Intervenciones de enfermería para prevenir el delirium en pacientes mayores hospitalizados: revisión narrativa de la literatura

27 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Iratxe Goded Navarrete. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  2. Ainoa Albiol Falcó. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  3. Cristina Hernández Romano. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  4. Adrián Cubas Esteban. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  5. Inés Gracia Abril. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  6. Mari Mar Marco Martín. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.

RESÚMEN

El delirium es un síndrome neurocognitivo agudo y fluctuante frecuente en las personas mayores hospitalizadas, asociado con deterioro funcional, prolongación de la estancia, institucionalización y mortalidad. El objetivo de esta revisión fue analizar las intervenciones de enfermería dirigidas a prevenir e identificar los factores modificables y los componentes preventivos con mayor respaldo. Se realizó una revisión narrativa en PubMed, CINAHL, Scopus, SciELO y Dialnet de publicaciones en español o inglés aparecidas entre 2021 y agosto de 2026. La síntesis incluyó ocho revisiones sistemáticas, metaanálisis y revisiones de revisiones. Los resultados respaldan la valoración cognitiva basal y seriada, la orientación, la movilización precoz, la promoción del sueño, la hidratación y nutrición, el control del dolor y de la eliminación, la corrección de déficits sensoriales, la retirada de dispositivos innecesarios y la participación familiar. El beneficio es más consistente cuando estas medidas se combinan en programas multicomponente adaptados al riesgo individual. Enfermería ocupa una posición central por su vigilancia continuada y su capacidad para integrar las medidas preventivas en los cuidados cotidianos, aunque su aplicación requiere protocolos, formación y coordinación interdisciplinar.

PALABRAS CLAVE

Delirio, anciano, hospitalización, atención de enfermería, prevención de enfermedades.

ABSTRACT

Delirium is a frequent acute and fluctuating neurocognitive syndrome in hospitalized older adults and is associated with functional decline, longer hospital stays, institutionalization and mortality. This review aimed to analyze nursing interventions for delirium prevention and to identify modifiable factors and the preventive components with the strongest support. A narrative review was conducted in PubMed, CINAHL, Scopus, SciELO and Dialnet for publications in English or Spanish from 2021 to August 2026. Eight systematic reviews, meta-analyses and overviews of reviews were included in the synthesis. Findings support baseline and serial cognitive assessment, orientation, early mobilization, sleep promotion, adequate hydration and nutrition, pain and elimination management, correction of sensory deficits, removal of unnecessary devices and family involvement. Benefits are more consistent when these measures are combined in multicomponent programmes tailored to individual risk. Nurses have a central role because continuous surveillance allows preventive measures to be integrated into routine care, although implementation requires protocols, training and interdisciplinary coordination.

KEY WORDS

Delirium, aged, hospitalization, nursing care, disease prevention.

INTRODUCCIÓN

El delirium es una alteración aguda y fluctuante de la atención, la conciencia y la cognición que se desarrolla en un periodo corto y representa un cambio respecto al funcionamiento basal. En la persona mayor hospitalizada puede manifestarse con desorientación, dificultad para mantener la atención, alteraciones del ciclo sueño-vigilia, pensamiento desorganizado, agitación o hipoactividad. La fluctuación y las formas hipoactivas favorecen que algunos episodios pasen desapercibidos si no se realiza una observación sistemática1,2.

La magnitud del problema es relevante. Un metaanálisis de pacientes mayores ingresados en unidades médicas estimó una prevalencia agrupada del 23,6% y una incidencia del 13,5%. Entre los factores asociados se encontraron la fragilidad, el deterioro cognitivo, las restricciones físicas, las caídas previas, la gravedad de la enfermedad y la edad avanzada3.

El delirium no es una consecuencia inevitable del envejecimiento ni una simple alteración conductual. Se asocia con deterioro funcional, prolongación de la estancia, mayor necesidad de cuidados, institucionalización y mortalidad; además, puede originar caídas o retirada accidental de dispositivos. Su prevención y reconocimiento precoz forman parte de la seguridad del paciente1,3.

Las intervenciones no farmacológicas han adquirido especial relevancia porque numerosos factores precipitantes son modificables mediante cuidados estructurados. Las revisiones disponibles apoyan sobre todo los programas multicomponente que combinan orientación, movilización, sueño, hidratación, nutrición, apoyo sensorial y participación familiar, mientras que el efecto de cada medida aislada es más incierto4-8.

A pesar de la disponibilidad de herramientas y recomendaciones, persisten barreras para reconocer y manejar el delirium: conocimientos insuficientes, confusión con demencia u otras alteraciones cognitivas, falta de una valoración basal, limitaciones de tiempo, problemas de comunicación y ausencia de protocolos homogéneos2.

OBJETIVOS

General:

  1. Analizar las intervenciones de enfermería dirigidas a prevenir el delirium en pacientes mayores hospitalizados.

Específicos:

  1. Identificar los principales factores de riesgo modificables relacionados con la aparición de delirium.
  2. Describir las intervenciones no farmacológicas de enfermería utilizadas para su prevención.
  3. Analizar la importancia de la detección precoz, la participación familiar y los programas multicomponente.

METODOLOGÍA

Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica para analizar las intervenciones de enfermería destinadas a prevenir el delirium en pacientes mayores hospitalizados. La búsqueda bibliográfica se efectuó entre julio y agosto de 2026 en PubMed, CINAHL, Scopus, SciELO y Dialnet.

Se emplearon los descriptores DeCS/MeSH Delirio/Delirium, Anciano/Aged, Hospitalización/Hospitalization, Atención de Enfermería/Nursing Care y Prevención de Enfermedades/Disease Prevention, junto con los términos libres non-pharmacological intervention, multicomponent intervention y delirium screening. Los términos se combinaron mediante los operadores booleanos AND y OR.

Se incluyeron publicaciones en español o inglés, aparecidas entre 2021 y agosto de 2026, centradas en población adulta y con resultados aplicables al ámbito hospitalario. Se priorizaron revisiones sistemáticas, metaanálisis y revisiones de revisiones. Se excluyeron estudios pediátricos, trabajos sin relación con las intervenciones o la vigilancia enfermera y publicaciones que no permitían responder a los objetivos. La síntesis final incluyó ocho publicaciones.

Tras la lectura crítica, la información se organizó mediante síntesis narrativa. La pregunta de investigación se estructuró según el modelo PICO: ¿en pacientes mayores hospitalizados, las intervenciones no farmacológicas de enfermería, comparadas con los cuidados habituales, reducen la aparición de delirium y sus complicaciones?

  • P: pacientes de 65 años o más hospitalizados.
  • I: intervenciones no farmacológicas de enfermería, preferentemente multicomponente.
  • C: cuidados habituales o ausencia de un programa preventivo estructurado.
  • O: reducción de la incidencia, gravedad, duración y complicaciones asociadas al delirium.

RESULTADOS

Valoración del riesgo y detección precoz:

El primer componente preventivo es reconocer qué pacientes presentan mayor vulnerabilidad. La fragilidad, el deterioro cognitivo, la edad avanzada, las restricciones físicas, las caídas previas y la gravedad de la enfermedad incrementan el riesgo. Durante el ingreso deben vigilarse precipitantes modificables como infección, hipoxia, dolor, inmovilidad, deshidratación, alteraciones metabólicas, estreñimiento, retención urinaria y cambios de medicación3,4.

La valoración enfermera debe recoger la situación cognitiva y funcional basal, contrastándola con familiares o cuidadores cuando sea posible. La observación seriada es esencial por el curso fluctuante. Un cambio brusco de atención, conducta, nivel de actividad o sueño debe motivar un cribado con una herramienta validada y la comunicación al equipo asistencial1,2.

El reconocimiento puede retrasarse cuando el delirium hipoactivo se interpreta como cansancio o cuando la desorientación se atribuye solo a la edad o a una demencia previa. La formación de los profesionales, la comunicación interdisciplinar y la integración del cribado en los registros favorecen la identificación temprana1,2.

Orientación, comunicación y estimulación cognitiva:

La reorientación repetida y respetuosa es una medida sencilla y de bajo riesgo. Conviene recordar al paciente dónde se encuentra, el motivo del ingreso, el día y la hora; mantener visibles reloj y calendario; y explicar con antelación los procedimientos. Estas acciones reducen la incertidumbre y facilitan la comprensión del entorno1,5,7.

La comunicación debe ser clara, con frases breves y sin sobrecarga de estímulos. En presencia de deterioro cognitivo es útil mantener rutinas reconocibles y emplear objetos personales cuando el contexto lo permita. La estimulación cognitiva debe concentrarse durante el día y alternarse con periodos de descanso1,5,7.

Los familiares pueden aportar información sobre el funcionamiento basal, reconocer cambios sutiles y colaborar en la reorientación. Su participación debe adaptarse al estado clínico y a las preferencias del paciente para evitar una estimulación excesiva1,2,5.

Sueño y control ambiental:

La alteración del ciclo sueño-vigilia es frecuente durante la hospitalización y actúa como factor precipitante. Enfermería puede favorecer el descanso agrupando cuidados nocturnos cuando sea clínicamente posible, reduciendo ruido y luz, evitando interrupciones innecesarias y diferenciando de forma clara el día de la noche1,4,7.

Durante el día conviene promover luz natural, movilización y actividad adaptada. Por la noche deben limitarse los estímulos evitables y revisarse causas de insomnio como dolor, disnea, necesidad de orinar o ansiedad. Las intervenciones aisladas sobre el sueño muestran resultados variables, por lo que son más coherentes dentro de un programa multicomponente4,6,7.

Las restricciones físicas pueden incrementar el riesgo y producir lesiones, pérdida funcional o mayor agitación. Antes de utilizarlas deben buscarse causas reversibles y alternativas basadas en supervisión, acompañamiento y adaptación ambiental3,7.

Movilización precoz y mantenimiento funcional:

La inmovilidad favorece el deterioro funcional y puede contribuir al delirium. Siempre que la situación clínica lo permita, se recomienda evitar el reposo en cama innecesario y facilitar sedestación, deambulación y participación en las actividades básicas, individualizando la intensidad según fuerza, equilibrio y riesgo de caídas4,5,7.

El objetivo es conservar la mayor autonomía compatible con la seguridad. Deben asegurarse calzado adecuado, ayudas técnicas, acceso al timbre y acompañamiento cuando exista riesgo de caída, además de revisar las barreras ambientales y los dispositivos que dificultan el movimiento1,4,7.

La movilización y el ejercicio adaptado aparecen de forma repetida en los programas preventivos. La evidencia respalda mejor el abordaje combinado que la aplicación de una única medida, porque el delirium suele resultar de la interacción de varios factores4,6-8.

Hidratación, nutrición, eliminación y control del dolor:

La deshidratación y la ingesta insuficiente son factores potencialmente modificables. Enfermería debe valorar y registrar la ingesta cuando esté indicado, facilitar líquidos y alimentos, adaptar texturas y ayudas para comer y detectar dificultades de deglución o pérdida de apetito. Las restricciones hídricas deben respetar la prescripción y el estado clínico1,4,7.

También debe vigilarse la eliminación. El estreñimiento, la impactación fecal y la retención urinaria pueden causar dolor e inquietud. Las sondas, vías y otros dispositivos deben revisarse a diario y retirarse cuando dejen de estar indicados1,4,7.

El dolor insuficientemente controlado puede precipitar delirium, mientras que determinados fármacos pueden agravar la alteración cognitiva. La valoración enfermera debe emplear escalas adecuadas, incluso ante dificultades de comunicación, y comprobar la respuesta a las medidas analgésicas1,4,7.

Déficits sensoriales y participación familiar:

Los déficits visuales o auditivos dificultan la interpretación del entorno hospitalario. Debe favorecerse el uso de gafas y audífonos, comprobar su funcionamiento, mantener una iluminación adecuada y comunicarse de frente al paciente1,4,7.

La implicación de familiares y cuidadores puede reforzar la orientación, aportar objetos familiares, apoyar la movilización y comunicar cambios respecto al comportamiento habitual. El equipo debe guiar esta colaboración y ajustarla a las necesidades de cada persona1,2,5.

La educación y la colaboración familiar forman parte de diversos programas preventivos. Su utilidad potencial es consistente con la atención centrada en la persona, aunque resulta difícil aislar el efecto específico de este componente dentro de intervenciones complejas5-7.

Programas multicomponente y papel de enfermería:

Las intervenciones multicomponente actúan simultáneamente sobre varios factores de riesgo. La revisión de Zhao et al. informó reducciones de la incidencia de entre el 27% y el 54% con estrategias no farmacológicas multicomponente4. Por su parte, el metaanálisis de Wang et al., con 32 estudios y 10.122 participantes, halló una menor incidencia frente a los cuidados habituales (RR=0,74; p<0,001), aunque no demostró efectos significativos sobre la duración, la gravedad ni la estancia hospitalaria6.

El valor de estos programas reside en la naturaleza multifactorial del síndrome. Un mismo paciente puede presentar inmovilidad, déficit auditivo, deshidratación, dolor y privación de sueño; abordar solo uno de estos factores puede ser insuficiente. La valoración enfermera permite identificar la combinación de riesgos y priorizar cuidados1,4,6.

La aplicación efectiva requiere registros claros, continuidad entre turnos, formación y coordinación interdisciplinar. La prevención debe incorporarse al plan de cuidados desde el ingreso y reevaluarse durante la hospitalización, en lugar de limitarse a una intervención puntual1,2,6.

DISCUSIÓN

La literatura revisada coincide en que la prevención debe comenzar con la identificación del riesgo y que las estrategias multicomponente ofrecen un beneficio más consistente que las medidas aisladas. En pacientes hospitalizados fuera de cuidados intensivos, la revisión Cochrane estimó una reducción relativa de la incidencia del 43% frente a la atención habitual; otros metaanálisis y revisiones de revisiones señalan resultados en la misma dirección4,6-8.

Existe heterogeneidad entre los estudios en cuanto a población, ámbito asistencial, instrumentos diagnósticos, intensidad y composición de los programas. Esta variabilidad impide atribuir el efecto a un componente concreto. No obstante, orientación, movilización, sueño, hidratación, nutrición, apoyo sensorial y revisión de factores precipitantes aparecen de forma reiterada en las intervenciones evaluadas1,4,5,8.

La distancia entre la evidencia y la práctica continúa siendo relevante. Las barreras descritas incluyen conocimientos insuficientes, falta de tiempo, problemas de comunicación, dificultades para distinguir delirium de otras alteraciones cognitivas y limitaciones organizativas. Por ello, los protocolos sencillos, la formación continuada y el registro estructurado del cribado son elementos necesarios para mejorar la implementación2.

El liderazgo enfermero es coherente con la necesidad de observaciones e intervenciones repetidas a lo largo del día, pero el abordaje debe ser interdisciplinar. Cualquier cambio cognitivo agudo requiere comunicar la situación y descartar causas potencialmente graves. La evidencia apoya la prevención no farmacológica, aunque todavía debe precisarse qué combinación, intensidad y frecuencia ofrece mayor beneficio en cada contexto1,6,8.

Esta revisión presenta las limitaciones propias de una síntesis narrativa: no se realizó un metaanálisis propio ni una evaluación formal y uniforme del riesgo de sesgo, y la selección se restringió a publicaciones en español o inglés. Además, la heterogeneidad de los estudios incluidos aconseja interpretar con prudencia las estimaciones cuantitativas y evita establecer la eficacia aislada de cada componente.

CONCLUSIONES

Las intervenciones enfermeras no farmacológicas, integradas en programas estructurados y adaptados al riesgo, constituyen la estrategia preventiva con respaldo más consistente para reducir la incidencia de delirium en pacientes mayores hospitalizados4,6-8.

Los principales factores modificables son la inmovilidad, la deshidratación, la ingesta insuficiente, el dolor, el estreñimiento, la retención urinaria, la privación de sueño, las restricciones físicas, los dispositivos innecesarios, los déficits sensoriales no corregidos y determinados cambios farmacológicos1,3,4.

Las intervenciones esenciales comprenden valoración cognitiva basal y seriada, orientación, comunicación clara, movilización precoz, promoción del sueño, apoyo nutricional e hídrico, control del dolor y la eliminación, corrección sensorial y revisión diaria de dispositivos1,4,5,7.

La detección precoz permite intervenir antes de que el cuadro se consolide; la familia aporta información sobre el estado basal y apoya la reorientación; y los programas multicomponente coordinan estas medidas con mayor consistencia que las intervenciones aisladas1,2,4,6.

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