AUTORES
- Ana Isabel Castillejo Albarracín. Graduada en Enfermería. Enfermera en el Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza, España).
- David Jiménez Romero. Graduado en Enfermería. Enfermero en el Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza, España).
RESUMEN
La terapia de presión negativa (TPN) es una técnica avanzada usada en el tratamiento de heridas complejas. Consiste en aplicar una presión de vacío controlada mediante un sistema formado por una esponja, un apósito de sellado y un dispositivo de succión. Su función principal es promover la cicatrización, reducir el exudado y el edema, y estimular la formación de tejido de granulación.
La TPN está indicada en heridas crónicas, quirúrgicas, traumáticas, quemaduras e injertos. Entre sus beneficios destacan la disminución del riesgo de infección, la reducción del tamaño de la herida y una mayor comodidad del paciente. Sin embargo, presenta algunas contraindicaciones y posibles complicaciones. La correcta aplicación y supervisión por parte del personal de enfermería resulta esencial para garantizar su eficacia, seguridad y buenos resultados clínicos.
PALABRAS CLAVE
Terapia de presión negativa para heridas, enfermería, cicatrización de heridas, heridas y lesiones.
ABSTRACT
Negative pressure wound therapy (NPWT) is an advanced technique used in the treatment of complex wounds. It involves applying controlled vacuum pressure using a system consisting of a sponge, a sealing dressing, and a suction device. Its main function is to promote healing, reduce exudate and edema, and stimulate the formation of granulation tissue.
NPWT is indicated for chronic, surgical, traumatic, and burn wounds, as well as grafts. Its benefits include a reduced risk of infection, a smaller wound size, and greater patient comfort. However, it has some contraindications and potential complications. Proper application and supervision by nursing staff are essential to ensure its efficacy, safety, and positive clinical outcomes.
KEY WORDS
Negative-pressure wound therapy, nursing, wound healing, wounds and injuries.
INTRODUCCIÓN
Las heridas son lesiones tisulares o de tejidos más profundos que pueden producirse debido a un trauma, una operación quirúrgica o una enfermedad, requiriendo de un proceso de cicatrización para que pueda sanar. A medida de la complejidad de la herida, presentan mayores dificultades en relación con su recuperación, impidiendo la reestructuración normal de esta, así como de la función de las zonas afectadas1.
Las heridas complejas tienen una repercusión significativa y negativa en la calidad de vida de muchas personas en el mundo. En muchos casos, dichas lesiones son consecuencia de complicaciones asociadas a patologías como la diabetes, hipertensión arterial, enfermedad del colágeno, cáncer, insuficiencia renal o cirugías entre otras1.
Las propiedades de las heridas y otros factores tienen un impacto directo en el día a día de los enfermos, provocando dolor, sufrimiento, dependencia, limitaciones físicas, miedo, aislamiento y reducción de la autoestima1.
Así, la cicatrización de las heridas son procesos complejos que comienzan inmediatamente tras la lesión y tiene como finalidad reparar el tejido dañado pasando por varias etapas. En la primera etapa se produce la respuesta vascular y coagulativa, produciéndose la vasoconstricción de los vasos para disminuir la hemorragia, las plaquetas forman un tapón y la fibrina estabiliza el coágulo, sellando la herida y evitando infecciones. La segunda etapa consta de la etapa inflamatoria (tras 24-48 horas), en la que los leucocitos eliminan bacterias y activan la reparación del tejido. En la tercera etapa se da la fase de proliferación (entre el 4-14 días) donde se regenera la epidermis y se forma colágeno y tejido de granulación. Finalmente, se produce la maduración, que puede durar meses o años, el colágeno se reorganiza y refuerza, dando lugar a una cicatriz resistente, aunque el tejido nunca es idéntico al original1,2.
En relación con la cicatrización, la preparación del lecho de la herida consiste en un conjunto de estrategias que buscan optimizar las condiciones locales de para favorecer la cicatrización, basándose en el modelo ‘’TIME’’. Esta perspectiva se centra en 4 aspectos: el control del tejido no viable (T), mediante el desbridamiento para retirar el tejido muerto que impide la cicatrización, el control inflamatorio (I), para disminuir la carga bacteriana, el control de la humedad (M), para mantener el correcto equilibrio del exudado para promover la actividad celular y la estimulación de los bordes del epitelio (E), promoviendo la acción de los queratinocitos para el cierre de la herida2.
En conjunto, esta estrategia trata de formar un entorno correcto para la reparación del tejido, aunque debe entenderse dentro de un manejo integral del paciente incluyendo una valoración continua de la lesión, el control de los factores sistémicos y el uso adecuado de las terapias avanzadas. Dentro de estas terapias se encuentran los apósitos modernos y sistemas especializados de curación avanzada, entre los que destaca la terapia de presión negativa o sistema VAC (Vacuum Assisted Closure), que resulta especialmente útil en heridas complejas al promover la eliminación de exudado, reducir la carga bacteriana y estimular formación de tejido de granulación2.
OBJETIVOS
Objetivo general:
Analizar la terapia de presión negativa como método avanzado para el tratamiento y la cicatrización de heridas complejas.
Objetivos secundarios:
- Identificar las indicaciones, contraindicaciones y complicaciones de su uso.
- Evaluar los cuidados enfermeros asociados a la terapia.
- Analizar las ventajas y desventajas de la TPN.
MATERIAL Y MÉTODO
Para la revisión a cerca de la terapia de presión negativa en heridas se ha procedido a una búsqueda bibliográfica a través de Google Académico con las palabras claves obtenidas a partir de los descriptores DeCS, usando así las palabras claves ‘’terapia de presión negativa para heridas, enfermería, cicatrización de heridas, heridas y lesiones’’ para realizar la búsqueda y usando el conector booleano ‘’AND’’, obteniéndose un total de 9.660 resultados.
Tras ello se usó el filtro de solo artículos en español y se filtraron los artículos según el año de publicación, usando solo artículos a partir de 2021, obteniéndose un total de 2.890 resultados.
Finalmente, se han escogido un total de 5 artículos, los cuales se encuentran adjuntos en la bibliografía.
RESULTADOS
La terapia de presión negativa (TPN), resulta ser un método local, no invasivo y activo que promueve la cicatrización tisular en un entorno húmedo. En la terapia se usa una técnica compuesta de una esponja colocada sobre la herida, un apósito y un dispositivo de succión el cual crea la presión negativa. El sistema va conectado a través de un tubo que lleva la presión hacia la herida3.
La TPN promueve la síntesis vascular y del tejido de granulación, ocluyendo la herida y disminuyendo el edema y el exudado, mejorando a su vez el confort del paciente ya que reduce en número la necesidad del intercambio del apósito3.
La TPN usa niveles de presión que suele oscilar por lo general, entre -50 y -150 mmHg, siendo -125 mmHg el valor más usado por su eficacia en la estimulación de formación tisular y en la eliminación exudativa. No obstante, la posibilidad de ajustar la presión resulta positiva según las características de la lesión3.
Existen diferentes tipos de dispositivos de TPN. Los sistemas fijos, usados principalmente de forma hospitalaria, otorgando un control avanzado de la presión y una gran capacidad de recogida de exudado, siendo adecuado en heridas complejas como por ejemplo el sistema VAC. Por otra parte, se encuentran los dispositivos portátiles como pueden ser los PICO, diseñado para pacientes ambulatorios, ya que pueden facilitar su movilidad y son idóneos para heridas menos graves. Por último, los dispositivos desechables son de un solo uso, funcionan mediante mecanismos manuales de vacío y destacan por su sencillez y facilidad de manejo fuera del entorno hospitalario como el sistema SNAP3.
La TPN constituye una alternativa eficaz para el manejo de diferentes heridas, ya que presenta algunas ventajas como la optimización de las condiciones de curación con absorción del exudado, permite reducir la tasa de infección en heridas infectadas o en riesgo de infección, mejora la adherencia al tratamiento del paciente, disminuye el volumen de la herida y ayuda a eliminar el fluido intersticial. A pesar de ello, el uso de esta terapia también presenta una serie de desventajas como puede el alto coste de estos dispositivos, así como una eficacia oscilante según el tipo de herida y de protocolo4,5.
En cuanto a las indicaciones de esta terapia se encuentra el tratamiento de heridas crónicas como úlceras por presión, heridas abdominales abiertas, heridas agudas, traumáticas, quemaduras, dehiscencias quirúrgicas, infecciones en el sitio quirúrgico, en la necesidad de estabilización de injertos cutáneos y fístulas enterocutáneas5.
En cuanto a las contraindicaciones de su uso, se recomienda no usarlo en la osteomielitis no tratada, fístulas en cavidades corporales, ulceración de causa maligna, en enfermos anticoagulados (precisando en caso de aplicarla de vigilancia estrecha), existencia de tejido necrosado, en estructuras expuestas como tendones, vasos, ligamentos entre otros, en pacientes sensibles al tratamiento con plata y heridas con tejido neoplásico5.
En cuanto a las complicaciones relacionadas de la TPN son escasas y suele relacionarse con el manejo del dispositivo. Las más frecuentes son la maceración de la piel perilesional, el dolor durante las curas, la aparición de infección y el desplazamiento accidental del sistema de succión5.
Así, los cuidados enfermeros previo a la aplicación de la terapia TPN sobre la herida deben empezar por explicar el procedimiento al paciente, solicitando su colaboración en caso de que se precise. Además, se debe proceder al correcto lavado de manos y usar mascarilla y guantes limpios. En caso de que exista ya un apósito previo se debe de proceder a su retirada de forma suave, humedeciéndolo con suero salino fisiológico5.
En cuanto a la aplicación de la TPN, se debe observar el estado de la herida y limpiarla con suero fisiológico de dentro hacia fuera y de arriba hacia abajo y secar con gasas estériles sin realizar la fricción. Tras ello se debe recortar la esponja, adecuándose al tamaño y profundidad de la herida sin necesidad de aplicar presión y asegurándose de que no hace contacto con los bordes sanos, colocar el protector cutáneo alrededor de la herida y sellar la herida con el adhesivo transparente, cuidando de que cubra toda la zona sin formar pliegues para que no haya fugas5.
Una vez colocado, se debe cortar un orificio en el adhesivo de unos 2 cm y colocar el tubo de drenaje por el que se realizará la succión y conectar este al contenedor que va unido a la bomba de vacío, encender la bomba y programarla inicialmente con una presión continua de -125 mmHg y, tras verificar el correcto funcionamiento, programarla según criterio médico5.
Una vez aplicado, los cuidados enfermeros constan de la vigilancia del correcto funcionamiento del dispositivo y de la ausencia de complicaciones, observando que no hay dolor, hemorragias, infección y de si hay excesivo drenaje de la herida. Asimismo, debe verificar que no haya alarmas verificando que la esponja no colapse ni que el sistema se acode ni pierda vacío y realizar el cambio de la esponja cada 2-3 días y del sistema de drenaje cuando precise1,5.
CONCLUSIONES
En conclusión, la terapia de presión negativa se ha consolidado como una herramienta eficaz para el tratamiento de heridas complejas al favorecer la cicatrización mediante un entorno húmedo controlado, la reducción del exudado y la estimulación de la síntesis del tejido de granulación. Su versatilidad permite su aplicación en múltiples tipos de lesiones, desde heridas agudas, crónicas hasta injertos y fístulas, adaptándose a las necesidades del paciente mediante diferentes sistemas de uso hospitalario, ambulatorio o desechable.
Aunque presenta numerosas ventajas clínicas, como la disminución del riesgo de infección, y la mejora del confort del paciente, también requiere una adecuada selección del caso, ya que existen contraindicaciones y posibles complicaciones asociadas a su uso. Por ello, la correcta aplicación y supervisión del sistema por parte del personal enfermero resulta fundamental para garantizar su eficacia y seguridad.
En este sentido, la TPN no solo es un avance terapéutico en el manejo de heridas, sino que también exige una actuación enfermera rigurosa, basada en la valoración continua, la técnica adecuada y la prevención de complicaciones, contribuyendo a una atención integral y de calidad.
BIBLIOGRAFÍA
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- Comité Editorial revista Ocronos. Terapia de presión negativa en la cura de heridas: revisión bibliográfica enfocada en la práctica de Enfermería (2020-2025) [Internet]. Zaragoza: Ocronos – Editorial Científico-Técnica; 2025 [citado 17 de junio de 2026]. Disponible en: https://revistamedica.com/terapia-presion-negativa-cura-heridas-enfermeria-2020-2025/
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