- Judit Perales Pascual. Farmacéutico Especialista en Farmacia Hospitalaria. Servicio de Farmacia. Hospital Nuestra Señora de Gracia. Zaragoza. España.
- Ana López Pérez. Farmacéutico Especialista en Farmacia Hospitalaria. Servicio de Farmacia. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
- Pilar Olier Martínez. Farmacéutico Especialista en Farmacia Hospitalaria. Servicio de Farmacia. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
- Lucia Cazorla Poderoso. Farmacéutico Especialista en Farmacia Hospitalaria. Servicio de Farmacia. Hospital del Vinalopó. Elche. Valencia. España.
- María López Pérez. Médico Residente en Endocrinología y Nutrición. Servicio de Endocrinología. Hospital Universitario de Burgos. Burgos. España.
RESUMEN
Introducción: Las caídas en personas mayores representan uno de los principales retos en salud pública. No solo incrementan la carga asistencial, sino que también se asocian a eventos adversos graves como fracturas, pérdida de autonomía, institucionalización y aumento de la mortalidad. Entre los factores de riesgo, la iatrogenia farmacológica es especialmente relevante, ya que numerosos fármacos frecuentemente prescritos en ancianos incrementan el riesgo de caídas.
Objetivo: Describir la frecuencia y características de la prescripción de medicamentos potencialmente asociados a caídas al ingreso y al alta hospitalaria en pacientes ingresados por fractura de fémur en una unidad de Ortogeriatría.
Método: Estudio observacional retrospectivo realizado entre enero y diciembre de 2024. Se incluyeron pacientes ≥65 años ingresados por fractura de fémur y tratados quirúrgicamente. Se excluyeron pacientes fallecidos durante la hospitalización o trasladados a UCI por causas no relacionadas. Los datos clínicos y farmacológicos se obtuvieron de la historia clínica electrónica y la receta electrónica. Los fármacos de riesgo se identificaron según los criterios Screening Tool of Older Persons’ Prescriptions (STOPP).
Resultados: Se analizaron 152 pacientes, con edad mediana de 88 años (81–96), predominando las mujeres (76,4%). El domicilio fue el lugar más frecuente de la caída (77,6%). Al ingreso, el 57,9% presentaba al menos un fármaco asociado a caídas, principalmente benzodiacepinas (61,2%) y antipsicóticos (29,4%). El 53,9% había sufrido al menos una caída en el último año, y más de la mitad de ellos estaba expuesto a medicación de riesgo. Al alta hospitalaria se observó una ligera reducción del número total de fármacos, con desprescripción significativa de antipsicóticos.
Conclusiones: La prescripción de medicamentos asociados a caídas es muy prevalente en pacientes mayores con fractura de fémur. La revisión farmacológica durante el ingreso hospitalario representa una oportunidad clave para reducir el riesgo de nuevas caídas y mejorar la prevención secundaria.
PALABRAS CLAVE
Fracturas de fémur, geriatría, caídas accidentales, prescripción inapropiada.
ABSTRACT
Introduction: Falls in older adults represent one of the main public health challenges. They not only increase healthcare burden but are also associated with serious adverse outcomes such as fractures, loss of autonomy, institutionalization, and increased mortality. Among risk factors, pharmacological iatrogenesis is particularly relevant, as many drugs commonly prescribed in older patients increase the risk of falls.
Objective: To describe the frequency and characteristics of the prescription of medications potentially associated with falls at hospital admission and discharge in patients admitted for hip fracture to an Orthogeriatric unit.
Method: A retrospective observational study was conducted between January and December 2024. Patients aged ≥65 years admitted for hip fracture and treated surgically were included. Patients who died during hospitalization or were transferred to the intensive care unit (ICU) for causes unrelated to the fracture were excluded. Clinical and pharmacological data were obtained from the electronic health record and electronic prescription system. Medications associated with fall risk were identified according to the Screening Tool of Older Persons’ Prescriptions (STOPP) criteria.
Results: A total of 152 patients were analyzed, with a median age of 88 years (81–96), predominantly women (76.4%). The home was the most frequent setting of the fall (77.6%). At admission, 57.9% of patients were prescribed at least one medication associated with falls, most commonly benzodiazepines (61.2%) and antipsychotics (29.4%). Overall, 53.9% had experienced at least one fall in the previous year, and more than half of them were exposed to high-risk medications. At hospital discharge, a slight reduction in the total number of medications was observed, with significant deprescribing of antipsychotics.
Conclusions: The prescription of fall-risk–associated medications is highly prevalent in older patients with hip fracture. Medication review during hospitalization represents a key opportunity to reduce the risk of future falls and improve secondary prevention.
KEY WORDS
Femoral fractures, geriatrics, accidental falls, inappropriate prescribing.
INTRODUCCIÓN
Las caídas en personas mayores constituyen un importante problema de salud pública a nivel global, con implicaciones clínicas, sociales y económicas de gran envergadura. Se estima que aproximadamente un tercio de los adultos mayores de 65 años experimenta al menos una caída al año, y esta cifra aumenta a más del 50% en aquellos mayores de 80 años o institucionalizados1. Las consecuencias de las caídas en este grupo de edad son especialmente graves: entre el 10% y el 20% de las caídas provocan lesiones importantes como fracturas, traumatismos craneoencefálicos o pérdida de autonomía funcional2. Entre todas las lesiones relacionadas, la fractura de fémur es una de las más graves, ya que se asocia a un elevado riesgo de discapacidad, institucionalización y mortalidad en el primer año tras el evento3.
Las caídas en el adulto mayor tienen una etiología multifactorial, que incluye factores intrínsecos como fragilidad, deterioro cognitivo, alteraciones visuales, comorbilidades crónicas y extrínsecos como son las características del entorno, barreras arquitectónicas, uso de dispositivos de asistencia inadecuados4. Entre los factores modificables, el uso de determinados medicamentos es uno de los más relevantes y subestimados. Fármacos de uso común en geriatría, como benzodiacepinas, antipsicóticos, antidepresivos, antihipertensivos o medicamentos con efecto anticolinérgico, han demostrado en diversos estudios aumentar significativamente el riesgo de caídas5,6. Estos medicamentos pueden inducir somnolencia, mareo, hipotensión ortostática, alteraciones del equilibrio o del juicio, lo que compromete la estabilidad postural y la capacidad de reacción ante un obstáculo.
A pesar de que la literatura científica ha documentado ampliamente esta asociación, en la práctica clínica las caídas no siempre se reconocen como posibles eventos adversos relacionados con la farmacoterapia. De hecho, es frecuente que los pacientes geriátricos ingresen en el hospital tras una caída grave sin que se haya revisado su tratamiento farmacológico previamente7. La hospitalización, especialmente en unidades especializadas como la Ortogeriatría, ofrece una oportunidad única para reevaluar la prescripción y reducir el número de medicamentos potencialmente inadecuados. En este contexto, herramientas como los criterios STOPP/START han demostrado utilidad para identificar fármacos de riesgo en población mayor8. Sin embargo, su aplicación sistemática sigue siendo limitada en la práctica clínica.
OBJETIVO
Este estudio tiene como objetivo describir la frecuencia y tipo de medicamentos asociados al riesgo de caídas en pacientes geriátricos ingresados por fractura de fémur en una unidad de Ortogeriatría, comparando el perfil farmacológico al ingreso y al alta hospitalaria. La finalidad última es identificar oportunidades de intervención que permitan optimizar la prescripción y reducir el riesgo de recurrencia de caídas, contribuyendo así a mejorar la calidad de vida y la seguridad de los pacientes mayores hospitalizados.
MATERIAL Y MÉTODO
Se realizó un estudio observacional descriptivo de tipo retrospectivo en una unidad hospitalaria de Ortogeriatría, centrado en pacientes mayores de 65 años ingresados por fractura de fémur. Se incluyeron todos los pacientes que, entre enero y diciembre de 2024, ingresaron con diagnóstico de fractura de fémur y fueron sometidos a tratamiento quirúrgico.
Para mantener la homogeneidad de la muestra y asegurar su relevancia clínica, se aplicaron criterios de inclusión y exclusión claramente definidos.
Se incluyeron únicamente pacientes de 65 años o más, ya que esta edad representa el umbral generalmente aceptado en geriatría para la consideración de riesgo aumentado de caídas. Se excluyeron aquellos pacientes que fallecieron durante el ingreso hospitalario, así como aquellos que fueron trasladados a la UCI por complicaciones no directamente relacionadas con la fractura de fémur, con el objetivo de no introducir sesgos clínicos o de tratamiento.
La información fue recopilada a partir de dos fuentes principales: la HCE y las dispensaciones registradas en la receta electrónica. Estas herramientas proporcionaron datos clínicos y farmacológicos fiables, incluyendo la prescripción vigente tanto en el momento del ingreso como al alta hospitalaria. Las variables recogidas abarcaron datos sociodemográficos (edad y sexo), antecedentes de caídas en los 12 meses previos al ingreso, el lugar donde ocurrió la caída (domicilio, vía pública u otro), así como el número y tipo de medicamentos prescritos con potencial riesgo de caída.
Para la identificación de fármacos potencialmente implicados en el riesgo de caídas se emplearon los criterios STOPP3, una herramienta validada internacionalmente para detectar prescripciones potencialmente inapropiadas en población geriátrica. Se prestó especial atención a grupos farmacológicos con evidencia sólida de asociación con caídas, como benzodiacepinas, antipsicóticos, hipnóticos, antidepresivos tricíclicos, antihipertensivos de acción central y vasodilatadores con riesgo de inducir hipotensión postural, entre otros.
RESULTADOS
Durante el período de estudio se registraron un total de 152 pacientes que ingresaron en la unidad de Ortogeriatría con diagnóstico de fractura de fémur y fueron sometidos a intervención quirúrgica. La muestra estuvo compuesta mayoritariamente por mujeres, con 117 pacientes (76,4%). La mediana de edad de los pacientes fue de 88 [81-96] años; la población geriátrica de estudio está muy envejecida, la fragilidad clínica y funcional es altamente prevalente1.
En cuanto al lugar donde ocurrió la caída que motivó el ingreso, se observó que la mayoría de los eventos (77,6%, es decir, 118 pacientes) se produjeron en el domicilio, seguido por caídas en la vía pública o lugares abiertos (21,7%, 33 pacientes). En un caso, esta información no estaba registrada en la HCE.
La mediana de fármacos por pacientes al ingreso fue de 103-25, el 95,3% de los pacientes tenían prescritos más de 5 fármacos. Al alta, la mediana se redujo a 91-24. Desde el punto de vista farmacológico, 88 de los 152 pacientes (57,9%) presentaban al menos un medicamento potencialmente asociado a un mayor riesgo de caídas según los criterios STOPP3 en el momento del ingreso. La media de fármacos considerados de riesgo fue de 0,7 ± 0,5 por paciente. Los grupos terapéuticos más frecuentemente implicados fueron las benzodiacepinas como ansiolíticos e hipnóticos (61,2%), seguidas por los antipsicóticos (29,4%), antidepresivos (8,1%), y, en dos casos (1,3%), nitratos de acción prolongada en un paciente con antecedentes de hipotensión ortostática. Estas clases de medicamentos han sido ampliamente documentadas como factores de riesgo para caídas por su capacidad de inducir somnolencia, hipotensión, alteraciones del equilibrio y deterioro cognitivo4,5,7.
Al analizar los antecedentes, se encontró que 82 pacientes (53,9%) habían sufrido al menos una caída en los 12 meses previos al ingreso. De estos, 43 pacientes (52,4%) estaban expuestos a fármacos de riesgo. Este hallazgo es clínicamente significativo, ya que la presencia de caídas previas es uno de los predictores más sólidos de caídas futuras1,5.
Durante el ingreso hospitalario se observó una reducción moderada en el número total de fármacos potencialmente peligrosos prescritos. En total, se identificaron 112 prescripciones de riesgo al ingreso, que disminuyeron a 88 al alta hospitalaria. La clase farmacológica más deprescrita fueron los antipsicóticos, seguido de las benzodiacepinas y antidepresivos en línea con las recomendaciones actuales sobre la necesidad de restringir su uso en pacientes mayores, especialmente fuera del contexto de psicosis o agitación severa3.
DISCUSIÓN-CONCLUSIÓN
En el estudio el número de mujeres concuerda con los resultados de estudios epidemiológicos previos que señalan que las fracturas osteoporóticas, en particular la fractura de fémur, son significativamente más frecuentes en mujeres mayores debido a la mayor prevalencia de osteoporosis y sarcopenia tras la menopausia4,6.
La mayoría de las caídas se produjeron en el domicilio. Este patrón coincide también con otros estudios que han señalado que más del 50% de las caídas en personas mayores ocurren dentro del hogar, especialmente en habitaciones como el baño, el dormitorio y la cocina1,8. Esto subraya la necesidad de intervenciones preventivas centradas en la seguridad del entorno doméstico. En cuanto al número de fármacos prescritos los datos obtenidos coinciden con la encuesta nacional de salud de 2017, donde se calcula una prevalencia de polifarmacia (más de 5 fármacos) del 27,3 % pudiendo aumentar hasta un 37,5 % al considerar la toma de más de un fármaco para la misma indicación12.
Los resultados de este estudio reflejan una realidad preocupante pero ya bien descrita en la literatura geriátrica: una proporción significativa de los pacientes mayores ingresados por fractura de fémur está expuesta a medicación asociada con un mayor riesgo de caídas, incluso cuando existen antecedentes de caídas previas. En nuestra muestra, más de la mitad de los pacientes (57,9%) tenían prescritos uno o más fármacos considerados de riesgo según los criterios STOPP al momento del ingreso, una cifra comparable a estudios previos que han documentado prevalencias entre el 40% y el 70% en contextos similares1,6.
Entre los medicamentos más frecuentemente implicados destacan las benzodiacepinas y los antipsicóticos. Los benzodiacepinas, detectadas en el 61,2% de los pacientes de nuestro estudio, han sido consistentemente asociadas con un aumento del riesgo de caídas y fracturas por su efecto sedante, su interferencia con el equilibrio y la cognición, y su prolongada vida media en personas mayores debido a cambios farmacocinéticos relacionados con la edad4,5. Los antipsicóticos, prescritos en el 29,4% de los casos, también están fuertemente vinculados a un incremento del riesgo de caídas, especialmente en pacientes con demencia o deterioro cognitivo, por sus efectos sobre el sistema extrapiramidal, la presión arterial, el estado de vigilia y la capacidad de respuesta psicomotora7,3.
La exposición persistente a estos fármacos incluso en pacientes con antecedentes de caídas, como se observó en nuestro estudio (52,4% (43/82) de los pacientes con caídas previas continuaban recibiendo medicación de riesgo), pone de manifiesto una brecha importante entre la evidencia científica y la práctica clínica habitual. Esta brecha puede deberse a múltiples factores, como la dificultad de suspender ciertos tratamientos en contextos de comorbilidad psiquiátrica, la falta de alternativas terapéuticas inmediatas o la inercia clínica en entornos donde no se aplican de forma sistemática herramientas de revisión farmacológica8,2.
Si bien se observó una reducción modesta en el número de fármacos de riesgo entre el ingreso y el alta, este cambio resulta insuficiente si se considera la oportunidad que representa la hospitalización para revisar y optimizar el tratamiento en pacientes de alto riesgo, el nivel inicial de exposición y la fuerte asociación entre estos fármacos y el riesgo de caídas. Estudios previos han demostrado que intervenciones multidisciplinares que incluyen evaluación geriátrica integral y revisión farmacológica estructurada pueden reducir significativamente la exposición a medicamentos inapropiados y, por ende, disminuir el riesgo de nuevas caídas y eventos adversos9,10. En este caso, la desprescripción más notable fue la de antipsicóticos, lo cual es coherente con las recomendaciones actuales que instan a su uso restrictivo y a la evaluación regular de su indicación3.
La elevada proporción de caídas que ocurrieron en el domicilio también señala la necesidad de reforzar las intervenciones preventivas en el entorno comunitario. La literatura ha mostrado que, además de la revisión farmacológica, estrategias como la adaptación del entorno doméstico, programas de ejercicio para mejorar la fuerza y el equilibrio, y la educación sanitaria a pacientes y cuidadores son fundamentales para reducir la incidencia de caídas en población geriátrica1,11.
Este estudio, aunque limitado por su naturaleza retrospectiva y el reducido tamaño muestral, aporta datos relevantes para reflexionar sobre las prácticas de prescripción en pacientes mayores con fragilidad. Además, enfatiza la importancia de incorporar de forma sistemática herramientas validadas como los criterios STOPP/START en la evaluación terapéutica hospitalaria, no sólo para evitar interacciones y efectos adversos, sino como estrategia directa de prevención secundaria de caídas.
En resumen, la exposición a medicamentos de riesgo continúa siendo alta en pacientes geriátricos con fractura de fémur, incluso tras una hospitalización que debería actuar como punto de inflexión para la revisión del tratamiento. La escasa desprescripción observada sugiere que aún existe margen considerable para mejorar la calidad del proceso asistencial mediante una intervención farmacológica más proactiva y personalizada.
Así, como conclusiones, este estudio pone de manifiesto una realidad clínica que requiere atención urgente: una proporción elevada de pacientes geriátricos que ingresan por fractura de fémur están expuestos a fármacos potencialmente asociados con un mayor riesgo de caídas, y esta exposición se mantiene en muchos casos incluso tras la hospitalización. Si bien la hospitalización representa un momento privilegiado para reevaluar el tratamiento y optimizar la prescripción, los resultados obtenidos revelan que las intervenciones realizadas son, en general, parciales y, en algunas ocasiones, insuficientes para modificar de forma sustancial este perfil de riesgo.
La presencia de medicamentos de alto impacto como los hipnóticos, los ansiolíticos, los antipsicóticos, antidepresivos y otros depresores del sistema nervioso central siguen siendo frecuentes en pacientes que han sufrido una caída con consecuencias graves. En este sentido, es esencial que el equipo clínico reconozca que las caídas, además de ser un marcador de fragilidad, deben considerarse también como posibles efectos adversos de la medicación, tal como han señalado diversos estudios y revisiones sistemáticas. La inercia terapéutica, junto con la falta de una revisión sistemática de la medicación, contribuye a mantener este riesgo en una población particularmente vulnerable.
La literatura ha demostrado que la implementación de herramientas estructuradas, como los criterios STOPP/START, combinada con la intervención de equipos multidisciplinares (incluyendo farmacéuticos clínicos y geriatras), puede mejorar significativamente la calidad del tratamiento farmacológico y reducir eventos adversos como caídas, delirium o ingresos evitables. Resulta imperativo incorporar de forma sistemática la revisión de la medicación en todos los pacientes mayores que ingresan por fractura de fémur, especialmente en aquellos con antecedentes de caídas o fragilidad. Esta revisión no debe limitarse a una evaluación farmacológica superficial, sino que debe formar parte de un enfoque integral centrado en la persona, que valore la indicación real, el balance riesgo-beneficio y la posibilidad de deprescribir en función de la situación clínica y funcional del paciente2,6.
En definitiva, la optimización del tratamiento farmacológico debe entenderse como un componente esencial de la prevención secundaria de caídas. Esto implica no solo reducir la polifarmacia o eliminar medicamentos inapropiados, sino también mejorar la educación del equipo clínico en la identificación de fármacos de riesgo, sensibilizar sobre sus consecuencias y establecer protocolos claros de intervención. La calidad asistencial en geriatría no puede disociarse de una prescripción segura, individualizada y consciente del impacto que los tratamientos tienen sobre la movilidad, el equilibrio y la autonomía funcional del paciente mayor.
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