AUTORES
- Paula Cebollero Buisán. Enfermera Especialista en EFyC. SALUD Aragón. España.
- Lorea García Etayo. Enfermera. Osasunbidea. Navarra, España.
- Rebeca Pérez Moreno. Enfermera Especialista en EFyC. SALUD Aragón. España.
- Silvia Yanguas González. Enfermera Especialista en EFyC. Osasunbidea. Navarra, España.
- María Amparo Bujanda Roselló. Enfermera Especialista en EFyC. SALUD Aragón. España.
- Lara María Cebollero Buisán. Enfermera Especialista en EFyC. SALUD Aragón. España.
RESUMEN
Introducción: Las alergias alimentarias (AA) constituyen uno de los problemas de salud crónicos con mayor crecimiento en la población pediátrica, con una prevalencia estimada del 6 %-8 % en niños menores de 14 años en Europa1,4. Además de sus manifestaciones clínicas, generan importantes repercusiones emocionales y sociales que afectan al bienestar y la vida cotidiana del niño. Estas adquieren especial relevancia en contextos de socialización, como cumpleaños, celebraciones escolares o actividades comunitarias, donde la alimentación desempeña un papel central en la convivencia e integración8-10.
Objetivo: Revisar la evidencia científica disponible sobre el impacto emocional de la exclusión alimentaria en niños con alergias alimentarias durante actividades festivas y grupales, prestando especial atención al estigma percibido, la ansiedad anticipatoria, la vergüenza, el aislamiento social y la autoestima⁹⁻¹⁰.
Metodología: Se realizó una revisión narrativa de la literatura mediante una búsqueda en PubMed, PsycINFO, Dialnet y Scopus. Se incluyeron publicaciones entre 2000 y 2024, priorizando revisiones sistemáticas, guías de práctica clínica, documentos de consenso y estudios originales relevantes en población pediátrica1-8.
Resultados: La evidencia revisada muestra que los niños con AA presentan un mayor riesgo de ansiedad, sentimientos de exclusión, estigmatización y deterioro de la calidad de vida en situaciones sociales relacionadas con la alimentación. La percepción de ser diferente, la necesidad de vigilar constantemente los alimentos y la visibilidad de las restricciones dietéticas favorecen el aislamiento social y dificultan una participación espontánea en las actividades compartidas7-10.
Conclusiones: El abordaje de las alergias alimentarias debe trascender el control clínico e incorporar estrategias orientadas a reducir su impacto psicosocial. La colaboración entre profesionales sanitarios, familias y centros educativos es esencial para promover entornos seguros, inclusivos y emocionalmente saludables para los niños con alergias alimentarias4,8,14-16.
PALABRAS CLAVE
Alergia alimentaria, infancia, exclusión social, estigma social, calidad de vida, ansiedad, enfermería.
ABSTRACT
Introduction: Food allergies (FA) represent one of the fastest-growing chronic health issues in the pediatric population, with an estimated prevalence of 6%–8% among children under 14 years of age in Europe1-4. Beyond their clinical manifestations, they have significant emotional and social repercussions that affect the child’s well-being and daily life. These issues are particularly relevant in social settings—such as birthdays, school celebrations, or community activities—where food plays a central role in social interaction and inclusion8-10.
Objective: To review the available scientific evidence regarding the emotional impact of dietary exclusion on children with food allergies during festive and group activities, focusing specifically on perceived stigma, anticipatory anxiety, shame, social isolation, and self-esteem9,10.
Methodology: A narrative literature review was conducted using searches in PubMed, PsycINFO, Dialnet, and Scopus. Publications from 2000 to 2024 were included, prioritizing systematic reviews, clinical practice guidelines, consensus statements, and relevant original studies involving the pediatric population1-8.
Results: The reviewed evidence indicates that children with FA are at higher risk of anxiety, feelings of exclusion, stigmatization, and impaired quality of life in food-related social situations. The perception of being different, the need for constant food vigilance, and the visibility of dietary restrictions foster social isolation and hinder spontaneous participation in shared activities7-10.
Conclusions: The management of food allergies must go beyond clinical control and incorporate strategies aimed at reducing their psychosocial impact. Collaboration among healthcare professionals, families, and educational institutions is essential to foster safe, inclusive, and emotionally healthy environments for children with food allergies4,8,14-16.
KEY WORDS
Food allergy, childhood, social exclusion, social stigma, quality of life, anxiety, nursing.
INTRODUCCIÓN
Las alergias alimentarias (AA) constituyen un problema de salud pública de creciente relevancia, especialmente en la población pediátrica, debido al aumento sostenido de su prevalencia y al impacto que generan sobre la vida cotidiana de los niños y sus familias. En Europa se estima que afectan aproximadamente al 6-8 % de los menores, con una tendencia ascendente mantenida durante las últimas décadas1,4. En España, la prevalencia en edad pediátrica se sitúa en torno al 7 %, siendo el huevo, la leche de vaca, los frutos secos, el trigo y el pescado algunos de los alimentos implicados con mayor frecuencia1,4.
Tradicionalmente, la investigación sobre las alergias alimentarias se ha centrado en los mecanismos inmunológicos, el diagnóstico y la prevención de las reacciones graves, especialmente de la anafilaxia2,4-6.
Sin embargo, en los últimos años ha cobrado fuerza una línea de investigación que pone el foco en sus consecuencias emocionales y sociales, reconociendo que sus consecuencias trascienden el ámbito estrictamente clínico7,9-11. Esta perspectiva adquiere una importancia especial durante la infancia, etapa en la que el desarrollo de la identidad, la autoestima y el sentimiento de pertenencia dependen en gran medida de la interacción con el grupo de iguales.
Las celebraciones infantiles, las fiestas de cumpleaños, las actividades escolares, las excursiones o los encuentros familiares son espacios de convivencia donde compartir la comida posee un significado que va mucho más allá de la nutrición. En estos escenarios, la alimentación actúa como un elemento de integración social y de pertenencia al grupo. Para muchos niños con alergias alimentarias, sin embargo, estas situaciones pueden convertirse en una fuente de preocupación y malestar al verse obligados a rechazar determinados alimentos, llevar alternativas preparadas desde casa o explicar de forma repetida el motivo de sus restricciones dietéticas8-10,16.
La expresión «todos comen menos yo», utilizada con frecuencia por niños y adolescentes con alergias alimentarias en diversos estudios cualitativos, resume con claridad la vivencia de exclusión que puede acompañar a estas experiencias3,9. Esta percepción de diferencia no debe considerarse una consecuencia secundaria del proceso asistencial. La evidencia disponible indica que la exclusión social, incluso cuando no existe una intención discriminatoria, puede afectar al bienestar psicológico, favorecer sentimientos de aislamiento, incrementar la ansiedad y deteriorar la autoestima en una etapa especialmente sensible del desarrollo emocional9,10.
En este contexto, el papel de los profesionales sanitarios (y, de manera particular, de la enfermería) va más allá de prevenir reacciones alérgicas o controlar la enfermedad desde el punto de vista clínico. La educación sanitaria, el acompañamiento emocional, la coordinación con las familias y los centros educativos, así como la promoción de entornos inclusivos, forman parte de una atención verdaderamente integral centrada en las necesidades del niño⁴,⁷,¹⁵,¹⁶.
El presente trabajo tiene como objetivo revisar y sintetizar la evidencia científica disponible sobre el impacto emocional de la exclusión alimentaria en niños con alergias alimentarias durante actividades festivas y otros contextos de socialización. Asimismo, se analizan los principales factores que condicionan esta experiencia y se plantean recomendaciones dirigidas a profesionales sanitarios, familias y centros educativos para favorecer una participación más segura, inclusiva y respetuosa.
ALERGIAS ALIMENTARIAS EN LA INFANCIA: DIMENSIÓN CLÍNICA Y EPIDEMIOLÓGICA:
La alergia alimentaria se define como una reacción inmunológica adversa, reproducible y desencadenada por la exposición a un alimento específico. Puede estar mediada por inmunoglobulina E (IgE), por mecanismos no mediados por IgE o por una combinación de ambos2,4. A diferencia de las intolerancias alimentarias, cuyo origen suele ser metabólico o enzimático, las alergias alimentarias implican una respuesta del sistema inmunitario que puede manifestarse desde síntomas cutáneos leves hasta episodios de anafilaxia potencialmente mortales5,6.
Durante las últimas décadas se ha observado un incremento progresivo de la prevalencia de las alergias alimentarias en la población infantil, especialmente en los países industrializados1,4. Aunque las causas de este aumento todavía no se conocen con exactitud, la evidencia disponible apunta a un origen multifactorial en el que intervienen factores genéticos, ambientales e inmunológicos. Entre las hipótesis más aceptadas destacan las alteraciones de la microbiota intestinal, los cambios asociados al estilo de vida occidental, la denominada hipótesis de la higiene y la evolución de las recomendaciones sobre la introducción precoz de determinados alimentos durante la primera infancia4,12.
En la actualidad, el tratamiento continúa basándose fundamentalmente en la evitación estricta del alimento responsable y en la preparación para actuar ante exposiciones accidentales mediante un plan de acción individualizado que incluya, cuando esté indicado, la disponibilidad de adrenalina autoinyectable2,4-6. Aunque esta estrategia resulta eficaz desde el punto de vista clínico, obliga al niño y a su familia a mantener una vigilancia constante en numerosos ámbitos de la vida cotidiana, especialmente fuera del domicilio.
La necesidad de revisar etiquetas, preguntar por los ingredientes de los alimentos, evitar contaminaciones cruzadas o renunciar a determinadas actividades sociales convierte la alergia alimentaria en una condición que trasciende el ámbito sanitario. Las limitaciones no afectan únicamente a la alimentación, sino también a la forma en que el niño participa en la escuela, en las celebraciones o en las relaciones con sus iguales7-10,16.
Diversos estudios han puesto de manifiesto que la calidad de vida relacionada con la salud de los niños con alergias alimentarias puede verse tan comprometida (e incluso en algunos aspectos más) que la de otros pacientes pediátricos con enfermedades crónicas como la diabetes mellitus tipo 1 o el asma9-11. Este impacto se explica, en gran medida, por la carga emocional que supone convivir con el riesgo permanente de una reacción alérgica y por las limitaciones sociales derivadas de la exclusión alimentaria. Todo ello justifica la necesidad de un abordaje integral que contemple no solo las dimensiones clínicas, sino también las psicológicas y sociales de la enfermedad7-10.
LA COMIDA COMO ESPACIO DE SOCIALIZACIÓN EN LA INFANCIA:
La alimentación compartida desempeña un papel esencial en el desarrollo de las relaciones sociales durante la infancia. Comer juntos no responde únicamente a una necesidad biológica, sino que constituye una experiencia social que favorece el sentimiento de pertenencia, fortalece los vínculos entre iguales y contribuye a la construcción de la identidad grupal¹⁵,¹⁶. En las primeras etapas de la vida, muchas experiencias significativas se desarrollan alrededor de la comida, convirtiendo estos momentos en oportunidades de interacción, aprendizaje y participación dentro del grupo¹⁶.
Las celebraciones infantiles son un claro ejemplo de ello. Cumpleaños, fiestas escolares, excursiones o reuniones familiares suelen girar en torno a alimentos compartidos que adquieren un marcado valor simbólico. Soplar las velas, repartir la tarta o compartir golosinas forman parte de rituales cotidianos que refuerzan la cohesión del grupo y permiten que todos los niños participen de una experiencia común¹⁵.
Para los menores con alergia alimentaria, estas situaciones pueden vivirse de una forma muy diferente. La necesidad de rechazar determinados alimentos o de consumir alternativas preparadas específicamente para ellos hace visible su condición ante los demás y puede generar la sensación de ser diferentes. Aunque esta exclusión rara vez sea intencionada, muchos niños refieren que les impide participar con la misma espontaneidad que sus compañeros y les hace sentirse apartados de una experiencia compartida8-10,16.
Otro escenario especialmente relevante es el comedor escolar. Además de cubrir una necesidad nutricional, constituye uno de los principales espacios de convivencia de la jornada escolar, donde se consolidan amistades y se producen numerosas interacciones sociales. Diversos estudios realizados en población infantil muestran que los propios escolares consideran el momento de la comida como uno de los espacios más importantes para relacionarse con sus compañeros15. Cuando un niño debe seguir una dieta estricta, utilizar utensilios específicos o permanecer bajo una supervisión especial, esas diferencias se hacen visibles de manera reiterada y pueden reforzar la percepción de ser «distinto», especialmente durante los primeros años de escolarización8,16.
IMPACTO EMOCIONAL DE LA EXCLUSIÓN ALIMENTARIA EN CONTEXTOS FESTIVOS:
Vergüenza y estigma percibido:
Las implicaciones emocionales de la alergia alimentaria van mucho más allá del riesgo de sufrir una reacción alérgica. Durante la infancia, uno de los factores que más condiciona el bienestar psicológico es el estigma percibido, entendido como la sensación de ser diferente o de recibir un trato distinto debido a la enfermedad9,10,.
A diferencia de otras enfermedades crónicas cuya presencia puede pasar desapercibida durante buena parte de la vida cotidiana, la alergia alimentaria suele hacerse visible precisamente en los momentos de mayor interacción social. Preguntar por los ingredientes de un alimento, rechazar un pastel de cumpleaños o llevar comida preparada desde casa convierte al niño, de forma involuntaria, en el centro de atención cuando lo habitual sería compartir la misma experiencia que el resto del grupo⁸⁻¹⁰.
Los estudios cualitativos realizados con población infantil describen de forma consistente sentimientos de vergüenza, incomodidad y temor a sentirse observado durante estas situaciones⁹,¹⁰. Muchos niños explican que intentan minimizar su alergia, evitar preguntas o incluso ocultar su condición para no diferenciarse de sus compañeros. Aunque estas estrategias pueden reducir momentáneamente la incomodidad social, también favorecen el aislamiento y, en ocasiones, incrementan el riesgo de aceptar alimentos cuya composición desconocen para evitar llamar la atención.
Conviene señalar que el estigma no siempre surge como consecuencia de actitudes discriminatorias por parte del entorno. En muchas ocasiones es el propio niño quien interpreta las adaptaciones necesarias como un elemento que lo diferencia del resto. Por ello, cualquier intervención dirigida a reducir el impacto emocional debe combinar la sensibilización del entorno con el fortalecimiento de la autoestima, la autonomía y las estrategias de afrontamiento del menor7,9,10.
Ansiedad anticipatoria:
La ansiedad es una de las manifestaciones psicológicas descritas con mayor frecuencia en niños con alergias alimentarias, especialmente cuando existen antecedentes de reacciones graves o de anafilaxia⁵⁻⁷. Sin embargo, este malestar no se limita al miedo a sufrir una reacción alérgica. También incluye la preocupación por las consecuencias sociales que pueden derivarse de participar en actividades donde la comida ocupa un lugar protagonista9,10.
Muchos menores manifiestan inquietud antes de asistir a cumpleaños, excursiones escolares o reuniones familiares porque anticipan situaciones potencialmente incómodas, como tener que explicar su alergia, rechazar alimentos ofrecidos por otros niños o comprobar que no existe una alternativa segura para ellos. Esta preocupación puede favorecer conductas de evitación y reducir progresivamente su participación en actividades sociales8-10.
En la bibliografía revisada se describe que la ansiedad relacionada con la alergia alimentaria puede aumentar en niños con antecedentes de reacciones graves y en aquellos con mayor dependencia del adulto para controlar las situaciones de riesgo5,7,9.
Cuando esta ansiedad se mantiene de forma prolongada puede repercutir negativamente sobre la calidad de vida, limitar las relaciones con los iguales e interferir en el desarrollo de habilidades propias de la infancia, como la autonomía, la confianza y la participación espontánea en actividades grupales9,10.
Soledad y percepción de marginalidad:
La sensación de soledad durante la infancia no depende únicamente del número de relaciones sociales que mantiene un niño, sino también de cómo percibe su integración dentro del grupo. En este sentido, la alergia alimentaria puede favorecer sentimientos de aislamiento incluso cuando el entorno realiza esfuerzos por actuar de forma inclusiva⁹,¹⁰.
La exclusión puede producirse de manera objetiva, por ejemplo cuando el niño no participa en determinadas actividades relacionadas con la comida. Sin embargo, también puede tener un componente subjetivo. Sentirse diferente, necesitar supervisión constante o requerir adaptaciones específicas puede generar la percepción de no pertenecer plenamente al grupo, aunque los compañeros no manifiesten conductas discriminatorias⁸⁻¹⁰.
La evidencia disponible señala que algunos niños con alergias alimentarias pueden experimentar comentarios negativos, incomprensión o dificultades de integración relacionadas con sus restricciones dietéticas, especialmente cuando el entorno escolar no dispone de estrategias adecuadas de sensibilización⁹⁻¹¹,¹⁵.
Aunque el acoso relacionado con las alergias alimentarias no constituye una situación generalizada, su existencia pone de manifiesto la necesidad de desarrollar estrategias educativas dirigidas tanto al alumnado como al profesorado. Favorecer una cultura de inclusión y normalizar las adaptaciones alimentarias puede contribuir a disminuir el estigma y mejorar el bienestar emocional de estos niños15,16.
Impacto sobre la autoestima y el desarrollo de la identidad:
La infancia es una etapa decisiva para la construcción de la autoestima y del autoconcepto. Durante estos años, la percepción que el niño desarrolla sobre sí mismo depende en gran medida de las experiencias de aceptación, pertenencia y reconocimiento dentro del grupo de iguales9,10. Cuando las restricciones alimentarias obligan de forma repetida a adoptar conductas diferentes o generan situaciones de exclusión, pueden influir negativamente en ese proceso y favorecer una identidad marcada por la sensación de limitación o de diferencia respecto a los demás.
La evidencia disponible muestra que la repercusión emocional de la alergia alimentaria va más allá del episodio clínico. Diversos estudios han señalado que los menores que experimentan dificultades de integración social relacionadas con su alergia pueden presentar un deterioro de la calidad de vida, menor bienestar emocional y mayores dificultades en la construcción de una imagen positiva de sí mismos⁹,¹⁰. Estas diferencias parecen ser especialmente relevantes cuando la alergia condiciona la participación habitual en actividades sociales o cuando el niño percibe que su enfermedad constituye el rasgo que más le define ante los demás.
No obstante, el desarrollo de una autoestima saludable no depende exclusivamente de la presencia de la alergia, sino también de la manera en que el entorno familiar, escolar y sanitario acompaña al menor en el proceso de adaptación. La normalización de la enfermedad, la promoción de la autonomía y el fortalecimiento de las habilidades sociales pueden actuar como factores protectores frente al impacto psicológico derivado de las restricciones alimentarias7,9,15.
La Tabla 1 (Véase apartado anexos) resume las principales dimensiones emocionales descritas en la literatura y los contextos en los que habitualmente se manifiestan.
FACTORES MODULADORES DEL IMPACTO EMOCIONAL:
Aunque la alergia alimentaria supone un desafío para cualquier niño, el impacto emocional asociado no es uniforme. La literatura muestra que la intensidad del malestar depende de múltiples factores clínicos, familiares, escolares e individuales, que pueden actuar tanto como elementos de riesgo como de protección frente a las dificultades de adaptación7,9,10.
Uno de los aspectos más estudiados es la gravedad de la enfermedad. Si bien las alergias con riesgo de anafilaxia suelen asociarse a mayores niveles de preocupación, la relación entre gravedad clínica y ansiedad no siempre es lineal. Algunos trabajos sugieren que la percepción subjetiva del riesgo, la incertidumbre ante posibles exposiciones y la falta de conocimientos adecuados sobre el manejo de la enfermedad pueden influir de manera significativa en el nivel de ansiedad experimentado por los niños y sus familias5-7.
El entorno familiar constituye otro elemento determinante. Las familias que integran la alergia alimentaria en la vida cotidiana de forma natural favorecen la autonomía progresiva del niño y le enseñan estrategias para explicar su situación a otras personas contribuyen a mejorar la confianza, la autoestima y la capacidad de afrontar situaciones sociales⁷,⁸. Por el contrario, la sobreprotección o la transmisión constante de mensajes de peligro pueden incrementar la ansiedad y reforzar conductas de evitación.
El contexto escolar también desempeña un papel esencial. Los centros que disponen de protocolos claros para el manejo de las alergias alimentarias forman al profesorado y promueven actividades dirigidas a sensibilizar al alumnado crean entornos más seguros e inclusivos. Estas medidas no solo reducen el riesgo de reacciones accidentales, sino que también disminuyen la percepción de diferencia y favorecen la integración social del niño15,16.
Por último, las características individuales modulan la forma en que cada menor afronta las limitaciones derivadas de su enfermedad. Variables como el temperamento, las habilidades sociales, la capacidad de regulación emocional o la resiliencia influyen en la adaptación psicológica. Los niños con mayores recursos personales suelen desarrollar estrategias de afrontamiento más eficaces y muestran una mejor capacidad para gestionar la visibilidad de su alergia sin que esta condicione su participación en la vida social9,10.
La Tabla 2 (Véase apartado anexos) sintetiza las principales estrategias de afrontamiento descritas en la literatura según el agente implicado.
EL PAPEL DEL GRUPO DE IGUALES Y LAS DINÁMICAS DE SEÑALAMIENTO:
Durante la infancia, la opinión y la conducta del grupo de iguales ejercen una influencia decisiva sobre el bienestar emocional. La forma en que los compañeros comprenden y responden a la alergia alimentaria puede favorecer la integración del niño o, por el contrario, intensificar la sensación de diferencia y aislamiento9,10.
Las situaciones de señalamiento suelen aparecer cuando las adaptaciones necesarias hacen visible la enfermedad delante del resto del grupo. Esto ocurre, por ejemplo, cuando un niño debe consumir un menú diferente, recibe un pastel alternativo claramente distinto al de sus compañeros o se le aparta de determinadas actividades relacionadas con la comida. Aunque estas medidas persigan garantizar su seguridad, si no se gestionan con sensibilidad pueden reforzar la percepción de ser «el diferente» dentro del grupo8-10.
En los últimos años, la literatura ha comenzado a describir un fenómeno específico relacionado con la estigmatización y las experiencias negativas entre iguales en niños con alergia alimentaria. Este tipo de situaciones incluye desde comentarios despectivos y burlas hasta conductas más graves, como minimizar el riesgo de la enfermedad o realizar acciones que puedan comprometer la seguridad del menor. Aunque estos comportamientos no representan la experiencia habitual de la mayoría de los niños, ponen de manifiesto la vulnerabilidad que puede generar una enfermedad crónica cuya manifestación resulta visible en numerosos contextos sociales9-11.
Frente a esta realidad, las intervenciones dirigidas al grupo de iguales han demostrado resultados prometedores. Los programas de educación y sensibilización adaptados a la edad de los escolares mejoran el conocimiento sobre las alergias alimentarias, favorecen actitudes de apoyo entre compañeros y contribuyen a reducir tanto el estigma como las conductas de exclusión15,16. Crear entornos donde la diversidad alimentaria se perciba como una circunstancia más de la convivencia escolar constituye una de las estrategias más eficaces para proteger el bienestar emocional de estos niños.
IMPLICACIONES PRÁCTICAS PARA PROFESIONALES Y FAMILIAS:
La evidencia revisada pone de manifiesto que el abordaje de la alergia alimentaria en la infancia no puede limitarse a la prevención de las reacciones alérgicas. El impacto emocional y social asociado a las restricciones alimentarias requiere una respuesta coordinada en la que participen profesionales sanitarios, centros educativos y familias7,9,15.
En el ámbito sanitario, pediatras, alergólogos y profesionales de enfermería desempeñan un papel esencial en la detección precoz de las dificultades emocionales relacionadas con el diagnóstico. Incorporar de forma rutinaria la valoración de la calidad de vida y del bienestar psicológico durante el seguimiento clínico permite identificar a los menores que pueden beneficiarse de apoyo psicológico específico7,9,11.
El entorno familiar constituye otro pilar fundamental. La manera en que los cuidadores transmiten el significado de la alergia influye directamente en la adaptación del niño. Favorecer una comunicación abierta, transmitir confianza y fomentar la autonomía progresiva contribuyen al desarrollo de estrategias de afrontamiento más eficaces y reducen la tendencia al aislamiento social7,8. Del mismo modo, planificar con antelación alternativas alimentarias seguras para cumpleaños, excursiones o celebraciones ayuda a que el menor participe en igualdad de condiciones y disminuye la sensación de exclusión8-10.
Los centros educativos también desempeñan una función decisiva. Más allá de garantizar la seguridad alimentaria, resulta necesario promover políticas de inclusión que contemplen la dimensión emocional de la alergia. La formación del profesorado, la planificación de celebraciones adaptadas y la educación del alumnado en valores como la empatía y el respeto favorecen un clima escolar más seguro e integrador15,16.
Cuando el impacto emocional es persistente o interfiere en la vida cotidiana, la intervención de profesionales de salud mental puede resultar beneficiosa. Las estrategias psicológicas orientadas al manejo de la ansiedad, la mejora de las habilidades sociales y el fortalecimiento de la autoestima pueden contribuir a disminuir el malestar emocional y mejorar la adaptación de los niños con alergias alimentarias9,10.
DISCUSIÓN-CONCLUSIONES
La literatura revisada permite comprobar que la alergia alimentaria infantil no puede entenderse únicamente como un problema relacionado con el riesgo de anafilaxia. Aunque la prevención de las reacciones graves continúa siendo el objetivo prioritario del manejo clínico, la literatura revisada muestra de forma consistente que esta enfermedad tiene efectos importantes sobre la esfera emocional, la vida social y el bienestar de los menores y de sus familias9,10. En la práctica, convivir con una alergia alimentaria implica afrontar situaciones cotidianas que pueden generar incertidumbre, limitar la participación en determinadas actividades y condicionar la percepción de seguridad tanto del niño como de su entorno.
Un aspecto que aparece de forma repetida en los estudios es que estas repercusiones no parecen depender únicamente de la gravedad de la alergia. Los estudios analizados indican que el apoyo familiar, la preparación del centro educativo y el grado de conocimiento de las personas responsables del cuidado del menor influyen de manera decisiva en la forma en que el niño vive su enfermedad7,8,15. Cuando existe un entorno informado y coordinado, es más probable que el menor participe con normalidad en las actividades escolares y sociales, reduciendo el aislamiento y la ansiedad que con frecuencia acompañan a esta patología.
La educación sanitaria desempeña, además, un papel que va más allá del aprendizaje del uso de la adrenalina autoinyectable. Formar a pacientes, familias, docentes y cuidadores permite mejorar la capacidad de respuesta ante una reacción alérgica, pero también aumenta la confianza para afrontar situaciones habituales y favorece una mayor autonomía del niño conforme avanza su desarrollo4,5,7. De igual modo, la implantación de protocolos de actuación en los centros educativos contribuye a crear entornos más seguros y facilita una inclusión real del alumnado con alergia alimentaria15,16.
Pese a todo, la revisión también muestra algunas limitaciones de la evidencia disponible. La mayoría de los trabajos publicados presentan diseños observacionales y emplean instrumentos diferentes para evaluar variables como la calidad de vida, la ansiedad o el impacto psicosocial, lo que dificulta la comparación de los resultados entre estudios⁹˒¹⁰. Además, son escasas las investigaciones que analizan la evolución de estas repercusiones a largo plazo o que evalúan de forma específica la efectividad de intervenciones dirigidas al bienestar emocional de los pacientes y sus familias.
De forma global, los estudios revisados reflejan una evolución en la forma de entender la alergia alimentaria infantil. Si hace unos años la atención se centraba casi exclusivamente en evitar reacciones graves, actualmente existe un interés creciente por incorporar una visión más integral, que contemple también las necesidades emocionales, sociales y educativas de los menores. Esta evolución refleja una tendencia hacia un abordaje más integral de la enfermedad, capaz de mejorar no solo la seguridad clínica, sino también la calidad de vida de quienes conviven con esta enfermedad7,9,15.
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ANEXOS
Tabla 1. Principales dimensiones del impacto emocional en niños con alergia alimentaria según el contexto de aparición:
| Dimensión emocional | Manifestaciones más frecuentes | Contexto habitual |
| Vergüenza y estigma | Evitación de celebraciones, ocultación de la alergia, miedo a sentirse diferente | Cumpleaños y fiestas infantiles |
| Ansiedad anticipatoria | Hipervigilancia, preocupación previa al evento, miedo a una reacción o al rechazo | Excursiones, comedor escolar y reuniones sociales |
| Soledad y exclusión | Sensación de no pertenecer al grupo, aislamiento social | Aula, comedor y actividades grupales |
| Tristeza y frustración | Malestar por no poder compartir alimentos con sus iguales | Celebraciones familiares y escolares |
| Disminución de la autoestima | Inseguridad, menor autoeficacia social y percepción negativa de sí mismo | Relaciones sociales mantenidas |
Fuente: elaboración propia a partir de la literatura revisada.
Tabla 2. Estrategias de afrontamiento del impacto emocional de la alergia alimentaria según el agente implicado:
| Agente | Estrategias recomendadas | Grado de respaldo en la literatura |
| Familia | Normalizar la enfermedad, favorecer la autonomía del niño y preparar alternativas alimentarias seguras para celebraciones | Moderado |
| Centro educativo | Implantar protocolos de inclusión alimentaria, formar al profesorado y planificar actividades inclusivas | Moderado-Alto |
| Grupo de iguales | Programas de sensibilización, educación entre iguales y promoción de la empatía | Moderado |
| Profesionales de salud mental | Terapia cognitivo-conductual adaptada a la infancia, reestructuración cognitiva y entrenamiento en habilidades sociales | Alto |
Fuente: elaboración propia a partir de la literatura revisada.