Prolapso de vejiga (cistocele): abordaje clínico, diagnóstico y tratamiento

29 agosto 2025

 

AUTORES

  1. Adriana Azagra Antin. Enfermera Especialista en Familiar y Comunitaria. Centro de Salud Perpetuo Socorro (Huesca). España.
  2. Sergio Guajardo Esteban Auxiliar Administrativo SALUD (Huesca). España.

 

RESUMEN

El prolapso de vejiga, también denominado cistocele, es una de las formas más comunes de prolapso de órganos pélvicos en mujeres. Se produce cuando la pared anterior de la vagina pierde soporte y permite que la vejiga desciende hacia el canal vaginal, generando síntomas urinarios, sensación de peso o presión, e impacto en la calidad de vida. Es una patología frecuente en mujeres multíparas, posmenopáusicas o con factores de riesgo como obesidad, esfuerzo físico crónico o antecedentes de cirugía pélvica. Este artículo analiza en profundidad su etiología, diagnóstico, clasificación clínica, opciones terapéuticas —conservadoras y quirúrgicas—, así como las recomendaciones para la prevención y el seguimiento a largo plazo.

PALABRAS CLAVE

Prolapso de vejiga, cistocele, órganos pélvicos, disfunción urinaria, tratamiento quirúrgico.

ABSTRACT

Bladder prolapse, also known as cystocele, is one of the most common forms of pelvic organ prolapse in women. It occurs when the anterior vaginal wall loses support, allowing the bladder to descend into the vaginal canal, leading to urinary symptoms, a sensation of pelvic pressure, and impaired quality of life. It is especially prevalent among multiparous, postmenopausal women or those with risk factors such as obesity, chronic physical strain, or prior pelvic surgeries. This article reviews the etiology, diagnostic approach, clinical staging, conservative and surgical treatment options, and current recommendations for long-term prevention and follow-up.

KEY WORDS

Bladder prolapse, cystocele, pelvic organs, urinary dysfunction, surgical treatment.

DESARROLLO DEL TEMA

El prolapso de órganos pélvicos representa una de las principales causas de consulta ginecológica en mujeres mayores de 50 años. En particular, el cistocele es la forma más frecuente, constituyendo hasta el 40-60% de los casos de prolapso pélvico¹. Su aparición compromete de manera significativa la calidad de vida de las pacientes, especialmente por las alteraciones urinarias que conlleva. Aunque no representa una amenaza vital, su abordaje debe ser individualizado para evitar la progresión y mejorar el bienestar funcional y psicológico de las mujeres afectadas.

Anatomía y fisiopatología:

La vejiga se encuentra sostenida por una compleja estructura de músculos, fascias y ligamentos que conforman el suelo pélvico. Entre ellos, destacan el músculo elevador del ano, los ligamentos pubovesicales y la fascia endopélvica. Cuando estas estructuras pierden su integridad —ya sea por traumatismos obstétricos, envejecimiento o presión intraabdominal crónica—, se produce un debilitamiento de la pared vaginal anterior, que permite el descenso parcial o total de la vejiga hacia el canal vaginal².

La disfunción del soporte anterior puede coexistir con otros tipos de prolapso, como el rectocele o el prolapso uterino, lo que complica su diagnóstico y tratamiento.

Factores de riesgo:

Entre los factores predisponentes más relevantes destacan:

  • Multiparidad: El parto vaginal, especialmente con instrumentación, aumenta significativamente el riesgo de daño en el soporte del suelo pélvico.
  • Menopausia: El descenso de estrógenos provoca atrofia del tejido vaginal y pérdida de elasticidad.
  • Obesidad: El aumento de la presión intraabdominal genera mayor tensión sobre las estructuras de soporte.
  • Cirugías ginecológicas previas, como la histerectomía.
  • Hábitos que incrementan la presión abdominal crónica, como tos persistente, estreñimiento o levantamiento frecuente de peso.

 

Clasificación clínica:

Existen diversos sistemas de clasificación, pero el más aceptado actualmente es el sistema POP-Q (Pelvic Organ Prolapse Quantification), que divide el prolapso en estadios del 0 al IV, dependiendo de la magnitud del descenso:

  • Grado I: Descenso leve, sin exteriorización vaginal.
  • Grado II: Prolapso que llega al introito vaginal.
  • Grado III: Prolapso que sobrepasa el introito.
  • Grado IV: Prolapso completo fuera del canal vaginal.

 

Esta clasificación permite estandarizar el diagnóstico y comparar resultados entre estudios y centros clínicos.

Manifestaciones clínicas:

El cistocele puede ser asintomático en estadios iniciales. Sin embargo, los síntomas más frecuentes incluyen:

  • Sensación de peso o «bulto» en la vagina.
  • Incontinencia urinaria de esfuerzo.
  • Retención urinaria o dificultad para iniciar la micción.
  • Infecciones urinarias recurrentes.
  • Dispareunia (dolor durante las relaciones sexuales).

 

Muchas pacientes refieren la necesidad de empujar la vejiga manualmente para vaciarla completamente (maniobra de reducción digital), lo cual evidencia una afectación significativa en la dinámica miccional.

Diagnóstico:

El diagnóstico es fundamentalmente clínico, basado en la historia médica y el examen físico ginecológico con la paciente en posición de litotomía y durante maniobra de Valsalva. Se recomienda evaluar el grado de prolapso con vejiga llena y vacía.

En casos seleccionados, pueden realizarse pruebas complementarias:

  • Ecografía transperineal o transvaginal, útil para evaluar la movilidad uretral.
  • Urodinamia, en pacientes con síntomas urinarios complejos o sospecha de incontinencia oculta.
  • RMN pélvica, especialmente cuando se planea cirugía compleja o hay dudas diagnósticas.

 

Tratamiento:

El abordaje terapéutico depende del grado de prolapso, la sintomatología y las expectativas de la paciente.

Tratamiento conservador:

Está indicado en mujeres con prolapso leve o sin síntomas significativos. Incluye:

  • Ejercicios de Kegel para fortalecer el suelo pélvico.
  • Terapia con estrógenos tópicos en mujeres posmenopáusicas, para mejorar el trofismo vaginal.
  • Pesarios vaginales, dispositivos que se colocan en la vagina para sostener los órganos prolapsados. Requieren seguimiento periódico, pero pueden ser muy efectivos.

 

Tratamiento quirúrgico:

Se reserva para prolapso moderado o severo, o cuando fracasan las medidas conservadoras. Existen varias técnicas, entre ellas:

  • Colporrafia anterior: Repara quirúrgicamente la pared vaginal anterior y refuerza el soporte vesical.
  • Uso de mallas quirúrgicas: Aunque eficaces, han generado controversia por sus posibles complicaciones, como erosión vaginal o dolor crónico. Su uso debe individualizarse.
  • Corrección concomitante de otros prolapsos, si coexisten.

 

El abordaje puede ser vaginal, abdominal o laparoscópico, dependiendo del caso clínico y la experiencia del equipo quirúrgico.

Complicaciones y recurrencias:

Las tasas de recurrencia tras cirugía oscilan entre el 15% y el 30%, especialmente si no se corrigen los factores predisponentes³. Las principales complicaciones postoperatorias incluyen:

  • Hematoma o infección del sitio quirúrgico.
  • Dispareunia persistente.
  • Incontinencia urinaria de novo.
  • Dolor pélvico crónico, especialmente con uso de mallas.

 

Por ello, es esencial un seguimiento postoperatorio adecuado, y una educación clara sobre las medidas preventivas y la importancia del fortalecimiento del suelo pélvico.

Prevención:

La prevención primaria se basa en la promoción de hábitos saludables:

  • Control del peso corporal.
  • Evitar el estreñimiento crónico.
  • Suspender el tabaquismo.
  • Realizar ejercicios de fortalecimiento del suelo pélvico, especialmente tras el parto.
  • Supervisión ginecológica regular en mujeres con factores de riesgo.

 

CONCLUSIONES

El prolapso de vejiga es una entidad clínica frecuente que impacta significativamente en la calidad de vida de muchas mujeres, especialmente en etapas avanzadas de la vida. El diagnóstico precoz, basado en una adecuada valoración clínica, permite instaurar tratamientos conservadores eficaces en etapas iniciales. En casos más severos, la cirugía sigue siendo una opción válida, siempre que se realice una selección cuidadosa de la paciente. La educación sanitaria y la prevención de factores de riesgo son pilares fundamentales en el manejo global del cistocele, contribuyendo a reducir su incidencia y mejorar los resultados funcionales a largo plazo.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Iglesia CB, Smithling KR. Pelvic organ prolapse. Am Fam Physician. 2017;96(3):179–85.
  2. Pelvic organ prolapse. Prolapso de los órganos pélvicos [Internet]. Disponible en: https://sego.es/documentos/progresos/v63-2020/n1/11_Prolapso_de_los_organos_pelvicos_2019.pdf
  3. Maher C, Feiner B, Baessler K, Christmann-Schmid C, Haya N, Brown J. Surgery for women with apical vaginal prolapse. Cochrane Database Syst Rev [Internet]. 2016;10(11):CD012376. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1002/14651858.CD012376

 

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