- Andrea Martínez Martínez. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Ángela Alonso Bernal. Centro de Salud Torrero, Zaragoza. España.
- Ana Sancho Laín. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Marta Lázaro Bernad. CRP Nuestra Señora del Pilar, Zaragoza. España.
- Ainhoa María Pellicer Franco. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Ana Isabel González Arjona. Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
RESUMEN
El objetivo principal del programa es diseñar y evaluar la eficacia de un doble programa psicoeducativo: uno para cuidadores y otro para personas afectadas de trastorno alimentario para mejorar la interacción entre los distintos miembros familiares. Los participantes del estudio son madres, padres y personas afectadas de un trastorno alimentario (TCA) en seguimiento en el hospital de día de Prisma, Zaragoza. España. Es un diseño preexperimental sin grupo control y el programa propuesto se implementará dentro de un diseño de medidas pretest-postest para comparar el cambio producido tras la intervención tanto en los hijos/as como en su familiar principal. La metodología de intervención será grupal y participativa. Se organizarán dinámicas de grupo para familiares y para personas afectadas por trastorno alimentario, por separado, que tendrán un mes de duración con frecuencia semanal. Como resultados destacables tras la intervención, se observarán cambios en la percepción sobre el trastorno alimentario, la experiencia de cuidado, el malestar y la emoción expresada de las madres y padres tras la intervención, así como cambios en la relación materno filial y relación de apego en las personas con trastorno alimentario tras la intervención. En definitiva, esta intervención parece que puede ayudar tanto a cuidadores a cargo de una persona con un trastorno alimentario en tratamiento ambulatorio como al propio enfermo.
PALABRAS CLAVE
Programa psicoeducativo, cuidadores, trastorno alimentario, mentalización.
ABSTRACT
The main objective of the program is to design and evaluate the effectiveness of a dual psychoeducational program: one for caregivers and another for people with eating disorders, to improve interaction between different family members. The study participants are mothers, fathers, and people with eating disorders (ED) being monitored at the Prisma Day Hospital in Zaragoza. España. This is a pre-experimental design with no control group, and the proposed program will be implemented within a pretest-posttest design to compare the changes produced after the intervention in both the children and their primary family member. The intervention methodology will be group-based and participatory. Group dynamics will be organized separately for family members and for people with eating disorders, lasting one month and held weekly. Notable post-intervention outcomes will include changes in the perception of the eating disorder, the experience of caregiving, distress, and expressed emotions of mothers and fathers after the intervention, as well as changes in the mother-child relationship and attachment relationship in people with eating disorders after the intervention. In short, this intervention appears to be able to help both caregivers of a person with an eating disorder undergoing outpatient treatment and the patient themselves.
KEY WORDS
Psychoeducational program, caregivers, eating disorders, mentalizing.
INTRODUCCIÓN
En la sociedad occidental, la educación tiende a modelar nuestro cuerpo y a ajustarlo a las exigencias y normativas del entorno en que vivimos, adquiriendo la figura corporal un papel muy relevante como mediador cultural1.
Las teorías socioculturales establecen que el ideal estético corporal propuesto por la sociedad y amplificado por los medios de comunicación, es internalizado por la mayoría de las mujeres de la cultura occidental debido a la elevada dependencia existente entre autoestima y atractivo físico2. Así, la internalización opera como un componente central en el desarrollo de la insatisfacción corporal que ocurre a una edad temprana en algunas niñas3.
Prevalencia, características y Perfil de Riesgo de los trastornos alimentarios:
Es en este marco donde han surgido los trastornos alimentarios (TCA), una de las patologías más devastadoras que afectan principalmente a mujeres jóvenes, en una proporción de 10:1, aunque en los últimos años está aumentando el número de varones afectados. La prevalencia de los TCA en la población varía en función de diversos factores, como pueden ser las características de la población estudiada (edad, género, población clínica o comunitaria, el país, etc.), el tipo de trastorno descrito (anorexia, bulimia, trastorno por atracón), los criterios diagnósticos y su especificidad. La mayoría de los estudios de prevalencia se han centrado en mujeres adolescentes y jóvenes por ser este el principal grupo de riesgo4.
Diversas investigaciones han identificado la existencia de un Perfil de Riesgo para el desarrollo de los Trastornos de Conducta Alimentaria: baja autoestima, bajo soporte social familiar percibido, altos niveles de preocupación por la figura y uso de una estrategia evitativa para afrontar las situaciones de estrés3.
Familia y TCA:
La relación entre la familia y los TCA se ha abordado desde antaño5. Probablemente Lasègue fue el primer médico del siglo XIX en sugerir que el rechazo de los alimentos constituía una forma de conflicto intrafamiliar entre la hija y sus padres. Desde finales de ese siglo, como tratamiento específico para la anorexia nerviosa, se recomendaba aislar a la paciente y separarla de su familia, limitándose así toda influencia social6.
La primera iniciativa para incluir a la familia en el tratamiento de pacientes con anorexia nerviosa fue realizada por Minuchin en 1978, quien definió a las familias con una integrante con anorexia como familias psicosomáticas caracterizadas por una estructura de elevada implicación interpersonal, sobreprotectora, rígida y evitadora de conflictos. Los miembros de este tipo de familias están atrapados en patrones de interacción familiar, en los cuales los síntomas de la hija afectada por el trastorno desempeñan un papel central que evita tener que abordar el verdadero conflicto subyacente: es así como la enfermedad mantiene en cierta forma el precario equilibrio familiar5.
Los principios teóricos y la aplicación clínica del abordaje propuesto por Minuchin en sus inicios, han servido como base para la realización de numerosos estudios controlados sobre intervención familiar, realizados en el Hospital Maudsley, de Londres. Este hospital, es un modelo de tratamiento que actualmente respalda la intervención a los familiares y es llevado a cabo en esta institución especializada en trastornos de la alimentación7.
Las relaciones que los padres (específicamente las madres) mantienen con sus hijas, durante la infancia y la adolescencia son cruciales para el posterior desarrollo psicológico y social de éstas. Desde hace tiempo se ha demostrado que existe una correlación entre las diferentes actitudes parentales, las diversas estructuras de funcionamiento familiar y el desarrollo de psicopatologías en la edad adulta como los trastornos de la conducta alimentaria8.
Estudios sobre funcionamiento familiar muestran que las familias con un miembro con TCA generalmente presentan mayor deterioro que las familias controles, caracterizado por menor cohesión, adaptabilidad, expresividad, independencia, respuesta afectiva, control conductual y escasez de actividades que fomenten el desarrollo de sus integrantes; así como mayor conflicto. En la actualidad somos conscientes del importante papel que desempeña la familia en el desarrollo y/o mantenimiento de los TCA, pero aún queda mucho trabajo por hacer. Estas alteraciones, que aún siguen siendo grandes desconocidas en la sociedad actual, tienen cada vez más relevancia debido al aumento de su prevalencia, afectando sobre todo a mujeres jóvenes y adolescentes9. Los familiares a menudo carecen de las habilidades de afrontamiento y no están preparados para llevar a cabo las tareas imprecisas y ambivalentes requeridas, que se caracterizan con frecuencia por la hostilidad y la resistencia de la persona con TCA. Este hecho ha promovido, de forma más reciente, el desarrollo de programas psicoeducativos grupales, impartidos de forma independiente al tratamiento del paciente10.
Intervenciones eficaces en TCA basadas en la familia:
Los protocolos cínicos basados en la evidencia empírica han resaltado la importancia de incorporar a la familia en el tratamiento de los TCA11. Los programas psicoeducativos suelen basarse principalmente en la transmisión de información formativa y educativa sobre la enfermedad para facilitar la comprensión de las conductas del paciente. Están dirigidos principalmente a enseñar habilidades de resolución de problemas, con una reducción en los niveles de ansiedad y de emoción expresada de los familiares, repercutiendo esto en la disminución de sintomatología alimentaria de los pacientes, como refleja el hecho de que tras la intervención, se obtuvieron resultados favorables en la adquisición de habilidades de comunicación entre familiares y personas afectadas de TCA, así como una disminución del impacto negativo de la experiencia de cuidado, y de la emoción expresada12.
Estudios como los de Sepúlveda10 han demostrado, por tanto, la importancia que la salud mental de los cuidadores tiene sobre la evolución del TCA de los pacientes y por lo tanto la necesidad de hacer intervenciones específicas para ellos. En la revisión realizada por Hibbs et al.13, se indica que el malestar psicológico, así como la sobrecarga de los cuidadores se reduce significativamente tras las intervenciones familiares, y Madden et al.14 en una investigación reciente, defienden que las estancias hospitalarias prolongadas para pacientes con TCA se reducen significativamente, cuando la familia asiste a terapia familiar y aplican los contenidos aprendidos tras el ingreso hospitalario.
Diferentes autores, como Le Grange et al.7; Robin et al.15; Lock et al.16; Treasure et al.17, consideran que los grupos de padres y madres son de gran utilidad para lograr una implicación familiar positiva en el tratamiento y ayudar a los cuidadores a enfrentarse con las emociones y problemas provocados por el trastorno del hijo. Estos grupos, ayudan así a adquirir información sobre la enfermedad, a compartir experiencias comunes, a reducir los sentimientos de aislamiento, reducir la ansiedad, reducir los sentimientos de culpa y fracaso, aumentar los sentimientos de sentirse entendidos y apoyados, aumentar la posibilidad de aprender unos de otros y a promover cambios de actitud y conducta18.
Terapias familiares eficaces en los TCA:
La Terapia Basada en la Familia (FBT) es una de las formas de tratamiento que más evidencia han ido ganando en cuanto a población infantojuvenil. Actualmente es recomendada en las guías de tratamiento por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, 2013). La Terapia Basada en la Familia es un tratamiento ambulatorio intensivo en el que la familia es vista como el principal recurso para la recuperación de los adolescentes. El objetivo es trabajar con la familia más que tratar a la familia19.
Los padres y madres de personas que sufren un trastorno alimentario son vistos como el principal recurso para lograr la recuperación de la o el adolescente que sufre el trastorno. Así, la familia se convierte en el principal catalizador del cambio en terapia.
Otra de las terapias que se ha aplicado a la intervención de familias con hijas/os es la Terapia Basada en la Mentalización (MBT), que fue desarrollada originalmente en la década de los 90 y utilizada, en un principio, para tratar a personas con trastorno límite de la personalidad (TLP) en un entorno de hospitalización parcial (hospitales de día). Con el tiempo la MBT ha crecido hasta llegar a convertirse en un enfoque más amplio para la comprensión y el tratamiento de los trastornos de personalidad en una mayor variedad de situaciones clínicas, incluyendo los trastornos de la conducta alimentaria20.
Según Bateman20, la mentalización se refiere a la capacidad de comprender las acciones tanto de los demás como de uno mismo en términos de nuestros pensamientos, sentimientos, deseos y anhelos; se trata en una capacidad humana que sustenta nuestras interacciones cotidianas. Mentalizar es un proceso psicológico fundamental que desempeña un importante papel en los principales trastornos mentales. Actualmente, se utilizan técnicas de mentalización para tratar los TCA.
Teniendo en cuenta por tanto la importancia del papel de la familia y su implicación en el tratamiento, el objetivo del presente trabajo es evaluar la eficacia de un programa diseñado para cuidadores y otro para personas afectadas de TCA, que siguen tratamiento ambulatorio en el Hospital de Día de Prisma de Zaragoza. España.
Profundizando en la búsqueda de terapias familiares efectivas para ayudar al tratamiento de los TCA, se ha diseñado un doble programa de intervención siguiendo algunas de las pautas de los diferentes enfoques anteriormente nombrados. Se pretende introducir el concepto de mentalización y la importante relación existente en los TCA y la relación de apego para conseguir así que los cuidadores sean capaces de comprender el estado emocional de sus hijos y no focalizar su preocupación en el síntoma alimentario. Es de ese modo como ellos aprenderán a enfrentar el mundo de un modo más adecuado.
En el programa psicoeducativo propuesto, se pretende, además de informar acerca de qué es un trastorno alimentario, factores causales y consecuencias de este trastorno, que las madres participantes en el estudio tengan en cuenta ciertas habilidades fundamentales que pueden ayudar a fomentar un apego sano con los hijos.
Más de 30 años de estudios han mostrado que son cuatro las habilidades fundamentales que se deben aplicar de un modo secuencial: Atención, Mentalización, Automentalización y Regulación (Lecannelier, 2016). Si unimos las primeras letras de cada una de estas cuatro habilidades, obtenemos la palabra A.M.A.R. Observamos, por tanto, que, en el fondo, desarrollar el apego es A.M.A.R a los hijos e hijas. El programa psicoeducativo se denominará COMER-AMAR.
OBJETIVOS
El objetivo principal del estudio es diseñar y evaluar la eficacia de un doble programa psicoeducativo: uno para cuidadores y otro para personas afectadas de trastorno alimentario para mejorar la interacción entre los distintos miembros familiares.
Los objetivos específicos del programa psicoeducativo para cuidadores son:
- Determinar el nivel de satisfacción y de aceptación con los contenidos del programa.
- Explorar si se produce una mejoría en la experiencia como cuidador.
- Evaluar si hay una mejoría en las estrategias de afrontamiento utilizadas.
- Medir la carga específica y el impacto personal que tienen los síntomas del trastorno alimentario y el comportamiento del familiar enfermo en el bienestar del cuidador.
- Proporcionar pautas de crianza adaptativas que favorezcan y fortalezcan la relación materno filial.
- Medir si hay una mejora del estilo parental percibido.
Los objetivos específicos del programa para personas con trastorno alimentario son:
- Determinar el nivel de satisfacción y de aceptación con los contenidos del programa.
- Explorar si se produce una mejora en la relación materno filial.
- Evaluar si hay mejoría en las experiencias de apego y el funcionamiento familiar.
- Medir si hay una reducción de sintomatología alimentaria.
HIPÓTESIS
-Los familiares incluidos en la terapia grupal psicoeducativa aumentarán sus conocimientos acerca de los trastornos alimentarios y adquirirán estrategias útiles para abordarlos, mejorando de esta forma los patrones de interacción con su hija/o, y consiguiendo una mejoría en la experiencia personal como cuidador y en las estrategias de afrontamiento utilizadas.
-Las personas afectadas de trastorno alimentario incluidas en el programa psicoeducativo, aumentarán sus conocimientos acerca de su enfermedad y cómo puede repercutir en sus familiares, lo que se verá reflejado en una mejor relación materno filial. Todo ello contribuirá en la reducción de la sintomatología alimentaria a medida que los familiares cambian sus patrones de interacción con los hijos.
METODOLOGÍA
Participantes.
La selección de los participantes se realizará mediante muestreo a conveniencia, dando la posibilidad a las madres, a los padres y a las personas con diagnóstico de trastorno alimentario, de decidir voluntariamente si beneficiarse o no de la intervención que se va a llevar a cabo.
Los criterios de inclusión para cuidadores serán:
-Tener un hijo/a diagnosticado de un trastorno alimentario en tratamiento en el hospital de día de TCA de Prisma y convivir con dicho hijo/a.
-Que el hijo acuda al programa psicoeducativo para personas con TA.
-Estar en disposición de asistir a las sesiones de manera voluntaria.
Los criterios de inclusión para personas con trastorno alimentario serán:
-Estar diagnosticado de un trastorno alimentario (sin patología comórbida como psicosis, TLP o consumo de tóxicos asociado) y en tratamiento en el hospital de día de TCA de Prisma y que su cuidador habitual participe en el programa psicoeducativo para familiares llevado a cabo en dicho hospital de día.
Criterios de exclusión para familiares y personas con trastorno alimentario.
– Negativa a participar o dar su consentimiento.
-Asistir a menos de tres sesiones, de las cuatro de las que se compone el programa psicoeducativo.
Variables.
- Variables dependientes:
- Nivel de satisfacción y de aceptación por parte de los familiares con los contenidos del programa.
- Nivel de satisfacción y de aceptación por parte de las personas con trastorno alimentario con los contenidos del programa.
- Experiencia como cuidador de un trastorno alimentario.
- Estrategias de afrontamiento de los cuidadores.
- Pautas de crianza de los cuidadores.
- Carga específica del cuidador de un trastorno alimentario.
- Estilo parental percibido.
- Síntomas alimentarios.
- Experiencias de apego.
- Variable independiente:
- Programa psicoeducativo.
Instrumentos de evaluación.
Dentro del protocolo de evaluación, se incluirán medidas sociodemográficas de los familiares y pacientes (sexo, edad, estado marital), así como el parentesco, la fecha de inicio del trastorno y el tiempo de tratamiento.
En los familiares se utilizarán los siguientes instrumentos:
ECI- (Experience Caregiving Inventory) “Inventario de la experiencia como cuidador”21. Un total de 66 ítems con un formato tipo Likert de cinco opciones de respuesta (de “0” a “4”) evalúan la experiencia general de cuidado del familiar en el último mes. 52 ítems de la escala miden aspectos negativos del cuidado en ocho áreas diferentes (rango de 0 a 208). Las puntuaciones más altas se refieren a valoraciones más negativas de la experiencia de cuidado. Hay también una escala positiva (14 ítems, 2 áreas que miden experiencia personal positiva y buena relación con el paciente), cuyo rango va de 0 a 56. Las puntuaciones más altas refieren valoraciones más positivas de la experiencia de cuidado. Ha sido validado en español (Sepúlveda et al.), presentando todas las subescalas una consistencia interna entre .67 y .90.
CSI “Inventario de Estrategias de Afrontamiento”22. Se trata de un cuestionario compuesto por 8 estrategias primarias (resolución de problemas, restructuración cognitiva, apoyo social, expresión emocional, evitación de problemas, pensamiento desiderativo, retirada social y autocrítica), cuatro secundarias (manejo adecuado e inadecuado del problema y manejo adecuado e inadecuado de la emoción) y dos terciarias (manejo adecuado e inadecuado), cuyo índice de fiabilidad y validez es adecuado (coeficientes alfa de Cronbach entre .82 y .90)
EDSIS (Eating Disorders Symptom Impact Scale) “Escala de Impacto de síntomas del trastorno alimentario”12. Consta de 24 ítems referidos a la experiencia específica como cuidador de una persona con TCA. Esta escala está diseñada para medir el impacto personal que los síntomas del TCA y el comportamiento del familiar enfermo tienen en el bienestar del cuidador en el último mes. Consta de 4 factores, dos de los cuales están directamente relacionados con los problemas específicos causados por los síntomas del TCA: impacto de los aspectos nutricionales y de la alteración conductual, mientras que los otros dos están relacionados con las reacciones personales del cuidador frente a la enfermedad: culpa y aislamiento social. El rango posible de puntuaciones global va de 0 a 96. Se ha validado en población española presentando una excelente consistencia interna para la escala total. A mayor puntuación, una valoración más negativa en aspectos específicos de cuidado. Tiene buenas propiedades psicométricas, con un índice de fiabilidad adecuado (coeficiente alfa de Cronbach superior a .70)
PBI– (Parental Bonding Instrument) “Instrumento de lazos parentales”23. Esta prueba consiste en dos escalas nombrada “afecto” y “control” y mide los estilos parentales percibidos. Fue desarrollada en 1979 por Parker, Tupling y Brown y adaptada por Vallejo, Villada y Zambrano en población colombiana en el 2007. Consta de 25 ítems, incluye 13 para afecto y 12 para control. Los valores de Alpha de Cronbach oscilaron entre .78 y .89.
Las personas afectadas cumplimentarán los siguientes instrumentos:
EAT 40– (Eating Attitudes Test) “Test de actitudes alimentarias”24. Este cuestionario que consta de 40 ítems que evalúan actitudes y conductas asociadas a los TCA (bulimia, dieta, preocupación por la comida y control oral), con seis opciones de respuestas que van desde “nunca” hasta “siempre” (rango posible de puntuaciones de 0 a 78). Las puntuaciones más altas reflejan conductas alimentarias más disfuncionales. Por un lado, el punto de corte propuesto por los autores originales es de 30, para una sensibilidad del 100% y una especificidad del 93%. Por otro lado, en el estudio de la validación española (Castro et al., 1991), se propuso utilizar un punto de corte de 20, con el cual la sensibilidad fue del 91% y la especificidad se sitúa en 69%. La fiabilidad de la escala es de un Alpha igual a .79 en muestras clínicas y de un alpha .94 cuando se agrupan muestra clínica y grupo control.
CAMIR- Es un cuestionario que mide las representaciones de apego. Se fundamenta en las evaluaciones que realiza la persona sobre las experiencias de apego pasadas y presentes y sobre el funcionamiento familiar. Es un instrumento ampliamente utilizado tanto en el ámbito de la investigación como en el ámbito clínico. La versión española del CaMir-R es una escala válida y fiable que puede ser utilizada por los profesionales de la salud mental para evaluar las representaciones del apego entre los adolescentes españoles que presentan un cuadro clínico ansioso-depresivo. El CaMir-R muestra buenas propiedades psicométricas. La fiabilidad de las puntuaciones del CaMir-R fue aceptable mostrando valores de alpha de Cronbach que oscilaron entre .60 y .8525.
PBI- (Parental Bonding Instrument) “Instrumento de lazos parentales”23. Esta prueba consiste en dos escalas nombradas “afecto” y “control” y mide los estilos parentales percibidos. Fue desarrollada en 1979 por Parker, Tupling y Brown y adaptada por Vallejo, Villada y Zambrano en población colombiana en el 2007. Consta de 25 ítems, incluye 13 para afecto y 12 para control. La fiabilidad es aceptable. Los valores de Alpha de Cronbach oscilaron entre .78 y .89.
Para evaluar la aceptabilidad de los talleres por parte de los cuidadores y de las personas con trastorno alimentario se utilizarán dos medidas. Por un lado, se registrará la asistencia a las sesiones y se calculará la tasa de respuesta a las evaluaciones en forma de porcentajes. Por otro lado, todos los participantes cumplimentarán tras la última sesión un cuestionario de 12 ítems diseñado ad hoc para medir su grado de satisfacción con el programa.
MÉTODO
Diseño del estudio:
Se trata de una propuesta de intervención. Es un diseño preexperimental sin grupo control. El programa propuesto se llevará a cabo en el hospital de día de Trastornos de la Conducta Alimentaria en PRISMA y se implementará dentro de un diseño de medidas pretest-postest para comparar el cambio producido tras la intervención tanto en los hijos/as como en su familiar principal.
Procedimiento:
Se solicitará permiso al Comité de Ética de la Investigación de la Comunidad Autónoma de Aragón (CEICA) para que dé su aprobación para la realización del estudio.
Una vez obtenida la aprobación, los psicólogos de la Unidad de Trastornos Alimentarios informarán a las personas afectadas por trastorno alimentario en tratamiento ambulatorio que puedan beneficiarse del programa psicoeducativo, así como a sus familiares, de la fecha de la primera sesión y de los contenidos que se abordarán.
Se les solicitará el consentimiento informado tanto a los familiares como a las/os pacientes interesados en participar. La duración del estudio será de aproximadamente 1 mes. Dividido en cuatro sesiones, con frecuencia semanal. La descripción del contenido de las sesiones se indica en las tablas 1 y 2, descritas en el apartado anexos.
Metodología de la intervención:
La metodología de intervención será grupal y participativa. Se organizarán dinámicas de grupo para familiares y para personas afectadas por trastorno alimentario, por separado. Cada terapia tendrá contenidos diferentes, que se especifican detalladamente en el apartado anexos. Los profesionales encargados de impartir las sesiones serán dos psicólogos de la unidad, con amplia experiencia y formación en el ámbito de trastornos alimentarios.
RESULTADOS
Aceptabilidad y viabilidad del programa. La tasa de participación, tanto de familiares como de pacientes, en el programa psicoeducativo, fue del 100%, ya que todos los que empezaron el programa lo completaron (definido como asistir a 3 sesiones o más). La tasa de respuesta a los cuestionarios, tanto en los cuidadores como en los pacientes fue 100% (n=12).
En cuanto a los contenidos específicos del programa y el nivel de satisfacción en las personas con trastorno alimentario, la mayoría consideró que habían aumentado sus conocimientos acerca del trastorno, les sirvió para comprender mejor sus conductas, les ayudó a resolver las dificultades familiares más fácilmente, les sirvió para mejorar la comunicación en casa, y para mejorar el ambiente familiar, les ayudó a identificar dificultades propias que interferían en su relación con los demás, les fue útil para poner en práctica habilidades de mentalización, aprendieron a considerar sus problemas personales de forma global, no sólo exclusivamente los relacionados con el TA, les había resultado útil la intervención, consideraron que debería seguir aplicándose esta intervención en un futuro, y la mayoría consideró que la intervención grupal había cumplido en gran medida sus expectativas.
En cuanto a los contenidos específicos del programa y el nivel de satisfacción en las madres, la mayoría consideró que habían aumentado sus conocimientos en relación a los trastornos alimentarios, les sirvió para comprender mejor las conductas de sus hijos, les ayudó a resolver las dificultades familiares más fácilmente, les sirvió para mejorar la comunicación en casa, y para mejorar el ambiente familiar, les ayudó a identificar dificultades propias que interferían en su relación con los demás, les fue útil para poner en práctica habilidades de mentalización, aprendieron a considerar los problemas de sus hijos de forma global, no sólo exclusivamente los relacionados con el TA, les había resultado útil la intervención, consideraron que debería seguir aplicándose esta intervención en un futuro, y la mayoría consideró que la intervención grupal había cumplido en gran medida sus expectativas.
Cambios en la percepción sobre el trastorno alimentario, la experiencia de cuidado, el malestar y la emoción expresada de las madres y padres tras la intervención.
Los resultados del ECI demostraron un aumento de la experiencia de cuidado general positiva, y una disminución de la experiencia de cuidado general negativa de las madres/padres participantes en el programa.
En el inventario de estrategias de afrontamiento (CSI), se apreciaron cambios en la expresión emocional de las madres y padres hacia las hijas-os tras la intervención, con resultados favorables, pero no en las estrategias de afrontamiento utilizadas.
Los resultados en el PBI demostraron una mejoría en el estilo parental percibido por parte de los cuidadores principales, aumentando el afecto o cuidado y disminuyendo el control o sobreprotección.
Los resultados del EDSIS demostraron que las madres o padres presentarán un mayor impacto personal en los factores directamente relacionados con problemas específicos causados por los síntomas del trastorno alimentario (impacto de los aspectos nutricionales y alteración conductual). Hubo una disminución en la reacción de culpa de los cuidadores frente a la enfermedad. Se apreció un aumento de la experiencia de cuidado general positiva, pero también un aumento de la experiencia de cuidado negativa en las madres, no siendo estas diferencias significativas entre la línea base y tras la intervención.
Cambios en la sintomatología alimentaria y en la relación materno filial y relación de apego en las personas con trastorno alimentario tras la intervención.
Los resultados del EAT demostraron una leve disminución de los síntomas alimentarios en las personas diagnosticadas de trastorno alimentario, apreciándose mínimas diferencias antes y después de la intervención. La puntuación media obtenida al inicio de la intervención se redujo con respecto a la medición obtenida tras la intervención.
Los resultados del CAMIR mostraron un aumento de la disponibilidad y apoyo de las figuras de apego. Aumentaron mínimamente la preocupación familiar, la interferencia de los padres, el valor de la autoridad de los padres, la permisividad parental, la autosuficiencia y rencor contra los padres y se producirá una disminución en la dimensión trauma infantil, pero no se obtuvieron diferencias en estas escalas entre el pretest y el postest.
Los resultados del PBI reflejaron un aumento del afecto percibido por las personas diagnosticadas de trastorno alimentario participantes en el estudio en relación a sus madres, apreciándose diferencias antes y después de la intervención. En la sobreprotección no se apreciaron cambios relevantes.
DISCUSIÓN
El objetivo de esta propuesta de intervención fue presentar el “Programa psicoeducativo COMER-AMAR” y evaluar su aceptabilidad e impacto en una muestra de madres/ padres y personas diagnosticadas de trastorno alimentario en seguimiento ambulatorio.
Los cuidadores principales de personas con TCA adquirieron conocimientos acerca de la enfermedad de sus hijos/as, repercutiendo este aspecto positivamente en las habilidades de manejo con ellos, en la mejora de la relación materno filial y en su experiencia de cuidado, lo que concuerda con estudios previos, como el de Sepúlveda et al. en 201010.
El formato de psicoeducación tiene como beneficio principal adoptar un enfoque no patológico de dinámica grupal, de contacto con iguales que mantienen experiencias y preocupaciones similares, principalmente centrado en que los familiares aprendan información acerca del trastorno y habilidades para enfrentarse a la problemática de sus hijos/as, por oposición a tratamientos clínicos que ignoran a la familia o a tratamientos con sesiones familiares puntuales individualizadas. Por lo tanto, los beneficios de participar en el programa de psicoeducación incluirán una mejora en el estilo maternal percibido, aumentando el afecto y disminuyendo la sobreprotección; lo que concuerda con los resultados obtenidos en programas previos, dirigidos principalmente a enseñar habilidades de resolución de problemas, con una reducción en los niveles de ansiedad y de la emoción expresada de los familiares, así como en la patología alimentaria de los pacientes, y resultados favorables en la adquisición de habilidades de comunicación, así como la disminución del impacto negativo de la experiencia de cuidado12.
No se apreciaron cambios significativos en las estrategias de afrontamiento, debido probablemente a la escasa muestra participante en el estudio, así como al reducido número de sesiones, por lo que los cambios serían esperables con estudios longitudinales, pero sí que se observó una mayor conciencia de la expresión emocional, y mayor capacidad de autocrítica en relación al estilo parental, como se refleja en estudios como los de Treasure et al.17, que consideran que los grupos de padres y madres son de gran utilidad para lograr una implicación familiar positiva en el tratamiento y ayudar a los cuidadores a enfrentarse con las emociones y problemas provocados por el trastorno del hijo.
Aumentó también la experiencia general de cuidado positiva por parte de las madres/padres y con la intervención psicoeducativa también se hicieron más conscientes de la gravedad de la enfermedad de sus hijos/as al conocer más información acerca del trastorno y las causas que pueden originarlo, haciéndoles así partícipes del tratamiento y proporcionándoles diferentes estrategias para abordar los problemas de relación con sus familiares enfermos, así como técnicas de comunicación y de mentalización. Esto concuerda con estudios previos como el de Hibbs et al.13, donde se indica que el malestar psicológico, así como la sobrecarga de los cuidadores se reduce significativamente tras las intervenciones familiares. Se pretende también disminuir el sentimiento de culpa gracias a la intervención.
Como limitaciones del estudio, cabe destacar la dificultad de obtener una muestra representativa debido a la gran resistencia que ofrecen los cuidadores y personas afectadas de un trastorno alimentario de cara a recibir más información acerca de la enfermedad, así como la ausencia de grupo control, que permitiría evaluar los factores relacionados con la propia evolución del trastorno asociado al tiempo. Por razones de ética profesional no es lícito dejar sin intervención familiar a ninguna persona con trastorno alimentario por tener grupo control.
También es importante tener en cuenta de cara a futuras investigaciones la importancia de realizar estudios longitudinales para analizar si los cambios perduran a lo largo del tiempo. Estudios futuros deberán, por tanto, ampliar el número de sesiones del programa de intervención, así como las sesiones de seguimiento. También habría que considerar un aumento de la muestra de participantes en el estudio, para poder obtener resultados estadísticamente significativos. Sería interesante considerar un diseño de corte más rigoroso, como el experimental.
CONCLUSIONES
Como conclusiones tras el diseño y aplicación de esta intervención cabe señalar:
Los talleres han mostrado ser beneficiosos para personas que cuidan de una persona con trastorno alimentario en nuestro contexto.
El impacto de la intervención en las personas diagnosticadas de trastorno alimentario ha mostrado una mejora tanto en las conductas alimentarias disfuncionales como en la interacción madre-hijo/a.
El descenso de los niveles de sobreimplicación emocional de las madres/padres hacia sus hijos/as también influirá en esas mejoras, en línea con los estudios que remarcan la estrecha relación entre los niveles de emoción expresada y la sintomatología alimentaria.
Esta intervención parece que puede ayudar tanto a cuidadores a cargo de una persona con un trastorno alimentario en tratamiento ambulatorio como al propio enfermo.
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ANEXOS
Descripción y cronograma de sesiones para el grupo de madres.
| GRUPO MADRES | |
| SESIÓN 1: Presentación TCA | 1 septiembre 2025 |
| SESIÓN 2: Tipos de cuidadores | 8 septiembre 2025 |
| SESIÓN 3: Mentalización y apego | 15 septiembre 2025 |
| SESIÓN 4: Comunicación y autoestima | 22 septiembre 2025 |
Tabla 2.
Cronograma del programa de intervención para personas con trastorno alimentario.
| GRUPO HIJOS/AS | |
| SESIÓN 1: Presentación TCA | 3 septiembre 2025 |
| SESIÓN 2: Falsa amiga y función del síntoma | 10 septiembre 2025 |
| SESIÓN 3: Mentalización y apego | 17 septiembre 2025 |
| SESIÓN 4: Comunicación y autoestima | 24 septiembre 2025 |