipotensión es una de las complicaciones más frecuentes y puede comprometer la perfusión de los órganos.

La enfermería debe realizar:

  • Monitorización continua de presión arterial y frecuencia cardíaca.
  • Control de la presión venosa central.
  • Registro horario de la diuresis.
  • Administración de fluidoterapia.
  • Colaboración en el manejo de fármacos vasoactivos.

MANTENIMIENTO DE LA FUNCIÓN RESPIRATORIA:

La adecuada oxigenación resulta imprescindible para preservar la función orgánica.

Las intervenciones incluyen:

  • Control de ventilación mecánica.
  • Aspiración de secreciones.
  • Vigilancia de saturación de oxígeno.
  • Cuidados del tubo endotraqueal.
  • Elevación del cabecero a 30°.

CONTROL DE LA TEMPERATURA CORPORAL:

La hipotermia puede afectar negativamente a la función cardíaca, hepática y renal. Por ello, es necesario monitorizar la temperatura de forma periódica y aplicar medidas de calentamiento cuando sea necesario, incluyendo mantas térmicas y fluidos calentados.

CONTROL ENDOCRINO Y METABÓLICO:

La muerte encefálica genera importantes alteraciones hormonales que pueden afectar a la estabilidad fisiológica del donante.

La enfermería debe monitorizar:

  • Glucemia.
  • Balance hídrico.
  • Alteraciones electrolíticas.
  • Diuresis horaria.
  • Signos de diabetes insípida.

PREVENCIÓN DE INFECCIONES:

Los pacientes potencialmente donantes presentan múltiples factores de riesgo infeccioso derivados de la ventilación mecánica, la presencia de catéteres y la inmovilidad prolongada. Debido a que la infección es una de las principales amenazas para la viabilidad de los órganos las medidas preventivas deben realizarse de forma exhaustiva; entre estas destacamos:

  • Higiene corporal diaria.
  • Cuidados asépticos de catéteres.
  • Vigilancia de heridas.
  • Cambios posturales.
  • Manejo adecuado de sondas y drenajes

APOYO EMOCIONAL Y ACOMPAÑAMIENTO A LA FAMILIA:

El diagnóstico de muerte encefálica supone una de las situaciones más complejas y emocionalmente difíciles a las que puede enfrentarse una familia dentro del ámbito hospitalario. A pesar de que desde el punto de vista médico y legal la muerte encefálica equivale al fallecimiento de la persona, la presencia de latido cardíaco, la ventilación mecánica y la apariencia externa del paciente pueden generar confusión, incredulidad y dificultades para comprender la situación real. Esta circunstancia convierte la comunicación y el acompañamiento familiar en un aspecto esencial del proceso asistencial3.

La enfermería, debido a su contacto continuo con el paciente y sus familiares, suele convertirse en el profesional de referencia durante este periodo. Su proximidad favorece el establecimiento de una relación terapéutica basada en la confianza, permitiendo identificar las necesidades emocionales de la familia y proporcionar apoyo individualizado. La escucha activa, la empatía y la disponibilidad para resolver dudas son herramientas fundamentales para ayudar a los familiares a afrontar el impacto inicial de la noticia y favorecer una adecuada comprensión del proceso.

Uno de los principales objetivos de la atención enfermera es facilitar la adaptación de la familia a la situación de pérdida. Para ello, resulta imprescindible ofrecer información clara, veraz y comprensible, evitando tecnicismos que puedan dificultar la comprensión. Los familiares deben recibir explicaciones sobre qué es la muerte encefálica, cómo se ha diagnosticado y por qué se considera el fallecimiento de la persona, incluso cuando el corazón continúa latiendo gracias al soporte artificial. Una información adecuada disminuye la incertidumbre, reduce la ansiedad y favorece una toma de decisiones más consciente.

Asimismo, la enfermería desempeña un papel importante en la detección de reacciones emocionales intensas, como sentimientos de culpa, negación, ira o desesperanza. Estas respuestas forman parte del proceso normal de afrontamiento ante una pérdida inesperada y requieren un acompañamiento respetuoso y libre de juicios. La identificación precoz de situaciones de especial vulnerabilidad permite además solicitar la colaboración de otros profesionales, como psicólogos clínicos o equipos de apoyo al duelo, cuando sea necesario.

Cuando existe la posibilidad de donación de órganos, el apoyo emocional adquiere una relevancia aún mayor. Aunque la solicitud formal de donación corresponde a los coordinadores de trasplantes, la enfermería contribuye a crear un entorno de confianza que favorece la comunicación y el respeto a los tiempos de la familia. El profesional de enfermería debe mantener una actitud de neutralidad y respeto hacia las decisiones familiares, independientemente de cuál sea la respuesta final respecto a la donación.

Además, es importante favorecer la intimidad familiar y facilitar espacios donde los allegados puedan permanecer junto al paciente, despedirse y expresar sus emociones. Estas intervenciones, aparentemente sencillas, tienen un gran impacto en la vivencia del proceso de duelo y en la percepción de la calidad de la atención recibida.

En definitiva, el acompañamiento familiar no debe considerarse una actuación secundaria, sino una parte fundamental de los cuidados integrales proporcionados al potencial donante y a su entorno. La atención humanizada, la comunicación efectiva y el apoyo emocional constituyen elementos esenciales para garantizar una asistencia de calidad en un momento especialmente sensible para las familias.

CONCLUSIONES

La muerte encefálica constituye una situación clínica compleja que representa el fallecimiento legal, ético y científico del individuo y que, al mismo tiempo, posibilita la donación de órganos como una alternativa terapéutica para numerosos pacientes. Su diagnóstico requiere una valoración neurológica rigurosa y protocolizada que garantice la seguridad y la transparencia del proceso.

La preservación adecuada del potencial donante es fundamental para asegurar la viabilidad y calidad de los órganos destinados al trasplante. En este contexto, la enfermería desempeña un papel esencial mediante la monitorización continua, el mantenimiento de las funciones fisiológicas, la prevención de complicaciones y el acompañamiento a las familias.

La formación específica de los profesionales de enfermería en el manejo del paciente en muerte encefálica y en el mantenimiento del potencial donante debe considerarse una prioridad dentro de las unidades de cuidados intensivos. El desarrollo de competencias técnicas, éticas y comunicativas permite ofrecer una atención integral basada en la evidencia científica y centrada tanto en la calidad de los órganos trasplantados como en el bienestar de las familias.

En conclusión, la muerte encefálica y la donación de órganos constituyen procesos estrechamente relacionados que requieren una actuación coordinada y especializada. La enfermería, gracias a su papel asistencial, educativo y humano, se posiciona como un elemento clave para garantizar la excelencia de los cuidados, favorecer el éxito de los trasplantes y contribuir al mantenimiento de una cultura de donación basada en la solidaridad, el respeto y la confianza social.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Ordoñez Sanchez IE, Peñafiel Gomez MD, Briones Morales VE, Ordoñez Sanchez TE. Revisión Bibliográfica y Metanálisis de los Protocolos Diagnósticos Actuales para Muerte Encefálica en Adultos. Ciencia Latina20 25;9(3):5687–98.
  2. Solís-López T de J, Gallegos-Martínez J. Guía clínica intervenciones de enfermería en procuración de órganos de personas adultas con muerte encefálica. Rev Enferm Neurol 2023;22(2):84–98.
  3. Coronel-Pilataxi M, PN Núñez-Núñez, TG Simbaña-Toledo, GR Medina-Naranjo. El papel de la enfermería en el proceso de donación de órganos. Rev, Arbitr, Interdiscip, Cienc, Salud. 2024;8(1):447–54.

 

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