Prevención de caídas: intervenciones enfermeras basadas en la evidencia para mejorar la seguridad del paciente

2 octubre 2026

 

AUTORES

  1. Leyre Lecumberri Alzueta. Hospital Universitario de Navarra. Navarra. España.
  2. Amaia Ros Maiz. Hospital Universitario de Navarra. Navarra. España.
  3. Sara Chocarro Arróniz. Hospital Universitario de Navarra. Navarra. España.

RESUMEN

Las caídas constituyen uno de los eventos adversos más comunes en los sistemas sanitarios y pueden producir lesiones, pérdida de autonomía, deterioro funcional, prolongación de la estancia hospitalaria y el aumento de los costes asistenciales. El riesgo es especialmente importante en las personas mayores y en pacientes con alteraciones de la marcha y el equilibrio, deterioro cognitivo, polimedicación, déficits sensoriales o factores ambientales desfavorables. El objetivo de este trabajo es revisar la evidencia disponible sobre las principales intervenciones enfermeras dirigidas a prevenir las caídas y analizar su aplicación en diferentes ámbitos asistenciales. Se realizó una revisión narrativa de literatura científica y documentos de práctica clínica, con búsqueda de publicaciones en PubMed y de documentos de organismos y grupos de referencia. La evidencia consultada indica que la prevención debe basarse en una valoración individualizada y en intervenciones adaptadas a los factores de riesgo identificados. El ejercicio orientado al equilibrio y a la función reduce las caídas en personas mayores que viven en la comunidad. En el ámbito hospitalario, la educación del paciente y de los profesionales ha demostrado efectos favorables, mientras que las estrategias multifactoriales pueden ser útiles cuando se adaptan al perfil de riesgo. La revisión de la medicación debe integrarse en programas multimodales sin ser considerada, de forma aislada, una estrategia suficiente. La enfermería desempeña un papel clave mediante la valoración continua, la educación sanitaria, la adecuación del entorno, la supervisión de la movilidad y la coordinación interdisciplinar. La prevención eficaz requiere individualización, continuidad asistencial y reevaluación periódica.

PALABRAS CLAVE

Accidentes por caídas, seguridad del paciente, atención de enfermería, anciano, evaluación de riesgos.

ABSTRACT

Falls are among the most frequent adverse events in healthcare and may cause injuries, loss of independence, functional decline, prolonged hospital stay and increased healthcare costs. Risk is particularly relevant in older adults and in patients with gait or balance impairment, cognitive impairment, polypharmacy, sensory deficits or unfavorable environmental factors. The aim of this paper is to review the available evidence on the main nursing interventions for fall prevention and to analyze their application across healthcare settings. A narrative review of scientific literature and clinical practice documents was conducted, using PubMed and documents from relevant organizations and expert groups. The evidence indicates that prevention should be based on individualized assessment and interventions tailored to identified risk factors. Exercise focused on balance and functional ability reduces falls among community-dwelling older adults. In hospital settings, patient and staff education has shown favorable effects, while multifactorial strategies may be useful when adapted to individual risk profiles. Medication review should be incorporated into multimodal prevention programs rather than considered a sufficient stand-alone intervention. Nurses play a central role through ongoing assessment, patient education, environmental modification, mobility supervision and interdisciplinary coordination. Effective prevention requires individualized care, continuity and regular reassessment.

KEY WORDS

Accidental falls, patient safety, nursing care, aged, risk assessment.

INTRODUCCIÓN

Las caídas constituyen un problema significativo de salud pública y de seguridad del paciente. Pueden afectar a personas de cualquier edad, aunque la frecuencia y la gravedad de sus consecuencias se elevan en las personas mayores. La Organización Mundial de la Salud señala que entre el 20% y el 30% de las personas mayores que sufren una caída presentan lesiones de moderadas a graves, entre ellas contusiones, fracturas de cadera y traumatismos craneoencefálicos¹. Además, las consecuencias de una caída pueden comprometer la autonomía, acentuar la necesidad de atención sanitaria y favorecer el deterioro funcional.

La prevención de caídas no debe limitarse a identificar a las personas consideradas de riesgo mediante una escala. Las recomendaciones internacionales proponen una estrategia centrada en la persona, con detección del riesgo, valoración multifactorial en quienes presentan mayor riesgo y diseño de intervenciones multidominio individualizadas². Esta perspectiva resulta especialmente significativa para enfermería, debido a su posición privilegiada para observar la evolución clínica, identificar cambios en la movilidad y el estado cognitivo, educar al paciente y coordinar medidas preventivas.

La evidencia disponible muestra también que determinadas intervenciones presentan efectos distintos según el ámbito asistencial. El ejercicio es una intervención eficaz en personas mayores que viven en la comunidad³, sin embargo, en hospitales la educación del paciente y de los profesionales ha mostrado una reducción de las caídas en los estudios sintetizados en revisiones recientes⁴. Es por eso que la prevención debe adaptarse al contexto y a las necesidades individuales.

OBJETIVOS

Objetivo general: analizar la evidencia científica disponible sobre las intervenciones enfermeras dirigidas a la prevención de caídas y su contribución a la seguridad del paciente.

Objetivos específicos: identificar los principales factores de riesgo relacionados con las caídas; describir las intervenciones preventivas aplicables desde enfermería; analizar la evidencia sobre ejercicio, educación, revisión de medicación y medidas ambientales; y establecer recomendaciones para la práctica asistencial.

METODOLOGÍA

Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica. La búsqueda se orientó a publicaciones relacionadas con prevención de caídas, personas mayores, intervenciones de enfermería, prevención hospitalaria, ejercicio, educación sanitaria y revisión de medicación. Se consultó PubMed y se revisaron documentos de referencia y guías internacionales. Se priorizaron revisiones sistemáticas, metaanálisis, guías de práctica clínica y documentos institucionales con relevancia para la práctica sanitaria.

Se consideraron especialmente las publicaciones que aportaban evidencia sobre intervenciones preventivas y recomendaciones aplicables a la atención de personas mayores. Se excluyeron documentos sin relación directa con la prevención de caídas o que no aportaran información útil para los objetivos planteados. Debido al carácter narrativo de la revisión, no se realizó metaanálisis propio ni se aplicó un protocolo de revisión sistemática.

RESULTADOS

El riesgo de caída es multifactorial. Entre los factores individuales se encuentran las alteraciones de la marcha y el equilibrio, la debilidad muscular, el deterioro cognitivo, determinados trastornos neurológicos, los déficits visuales, la hipotensión y el uso de medicamentos que pueden elevar el riesgo. También deben considerarse los factores ambientales y conductuales. Las guías internacionales recomiendan que la valoración se oriente a identificar factores modificables y a seleccionar intervenciones acordes con las necesidades de cada persona².

En la práctica enfermera, la valoración debe realizarse al inicio de la atención y se repetirá cuando se produzcan cambios clínicos, funcionales o farmacológicos. Las escalas de riesgo pueden contribuir a estructurar la valoración, pero no deben sustituir el juicio clínico ni la evaluación individual. La intervención debe dirigirse a los factores detectados y revisarse de forma periódica.

La prevención multifactorial combina diferentes actuaciones según los factores de riesgo identificados. Las recomendaciones internacionales señalan que las personas mayores con riesgo alto deben recibir una valoración integral y un plan personalizado que contemple distintos dominios². Entre las actuaciones pueden incluirse el entrenamiento de la marcha y el equilibrio, la revisión de medicación, la valoración visual, la adecuación del entorno, la optimización de ayudas técnicas y la educación.

En el ámbito hospitalario, las intervenciones preventivas incluyen educación del paciente y de los profesionales, modificaciones ambientales, dispositivos de ayuda, rehabilitación, gestión de la medicación y medidas dirigidas a pacientes con alteraciones cognitivas. Una revisión sistemática y metaanálisis de 2022 encontró que la educación fue la intervención que mostró un efecto estadísticamente significativo en el conjunto de metaanálisis hospitalarios, aunque también se observaron resultados favorables en algunos estudios individuales con intervenciones multifactoriales⁴.

El ejercicio constituye una de las intervenciones con mayor respaldo científico en personas mayores que viven en la comunidad. Una revisión Cochrane que incluyó 59 estudios y 12.981 participantes encontró que el ejercicio rebajó la tasa de caídas en un 23%, con evidencia de alta certeza; los ejercicios de equilibrio y funcionales redujeron la tasa de caídas aproximadamente un 24%³.

Desde enfermería, la promoción de la actividad física debe realizarse de forma individualizada y coordinada con fisioterapia u otros profesionales cuando sea necesario. La intervención debe considerar la capacidad funcional, las comorbilidades, el riesgo de lesión y las preferencias de la persona. En pacientes hospitalizados, mantener la movilidad segura y evitar tanto la inmovilidad innecesaria como la deambulación sin supervisión cuando exista riesgo elevado son aspectos esenciales.

La educación debe dirigirse al paciente, la familia y, cuando corresponda, los cuidadores. Debe utilizar mensajes claros y adaptados a la capacidad cognitiva y funcional de la persona. Entre los contenidos pueden incluirse el uso adecuado de ayudas técnicas, la importancia de solicitar ayuda cuando sea necesario, el empleo de calzado seguro, la eliminación de obstáculos y la comunicación de síntomas como mareo o inestabilidad.

En el hospital, la educación del paciente y del personal se ha asociado con una disminución de las caídas en la revisión sistemática y metaanálisis de Morris y colaboradores⁴. La educación no debe considerarse una intervención aislada en todos los pacientes, sino integrarse en un plan preventivo adaptado a los riesgos detectados.

La polimedicación y determinados medicamentos pueden contribuir al riesgo de caídas. La revisión farmacológica permite detectar tratamientos potencialmente relacionados con hipotensión, sedación u otros efectos que puedan favorecer una caída. Sin embargo, la evidencia sobre la revisión de medicación como intervención aislada es heterogénea. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2022 concluyó que la revisión o deprescripción no debería implementarse como estrategia única, sino integrarse en intervenciones multimodales debido a la naturaleza multifactorial de las caídas⁵.

La enfermería contribuye identificando cambios en el estado de alerta, mareos, alteraciones de la marcha u otros efectos adversos y comunicándolos al equipo responsable. La modificación o retirada de medicamentos debe realizarse por los profesionales competentes y dentro de un proceso interdisciplinar.

El entorno asistencial debe adaptarse a las capacidades de cada paciente. La iluminación suficiente, la accesibilidad al timbre y a los objetos personales, la eliminación de obstáculos, el mantenimiento de superficies secas y la disponibilidad de ayudas técnicas adecuadas son medidas básicas. En personas con riesgo alto debe planificarse la supervisión de las transferencias y la deambulación de acuerdo con su capacidad funcional.

Las intervenciones tecnológicas, como alarmas o sensores, no deben usarse de forma sistemática como sustituto de la valoración y el cuidado individualizado. En la revisión hospitalaria de Morris y colaboradores, las alarmas de cama o silla, los sensores portátiles y el uso aislado de herramientas de puntuación de riesgo no mostraron una disminución significativa de las caídas en los metaanálisis disponibles⁴.

La enfermería desempeña un papel transversal en la prevención de caídas. Sus funciones incluyen valorar el riesgo, identificar cambios en la situación clínica, planificar medidas individualizadas, educar al paciente y su entorno, supervisar la movilidad, favorecer un entorno seguro y comunicar las necesidades detectadas al equipo interdisciplinar.

Los programas liderados por enfermería pueden integrar valoración, educación, comunicación y medidas ambientales. Una revisión sistemática específica sobre programas de prevención liderados por enfermería identificó beneficios de diferentes intervenciones enfermeras, aunque la heterogeneidad de los programas dificulta establecer un único modelo aplicable a todos los contextos⁶.

La prevención debe entenderse como un proceso continuo. Una persona inicialmente estable puede elevar su riesgo tras una intervención quirúrgica, un cambio farmacológico, un episodio de delirium, una infección, un deterioro funcional o una modificación del nivel de conciencia. Por ello, la reevaluación resulta tan relevante como la valoración inicial.

DISCUSIÓN

La evidencia revisada respalda una concepción multifactorial de la prevención. Las caídas no suelen responder a una única causa y, por ello, una única medida preventiva difícilmente será suficiente para todos los pacientes. Las guías internacionales recomiendan combinar la identificación del riesgo con una valoración de los factores modificables y con intervenciones personalizadas².

El ejercicio presenta una evidencia especialmente consistente en personas mayores que viven en la comunidad³. En el hospital, la educación del paciente y del personal presenta resultados favorables⁴. Sin embargo, algunas medidas utilizadas con frecuencia, como las alarmas o determinadas herramientas de puntuación empleadas de manera aislada, no han demostrado por sí solas una disminución significativa en los metaanálisis disponibles⁴. Esto refuerza la necesidad de evitar protocolos rígidos y de priorizar intervenciones ajustadas al riesgo individual.

La revisión de medicación también debe interpretarse dentro de este enfoque. Pese a que puede formar parte de una estrategia preventiva, la evidencia no respalda su uso como intervención única⁵. La enfermería puede detectar señales de riesgo y facilitar la coordinación con medicina y farmacia, contribuyendo a una revisión segura y contextualizada.

En conjunto, la prevención de caídas requiere una actuación coordinada entre enfermería, medicina, fisioterapia, terapia ocupacional, farmacia y otros profesionales según las necesidades del paciente. La participación del paciente y de sus cuidadores es igualmente importante para favorecer la adherencia y la continuidad de las medidas preventivas.

CONCLUSIONES

Las caídas constituyen un problema notable de seguridad del paciente y requieren una estrategia preventiva individualizada. La evidencia disponible apoya la valoración de factores de riesgo, la aplicación de intervenciones multidominio y la reevaluación periódica. El ejercicio orientado al equilibrio y la función disminuye las caídas en personas mayores que viven en la comunidad, mientras que en el hospital la educación del paciente y del personal ha mostrado resultados favorables.

La revisión de medicación, la adecuación del entorno, la promoción de una movilidad segura y la educación sanitaria deben integrarse en planes adaptados a cada paciente. La enfermería ocupa una posición clave en este proceso mediante la valoración continua, la planificación de cuidados, la educación, la supervisión y la coordinación interdisciplinar. La prevención más eficaz no depende de una única escala o medida, sino de la identificación de los riesgos modificables y de la aplicación coherente de intervenciones ajustadas a las necesidades de cada persona.

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