AUTORES
- Laura Lázaro Pérez. Enfermera. Hospital Royo Villanova. Zaragoza, España.
- Silvia Martínez Francisco. Enfermera. Hospital Royo Villanova. Zaragoza, España.
- Julia Membrado Garde. Enfermera. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
- Manuel Sánchez Arazuri. Enfermero. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
- Silvia Gallego Moreno. Enfermera. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
RESUMEN
El presente artículo aborda la neurodivergencia en profesionales sanitarios, un tema poco explorado pero de creciente interés en los ámbitos de la salud y la inclusión laboral. La neurodivergencia agrupa condiciones neurológicas como el trastorno del espectro autista (TEA), el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), dislexia y otras dificultades específicas del aprendizaje, que representan variaciones naturales en la forma de procesar información y relacionarse con el entorno. A pesar del reconocimiento progresivo de estas diferencias en la sociedad, la realidad de los profesionales sanitarios neurodivergentes permanece mayormente invisible, generando importantes retos y barreras en su desempeño y bienestar laboral. A partir de una revisión exhaustiva de la literatura científica, se analizan la prevalencia, características, dificultades y potencialidades de estos profesionales, evidenciando que muchos presentan diagnósticos tardíos y adoptan estrategias de camuflaje que aumentan su vulnerabilidad al agotamiento emocional y a problemas de salud mental. Sin embargo, también se destaca su aporte significativo en habilidades cognitivas, creativas y éticas dentro de los equipos clínicos. La ausencia de políticas inclusivas y adaptaciones específicas limita la integración y el desarrollo pleno de la neurodiversidad en el entorno sanitario. Por ello, este trabajo subraya la importancia de visibilizar estas realidades y promover entornos laborales que reconozcan y valoren la neurodivergencia, contribuyendo así a una atención sanitaria más diversa, equitativa y de calidad.
PALABRAS CLAVE
Neurodivergencia, profesionales sanitarios, trastorno del espectro autista (TEA), trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), dislexia, inclusión laboral, camuflaje neurodivergente, Burnout, salud mental, adaptaciones labores, diversidad neurológica, equidad en salud, competencias cognitivas y políticas inclusivas.
ABSTRACT
This article addresses neurodivergence among healthcare professionals, a topic that remains underexplored yet is gaining increasing interest in the fields of health and workplace inclusion. Neurodivergence encompasses neurological conditions such as autism spectrum disorder (ASD), attention deficit hyperactivity disorder (ADHD), dyslexia, and other specific learning difficulties, which represent natural variations in how individuals process information and relate to their environment. Despite growing societal recognition of these differences, the reality of neurodivergent healthcare workers remains largely invisible, posing significant challenges and barriers to their performance and occupational well-being. Through an in-depth review of scientific literature, this article examines the prevalence, characteristics, difficulties, and strengths of these professionals, highlighting that many are diagnosed late and resort to masking strategies, increasing their vulnerability to emotional exhaustion and mental health issues. Nonetheless, it also emphasizes their valuable contributions in cognitive, creative, and ethical skills within clinical teams. The lack of inclusive policies and specific accommodations hinders the full integration and development of neurodiversity in healthcare settings. Therefore, this work underscores the need to bring visibility to these realities and promote work environments that recognize and value neurodivergence, contributing to more diverse, equitable, and high-quality healthcare.
KEY WORDS
Neurodivergence, healthcare professionals, autism spectrum disorder (ASD), attention deficit hyperactivity disorder (ADHD), dyslexia, workplace inclusion, neurodivergent masking, burnout, mental health, workplace accommodations, neurological diversity, health equity, cognitive competencies, inclusive policies.
INTRODUCCIÓN
En las últimas décadas, el concepto de neurodivergencia ha ganado espacio en los debates sobre diversidad e inclusión, reconociendo condiciones como el trastorno del espectro autista (TEA), el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), la dislexia o la discalculia como expresiones naturales de la variabilidad neurológica humana1,2. Este enfoque se aleja de la visión estrictamente patologizante para centrarse en la idea de que estas diferencias pueden aportar formas únicas de percibir, procesar e interactuar con el mundo.
Sin embargo, en el entorno sanitario, la neurodivergencia permanece mayormente invisible cuando afecta a los propios profesionales. Mientras aumenta el interés por adaptar los cuidados a pacientes con estas condiciones, la evidencia sobre trabajadores sanitarios neurodivergentes es aún escasa y dispersa. Esto es especialmente relevante en un sector donde se tiende a valorar competencias como la multitarea, la comunicación verbal fluida y la regulación emocional constante, características que pueden suponer un reto para ciertos perfiles neurodivergentes si no se cuenta con apoyos adecuados3,4.
Algunos estudios señalan que muchos adultos neurodivergentes, especialmente mujeres, reciben su diagnóstico en la edad adulta, tras años de dificultades no comprendidas en contextos laborales o educativos5. En el ámbito clínico, aparece el fenómeno descrito como “camuflaje” o “enmascaramiento”; consiste en la ocultación activa de rasgos neurodivergentes para cumplir con normas sociales o laborales. Este camuflaje suele implicar estrategias de simulación, hiperexigencia y agotamiento emocional, que incrementan el riesgo de burnout, ansiedad, sintomatología depresiva y abandono profesional6. Al mismo tiempo, hay indicios de que los profesionales neurodivergentes pueden aportar competencias altamente valiosas, como pensamiento analítico, memoria visual, creatividad diagnóstica o un compromiso ético elevado7.
En el caso del TDAH, por ejemplo, se ha observado una prevalencia significativa en estudiantes y médicos jóvenes, pero con baja tasa de diagnóstico y aún menor acceso a adaptaciones o tratamientos durante la práctica clínica8. A su vez, en el colectivo de personas con TEA de alto funcionamiento, el ejercicio profesional puede ser viable e incluso destacable en ciertas tareas técnicas o analíticas, pero se ve limitado por la falta de estructuras laborales predecibles o libres de sobrecarga sensorial6,7.
El escaso reconocimiento de estas capacidades, sumado a la falta de políticas inclusivas, puede generar entornos laborales hostiles o excluyentes. Visibilizar esta realidad no solo responde a un imperativo ético, sino que permite avanzar hacia instituciones sanitarias más diversas, donde se reconozca el valor de la diferencia y se promuevan entornos inclusivos que favorezcan el desarrollo pleno del equipo humano.
OBJETIVOS
El presente trabajo tiene como objetivo principal analizar el impacto de la neurodivergencia en el ámbito laboral sanitario desde una perspectiva basada en la evidencia científica.
De forma específica, se pretende identificar las condiciones neurodivergentes más frecuentes entre profesionales sanitarios y su grado de visibilidad en las instituciones; examinar las principales barreras estructurales, sociales y organizativas que dificultan su inclusión plena; explorar las consecuencias que estas dinámicas generan sobre la salud mental, el desempeño y la permanencia en el puesto de trabajo; y, finalmente, recopilar propuestas y estrategias institucionales que hayan demostrado eficacia en la creación de entornos laborales más accesibles, diversos e inclusivos para este colectivo.
METODOLOGÍA
Se llevó a cabo una revisión bibliográfica narrativa con el objetivo de sintetizar el conocimiento actual sobre la presencia, desafíos y oportunidades de la neurodivergencia en profesionales sanitarios. Para ello, se realizó una búsqueda estructurada en las bases de datos PubMed, Scopus, PsycINFO y CINAHL, seleccionadas por su relevancia en el ámbito biomédico, psicológico y sociosanitario.
Los términos de búsqueda empleados incluyeron combinaciones de los descriptores controlados y palabras clave: “neurodivergence”, “autism spectrum disorder”, “ADHD”, “healthcare professionals”, “inclusion”, “occupational stress”, “mental health”, “workplace discrimination”, entre otros, conectados mediante operadores booleanos (“AND”, “OR”). Se incluyeron artículos publicados entre 2013 y 2024, en inglés y español, con texto completo disponible y revisión por pares.
Los criterios de inclusión contemplaron estudios que abordaran explícitamente la situación de profesionales sanitarios neurodivergentes en contextos clínicos o formativos, incluyendo experiencias laborales, salud mental, estrategias de afrontamiento, barreras institucionales e intervenciones de apoyo. Se excluyeron investigaciones centradas únicamente en pacientes neurodivergentes, así como aquellos trabajos sin enfoque aplicado al ámbito sanitario o con metodologías no contrastadas.
Tras la lectura de títulos y resúmenes, se seleccionaron 35 estudios que cumplían con los criterios establecidos. La revisión se desarrolló entre junio y julio de 2025, y los datos extraídos fueron organizados en función de los principales ejes temáticos encontrados: diagnóstico tardío y enmascaramiento, condiciones laborales, salud mental, experiencias de exclusión e iniciativas inclusivas. No se realizó una evaluación cuantitativa del sesgo ni un metaanálisis, dado el carácter narrativo y exploratorio del estudio.
Dado que este estudio se basa en una revisión de literatura previamente publicada y accesible públicamente, no fue necesaria la aprobación de un comité de ética. Se han respetado los principios éticos de integridad académica y citación de fuentes.
RESULTADOS
La revisión de la literatura científica evidencia que la presencia de profesionales sanitarios neurodivergentes, aunque significativa, continúa siendo escasamente visibilizada en los entornos clínicos. Un estudio reciente llevado a cabo en un hospital psiquiátrico del Reino Unido encontró que aproximadamente el 40 % del personal sanitario se identificaba como neurodivergente, principalmente con diagnóstico de TDAH, dislexia o trastorno del espectro autista. A pesar de ello, un 36 % de dichos profesionales no había comunicado su condición a la institución y un 23 % refería no sentirse adecuadamente apoyado9. Esta falta de visibilidad contribuye a una notable carencia de políticas inclusivas en el sector sanitario. Entre las principales barreras detectadas se encuentran la inexistencia de protocolos específicos de inclusión, el desconocimiento generalizado sobre neurodiversidad por parte del entorno laboral y la persistencia de actitudes estigmatizantes. Botha y Frost señalan que muchos profesionales autistas experimentan exclusión social o profesional tras revelar su diagnóstico, lo que incide directamente en su estabilidad laboral3. Estas barreras se ven acentuadas en contextos de alta presión asistencial, estructuras jerárquicas rígidas y predominio de la comunicación verbal, todos ellos elementos característicos del ámbito hospitalario.
Un fenómeno ampliamente documentado en la bibliografía es el “camuflaje” o enmascaramiento, es decir, la tendencia a ocultar características propias de la neurodivergencia con el fin de adaptarse a las normas sociales y organizativas del entorno profesional. Este esfuerzo sostenido ha sido vinculado con sintomatología ansiosa y depresiva, fatiga extrema, agotamiento emocional y una mayor propensión al síndrome de burnout6. Por otra parte, múltiples estudios subrayan que una proporción significativa de profesionales sanitarios con TDAH o TEA no recibe un diagnóstico hasta la edad adulta, lo cual limita el acceso oportuno a recursos terapéuticos, intervenciones educativas o ajustes razonables en el entorno laboral5.
A pesar de los desafíos identificados, diversos trabajos destacan las competencias diferenciales que pueden aportar los profesionales neurodivergentes. Se han descrito habilidades como el pensamiento analítico, la atención al detalle, la memoria visual, la creatividad en la resolución de problemas clínicos y una elevada sensibilidad ética como atributos que enriquecen significativamente la práctica sanitaria7. Estas fortalezas, sin embargo, solo pueden desarrollarse plenamente en entornos que reconozcan y valoren la diversidad neurológica.
En cuanto a estrategias de intervención, si bien la implementación en el ámbito sanitario aún es limitada, comienzan a observarse experiencias incipientes basadas en modelos aplicados a otros sectores laborales. Se reseñan programas de inclusión neurodivergente en sectores como la ingeniería y las tecnologías de la información, con resultados positivos en la retención del talento y el bienestar del personal10. En el entorno clínico, se han propuesto medidas como la incorporación de figuras de referencia en neurodiversidad (“neurodiversity champions”), planes individualizados de adaptación y programas de formación para equipos directivos y asistenciales8,11. Estas intervenciones, aunque aún escasas, apuntan a una tendencia emergente hacia la creación de espacios clínicos más inclusivos, seguros y sostenibles para todos los profesionales.
CONCLUSIÓN
Los resultados obtenidos en esta revisión bibliográfica reflejan una realidad frecuentemente invisibilizada: la presencia de profesionales sanitarios neurodivergentes constituye un fenómeno más común de lo que tradicionalmente se ha reconocido, aunque aun insuficientemente explorado y apoyado en el entorno clínico. A pesar de los avances en la comprensión de la neurodiversidad en contextos educativos o tecnológicos, el ámbito sanitario permanece rezagado en la implementación de estrategias inclusivas.
El análisis de la literatura evidencia que la falta de diagnóstico en etapas tempranas, las actitudes estigmatizantes y la ausencia de políticas institucionales adaptadas generan un entorno adverso que compromete no solo la salud mental de los profesionales neurodivergentes, sino también la eficiencia de los equipos de trabajo y la calidad del cuidado proporcionado. La práctica del camuflaje, documentada en numerosos estudios, pone de manifiesto el esfuerzo constante por encajar en modelos normativos que desatienden la variabilidad neurológica y sus implicaciones funcionales.
Al mismo tiempo, se identifican competencias diferenciales y altamente valiosas que muchos de estos profesionales pueden aportar, como el pensamiento lógico, la creatividad diagnóstica, la atención al detalle y un profundo compromiso ético. Sin embargo, para que estas fortalezas puedan desplegarse plenamente, es necesario avanzar hacia entornos laborales estructurados, previsibles, libres de sobrecarga sensorial y basados en una cultura organizacional de respeto, comprensión y diversidad.
En definitiva, visibilizar y reconocer la neurodivergencia en el personal sanitario no solo responde a un imperativo ético y de justicia social, sino que se configura como una estrategia fundamental para la sostenibilidad del sistema de salud. La inclusión efectiva de estos profesionales requiere transformar estructuras rígidas, sensibilizar a los equipos de gestión y asistencia, y diseñar medidas que permitan aprovechar la riqueza cognitiva que aporta la diversidad neurológica.
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