AUTORES
- María Calejero Martínez. Graduada en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Cristina Antón Gutiérrez. Graduada en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Jorge Fle Usón. Graduado en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Alba García Varona. Graduada en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Manuel Piazuelo Guíu. Graduado en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Jaime Sahún Calavia. Graduado en Enfermería. Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
RESUMEN
La osteoporosis es una enfermedad ósea crónica y silenciosa caracterizada por una baja densidad mineral ósea y deterioro de la microarquitectura ósea, lo que incrementa el riesgo de fracturas por fragilidad, especialmente en la cadera, columna y antebrazo. Afecta principalmente a mujeres posmenopáusicas y adultos mayores. Su diagnóstico se basa en la densitometría ósea (DEXA), y su clasificación incluye osteoporosis primaria (asociada al envejecimiento y menopausia) y secundaria (por enfermedades o medicamentos como los glucocorticoides).
Entre los factores de riesgo se encuentran aspectos no modificables como la edad y la genética, y modificables como el tabaquismo, el sedentarismo, el consumo excesivo de alcohol y cafeína, y una dieta deficiente. La prevención primaria y secundaria se basa en hábitos saludables: nutrición adecuada (especialmente calcio, vitamina D y proteínas), ejercicio físico regular (especialmente ejercicios con carga y resistencia), y evitar factores de riesgo.
La actividad física es clave en todas las etapas de la vida, y especialmente importante durante el crecimiento y en la menopausia para preservar la masa ósea. Las estrategias nutricionales y el estilo de vida saludable tienen un papel esencial en la prevención de la osteoporosis y la reducción del riesgo de fracturas, contribuyendo a un envejecimiento más saludable.
PALABRAS CLAVE
Osteoporosis, menopausia, prevención, tratamiento no farmacológico.
ABSTRACT
Osteoporosis is a chronic and silent bone disease characterized by low bone mineral density and deterioration of bone microarchitecture, which increases the risk of fragility fractures, especially in the hip, spine, and forearm. It primarily affects postmenopausal women and older adults. Diagnosis is based on bone densitometry (DEXA), and osteoporosis is classified as either primary (related to aging and menopause) or secondary (due to underlying conditions or medications like glucocorticoids).
Risk factors include non-modifiable aspects such as age and genetics, and modifiable ones like smoking, sedentary lifestyle, excessive alcohol and caffeine consumption, and poor nutrition. Primary and secondary prevention focuses on healthy habits: adequate nutrition (especially calcium, vitamin D, and protein), regular physical activity (especially weight-bearing and resistance exercises), and avoiding harmful factors.
Physical activity is crucial at all stages of life, particularly during growth and menopause, to preserve bone mass. Nutritional strategies and a healthy lifestyle play a fundamental role in preventing osteoporosis and reducing the risk of fractures, contributing to healthier aging. Early adoption of preventive measures not only improves bone density but also reduces fracture risk in adulthood and old age, promoting a more active and healthy life.
KEY WORDS
Osteoporosis, menopause, prevention, non farmacological treatment.
DESARROLLO DEL TEMA
Definición y epidemiología de la osteoporosis:
La osteoporosis es un trastorno óseo crónico que se caracteriza por una resistencia esquelética comprometida debido al aumento del recambio óseo, añadido a una disminución de la densidad mineral ósea (DMO) que predispone a las personas a una mayor incidencia de fracturas1. Es una enfermedad esquelética sistémica que causa una gran morbilidad y mortalidad. Puede afectar a personas de todas las edades, pero con mayor frecuencia afecta a las mujeres posmenopáusicas. Es una enfermedad asintomática, sin embargo, al aumentar el riesgo de fracturas puede ser responsable de generar dolor y discapacidad significativa2.
La prevalencia real de la osteoporosis es difícil de establecer, ya que es una enfermedad asintomática hasta la aparición de complicaciones, lo que hace difícil su identificación. Se estima que afecta al 10,2% de los adultos mayores de 50 años3. Las mujeres se ven afectadas a una edad más temprana que los hombres, en España la mayoría de las mujeres menores de 50 años tienen una DMO normal, a la edad de 80 años el 27% tienen osteopenia y el 70% tienen osteoporosis en la cadera, en la columna lumbar o en antebrazo4.
Como se indica aumenta mucho el riesgo de fracturas, estas se denominan fracturas por fragilidad. Afectan con mayor frecuencia la cadera, la columna vertebral y la porción distal del antebrazo. Las fracturas por fragilidad causan una gran morbilidad, aproximadamente la mitad de los pacientes que sufren una fractura de cadera pierden la capacidad de vivir de forma independiente. Estimaciones mundiales sugieren que 1 de cada 3 mujeres y 1 de cada 5 hombres mayores de 50 años sufrirán una fractura osteoporótica a medida que envejecen2.
Diagnóstico:
Para el diagnóstico de la osteoporosis en nuestro medio se emplea la densitometría ósea o absorciometría de rayos X, también llamada DEXA. La osteoporosis se puede diagnosticar por una puntuación T de -2,5 o menos, se considera osteoporosis severa si se suma la presencia de una fractura por fragilidad. La osteopenia, el paso anterior a la osteoporosis, se clasifica cuando se obtienen puntuaciones T entre -1 y -2,5. Se debería de considerar la detección de osteoporosis con densitometría para todas las mujeres de 65 años o más, o mujeres posmenopáusicas con factores de riesgo clínicos3.
Factores de riesgo:
Existen una serie de factores de riesgo modificables para la osteoporosis, entre ellos encontramos: la dieta y el estilo de vida, el tabaquismo, el sedentarismo y el consumo excesivo de alcohol. Entre los factores de riesgo no modificables distinguimos: la edad, el tamaño esquelético pequeño, los antecedentes familiares, el sexo femenino, la posmenopausia, las fracturas previas y la raza. Comúnmente la raza caucásica se considera un factor de riesgo para la osteoporosis; sin embargo, las personas asiáticas también tienen un riesgo comparable de desarrollar osteoporosis y fracturas relacionadas2.
Clasificación de la osteoporosis:
La osteoporosis se puede clasificar en dos grupos etiológicos, primaria y la secundaria, siendo la primaria un resultado esperado del envejecimiento, incluye también a la posmenopáusica. La osteoporosis primaria es el trastorno óseo más común en el mundo desarrollado1. La osteoporosis secundaria se refiere a la pérdida ósea asociada con condiciones médicas subyacentes o ciertos medicamentos. La causa más común de osteoporosis secundaria es aquella inducida por la administración de glucocorticoides (GIOP), especialmente en pacientes más jóvenes2.
Etiología de la osteoporosis:
Los huesos comienzan a crecer antes del nacimiento y continúan aumentando en tamaño, fuerza y densidad hasta el final de la segunda década de vida, momento en el cual se ha adquirido más del 95% de la fuerza y DMO. Tras ello, suceden pocos cambios hasta la menopausia, momento en el cual se produce una caída rápida del nivel de estrógenos, consecuencia del cese de la función ovárica. Se produce una aceleración en la pérdida ósea que comienza el año antes de la menopausia y continúa durante otros tres años antes de desacelerar ligeramente, con una tasa moderada de pérdida ósea en los 4 a 8 años posteriores. Las mujeres tienen una pérdida anual media del 2-3% de la masa ósea en los primeros años de la menopausia, cuando esta pérdida se desacelera, se pasa a una pérdida de densidad ósea media del 0,5 y 1% al año. Se calcula que se produce hasta una pérdida del 20% en los 5 – 7 años alrededor de la menopausia. Por ello es clave la cantidad de masa ósea alcanzada al momento de la menopausia para el riesgo posterior de fractura5.
Tratamiento:
El tratamiento de la osteoporosis depende del riesgo de fractura del paciente, la eficacia de la reducción del riesgo de fractura y la seguridad de los medicamentos. Aquellos pacientes con alto riesgo de fractura deben considerar el tratamiento con terapia antirresortiva, incluyendo bifosfonatos y denosumab. En aquellos con riesgo muy alto o con antecedentes de fracturas vertebrales se deben considerar agentes anabólicos como teriparatida, abaloparatida y romosozumab3.
Estrategias de prevención primaria y secundaria:
Es posible disminuir el riesgo de osteoporosis adoptando opciones de estilo de vida saludables que aumenten la masa ósea máxima en niños y adolescentes, y reduzcan la pérdida ósea en adultos. Los factores que mejoran la salud ósea incluyen la nutrición (en particular, la ingesta de calcio y proteínas, pero también vitamina D, potasio, fósforo y otros micronutrientes y macronutrientes), el ejercicio regular con pesas, dejar de fumar y reducir la ingesta de alcohol6.
A todos los pacientes con osteoporosis se les debe aconsejar sobre ejercicios con pesas u actividades que impliquen soportar pesos2, dejar de fumar, moderar el consumo de alcohol, moderar el consumo de cafeína y tomar suplementos de calcio y vitamina D3. A las mujeres posmenopáusicas también se les debe asesorar sobre la modificación del estilo de vida y la salud ósea2,7.
El tabaquismo provoca cambios a nivel de la microarquitectura del hueso trabecular, lo que resulta en una resistencia ósea reducida al estrés mecánico y a la fricción. Los fumadores, independientemente del género, tienen un mayor riesgo de tener fracturas osteoporóticas. Las mujeres que fuman tienen casi el doble de probabilidades de verse afectadas por la osteoporosis que las mujeres no fumadoras.
En cuanto a la cafeína, se ha demostrado que a dosis altas tiene un impacto negativo en la osteoporosis y las fracturas, particularmente en mujeres posmenopáusicas. Esto se debe en parte a que la cafeína puede conducir a una mayor excreción de calcio en la orina, y esta pérdida no puede compensarse completamente incluso 24 horas después. La ingesta de cafeína conduce a una disminución en la absorción intersticial de calcio, y las dosis altas de cafeína (>300 mg/g o ≥4 tazas al día) pueden acelerar la pérdida ósea a nivel de la columna lumbar en mujeres posmenopáusicas mayores.
Los estudios coinciden que el ejercicio físico es fundamental en la prevención tanto primaria como secundaria de la osteoporosis. Para tener huesos sanos, es necesario hacer ejercicio regularmente, ya que, si los huesos no están energizados y activos físicamente, los mecanorreceptores (osteocitos) no reciben señales sobre la necesidad de remodelación, eliminación de hueso dañado y síntesis de hueso nuevo, resultando en una reducción gradual de la densidad mineral ósea total.
La actividad física en mujeres posmenopáusicas tiene que proporcionar la tensión necesaria esencial para mantener la densidad ósea 8. Es más, los programas de ejercicio físico, que incluyen entrenamiento de fuerza y ejercicios con pesas, además de entrenamiento de equilibrio y coordinación, pueden ayudar a mantener o incluso aumentar la densidad mineral ósea (DMO) de la columna y la cadera, así como a disminuir la frecuencia de caídas en pacientes con DMO baja2. Si bien es cierto que en adultos mayores (≥ 60 años), la masa ósea no se puede ganar a través de la actividad física, pero la pérdida ósea se puede prevenir9.
Los ejercicios de resistencia tienen efectos significativos de bajos a moderados en los cambios de la DMO en mujeres posmenopáusicas. Por otro lado, tanto el entrenamiento de resistencia de carga alta como el de carga baja parecen igualmente efectivos y tienen efectos similares en la DMO del cuello femoral y la columna lumbar en personas mayores. Los entrenamientos de resistencia e impacto de alta intensidad se han demostrado eficaces y no inducen eventos adversos cuando son supervisados en mujeres posmenopáusicas sanas con una masa ósea baja a muy baja5. Los estudios coinciden en que los ejercicios de alto impacto, que generan tensiones grandes y rápidas en el esqueleto, parecen ser los más beneficiosos.
La National Osteoporosis Foundation, la International Osteoporosis Foundation y otros referentes en este campo, recomiendan ejercicios con pesas para prevenir la osteoporosis. Estos incluyen ejercicios de alto impacto como saltar, ejercicios aeróbicos y correr, así como ejercicios de menor impacto como caminar y entrenamiento con pesas. Aunque la evidencia de los ejercicios de alto impacto es la más sólida, el entrenamiento con pesas también parece ser efectivo en mujeres premenopáusicas9.
Si bien la actividad puede ser particularmente beneficiosa para el desarrollo y mantenimiento de huesos sanos y fuertes en niños y adolescentes, un factor determinante de la respuesta ósea al ejercicio depende principalmente de la edad de inicio: prepubescencia, pubertad temprana, adolescencia, adultez joven y madurez. Las adolescentes y las niñas prepúberes pueden obtener el mayor beneficio del ejercicio de carga ósea. La respuesta ósea a la carga mecánica es mayor en niños en crecimiento y adolescentes que en mujeres menopáusicas.
En las mujeres, entre el 80 % y el 90 % de la masa ósea adulta máxima se acumula a los 16 años y casi el 50 % de la masa se adquiere durante los cuatro años circunmenárquicos. La masa ósea máxima se alcanza aproximadamente a los 18 años, y el crecimiento se mantiene hasta la tercera década, a partir de la cual comienza a disminuir. Por ello, la actividad física es un factor fundamental en la acumulación ósea y puede influir significativamente en las ganancias anuales de densidad y masa ósea durante este período. En este grupo de edad, el ejercicio es un medio eficaz para aumentar la masa ósea máxima y proporciona protección contra fracturas de por vida. Se requieren de dos a cuatro sesiones de ejercicio cortas (30 minutos al día o menos) por semana durante un período prolongado para mantener o mejorar los huesos9.
Las actividades de menor impacto, como el ciclismo, el yoga y la natación, que normalmente se recomiendan como actividades de acondicionamiento físico de por vida para las poblaciones que envejecen, generalmente no se consideran osteogénicas. Sin embargo, algunas de ellas se deben de considerar para las mujeres mayores que tienen factores de riesgo o bien con problemas articulares que les impiden participar en actividades de alto impacto, este tipo de actividades que impliquen soportar peso, como entrenamiento de resistencia, posturas específicas de yoga o caminar, pueden mantener la densidad de los huesos5,9.
La nutrición también es una de las estrategias principales de prevención y tratamiento. El calcio y la vitamina D han demostrado tener un papel importante en la estructura y el metabolismo óseo1. El calcio es importante en todas las etapas de la vida para la salud ósea. El desarrollo de la masa ósea máxima y la preservación de la misma en adultos dependen de una ingesta adecuada de calcio, además de otros factores2.
Aumentar el nivel de ingesta de calcio en niños y adolescentes aumenta la masa ósea máxima, reduciendo el riesgo de osteoporosis más adelante. En mujeres que ya han alcanzado su masa ósea máxima, el aumento de la ingesta de calcio se asocia con una pérdida ósea insignificante. Durante la menopausia, los altos niveles de ingesta de calcio en la dieta y/o los suplementos de calcio pueden reducir el riesgo de fracturas durante. Es importante remarcar que los suplementos de calcio por sí solos pueden no ser suficientes para reducir el riesgo de fractura y que se requiere una suplementación adicional de vitamina D, además de que los suplementos de calcio sin vitamina D se pueden asociar con un mayor riesgo de infarto de miocardio.
Las guías europeas recomiendan una ingesta diaria de al menos 1000 mg/día de calcio, 800 UI/día de vitamina D y 1 g/kg de peso corporal de proteínas para todas las mujeres mayores de 50 años en mujeres posmenopáusicas.
Para conseguir adecuados niveles de calcio a través de la dieta destacan los productos lácteos, que además de proporcionar más calcio que otros, aportan proteínas, magnesio, potasio, zinc y fósforo por caloría que cualquier otro alimento. Aproximadamente 250 mg de calcio se pueden obtener de un solo vaso de 200 ml de leche, una porción de 180 g de yogur o 30 g de queso duro, lo que significa que la ingesta diaria recomendada de calcio se puede obtener de solo tres a cuatro porciones de lácteos6.
Un nivel adecuado de vitamina D es necesario para el funcionamiento óptimo de estos tejidos y células2. La vitamina D la podemos encontrar en alimentos como el pescado azul, los champiñones y los productos lácteos 6. Como su obtención a través de la dieta, es más limitada, de media, necesitaríamos obtener entre el 70 % y el 80 % de nuestra vitamina D a través de la exposición solar2.
En cuanto a las proteínas, una mayor ingesta de proteínas en la dieta se asocia con una mayor masa muscular y fuerza, tanto en mujeres posmenopáusicas como en mujeres jóvenes y sanas. Una ingesta mayor a 0,8 g/kg de peso corporal/día se asocia con una mayor DMO, una tasa más lenta de pérdida ósea y un riesgo reducido de fractura de cadera6.
Otras recomendaciones importantes con respecto a la dieta son: limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, ya que promueve la formación de complejos con el calcio, conduciendo a su eliminación a través de las heces y a la apoptosis de los osteoblastos; asegurar la ingesta adecuada de alimentos ricos en ácidos como omega–3, como nueces o pescado azul, recomendar alimentos con un alto índice glucémico y ricos en fibra, como frutas, verduras y cereales integrales, ya que la hiperglucemia aumenta la inflamación, el estrés oxidativo, la resorción ósea debido a la acidosis y la excreción urinaria de calcio1.
CONCLUSIONES
La prevención y el manejo de la osteoporosis requieren un enfoque integral que combine una nutrición adecuada, actividad física regular y cambios en el estilo de vida1,2,5. Factores como una ingesta suficiente de calcio, vitamina D y proteínas, la práctica de ejercicios con carga, y la reducción de hábitos perjudiciales como el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol y cafeína, son fundamentales para mantener la salud ósea en todas las etapas de la vida2,3. Se deben de dar recomendaciones basadas en la etapa vital que se encuentra cada uno, ya que, en las mujeres posmenopáusicas, los niños y los adolescentes, las intervenciones pueden tener un gran impacto positivo en la acumulación y preservación de la masa ósea. Adoptar medidas preventivas desde edades tempranas no solo mejora la densidad mineral ósea, sino que también reduce el riesgo de fracturas en la adultez y la vejez, promoviendo así un envejecimiento saludable y activo5,9.
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