AUTORES
- Elena Galindo Lalana. Pediatra. Centro de Salud Picarral. Zaragoza. España.
- Carlos Galindo Lalana C. Grado en Biotecnología. Máster en Biología Molecular y Celular. Universidad de Zaragoza. España.
- Diego Calvo Tesán. Grado en Historia. Universidad de Zaragoza. España.
- Pilar Lalana Josa. Pediatra. Centro de Salud “San José Centro”. Zaragoza. España.
RESUMEN
Durante el reinado de Carlos IV, la Corona española financió La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (1803-1814), popularmente llamada “Expedición Balmis”. Esta puede considerarse el primer programa de vacunación global y en masa de la historia de la medicina.
El éxito a largo plazo de la Expedición Balmis no radicó únicamente en la administración directa de las dosis, sino en la creación y estructuración de redes locales de salud conocidas como Juntas de Vacuna, que se establecieron bajo control gubernamental, gratuitas y universales para toda la población.
Este modelo puede considerarse el precursor de las campañas internacionales de educación sanitaria y programas de vacunación llevadas a cabo por organismos e instituciones de ámbito mundial. Acciones como esta han contribuido a concienciar a la población de que la utilización de las vacunas es una forma eficaz y segura de prevención de enfermedades.
PALABRAS CLAVE
Historia de la medicina, vacuna viruela.
ABSTRACT
During the reign of Charles IV, the Spanish Crown funded the Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (1803–1814), popularly known as the “Balmis Expedition”. This can be considered the first global, mass vaccination program in the history of medicine. The long-term success of the Balmis Expedition did not rely solely on the direct administration of doses, but on the creation and structuring of local healthcare networks known as Juntas de Vacuna (Vaccine Boards). These were established under government control, providing free and universal access to the entire population. This model can be considered the precursor to international health education campaigns and vaccination programs carried out by global organizations and institutions. Actions such as this have contributed to raising public awareness that vaccine utilization is a safe and effective method for disease prevention.
KEY WORDS
History of medicine, smallpox vaccine.
DESARROLLO DEL TEMA
La popularmente llamada “Expedición Balmis” puede considerarse el primer programa de vacunación global y en masa de la historia de la medicina. Durante el reinado de Carlos IV, la Corona española financió La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (1803-1814) que supuso una grandísima hazaña de salud pública al conseguir difundir de forma duradera el fluido vacunal de Jenner (vacuna de la viruela) por los territorios de ultramar en América y Asia1.
Si sorprende lo ambicioso de la expedición con los medios y recursos de la época, todavía sorprende más que los protagonistas y verdaderos héroes de este intrépido y altruista viaje fueran un grupo de 22 niños portadores. Con ellos se consiguió mantener vivo el virus de la vacuna con una estrategia de inoculación en cadena de un brazo a otro de los niños2.
El presente artículo monográfico analiza la expedición desde una perspectiva estrictamente médica y de salud pública, destacando sus extraordinarios logros institucionales, el rigor logístico de sus protagonistas y el papel humanitario de los menores en la erradicación global de la viruela.
EXPEDICIÓN BALMIS:
1. Contexto histórico y justificación epidemiológica: A finales del siglo XVIII, la viruela (variola virus) podía considerarse una de las mayores amenazas epidemiológicas globales, con tasas de letalidad que alcanzaban el 30% en poblaciones endémicas y cifras de mortalidad tan elevadas que la enfermedad llegó a arrasar comunidades enteras vírgenes de América y Asia.
En 1796, el médico británico Edward Jenner demostró científicamente que la inoculación del fluido de las pústulas de la viruela vacuna (vaccinia virus) que es un ortopoxvirus emparentado con el de la viruela, pero mucho más leve, confería inmunidad efectiva contra la viruela humana sin los riesgos mortales de la variolización tradicional en la que se utilizaba el virus auténtico de la viruela. La vacuna llegó a España (1800) en un momento idóneo debido a la profunda preocupación política y demográfica de la Corona por sus colonias3. Daba también la terrible casualidad de que el mismo rey Carlos IV había perdido a su hija, la infanta María Teresa, a causa de la enfermedad.
Desde el Virreinato de Nueva España y del Perú llegaban las constantes solicitudes de ayuda del médico de la corte Dr. Francisco Xavier Balmis y Berenguer, preocupado por el acoso de la enfermedad sobre todo en la población autóctona. El Dr. Balmis elaboró el “Reglamento y Derrotero de una expedición sanitaria universal” con la finalidad de conseguir que el fluido vacunal pudiera llegar vivo al territorio de ultramar y proceder a la vacunación universal. Este reglamento consiguió aprobarse oficialmente por el Consejo de Indias en 18034.
2. El desafío logístico y la solución biológica: el método “brazo a brazo” El principal obstáculo científico de la época residía en la labilidad del fluido vacuno. La falta de sistemas de refrigeración, junto con las altas temperaturas de las zonas tropicales y la humedad del Atlántico, hacían que las muestras de linfa liofilizadas entre placas de vidrio selladas con parafina se pudrieran y se volvieran inservibles. Fue el propio Dr. Balmis el que pensó en la posibilidad de conservación in vivo de la cepa viral vacunal, utilizando huéspedes humanos secuenciales2. Para garantizar el éxito de la cadena epidemiológica y reclutar a la población, se estipularon requisitos clínicos muy estrictos:
– Estado inmunológico: Los sujetos debían ser estrictamente «seronegativos», es decir, no haber padecido la viruela ni haber sido inoculados previamente.
– Selección etaria: Se seleccionaron niños (predominantemente entre los 3 y los 9 años) debido a que su sistema inmunitario no expuesto aseguraba el desarrollo óptimo de la pústula vacunal y disminuía el riesgo de respuestas inflamatorias hiperérgicas generalizadas graves tras la vacunación, posibilidad que existía en personas que habían padecido la enfermedad previamente.
– Dinámica de transmisión: Cada 9 o 10 días, coincidiendo con el periodo de máxima maduración de la vesícula y mayor concentración de partículas virales activas, se extraía la linfa del niño infectado y se inoculaba mediante lanceta a dos niños sanos. La inoculación se hacía a dos niños a la vez por si en alguno la pústula no llegaba a aparecer adecuadamente y aumentando así las posibilidades de mantener vivo al virus.
3. Composición, rutas y dinámica humana de la expedición: La expedición zarpó del puerto de A Coruña el 30 de noviembre de 1803 a bordo de la corbeta María Pita5. El equipo sanitario inicial estaba compuesto por el director Francisco Xavier Balmis, el subdirector José Salvany y Lleopart, varios ayudantes, cirujanos y una figura fundamental de la enfermería pediátrica: Isabel Zendal Gómez, rectora de la Casa de Expósitos de A Coruña y en la actualidad reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la primera enfermera en misión internacional de la historia.
4. Los grupos de niños y la cadena global: Conforme la expedición fue avanzando se necesitó renovar la población susceptible de niños cada vez que se llegaba a tierra firme.
La Primera Cohorte (Atlántica): La formaron 22 niños expósitos procedentes de la Casa de Expósitos de Madrid, Santiago y A Coruña, incluido el propio hijo de Isabel Zendal. Llegaron a Caracas (Venezuela) en 1804 y con ellos llegó la vacuna en perfectas condiciones clínicas.
La Subdivisión de la Ruta Sur: En mayo de 1804, la expedición se dividió en Puerto Cabello. El Dr. José Salvany lideró la subexpedición que se adentró en el Virreinato del Perú, recorriendo territorios de las actuales Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia5. Salvany, cuya salud se deterioró gravemente hasta su fallecimiento en Cochabamba (1810), coordinó la obtención de niños locales mediante acuerdos con las autoridades locales y comunidades indígenas, inmunizando a cientos de miles de personas a lo largo de la cordillera andina6.
La Ruta del Pacífico (Asia): Tras vacunar extensamente en el territorio de Nueva España (México), Balmis reclutó a 26 niños mexicanos. Con ellos zarpó desde Acapulco el 8 de febrero de 1805 en el navío Fernando de Magallanes con destino a las islas Filipinas. Tras cumplir su misión en Manila, Balmis continuó hacia las posesiones portuguesas de Macao y las factorías de Cantón, introduciendo de forma efectiva la inmunización en el continente asiático1.
5. Aspectos clínicos, cuidados pediátricos y bioseguridad: Muchas han sido las críticas hechas por la utilización de niños durante la expedición. Resulta necesario ponerse en contexto de espacio y tiempo para entender lo que puede considerarse una auténtica heroicidad y el resultado en cuanto a haber salvado millones de vidas desde entonces y hasta la actualidad, así como la contribución a la posterior erradicación de la enfermedad. La documentación histórica que nos ha llegado demuestra que la expedición tuvo como prioridad y de manera absoluta la salud, nutrición y dignidad de los menores7. El monarca dictó decretos específicos exigiendo que los niños recibieran educación, vestimenta adecuada y manutención completa hasta que tuvieran edad de ejercer un oficio o regresaran a sus lugares de origen. Desde una perspectiva médica, las complicaciones de salud documentadas en los diarios de Balmis no derivaron de la inoculación del virus de la vacuna, el cual presentaba un perfil de seguridad excelente, autolimitándose a pústulas localizadas y febrícula transitoria, sino de las enfermedades infecciosas y parasitarias propias de la navegación de la época, tales como disentería, gastroenteritis, infecciones y mareo marítimo. La labor asistencial de Isabel Zendal fue imprescindible para el control de la bioseguridad a bordo: mantenía una higiene estricta, evitaba que los niños se rascaran las lesiones (lo que habría provocado infecciones bacterianas secundarias o autoinoculaciones oculares) y regulaba las interacciones mutuas para impedir que la cadena de transmisión se acelerara de forma descontrolada antes de llegar a puerto.
6. Institucionalización y Salud Pública: las Juntas de Vacunación: El éxito a largo plazo de la Expedición Balmis no radicó únicamente en la administración directa de las dosis, sino en la creación y estructuración de redes locales de salud conocidas como Juntas de Vacuna8. Se crearon como organismos permanentes encargados de centralizar la producción de linfa inmunológica, formar rigurosamente a personal técnico local y llevar un estricto registro estadístico y demográfico de los inoculados. Se garantizó en todo momento la gratuidad del servicio, consolidando la primera infraestructura moderna y preventiva de salud global en el hemisferio occidental8. Balmis entendía que la vacunación aislada sólo produciría un efecto de cohorte temporal. Conseguir vacunar a la mayoría de la población supondría un efecto duradero y a largo plazo.
Las Juntas Centrales de Vacunación se instalaron en las principales capitales virreinales (Caracas, Bogotá, Lima, Ciudad de México y Manila). Estas Juntas operaban bajo reglamentos médicos específicos que daban instrucciones concreta sobre:
– Mantenimiento del reservorio: Se obligaba a mantener un flujo constante de niños no vacunados en los hospitales locales para asegurar que la cepa de Jenner no se extinguiera.
– Registros epidemiológicos: Creación de censos oficiales sistemáticos, anotando nombres, procedencia y el resultado clínico de la inoculación.
– Formación técnica: Instrucción a médicos, cirujanos locales y personal eclesiástico en la técnica correcta de la lanceta y en la conservación de la linfa entre cristales para su distribución rural. Lo que al inicio se estableció como una emergencia frente a una enfermedad altamente mortal, llegó a convertirse en una política de salud pública reglada, coordinada e institucionalizada. Todo ello supuso un adelanto de más de un siglo a las posteriores estructuras modernas de los ministerios de sanidad y los programas de inmunización de la OMS.
7. Logros de la expedición del Dr. Balmis:
– Logística biológica: Conservación ininterrumpida del virus vaccina durante más de 10.000 millas náuticas mediante la cadena humana pediátrica. Sentó el precedente para conceptos y conocimientos modernos de la cadena de frío y estabilidad de reactivos biológicos9,10.
– Inmunización masiva a gran escala: Vacunación directa de más de 500.000 personas en tres continentes. Primer ensayo práctico y viable de la inmunidad colectiva a escala transcontinental.
– Fundamentos para una red sanitaria estructurada y dependiente de la autoridad gubernamental: La apertura de las Juntas Centrales de Vacunación con registros médicos normalizados podría considerarse como un primer modelo de red de atención primaria y de vigilancia epidemiológica.
– Primeros pasos en la Educación Sanitaria: Trasferencia de conocimientos médicos y tecnológicos a la población general. Se tradujo al español el “Tratado histórico y práctico de la vacuna” que fue el primer manual oficial sobre la vacuna contra la viruela, escrito por el médico francés Jacques-Louis Moreau de la Sarthe y traducido al español en 1803 por el propio Dr. Balmis. Este modelo puede considerarse el precursor de las campañas internacionales de educación sanitaria llevadas a cabo por organismos e instituciones de ámbito mundial. Acciones como esta contribuyeron el establecimiento de la mentalidad en la población a la utilización de las vacunas como forma eficaz y segura de prevención de enfermedades.
Conclusión
La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna debe ser considerada como uno de los hechos más importantes de la historia de la medicina universal. Superando problemas y barreras tecnológicas que parecían insalvables, se estructura una respuesta eficaz, científica y de enorme humanidad. Ante la gran amenaza de la viruela, el sacrificio altruista y coordinado de aquellos niños portadores, la rigurosa dirección médica de Balmis y Salvany, y el cuidado estricto y detallado de Isabel Zendal, sembró la semilla metodológica que culminaría, en 1980, con la erradicación mundial definitiva de la enfermedad.
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