Acné vulgar: diagnóstico y tratamiento. Artículo monográfico

27 febrero 2025

 

AUTORES

  1. Andrea Becerra Aineto. Médico Interno Residente en Medicina de Familia. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Servicio Aragonés de Salud. Zaragoza. España.
  2. Cristina Sánchez-Robles Tré. Médico Interno Residente en Medicina de Familia. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Servicio Aragonés de Salud. Zaragoza. España.
  3. Eva Teresa Campos Picontó. Médico Interno Residente en Medicina de Familia. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Servicio Aragonés de Salud. Zaragoza. España.
  4. Sara Patricia Canales Villa. Médico Interno Residente en Medicina de Familia. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Servicio Aragonés de Salud. Zaragoza. España.
  5. Laura Paz Letona Barrios. Médico Interno Residente en Medicina de Familia. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Servicio Aragonés de Salud. Zaragoza. España.
  6. Mónica Sachi Martínez Mihara. Médico Interno Residente en Medicina de Familia. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Servicio Aragonés de Salud. Zaragoza. España.

 

RESUMEN

El acné vulgaris es una de las afecciones dermatológicas más comunes, especialmente durante la adolescencia, aunque también puede persistir en la edad adulta. Su fisiopatología es multifactorial, involucrando factores hormonales, genéticos, inmunológicos y ambientales. El acné se caracteriza por la obstrucción de los folículos pilosebáceos, la proliferación bacteriana de Cutibacterium acnes, y la inflamación resultante, que da lugar a lesiones como comedones, pápulas, pústulas y quistes.

Los factores desencadenantes del acné incluyen la dieta, el estrés, el uso de ciertos medicamentos y cosméticos, la exposición al sol, la contaminación y otros factores ambientales. La relación entre estos factores y el acné sigue siendo objeto de investigación, pero se ha demostrado que pueden influir en la aparición y exacerbación de la condición.

El tratamiento del acné ha avanzado significativamente en los últimos años. Los enfoques terapéuticos incluyen tratamientos tópicos, como el peróxido de benzoilo, los retinoides y los antibióticos, así como tratamientos orales, como los antibióticos, los anticonceptivos orales y la isotretinoína. Además, existen terapias físicas y alternativas, como la terapia con luz, los peelings químicos y la microdermoabrasión, que pueden ser útiles en el manejo del acné. Las investigaciones emergentes, como el uso de probióticos y terapias biológicas, ofrecen nuevas perspectivas para el tratamiento del acné inflamatorio.

PALABRAS CLAVE

Acne vulgar, retinoides, peeling facial, acne conglobata.

ABSTRACT

Acne vulgaris is one of the most common dermatological conditions, particularly during adolescence, although it can persist into adulthood. Its pathophysiology is multifactorial, involving hormonal, genetic, immune, and environmental factors. Acne is characterized by the obstruction of the pilosebaceous follicles, the bacterial proliferation of Cutibacterium acnes, and the resulting inflammation, which leads to lesions such as comedones, papules, pustules, and cysts.

The triggering factors of acne include diet, stress, the use of certain medications and cosmetics, sun exposure, pollution, and other environmental factors. The relationship between these factors and acne remains under investigation, but it has been shown that they can influence the onset and exacerbation of the condition.

Treatment of acne has significantly advanced in recent years. Therapeutic approaches include topical treatments such as benzoyl peroxide, retinoids, and antibiotics, as well as oral treatments like antibiotics, oral contraceptives, and isotretinoin. Additionally, physical and alternative therapies such as light therapy, chemical peels, and microdermabrasion can be useful in managing acne. Emerging research on probiotics and biological therapies offers new perspectives for the treatment of inflammatory acné.

KEY WORDS

Acne vulgaris, retinoids, face peeling, conglobatas acne.

INTRODUCCIÓN

El acné vulgar es una de las enfermedades dermatológicas más comunes, afectando a un gran porcentaje de la población mundial, especialmente durante la adolescencia y la juventud. Esta condición se caracteriza por la aparición de lesiones inflamatorias en la piel, como comedones, pápulas, pústulas y quistes, principalmente en la cara, el cuello, la espalda y los hombros. Aunque se asocia principalmente con cambios hormonales durante la pubertad, el acné puede persistir en la edad adulta y tiene un impacto significativo en la calidad de vida de quienes lo padecen.

Es el trastorno cutáneo más frecuente en adolescentes. El 28-61% de personas entre 10 y 12 años padece acné y la cifra aumenta hasta el 79-95% en los adolescentes de 16 a 18 años. Predomina en edades comprendidas entre los 12 y 25 años; en varones jóvenes tiende a resolverse entre los 20-25 años, mientras que en mujeres puede persistir hasta los 30-40 años. Es un trastorno más severo en varones que en mujeres, especialmente debido a su dependencia de andrógenos. Existe un segundo pico de incidencia entre los 25 y 35 años denominado «acné de la mujer adulta» con su propia etiología, presentación y tratamiento.

La fisiopatología del acné es compleja e involucra múltiples factores, como la alteración de las glándulas sebáceas, la proliferación de bacterias comensales, la inflamación y factores hormonales y genéticos. Además, la interacción de estos factores con el estilo de vida, la dieta, el estrés y el uso de productos cosméticos puede agravar la condición.

En los últimos años, ha habido avances significativos en la comprensión de la biología del acné y en el desarrollo de nuevos tratamientos. Sin embargo, a pesar de estos avances, el manejo del acné sigue siendo un desafío debido a la diversidad de sus formas clínicas y la respuesta variable a los tratamientos disponibles. Esta revisión tiene como objetivo proporcionar una actualización de los estudios más recientes sobre la fisiopatología, los factores desencadenantes y los tratamientos del acné, así como explorar las perspectivas futuras en la investigación y el tratamiento de esta condición1,4,5.

ETIOLOGÍA:

Si bien existe una sobreexpresión de la inflamación, el acné no puede considerarse una enfermedad puramente inflamatoria. Su etiología es plurifactorial: depende de la hipersecrección sebácea condicionada por estimulación androgénica, proliferación de determinadas especies bacterianas, fundamentalmente Propionibacterium acnes- y otras alteraciones como cambios en la microbiota cutánea, alteraciones de la inmunidad innata e infestación o sobrecrecimiento de flora saprófita (Beylot C, 2014).

Otros factores tradicionalmente señalados como responsables, como determinados hábitos alimenticios o el estrés emocional no parecen estar realmente implicados pese a que exista literatura puntual al respecto2.
La rosácea, considerada anteriormente como una forma de acné, es hoy una entidad separada de este cuadro, con definición, etiología y tratamiento propios3.

FISIOPATOLOGÍA:

La fisiopatología del acné es multifactorial y está influenciada por diversos factores biológicos, hormonales y ambientales. El desarrollo del acné implica la interacción entre las glándulas sebáceas, las bacterias comensales, el sistema inmunológico y factores hormonales. A continuación, se describen los principales mecanismos involucrados en la formación de las lesiones características del acné.

1. Alteración de las glándulas sebáceas:

Las glándulas sebáceas son estructuras encargadas de producir sebo, una sustancia oleosa que lubrica la piel. En los individuos propensos al acné, estas glándulas tienden a ser más grandes y a producir una cantidad excesiva de sebo. Esta hipersecreción de sebo se ve influenciada por factores hormonales, especialmente los andrógenos, que aumentan durante la pubertad y en algunos casos durante la edad adulta. El exceso de sebo obstruye los poros de la piel, lo que contribuye a la formación de comedones (puntos negros y blancos), que son lesiones precursoras del acné.

2. Proliferación bacteriana:

El acné también está asociado con la proliferación de Propionibacterium acnes (ahora denominado Cutibacterium acnes), una bacteria comensal que se encuentra en la piel. Bajo condiciones de hipersecreción de sebo y obstrucción de los poros, estas bacterias se multiplican y producen una respuesta inflamatoria. C. acnes se alimenta de los ácidos grasos presentes en el sebo, liberando subproductos que inducen la inflamación. Esta inflamación es responsable de la aparición de pápulas, pústulas y quistes, lesiones típicas del acné inflamatorio.

3. Inflamación y respuesta inmunológica:

La inflamación es un componente clave en la fisiopatología del acné. La obstrucción de los folículos pilosebáceos por el exceso de sebo y la proliferación bacteriana desencadenan una respuesta inmunológica local. Las células inmunitarias, como los neutrófilos, los linfocitos T y los macrófagos, se activan y liberan mediadores inflamatorios como las citoquinas, lo que agrava la respuesta inflamatoria. Este proceso contribuye a la formación de lesiones inflamatorias, que son más dolorosas y propensas a dejar cicatrices.

4. Factores hormonales y genéticos:

Los cambios hormonales juegan un papel fundamental en el desarrollo del acné, especialmente durante la pubertad, cuando los niveles de andrógenos (hormonas sexuales masculinas) aumentan. Estos andrógenos estimulan las glándulas sebáceas, lo que lleva a un aumento en la producción de sebo. Además, el acné tiene un componente genético importante, ya que las personas con antecedentes familiares de acné tienen un mayor riesgo de desarrollarlo. Se han identificado varios genes relacionados con la regulación de la producción de sebo, la respuesta inmune y la inflamación que pueden influir en la susceptibilidad al acné.

5. Otros factores contribuyentes:

Además de los factores biológicos y hormonales, existen factores externos que pueden desencadenar o empeorar el acné. Estos incluyen:

  • Dieta: Aunque la relación entre dieta y acné no está completamente clara, algunos estudios sugieren que alimentos con alto índice glucémico y productos lácteos pueden agravar la condición.
  • Estrés: El estrés emocional puede inducir la liberación de cortisol y otras hormonas que aumentan la producción de sebo, lo que favorece el desarrollo del acné.
  • Medicamentos y cosméticos: El uso de productos comedogénicos (que obstruyen los poros) o ciertos medicamentos, como los corticosteroides, puede empeorar el acné.

 

En resumen, la fisiopatología del acné es un proceso complejo que involucra la interacción de factores hormonales, genéticos, inmunológicos y ambientales. La obstrucción de los folículos pilosebáceos, la proliferación bacteriana y la inflamación son los mecanismos clave en la formación de las lesiones de acné, y comprender estos procesos es fundamental para desarrollar tratamientos más efectivos7.

FACTORES DESENCADENANTES:

Aunque la fisiopatología del acné está bien establecida, existen diversos factores desencadenantes y agravantes que pueden influir en la aparición o empeoramiento de esta condición. Estos factores pueden ser tanto internos (biológicos y hormonales) como externos (ambientales y de estilo de vida). A continuación, se detallan los principales factores que contribuyen al desarrollo y la exacerbación del acné5.

1. Dieta y Acné:

La relación entre la dieta y el acné ha sido objeto de debate durante años, pero en los últimos estudios se ha comenzado a observar que ciertos alimentos pueden influir en la aparición de lesiones acneicas. Aunque no se puede establecer una causa directa, algunos estudios han sugerido que los alimentos con un alto índice glucémico (como los carbohidratos refinados y azúcares) pueden empeorar el acné. Esto se debe a que estos alimentos provocan picos de insulina, lo que a su vez puede aumentar la producción de sebo y la inflamación.

Además, algunos estudios han señalado que el consumo de productos lácteos, especialmente la leche, podría estar relacionado con un mayor riesgo de acné, posiblemente debido a las hormonas presentes en los productos lácteos que pueden alterar el equilibrio hormonal del cuerpo. Sin embargo, la evidencia sobre este tema sigue siendo limitada y se necesitan más investigaciones para confirmar estos vínculos7.

2. Estrés y Factores Emocionales:

El estrés es un factor desencadenante importante del acné, ya que puede aumentar la producción de hormonas como el cortisol, que a su vez estimula las glándulas sebáceas para que produzcan más sebo. Este aumento en la producción de sebo puede contribuir a la obstrucción de los poros y a la proliferación bacteriana, lo que agrava el acné. Además, el estrés puede alterar el equilibrio inmunológico, promoviendo la inflamación y empeorando las lesiones acneicas.

El estrés emocional, como las presiones sociales, laborales o académicas, también puede afectar la respuesta inmunológica y la función de la piel. Las personas que experimentan estrés crónico pueden tener una mayor susceptibilidad a brotes de acné debido a la activación constante del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HHA), que regula la respuesta al estrés.

3. Medicamentos y Cosméticos

El uso de ciertos medicamentos y productos cosméticos puede desencadenar o empeorar el acné. Los medicamentos que se han asociado con la aparición de acné incluyen:

  • Corticosteroides: El uso de esteroides, ya sea en forma tópica o sistémica, puede inducir el acné, un fenómeno conocido como «acné esteroide».
  • Anticonceptivos orales: Aunque los anticonceptivos orales pueden ser útiles para controlar el acné en algunas mujeres al regular los niveles hormonales, en otras pueden empeorar la condición, especialmente aquellos que contienen altos niveles de progesterona.
  • Otros medicamentos: Algunos medicamentos, como los antiepilépticos, los antipsicóticos y los fármacos que afectan la producción de hormonas, también pueden contribuir a la aparición de acné.

 

En cuanto a los cosméticos, el uso de productos comedogénicos, como cremas y maquillajes que obstruyen los poros, puede agravar el acné. Los productos con aceites pesados o ingredientes no adecuados para pieles propensas al acné pueden contribuir a la obstrucción de los folículos y la aparición de brotes.

4. Exposición al Sol:

La exposición al sol puede tener efectos tanto positivos como negativos en el acné. En algunas personas, la exposición al sol puede mejorar temporalmente el acné debido a los efectos antiinflamatorios de la radiación ultravioleta (UV). Sin embargo, la exposición prolongada al sol puede causar un aumento en la producción de sebo y contribuir a la inflamación, lo que puede empeorar el acné a largo plazo.

Además, el uso de productos para el cuidado de la piel que no sean adecuados para la protección solar o que contengan ingredientes irritantes puede aumentar la sensibilidad de la piel y agravar el acné.

5. Factores Ambientales y de Estilo de Vida:

Varios factores ambientales y de estilo de vida también pueden influir en el desarrollo y la exacerbación del acné. Estos incluyen:

  • Contaminación ambiental: La exposición a contaminantes como el smog, el polvo y las partículas finas en el aire puede afectar la salud de la piel, promoviendo la obstrucción de los poros y la inflamación. Las personas que viven en áreas con alta contaminación pueden experimentar un mayor número de brotes de acné.
  • Falta de higiene: Aunque la higiene excesiva no es recomendable, la acumulación de sudor, sebo y células muertas en la piel debido a la falta de limpieza adecuada puede obstruir los poros y desencadenar brotes de acné. El uso de productos no adecuados para el tipo de piel también puede empeorar la condición.
  • Uso de ropa ajustada o equipo deportivo: El roce constante de la ropa ajustada o el uso de cascos, mochilas o equipos deportivos puede causar irritación en la piel, lo que puede desencadenar un tipo de acné conocido como «acné mecánico». Este tipo de acné es común en personas que practican deportes o que usan ropa ajustada durante largos períodos de tiempo.

 

6. Factores Genéticos:

El componente genético juega un papel importante en la predisposición al acné. Las personas con antecedentes familiares de acné tienen un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad. Se han identificado varios genes involucrados en la regulación de la producción de sebo, la respuesta inmune y la inflamación que pueden influir en la susceptibilidad al acné. Sin embargo, la genética no es el único factor determinante, ya que los factores ambientales también juegan un papel crucial6.

TIPOS DE ACNÉ:

El acné puede clasificarse en diferentes tipos según la gravedad de las lesiones y la respuesta al tratamiento. Los tipos de acné más comunes incluyen:

1. Acné Comedoniano:

Este tipo de acné se caracteriza principalmente por la aparición de comedones, que son obstrucciones de los poros causadas por la acumulación de sebo y células muertas. Los comedones pueden ser abiertos (puntos negros) o cerrados (pápulas). El acné comedoniano es más común en las primeras etapas de la enfermedad y generalmente se asocia con una menor inflamación.

2. Acné Inflamatorio:

El acné inflamatorio se presenta cuando los comedones se infectan por Cutibacterium acnes (anteriormente conocido como Propionibacterium acnes), lo que provoca una respuesta inflamatoria en la piel. Esto da lugar a lesiones inflamatorias, como pápulas, pústulas y nódulos. Este tipo de acné es más doloroso y puede dejar cicatrices si no se trata adecuadamente.

3. Acné Quístico:

El acné quístico es una forma grave de acné inflamatorio. Se caracteriza por la aparición de grandes quistes llenos de pus, que son dolorosos y profundos. Estos quistes pueden dejar cicatrices severas y son más difíciles de tratar. El acné quístico generalmente requiere tratamiento con medicamentos orales, como antibióticos o isotretinoína, debido a su gravedad.

4. Acné Conglobata:

Este es un tipo raro y extremadamente grave de acné inflamatorio que afecta principalmente a los hombres jóvenes. Se caracteriza por la formación de múltiples quistes interconectados, nódulos y abscesos que pueden afectar grandes áreas de la piel, como la espalda, el pecho y los hombros. El acné conglobata puede provocar cicatrices severas y es resistente a muchos tratamientos.

5. Acné Rosáceo:

Aunque no es estrictamente un tipo de acné vulgaris, el acné rosáceo (o rosácea) es una condición relacionada que afecta principalmente a adultos. Se caracteriza por enrojecimiento, pápulas y pústulas en el rostro, especialmente en la zona central. Aunque comparte algunas características con el acné, el acné rosáceo tiene una etiología diferente, y su tratamiento varía.

6. Acné Neonatal

Este tipo de acné afecta a los recién nacidos y generalmente se resuelve por sí solo en unos pocos meses. Se caracteriza por la aparición de comedones, pápulas y pústulas en la cara del bebé, especialmente en la frente y las mejillas. Se cree que está relacionado con las hormonas maternas que el bebé recibe durante el embarazo.

CLÍNICA:

El acné vulgaris se caracteriza por la aparición de diversas lesiones cutáneas, que varían en tipo, localización e intensidad dependiendo de la gravedad del caso. La sintomatología del acné puede ir desde formas leves, con pocos comedones, hasta formas graves, con lesiones profundas y dolorosas que pueden dejar cicatrices permanentes. A continuación, se describen las principales manifestaciones clínicas y síntomas asociados con el acné.

1. Lesiones Principales:

Las lesiones del acné se pueden clasificar en dos tipos: comedones (lesiones no inflamatorias) e inflamatorias (lesiones que presentan signos de inflamación). La combinación de estos tipos de lesiones es lo que caracteriza la sintomatología del acné.

  • Comedones: Son obstrucciones de los poros que se producen cuando el exceso de sebo y las células muertas de la piel tapan los folículos pilosebáceos. Los comedones pueden ser:
    • Comedones cerrados (pápulas): Son pequeñas protuberancias de color blanco o amarillento que no tienen una abertura visible en la superficie de la piel. Estos comedones pueden evolucionar hacia lesiones inflamatorias si se infectan.
    • Comedones abiertos (puntos negros): Son obstrucciones que tienen una abertura en la superficie de la piel, lo que permite que el sebo se oxide y adquiera un color negro. A pesar de su apariencia, los puntos negros no son causados por suciedad, sino por el exceso de sebo y queratina en el poro.
  • Lesiones inflamatorias: Las lesiones inflamatorias son el resultado de la infección por Cutibacterium acnes y la respuesta inflamatoria de la piel. Estas lesiones incluyen:
    • Pápulas: Son pequeñas protuberancias rojizas y elevadas en la piel, que no contienen pus. Son indicativas de inflamación en los folículos pilosebáceos.
    • Pústulas: Son lesiones similares a las pápulas, pero con una cabeza blanca o amarillenta debido a la acumulación de pus en su interior. Son más inflamatorias y dolorosas que las pápulas.
    • Nódulos: Son lesiones más grandes, firmes y dolorosas que se desarrollan profundamente en la piel. Pueden durar semanas y son más propensas a dejar cicatrices.
    • Quistes: Son grandes lesiones llenas de pus que se desarrollan en las capas más profundas de la piel. Son dolorosas, de tamaño considerable y pueden dejar cicatrices profundas si no se tratan adecuadamente.

 

2. Distribución de las Lesiones:

El acné generalmente afecta las áreas de la piel con mayor cantidad de glándulas sebáceas, lo que incluye:

  • Cara: Es la zona más comúnmente afectada por el acné, especialmente la frente, la nariz y las mejillas.
  • Espalda: El acné en la espalda, también conocido como «acné corporal», es común en casos moderados a graves, y puede involucrar la aparición de nódulos y quistes.
  • Hombros y pecho: Son áreas adicionales que suelen verse afectadas, especialmente en casos de acné inflamatorio o quístico.
  • Cuello y zona del escote: En algunos casos, el acné también puede aparecer en el cuello o la zona del escote, aunque es menos frecuente que en la cara y la espalda.

 

3. Síntomas Asociados:

Los síntomas del acné no se limitan solo a las lesiones visibles en la piel. A menudo, los pacientes también experimentan otros síntomas relacionados con la condición:

  • Dolor y sensibilidad: Las lesiones inflamatorias, como pápulas, pústulas, nódulos y quistes, suelen ser dolorosas al tacto. Los nódulos y quistes, en particular, pueden causar dolor profundo debido a su ubicación en las capas más profundas de la piel.
  • Enrojecimiento e inflamación: Las lesiones inflamatorias, como las pápulas y pústulas, suelen estar acompañadas de enrojecimiento e hinchazón en la piel. Este enrojecimiento puede ser más notorio en el rostro, lo que puede afectar la estética y causar incomodidad emocional.
  • Cicatrices: En casos de acné grave, especialmente en aquellos con lesiones profundas como los nódulos y los quistes, las cicatrices pueden desarrollarse. Las cicatrices pueden ser de varios tipos:
    • Cicatrices hipertróficas: Son cicatrices elevadas que se forman debido a la sobreproducción de colágeno durante la curación.
    • Cicatrices atroficas: Son cicatrices hundidas o deprimidas que ocurren cuando hay una pérdida de tejido durante el proceso de curación. Estas son más comunes en el acné grave y pueden ser difíciles de tratar.
  • Prurito: En algunas personas, el acné puede estar acompañado de picazón, especialmente cuando las lesiones están inflamadas o al aplicar ciertos tratamientos tópicos.

 

4. Acné en Adultos:

Aunque el acné es más común en adolescentes, también puede persistir en la edad adulta o incluso aparecer por primera vez en adultos. El acné en adultos suele ser menos severo, pero puede ser más persistente. En las mujeres, el acné adulto a menudo está relacionado con fluctuaciones hormonales, como las que ocurren durante el ciclo menstrual, el embarazo o el uso de anticonceptivos14.

DIAGNÓSTICO:

El diagnóstico del acné se basa principalmente en una evaluación clínica detallada, que incluye la historia médica del paciente, el examen físico y, en algunos casos, pruebas adicionales. El diagnóstico generalmente no requiere pruebas de laboratorio, pero en algunos casos, puede ser necesario realizar estudios para descartar otras condiciones dermatológicas o endocrinas.

En mujeres jóvenes hay que vigilar que éste no sea una expresión de alguna alteración hormonal subyacente, como el síndrome de ovario poliquístico o la hiperplasia suprarrenal congénita (muy especialmente cuando aparece de forma muy virulenta). Cuando esto es así suele verse acompañado de otros signos de hiperandrogenismo como el hirsutismo, la alopecia de patrón masculino o alteraciones menstruales. Si hay sospecha de estos cuadros solicitaremos testosterona, FSH y LH y DHEA-S.

El grado de acné se clasifica generalmente en función de la gravedad de las lesiones. El sistema más utilizado para evaluar la gravedad del acné es la escala de clasificación de acné de Lehmann, que clasifica el acné en cuatro grados:

  • Grado I (Leve): Comedones (puntos negros y blancos) sin inflamación.
  • Grado II (Moderado): Pápulas y pústulas inflamatorias.
  • Grado III (Grave): Nódulos y quistes, con inflamación significativa.
  • Grado IV (Muy grave): Acné conglobata, grandes abscesos y cicatrices.

 

En casos de presentación atípica se debe realizar el diagnóstico diferencial con otros procesos como rosácea, dermatitis perioral, vasculitis, foliculitis bacteriana por Staphylococo aureus o foliculitis por Pityosporum, pseudofoliculitis de la barba o erupciones acneiformes inducidas por medicamentos (bromo, yodo, litio, etc.), que generalmente conllevan cuadros vinculados con la ingesta y de lesión muy característica (comedones abiertos de muy pequeño tamaño)9.

TRATAMIENTO:

El tratamiento del acné ha evolucionado significativamente en los últimos años, y actualmente existen una variedad de opciones terapéuticas que van desde tratamientos tópicos hasta terapias orales. La elección del tratamiento depende de la gravedad del acné, el tipo de lesiones, la respuesta individual a los tratamientos y la presencia de efectos secundarios. A continuación, se detallan los principales enfoques terapéuticos utilizados en el tratamiento del acné.

1. Tratamientos Tópicos:

Los tratamientos tópicos son la primera línea de tratamiento para el acné leve a moderado. Estos medicamentos se aplican directamente sobre la piel afectada y tienen como objetivo reducir la inflamación, controlar la producción de sebo y eliminar las obstrucciones en los poros. Los tratamientos tópicos más comunes incluyen:

  • Peróxido de benzoilo: Es uno de los tratamientos tópicos más utilizados para el acné. El peróxido de benzoilo tiene propiedades antibacterianas y antiinflamatorias, lo que ayuda a reducir la cantidad de C. acnes en la piel y a disminuir la inflamación. También es eficaz para destapar los poros y prevenir la formación de comedones. Sin embargo, puede causar irritación y sequedad en la piel, por lo que es importante usarlo con precaución.
  • Retinoides tópicos: Los retinoides, como la tretinoína, adapaleno y tazaroteno, son derivados de la vitamina A que ayudan a regular la renovación celular y a prevenir la obstrucción de los poros. Son muy efectivos en el tratamiento de comedones y lesiones inflamatorias. Los retinoides también tienen propiedades antiinflamatorias, pero pueden causar irritación y sensibilidad en la piel, por lo que su uso debe ser gradual.
  • Antibióticos tópicos: Los antibióticos como la clindamicina y la eritromicina se utilizan para reducir la cantidad de C. acnes en la piel y disminuir la inflamación. Se aplican directamente sobre las lesiones y se suelen usar en combinación con otros tratamientos, como el peróxido de benzoilo o los retinoides, para mejorar su eficacia. Sin embargo, el uso prolongado de antibióticos tópicos puede llevar al desarrollo de resistencia bacteriana.
  • Ácido salicílico: El ácido salicílico es un beta-hidroxiácido (BHA) que ayuda a exfoliar la piel y destapar los poros. Es especialmente útil para tratar los comedones y prevenir la obstrucción de los poros. Se encuentra en una variedad de productos, como limpiadores, tónicos y cremas.

 

2. Tratamientos Orales:

En casos de acné moderado a grave o cuando los tratamientos tópicos no son efectivos, se recurre a los tratamientos orales. Estos incluyen antibióticos, anticonceptivos orales y, en casos más graves, la isotretinoína.

  • Antibióticos orales: Los antibióticos como la doxiciclina, minociclina y tetraciclina se utilizan para tratar el acné inflamatorio. Su función principal es reducir la proliferación de C. acnes y disminuir la inflamación. Los antibióticos orales se usan generalmente durante un período limitado para evitar la resistencia bacteriana, y a menudo se combinan con tratamientos tópicos para mejorar los resultados10.
  • Anticonceptivos orales: En mujeres con acné relacionado con fluctuaciones hormonales, los anticonceptivos orales pueden ser efectivos para controlar la condición. Los anticonceptivos combinados que contienen estrógenos y progestinas pueden regular los niveles hormonales, reducir la producción de sebo y mejorar el acné. Sin embargo, no todos los anticonceptivos son efectivos para tratar el acné, por lo que es importante elegir los adecuados en consulta con un médico10.
  • Isotretinoína: La isotretinoína es un retinoide oral que se utiliza para tratar el acné grave y resistente a otros tratamientos. Es altamente efectivo para reducir la producción de sebo, prevenir la obstrucción de los poros y disminuir la inflamación. Sin embargo, la isotretinoína tiene efectos secundarios significativos, como sequedad extrema de la piel, labios agrietados, y en raros casos, efectos teratogénicos (daño al feto), por lo que su uso está estrictamente controlado y debe ser supervisado por un dermatólogo10.

 

3. Terapias Físicas y Alternativas:

Además de los tratamientos farmacológicos, existen varias terapias físicas y alternativas que pueden ser útiles en el manejo del acné. Estas incluyen:

  • Terapia con luz y láser: La terapia con luz, como la luz azul, se utiliza para tratar el acné leve a moderado. La luz azul tiene propiedades antibacterianas y puede reducir la cantidad de C. acnes en la piel. Los tratamientos con láser, como el láser de dióxido de carbono (CO2) y el láser de colorante pulsado, pueden ser efectivos para reducir la inflamación y mejorar la apariencia de la piel en casos de acné grave y cicatrices.
  • Terapia fotodinámica (PDT): La PDT combina la aplicación de un agente fotosensibilizante con luz de una longitud de onda específica para tratar el acné. Esta terapia es útil para reducir la producción de sebo y la inflamación, y puede ser particularmente eficaz en casos de acné inflamatorio.
  • Peelings químicos: Los peelings químicos con ácidos como el ácido glicólico o el ácido salicílico pueden ayudar a exfoliar la piel, destapar los poros y reducir las cicatrices del acné. Los peelings químicos se realizan en consultorios dermatológicos y pueden ser una opción efectiva para mejorar la textura de la piel.
  • Microdermoabrasión: La microdermoabrasión es un procedimiento no invasivo que utiliza partículas finas para exfoliar la capa superficial de la piel. Este tratamiento puede ayudar a reducir las cicatrices del acné y mejorar la apariencia general de la piel8,10.

 

4. Tratamientos Emergentes:

En los últimos años, se han explorado nuevas opciones terapéuticas para el tratamiento del acné. Algunas de las más prometedoras incluyen:

  • Probióticos y microbioma cutáneo: Investigaciones recientes sugieren que el equilibrio del microbioma cutáneo juega un papel importante en el desarrollo del acné. Los probióticos tópicos o orales pueden ayudar a restaurar el equilibrio bacteriano en la piel y reducir la inflamación asociada con el acné. Aunque se necesitan más estudios, este enfoque ofrece una nueva vía de tratamiento12.
  • Terapias biológicas: Los inhibidores de la interleucina-1 (IL-1) y otras terapias biológicas que modulan la respuesta inflamatoria están siendo investigados como opciones para el tratamiento del acné inflamatorio grave. Estos tratamientos tienen el potencial de reducir la inflamación y mejorar la respuesta inmune, aunque su uso aún no está completamente establecido8,13.

 

BIBLIOGRAFÍA

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