AUTORES
- Daniela Silva Chacón. Médico Residente de Medicina Familiar y Comunitaria. UDMAFyC Sector Zaragoza II. Zaragoza, Aragón, España.
- Angie Patricia López Murillo. Médico Residente de Medicina Familiar y Comunitaria. UDMAFyC Sector Zaragoza II. Zaragoza, Aragón, España.
- Adriana Maritza Pazmiño Cano. Médico Residente de Medicina Familiar y Comunitaria. UDMAFyC Sector Zaragoza II. Zaragoza, Aragón, España.
- Pilar Fandos Vázquez. Médico Residente de Medicina Familiar y Comunitaria. UDMAFyC Sector Zaragoza II. Zaragoza, Aragón, España.
- Laura María Verdejo Martos. Médico Residente de Medicina Familiar y Comunitaria. UDMAFyC Sector Zaragoza II. Zaragoza, Aragón, España.
- Guillermo Pérez García. Médico Residente de Medicina Familiar y Comunitaria. UDMAFyC Sector Zaragoza II. Zaragoza, Aragón, España.
RESUMEN
La dispepsia es uno de los síntomas gastrointestinales más frecuentes en Atención Primaria, con una prevalencia estimada entre el 20% y el 40% en la población adulta, de los cuales la mayoría corresponden a dispepsia funcional. El diagnóstico y manejo adecuados permiten evitar intervenciones invasivas innecesarias y mejorar la calidad de vida del paciente. En este artículo se presenta un caso clínico de una mujer de 42 años con dolor epigástrico posprandial crónico y síntomas de distrés postprandial que persisten tras la erradicación efectiva de Helicobacter pylori y una endoscopia digestiva superior normal, lo que permite establecer el diagnóstico de dispepsia funcional según los criterios de Roma IV. Se revisa el enfoque diagnóstico inicial, la importancia de la búsqueda de síntomas de alarma y el uso racional de la prueba de H. pylori y la endoscopia, y se describen las estrategias terapéuticas escalonadas en Atención Primaria: modificaciones higiénico‑dietéticas, terapia empírica con inhibidores de la bomba de protones, y, en casos refractarios, procinéticos o antidepresivos a dosis bajas. El artículo subraya el papel central de la Atención Primaria en la identificación precoz, el manejo eficiente y el seguimiento continuado de la dispepsia funcional, con especial énfasis en la educación del paciente y la prevención de la medicalización innecesaria.
PALABRAS CLAVE
Dispepsia, Helicobacter pylori, atención primaria, endoscopia gastrointestinal, inhibidores de la bomba de protones, medicalización.
ABSTRACT
Dyspepsia is one of the most common gastrointestinal complaints in primary care, with an estimated prevalence of 20–40% in the adult population, the majority of cases being classified as functional dyspepsia. A timely and structured diagnostic approach can avoid unnecessary invasive tests and improve patients’ quality of life. This article describes a 42‑year‑old woman with chronic postprandial epigastric pain and postprandial distress symptoms that persist after successful eradication of Helicobacter pylori and a normal upper endoscopy, leading to a diagnosis of functional dyspepsia according to the Rome IV criteria. The diagnostic algorithm, including history‑based assessment of alarm features, appropriate use of H. pylori testing and selective endoscopy, is reviewed. Stepwise management in primary care is outlined, encompassing lifestyle and dietary modifications, empirical proton‑pump inhibitor therapy, and, in refractory cases, prokinetic agents or low‑dose antidepressants. The article highlights the central role of primary care in the early detection, efficient management and long‑term follow‑up of functional dyspepsia, emphasizing patient education and the prevention of unnecessary medicalization.
KEY WORDS
Dyspepsia, Helicobacter pylori, primary care, endoscopy, gastrointestinal, proton pump inhibitors, medicalization.
INTRODUCCIÓN
La dispepsia constituye un síndrome abdominal superior definido por la presencia de dolor o malestar epigástrico, que puede acompañarse de plenitud postprandial, saciedad precoz, náuseas o ardor. Su prevalencia varía según las poblaciones estudiadas, pero se sitúa en torno al 20–40% en la población adulta1. Entre el 50% y el 70% de los casos se consideran funcionales, es decir, sin evidencia de enfermedad estructural que pueda explicar la sintomatología, tras una adecuada evaluación clínica apoyada en pruebas complementarias.
En el contexto de Atención Primaria, la dispepsia representa un porcentaje notable de consultas motivadas por síntomas digestivos, con un alto coste en recursos sanitarios y elevados costes indirectos por incapacidad temporal. A pesar de la ausencia de enfermedad orgánica, muchos pacientes demandan pruebas invasivas y tratamiento prolongado, lo que hace aún más relevante un enfoque clínico estructurado y basado en la evidencia.
La dispepsia funcional se define por los criterios de Roma IV como la presencia de dolor o ardor epigástrico y/o plenitud posprandial molesta y/o saciedad precoz durante al menos 12 semanas (no necesariamente consecutivas) en el último año, sin evidencia de enfermedad orgánica que pueda explicar la enfermedad tras la evaluación clínica y, cuando procedan, pruebas complementarias como la endoscopia digestiva2. La validez psicométrica y la utilidad clínica de estos criterios han sido ampliamente estudiadas, y se recomiendan para la identificación de personas con dispepsia de predominio funcional, especialmente en población joven y sin signos de alarma.
El manejo en Atención Primaria debe basarse en una historia clínica dirigida, la búsqueda sistemática de signos y síntomas de alarma (pérdida de peso no intencionada, anemia, vómitos persistentes, sangrado digestivo, disfagia, ictericia, masa abdominal, antecedentes de cáncer digestivo, edad avanzada)3. Además, cuando se considere indicado, se incluirá la prueba de detección de Helicobacter pylori mediante test del aliento con urea marcada o antígeno en heces, así como la endoscopia digestiva alta. La terapia inicial incluye medidas higiénico‑dietéticas, terapia empírica con inhibidores de la bomba de protones (IBP) y, en determinados pacientes, la estrategia “test and treat” para erradicar el H. pylori4.
El presente caso clínico ilustra cómo se puede abordar la dispepsia funcional desde el primer nivel asistencial: desde la anamnesis inicial, la selección de pruebas complementarias según la probabilidad de enfermedad orgánica, el diagnóstico de dispepsia funcional por criterios de Roma IV, hasta la implementación de un tratamiento escalonado y seguimiento continuo para mejorar la calidad de vida y prevenir la medicalización crónica.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Mujer de 42 años, sin antecedentes digestivos ni quirúrgicos relevantes, sin consumo de AINE de forma habitual y sin antecedentes familiares de úlcera péptica o cáncer digestivo. Acude a la consulta de Medicina Familiar y Comunitaria por dolor epigástrico opresivo y urente de varios meses de evolución. Describe que el dolor aparece de forma recurrente unas 1–2 horas tras las comidas principales, especialmente cuando ingiere comidas copiosas, grasosas o con café. Junto al dolor, refiere una sensación de plenitud intensa tras comer pequeñas cantidades, con saciedad precoz y náuseas ocasionales, sin vómitos, pérdida de peso, fiebre, sudoración, regurgitación ácida intensa ni disfagia. Niega haber experimentado cambios importantes en su hábito deposicional, pero sí refiere episodios de estrés laboral intensos coincidentes con el aumento de la sintomatología.
La exploración física es normal: abdomen blando, no doloroso, sin signos de irritación peritoneal ni masa palpable. Exploración cardiovascular y respiratoria también sin alteraciones. Se realiza analítica básica que incluye hemograma, bioquímica hepática y función renal, con resultados dentro de la normalidad, y electrocardiograma sin alteraciones significativas.
Ante un patrón de síntomas epigástricos posprandiales, sin signos de alarma evidentes y en una paciente jóven, se considera la posibilidad de dispepsia funcional, con coexistencia sugestiva de infección por Helicobacter pylori. Se realiza test de aliento con urea marcada (¹³C), que confirma la presencia de H. pylori. Se inicia terapia de erradicación con omeprazol 20 mg/12 h, amoxicilina 1 g/12 h y claritromicina 500 mg/12 h durante 14 días, con información detallada sobre cumplimiento y posibles efectos adversos.
A las 4 semanas del tratamiento, se repite el test de aliento con urea marcada, que resulta negativo, confirmando la erradicación microbiológica. Sin embargo, la paciente refiere que los síntomas posprandiales persisten, aunque en menor intensidad, y se mantienen la plenitud y saciedad precoz tras las comidas. Dado el cuadro clínico persistente, en ausencia de síntomas de alarma y tras la erradicación efectiva de H. pylori, se decide solicitar endoscopia digestiva alta para descartar lesiones estructurales.
La endoscopia practicada en el hospital de referencia muestra un esófago, estómago y bulbo duodenal macroscópicamente normales, sin signos de erosiones, úlceras, hemorragias, inflamación evidente ni lesiones neoplásicas. Se realiza biopsia gástrica en el antro y cuerpo gástricos, que no muestra hallazgos de atrofia, metaplasia intestinal, infección por H. pylori residual ni alteraciones neoplásicas.
Con estos datos (síntomas de dolor epigástrico posprandial y distrés postprandial durante más de un año, sin evidencia de enfermedad orgánica estructural en la endoscopia y tras erradicación de H. pylori), se establece el diagnóstico de dispepsia funcional, con predominio de síndrome de dolor epigástrico y síndrome de distrés postprandial, según los criterios de Roma IV.
El manejo se orienta a un plan escalonado:
- Medidas higiénico‑dietéticas: fraccionar las comidas en 5–6 ingestas diarias, evitar comidas con exceso de grasas, frituras, comidas muy copiosas, picantes intensos, café y bebidas con gas, mantener un horario alimentario regular y evitar irse a dormir con el estómago lleno.
- Modificación de factores de estrés: se explora la situación laboral y familiar, se ofrece apoyo emocional, se valora la conveniencia de derivación a psicología y se proponen técnicas de manejo del estrés.
- Farmacoterapia:
- Omeprazol 20 mg/día de forma intermitente, en periodos de mayor intensidad de síntomas (2–4 semanas según la sintomatología).
- Domperidona 10 mg/8 h a demanda, en casos puntuales de síntomas de distrés postprandial intenso, con seguimiento de la tolerancia y posibles efectos adversos (arritmias en pacientes con factores de riesgo, por lo que se suspende si no se obtiene un beneficio claro).
Tras 3 meses de seguimiento en Atención Primaria, la paciente refiere mejora clínica importante, con reducción de la frecuencia e intensidad de los episodios de dolor, capacidad de disfrutar de comidas más completas sin sensación de plenitud excesiva y disminución de la ansiedad relacionada con la sintomatología. Continúa en seguimiento ambulatorio, con revisiones regulares para ajustar la terapia y reforzar la educación sanitaria.
DISCUSIÓN
La dispepsia funcional es uno de los síndromes funcionales más frecuentes en la práctica clínica diaria, con una elevada prevalencia y un impacto importante en la calidad de vida y la utilización de recursos sanitarios. En Atención Primaria, su manejo se basa en distinguir adecuadamente entre dispepsia con sospecha de enfermedad orgánica (úlcera, ERGE, neoplasia, etc.) y dispepsia funcional5, para evitar tanto la falta de diagnóstico de patologías serias como la medicalización innecesaria de cuadros benignos.
La estrategia de erradicación de Helicobacter pylori se ha convertido en un pilar fundamental en el manejo de la dispepsia en pacientes sin antecedentes de úlcera. Numerosos estudios y guías internacionales recomiendan la estrategia “test and treat” en población de edad media y baja, donde la prevalencia de H. pylori es significativa y la probabilidad de enfermedad maligna es baja6. La erradicación ha demostrado no solo mejorar la flora gástrica y reducir el riesgo de complicaciones ulcerosas y de metaplasia/atrofia, sino también mejorar los síntomas dispépticos en un subgrupo de pacientes, especialmente en aquellos con predominio de dispepsia tipo úlcera.
Sin embargo, existe un porcentaje de pacientes en los que los síntomas persisten tras la erradicación exitosa, como en el caso que se presenta. En estos escenarios, la endoscopia digestiva alta desempeña un papel clave para descartar infecciones, erosiones, úlceras, esofagitis, ERGE o neoplasias, y para permitir, si se considera indicado, la toma de biopsias que completen la evaluación histológica. La dispepsia funcional se define, por tanto, como un diagnóstico de exclusión, una vez descartadas enfermedades estructurales mediante la combinación de la historia clínica y pruebas complementarias según la probabilidad de patología orgánica.
Desde el punto de vista terapéutico, la dispepsia funcional suele responder mejor a un abordaje multifactorial que incluye corrección de hábitos de vida, gestión del estrés y terapia farmacológica escalonada, más que a un tratamiento único y prolongado. Los estudios de revisión y metaanálisis indican que los inhibidores de la bomba de protones mejoran los síntomas en torno a un 10–20% más que placebo, sobre todo en el subgrupo de dispepsia con predominio de ardor o síntomas similares al reflujo gastroesfogáico, mientras que los procinéticos (como domperidona o mosaprida) pueden ser útiles en pacientes con síndrome de distrés postprandial, siempre que la duración de tratamiento sea breve y se valore el perfil de seguridad.
En casos refractarios o con fuerte componente de ansiedad y trastorno de la motilidad visceral, la evidencia clínica ha mostrado que los antidepresivos tricíclicos o inhibidores de la recaptación de serotonina (ISRS) a dosis bajas pueden mejorar la percepción del dolor y la calidad de vida, incluso en ausencia de un trastorno depresivo mayor, probablemente por su efecto modulador de la vía nociceptiva central. No obstante, su uso debe ser cuidadosamente seleccionado, explicado y justificado frente al paciente, evitando la medicalización crónica innecesaria. El cuidado centrado en el paciente es esencial: educación sobre el carácter benigno del cuadro, explicación de los criterios de Roma IV, puesta en valor de la mejora gradual y comprensión y manejo de los factores psicosociales.
CONCLUSIONES
La dispepsia funcional constituye un motivo de consulta altamente prevalente en Atención Primaria, cuyo abordaje requiere un enfoque clínico estructurado, racional y centrado en el paciente. El caso presentado ilustra cómo una adecuada anamnesis, la identificación de signos de alarma y el uso juicioso de pruebas complementarias —incluyendo la estrategia “test and treat” para Helicobacter pylori y la indicación selectiva de endoscopia— permiten establecer un diagnóstico de exclusión con seguridad, evitando exploraciones innecesarias y reduciendo la iatrogenia.
Asimismo, se pone de manifiesto que el manejo de la dispepsia funcional debe ser escalonado y multidimensional, combinando medidas higiénicodietéticas, tratamiento farmacológico individualizado y abordaje de factores psicosociales. El papel de la Atención Primaria resulta clave no solo en el diagnóstico y tratamiento, sino también en la educación sanitaria, el acompañamiento longitudinal y la prevención de la medicalización crónica. Este enfoque integral contribuye a mejorar la calidad de vida del paciente, optimizar el uso de recursos sanitarios y reforzar un modelo asistencial basado en la evidencia y en la continuidad de cuidados.
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