El burnout en los profesionales sanitarios y cómo prevenirlo

3 agosto 2026

 

AUTORES

  1. Ariadna Gracia Prad. Residente de Enfermería Geriátrica (Hospital Sagrado Corazón de Jesús, Huesca). España.
  2. Silvia Carnicer Izaguerri. Residente de Enfermería Comunitaria (Centro de Salud Calatayud), Zaragoza. España.
  3. Paula Bujalance Latasa. Hospital Royo Villanova Zaragoza. España.
  4. Oumaima Aboulmakarim Rabbani. Hospital Nuestra Señora de Gracia Zaragoza. España.

RESUMEN

El síndrome de burnout o síndrome del profesional quemado constituye un problema creciente entre los profesionales sanitarios, agravado tras la pandemia por COVID-19 debido al aumento de la carga asistencial y del estrés laboral. Se caracteriza por tres dimensiones principales: agotamiento emocional, despersonalización y disminución de la realización personal, según el modelo de Maslach y Jackson. Su aparición está relacionada con una interacción prolongada con pacientes, elevadas demandas laborales y escasez de recursos.

Las manifestaciones del síndrome abarcan síntomas psicológicos (ansiedad, irritabilidad, apatía o depresión), físicos (cefalea, insomnio, trastornos digestivos y fatiga) y conductuales (aislamiento, conflictos interpersonales y absentismo laboral). Su evolución suele desarrollarse en diferentes fases, desde el entusiasmo inicial hasta el agotamiento profesional, pudiendo ocasionar un importante deterioro de la salud y del rendimiento laboral.

Entre los principales factores de riesgo destacan la sobrecarga de trabajo, los turnos rotatorios o nocturnos, la falta de apoyo social, las relaciones laborales conflictivas y determinadas características personales. Como factores protectores se identifican el apoyo de los equipos, la autonomía profesional, la autoeficacia, el optimismo y un adecuado reconocimiento laboral.

Para su evaluación, el cuestionario más utilizado es el Maslach Burnout Inventory (MBI), aunque existen otras escalas que complementan su valoración. La prevención se basa en la identificación precoz de factores de riesgo, la formación en estrategias de afrontamiento, la mejora del clima laboral y la promoción de programas de apoyo psicológico.

La pandemia por COVID-19 incrementó notablemente la prevalencia del síndrome entre los profesionales sanitarios, especialmente en los servicios de urgencias, cuidados críticos y hospitalización. Estos datos ponen de manifiesto la necesidad de desarrollar mejores herramientas de evaluación, reforzar las estrategias preventivas e implantar medidas organizativas que protejan la salud mental de los profesionales y garanticen una atención sanitaria de calidad.

PALABRAS CLAVE

Agotamiento profesional, personal de la salud, estrés psicológico y COVID-19.

ABSTRACT

Burnout syndrome has become an increasingly important occupational health problem among healthcare professionals, particularly following the COVID-19 pandemic, which substantially increased workload, psychological stress, and emotional demands. According to the Maslach and Jackson model, burnout is characterized by three main dimensions: emotional exhaustion, depersonalization, and reduced personal accomplishment. It commonly affects professionals exposed to prolonged patient care, high job demands, and insufficient organizational resources.

Burnout manifests through psychological symptoms such as anxiety, depression, irritability, apathy, and reduced concentration; physical symptoms including headaches, insomnia, fatigue, gastrointestinal disorders, and tachycardia; and behavioral changes such as absenteeism, social withdrawal, interpersonal conflicts, and decreased work performance. The syndrome usually progresses through several stages, from initial enthusiasm to emotional exhaustion and professional collapse.

The main risk factors include excessive workload, rotating or night shifts, poor workplace relationships, lack of organizational support, and certain personal characteristics. Protective factors include social support, professional autonomy, self-efficacy, optimism, recognition, and positive teamwork.

The Maslach Burnout Inventory (MBI) remains the most widely used tool for assessing burnout, although other validated questionnaires are available. Prevention should focus on early identification of risk factors, stress management training, improving organizational support, strengthening teamwork, and implementing psychological support programs.

Evidence shows that burnout prevalence increased considerably after the COVID-19 pandemic, particularly among healthcare workers in emergency departments, intensive care units, and hospital wards. These findings highlight the need to improve assessment tools, develop more effective prevention strategies, and implement organizational policies aimed at protecting healthcare professionals’ mental health while ensuring high-quality patient care.

KEY WORDS

Professional Burnout, health personnle, pshychologycal stress, COVID-19.

INTRODUCCIÓN

En la actualidad, tras la pandemia del Covid 19 y la sobrecarga que ha conllevado, ha habido un repunte de casos del síndrome del quemado o burnout entre los profesionales sanitarios. Al ser un tema al que no se le da tanta importancia y que hasta hace unas décadas ni se reconocía el término y la situación de los profesionales, nos gustaría que se le diera la importancia que creemos que tiene.

Así que nuestro objetivo es que se tenga más información sobre él para saber cómo sobrellevarlo y prevenirlo.

DEFINICIÓN Y CONTEXTUALIZACIÓN DEL TÉRMINO BURNOUT:

La calidad de vida profesional es el equilibrio de las demandas y recursos laborales y personales. Cuando estas condiciones desaparecen, aparece el estado patológico profesional, también conocido como burnout.

El término burnout, fue introducido por Freudenberger en 1974, cuando él observó una falta de motivación y de entusiasmo a la hora de trabajar en una clínica de salud mental.

A lo largo del tiempo, se han conocido diferentes definiciones del Síndrome del burnout o Síndrome del quemado, pero la más aceptada actualmente es aquella escrita por Maslach y Jackson que lo describe como: “Síndrome tridimensional en el que el trabajador presenta cansancio emocional, despersonalización o tratamiento clínico y actitud negativa hacia los clientes, y una baja realización personal”.

Este síndrome se presenta en aquellos trabajos que requieren interacción social con jornadas laborales extensas y en las que se requiera una atención sostenida, como, por ejemplo, ocurre con el personal sanitario, siendo los servicios de Urgencias los más afectados. La causa principal del origen de esta patología es el estrés1.

Por otro lado, encontramos el modelo de demanda de recursos laborales que se basa en el agotamiento debido al trabajo, pero difiere en que, al contrario que el de Maslach, este desarrolla el agotamiento por dos vías. Por un lado, las demandas excesivas y por otro lado los recursos insuficientes. Sin embargo, todos los modelos están de acuerdo en que el agotamiento es el polo negativo continuo mientras que el compromiso laboral sería el polo positivo en los trabajadores que lo sufren.

MANIFESTACIONES CLÍNICAS:

Este síndrome, no solo afecta físicamente a la persona que lo sufre, sino también psicológica o emocionalmente, provocando ausentismo laboral que conlleva en el caso de los sanitarios a una deficiencia de la satisfacción de sus pacientes o desde su propio punto de vista.

Las características que se pueden observar en un trabajador según Maslach y Jackson son: cansancio emocional, en el que hay una baja energía y todo son sensaciones de sobreesfuerzo que conllevan una acción negativa a la hora de realizar cualquier acción.

Además de la despersonalización en el que se puede responder a otras personas con irritabilidad y la falta de realización personal con respuestas negativas hacia uno mismo y hacia su entorno laboral2,3.

Los síntomas que se producen los podemos dividir en tres grandes grupos. Los síntomas psicológicos como la depresión, la irritabilidad, la apatía, el cinismo o el déficit de atención, los síntomas físicos como la cefalea, la falta de apetito, el insomnio, taquicardias o problemas gastrointestinales, y por último, los síntomas conductuales que pueden conllevar problemas familiares o sociales además de inadaptación o desorganización4.

ETAPAS:

Fase inicial: de entusiasmo. Se experimenta, ante el nuevo puesto de trabajo, entusiasmo, gran energía y se dan expectativas positivas. No importa alargar la jornada laboral.

Fase de estancamiento: No se cumplen las expectativas profesionales. Se empiezan a valorar las contraprestaciones del trabajo, percibiendo que la relación entre el esfuerzo y la recompensa no es equilibrada. En esta fase tiene lugar un desequilibrio entre las demandas y los recursos (estrés); por tanto, definitoria de un problema de estrés psicosocial. El profesional se siente incapaz para dar una respuesta eficaz.

Fase de frustración: Se puede describir una tercera fase en la que la frustración, desilusión o desmoralización hace presencia en el individuo. El trabajo carece de sentido, cualquier cosa irrita y provoca conflictos en el grupo de trabajo. La salud puede empezar a fallar y aparecer problemas emocionales, fisiológicos y conductuales.

Fase de apatía: En la cuarta fase se suceden una serie de cambios actitudinales y conductuales (afrontamiento defensivo) como la tendencia a tratar a los clientes de forma distanciada y mecánica, la anteposición cínica de la satisfacción de las propias necesidades al mejor servicio al cliente y por un afrontamiento defensivo-evitativo de las tareas estresantes y de retirada personal. Estos son mecanismos de defensa de los individuos.

Fase de quemado: Colapso emocional y cognitivo, fundamentalmente, con importantes consecuencias para la salud. Además, puede obligar al trabajador a dejar el empleo y arrastrarlo a una vida profesional de frustración e insatisfacción. Esta descripción de la evolución del SQT tiene carácter cíclico. Así, se puede repetir en el mismo o en diferentes trabajos y en diferentes momentos de la vida laboral5.

FACTORES DE RIESGO:

Hasta el 1 de enero de 2022, no había entrado en vigor el CIE-11(la Clasificación Internacional de Enfermedades), para poder unificar todos los criterios y formas de seguimiento de los avances para una cobertura sanitaria universal.

En el síndrome del burnout se encuentran diversos pilares: el agotamiento; los sentimientos negativos crónicos respecto al trabajo; y una sensación de no realizarse y de ser ineficaz”6.

Según varios estudios, hay varios factores muy relacionados con el síndrome del burnout, entre esos determinantes encontramos los personales (edad, sexo y personalidad); sociales (estado civil, número de hijos, nivel de estudios) y laborales (sobrecarga de trabajo, relaciones con los compañeros de trabajo, la antigüedad, turno y tipo de actividad, tipo de contrato laboral)7.

También, se observó que personas que hacen turnos diurnos son menos incidentes en síndrome de burnout, en comparación con las que hacían turnos rotatorios o nocturnos; ya que originan cambios en los ciclos circadianos, dando como resultado a cuadros nerviosos, cansancio, estrés, ansiedad, insomnio, trastornos digestivos y otros ritmos biológicos, además de que se ven dificultadas las relaciones sociofamiliares.

Al igual que un número mayor de horas de trabajo daba como resultado altos niveles de burnout.

Además, la carga de trabajo y la concurrencia de eventos negativos (que en este caso está muy relacionado con el tipo de servicio en el que se ejerza ese trabajo, e incluso también depende del ámbito de trabajo en el que se trabaje).

En un estudio realizado para comparar las enfermeras hospitalarias y no (clínicas psiquiátricas y C.S.), se observó que las hospitalarias tenían niveles mayores de burnout.

En cuanto al perfil de las enfermeras, se halla menos disposición, en aquellas con más experiencia, más especializadas y de edad más avanzada.

Se han determinado como factores protectores: el apoyo social, reconocimiento, autonomía, retroalimentación recibida, disponibilidad de recursos; además de ellos más dependientes de la persona como el compromiso con el trabajo, las buenas relaciones interpersonales y la autoeficacia. Se observó que los profesionales con personalidad positiva, optimismo y autoeficacia eran menos propensos a “quemarse”8,9.

TRATAMIENTO Y PREVENCIÓN:

Las recomendaciones que han propuesto la Organización internacional del trabajo para diagnosticar situaciones de desgaste profesional en las empresas en las que puede llegar a darse este síndrome son:

  • Realizar diagnósticos de los pacientes y para medir los niveles de estrés.
  • Realizar una planificación preventiva de manera de reducir o evitar estresores que pueden ser causas de demandas ambientales.
  • Considerar programas para la adquisición de conocimientos sobre el síndrome10.

Además de:

-Considerar los aspectos cognitivos de autoevaluación de los profesionales, el desarrollo de estrategias cognitivo-conductuales que les permitan eliminar o mitigar la fuente de estrés, o neutralizar las consecuencias negativas de esa experiencia.

-Potenciar la formación de habilidades sociales y de apoyo social de los equipos de trabajo.

-Eliminar o disminuir los estresores del entorno institucional que dan lugar al desarrollo del síndrome11.

CUESTIONARIOS Y ESCALAS PARA SU PREVENCIÓN:

La importancia de saber medir para después prevenir el aumento de síntomas que produce este síndrome hizo que a lo largo del tiempo y hasta actualmente, se están creando nuevas escalas y cuestionarios para los diferentes profesionales como una manera de medir cuantitativamente su comportamiento.

Destaca entre todos ellos el Maslach Burnout Inventory (MBI) creado en 1981 por Maslach y Jackson. En el cual, se plantean enunciados sobre los sentimientos y pensamientos relacionados con su interacción continua con su trabajo y desempeño habitual.

Comprende tres subescalas en base al modelo teórico en un inventario de 22 ítems, como son el cansancio emocional que contiene 9 ítems, la despersonalización con 5 ítems y la realización personal con 8 ítems5.

Estos ítems, se valoran con una escala tipo Likert que refleja la frecuencia con la que se experimenta esa situación además de que se pueden distribuir en 7 grados de intensidad (desde 0 que sería nunca hasta 6 que sería todos los días)12.

Las puntuaciones obtenidas en la escala, no solo se usan de manera aislada, sino que se correlacionan con otros factores como los datos demográficos, los tipos de trabajo o la personalidad del trabajador (Anexo 1).

Pese a que esta es la escala más utilizada existen muchas más como:

  • Staff Burnout Scale de Jones en 1980 que se compone de 30 ítems y que culminó con la creación del MBI (Maslach Burnout Inventory).
  • Indicadores del burnout de Gillespie en 1980 en la cual se utilizó 7 indicadores como proporcionar servicios que valgan la pena o estar ausente varios días por salud mental. Gracias a ello, diferenció entre el burnout activo que gira alrededor de los factores externos de la profesión y el pasivo que se relaciona con el entorno interno y psicosocial.
  • Energy Depletion Index de Garden en 1987 es una escala para valorar la energía que se corresponde con la dimensión del agotamiento emocional según Maslach y Jackson, que hace hincapié en el vaciamiento existencial de esta dimensión.
  • Emener-Luck Burnout Scale (ELBOS) en 1980: consiguieron aislar 6 factores que configuraron una escala bipolar con nueve puntos que se distribuían desde nunca hasta siempre.
  • Tedium Measure (TM) de Pines, Aronson y Kafri en 1981, se construyó como medida del “tedium” que es un concepto más amplio que engloba a diferentes síndromes además del burnout.

Se conocen muchas más escalas, sin embargo, las que más se aplican son estas. Aunque son necesarios nuevos avances, se corrobora que gracias a estas escalas se puede medir correctamente el burnout por el momento13.

CIFRAS Y RELACIÓN CON EL COVID-19:

En las epidemias de SARS o Ébola, la aparición de una enfermedad repentina e inmediatamente potencialmente mortal podría generar niveles excepcionales de presión sobre los trabajadores de la salud. El aumento de la carga de trabajo, la presión física, el aislamiento y la pérdida de apoyo social, las medidas de protección inadecuadas, la transmisión viral profesional y las preocupaciones éticas sin precedentes sobre el racionamiento de la atención pueden tener consecuencias importantes en su bienestar físico y mental personal.

Antes de la aparición del Covid había una prevalencia de un 14’9%, sin embargo, después del Covid la prevalencia del Síndrome de quemado es de 34,4%. En cuanto al sector concreto de la enfermería se hizo un estudio en diversas zonas; en las unidades de cuidados críticos y urgencias en el hospital de Jaén fue de un 50%, en el sector de calatayud fue de un 15’4% y en el hospital San Jorge de Huesca fue de un 31’81%. En cuanto al sector de la medicina, se realizaron los mismos estudios y estos fueron los resultados; en médicos que trabajan en hospitalización fue de un 53’9%, en médicos de familia un 41’94%, en médicos de medicina interna un 69’64%, en cirujanos de un 56’50%, en médicos de urgencias un 39’39% y los que menos lo sufrieron fueron los pediatras con un 18’75%16.

CONCLUSIONES

Como conclusión, creemos que en primer lugar deberían realizarse nuevas escalas de medición de este síndrome ya que las que existen para ello, están anticuadas y generalizan mucho los síntomas que pueden llegar a tener las personas que lo sufren. Además, se deberían especializar según el riesgo de cada paciente y diferenciarse para los distintos sectores de la salud.

En segundo lugar, creemos que no hay suficiente tratamiento ni una prevención clara.

Además, no hay un número de estudios significativo como para corroborar ni los factores de riesgo ni las etapas. Ya que hay resultados dispares entre ellos, porque se basan en distintas opiniones y no en algo objetivo como lo puede hacer otra escala.

En tercer lugar, la pandemia ha demostrado que no sabemos cómo actuar ante este síndrome debido a que no se han tomado las medidas necesarias para disminuir su incidencia, además de que aun sabiendo que los profesionales sanitarios realizaban jornadas más largas de lo estipulado o incluso doblando turno, seguían trabajando sin ofrecerles ayuda. Esto hacía que el estrés y el rendimiento les afectasen y eso repercute tanto en ellos como en las personas a las que están cuidando.

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https://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1409-00152015000100014

ANEXOS

Anexo 1: plantilla base para el estudio del Maslach Burnout Inventory (MBI)

 

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