AUTORES
- Andrea Pascual Oliver. F.E.A Aparato Digestivo Hospital Obispo Polanco (Teruel). España.
- Jorge Sebastián Nuez. F.E.A Pediatría Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza). España.
- Irene Cervera Hidalgo. E.A.P Pediatría Centro de Salud Cintruénigo, Área de Salud Tudela (Navarra). España.
- Paula Hidalgo Garijo. Fisioterapeuta en Unidad de Enfermería de Cuidados de Rehabilitación. Área de Salud de Tudela (Navarra). España.
- María José Mangas Martínez. TCAE Clínica Ubarmin, Navarra. España.
- Miguel Pascual Oliver. F.E.A Psiquiatría Hospital Obispo Polanco (Teruel). España.
RESUMEN
La enfermedad celíaca (EC) es una patología autoinmune desencadenada por la ingesta de gluten en personas genéticamente predispuestas, caracterizada por un proceso inflamatorio crónico que afecta la mucosa del intestino delgado. Se estima que afecta al 1–2 % de la población mundial, aunque hasta el 85 % de los casos podrían no estar diagnosticados debido a su variada presentación clínica, que incluye tanto síntomas digestivos clásicos como manifestaciones extraintestinales o incluso formas asintomáticas. El diagnóstico se basa en una combinación de: clínica, serología, histología y genética, siendo las pruebas más utilizadas los anticuerpos anti-tTG IgA, antiendomisio y biopsias duodenales. La biopsia sigue siendo el patrón oro diagnóstico, evaluando los cambios en la arquitectura intestinal.
No obstante, en casos dudosos, cuando existe discordancia entre las pruebas, se ha implementado una herramienta diagnóstica complementaria: el linfograma intestinal. Este permite analizar los linfocitos intraepiteliales mediante citometría de flujo, detectando alteraciones inmunofenotípicas específicas de la EC incluso cuando la histología es normal o mínimamente alterada. El caso clínico presentado ilustra esta utilidad: una paciente adolescente con clínica compatible, serología débilmente positiva y biopsia normal fue finalmente diagnosticada gracias al linfograma, que reveló un perfil inmunológico característico de la enfermedad.
Realizar un correcto diagnóstico de la EC es fundamental para instaurar una dieta sin gluten adecuada y prevenir complicaciones. El linfograma intestinal se presenta como una herramienta valiosa en el diagnóstico diferencial, especialmente útil en situaciones atípicas o con resultados diagnósticos discordantes.
PALABRAS CLAVE
Enfermedad celíaca, linfograma intestinal, endoscopia digestiva alta.
ABSTRACT
Celiac disease (CD) is an autoimmune disorder triggered by the ingestion of gluten in genetically predisposed individuals. It is characterized by a chronic inflammatory process affecting the mucosa of the small intestine. It is estimated to affect 1–2% of the global population, although up to 85% of cases may remain undiagnosed due to its highly variable clinical presentation, which includes classical gastrointestinal symptoms, extraintestinal manifestations, or even asymptomatic forms. Diagnosis is based on a combination of clinical features, serology, histology, and genetics, with the most commonly used tests being anti-tTG IgA antibodies, anti-endomysial antibodies (EMA), and duodenal biopsies. Biopsy remains the diagnostic gold standard, assessing changes in intestinal architecture.
However, in doubtful cases where there is discordance between clinical presentation, serology, and histology, a complementary diagnostic tool has been implemented: the intestinal lymphogram. This technique allows for the analysis of intraepithelial lymphocytes (IELs) via flow cytometry, detecting immunophenotypic alterations specific to CD, even when histology appears normal or only minimally altered. The clinical case presented illustrates this utility: an adolescent female with compatible symptoms, weakly positive serology, and normal biopsy was ultimately diagnosed through the lymphogram, which revealed an immunological profile characteristic of celiac disease.
Establishing a correct diagnosis of CD is essential to initiate an appropriate gluten-free diet and to prevent potential complications. The intestinal lymphogram is emerging as a valuable tool in differential diagnosis, particularly useful in atypical presentations or when conventional diagnostic results are inconclusive.
KEY WORDS
Celiac disease, intestinal lymphogram, upper gastrointestinal endoscopy.
INTRODUCCIÓN
La EC es un trastorno autoinmune sistémico provocado por la ingesta inadecuada de gluten (gliadina en trigo, hordeína en cebada y secalina en centeno). Se produce en pacientes genéticamente predispuestos, provocando cambios morfológicos en la pared intestinal: hiperplasia de las criptas, aumento de las células inflamatorias intestinales y finalmente, atrofia vellositaria intestinal, lo que conduce a una malabsorción intestinal, desencadenando manifestaciones clínicas tanto digestivas como extraintestinales1.
Afecta a aproximadamente al 1–2 % de la población mundial, presentando un aumento del número de diagnósticos en la última década, atribuyendo este cambio a una mayor búsqueda y precisión en las pruebas diagnósticas2. En Europa, los estudios multinacionales reportan prevalencias en población general del 1 % (con variaciones, por ejemplo: Finlandia 2,4 %, Italia 0,7 %, Alemania 0,3). No obstante, entre el 70 y el 85 % de los casos permanecen sin diagnosticar, debido principalmente a la gran variabilidad clínica, la forma silenciosa o latente, y la falta de conciencia tanto médica como del paciente. A este fenómeno se le conoce con el concepto del “iceberg celíaco”3.
La sintomatología es muy amplia. En su forma clásica, predominan síntomas gastrointestinales como diarrea crónica, distensión abdominal, pérdida de peso y signos de malabsorción intestinal. Sin embargo, en adultos pueden diagnosticarse únicamente con manifestaciones extraintestinales: anemia ferropénica, osteoporosis, fatiga crónica, infertilidad o dermatits herpetiforme. También puede cursar de forma asintomática1,4.
De forma clásica, el diagnóstico se basa en una combinación: presentación clínica y pruebas serológicas, genéticas e histopatológicas. Las pruebas de cribado incluyen anticuerpos anti-tTG IgA (sensibilidad 78–100 %, especificidad 90–100 %) y anti-endomisio (EMA) como confirmación (especificidad cercana al 100 %). Por ello, se debe solicitar IgA total para detectar casos de deficiencia de IgA (presente en ~0,2 % de la población), ya que puede causar falsos negativos en la serología5.
El estándar de oro sigue siendo la biopsia del intestino delgado, tomada de bulbo duodenal y segunda porción duodenal a través de una endoscopia digestiva alta, tomada siempre durante dieta con gluten. A través de esta biopsia, se clasifica el grado de linfocitosis intraepitelial, hiperplasia criptal y atrofia intestinal, siguiendo la clasificación de Marsh6.
La tipificación genética para HLA DQ2 y/o DQ8 tiene alto valor predictivo negativo (casi 100 %) y se utiliza sobre todo para excluir la EC en familiares o casos dudosos7.
En los últimos años, se ha implementado una técnica que permite diagnósticos más precisos en aquellos casos dudosos: el linfograma intestinal. Evalúa la población de linfocitos intraepiteliales (LIE) en las biopsias duodenales8. En la enfermedad celíaca, se observa un aumento significativo de LIE CD3⁺ y, especialmente, de LIE CD3⁺CD8⁺. Esta técnica mejora la especificidad diagnóstica en casos dudosos, incluso con serología negativa o lesiones histológicas mínimas (Marsh I)9.
En conjunto, el correcto diagnóstico es clave para iniciar el tratamiento: una dieta sin gluten estricta de por vida. Se trata de la única intervención capaz de revertir la mucosa intestinal, mejorar la calidad de vida y reducir complicaciones a largo plazo8 -10.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Paciente mujer de 17 años, sin antecedentes médicos ni quirúrgicos de interés, sin hábitos tóxicos ni tratamiento crónico médico habitual. Acude a consulta de gastroenterología tras valoración inicial por pediatría y posteriormente, por su médico de atención primaria. Refiere alternancia del ritmo deposicional, con predominio de diarrea (3-4 deposiciones al día) desde hace 4 años. Asocia dolor abdominal periumbilical tipo retorcijón previo a la deposición. No productos patológicos en heces. No pérdida de peso. No náuseas ni vómitos. No aumento del perímetro abdominal.
En las pruebas complementarias solicitadas por su médico de atención primaria destaca: anemia ferropénica (Hb 11,8 gr/dL; IST 13,07%; Ferritina 13; Fe 51), anti-tTG IgA débilmente positivos (44,60 U/Ml) con biopsias duodenales tomadas en gastroscopia normales, no sugerente de enfermedad celíaca (Figura 1).
Dada la disparidad en el resultado de las diferentes pruebas diagnósticas, se completó el estudio con test genético de EC y se amplió la serología con anti endomisio. El resultado del test genético fue de paciente de alto riesgo para desarrollar una enfermedad celíaca: HLA DQA105 y DQB102, pero la serología anti endomisio fue negativa. Aunque el diagnóstico más probable fuese enfermedad celíaca (AATG débilmente positivos, genética compatible y clínica sugerente) decidimos completar el estudio con linfograma intestinal, repitiendo las biopsias duodenales a través de endoscopia digestiva alta. Las biopsias duodenales fueron de nuevo, normales pero el linfograma intestinal fue sugerente de enfermedad celíaca (LIE respecto del total del epitelio 18,31%; Linfocitos T gamma-delta respecto del total de LIE 11,45%; Linfocitos T gamma-delta respecto del total del epitelio 2,59% y linfocitos CD3-CD103+ (i-NK) respecto del total de LIE 13,7%)
Con estos resultados, pudimos concluir con alta sensibilidad y especificidad, que el diagnóstico más probable era el de una enfermedad celíaca, indicando dieta sin gluten estricta, consiguiendo mejoría progresiva a los meses de seguimiento, apoyando aún más el diagnóstico.
DISCUSIÓN-CONCLUSIONES
Como hemos visto, la EC tiene una presentación altamente heterogénea y larvada en el tiempo, lo que representa un desafío diagnóstico (tanto en la práctica clínica en consulta como en investigación). A pesar de los avances en las pruebas serológicas y los criterios histológicos, un porcentaje significativo de casos sigue siendo infradiagnosticado o diagnosticado tardíamente, lo que conlleva riesgos sustanciales para la salud del paciente1. La importancia de llegar a un diagnóstico certero y precoz radica en que la EC no tratada puede generar complicaciones nutricionales, óseas, inmunológicas y, en algunos casos, malignas, además de un deterioro significativo en la calidad de vida.
Además, el impacto de la EC trasciende lo puramente clínico. El seguimiento de una dieta estricta sin gluten de por vida, única terapia actualmente disponible implica: adaptaciones alimentarias, sociales y económicas que pueden generar ansiedad, aislamiento y disminución del bienestar psicosocial si no se acompaña de un diagnóstico sólido y bien fundamentado. Por ello, el rigor diagnóstico adquiere una relevancia ética y médica fundamental: evitar tanto los falsos negativos, que perpetúan el daño intestinal, como los falsos positivos, que inducen restricciones innecesarias y afectan la vida del individuo.
En este contexto, el linfograma intestinal se ha consolidado como una herramienta diagnóstica valiosa en casos dudosos. La cuantificación inmunofenotípica de los linfocitos intraepiteliales permite afinar el diagnóstico en pacientes con serología negativa, lesiones Marsh leves o con múltiples comorbilidades9. Su utilidad ha sido reconocida particularmente en situaciones en las que la biopsia convencional no es concluyente, como hemos visto en el caso clínico presentado. La incorporación sistemática del linfograma intestinal podría mejorar la precisión diagnóstica y reducir la incertidumbre clínica en un subgrupo importante de pacientes9,10.
En conclusión, un diagnóstico correcto y bien sustentado de enfermedad celíaca es esencial para evitar complicaciones a largo plazo y mejorar la calidad de vida del paciente. El linfograma intestinal representa una herramienta útil y complementaria, que debería considerarse en protocolos diagnósticos en casos no concluyentes o atípicos, fortaleciendo así la toma de decisiones clínicas basadas en evidencia.
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