- Paula López Pérez. Graduada en Enfermería. Hospital Materno-Infantil Miguel Servet. Consultas externas. Zaragoza, España.
- Aldara Cornejo Robles. Graduada en Enfermería. Hospital Clínico Lozano Blesa, Urgencias. Zaragoza, España.
- Julio Carabantes Bautista. Graduado en Enfermería. Hospital Materno-Infantil Miguel Servet. Consultas externas. Zaragoza, España.
- Paula Narro Hernández. Graduada en Enfermería. Hospital Clínico Lozano Blesa, Urgencias. Zaragoza, España.
- Pilar Navarro Palacios. Graduada en Enfermería. Atención Primaria en el Seminario/Romareda.
- Julia Pérez Adiego. Graduada en Enfermería. Hospital Materno-Infantil Miguel Servet. Consultas externas. Zaragoza, España.
RESUMEN
El ejercicio físico influye positivamente en varios mecanismos biológicos afectados por el cáncer, incluyendo el sistema inmune, marcadores inflamatorios, hormonas, y el metabolismo. Esto se traduce en una reducción del riesgo de desarrollar cáncer, mitigación de los efectos secundarios del tratamiento y mejora de la calidad de vida. Además, el ejercicio disminuye la recurrencia tumoral y aumenta la supervivencia. Actúa sobre el sistema nervioso central, cardiovascular y respiratorio, optimizando la entrega de oxígeno y nutrientes, regula los niveles de glucemia y hormonas, y facilita procesos celulares clave en el microambiente tumoral. También reduce la producción de ácidos biliares carcinogénicos, modula la liberación de mioquinas con propiedades antiinflamatorias y promueve la actividad citotóxica de las células inmunitarias, contribuyendo a una respuesta inmunológica más efectiva y una mayor diversidad de la microbiota intestinal.
PALABRAS CLAVE
Actividad física, riesgo de cáncer, prevención del cáncer, ejercicio regular, carcinogénesis.
ABSTRACT
Physical exercise positively influences several biological mechanisms affected by cancer, including the immune system, inflammatory markers, hormones, and metabolism. This translates into a reduced risk of developing cancer, mitigation of treatment side effects, and improved quality of life. Additionally, exercise decreases tumor recurrence and increases overall survival. It acts on the central nervous, cardiovascular, and respiratory systems, optimizing the delivery of oxygen and nutrients, regulating blood glucose and hormone levels, and facilitating key cellular processes in the tumor microenvironment. It also reduces the production of carcinogenic bile acids, modulates the release of myokines with anti-inflammatory properties, and promotes the cytotoxic activity of immune cells, contributing to a more effective immune response and greater diversity in the gut microbiota
KEY WORDS
Physical activity, cancer risk, cancer prevention, regular exercise, carcinogenesis.
INTRODUCCIÓN
El cáncer es una de las principales causas de morbilidad y mortalidad a nivel mundial, y los tratamientos convencionales, aunque efectivos, suelen tener efectos secundarios que afectan negativamente la calidad de vida de los pacientes. En este contexto, el ejercicio físico ha emergido como una intervención complementaria prometedora que no solo mejora el bienestar general de los pacientes, sino que también tiene el potencial de influir en mecanismos biológicos claves alterados por el cáncer. La práctica regular de ejercicio puede impactar positivamente el sistema inmune, los marcadores inflamatorios, las hormonas sexuales y suprarrenales, la reparación del ADN, el estrés oxidativo, el eje insulina/IGF-I y la Vitamina D, resultando en una disminución del riesgo de desarrollar cáncer, una mitigación de los efectos secundarios del tratamiento y una mejora de la calidad de vida1.
El ejercicio físico coordina la actividad del sistema nervioso central, cardiovascular y respiratorio, asegurando una adecuada perfusión y entrega de nutrientes y oxígeno al músculo esquelético, regula los niveles de glucemia y hormonas, y contribuye a procesos celulares antitumorales como la fosforilación oxidativa, la angiogénesis y la capilarización del músculo. Además, reduce la producción de ácidos biliares carcinogénicos y modula la liberación de mioquinas con propiedades antiinflamatorias. Estos efectos fortalecen la respuesta inmunitaria, aumentando la actividad de las células NK, las células T y la diversidad del microbiota intestinal, disminuyendo la inflamación crónica y la prevalencia de bacterias pro-tumorales. En resumen, el ejercicio físico no solo ayuda a mitigar los efectos secundarios del tratamiento oncológico, sino que también desempeña un papel crucial en la prevención y control del cáncer, mejorando significativamente la calidad de vida y la supervivencia de los pacientes1.
OBJETIVOS
OBJETIVO GENERAL:
- Investigar los mecanismos por los cuales el ejercicio físico puede influir en la prevención y tratamiento del cáncer, así como en la mejora de la calidad de vida de los pacientes oncológicos.
OBJETIVOS ESPECÍFICOS:
- Analizar cómo el ejercicio físico influye en el sistema inmune y los marcadores inflamatorios en pacientes con cáncer.
- Determinar el impacto del ejercicio en la reducción de la recurrencia tumoral y el aumento de la supervivencia.
- Explorar cómo la actividad física modifica la composición y diversidad del microbiota intestinal en pacientes con cáncer.
- Investigar los efectos del ejercicio en la reparación del ADN y el estrés oxidativo en el contexto del cáncer.
METODOLOGÍA
Este trabajo se basa en una revisión bibliográfica narrativa enfocada en la relación entre la actividad física y la aparición de cáncer. Para ello, se realizó una búsqueda sistemática de artículos científicos en bases de datos como PubMed, Scielo, y Web of Science. Las palabras clave utilizadas incluyeron «actividad física», «riesgo de cáncer», «prevención del cáncer», «ejercicio regular» y «carcinogénesis».
Los criterios de inclusión incluyeron estudios publicados en inglés o español, accesibles en texto completo y de manera gratuita, y que examinarán la relación entre distintos niveles de actividad física y la incidencia de diversos tipos de cáncer. Se priorizaron investigaciones con diseños epidemiológicos sólidos, como estudios de cohortes, estudios de casos y controles, y metaanálisis, que proporcionarán datos cuantitativos sobre la asociación entre la actividad física y el riesgo de desarrollar cáncer.
Fueron excluidos aquellos estudios que no abordarán de manera específica la relación entre la actividad física y la aparición de cáncer, artículos de opinión, editoriales, o estudios con limitaciones metodológicas significativas, como tamaños de muestra insuficientes o falta de control de variables confusoras.
La selección final de los estudios se centró en aquellos que aportaran evidencia robusta sobre cómo diferentes niveles y tipos de actividad física influyen en la reducción del riesgo de desarrollar cáncer, considerando factores como la intensidad, la frecuencia y la duración del ejercicio.
RESULTADOS
La práctica de ejercicio físico puede influir de forma positiva en ciertos mecanismos biológicos que son alterados por el cáncer, como son: sistema inmune, marcadores inflamatorios, hormonas sexuales, hormonas suprarrenales, reparación del ADN, estrés oxidativo, eje insulina/IGF-I y Vitamina D. Esto se traduce en resultados positivos ya que disminuye el riesgo de desarrollar cáncer, mitiga los efectos secundarios del tratamiento y mejora la calidad de vida. Además, se observa una disminución de la recurrencia tumoral y un aumento de la supervivencia general1.
En primer lugar, la actividad física en una persona sana actúa en su organismo generando en el sistema nervioso central una respuesta sobre la coordinación del sistema cardiovascular y respiratorio, manteniendo así, la perfusión de éstos y facilitando la entrega de nutrientes y oxígeno en el músculo esquelético. Asimismo, las vías aferentes del músculo esquelético (tipo III y IV) se activan junto con quimiorreceptores y barorreceptores respondiendo a las variaciones de temperatura, presión arterial media, pH, pO2 y pCO22.
Por otro lado, la actividad física reduce los niveles de glucemia, facilitando que se libere glucagón del páncreas y, cortisol y adrenalina por parte de la glándula suprarrenal. Todo ello propicia que se retrase la hipoglucemia, disminuyendo así los niveles de insulina, siendo beneficioso para evitar la aparición del cáncer ya que éste está relacionado con concentraciones altas de insulina en la sangre2.
La actividad física también actúa sobre procesos celulares como en el metabolismo aumentando la fosforilación oxidativa, actuando sobre la regulación inmune y aumentando la angiogénesis y la capilarización en el músculo esquelético, siendo éstos, procesos claves en el Microambiente Tumoral (MT), por lo que desencadenaría un efecto anti-tumorgénico3.
La práctica de ejercicio físico provoca un efecto colestático que da lugar a una disminución en la producción de ácidos biliares, los cuáles son considerados agentes carcinógenos, al promover la proliferación de células anormales y dañar el ADN, además de causar reacciones inflamatorias que podrían causar cáncer en especial el de colon4.
El músculo esquelético libera moléculas de señalización en el torrente sanguíneo, entre ellas péptidos como las citoquinas (IL-15, IL-6 y IL-7), pero también proteínas, ácidos nucleicos, metabolitos y lípidos, denominándose mioquinas o miocinas al empaquetamiento de estos. Las miocinas facilitan respuestas inmunológicas específicas, de tal forma que el músculo en contracción libera IL-6 que aumenta con la duración y la intensidad del ejercicio, llegando a alcanzar niveles de 100 veces mayor a las iniciales. Esta liberación de IL-6 debida al ejercicio tiene propiedades antiinflamatorias, disminuyendo los niveles de Factor de Necrosis Tumoral (TNF). Otra de las características de la IL-6 liberada por el ejercicio es que son capaces de unirse a las células NK para propiciar su movilización al torrente sanguíneo y hacía donde se localizan los tumores3.
Las citoquinas IL-15 son capaces de inducir la proliferación de células T de memoria y células asesinas naturales (NK), siendo estas células de gran importancia en el sistema inmunológico ya que gracias a sus enzimas son capaces de atacar a las células tumorales5.
La práctica de ejercicio de forma regular promueve la actividad contra células tumorales (actividad citotóxica) de las células Natural Killer (NK) y cambios en el proteoma, aumentando también el número de células T y demás células inmunitarias. Otros beneficios que podemos encontrar son, por un lado, la disminución de la inflamación sistémica crónica que está íntimamente relacionada con la probabilidad de padecer cáncer. Por otro lado, el ejercicio contribuye a la variabilidad del microbiota intestinal, a la vez que disminuyen los niveles de bacterias que podrían favorecer el desarrollo de tumores3.
El ejercicio puede afectar a otras células inmunitarias como, por ejemplo, disminuyendo la cantidad de células MDSC (Myeloid Derived Suppressor Cell) que tienen la función de suprimir la respuesta inmunitaria, lo cual es positivo para combatir el cáncer. También puede aumentar la cantidad de células dendríticas, importantes para activar a otras células pertenecientes al sistema inmunológico. Además, el ejercicio influye en las células T, modificando su expresión para hacerlas más efectivas para combatir tumores y aumentando el número de células T CD8+, las cuales se infiltran en los tumores y son beneficiosas para eliminar células cancerígenas2.
Además del efecto del ejercicio físico sobre el sistema inmunitario, existe un estudio en el que se demostró en pacientes que padecían cáncer colorrectal y que llevaron a cabo pautas de ejercicio físico, un efecto beneficioso sobre una mejora sobre la diversidad de la microbiota intestinal (diversidad alfa), aumentando el número de bacterias como la Faecalibacterium que actúan retrasando el crecimiento del tumor y redujo a su vez las bacterias asociadas al crecimiento tumoral6.
DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
El ejercicio físico emerge como una intervención no farmacológica crucial para los pacientes oncológicos, impactando positivamente diversos mecanismos biológicos alterados por el cáncer. La actividad física regula el sistema inmune, disminuye marcadores inflamatorios, y optimiza la producción hormonal y la reparación del ADN. Además, mejora el metabolismo y la diversidad del microbiota intestinal, contribuyendo a un entorno menos favorable para el desarrollo tumoral. Estos efectos resultan en una reducción de la recurrencia tumoral, una mayor supervivencia y una notable mejora en la calidad de vida de los pacientes. La implementación de programas de ejercicio personalizado debería ser una parte integral del tratamiento oncológico, considerando sus múltiples beneficios para la salud física y mental. Futuros estudios deben seguir explorando estos mecanismos para optimizar las recomendaciones de ejercicio y maximizar sus beneficios terapéuticos en el contexto del cáncer.
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