Cirrosis hepática. Artículo monográfico

20 septiembre 2025

 

AUTORES

  1. Esther Sancho Guillén. Graduada en Enfermería. Enfermera en Hospital Miguel Servet (Zaragoza). España.
  2. Paula Pros Jiménez. Graduada en Enfermería. Enfermera en Hospital Miguel Servet (Zaragoza). España.
  3. María Sánchez Funes. Graduada en Enfermería. Enfermera en Hospital Miguel Servet (Zaragoza). España.
  4. María Rubio Arregui. Graduada en Enfermería. Enfermera en Hospital Miguel Servet (Zaragoza). España.

 

RESUMEN

La cirrosis hepática es la etapa final de las enfermedades hepáticas crónicas, cursa con fibrosis difusa, nódulos regenerativos y alteraciones vasculares, y sus causas más frecuentes son el consumo excesivo de alcohol y las hepatitis virales. Puede ser compensada (asintomática) y descompensada, con complicaciones como la ascitis o encefalopatía. Para el diagnostico se combinan pruebas de imagen, laboratorio y técnicas no invasivas como la elastografía. El tratamiento se centra en la causa subyacente, complicaciones y cuidados de enfermería. Es una enfermedad crónica pero se puede prevenir reduciendo el alcohol, vacunas y antivirales frente a la hepatitis, control de las comorbilidades y realizando un diagnóstico precoz.

PALABRAS CLAVE

Cirrosis hepática, enfermedad hepática crónica, cuidados de enfermería.

ABSTRACT

Liver cirrhosis is the final stage of chronic liver disease, characterised by diffuse fibrosis, regenerative nodules and vascular alterations. Its most common causes are excessive alcohol consumption and viral hepatitis. It can be compensated (asymptomatic) or decompensated, with complications such as ascites or encephalopathy. Diagnosis combines imaging tests, laboratory tests, and non-invasive techniques such as elastography. Treatment focuses on the underlying cause, complications, and nursing care. It is a chronic disease but can be prevented by reducing alcohol consumption, vaccinations and antivirals against hepatitis, control of comorbidities, and early diagnosis.

KEY WORDS

Liver cirrhosis, chronic disease, Nursing care.

DESARROLLO DEL TEMA

La cirrosis hepática es la etapa final de las enfermedades hepáticas crónicas. Se considera una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en el mundo, y va en aumento. En 2017 se diagnosticaron 5,2 millones de casos y en 2019 causó 1,48 millones de muertes, con un incremento del 8,1% respecto al 20171,2.

Es un proceso de degradación crónica del hígado en el que se sustituye el parénquima hepático normal por fibrosis difusa y nódulos regenerativos, junto con alteraciones de la arquitectura vascular como la hipertensión portal3.

Las causas más comunes varían según la región; en los países occidentales el consumo de alcohol excesivo y las hepatitis virales crónicas, en especial la C, son las más frecuentes. En cambio, en Asia la hepatitis H es la causa principal3,4.

La epidemiología global también ha cambiado, la cirrosis asociada a la hepatitis B y C ha disminuido, y ahora el aumento está asociado al consumo de alcohol, obesidad, diabetes y a los cambios en los estilos de vida4.

Clínicamente, se divide en dos etapas con diferentes pronósticos:

  • Compensada: es asintomática, con una supervivencia aproximada a los 12 años.
  • Descompensada: asociada a complicaciones graves como ascitis, encefalopatía y tienen una supervivencia reducida (2-4 años)5.

 

La cirrosis hepática se desarrolla debido a condiciones que han provocado lesiones en el hígado. Los principales factores de riesgo son:

  • Consumo excesivo de alcohol, sobre todo cuando se superan las dos unidades estándar de alcohol aumenta el riesgo, especialmente en mujeres.
  • Enfermedades hepáticas de causa metabólica. Vinculada a la obesidad, síndrome metabólico y diabetes. Ocurre cuando se desarrolla inflamación grasa (esteatorrea).
  • Hepatitis virales crónicas B y C.
  • Otras causas como enfermedades autoinmunes, trastornos metabólicos y causas vasculares.

 

MANIFESTACIONES CLÍNICAS:

En las primeras fases suele ser una enfermedad asintomática o presentar síntomas generales como pérdida de peso, anorexia o fatiga. Con el progreso de la enfermedad comienza a aparecer ictericia, problemas dermatológicos como telangiectasias, eritema palmar, y signos palpables como un hígado nodular o esplenomegalia causada por la hipertensión portal6.

La hipertensión portal va a causar manifestaciones graves. Muchos pacientes desarrollan ascitis que frecuentemente se presenta con distensión abdominal, malestar y dificultad respiratoria. También pueden aparecer hemorragias digestivas por la presión venosa elevada6,7.

Otro signo es la encefalopatía hepática, cursa con alteraciones en el estado de conciencia, insomnio diurno, alteraciones en el ciclo vigilia-sueño y la incapacidad del hígado para eliminar toxinas.

Cuando un paciente padece cirrosis hepática está en un estado catabólico avanzado con pérdida de masa muscular y fuerza y tendencia a la desnutrición. A menudo sufren alteraciones hemostáticas como sangrados espontáneos de encías o epistaxis, debido a la reducción de la síntesis de factores de la coagulación7.

DIAGNÓSTICO:

El diagnóstico de la cirrosis hepática incluye la valoración clínica con pruebas de laboratorio, imagen y cuando sea necesario confirmación histológica. La biopsia hepática sigue siendo la prueba clave para demostrar los nódulos regenerativos y la fibrosis, su uso se reserva para casos dudosos ya que es una prueba invasiva y conlleva mucho riesgo de complicaciones en pacientes con coagulopatía8.

Actualmente, las técnicas no invasivas son las más utilizadas. La elastografía y los biomarcadores séricos permiten estimar el grado de fibrosis y determinar el riesgo con alta precisión, facilitando así el diagnóstico de cirrosis o enfermedad hepática avanzada8.

Las pruebas de laboratorio son esenciales para ratificar el diagnóstico y estratificar la gravedad y monitorizar: bilirrubina, albúmina, INR, transaminasas y sodio9.

TRATAMIENTO Y CUIDADOS DE ENFERMERÍA:

El primer tratamiento primero trata de abordar la causa principal: lograr la abstinencia alcohólica en cirrosis por alcohol o administrar antivirales en hepatitis B o C. este enfoque ha demostrado enlentecer la progresión de la enfermedad, reducir complicaciones y mejorar la supervivencia8.

Para la ascitis, es eficaz la restricción de sodio y el uso de diuréticos. En caso de sangrado por varices esofágicas, la combinación de vasoconstricciones, antibióticos y ligadura endoscópica urgente ha disminuido la mortalidad10.

La encefalopatía hepática se trata con lactulosa para inducir evacuaciones blandas y disminuir el amoniaco. Es importante no prolongar la restricción proteica por riesgo de malnutrición. La nutrición adecuada es fundamental, se recomienda un aporte proteico de 1.2-1-5 g/kg/día y suplementos micronutricionales10.

En fases finales con complicaciones graves, la derivación a trasplante hepático es esencial11.

Desde la enfermería, el cuidado de los pacientes es esencial para el éxito terapéutico. Incluye la evaluación diaria de peso, perímetro abdominal y edemas12.

En la ascitis, se debe supervisar la restricción de sodio, el cumplimiento de la farmacología y educar al paciente sobre los signos de alarma de la descompensación13.

Para la hemorragia digestiva, enfermería es quien detecta los signos de sangrado (melenas, hematemesis…), inicia medidas de soporte hemodinámico y prepara al paciente para realizar una endoscopia urgente13.

Cuando cursan con encefalopatía hepática, se evalúa el nivel de conciencia y orientación, administración del tratamiento pautado y educar al paciente sobre la identificación temprana de los signos de alarma (como la dificultad en las actividades de la vida diaria)14.

Se debe prestar especial atención al cuidado de la piel por el elevado riesgo de lesiones por presión realizando cambios posturales cada 2 horas, prevención de infecciones insistiendo en la higiene de manos, y seguridad del paciente, evitando traumatismos o caídas que puedan provocar sangrado14.

Finalmente, la educación sanitaria es fundamental en el cuidado enfermero. La enfermera debe orientar al paciente y su entorno sobre la importancia de evitar los factores de riesgo, la adherencia al tratamiento, dieta equilibrada y un buen seguimiento médico. Se debe potenciar el autocuidado y la comunicación efectiva con el equipo sanitario para conseguir un manejo eficaz de la enfermedad.

La cirrosis a pesar de ser una enfermedad hepática avanzada, su aparición puede retrasarse o prevenirse con medidas dirigidas a los principales factores de riesgo. Una de las más importantes es reducir el consumo de alcohol, ya que la ingesta excesiva es una de las causas más frecuente de daño hepático4.

La vacunación frente a la hepatitis B y el tratamiento antiviral de la hepatitis C disminuyen significativamente el riesgo de progresión a cirrosis. Esto sumado a un estilo de vida saludable ayuda a prevenir la enfermedad hepática grasa no alcohólica3,6.

Por otro lado, el manejo de comorbilidades, como diabetes o hipertensión, también ayuda a la prevención. Por último, la detección temprana de fibrosis hepática con pruebas no invasivas permite intervenir antes de que se produzca daño irreversible, siendo clave en la prevención8.

BIBLIOGRAFÍA

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