Cuidados de enfermería en la laringitis aguda pediátrica: revisión monográfica

15 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Alexandra Lona Calomarde. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
  2. Carlota Aguareles Barón. CRP Santo Cristo de los Milagros. Huesca. España.
  3. Mª Ángeles Borrás Mandrión.  Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza. España.
  4. Alba Rodriguez Lanao. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
  5. Larissa Neres Souza. Hospital Universitario Santa Bárbara. Soria. España.
  6. Claudia Plana Pérez. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
  7. Ana María Sánchez Oliván. Hospital Universitario San Jorge. Huesca.

RESUMEN

La laringitis aguda constituye una de las principales causas de obstrucción de la vía aérea superior en la población pediátrica, especialmente en niños pequeños, con mayor incidencia en varones y en los meses de otoño e invierno. La incidencia estimada es del 3-6% de niños entre 3-6 meses y 6 años  Se manifiesta clínicamente por tos perruna, estridor, disfonía y dificultad respiratoria, secundarios al edema subglótico de origen predominantemente viral.

El diagnóstico es fundamentalmente clínico y la valoración inicial debe incluir el

Triángulo de Evaluación Pediátrica, la monitorización respiratoria y, cuando proceda, la escala

de Westley para determinar la gravedad. En este contexto, el personal de enfermería desempeña un papel clave en la detección precoz de signos de gravedad, mediante herramientas como el triángulo de evaluación pediátrico y la monitorización continua del estado respiratorio.

El abordaje terapéutico depende de la severidad del cuadro e incluye desde medidas generales y observación hasta la administración de corticoides sistémicos y nebulizaciones con adrenalina en casos moderados o graves. La intervención enfermera es fundamental en la aplicación de tratamientos, el control de la evolución clínica y la educación a los cuidadores.

PALABRAS CLAVE

Laringitis, obstrucción de la vía aérea, cuidados de enfermería, estridor.

ABSTRACT

Acute laryngitis is one of the main causes of upper airway obstruction in the pediatric population, particularly in young children, with a higher incidence in males and during the autumn and winter months. The estimated incidence is 3–6% among children aged between 3–6 months and 6 years. It clinically manifests with a barking cough, stridor, dysphonia, and respiratory distress, secondary to predominantly viral subglottic edema.

Diagnosis is primarily clinical, and the initial assessment should include the Pediatric Assessment Triangle, respiratory monitoring, and, when appropriate, the Westley Croup Score to determine disease severity. In this context, nursing staff play a key role in the early identification of signs of severity through tools such as the Pediatric Assessment Triangle and continuous monitoring of respiratory status.

Therapeutic management depends on disease severity and ranges from general supportive measures and observation to the administration of systemic corticosteroids and nebulized epinephrine in moderate or severe cases. Nursing intervention is essential for treatment administration, monitoring of clinical progression, and caregiver education.

KEY WORDS

Laryngitis, airway obstruction, nursing care, stridor.

INTRODUCCIÓN

La laringitis aguda, también denominada laringotraqueítis viral o crup, constituye una de las causas más frecuentes de obstrucción aguda de la vía aérea superior en la infancia y representa un motivo habitual de consulta en los servicios de Atención Primaria y Urgencias Pediátricas1,2. Se trata de un síndrome clínico caracterizado por la inflamación de la laringe y la región subglótica, que ocasiona un estrechamiento de la vía aérea superior y da lugar a la tríada clínica clásica formada por tos perruna, estridor inspiratorio y disfonía, pudiendo asociar distintos grados de dificultad respiratoria1,3.

Su incidencia se estima entre el 3 y el 6 % de la población infantil menor de seis años, con un pico máximo de presentación durante el segundo año de vida. Afecta principalmente a niños con edades comprendidas entre los 6 meses y los 6 años, observándose un claro predominio en el sexo masculino, con una relación aproximada de 2:1. Además, presenta un marcado patrón estacional, con mayor incidencia durante los meses de otoño e invierno, coincidiendo con la circulación de los principales virus respiratorios1,2.

La etiología es predominantemente viral, siendo el virus parainfluenza tipo 1 el agente causal más frecuente. No obstante, también pueden estar implicados otros virus respiratorios como el virus respiratorio sincitial, los virus influenza A y B, adenovirus, metapneumovirus humano o rinovirus. La etiología bacteriana es excepcional y debe sospecharse únicamente ante cuadros clínicos atípicos o de evolución desfavorable2,4.

El diagnóstico de la laringitis aguda es fundamentalmente clínico y se basa en una anamnesis detallada y una exploración física dirigida, sin que habitualmente sean necesarias pruebas complementarias. La valoración inicial debe centrarse en identificar precozmente el grado de compromiso respiratorio mediante herramientas estandarizadas como el Triángulo de Evaluación Pediátrica (TEP), la secuencia ABCDE y escalas clínicas validadas, como la escala de Westley, que permiten clasificar la gravedad del cuadro y orientar la toma de decisiones terapéuticas1,3.

Aunque la mayoría de los episodios presentan una evolución benigna y autolimitada, un pequeño porcentaje puede progresar hacia una obstrucción significativa de la vía aérea superior que requiera tratamiento urgente e incluso ingreso hospitalario. En este contexto, la identificación precoz de los signos de gravedad y el inicio temprano del tratamiento con corticoides han demostrado disminuir la necesidad de hospitalización, reducir la duración de los síntomas y mejorar la evolución clínica de los pacientes3,5.

Dentro del abordaje multidisciplinar, el profesional de enfermería desempeña un papel esencial tanto en la valoración inicial como en el seguimiento evolutivo del paciente pediátrico. Sus competencias incluyen la monitorización continua del estado respiratorio, la administración segura de los tratamientos prescritos, la detección precoz de signos de deterioro clínico, la disminución de la ansiedad del niño y su familia, así como la educación sanitaria dirigida a los cuidadores sobre las medidas domiciliarias y los signos de alarma que requieren una nueva valoración médica1,3.

El objetivo de este trabajo es revisar la evidencia científica disponible sobre la laringitis aguda pediátrica, actualizando los conocimientos relativos a su epidemiología, manifestaciones clínicas, valoración de la gravedad, tratamiento y, especialmente, el papel del personal de enfermería en la atención integral del paciente y su familia.

1.Definición:

Síndrome clínico caracterizado por inflamación de laringe y región subglótica que produce tos perruna, estridor inspiratorio y disfonía.

2. Epidemiología:

Afecta aproximadamente al 3-6% de los niños entre los 6 meses y los 6 años, con mayor incidencia durante el segundo año de vida, predominio masculino y mayor frecuencia en otoño e invierno.

3. Etiología:

La causa más frecuente es el virus parainfluenza tipo 1. También pueden intervenir VRS, influenza, adenovirus y otros virus respiratorios. La etiología bacteriana es excepcional. La laringitis espasmódica presenta inicio brusco, predominio nocturno y tendencia a la recurrencia.

4. Manifestaciones clínicas:

La tríada clásica está formada por tos perruna, estridor inspiratorio y disfonía. Los signos de gravedad incluyen estridor en reposo, tiraje, taquipnea, uso de musculatura accesoria, disminución del nivel de conciencia, cianosis y agotamiento.

5. Valoración de enfermería:

La valoración inicial del paciente con sospecha de laringitis aguda debe realizarse de forma sistemática y rápida, permitiendo identificar precozmente los signos de obstrucción de la vía aérea superior y establecer el nivel de gravedad del cuadro clínico. Dado que el deterioro respiratorio en la población pediátrica puede producirse de manera rápida, resulta imprescindible una evaluación continua y una monitorización estrecha por parte del personal de enfermería1.

La primera aproximación al paciente puede realizarse mediante el Triángulo de Evaluación Pediátrica (TEP), herramienta recomendada en los servicios de urgencias por permitir una valoración inicial en pocos segundos sin necesidad de instrumental. Este método evalúa tres componentes fundamentales: la apariencia general del niño, el trabajo respiratorio y la circulación cutánea. La alteración de alguno de estos parámetros orienta sobre la existencia de compromiso respiratorio o hemodinámico y facilita la toma precoz de decisiones clínicas4.

Posteriormente debe completarse una valoración siguiendo la secuencia ABCDE, prestando especial atención al apartado correspondiente a la vía aérea (Airway) y la respiración (Breathing). Es necesario valorar la permeabilidad de la vía aérea, la presencia de estridor inspiratorio, la frecuencia respiratoria, el uso de musculatura accesoria, el tiraje supraesternal e intercostal, la presencia de aleteo nasal, la saturación de oxígeno mediante pulsioximetría y el estado neurológico del paciente6.

Con el fin de objetivar la gravedad clínica, la herramienta más utilizada es la escala de Westley, que valora cinco parámetros: nivel de conciencia, cianosis, estridor, entrada de aire y tiraje. Según la puntuación obtenida, la gravedad puede clasificarse como leve (0-2 puntos), moderada (3-5 puntos), grave (6-11 puntos) o insuficiencia respiratoria inminente (≥12 puntos), permitiendo orientar el tratamiento y determinar la necesidad de observación hospitalaria7.

Asimismo, durante la valoración enfermera resulta fundamental identificar signos de alarma que indiquen un posible deterioro clínico, entre los que destacan el estridor en reposo, la disminución del nivel de conciencia, la hipoxemia persistente, la cianosis, el agotamiento respiratorio, el silencio auscultatorio o la escasa respuesta al tratamiento inicial. La presencia de cualquiera de estos hallazgos requiere valoración médica inmediata y monitorización continua1,7.

6. Tratamiento:

El tratamiento de la laringitis aguda pediátrica depende de la gravedad del cuadro clínico y tiene como objetivo disminuir el edema subglótico, aliviar la obstrucción de la vía aérea superior y prevenir la progresión hacia la insuficiencia respiratoria. Las recomendaciones actuales coinciden en la utilización de un tratamiento escalonado basado en la valoración clínica del paciente5,7.

Medidas generales:

Las medidas no farmacológicas constituyen el primer escalón terapéutico y deben instaurarse en todos los pacientes. Es prioritario mantener al niño en un ambiente tranquilo y evitar procedimientos innecesarios que aumenten la ansiedad o el llanto, ya que ambos incrementan el consumo de oxígeno y pueden agravar la obstrucción laríngea.

Se recomienda favorecer una posición incorporada o semifowler, mantener una adecuada hidratación y permitir la permanencia de los cuidadores junto al niño siempre que sea posible, contribuyendo a disminuir el estrés durante la atención sanitaria4.

Actualmente no existe evidencia científica que apoye el uso rutinario de humidificación ambiental, inhalación de vapor o exposición al aire frío como tratamiento del crup, por lo que estas medidas no se recomiendan de forma sistemática5.

Corticoides:

Los corticoides constituyen el tratamiento de elección en todos los grados de gravedad de la laringitis aguda, ya que reducen el edema inflamatorio de la región subglótica, mejoran la sintomatología clínica y disminuyen la necesidad de ingreso hospitalario, la duración de la estancia en urgencias y las revisitas médicas5,8.

La dexametasona es el fármaco de primera elección, pudiendo administrarse por vía oral, intramuscular o intravenosa en dosis única de 0,15-0,6 mg/kg (dosis máxima de 10 mg). Cuando no es posible la administración sistémica, la budesonida nebulizada constituye una alternativa eficaz en casos seleccionados1.

Adrenalina nebulizada:

La adrenalina nebulizada está indicada en pacientes con laringitis moderada o grave que presentan estridor en reposo o dificultad respiratoria importante. Su mecanismo de acción se basa en la vasoconstricción de la mucosa laríngea, produciendo una rápida disminución del edema subglótico y una mejoría clínica significativa en pocos minutos8.

Sin embargo, debido a que su efecto es transitorio, con una duración aproximada de dos horas, es imprescindible mantener una observación clínica posterior durante al menos dos o tres horas para detectar posibles recaídas antes del alta hospitalaria5.

Oxigenoterapia:

La administración de oxígeno suplementario está indicada únicamente en pacientes con hipoxemia documentada o dificultad respiratoria importante. Siempre que sea posible, debe administrarse evitando aumentar la ansiedad del niño, utilizando sistemas bien tolerados y adaptados a su edad4.

Tratamientos no recomendados:

Las guías de práctica clínica coinciden en que no está indicado el empleo rutinario de antibióticos, broncodilatadores β2-adrenérgicos, mucolíticos, antitusígenos ni humidificación ambiental, ya que no han demostrado beneficios clínicos en la laringitis aguda de origen viral5,8.

7. Cuidados de enfermería:

El personal de enfermería desempeña un papel fundamental durante todo el proceso asistencial, desde la valoración inicial hasta el alta hospitalaria. Sus intervenciones contribuyen a detectar precozmente el deterioro respiratorio, garantizar la administración segura del tratamiento y proporcionar apoyo emocional y educación sanitaria a la familia.

Valoración y monitorización:

La monitorización continua constituye una de las principales funciones enfermeras. Deben registrarse periódicamente la frecuencia respiratoria, frecuencia cardíaca, saturación de oxígeno, temperatura corporal y presencia de signos de aumento del trabajo respiratorio, como tiraje, aleteo nasal, estridor o utilización de musculatura accesoria.

Asimismo, es importante valorar el nivel de conciencia, el color de la piel y mucosas y la tolerancia al tratamiento administrado, detectando precozmente cualquier signo de empeoramiento clínico1.

Administración del tratamiento:

La enfermera es responsable de preparar y administrar correctamente los tratamientos prescritos, verificando dosis, vía de administración y posibles efectos adversos. Tras la administración de adrenalina nebulizada debe mantenerse una vigilancia estrecha para identificar la posible reaparición de los síntomas una vez finalizado su efecto.

Disminución de la ansiedad:

El llanto incrementa la demanda de oxígeno y favorece el empeoramiento del estridor, por lo que es prioritario minimizar el estrés del paciente. Se recomienda evitar manipulaciones innecesarias, mantener al niño acompañado por sus cuidadores y utilizar un lenguaje adaptado a su edad para favorecer su colaboración durante la asistencia sanitaria.

Educación sanitaria:

Antes del alta es imprescindible proporcionar información clara y comprensible a los cuidadores acerca de la evolución habitual del proceso y de las medidas domiciliarias recomendadas. Debe insistirse en mantener una correcta hidratación, favorecer el reposo relativo y administrar correctamente la medicación prescrita.

Igualmente, se debe informar sobre los principales signos de alarma que requieren acudir nuevamente a un servicio sanitario, como la aparición de estridor en reposo, aumento del trabajo respiratorio, dificultad para hablar o beber, cianosis, somnolencia excesiva, rechazo de la ingesta o empeoramiento progresivo de la clínica respiratoria4,5.

Continuidad asistencial:

La educación sanitaria constituye una herramienta esencial para disminuir la ansiedad familiar, favorecer la adherencia al tratamiento y prevenir complicaciones. Una adecuada información al alta permite mejorar la seguridad del paciente y reducir consultas innecesarias, reforzando el papel del profesional de enfermería como agente fundamental en la continuidad de los cuidados.

CONCLUSIONES

La laringitis aguda pediátrica suele tener un curso benigno, aunque puede evolucionar hacia obstrucción significativa de la vía aérea. La valoración clínica precoz y la administración temprana de corticoides son las medidas con mayor impacto. El personal de enfermería desempeña un papel clave en la detección del deterioro respiratorio, la monitorización, la administración del tratamiento y la educación a los cuidadores.

BIBLIOGRAFÍA

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  4. Reig Rincón de Arellano I, Castillo Laita JA, Valldepérez Baiges C. Laringitis. Guía de Algoritmos en Pediatría de Atención Primaria. AEPap. 2021.
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  6. Advanced Life Support Group. Advanced Paediatric Life Support. 7th ed. Oxford: Wiley-Blackwell; 2023.
  7. Westley CR, Cotton EK, Brooks JG. Nebulized racemic epinephrine by IPPB for the treatment of croup: a double-blind study. Am J Dis Child. 1978;132(5):484-487.
  8. Cherry JD. Croup. N Engl J Med. 2008;358(4):384-391

 

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