Salud colectiva en la experiencia del cuidado de la salud espiritual en el contexto intercultural de religiones cristianas

2 junio 2026

 

AUTORES

  1. Cecilia Ixel Mazatán Ochoa. Universidad Autónoma de Coahuila. México. México.
  2. Reyna Torres Obregón. Universidad Autónoma de Coahuila. México.
  3. Néstor Humberto Obregón Sánchez. Universidad Autónoma de Coahuila. México.
  4. Carlos Alfredo García Mares. Universidad Autónoma de Coahuila. México.
  5. Ana Laura Carrillo Cervantes. Universidad Autónoma de Coahuila. México.
  6. Isaí Arturo Medina Fernández. Universidad Autónoma de Coahuila. México.

 

RESUMEN

Objetivo. Reflexionar sobre la salud colectiva en la experiencia del cuidado de la salud espiritual en el contexto intercultural de religiones cristianas en México.

Desarrollo. Mediante el análisis de la literatura, se pudo observar a la salud espiritual y su cuidado desde la interculturalidad religiosa, además de una perspectiva de la determinación social y la salud espiritual, la salud colectiva y territorialidad religiosa en México y finalmente la integración del territorio, la salud espiritual en la salud colectiva y las religiones cristianas.

Conclusión. La salud colectiva ofrece un enfoque integral que reconoce la importancia del territorio, el bienestar y la espiritualidad en los procesos de salud y enfermedad.

PALABRAS CLAVE

Salud colectiva, experiencia, cuidado, salud espiritual, religiones cristianas.

ABSTRACT

Objective. To reflect on collective health in the experience of spiritual health care within the intercultural context of Christian religions in Mexico.

Development. Through literature analysis, spiritual health and its care from a religious intercultural perspective, as well as from the perspective of social determinants of health, collective health and religious territoriality in Mexico, and finally, the integration of territory, spiritual health within collective health, and Christian religions. Conclusion. Collective health offers a comprehensive approach that recognizes the importance of territory, well-being, and spirituality in health and illness processes.

KEY WORDS

Collective health, experience, care, spiritual health, christian religions.

INTRODUCCIÓN

La salud es un elemento que se puede visualizar desde diferentes ángulos, ya que es una necesidad que tiene toda persona. Esto permite que las disciplinas de salud y las que no son de la salud, tengan cabida en el abordaje de este tema y los contextos en los que se desarrolla, puesto que forma parte de todo lo relacionado con el ser humano.

Para visualizar la salud desde el exterior de la persona, se debe comprender que esta deberá concebirse como un ser holístico, compuesto de la dimensión física, psicológica, social y espiritual, con necesidades individuales en cada una, así como integrales, que requieren la sinergia de todas estas dimensiones.

Específicamente en la dimensión espiritual, se puede encontrar la salud espiritual y la necesidad de atenderla, pues a partir de la trayectoria de vida de la persona se puede reconocer el cuidado de esta y su repercusión en cada etapa de la vida, sin embargo, su comprensión requiere una visión de valoración espiritual, apoyo de sus prácticas e integración de cuidados de enfermería orientados a la promoción de la plenitud espiritual en la vida cotidiana de la persona, a partir de intervenciones con la perspectiva multidimensional que enfermería puede y debe proporcionar1.

En este sentido, es importante contemplar esta salud espiritual desde la salud pública, puesto que esta es el arte y la ciencia de prevenir enfermedades, prolongar la vida y promover la salud a través de esfuerzos organizados de la sociedad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS)2. Sin embargo, también se debe considerar desde la salud colectiva, pues desde ahí se puede observar un enfoque colectivo y preventivo de la salud, así como la importancia de una sociedad organizada para mejorar la salud y el bienestar de las poblaciones, diseñando estrategias que permitan a cada persona detectar, mejorar y/o mantener una salud integral, considerando esta integridad en las propias dimensiones del ser humano.

Sin embargo, con el paso del tiempo, se ha podido apreciar la influencia que ejercen diferentes factores externos a la persona en este cuidado de la salud, lo que involucra al mismo tiempo, todos los esfuerzos de la sociedad, de donde nace la necesidad de desarrollar un nuevo concepto donde se pueda relacionar no solo la salud de cada elemento de la persona, sino los que influyen en ella desde el contexto político, económico, cultural, familiar y todos los que influyen en la salud y el autocuidado de esta, como la territorialidad, la determinación social y la interculturalidad religiosa.

Por lo anterior, surge el término de “salud colectiva”, que no solo enmarca la relación salud-enfermedad-grupos sociales, sino que incluye el sistema de trabajo que garantiza los servicios, su funcionamiento y la gestión de su implementación, es decir, se puede asumir como una finalidad, ya que es un campo de acción profesional de la salud, es una especialidad científica que exige integrar la multidisciplinariedad en la formación del profesional de la salud y en su desempeño cotidiano, con su participación en la comunidad reconociendo el aporte de otras disciplinas para la comprensión de los problemas de salud y la búsqueda de soluciones desde los saberes colectivos de la propia comunidad3, 4.

La salud colectiva, incorpora el quehacer social, en la conjunción de conocimientos, tecnología y disposición política, por tanto, para lograr el bienestar socio-sanitario se requiere el desarrollo y fortalecimiento de una cultura de vida, salud pública, entornos saludables, control de riesgos y daños a la salud colectiva, ciudadanía y capacidad de participación, atención de necesidades y demandas de los servicios de salud, es decir, forma parte esencial en la atención primaria de una determinada localidad, para mejorar su calidad de vida y salud4 .

Así mismo, la salud colectiva trasciende la visión biomédica tradicional, ya que incorpora dimensiones sociales, culturales y espirituales en la comprensión y promoción de la salud de la persona, visualizándola no como la ausencia de enfermedad, sino un estado dinámico influenciado por determinantes sociales y territoriales, observando el territorio como un espacio donde se entrelazan las relaciones sociales, políticas y económicas que afectan la salud de las comunidades y que pueden tomar a la espiritualidad y la religión como recursos significativos en el afrontamiento de crisis, ofreciendo soporte emocional y comunitario5.

En este sentido la persona como ser bio-psico-social y espiritual requiere del mantenimiento de la salud de cada una de estas dimensiones y considerarse como un individuo en su totalidad, el cerebro y el espíritu, el cuerpo y la mente, la razón y la emoción interconectado. Lo que aborda la enfermería como disciplina social y humanística de atención a la salud, que está converge la ciencia y el arte de la prevención, diagnóstico y tratamiento de la salud de la persona con conocimiento, habilidad y cuidado6. Y al mismo tiempo, tener en cuenta que los elementos contextuales de las dinámicas sociales son parte de este desarrollo de la persona y por lo tanto de su salud.

Tomando en cuenta lo anterior, en las últimas décadas se han incrementado los estudios sobre cada una de estas dimensiones de la persona en el área de la salud. En enfermería, que es la disciplina encargada del cuidado de la salud, se han realizado descubrimientos importantes en el diseño de los procesos de cuidado a partir de la espiritualidad, pero al mismo tiempo, se destaca en esta dimensión espiritual, la sinergia con un componente religioso.

De esta manera, es importante resaltar que, en el mundo se observa la práctica del cristianismo en 2.382,75 personas, seguida del islam, el hinduismo y los que se catalogan como sin religión, con más de un millón de seguidores, posteriormente se observan el budismo, religiones tradicionales, judaísmo y otras con menos de un millón de seguidores7. Lo que permite visualizar la importancia del aporte religioso en la cultura de las personas y por lo tanto en la salud de estas.

Sin embargo, la religión al mismo tiempo tiene una interculturalidad en las diferentes creencias y prácticas a partir de los diversos contextos sociales donde se desarrollan. México se caracteriza por ser un país apegado a las creencias y prácticas religiosas, por lo que al mismo tiempo se deben de considerar en la toma de decisiones de los aspectos sociales, políticos, económicos y de la salud.

Esta influencia engloba la necesidad de abordar la salud espiritual como un componente esencial de la salud holística y al mismo tiempo su visión desde la salud colectiva y la interculturalidad de las religiones cristianas, dando paso a la exploración de la integración de algunos elementos de estas corrientes, para promover un bienestar integral de la persona, considerando el territorio como determinante social y la espiritualidad, integrando la salud espiritual y la religiosidad como recurso de cuidado de la salud colectiva. De tal manera que en el presente trabajo se planteó el objetivo de reflexionar sobre la salud colectiva en la experiencia del cuidado de la salud espiritual en el contexto intercultural de religiones cristianas en México.

DESARROLLO

Salud espiritual y su cuidado desde la interculturalidad religiosa:

La salud espiritual y la religión se han mostrado como recursos valiosos en el afrontamiento de situaciones de crisis, ya que proporcionan soporte emocional y comunitario, facilitando el manejo del estrés y la ansiedad, y promoviendo el bienestar psicológico5. De esta manera, se logra visualizar la importancia de la interculturalidad religiosa, ya que desde las diferentes perspectivas que plantea cada una, el fin último de cada una deberá proveer al usuario de herramientas para el mantenimiento de esa salud espiritual.

Por lo que, la dimensión espiritual de la persona debe ser considerada en los procesos de atención sanitaria, integrándola en los modelos de cuidado para ofrecer una atención integral que respete y valore las creencias y prácticas espirituales y religiosas de los individuos. Puesto que el propio individuo cuida de su salud espiritual y desde su experiencia, puede compartir las preferencias del cuidado que desea que se le proporcione en esta área.

Es entonces que el cuidado de la salud espiritual deberá tener una asimilación sin prejuicio o crítica dentro del buen vivir, así como la calidad de vida y la vida saludable, contemplados en la categoría de principios constitucionales en México, articulándolos a la determinación social. Aunque desde la vida espiritual, la cultura y la salud, se puede dar una interpretación dialéctica de la determinación de la materialidad social y los errores del socialismo al concebir la construcción de una materialidad alterna equivocada, reproduciendo la lógica capitalista8. En consecuencia, al ser este país capitalista, las condiciones de los servicios de salud a los que se puede acceder, va a depender también del esfuerzo y posicionamiento que, desde sus posibilidades y realidades, cada individuo deberá elegir.

Determinación social y Salud Espiritual:

Breilh8 propone que la determinación social de la salud es una herramienta clave para transformar la salud pública hacia un enfoque colectivo. Ya que reconoce las condiciones sociales, económicas y políticas en la influencia directa de los procesos de salud y enfermedad. La salud colectiva, desde esta óptica, implica un compromiso con la justicia social, la equidad y la participación comunitaria, que oriente las políticas públicas hacia la promoción de la salud en su sentido más amplio, es decir, considerando también la salud espiritual.

Pero, para poder realizar estas propuestas, se debe orientar al personal de salud no solo en el desarrollo de la investigación en salud pública o colectiva, sino concientizarlas de que estos estudios pueden llevarse al marco de una transición epistemológica y desde su campo disciplinar determinado por el contexto político, social y económico, así como por elementos culturales como la fe, la religión y las costumbres. Aunque también deberá adoptar una posición crítica y constructiva, que contemple desde la realidad sanitaria que vive el país, los cambios institucionales hospitalarios y universitarios, en función de lograr objetivos comunes que trasciendan los logros institucionales y personales hacia la construcción de una conciencia social del alcance de su derecho a la salud y no sólo en relación a una salud física, en hospitales o clínicas, mental, en centros especializados como hospitales psiquiátricos o clínicas de salud mental, o social, en instituciones para la convivencia, clubs, etc. Sino también respetando la inclusión de la salud espiritual, en espacios naturales, religiosos y significativos.

Desarrollar propuestas que permitan la sinergia entre el modelo biomédico y el humanista en la construcción de un equilibrado que beneficie la salud holística de la persona mediante acciones que relacionen la investigación y las políticas de salud, que permitan interpretar las necesidades de la población y modificar la realidad sanitaria desde los intereses colectivos desde la legislación vigente y la modificación de ésta en beneficio del colectivo.

Finalmente, se puede observar que esta realidad en México es diferente a la de otros países de Sudamérica, donde resulta indispensable que reconozcan la dimensión política que la investigación en salud pública ha tenido y que, por lo tanto, la democratización y el empoderamiento de ella deben generar una desmitificación del conocimiento y la apertura a la participación de los ciudadanos en la producción y los beneficios del saber, para avanzar a una democracia participativa y protagónica9. Tomando en cuenta las diferentes visiones que puedan generar las creencias en esta aportación democrática, esperando la consideración de las necesidades de cada una, sobre su desarrollo y, por ende, la repercusión de esta en la salud espiritual.

Salud colectiva y territorialidad religiosa en México:

Desde la salud colectiva se puede visualizar que el territorio debe ser considerado una categoría central en el campo de la salud pública, ya que en él se desarrollan los procesos de producción y reproducción social que constituyen la base de la determinación social de la salud, enfermedad y muerte10.

El territorio no solo se entiende como un espacio geográfico, sino como un escenario donde se expresan las contradicciones y conflictos producto de las relaciones de poder, configurando el bienestar o malestar de las poblaciones que lo habitan. Esta perspectiva exige una reorientación de la acción de la salud pública para actuar sobre la determinación social de los procesos de salud-enfermedad y muerte, re-territorializando su intervención y superando su acción focalizada en la enfermedad y en el ajuste de los estilos de vida de los individuos11.

Villasana12 profundiza en esta noción, señalando que el territorio es un espacio de disputa entre visiones que lo ubican como fuente de acumulación, intensificando procesos de expoliación y explotación, y aquellas que lo consideran el escenario donde se gesta la vida y su sustentabilidad. En este sentido, la salud colectiva debe incorporar el territorio como un elemento sustancial para entender y explicar las dinámicas de la vida y la salud, articulándose con otras disciplinas y con el saber y praxis de las comunidades para comprender de manera integral el territorio.

En México se puede ver una diversidad e interculturalidad religiosa a lo largo de todo el territorio, donde se puede encontrar desde creencias, prácticas y religiones prehispánicas, hasta las nuevas corrientes de pensamientos y credos. Sin embargo, el predominio del cristianismo sigue vigente en este país y al mismo tiempo se diversifican las corrientes derivadas de él.

En este caso, la territorialidad muestra diferencias a lo largo del país, en el sentido cultural y religioso, donde se puede visualizar contrastes en las formas de vida, de alimentación, de condiciones de salud y de prácticas religiosas, puesto que las políticas nacionales permiten o no distintas actividades propias de estas tradiciones que son parte del cuidado de la salud espiritual de algunas personas y avalado por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos13 y la Ley Federal de Protección del Patrimonio Cultural de los Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas14.

Esta territorialidad puede verse a través de una epistemología como proyecto de vida en la dimensión del poder y la reterritorialización basado en la solidaridad, con territorios dinámicos, en movimiento, en tensión, en continua transformación y aportando claridad en la noción de territorios mediante su autonomía12. Lo que permite vivir la religiosidad a cada individuo desde sus propias concepciones y en beneficio del autocuidado de su salud espiritual.

Integración del territorio, la salud espiritual en la salud colectiva y las religiones cristianas:

La integración del territorio, la salud espiritual y las religiones cristianas en la salud colectiva permite una comprensión holística de los procesos de salud y enfermedad. El territorio, como espacio de vida, influye en las condiciones sociales y ambientales que afectan la salud de las comunidades y su bienestar físico, mental, social y espiritual, que al mismo tiempo es promovido a través de políticas públicas que abordan los determinantes sociales de la salud.

La salud espiritual, contribuye al bienestar emocional y psicológico de los individuos, especialmente en contextos de crisis, convirtiéndose en un recurso de afrontamiento y resiliencia, además de proporcionar beneficios sociales para la persona con la convivencia y valores colectivos que comparte desde sus creencias, para finalmente beneficiarse en el aspecto físico, con la conciencia del autocuidado y al mismo tiempo impactando en el beneficio común de una sociedad que se desarrolle en el cuidado colectivo de la salud.

Por lo tanto, la salud colectiva debe considerar estos elementos de manera interrelacionada, diseñando intervenciones que respeten y fortalezcan las dimensiones territoriales, sociales y espirituales de las comunidades, y que al mismo tiempo deben ser tomadas en cuenta por las autoridades locales y regionales, para a apoyar, guiar y acompañar la gestión local y territorial, donde se producen procesos de producción y reproducción social por los cambios que se generan con la interacción de la sociedad y la naturaleza, estructurando así la determinación social de los perfiles salud-enfermedad-muerte de las poblaciones que lo habitan15.

CONCLUSIÓN

La salud colectiva ofrece un enfoque integral que reconoce la importancia del territorio, el bienestar y la espiritualidad en los procesos de salud y enfermedad. Al considerar estos elementos, se promueve una comprensión más completa de los determinantes de la salud y se diseñan intervenciones más efectivas y respetuosas con las realidades de las comunidades. Es fundamental que las políticas públicas y las prácticas de atención sanitaria integren estas dimensiones, fomentando la participación comunitaria y el respeto por las creencias y prácticas culturales y espirituales. Solo a través de este enfoque integral se podrá avanzar hacia una salud más equitativa, justa y sostenible para todos.

Ademas, desde una visión colectiva se puede recomendar la amplitud de la legislación hacia la inclusión de la salud espiritual y los elementos que pueden favorecerla, como las religiones cristianas. Así como incluir en la promoción de la salud de las instituciones, un apartado para la capacitación, primero del personal de salud y después la transmisión de este cuidado de la salud espiritual a la población misma.

 

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