Enfermedad de Osgood-Schlatter: revisión monográfica

12 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Simeón Solaz Moreno. Diplomado en Enfermería por la Escuela Universitaria de Enfermería de Valencia. Enfermero de Urgencias y Emergencias 061 Aragón. España.
  2. Marina Rojas Castro. Graduada en Enfermería por la Universidad de Córdoba. Enfermera de Urgencias y Emergencias 061 Aragón. España.
  3. Samuel Martínez Morales. Diplomado en Enfermería por la Universidad de Cádiz. Enfermero de Urgencias y Emergencias 061 Aragón. España.
  4. Sandra Leal Martínez. Graduada en Enfermería por la Facultad de Ciencias de la Salud UNIZAR. Enfermera de Urgencias y Emergencias 061 Aragón. España.
  5. Silvia Guillén Cariñena. Licenciada en Medicina y Cirugía por la Facultad de Medicina y Odontología de Valencia. MIR de Familia y Comunitaria en el Hospital San Jorge de Huesca. Aragón. España.
  6. Enrique José Izuel García. Graduado en Enfermería por la Facultad de Ciencias de la Salud UNIZAR. Enfermero de Urgencias y Emergencias 061 Aragón. España.

RESUMEN

La enfermedad de Osgood-Schlatter (EOS), también denominada apofisitis de la tuberosidad tibial anterior, constituye una causa frecuente de dolor anterior de rodilla durante la infancia y adolescencia, especialmente en jóvenes físicamente activos. Se relaciona con la tracción repetitiva ejercida por el tendón rotuliano sobre la apófisis de la tuberosidad tibial, estructura todavía inmadura durante el crecimiento. La sobrecarga mecánica asociada a actividades que implican carrera, salto o cambios bruscos de dirección puede producir microtraumatismos y fenómenos inflamatorios y reparativos locales. Clínicamente se caracteriza por dolor localizado sobre la tuberosidad tibial, que aumenta con la actividad física y disminuye con el reposo, acompañado en ocasiones de tumefacción y prominencia ósea. El diagnóstico es fundamentalmente clínico, reservándose las pruebas de imagen para situaciones atípicas, dudas diagnósticas o sospecha de complicaciones. El tratamiento es habitualmente conservador y persigue controlar el dolor manteniendo, cuando sea posible, la actividad física. La educación del paciente, la modificación de las cargas deportivas, los ejercicios de flexibilidad y fortalecimiento y la aplicación de frío constituyen los principales pilares terapéuticos. El pronóstico suele ser favorable, aunque una proporción de pacientes puede presentar síntomas persistentes después de la madurez esquelética o molestias relacionadas con la prominencia residual de la tuberosidad tibial.

PALABRAS CLAVE

Enfermedad de Osgood-Schlatter, apofisitis tibial, tuberosidad tibial, dolor anterior de rodilla, adolescencia, sobreuso, medicina deportiva.

ABSTRACT

Osgood-Schlatter disease (OSD) is a common cause of anterior knee pain in children and adolescents, particularly among physically active individuals. It is considered a traction apophysitis of the tibial tubercle caused by repetitive tensile stress exerted by the patellar tendon on the immature tibial tubercle apophysis during skeletal growth. Sports involving running, jumping and rapid changes of direction may increase mechanical loading and contribute to the development of symptoms. Patients typically present with localized pain and tenderness over the tibial tubercle, sometimes associated with swelling and an enlarged bony prominence. Pain usually increases during or after physical activity and improves with rest. Diagnosis is mainly clinical, while radiographs and other imaging techniques are reserved for atypical presentations or when alternative diagnoses or complications are suspected. Treatment is predominantly conservative and aims to control symptoms while preserving physical activity whenever possible. Activity modification, patient education, stretching and strengthening exercises, local cold therapy and appropriate analgesia are the main therapeutic measures. Most patients improve spontaneously after skeletal maturation, although persistent pain and symptomatic tibial tubercle prominence may occasionally remain into adulthood. Early recognition and appropriate load management are essential to minimize functional limitations and facilitate a safe return to sports.

KEY WORDS

Osgood-Schlatter disease, tibial tubercle apophysitis, anterior knee pain, adolescence, overuse injury, sports medicine, conservative treatment.

DESARROLLO DEL TEMA

La enfermedad de Osgood-Schlatter es una de las causas más habituales de dolor anterior de rodilla en niños mayores y adolescentes, particularmente en aquellos que practican actividades deportivas de forma regular1,2. Fue descrita de forma independiente a comienzos del siglo XX por Robert Osgood y Carl Schlatter y, desde entonces, se ha considerado una patología característica del esqueleto inmaduro.

Su aparición coincide habitualmente con el periodo de crecimiento acelerado de la adolescencia. Aunque clásicamente se ha descrito una mayor frecuencia en varones, esta diferencia se ha reducido progresivamente con la creciente participación de niñas y adolescentes en actividades deportivas1. La incidencia descrita en atención primaria es aproximadamente de 3,8 casos por 1.000 personas-año en población pediátrica y adolescente1.

La relevancia clínica de la EOS no reside únicamente en el dolor que provoca, sino también en su repercusión sobre la práctica deportiva y la calidad de vida del adolescente. El diagnóstico diferencial del dolor de rodilla en esta etapa es amplio, por lo que resulta esencial reconocer sus características clínicas y distinguirla de otras enfermedades potencialmente más graves.

El objetivo de esta revisión es analizar la anatomía, etiopatogenia, manifestaciones clínicas, diagnóstico, tratamiento, prevención, evolución y complicaciones de la enfermedad de Osgood-Schlatter desde una perspectiva clínico-técnica.

ANATOMÍA Y FISIOPATOLOGÍA:

La tuberosidad tibial anterior constituye la prominencia ósea situada en la región proximal y anterior de la tibia. En ella se inserta el tendón rotuliano, que forma parte del aparato extensor de la rodilla y transmite las fuerzas generadas fundamentalmente por el músculo cuádriceps2,3.

Durante la infancia y adolescencia, la tuberosidad tibial presenta una estructura apofisaria inmadura susceptible a las fuerzas de tracción. Con el crecimiento se producen modificaciones progresivas en la estructura cartilaginosa y ósea de la apófisis hasta alcanzar la madurez esquelética.

La enfermedad de Osgood-Schlatter se interpreta actualmente como una apofisitis por tracción. La contracción repetida del cuádriceps genera tensión sobre el tendón rotuliano y, consecuentemente, sobre su inserción en la tuberosidad tibial. Cuando estas cargas son repetitivas y superan la capacidad de adaptación del tejido inmaduro, pueden producirse microtraumatismos, microavulsiones y alteraciones inflamatorias y reparativas1,4.

Este mecanismo explica su asociación con deportes que implican repetidamente carrera, saltos, aceleraciones, desaceleraciones y cambios de dirección, como fútbol, baloncesto, voleibol, gimnasia o atletismo2,5.

EPIDEMIOLOGÍA Y FACTORES DE RIESGO:

La EOS aparece principalmente durante la adolescencia y coincide con el periodo de maduración de la tuberosidad tibial. La edad de presentación suele situarse aproximadamente entre los 10 y los 15 años, aunque puede variar según el sexo y el ritmo individual de maduración esquelética1,3.

Entre los principales factores asociados se encuentran:

  • Práctica deportiva frecuente.
  • Actividades con carrera y salto repetidos.
  • Incremento brusco de la carga de entrenamiento.
  • Crecimiento rápido.
  • Acortamiento o menor flexibilidad del cuádriceps y de la musculatura posterior del miembro inferior.
  • Elevada demanda mecánica del aparato extensor.

No obstante, la enfermedad no debe considerarse exclusivamente una lesión deportiva. Puede aparecer también en adolescentes físicamente activos sin entrenamiento deportivo estructurado2.

La afectación puede ser unilateral o bilateral. Aunque la forma unilateral es frecuente, la presencia de síntomas en ambas rodillas no es excepcional.

MANIFESTACIONES CLÍNICAS:

El síntoma cardinal es el dolor localizado en la tuberosidad tibial anterior. Habitualmente aparece de forma progresiva y se relaciona directamente con la actividad física1,6.

El adolescente suele describir dolor durante o después de correr, saltar, subir escaleras, ponerse en cuclillas o realizar otras actividades que impliquen una contracción intensa del cuádriceps. El dolor generalmente mejora con el reposo.

En la exploración física se observa:

  • Dolor selectivo a la palpación de la tuberosidad tibial.
  • Prominencia ósea aumentada.
  • Posible tumefacción local.
  • Dolor con la contracción resistida del cuádriceps.
  • Molestias al realizar flexión profunda de la rodilla.
  • Ocasionalmente, limitación funcional secundaria al dolor.

A diferencia de otras enfermedades articulares, no suelen existir derrame articular significativo, síntomas sistémicos o alteraciones importantes de la movilidad de la rodilla1,6.

La presencia de fiebre, eritema intenso, dolor nocturno persistente, pérdida importante de movilidad, derrame articular o dolor desproporcionado debe hacer reconsiderar el diagnóstico y buscar otras causas.

DIAGNÓSTICO:

El diagnóstico de la EOS es fundamentalmente clínico. Una historia compatible y una exploración física característica suelen ser suficientes1,2.

La anamnesis debe recoger la edad del paciente, velocidad de progresión de los síntomas, tipo y frecuencia de actividad deportiva, relación entre dolor y ejercicio, antecedentes traumáticos y repercusión funcional.

La exploración debe incluir no solo la palpación de la tuberosidad tibial, sino también la valoración global de la rodilla y del miembro inferior. Es importante descartar dolor femoropatelar, lesiones meniscales, osteocondritis disecante, síndrome de Sinding-Larsen-Johansson, tendinopatía rotuliana, lesiones por sobrecarga y otras causas de gonalgia en el adolescente3,7.

Radiografía:

La radiografía simple no es imprescindible en los casos típicos. Puede mostrar aumento de tamaño, irregularidad o fragmentación de la tuberosidad tibial y cambios en el proceso de osificación2,6.

Debe considerarse especialmente cuando la presentación clínica es atípica, existe antecedente traumático importante o se sospecha otra patología. Las recomendaciones actuales destacan que no es necesario solicitar radiografías de forma sistemática en todos los pacientes con presentación clásica1,2.

Ecografía y resonancia magnética:

La ecografía puede aportar información sobre el tendón rotuliano y los tejidos blandos. La resonancia magnética permite una valoración más detallada del aparato extensor, cartílago, edema óseo y estructuras intraarticulares, pero habitualmente no es necesaria para confirmar una EOS típica6.

TRATAMIENTO:

El tratamiento debe individualizarse según la intensidad de los síntomas y la repercusión funcional. El objetivo fundamental no es necesariamente eliminar toda actividad deportiva, sino controlar el dolor y reducir las cargas mecánicas excesivas sobre la tuberosidad tibial1,2.

Educación y modificación de la actividad:

La educación del adolescente y de su familia constituye uno de los componentes más importantes. Debe explicarse que se trata habitualmente de un proceso benigno y autolimitado relacionado con la maduración esquelética.

No suele ser necesario suspender completamente el deporte. Puede mantenerse la actividad siempre que el dolor sea tolerable y no produzca cojera ni deterioro funcional. Cuando la sintomatología es importante, debe reducirse temporalmente la intensidad, duración o frecuencia del entrenamiento1,2.

Una estrategia práctica consiste en disminuir inicialmente aquellas actividades que generan mayor carga sobre el aparato extensor —saltos repetidos, carrera intensa, sentadillas profundas— y mantener actividades de menor impacto si son bien toleradas.

Crioterapia y analgesia:

La aplicación local de frío después de la actividad puede ayudar a disminuir el dolor. Los analgésicos y, cuando estén indicados, los antiinflamatorios no esteroideos pueden utilizarse durante periodos cortos para controlar la sintomatología2,6.

Debe evitarse que el tratamiento farmacológico permita al adolescente mantener cargas deportivas excesivas a pesar del dolor, ya que el objetivo debe ser gestionar la carga y favorecer la recuperación.

Fisioterapia:

La fisioterapia desempeña un papel importante, especialmente en pacientes con síntomas persistentes.

Los programas pueden incluir:

  • Estiramiento progresivo del cuádriceps.
  • Estiramiento de isquiotibiales.
  • Trabajo de flexibilidad de la cadena muscular posterior.
  • Fortalecimiento progresivo del cuádriceps.
  • Fortalecimiento de glúteos y musculatura estabilizadora.
  • Ejercicios de control neuromuscular.
  • Progresión gradual de la carga deportiva.

La rehabilitación debe adaptarse a la tolerancia del paciente. No existe una necesidad de inmovilización sistemática, y el ejercicio terapéutico debe progresar de forma gradual conforme disminuye el dolor.

Ortesis e inmovilización

En pacientes con dolor intenso o limitación funcional importante puede utilizarse temporalmente una ortesis o, excepcionalmente, inmovilización2,6. No constituye el tratamiento habitual y debe reservarse para situaciones seleccionadas.

Algunos pacientes pueden beneficiarse de una cincha infrapatelar para disminuir la tensión percibida sobre el aparato extensor durante determinadas actividades, aunque su utilización debe considerarse una medida complementaria y no sustitutiva de la modificación de cargas y la rehabilitación.

Tratamiento quirúrgico:

La cirugía es excepcional y se reserva fundamentalmente para pacientes que mantienen síntomas incapacitantes después de alcanzar la madurez esquelética y que presentan fragmentos óseos u osículos sintomáticos, prominencia dolorosa persistente u otras complicaciones estructurales1,2.

Los procedimientos descritos incluyen la resección de fragmentos sintomáticos y el tratamiento quirúrgico de la prominencia residual. No debe plantearse cirugía durante la fase activa de crecimiento como tratamiento rutinario.

PREVENCIÓN:

La prevención absoluta no siempre es posible, ya que los microtraumatismos pueden producirse durante actividades deportivas normales y el crecimiento constituye un factor fundamental6.

Sin embargo, pueden adoptarse estrategias para reducir la sobrecarga:

  1. Incrementar progresivamente la carga de entrenamiento, evitando aumentos bruscos de volumen o intensidad.
  2. Incorporar periodos adecuados de recuperación.
  3. Mantener una adecuada flexibilidad del cuádriceps y de la musculatura posterior del muslo.
  4. Realizar programas de fortalecimiento adaptados a la edad y al nivel deportivo.
  5. Utilizar una correcta técnica deportiva.
  6. Evitar entrenar de forma continuada por encima del umbral de dolor.
  7. Educar al adolescente para reconocer precozmente los síntomas.

El estiramiento regular antes y después de la actividad deportiva se ha propuesto como una medida preventiva, aunque debe entenderse como parte de una estrategia global de control de cargas y acondicionamiento físico6.

EVOLUCIÓN, PRONÓSTICO Y COMPLICACIONES:

El pronóstico de la EOS es generalmente excelente. La sintomatología suele mejorar progresivamente conforme disminuye la actividad de la apófisis y se completa la maduración esquelética1,2.

La prominencia de la tuberosidad tibial, sin embargo, puede persistir después de finalizar el crecimiento. Habitualmente carece de importancia funcional, aunque puede ocasionar molestias al arrodillarse o recibir traumatismos directos2.

Una minoría de pacientes presenta síntomas persistentes después de la madurez esquelética. En estos casos debe reevaluarse el diagnóstico y descartar la presencia de osículos persistentes, fragmentación o alteraciones residuales del aparato extensor.

Una complicación particularmente relevante es la fractura por avulsión de la tuberosidad tibial, que debe diferenciarse de la EOS habitual. Se trata de una lesión aguda, generalmente asociada a un salto o contracción violenta del cuádriceps, que puede requerir tratamiento quirúrgico.

DISCUSIÓN

La enfermedad de Osgood-Schlatter debe entenderse como una alteración relacionada con la interacción entre crecimiento, maduración esquelética y carga mecánica. Su presentación típica permite realizar el diagnóstico clínico sin recurrir sistemáticamente a pruebas de imagen1,6.

Uno de los principales retos consiste en evitar tanto el infradiagnóstico como el sobretratamiento. Considerar todo dolor anterior de rodilla en un adolescente deportista como Osgood-Schlatter puede conducir a pasar por alto enfermedades con mayor trascendencia clínica. Por otro lado, realizar pruebas de imagen innecesarias o imponer una suspensión deportiva prolongada puede generar ansiedad y limitar injustificadamente la actividad física.

El tratamiento actual se orienta hacia un modelo de manejo activo de la carga, en lugar del reposo absoluto. La evidencia disponible y las recomendaciones clínicas coinciden en que la mayoría de los pacientes pueden continuar realizando actividad física adaptada a su tolerancia, siempre que no exista cojera ni exacerbación significativa de los síntomas1,2.

La fisioterapia adquiere especial relevancia en los casos persistentes, mediante un programa progresivo que combine flexibilidad, fuerza y control neuromuscular. La intervención debe individualizarse según la maduración del paciente, sus demandas deportivas y su respuesta al ejercicio.

Finalmente, es importante transmitir un mensaje pronóstico adecuado: la EOS suele ser autolimitada y no debe considerarse una enfermedad que necesariamente obligará al adolescente a abandonar el deporte. La finalidad del tratamiento es conseguir un equilibrio entre la protección de la apófisis en desarrollo y el mantenimiento de una actividad física saludable.

CONCLUSIONES

La enfermedad de Osgood-Schlatter constituye una causa frecuente de dolor anterior de rodilla durante la adolescencia y debe ser reconocida por profesionales de atención primaria, pediatría, traumatología, medicina deportiva y fisioterapia. Su origen se relaciona con la tracción repetitiva del tendón rotuliano sobre la tuberosidad tibial inmadura, especialmente durante periodos de crecimiento rápido y elevada actividad física.

El diagnóstico es fundamentalmente clínico y debe basarse en una historia compatible y en la identificación de dolor localizado sobre la tuberosidad tibial. Las pruebas de imagen no son necesarias de forma rutinaria en las presentaciones típicas, pero resultan útiles cuando existen características atípicas o se plantea un diagnóstico alternativo.

El tratamiento debe ser predominantemente conservador. La educación del paciente, la adaptación temporal de las cargas deportivas, el control del dolor, la crioterapia y un programa progresivo de fisioterapia constituyen los principales pilares terapéuticos. La suspensión completa de la actividad deportiva no es necesaria en la mayoría de los casos, siempre que el adolescente pueda realizarla sin dolor significativo ni alteración funcional.

La cirugía debe reservarse para situaciones excepcionales, fundamentalmente en pacientes que han alcanzado la madurez esquelética y mantienen síntomas incapacitantes asociados a alteraciones estructurales residuales. En consecuencia, un diagnóstico correcto y un manejo adecuado permiten evitar tratamientos innecesarios y facilitan una reincorporación progresiva y segura a la actividad física.

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