AUTORES
- Marina Cutié Arnalda. Terapeuta Ocupacional, Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Angela Obón Olleta. Terapeuta Ocupacional, Comarca del Bajo Martín. Aragón, España.
- Lucía Bayo Aspíroz. Terapeuta Ocupacional, Atención Temprana de Huesca. Aragón, España.
- María Susín Estremé. Enfermera, Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Laura Tercero Antoni. Enfermera, Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
RESUMEN
INTRODUCCIÓN: El deterioro cognitivo en adultos mayores representa un desafío creciente que afecta a la autonomía, la calidad de vida y la estructura social y sanitaria. Su prevalencia aumenta con el envejecimiento de la población y se asocia a un mayor riesgo de demencia y enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. La detección temprana es esencial, ya que permite aplicar las intervenciones oportunas que pueden ralentizar su progresión y reducir su impacto en los pacientes y sus familias.
El envejecimiento provoca un declive gradual de funciones cognitivas como la memoria, la atención y el razonamiento, fundamentales para el aprendizaje, la planificación y la adaptación al entorno. Factores como enfermedades crónicas, hábitos nocivos, predisposición genética, traumatismos, bajo nivel educativo y escasa estimulación cognitiva aumentan la vulnerabilidad al deterioro. Esto afecta también el lenguaje, la comunicación y la capacidad de realizar actividades de la vida diaria, comprometiendo la independencia y el bienestar.
Un enfoque multidisciplinario es clave para mejorar la funcionalidad y la integración social de los adultos mayores. La rehabilitación geriátrica, que incluye terapia ocupacional, fisioterapia, logopedia y apoyo psicológico, adapta las actividades a las capacidades individuales y promueve la estimulación cognitiva. Estas estrategias contribuyen a un envejecimiento activo, saludable y digno, reduciendo la carga sobre los cuidadores y mejorando la calidad de vida.
Herramientas como el MEC-35 facilitan la evaluación de las funciones cognitivas y guían la intervención.
OBJETIVO: Analizar el papel de la terapia ocupacional en la prevención del deterioro cognitivo en adultos mayores, identificando las estrategias, actividades y programas de intervención que promueven el envejecimiento activo, la autonomía funcional y la calidad de vida.
METODOLOGÍA: Se realizó una búsqueda de textos que nos posibilitó la recogida de información acerca del tema seleccionado.
Las principales fuentes utilizadas en la búsqueda de información, han sido las bases de datos de Pubmed, Scielo y Dialnet además de otros recursos como Alcorze o Google Académico.
RESULTADOS: La terapia ocupacional en adultos mayores con deterioro cognitivo potencia la autonomía, la identidad y la autoestima, adaptando las actividades a las capacidades individuales. Favorece la participación activa en la vida cotidiana y el bienestar emocional, integrando recursos y estrategias de estimulación cognitiva. Los programas personalizados permiten mantener habilidades cognitivas, fortalecer la interacción social y prevenir el deterioro físico y psíquico.
CONCLUSIÓN: La terapia ocupacional es fundamental para prevenir y manejar el deterioro cognitivo en adultos mayores, promoviendo autonomía, autoestima y participación en la vida cotidiana. Las intervenciones personalizadas y la estimulación cognitiva mantienen habilidades cognitivas y fomentan un envejecimiento activo. Además, fortalecen la interacción social, los vínculos familiares y la calidad de vida, incluso en casos de deterioro leve o moderado.
PALABRAS CLAVE
Terapia ocupacional, deterioro cognitivo, adulto mayor, envejecimiento saludable, estimulación cognitiva, calidad de vida.
ABSTRACT
INTRODUCTION: Cognitive impairment in older adults represents a growing challenge that affects autonomy, quality of life, and social and healthcare structures. Its prevalence increases with the ageing of the population and is associated with a higher risk of dementia and neurodegenerative diseases such as Alzheimer’s. Early detection is essential, as it allows for timely interventions that can slow its progression and reduce its impact on patients and their families.
Aging causes a gradual decline in cognitive functions such as memory, attention and reasoning, which are essential for learning, planning and adapting to the environment. Factors such as chronic diseases, harmful habits, genetic predisposition, trauma, low educational attainment and poor cognitive stimulation increase vulnerability to deterioration. This also affects language, communication and the ability to perform activities of daily living, compromising independence and well-being.
A multidisciplinary approach is key to improving the functionality and social integration of older adults. Geriatric rehabilitation, which includes occupational therapy, physiotherapy, speech therapy, and psychological support, adapts activities to individual abilities and promotes cognitive stimulation. Tools such as the MEC-35 facilitate the assessment of cognitive functions and guide intervention. These strategies contribute to active, healthy, and dignified aging, reducing the burden on caregivers and improving quality of life.
OBJECTIVE: To analyse the role of occupational therapy in preventing cognitive decline in older adults, identifying strategies, activities and intervention programmes that promote active ageing, functional autonomy and quality of life.
METHODOLOGY: A literature search was conducted to gather information on the selected topic.
The main sources used in the search for information were the Pubmed, Scielo and Dialnet databases, as well as other resources such as Alcorze and Google Scholar.
RESULTS: Occupational therapy in older adults with cognitive impairment enhances autonomy, identity, and self-esteem by adapting activities to individual abilities. It promotes active participation in daily life and emotional well-being by integrating cognitive stimulation resources and strategies. Personalised programmes help maintain cognitive skills, strengthen social interaction, and prevent physical and mental decline.
CONCLUSION: Occupational therapy is essential for preventing and managing cognitive impairment in older adults, promoting autonomy, self-esteem, and participation in daily life. Personalised interventions and cognitive stimulation maintain cognitive abilities and promote active ageing. They also strengthen social interaction, family ties, and quality of life, even in cases of mild or moderate impairment.
KEY WORDS
Occupational therapy, cognitive dysfunction, aged, healthy aging, cognitive, cognitive training, quality of life.
INTRODUCCIÓN
El deterioro cognitivo en las personas mayores representa un reto creciente que afecta no solo su calidad de vida, sino también la estructura social y sanitaria del país. A medida que la población envejece, se incrementan los casos de deterioro cognitivo, así como la dependencia y la vulnerabilidad asociadas a esta etapa vital. Ante esta realidad, resulta fundamental adoptar un enfoque integral que promueva el envejecimiento activo, la participación social y la defensa de los derechos de los mayores, garantizando una vejez plena y digna. Este fenómeno constituye además un problema relevante para la salud pública y el bienestar individual, dado que el aumento de la esperanza de vida conlleva una mayor prevalencia de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y otras demencias, las cuales repercuten de manera significativa en la vida de las personas afectadas y de sus familias1.
La magnitud del problema se ve intensificada por la escasez de tratamientos realmente eficaces y por la necesidad de ofrecer cuidados continuos, lo que supone una carga importante tanto para los sistemas sanitarios como para las familias. En este contexto, la detección temprana adquiere un papel fundamental, ya que permite intervenir de forma oportuna para reducir el impacto del deterioro cognitivo y, en algunos casos, ralentizar su avance1,2.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la vejez constituye una etapa del ciclo vital caracterizada por un progresivo declive de las funciones físicas y cognitivas, resultado de la acumulación gradual de diversos daños moleculares y celulares a lo largo del tiempo. En 2023 la OMS indica que entre un 25% y un 50% de las personas mayores de 60 años experimentan algún grado de disminución en su capacidad de memoria. Asimismo, se estima que más de 55 millones de individuos en el mundo viven con demencia, de los cuales más del 60% residen en países de ingresos medios y bajos, con cerca de diez millones de nuevos casos diagnosticados cada año. Dentro de estas afecciones, la demencia ocupa el séptimo lugar entre las principales causas de mortalidad y constituye una de las mayores fuentes de discapacidad y dependencia en la población mayor, evidenciando el impacto global de los trastornos cognitivos en la salud pública2-4.
La prevalencia mundial del deterioro cognitivo se asocia con un aumento de hasta seis veces en el riesgo de desarrollar demencia. La edad avanzada constituye el principal factor de riesgo para el declive de las funciones cognitivas. Entre los distintos dominios afectados, las alteraciones de la memoria son las más comunes durante el proceso de envejecimiento. Esta función resulta esencial para la capacidad de aprendizaje, adaptación y desempeño de la persona en su entorno. La memoria también interviene en la toma de decisiones, la planificación y la consecución de metas personales. Desde una perspectiva neuropsicológica, se distinguen varios tipos de memoria (episódica, semántica, procedimental y de trabajo), siendo las dos primeras las que presentan mayores cambios asociados a la edad, tal como se ha evidenciado mediante pruebas cognitivas y estudios de neuroimagen1,4.
El deterioro cognitivo puede presentarse con distintos niveles de gravedad, desde formas leves hasta estadios severos, y su origen está vinculado a múltiples factores de riesgo. Entre ellos se incluyen enfermedades crónicas como la diabetes mellitus, la hipertensión arterial, las patologías cardiovasculares y los trastornos del sueño, así como hábitos nocivos como el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol. Asimismo, la predisposición genética, los traumatismos craneoencefálicos y el uso de determinados fármacos pueden aumentar la vulnerabilidad a esta condición. Otros factores asociados son la edad avanzada, el bajo nivel educativo, la escasa estimulación cognitiva y la presencia de síntomas depresivos, todos ellos relacionados con una mayor probabilidad de desarrollar deterioro cognitivo1,2.
El deterioro cognitivo no se limita únicamente a la pérdida de las funciones mentales, sino que también repercute en aspectos fundamentales de la vida cotidiana, como el lenguaje, la comunicación y la capacidad de expresión. A medida que la enfermedad avanza, su impacto sobre la funcionalidad se hace más evidente, llegando a interferir en actividades básicas como la alimentación o el autocuidado. En los casos más severos, las personas afectadas pueden perder la capacidad de mantener una vida independiente, lo que representa una disminución notable en su calidad de vida2.
Enfrentar este desafío de manera efectiva requiere un enfoque multidisciplinario que busque mejorar la calidad de vida y asegurar que los adultos mayores puedan vivir sus últimos años de forma plena y digna. Mediante la intervención de un equipo multidisciplinario, se atienden las distintas necesidades que surgen como consecuencia del envejecimiento o de enfermedades crónicas. Este enfoque abarca la terapia física, destinada a mejorar la movilidad y la fuerza muscular; la terapia ocupacional, enfocada en promover la independencia en las actividades diarias; la logopedia, orientada a tratar trastornos del habla y de la deglución; y la psicología, que aborda los aspectos emocionales y cognitivos. Así, la rehabilitación no se limita a la recuperación de funciones perdidas, sino que también busca prevenir complicaciones, fomentar la autonomía y favorecer la integración social de los adultos mayores1.
Una de las pruebas más empleadas para la identificación del deterioro cognitivo es el MEC-35, un test que valora diversas funciones cognitivas. Este cuestionario de 35 puntos examina la orientación temporoespacial, la memoria tanto inmediata como a largo plazo, la atención, el cálculo, el lenguaje, el razonamiento abstracto y las praxias. Presenta una sensibilidad del 89,8% y una especificidad del 83,9%5.
OBJETIVO
Analizar el papel de la terapia ocupacional en la prevención del deterioro cognitivo en adultos mayores, identificando las estrategias, actividades y programas de intervención que promueven el envejecimiento activo, la autonomía funcional y la calidad de vida.
METODOLOGÍA
Ha sido precisa la búsqueda de textos que nos posibilitará la recogida de información acerca del tema seleccionado.
Las principales fuentes utilizadas en la búsqueda de información, han sido las bases de datos de Pubmed, Scielo y Dialnet además de otros recursos como Alcorze o Google Académico.
Los descriptores en español empleados en las estrategias de búsqueda han sido: “deterioro cognitivo”, “prevención”, “Terapia Ocupacional” “adultos mayores”; “Actividades de la Vida Diaria” y en inglés: “cognitive impairment”, “prevention”, “occupational therapy”, “older adults”, “activities of daily living.
Junto con los descriptores, se utilizaron criterios de inclusión, que fueran documentos científicos y en cualquier idioma; y criterios de exclusión, si el artículo era más antiguo del 2020 o no estaba actualizado.
RESULTADOS
Tras llevar a cabo la búsqueda bibliográfica y analizar los estudios encontrados, se evidencia la relevancia de la terapia ocupacional en la promoción del bienestar de las personas. Esta disciplina se centra en potenciar habilidades que refuercen la identidad del individuo, apoyando la reconstrucción de su proyecto de vida y fomentando su participación activa y productiva en las actividades cotidianas1.
La terapia ocupacional en adultos mayores con deterioro cognitivo es fundamental para un envejecimiento saludable. Al centrarse en actividades significativas, no solo aborda limitaciones físicas y cognitivas, sino que también fortalece la identidad, la autonomía y la autoestima, facilitando la adaptación a las dificultades diarias. La personalización de la intervención permite atender mejor las necesidades de cada paciente, favoreciendo un afrontamiento más activo y enriquecedor del deterioro cognitivo2.
Finalmente, desde la terapia ocupacional se trabaja diariamente en la adaptación de las actividades cotidianas a las capacidades cambiantes de los adultos mayores, ajustando las tareas para que puedan realizarlas con la mayor independencia posible. Esto puede implicar el uso de ayudas visuales, utensilios adaptados y la simplificación de procesos para facilitar la ejecución. La adaptación del entorno y la personalización de las intervenciones son esenciales para asegurar que las actividades se realicen de forma segura y efectiva. El trabajo puede ser emocionalmente exigente, ya que los pacientes a veces sienten frustración por sus limitaciones cognitivas y los progresos pueden parecer lentos. No obstante, cada pequeño logro tiene un impacto positivo en su calidad de vida y bienestar general2.
A través de la terapia ocupacional, se busca proporcionar a los adultos mayores los recursos necesarios para integrarse o reintegrarse a la vida cotidiana con mayor destreza cognitiva, favoreciendo su relación con familiares y su círculo social. La ocupación en esta etapa no solo ofrece entretenimiento, sino que también contribuye a mantener la salud. Considerando la vejez como una etapa más del desarrollo, la terapia ocupacional ayuda a prevenir un deterioro físico y psíquico acelerado. Los terapeutas ocupacionales utilizan actividades y roles significativos para evaluar e intervenir, promoviendo la autonomía, la integración social y la calidad de vida de los mayores3.
CONCLUSIÓN
La terapia ocupacional desempeña un papel esencial en la prevención y el manejo del deterioro cognitivo en adultos mayores, al centrarse en actividades significativas que fomentan la autonomía, la autoestima y la identidad del individuo. Las intervenciones personalizadas permiten adaptar las tareas a las capacidades cambiantes de cada persona, optimizando su participación en la vida cotidiana y su bienestar emocional. La estimulación cognitiva, combinada con estrategias de rehabilitación funcional, contribuye a mantener y potenciar las habilidades cognitivas, promoviendo un envejecimiento activo y saludable. Además, la integración de recursos como ayudas adaptadas, programas de memoria y actividades de ocio terapéutico favorece la interacción social y fortalece los vínculos familiares. La evidencia científica demuestra que, incluso ante deterioro cognitivo leve o moderado, los adultos mayores conservan capacidad de aprendizaje y plasticidad cognitiva, lo que resalta la importancia de intervenciones tempranas. En conjunto, la terapia ocupacional se configura como una herramienta clave para mejorar la calidad de vida, prevenir la dependencia y facilitar una vejez plena y digna.
BIBLIOGRAFÍA
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- Lazarte Ugarte, Martha c. “terapia ocupacional para fortalecer las habilidades y destrezas cognitivas y sensoriales en los adultos mayores de las asociaciones Romero Pampa y Santiago ii de la ciudad de el Alto”. 2024. Disponible en: https://repositorio.upea.bo/jspui/jspui/handle/123456789/1467
- Lira M. Programa de intervención cognitiva para la prevención del deterioro de la memoria en adultos mayores: Cognitive intervention program for the prevention of memory impairment in older adults. PSU [Internet]. 23 de febrero de 2024 [citado 24 de octubre de 2025];4(2). Disponible en: https://revistasuba.com/index.php/PSIQUISUBA/article/view/774
- Gómez-Soria I, Andrés Esteban EM, Gómez Bruton A, Peralta-Marrupe P. Análisis del efecto a largo plazo de un programa de estimulación cognitiva en mayores con deterioro cognitivo leve en Atención Primaria: ensayo controlado aleatorizado. Aten Primaria [Internet]. 2021;53(7). Disponible en: https://www.elsevier.es/es-revista-atencion-primaria-27-pdf-S021265672100087