Terapias anti VEGF personalizadas en la degeneración macular asociada a la edad. De la era mensual fija a la medicina de precisión retiniana

19 agosto 2025

 

AUTORES

  1. Javier José Bermúdez Cervilla. Servicio de Oftalmología, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España; Grupo de Investigación e Innovación Miguel Servet Oftalmología (GIMSO), Zaragoza, España.
  2. Blanca Sandoval Ollo. Servicio de Oftalmología, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
  3. Laura Latorre Rando. Servicio de Oftalmología, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
  4. Pablo Juan Bermúdez Cervilla. Graduado en Medicina, Granada, España.
  5. Anna Ferrer Preixens. Servicio de Oftalmología, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.
  6. Elena Malo Navarro. Servicio de Oftalmología, Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza, España.

 

RESUMEN

La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) húmeda pasó de ser una causa inexorable de ceguera a una patología crónica controlable gracias a la inhibición intravítrea del VEGF. Tras la aprobación de ranibizumab y la posterior introducción de aflibercept y brolucizumab, la inyección mensual dio paso a esquemas “pro re nata” y “treat-and-extend” respaldados por OCT de alta resolución. Estos protocolos individualizan los intervalos según biomarcadores morfológicos (fluido intra/subretiniano, grosor foveal, integridad de la línea elipsoide) y funcionales (agudeza visual, NEI-VFQ-25), disminuyendo la carga asistencial sin comprometer la eficacia. El cambio de fármaco, la combinación con esteroides y la exploración de anti-VEGF biespecíficos o portadores de liberación sostenida (Port Delivery System, terapia génica) ofrecen soluciones a la respuesta subóptima. La farmacogenómica —polimorfismos en CFH, ARMS2 y HTRA1— perfila el futuro de los algoritmos guiados genéticamente. Persisten desafíos: fibrosis submacular, atrofia geográfica y sostenibilidad económica. No obstante, la integración de imagen multimodal, biomarcadores séricos y plataformas de administración de larga duración consolida a la DMAE como paradigma de medicina de precisión en oftalmología.

PALABRAS CLAVE

Degeneración macular relacionada con la edad, factor de crecimiento endotelial vascular A, agentes anti-VEGF, inyecciones intravítreas, tomografía de coherencia óptica, medicina de precisión.

ABSTRACT

Anti-VEGF therapy transformed neovascular age-related macular degeneration (nAMD) from an untreatable cause of blindness into a manageable chronic disorder. Following the pivotal MARINA, ANCHOR and VIEW trials, monthly ranibizumab and aflibercept injections became standard, yet imposed a high clinical and economic burden. Spectral-domain OCT enabled activity-guided strategies—pro re nata (PRN) and treat-and-extend (T&E)—that tailor injection intervals to anatomical biomarkers such as intraretinal or subretinal fluid, central retinal thickness and ellipsoid-zone integrity, while maintaining visual acuity. Suboptimal responders may benefit from agent switching, corticosteroid adjuncts or next-generation molecules, including faricimab, a bispecific VEGF/Ang-2 inhibitor, and the Port Delivery System, which provide extended durability. Ongoing phase I/II trials explore gene therapy vectors designed for continuous intraocular anti-VEGF production. Genotype-phenotype associations involving CFH, ARMS2 and HTRA1 herald pharmacogenomic algorithms that could predict treatment intensity and visual prognosis. Despite progress, long-term fibrosis, geographic atrophy and programme affordability remain critical challenges in ageing populations. Integrating high-resolution OCT, OCT-angiography, serum biomarkers and patient-reported outcomes (NEI-VFQ-25) refines precision-medicine protocols, balancing efficacy with quality of life and resource optimisation. nAMD thus exemplifies how molecular therapeutics, advanced imaging and personalised regimens can converge to preserve vision in the era of demographic ageing.

KEY WORDS

Age-related macular degeneration, vascular endothelial growth factor A, Anti-VEGF agents, intravitreal injections, optical coherence tomography, precision medicine

INTRODUCCIÓN

La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) constituye la principal causa de ceguera legal en personas mayores de 65 años en los países desarrollados, impactando de forma severa en la independencia funcional y calidad de vida de los pacientes. Desde el punto de vista histórico, su reconocimiento como entidad clínica comenzó a delinearse a principios del siglo XX, aunque fue en las décadas de 1970 y 1980 cuando los avances en angiografía con fluoresceína y posteriormente en la tomografía de coherencia óptica (OCT) permitieron diferenciar las formas seca (atrófica) y húmeda (neovascular), esta última responsable de la mayor parte de la pérdida visual severa en DMAE1.

Antes de la era anti-VEGF, las opciones terapéuticas para la DMAE húmeda eran limitadas y con resultados insatisfactorios. Entre las décadas de 1980 y 1990, se emplearon la fotocoagulación con láser térmico y la terapia fotodinámica (TFD) con verteporfina, cuyo objetivo era obliterar los neovasos coroideos subfoveales. Sin embargo, estas técnicas se asociaban a altas tasas de recurrencia, daño retiniano colateral y limitaciones en la preservación de la agudeza visual central, ya que si bien podían retardar la progresión de la enfermedad, difícilmente lograban mejoras funcionales sostenidas2.

El descubrimiento del factor de crecimiento endotelial vascular (VEGF) como mediador clave en la angiogénesis ocular cambió radicalmente el paradigma del tratamiento de la DMAE húmeda. En 1989, Ferrara y colaboradores lograron aislar el VEGF, evidenciando su papel en la permeabilidad vascular y en la formación de neovasos patológicos. Esta comprensión molecular abrió la puerta al desarrollo de fármacos dirigidos a inhibir este mediador, con el objetivo de detener la neovascularización coroidea sin destruir el tejido retiniano suprayacente3.

El primer gran hito terapéutico llegó con el uso off-label de bevacizumab (Avastin®), un anticuerpo monoclonal anti-VEGF aprobado para cáncer colorrectal, que mostró resultados prometedores en la reducción del edema y la estabilización de la agudeza visual en pacientes con DMAE húmeda. Sin embargo, la aprobación de ranibizumab (Lucentis®) en 2006 por la FDA representó el inicio formal de las terapias anti-VEGF en oftalmología, con evidencia sólida de su eficacia y seguridad en ensayos multicéntricos como ANCHOR y MARINA, en los que se documentó, por primera vez, no solo la estabilización, sino también la mejora significativa de la agudeza visual en una proporción considerable de pacientes4.

La llegada posterior de aflibercept (Eylea®), un “trap” de VEGF con mayor afinidad de unión y mayor duración de acción intravítrea, permitió optimizar los intervalos de tratamiento, reduciendo la carga de inyecciones y de visitas al hospital. Ensayos como VIEW 1 y VIEW 2 demostraron resultados visuales comparables con ranibizumab, pero con esquemas de tratamiento más espaciados, un factor relevante en poblaciones envejecidas con comorbilidades múltiples5.

El esquema inicial de tratamiento mensual supuso un avance indiscutible, pero también generó desafíos logísticos y financieros significativos. Por este motivo, surgieron regímenes personalizados como “tratamiento y extensión” (Treat and Extend, T&E) y “pro re nata” (PRN) con el objetivo de mantener el control de la enfermedad, optimizando la frecuencia de inyecciones y reduciendo las visitas, siempre con monitorización estricta mediante OCT para la detección precoz de recurrencias de fluido intrarretiniano o subretiniano6.

El desarrollo de las terapias anti-VEGF personalizadas se vio impulsado por la disponibilidad de OCT de dominio espectral y posteriormente de OCT de dominio de barrido, que permitieron un seguimiento más sensible y objetivo de la actividad exudativa, mejorando la capacidad del clínico para ajustar los intervalos de inyección según la respuesta individual del paciente. Así, se pasó de un paradigma de tratamiento fijo a un enfoque dinámico basado en la morfología retiniana y la evolución funcional7.

Un avance relevante fue la identificación de biomarcadores morfológicos y funcionales que pudieran predecir la respuesta a la terapia anti-VEGF. La presencia de fluido intrarretiniano, el grosor central retiniano y la integridad de la línea elipsoide en la OCT, así como características angiográficas como el tipo de membrana neovascular (tipo 1, tipo 2 o tipo 3), han sido investigados como predictores de la respuesta y la necesidad de retratamiento, buscando individualizar la terapia y anticipar los resultados visuales2.

A pesar de los avances, algunos pacientes presentan una respuesta subóptima a la terapia anti-VEGF, definida por la persistencia de fluido subretiniano o intrarretiniano tras múltiples inyecciones. En estos casos, se han explorado estrategias como el cambio de agente anti-VEGF (switch) o la combinación con terapias complementarias, incluyendo esteroides intravítreos, buscando controlar la inflamación y el componente de permeabilidad vascular no dependiente exclusivamente de VEGF8.

Los estudios farmacogenómicos han comenzado a perfilar la posibilidad de personalizar las terapias anti-VEGF en función de variantes genéticas individuales. Polimorfismos en genes como CFH, ARMS2 y HTRA1 han mostrado asociaciones con la susceptibilidad a DMAE y con la respuesta a los inhibidores de VEGF, lo que en el futuro podría derivar en algoritmos de tratamiento guiados genéticamente para optimizar los resultados visuales y reducir la exposición innecesaria a inyecciones intravítreas9.

Desde el punto de vista de la salud pública, la implementación de programas de tratamiento anti-VEGF en la DMAE ha supuesto un cambio sustancial en la epidemiología de la ceguera en mayores, con una reducción en las tasas de discapacidad visual severa atribuible a DMAE húmeda. Sin embargo, la sostenibilidad de estos programas sigue siendo un reto debido a los costos acumulativos y la necesidad de visitas frecuentes, lo que ha motivado la investigación en agentes de acción prolongada, formulaciones de liberación sostenida y plataformas de administración intravítrea que permitan mantener la eficacia con menos inyecciones10.

Actualmente, se están evaluando nuevas moléculas y tecnologías que podrían revolucionar las terapias anti-VEGF, como faricimab, un anticuerpo biespecífico que inhibe simultáneamente VEGF y Ang-2, o implantes intravítreos de liberación prolongada como el sistema Port Delivery System (PDS). Asimismo, las terapias génicas dirigidas a la producción intraocular sostenida de anti-VEGF están en investigación en ensayos clínicos de fase I y II, con el potencial de reducir drásticamente la necesidad de inyecciones repetidas11.

En síntesis, las terapias anti-VEGF personalizadas en la DMAE representan uno de los mayores avances en la oftalmología moderna, pasando de un tratamiento destructivo a uno conservador y restaurador de la visión, con un enfoque progresivamente dirigido hacia la individualización de los regímenes de tratamiento, la integración de biomarcadores de imagen y genéticos, y el desarrollo de plataformas de administración sostenida, consolidando el tratamiento de la DMAE como un paradigma de medicina de precisión en oftalmología.

HIPÓTESIS

En referencia a la hipótesis de la presente revisión sistemática, se espera que el conocimiento actual sobre las terapias anti-VEGF en degeneración macular asociada a la edad (DMAE) sea avanzado y esté sólidamente fundamentado en la evidencia clínica y de imagen de alta resolución. Además, se vaticina que la práctica oftalmológica en el manejo de la DMAE húmeda con terapias anti-VEGF esté en sintonía con los principios de personalización del tratamiento, optimización de los intervalos de inyección y monitorización mediante biomarcadores estructurales y funcionales, permitiendo una atención centrada en el paciente. Finalmente, se espera que el impacto de las terapias anti-VEGF personalizadas en la calidad de vida de los pacientes con DMAE mejore radicalmente la preservación de la visión funcional, fomentando su independencia y reduciendo la carga socioeconómica asociada a la ceguera en la población envejecida.

OBJETIVOS

Analizar de manera crítica la evolución y la evidencia clínica de las terapias anti-VEGF en la degeneración macular asociada a la edad, incluyendo las estrategias de personalización del tratamiento basadas en intervalos de inyección, biomarcadores de imagen y resultados funcionales, con el fin de optimizar la preservación de la visión funcional a largo plazo.

Identificar los factores clínicos, anatómicos y de calidad de vida que condicionan la respuesta individual a las terapias anti-VEGF en pacientes con DMAE, con el objetivo de establecer criterios de selección y métricas de éxito que permitan implementar protocolos de tratamiento personalizados en la práctica oftalmológica de precisión.

METODOLOGÍA

Para la revisión se emplearon bases de datos reconocidas en oftalmología y ciencias biomédicas, incluyendo PubMed, Scopus, Web of Science, Google Scholar, ProQuest, DOAJ, Embase, SpringerLink, Index Copernicus, DOAB y Walden University Repository.

Los criterios de inclusión considerados fueron los siguientes: tipos de estudio (metaanálisis, revisiones sistemáticas, ensayos clínicos aleatorizados, estudios observacionales prospectivos y retrospectivos publicados desde el año 2014), participantes (pacientes diagnosticados con degeneración macular asociada a la edad, tanto en su forma seca como neovascular), resultados (indicadores de eficacia de las terapias anti-VEGF en términos de agudeza visual, estabilidad anatómica mediante OCT, frecuencia de inyecciones, calidad de vida y biomarcadores de respuesta al tratamiento) e idioma (estudios en español e inglés o traducidos a alguno de estos idiomas).

Por otro lado, se aplicaron criterios de exclusión que comprendieron estudios no revisados por pares, muestras no representativas, intervenciones no relacionadas con terapias anti-VEGF personalizadas, resultados irrelevantes para la práctica clínica oftalmológica y estudios con fechas anteriores a 2014.

RESULTADOS

El análisis de la evolución de las terapias anti-VEGF en la degeneración macular asociada a la edad (DMAE) revela una de las transformaciones más significativas en la historia de la retina médica, al convertir una patología que conducía de manera invariable a la ceguera funcional en un proceso crónico con posibilidad de estabilización e incluso mejoría visual. Desde los primeros estudios pivotales con ranibizumab y bevacizumab, se demostró que la inhibición del factor de crecimiento endotelial vascular podía frenar la neovascularización coroidea y preservar la arquitectura macular, siempre que se mantuviera una frecuencia de inyecciones adecuada. Sin embargo, los esquemas de tratamiento mensual generaron una carga asistencial y económica considerable, además de una adherencia imperfecta en la práctica clínica real, lo que impulsó la búsqueda de estrategias de individualización para equilibrar eficacia y sostenibilidad.12

En este contexto, emergieron protocolos como el “treat-and-extend” y el “pro re nata” (PRN), que permitieron ajustar los intervalos de inyección según la actividad de la enfermedad valorada mediante biomarcadores de imagen como la presencia de fluido intrarretiniano o subretiniano en la OCT. Estos esquemas redujeron el número de inyecciones anuales manteniendo la estabilidad anatómica y funcional, aunque con resultados variables según la adherencia y el criterio clínico en cada paciente. Asimismo, el desarrollo de nuevos agentes anti-VEGF de vida media prolongada, como aflibercept y brolucizumab, ha permitido ampliar los intervalos de inyección a 8-12 semanas en ciertos pacientes sin pérdida de eficacia, disminuyendo así la carga asistencial, pero manteniendo la vigilancia estricta con OCT en cada visita13.

La identificación de biomarcadores de imagen y funcionales ha adquirido relevancia en la personalización de las terapias anti-VEGF. El grosor central macular, la presencia y localización del fluido (intraretiniano, subretiniano o en PED), así como la integridad de la línea elipsoide en la OCT, se han utilizado como indicadores de actividad y de respuesta al tratamiento, permitiendo un ajuste racional de los intervalos. Además, se ha explorado el papel de biomarcadores séricos y genéticos, incluyendo polimorfismos en genes relacionados con el complemento y VEGF, para predecir la respuesta terapéutica y la necesidad de tratamiento intensivo, aunque su implementación en la práctica clínica aún se encuentra en desarrollo y requiere validación en cohortes amplias14.

La integración de resultados funcionales, como la agudeza visual mejor corregida (AVMC) y las medidas de calidad de vida relacionadas con la visión, permite evaluar de manera más completa la efectividad de los tratamientos anti-VEGF. Los estudios han demostrado que los pacientes que mantienen un régimen de inyecciones consistente, ajustado según biomarcadores de imagen, tienden a preservar o mejorar su AVMC en el largo plazo, con mejor desempeño funcional en actividades cotidianas y reducción de la dependencia. Sin embargo, los casos con fibrosis subretiniana, atrofia geográfica concurrente o daño estructural crónico muestran limitaciones en la recuperación funcional, destacando la importancia de un inicio temprano del tratamiento antes de que se instalen cambios irreversibles en la mácula15.

A pesar de los avances en terapias anti-VEGF y en las estrategias de personalización del tratamiento, persisten retos significativos, incluyendo la necesidad de reducir aún más la carga de inyecciones, mejorar la predictibilidad de la respuesta individual y minimizar las complicaciones asociadas a la enfermedad y al tratamiento, como la atrofia macular y la fibrosis. La investigación actual se orienta hacia la combinación de agentes anti-VEGF con terapias antifibróticas o neuroprotectoras, así como el desarrollo de formulaciones de liberación sostenida mediante dispositivos intravítreos o inyecciones subretinianas, con el objetivo de prolongar los intervalos de tratamiento y mantener la estabilidad visual16.

El seguimiento postratamiento en pacientes con degeneración macular asociada a la edad (DMAE) tratados con anti-VEGF constituye un pilar fundamental para maximizar la eficacia del tratamiento y preservar la visión funcional a largo plazo. Desde las primeras series de inyecciones intravítreas de ranibizumab y bevacizumab, se ha reconocido que la monitorización estricta con tomografía de coherencia óptica (OCT) es clave para detectar signos de actividad exudativa, tales como fluido intrarretiniano y subretiniano, así como cambios sutiles en el grosor macular central. Estos parámetros actúan como biomarcadores sensibles de reactivación y guían las decisiones de retratamiento, permitiendo un control más preciso de la enfermedad y evitando tanto la sobreinyección innecesaria como el retraso en el manejo de la actividad neovascular17.

Además de la OCT estructural, técnicas de imagen avanzadas como la OCT-angiografía (OCT-A) permiten identificar redes neovasculares activas o quiescentes, aportando información adicional sobre la morfología vascular subyacente y su correlación con la exudación. Estudios recientes sugieren que ciertos patrones vasculares en la OCT-A, como la presencia de vasos de ramificación fina o la densidad de la red neovascular, pueden asociarse con un mayor riesgo de reactivación y requerimiento de inyecciones más frecuentes. Integrar estos hallazgos de imagen en la práctica clínica ofrece un nivel adicional de personalización, facilitando la estratificación de riesgo y la predicción de la evolución a largo plazo en los pacientes con DMAE tratados con anti-VEGF18.

Los resultados funcionales, particularmente la agudeza visual mejor corregida (AVMC) y la sensibilidad al contraste, constituyen otro componente esencial en la evaluación postratamiento. Si bien la estabilización o mejora de la AVMC es el objetivo principal, se ha observado que algunos pacientes mantienen fluido subretiniano residual estable sin deterioro funcional, lo que ha llevado a reconsiderar los criterios de retratamiento en función del impacto real en la visión y no únicamente de hallazgos anatómicos aislados. Este enfoque, más funcional, evita la sobreinversión de recursos y la ansiedad del paciente, mientras se mantiene un control adecuado de la patología, maximizando la calidad de vida visual en un contexto de tratamiento crónico19.

Factores adicionales, como la edad del paciente, el grosor coroideo subfoveal y la integridad de la línea elipsoide en la OCT, se han identificado como predictores de respuesta al tratamiento y de evolución funcional. Pacientes más jóvenes tienden a presentar una respuesta más robusta y sostenida, mientras que el adelgazamiento coroideo y la disrupción de la línea elipsoide pueden asociarse a un pronóstico visual menos favorable, independientemente del control de la exudación. Estos parámetros permiten al oftalmólogo anticipar resultados y adaptar las expectativas del tratamiento de forma individualizada, reforzando el concepto de medicina de precisión en la retina médica20.

La incorporación de escalas de calidad de vida visual, como el NEI VFQ-25, y cuestionarios de función visual, aporta una perspectiva integral al seguimiento postratamiento, destacando el impacto real de las terapias anti-VEGF en las actividades diarias del paciente. La preservación de la independencia en actividades de lectura, movilidad y autocuidado depende no solo de la AVMC, sino de la estabilidad funcional global, que se correlaciona con un control sostenido de la enfermedad y una adherencia adecuada al seguimiento20.

CONCLUSIÓN

En conclusión, el análisis crítico de las terapias anti-VEGF en DMAE demuestra un progreso sostenido en términos de eficacia y seguridad, con un impacto transformador en la preservación de la visión funcional en pacientes previamente condenados a la ceguera legal. La personalización de las estrategias de tratamiento mediante la integración de biomarcadores de imagen, resultados funcionales y características individuales del paciente representa el siguiente paso en la optimización de estas terapias, permitiendo un equilibrio entre eficacia y calidad de vida, y abriendo la puerta a una medicina de precisión en la retina médica. Estos avances refuerzan la necesidad de una monitorización sistemática con OCT y de algoritmos de seguimiento estructurados en la práctica clínica, consolidando las bases para futuras innovaciones que mantengan y mejoren la visión de los pacientes con DMAE en un contexto de envejecimiento poblacional12-16.

En conclusión, la evaluación de factores predictivos y de seguimiento postratamiento en DMAE tratados con anti-VEGF requiere la integración de biomarcadores de imagen estructurales y vasculares, resultados funcionales y herramientas de calidad de vida para optimizar la preservación visual a largo plazo. Este enfoque integral permite al oftalmólogo adaptar las decisiones terapéuticas de manera personalizada, equilibrando la frecuencia de las inyecciones con la estabilidad anatómica y funcional del paciente, evitando complicaciones asociadas al tratamiento crónico e incrementando la eficiencia de los recursos clínicos. De este modo, la monitorización sistemática con imagen multimodal y la evaluación funcional continua consolidan una práctica oftalmológica de precisión en el manejo de la DMAE, reforzando el compromiso con la preservación de la visión funcional y la calidad de vida de los pacientes en un contexto de envejecimiento poblacional17–20.

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