Yoga y glaucoma, una relación de altibajos: revisión bibliográfica sobre posturas, respiración y presión intraocular

28 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Lucía Gloria Horno Graus. Óptico Optometrista, Zaragoza. España.
  2. Diana Soriano Pina. Óptico Optometrista, Hospital Universitario San Pedro, Logroño. La Rioja.
  3. Gema Insa Sánchez. Óptico Optometrista, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
  4. Sofía Marín Civera. Óptico Optometrista, Óptica Universitaria, Zaragoza. España.
  5. María Sáez Gómez. Óptico Optometrista, Óptica OptiMiStic, Calatayud. España.
  6. María Puertas Lorente. Óptico Optometrista, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.

RESUMEN

La presión intraocular (PIO) elevada continúa siendo el principal factor de riesgo modificable del glaucoma, por lo que cualquier actividad capaz de alterarla de forma aguda o sostenida resulta clínicamente relevante. El yoga incluye posturas (asanas), técnicas respiratorias (pranayama) y meditación (dhyana) con efectos potencialmente opuestos sobre la PIO. Esta revisión bibliográfica sintetiza la evidencia disponible sobre el efecto de las distintas posturas de yoga, especialmente las invertidas o con la cabeza por debajo del corazón, incluidas las inversiones del aeroyoga, sobre la PIO en sujetos sanos y en pacientes con glaucoma, así como el papel de las técnicas de respiración y meditación. Los resultados muestran que las posturas invertidas (perro boca abajo, flexión de pie, arado, piernas en la pared y, especialmente, el pino o Sirsasana) producen elevaciones agudas y significativas de la PIO, de magnitud similar en sujetos sanos y con glaucoma, y existen casos clínicos documentados de progresión glaucomatosa asociada a la práctica habitual de posturas invertidas. No se han identificado estudios específicos sobre aeroyoga, pero los trabajos sobre inversión gravitatoria permiten extrapolar un riesgo al menos similar para sus inversiones corporales completas. En contraste, el pranayama suave y la meditación se han asociado a reducciones de la PIO, mientras que la respiración forzada de alta intensidad puede elevarla de forma transitoria. Se concluye que el efecto del yoga sobre la PIO depende del tipo de práctica, y que el optometrista debe conocer esta evidencia para asesorar adecuadamente a los pacientes con glaucoma o sospecha de la enfermedad.

PALABRAS CLAVE

Glaucoma, presión intraocular, yoga, inclinación de cabeza, ejercicios respiratorios, meditación.

ABSTRACT

Elevated intraocular pressure (IOP) remains the main modifiable risk factor for glaucoma, making any activity capable of altering it, acutely or in a sustained manner, clinically relevant. Yoga includes postures (asanas), breathing techniques (pranayama) and meditation (dhyana), with potentially opposite effects on IOP. This literature review synthesises the available evidence on the effect of different yoga postures, especially inverted postures or those with the head below the heart, including aerial yoga inversions, on IOP in healthy subjects and glaucoma patients, as well as the role of breathing and meditation techniques. Results show that inverted postures (downward facing dog, standing forward bend, plough, legs up the wall and, especially, headstand or Sirsasana) produce acute, significant IOP elevations of similar magnitude in healthy and glaucomatous eyes, and there are documented clinical cases of glaucomatous progression associated with habitual practice of inverted postures. No specific studies on aerial yoga were identified, but gravity inversion studies suggest an at least similar risk for its full-body inversions. In contrast, gentle pranayama and meditation have been associated with IOP reductions, whereas high-intensity forced breathing may raise it transiently. It is concluded that the effect of yoga on IOP depends on the type of practice, and that optometrists should be aware of this evidence to properly counsel patients with glaucoma or suspected disease.

KEY WORDS

Glaucoma, intraocular pressure, yoga, head-down tilt, breathing exercises, meditation.

DESARROLLO DEL TEMA

El glaucoma es la principal causa de ceguera irreversible a nivel mundial1, y la reducción de la presión intraocular (PIO) continúa siendo la única intervención con eficacia demostrada para frenar su progresión2. Se sabe desde hace décadas que la PIO varía con la postura corporal: es mínima en sedestación, aumenta en decúbito y lo hace de forma más marcada a medida que el cuerpo se inclina hacia la posición invertida completa3.

El yoga es una disciplina de origen indio que combina posturas físicas (asanas), técnicas de respiración controlada (pranayama) y meditación (dhyana). Muchas de sus posturas más habituales, como el perro boca abajo, la flexión de pie, el arado o el pino, implican mantener la cabeza por debajo del nivel del corazón durante periodos prolongados4,5. A ellas se suman modalidades más recientes, como el aeroyoga, que incorporan inversiones corporales completas con el practicante suspendido de una hamaca. Todo ello plantea una pregunta clínicamente relevante para el paciente con glaucoma o sospecha de la enfermedad: ¿pueden estas posturas elevar la PIO hasta niveles potencialmente perjudiciales para el nervio óptico?

El objetivo de esta revisión es sintetizar la evidencia científica disponible sobre el efecto de las distintas posturas de yoga, incluido el aeroyoga, sobre la PIO, diferenciando el efecto agudo de las posturas invertidas del efecto, potencialmente opuesto, de las técnicas de respiración y meditación, y valorar las implicaciones prácticas para el asesoramiento del paciente con glaucoma desde la consulta optométrica.

Posturas invertidas y elevación aguda de la PIO:

El estudio de referencia sobre este tema evaluó a 10 pacientes con glaucoma primario de ángulo abierto y 10 sujetos sanos mientras realizaban cuatro posturas de yoga con la cabeza hacia abajo, Adho Mukha Svanasana (perro boca abajo), Uttanasana (flexión de pie), Halasana (arado) y Viparita Karani (piernas en la pared), durante dos minutos cada una. Todas las posturas produjeron un aumento significativo de la PIO en el primer minuto, con el incremento más marcado en el perro boca abajo (de una media de 17 mmHg a 28-29 mmHg), seguido de la flexión de pie, el arado y, por último, piernas en la pared. La PIO volvió a valores basales dentro de los dos minutos posteriores a sentarse, y el aumento no fue significativamente distinto entre pacientes con glaucoma y sujetos sanos, aunque los ojos glaucomatosos tendieron a presentar valores absolutos ligeramente más altos4.

La postura invertida clásicamente más estudiada es el pino o Sirsasana. Un estudio sobre practicantes habituales de yoga demostró que la PIO llega a duplicarse al adoptar esta postura5, en relación con el aumento de la presión venosa epiescleral y la redistribución de fluidos hacia la cabeza propia de la posición invertida3,5.

Progresión glaucomatosa documentada asociada a posturas invertidas:

Más allá de la elevación aguda y transitoria de la PIO, existen casos clínicos publicados que documentan progresión glaucomatosa asociada a la práctica habitual y mantenida de posturas invertidas. Un caso describió la progresión del daño glaucomatoso en un paciente que practicaba de forma regular la postura del pino, con una PIO significativamente más elevada en posición invertida que en sedestación6. Otro caso documentó el empeoramiento de un defecto campimétrico glaucomatoso preexistente atribuido a la práctica regular de yoga postural7.

Estos casos, aunque aislados, respaldan la plausibilidad biológica de que la elevación repetida de la PIO durante años de práctica pueda contribuir a la progresión del daño glaucomatoso6,7, en línea con la relación bien establecida entre el nivel de PIO y la progresión de la neuropatía óptica glaucomatosa2.

Efecto de la inclinación cefálica sostenida:

Un modelo experimental relacionado, aunque no derivado del yoga, evaluó los cambios de PIO durante un reposo prolongado de 7 días con inclinación de la cabeza hacia abajo, un paradigma empleado en investigación aeroespacial para simular la ausencia de gravedad. Este estudio mostró que la inclinación cefálica mantenida en el tiempo, y no solo la aguda y transitoria, se acompaña de modificaciones de la PIO8, lo que refuerza la conveniencia de valorar no solo la postura concreta, sino también el tiempo de mantenimiento y la frecuencia con que se practica.

Aeroyoga e inversión corporal completa:

El aeroyoga, modalidad en la que el practicante se suspende de una hamaca o columpio de tela, incluye con frecuencia posturas de inversión corporal completa mantenidas durante varios minutos. No se han encontrado estudios que evalúen específicamente su efecto sobre la PIO, pero la situación es equiparable a la inversión gravitatoria con botas o camillas de inversión, estudiada en la década de 1980. En sujetos sanos, la posición invertida completa produce una elevación marcada de la PIO9, y ya entonces se recomendó que los pacientes con glaucoma se abstuvieran de este tipo de prácticas10. Además, durante la inversión gravitatoria, con valores de PIO de 35 a 40 mmHg, se registraron defectos campimétricos reversibles en 11 de 19 ojos de sujetos sanos, lo que llevó a sus autores a desaconsejar la inversión durante periodos prolongados11. Aunque se trata de una extrapolación, estos datos sugieren que las inversiones mantenidas del aeroyoga deben considerarse, a efectos de asesoramiento, al menos tan exigentes para la PIO como el pino.

Variabilidad entre posturas: no todas las asanas elevan la PIO por igual:

Un estudio observacional prospectivo con 107 voluntarios sanos evaluó el efecto de un programa de yoga de 12 semanas que incluía múltiples asanas y técnicas respiratorias: saludo al sol (Surya Namaskar), respiración del cráneo brillante (Kapalabhati), perro boca abajo, flexión de pie, piernas en la pared, respiración alterna (Anulom Vilom), meditación profunda, respiración de fuelle (Bhastrika) y el pino, con medición de la PIO antes y después de cada práctica, al inicio y cada cuatro semanas. Los resultados mostraron un patrón heterogéneo: Kapalabhati, el saludo al sol, el perro boca abajo, la flexión de pie, piernas en la pared, la meditación profunda y la respiración alterna se asociaron a una reducción progresiva y significativa de la PIO a lo largo de las 12 semanas, mientras que el pino, la respiración de fuelle (Bhastrika) y el control forzado de la respiración produjeron un empeoramiento transitorio de la PIO12. Este hallazgo matiza la idea de que todas las posturas invertidas son equivalentes, y sugiere que la intensidad, la duración y la técnica respiratoria asociada modulan el efecto final sobre la PIO.

Síntesis de la evidencia: revisión sistemática y metaanálisis:

Una revisión sistemática y metaanálisis reciente sobre yoga y PIO en pacientes con glaucoma sintetizó tanto los estudios de asanas posturales como los de pranayama, ejercicios oculares y meditación, y confirmó la naturaleza bidireccional del efecto del yoga sobre la PIO: las posturas invertidas la elevan de forma aguda, mientras que las técnicas de respiración, los ejercicios oculares y la meditación muestran, en conjunto, una tendencia a reducirla13.

Pranayama y meditación: el yoga como posible ayuda para bajar la PIO:

Un estudio prospectivo, observacional y no aleatorizado evaluó el efecto agudo de la respiración alterna por fosas nasales (Nadi Shuddhi pranayama) sobre la PIO en sujetos sanos y con glaucoma, sin encontrar cambios significativos inmediatamente después del ejercicio ni tras 10 minutos de reposo14. Esto sugiere que esta técnica respiratoria concreta es suave y no comporta el riesgo de las posturas invertidas.

Un ensayo clínico aleatorizado con 90 pacientes con glaucoma primario de ángulo abierto evaluó el pranayama yóguico y la respiración diafragmática practicados a diario durante seis meses como terapia adyuvante al tratamiento hipotensor, y encontró una reducción significativa de la PIO en el grupo de intervención frente al grupo control en lista de espera (de 20,85 a 14,90 mmHg en el ojo derecho)15. En la misma línea, otro ensayo aleatorizado con 90 pacientes con glaucoma primario de ángulo abierto mostró que la meditación de atención plena (mindfulness) practicada a diario durante 21 días redujo la PIO de forma significativa, en paralelo a una disminución de biomarcadores de estrés como el cortisol16.

Los ejercicios oculares tradicionales del yoga muestran resultados menos concluyentes. Un ensayo aleatorizado sobre el tratak (fijación visual sostenida sobre un punto o una llama, asociada a ejercicios de musculatura extraocular) observó una reducción de la PIO dentro del grupo de intervención tras cuatro semanas, pero sin diferencias significativas frente al grupo control, por lo que sus autores no consideraron justificado recomendarlo para el manejo de la PIO elevada17.

Seguridad general del yoga y eventos adversos oculares:

Una revisión sistemática de casos publicados de eventos adversos asociados a la práctica de yoga identificó 76 casos en 37 publicaciones, de los cuales 9 (11,8 %) afectaron al globo ocular. El pino, la posición de loto y la respiración forzada fueron las prácticas más frecuentemente implicadas en los eventos adversos en general, y los autores concluyeron que las personas con glaucoma deberían evitar específicamente las posturas invertidas18.

Mecanismo fisiopatológico común:

El mecanismo que subyace al aumento de la PIO en posición invertida se relaciona con el incremento de la presión venosa epiescleral y la redistribución de fluidos corporales hacia la cabeza3. Se trata de un fenómeno análogo al descrito clásicamente con la maniobra de Valsalva, en la que el aumento de la presión intratorácica se transmite al sistema venoso ocular y eleva la PIO de forma aguda19. Este mecanismo compartido explica por qué actividades muy distintas entre sí, como las posturas invertidas de yoga y aeroyoga, la inversión gravitatoria9, tocar instrumentos de viento de alta resistencia20 o el levantamiento de peso21, comparten un mismo efecto final sobre la PIO.

Síntesis práctica por tipo de práctica

Integrando la evidencia revisada, el pino (Sirsasana) es la postura que produce mayores elevaciones de la PIO y la que acumula más casos de progresión glaucomatosa asociada, por lo que conviene evitarla en pacientes con glaucoma, especialmente avanzado, y desaconsejar su práctica diaria mantenida5-7,18. El mismo criterio es aplicable a las inversiones completas y mantenidas del aeroyoga, por su similitud con la inversión gravitatoria9-11. El perro boca abajo (Adho Mukha Svanasana) es, entre las posturas de cabeza abajo evaluadas en el estudio de referencia, la que genera el mayor incremento agudo, seguido de la flexión de pie (Uttanasana) y el arado (Halasana); en estos casos, lo prudente es limitar el tiempo de mantenimiento y evitarlas en glaucoma avanzado o no controlado4. Piernas en la pared (Viparita Karani) produce la elevación más moderada de las posturas invertidas estudiadas y puede plantearse como alternativa relativamente más segura si el paciente desea mantener algún grado de inversión4.

En el extremo opuesto, el saludo al sol y la meditación se han asociado a una reducción progresiva de la PIO con la práctica mantenida y pueden practicarse sin una restricción específica por glaucoma12,16. El pranayama suave (respiración alterna y diafragmática) no produce cambios agudos relevantes y se ha asociado a reducciones de la PIO a medio plazo, por lo que puede considerarse una práctica segura y potencialmente beneficiosa14,15. Por el contrario, la respiración de fuelle intensa (Bhastrika) y el control forzado de la respiración conviene evitarlos o moderarlos, dado el empeoramiento transitorio de la PIO descrito12,18. El tratak parece una práctica segura, aunque la evidencia disponible no permite atribuirle un efecto hipotensor clínicamente relevante17.

Recomendaciones para fisioterapeutas y profesores de yoga:

Desde la perspectiva optométrica, y con el ánimo de facilitar una colaboración interprofesional segura, se proponen las siguientes recomendaciones prácticas dirigidas a fisioterapeutas y profesores de yoga que trabajen con alumnos o pacientes con glaucoma diagnosticado, hipertensión ocular o sospecha de la enfermedad:

• Preguntar activamente por el diagnóstico: incorporar de forma sistemática, en la anamnesis inicial del alumno o paciente, una pregunta directa sobre antecedentes de glaucoma, hipertensión ocular o revisiones oftalmológicas recientes, así como por la modalidad de yoga que se practica (incluido el aeroyoga), de la misma manera que se pregunta por patologías cardiovasculares u osteoarticulares, dado que las personas con glaucoma deberían evitar las posturas invertidas18.

• Evitar o modificar las posturas invertidas mantenidas: en alumnos con glaucoma conocido, especialmente si está avanzado o mal controlado, se recomienda evitar el pino y las inversiones completas del aeroyoga, y limitar el tiempo de mantenimiento del perro boca abajo, la flexión de pie y el arado, ofreciendo alternativas o variantes con apoyo que reduzcan la inclinación cefálica4-7,9-11.

• Priorizar pranayama suave y meditación como alternativa segura: las técnicas de respiración suave y la meditación pueden ofrecerse sin la misma cautela, e incluso destacarse como parte beneficiosa de la práctica para este perfil de alumnos14-16; ejercicios oculares como el tratak pueden mantenerse como práctica de relajación, sin atribuirles un efecto terapéutico sobre la PIO17.

• Evitar la respiración forzada de alta intensidad: técnicas como el Bhastrika o la hiperventilación voluntaria deben moderarse o evitarse en alumnos con glaucoma, dado el empeoramiento transitorio de la PIO descrito con este tipo de respiración forzada12.

• Derivar y coordinar con el equipo oftalmológico-optométrico: ante cualquier duda sobre la idoneidad de una postura concreta para un alumno con glaucoma, se recomienda consultar con su optometrista u oftalmólogo antes de introducir o mantener posturas invertidas de forma habitual, especialmente en la enseñanza de yoga terapéutico o adaptado13,18.

• No desaconsejar la actividad física en general: estas recomendaciones se refieren específicamente a las posturas invertidas mantenidas y a la respiración forzada, no al yoga o a la actividad física en su conjunto, cuyo papel en la salud sistémica y en el bienestar del paciente con glaucoma es beneficioso y debe seguir fomentándose22.

DISCUSIÓN

La evidencia revisada confirma que el efecto del yoga sobre la PIO depende de forma crítica del tipo de práctica realizada. Las posturas invertidas o con la cabeza por debajo del corazón (perro boca abajo, flexión de pie, arado, piernas en la pared y, de forma más marcada, el pino) producen elevaciones agudas y clínicamente relevantes de la PIO, de magnitud similar en sujetos sanos y en pacientes con glaucoma, aunque con valores absolutos ligeramente superiores en estos últimos4,5. Existen además casos clínicos documentados de progresión glaucomatosa asociada a la práctica habitual y mantenida de estas posturas a lo largo de los años6,7, y un modelo experimental de inclinación cefálica prolongada respalda la conveniencia de considerar también la duración de la exposición8. Los estudios clásicos de inversión gravitatoria, que documentaron elevaciones marcadas de la PIO y alteraciones campimétricas transitorias en sujetos sanos, permiten extender estas consideraciones al aeroyoga9-11.

Sin embargo, esta revisión pone de manifiesto que no todas las prácticas englobadas bajo el término yoga tienen el mismo efecto: la evidencia disponible sobre pranayama suave y meditación apunta de forma consistente a una reducción de la PIO con la práctica mantenida12,13,15,16, lo que sitúa a estas técnicas como un complemento potencialmente beneficioso, y no como un riesgo, para el paciente con glaucoma, siempre que se evite la respiración forzada de alta intensidad, que sí se ha asociado a elevaciones transitorias de la PIO12. En el caso de los ejercicios oculares como el tratak, los resultados son menos consistentes y no permiten, por el momento, recomendarlos con fines hipotensores13,17. En cualquier caso, estas técnicas deben entenderse como adyuvantes y nunca como sustitutas del tratamiento hipotensor pautado15.

Desde el punto de vista de la práctica optométrica, estos hallazgos justifican preguntar de forma sistemática a los pacientes con glaucoma o sospecha de la enfermedad sobre su práctica de yoga, incluida la modalidad concreta (el aeroyoga cada vez está más extendido), e informarles de que las posturas invertidas mantenidas, especialmente el pino, el perro boca abajo y las inversiones completas del aeroyoga, pueden no ser recomendables, sobre todo en glaucoma avanzado4-7,9-11,18, mientras que las técnicas de respiración suave y meditación pueden practicarse sin el mismo riesgo, e incluso aportar un beneficio adicional sobre la PIO14-16. Esta información debe transmitirse sin desaconsejar la actividad física en general, dado el papel beneficioso reconocido del ejercicio sobre la salud sistémica y ocular del paciente con glaucoma22.

Como limitación de esta revisión cabe señalar que la mayoría de los estudios disponibles cuentan con muestras pequeñas y periodos de seguimiento cortos4,13, y que la evidencia sobre progresión real del daño glaucomatoso asociada a la práctica de yoga se limita, por el momento, a casos clínicos aislados más que a estudios prospectivos de cohortes con seguimiento a largo plazo6,7. Tampoco existen estudios específicos sobre aeroyoga, por lo que las consideraciones sobre esta modalidad se basan en la extrapolación de trabajos de inversión gravitatoria9-11. Son necesarios estudios adicionales, con muestras más amplias, que determinen si la elevación aguda de la PIO durante las posturas invertidas se traduce de forma consistente en progresión del daño del campo visual, y que precisen la magnitud y la persistencia del efecto reductor de la PIO descrito con las técnicas de pranayama y meditación.

CONCLUSIONES

1. Las posturas de yoga invertidas o con la cabeza por debajo del corazón producen elevaciones agudas y significativas de la PIO, de magnitud similar en sujetos sanos y con glaucoma, siendo el perro boca abajo y, especialmente, el pino las posturas asociadas a los mayores incrementos.

2. Existen casos clínicos documentados de progresión glaucomatosa asociada a la práctica habitual y mantenida de posturas invertidas, lo que respalda la relevancia clínica de este hallazgo más allá del efecto agudo y transitorio.

3. No existen estudios específicos sobre aeroyoga y PIO; sin embargo, los estudios de inversión gravitatoria, que muestran elevaciones marcadas de la PIO y alteraciones campimétricas transitorias en sujetos sanos, justifican considerar sus inversiones corporales completas y mantenidas como prácticas de riesgo al menos similar al pino en pacientes con glaucoma.

4. El pranayama suave y la meditación se asocian a una reducción de la PIO, por lo que no deben asimilarse al riesgo de las posturas invertidas; la respiración forzada de alta intensidad constituye una excepción que conviene evitar, y los ejercicios oculares como el tratak carecen por ahora de evidencia suficiente como terapia hipotensora.

5. El optometrista debe indagar activamente sobre la práctica de yoga en pacientes con glaucoma o sospecha de la enfermedad, incluida la modalidad practicada, y asesorar de forma individualizada sobre qué tipo de prácticas son recomendables y cuáles conviene evitar o modificar.

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