Ictus isquémico agudo: trombectomía mecánica

27 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. ⁠Candela Moreno Lambea. Enfermera. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
  2. Laura Clemente Martínez. Enfermera Especialista en Salud Mental. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.
  3. Sofia García Padilla. Enfermera Especialista en Salud Mental. Hospital Clínico Lozano Blesa. Zaragoza, España.
  4. ⁠Sergio López Suárez. Enfermero. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza, España.

RESUMEN

Introducción: El ictus isquémico agudo constituye una emergencia médica tiempo-dependiente en la que la restauración precoz del flujo sanguíneo cerebral es fundamental para reducir la mortalidad y las secuelas funcionales. La trombectomía mecánica ha supuesto un importante avance en el tratamiento de los pacientes con oclusión de gran vaso, especialmente cuando la trombólisis intravenosa resulta insuficiente o está contraindicada.

Objetivo: Revisar el abordaje del ictus isquémico agudo, con especial atención a la trombectomía mecánica, sus indicaciones, criterios de selección, técnicas empleadas, complicaciones y cuidados de enfermería asociados al procedimiento.

Desarrollo: El diagnóstico precoz mediante el Código Ictus y las técnicas de neuroimagen, principalmente la tomografía computarizada, la angio-TC y la TC de perfusión, permiten identificar la oclusión vascular y seleccionar a los pacientes candidatos a tratamiento de reperfusión. La trombectomía mecánica permite la extracción endovascular del trombo mediante técnicas como el stent-retriever, la aspiración directa o procedimientos combinados. Su eficacia depende especialmente del tiempo transcurrido hasta la reperfusión y de una adecuada selección del paciente. El papel de enfermería resulta fundamental durante las fases preprocedimiento, intraprocedimiento y postprocedimiento, mediante la monitorización clínica y neurológica, el control de constantes y factores metabólicos, la preparación del material y la detección precoz de posibles complicaciones.

Conclusiones: La trombectomía mecánica constituye una herramienta fundamental en el tratamiento del ictus isquémico agudo por su capacidad para mejorar la reperfusión cerebral y favorecer la independencia funcional en pacientes seleccionados. La detección precoz, la neuroimagen avanzada, la coordinación multidisciplinar y unos cuidados de enfermería adecuados son esenciales para optimizar los resultados y reducir las secuelas derivadas del ictus.

PALABRAS CLAVE

Accidente cerebrovascular isquémico, trombectomía, reperfusión, enfermería, diagnóstico por imagen, rehabilitación.

ABSTRACT

Introduction: Acute ischemic stroke is a time-dependent medical emergency in which early restoration of cerebral blood flow is essential to reduce mortality and functional sequelae. Mechanical thrombectomy has represented a major advance in the treatment of patients with large-vessel occlusion, particularly when intravenous thrombolysis is insufficient or contraindicated.

Objective: To review the management of acute ischemic stroke, with particular emphasis on mechanical thrombectomy, its indications, patient selection criteria, techniques, complications, and nursing care associated with the procedure.

Development: Early diagnosis through the Stroke Code and neuroimaging techniques, mainly computed tomography, CT angiography, and CT perfusion, allows vascular occlusion to be identified and patients eligible for reperfusion therapy to be selected. Mechanical thrombectomy enables endovascular thrombus removal using techniques such as stent-retrievers, direct aspiration, or combined approaches. Its effectiveness is strongly dependent on the time to reperfusion and appropriate patient selection. Nursing care is essential during the pre-procedural, intra-procedural, and post-procedural phases through clinical and neurological monitoring, control of vital signs and metabolic factors, preparation of equipment, and early detection of potential complications.

Conclusions: Mechanical thrombectomy is a fundamental therapeutic tool in acute ischemic stroke due to its ability to improve cerebral reperfusion and promote functional independence in selected patients. Early detection, advanced neuroimaging, multidisciplinary coordination, and appropriate nursing are essential to optimize outcomes and reduce stroke-related sequelae.

KEY WORDS

Ischemic stroke, thrombectomy, reperfusion, nursing, diagnostic imaging, stroke rehabilitation.

DESARROLLO DEL TEMA

Se denomina ictus a la alteración brusca del flujo sanguíneo cerebral que provoca, de manera transitoria o permanente, la disfunción de una región del encéfalo. Se trata de una pérdida aguda de funciones neurológicas causada por un trastorno vascular y constituye una verdadera emergencia médica1,2.

En función del mecanismo que lo desencadena, el ictus se divide en dos grandes categorías. El más frecuente es el ictus isquémico, que supone alrededor del 80–85% de los casos y ocurre cuando una alteración vascular impide que la sangre llegue adecuadamente a determinadas zonas del cerebro. El resto, aproximadamente un 15–20%, corresponde al ictus hemorrágico, que se produce por la rotura de un vaso sanguíneo y la posterior extravasación de sangre al tejido cerebral2.

El ictus constituye la segunda causa de muerte a nivel mundial —solo por detrás de la cardiopatía isquémica— y la tercera causa de discapacidad. En España, la Sociedad Española de Neurología estima que cada año se diagnostican alrededor de 90.000 nuevos casos, y en 2023 el ictus ocasionó más de 23.000 fallecimientos. Además, sus secuelas generan una importante carga de dependencia: más del 30% de los supervivientes presentan algún grado de discapacidad y cerca del 40% quedan con limitaciones funcionales significativas, lo que convierte al ictus en la principal causa de discapacidad en nuestro país3.

En el ictus isquémico agudo existe una “ventana terapéutica” durante la cual el daño cerebral aún puede revertirse si se restablece rápidamente el flujo sanguíneo mediante trombólisis intravenosa o tratamiento endovascular. Dado que la eficacia del tratamiento depende estrictamente del tiempo (enfermedad tiempo-dependiente), es esencial contar con una red asistencial bien organizada y coordinada entre todos los profesionales sanitarios implicados4.

En la atención inicial del ictus, enfermería realiza una valoración rápida y estructurada que permite identificar la situación clínica del paciente y detectar necesidades urgentes. Esta evaluación debe llevarse a cabo con máxima coordinación y precisión, ya que cada minuto es determinante. Por ello, el personal de enfermería debe dominar los tiempos asistenciales estandarizados por el Instituto Nacional de Enfermedades Neurológicas (NINDS) y actuar dentro de los márgenes recomendados para garantizar una respuesta eficaz5.

ETIOLOGIA Y FACTORES DE RIESGO.

A continuación, se presenta la clasificación etiológica más utilizada para el ictus isquémico: la clasificación TOAST (Trial of ORG 10172 in Acute Stroke Treatment), que distingue cinco subtipos según su causa2.

  1. Lacunar: se caracteriza por infartos subcorticales pequeños, originados por enfermedad de pequeño vaso y responsables de síndromes lacunares típicos, representando alrededor del 20% de los casos.
  2. Cardioembólico: se produce por la oclusión de una arteria cerebral mediante un émbolo procedente del corazón —con la fibrilación auricular como principal origen— y representa aproximadamente el 25–30% de los casos, generalmente con mayor gravedad y mortalidad
  3. Aterotrombótico: se produce por estenosis arterial mayor del 50% u oclusión de un vaso principal, extracraneal (troncos supraórticos) o intracraneal.
  4. Criptogénico o de causa indeterminada: aquellos casos —alrededor del 25%, y hasta el 50% en pacientes jóvenes— en los que no se identifica una causa clara pese a un estudio diagnóstico inicial, debido a la gran heterogeneidad de mecanismos subyacentes.
  5. Mecanismo inhabitual: incluye causas poco frecuentes —2–3% de los casos— como enfermedades sistémicas, alteraciones no ateroscleróticas de las arterias o trombosis venosas cerebrales, identificadas tras descartar los tipos más comunes.

Los “Factores de Riesgo” de ictus suponen una serie de entidades cuya presencia conlleva un aumento del riesgo de padecer un evento vascular a cualquier nivel cerebrovascular. Estos factores pueden estar presentes en las personas y deben ser considerados tanto a la hora de la prevención primaria como de la secundaria.

La edad es el factor de riesgo no modificable más importante para el Ictus. La incidencia de ictus se duplica aproximadamente cada 10 años a partir de los 55 años. A partir de los 75 años, la tasa específica de mortalidad vascular por grupo de edad (década) se sitúa en la primera causa de muerte.

Por otro lado, tenemos factores de riesgo modificables:

  • Hipertensión arterial: El riesgo de ictus es entre tres y cinco veces superior en las personas hipertensas, se recomienda que las cifras de presión arterial se mantengan en valores inferiores a 140/90 mmHg
  • Alcohol.
  • Obesidad.
  • Sedentarismo. La práctica regular de ejercicio físico aeróbico se asocia a un menor riesgo de episodios vasculares.
  • Tabaco.
  • Alimentación: La dieta debe ser variada y la ingesta calórica adecuada para mantener el peso ideal. El consumo de pescado más de una vez por semana y de tres o más piezas de fruta al día reduce el riesgo de ictus.
  • Diabetes.

PATOFISIOLÓGIA:

Como se mencionó anteriormente, un ictus isquémico se produce cuando un trombo procedente de otra localización —habitualmente del corazón o de una placa ateromatosa carotídea— migra hasta el cerebro y obstruye total o parcialmente una arteria de la circulación anterior o posterior, generando isquemia y, finalmente, la muerte del tejido afectado6.

Cuando se produce una oclusión arterial se establecen tres zonas definidas en función el flujo cerebral: el core isquémico, donde el daño es irreversible; la penumbra isquémica, un tejido todavía viable cuya función puede recuperarse si se restablece pronto la perfusión; y un área de oligoemia, generalmente no lesionada. La supervivencia de la penumbra depende de factores como la circulación colateral, la presión de perfusión, la glucemia, la temperatura y la disponibilidad de oxígeno.

Es importante diferenciar recanalización —apertura de la arteria ocluida— de reperfusión —restablecimiento efectivo del flujo en todo el territorio afectado—, ya que esta última es la que realmente determina el pronóstico. La falta de reperfusión puede deberse a embolias distales, microtrombos, vasoconstricción o colapso capilar por edema. Las terapias de reperfusión incluyen la trombólisis intravenosa y el tratamiento endovascular, principalmente la trombectomía mecánica.

No obstante, la reperfusión en presencia de un core extenso puede provocar daño de la barrera hematoencefálica, edema cerebral y transformación hemorrágica, por lo que resulta esencial un control riguroso de la presión arterial, glucemia, temperatura y equilibrio del medio interno para limitar el daño secundario2.

ANATOMÍA RELEVANTE:

La irrigación cerebral depende de dos sistemas principales: la circulación anterior, derivada de las arterias carótidas internas, que se bifurcan en las arterias cerebrales anterior y media; y la circulación posterior, formada por las arterias vertebrales que se unen para crear la arteria basilar y, posteriormente, las arterias cerebrales posteriores. Ambos sistemas se conectan mediante el polígono de Willis, una estructura arterial que proporciona rutas alternativas de flujo en caso de obstrucción y contribuye a mantener la perfusión cerebral.

Cada arteria cerebral irriga territorios específicos: la arteria cerebral media abastece gran parte del hemisferio lateral y es la más frecuentemente afectada en el ictus isquémico; la cerebral anterior irriga regiones mediales de los hemisferios, y la cerebral posterior, las áreas occipitales y parte del tronco encefálico. El conocimiento de estos territorios permite relacionar los déficits clínicos con la arteria afectada, facilitando un diagnóstico rápido y un tratamiento más preciso7.

DIAGNÓSTICO:

La reducción de la mortalidad y de las secuelas asociadas al ictus depende en gran medida de una identificación temprana de sus manifestaciones. Por este motivo, resulta fundamental que la población sea capaz de reconocer los signos de alarma y solicitar asistencia sanitaria de forma inmediata. Aunque la presentación clínica puede ser muy variable, existen síntomas de inicio súbito que orientan de manera fiable hacia la sospecha de ictus: pérdida brusca de fuerza o sensibilidad en una o varias extremidades —especialmente si afecta al mismo lado del cuerpo—,dificultad para hablar o comprender el lenguaje, y la aparición de asimetría facial1.

Definimos el Código Ictus como el sistema de alerta que permite la rápida identificación, notificación y traslado de los pacientes con ictus a los servicios de urgencias, se basa en la consideración del ictus como una “EMERGENCIA”.

El Código Ictus debe activarse ante una sospecha de ictus agudo en pacientes previamente independientes, con síntomas de menos de 6 horas (o inicio incierto) y presencia de focalidad neurológica en el momento de la valoración. No se establece límite de edad y un ictus previo no lo contraindica si el paciente mantiene autonomía. No debe activarse cuando no hay signos compatibles, existe otra causa evidente (como hipoglucemia), el paciente es dependiente para actividades básicas o padece una enfermedad terminal8.

Cabe destacar que hay dos escalas importantes en el diagnóstico del ictus8 (ANEXO 1):

– Escala NIHSS: escala de referencia para valorar la gravedad del déficit neurológico de un paciente con ictus agudo.

– Escala RANKIN: Escala de calidad de vida situación previa del paciente.

– Escala ASPECTS: La escala ASPECTS evalúa el territorio de la arteria cerebral media dividiéndolo en 10 áreas visibles en cortes de tomografía, asignando una puntuación inicial de 10 que disminuye según las zonas con hipodensidad. Un ASPECTS ≤ 7 se asocia con un mayor riesgo de dependencia o muerte, y su uso mejora la concordancia entre observadores en la valoración del ictus isquémico.

Una vez llega el paciente al hospital, la prueba diagnóstica por excelencia a realizar es el TAC que se debe realizar en la mayor brevedad posible. La TC multimodal (TC basal, TC-perfusión y Angio-TC) está considerada como una técnica eficaz, rápida y disponible, siendo la técnica de elección en el manejo del ictus agudo6.

– TC basal: realizada sin contraste intravenoso, permite descartar un ictus hemorrágico o causas alternativas que simulen un ictus, además de identificar signos precoces de isquemia y evaluar la puntuación ASPECTS.

– TC perfusión: útil para cuantificar el flujo sanguíneo cerebral y distinguir las áreas de infarto establecido de la zona de penumbra.

– Angio TC: ofrece información sobre la circulación intra y extracraneal, localiza la oclusión vascular, valora el grado de colateralidad y proporciona un mapa vascular esencial para planificar el tratamiento endovascular.

TRATAMIENTO:

Las medidas iniciales irán orientadas al soporte vital y comenzar en paralelo con el estudio diagnóstico ya explicado anteriormente. En este punto es importante mantener un adecuado control de la presión arterial y la glucemia, así como monitorizar temperatura, ritmo cardiaco y la saturación de oxígeno, garantizando la homeostasis. El objetivo fundamental de este primer paso será facilitar el acceso, en el menor tiempo posible, a los tratamientos de reperfusión, una vez se haya asegurado la estabilidad hemodinámica del paciente.

· TRATAMIENTOS DE REPERFUSIÓN: trombolíticos intrevenosos.

Los trombolíticos intravenosos representan el tratamiento farmacológico fundamental en las terapias de reperfusión del ictus isquémico agudo. El fármaco de referencia durante décadas ha sido la alteplasa (rtPA), un activador recombinante del plasminógeno tisular que favorece la conversión de plasminógeno en plasmina, promoviendo la lisis del coágulo. Su uso se consolidó tras los ensayos clínicos que demostraron una mayor recuperación funcional cuando se administraba dentro de las primeras tres horas, beneficio que posteriormente se amplió a una ventana de 4,5 horas. La evidencia disponible confirma su eficacia en términos de supervivencia libre de discapacidad, independientemente de la edad o gravedad inicial del ictus, si bien su efectividad disminuye significativamente a medida que transcurre el tiempo. La pauta recomendada es de 0,9 mg/kg —máximo 90 mg— administrada como un 10% en bolo inicial seguido de perfusión continua durante una hora, un aspecto que puede generar retrasos logísticos, especialmente durante traslados interhospitalarios4.

La tenecteplasa, un trombolítico de tercera generación derivado de la alteplasa, presenta una mayor especificidad por la fibrina, una acción más rápida y una vida media más prolongada. Su principal ventaja radica en que se administra como un único bolo intravenoso (0,25 mg/kg), lo que simplifica de manera notable el procedimiento y minimiza los retrasos en pacientes que requieren un traslado urgente para trombectomía mecánica. Los ensayos comparativos han mostrado resultados funcionales equivalentes o incluso superiores en términos de recanalización arterial, manteniendo un perfil de seguridad similar al de la alteplasa. Por estos motivos, las guías internacionales recomiendan actualmente su uso preferente en pacientes con oclusión de gran vaso candidatos a tratamiento endovascular4.

En conjunto, ambos fármacos constituyen pilares esenciales en la reperfusión del ictus isquémico agudo, y la elección entre ellos depende del contexto clínico, los tiempos asistenciales y las características del paciente, siempre bajo el principio de que la administración más precoz posible condiciona el pronóstico funcional.

· TRATAMIENTO ENDOVASCULAR: trombectomía mecánica.

La trombectomía mecánica es un procedimiento realizado por neurorradiólogos intervencionistas y consiste en un tratamiento endovascular destinado a restaurar la perfusión cerebral mediante la extracción del trombo, ya sea por aspiración directa, retracción mecánica o utilizando un stent-retriever, con la finalidad de lograr reperfusión tisular precoz y limitar el tamaño del infarto cerebral. El grado de reperfusión alcanzado y, por tanto, el éxito del procedimiento, se valora habitualmente mediante la escala TICI (Trombolysis In Cerebral Infarction)6,9.

Destacar que la eficacia de la trombectomía está fuertemente condicionada por los tiempos asistenciales. Las unidades que integran protocolos de código ictus y rutas directas hacia sala de angiografía consiguen reducir retrasos y mejorar resultados. Además, la selección por neuroimagen multimodal (angio-TC y perfusión) permite ampliar la ventana en pacientes con penumbra significativa y bajo volumen de core, lo que ha incrementado el número de pacientes susceptibles de beneficiarse en ventanas tardías seleccionadas10,11.

Indicaciones y criterios de selección:

La trombectomía está indicada preferentemente en pacientes con oclusión proximal de gran vaso (por ejemplo, segmento M1 de la arteria cerebral media, carótida interna terminal, y en algunos centros arteria basilar) que presenten un déficit neurológico moderado-grave y un volumen de infarto no extensivo en neuroimagen. La técnica se emplea como tratamiento primario cuando el paciente es candidato o como terapia de rescate cuando la trombólisis intravenosa fracasa o está contraindicada; además permite ampliar la ventana terapéutica en pacientes seleccionados por perfusión multimodal10,11.

Criterios configuradores habituales:

· Oclusión de gran vaso proximal documentada por angio-TC/angio-RM.

· Fenotipo clínico con NIHSS elevado según centro.

· ASPECTS que indique ausencia de infarto extenso en territorio afectado (o criterios de volumen aceptable con perfusión).

· Ventana temporal clásica hasta 6 h (puede ampliarse hasta 24 h en selección por perfusión/imágenes).

Contraindicaciones.

· Situación de dependencia marcada debido a lesión cerebral previa.

· Demencia previa moderada-grave.

· Enfermedad concomitante grave o con mal pronóstico vital a corto plazo.

· Hemorragia cerebral aguda o transformación hemorrágica franca en el mismo territorio vascular.

· En infartos de circulación posterior: Signos clínicos indicativos de lesión extensa irreversible de más de 6 horas de evolución o datos de lesión extensa establecida en tronco del encéfalo en RM

· Por riesgo de complicaciones al realizar la técnica: plaquetopenia < 50000 – 75000 o alteraciones importantes de la coagualación (INR > 3,5)12.

Técnica, dispositivos y material.

El procedimiento se realiza mediante acceso endovascular (habitualmente femoral; cada vez más en algunos centros acceso radial) con cateterismo selectivo de la arteria ocluida. Las técnicas de extracción incluyen:

· Stent-retriever: despliegue del stent a través del trombo y retirada junto al trombo12.

· Aspiración directa (catéter de gran lumen): succión del trombo desde el ostium12.

· Técnicas combinadas (aspiración + stent-retriever) para mejorar tasas de recanalización.

El grado de reperfusión se evalúa mediante la escala (anexo 2), siendo TICI 2b–3 indicativo de reperfusión satisfactoria. La planificación previa con angio-TC y mapas de perfusión ayuda a seleccionar la estrategia técnica y anticipar dificultades (colaterales pobres, tortuosidad arterial, placa arco aórtico)9,10.

El material que se utiliza en este procedimiento es el siguiente12:

· Introductores: calibre mínimo de 8F.

· Catéteres diagnósticos: los habituales para arteriografía cerebral.

· Catéteres guía: con o sin balón, y catéteres de acceso distal para anatomías tortuosas.

· Microcatéteres: compatibles con stent-retrievers (0.010”–0.027”) y específicos para aspiración.

· Stents: stent-retrievers de 3–6 mm, además de stents carotídeos e intracraneales para oclusiones en tándem o complicaciones.

· Coils y agentes de embolización: necesarios para tratar perforaciones arteriales o hemorragias yatrogénicas.

· Sistema de cierre percutáneo: compatible con introductores de al menos 8F.

Resultados y evidencia clínica:

Los estudios y series publicadas muestran que el tratamiento endovascular — incluida la extracción mecánica del trombo— alcanza altas tasas de recanalización y mejora los resultados funcionales en pacientes seleccionados con oclusión de gran vaso, comparado con tratamiento médico conservador o trombólisis sola en ciertos subgrupos. La trombectomía ha demostrado, especialmente cuando se realiza de forma precoz, aumentar la probabilidad de supervivencia libre de discapacidad a los 3–6 meses. Además, el tratamiento intraarterial permite tratar pacientes fuera de la ventana de 3 horas o en quienes la trombólisis falló. Las tasas de recanalización completas en series y estudios varían, y la experiencia operatoria y el tiempo hasta reperfusión condicionan de forma decisiva el éxito10,11.

Complicaciones

Las complicaciones de la trombectomía mecánica pueden ser hemorrágicas, isquémicas o derivadas de la propia técnica.

Entre las hemorrágicas se distinguen las agudas, como la hemorragia subaracnoidea secundaria a la perforación arterial durante el procedimiento—que puede requerir control hemodinámico, reversión de la anticoagulación o incluso embolización del vaso—, y las no agudas, cuyo impacto clínico es variable e incluye desde pequeños sangrados sin repercusión hasta transformaciones hemorrágicas extensas del infarto.

Las complicaciones isquémicas derivan habitualmente del daño vascular producido por la navegación de catéteres, que puede causar vasoespasmo o disección, así como de la migración o fragmentación del trombo hacia territorios previamente permeables, generando nuevas oclusiones.

A nivel técnico también pueden aparecer embolización distal, fallos de recanalización, así como complicaciones en el sitio de acceso (hematoma o pseudoaneurisma femoral).

Además, en pacientes con un core isquémico extenso, la reperfusión puede desencadenar edema cerebral masivo o transformación hemorrágica, condicionando un peor pronóstico.

La frecuencia y gravedad de estas complicaciones dependen tanto del tiempo hasta la reperfusión como del estado del tejido cerebral y de la experiencia del equipo intervencionista10,11,12.

Papel de enfermería y cuidados peri-procedimiento:

El equipo de enfermería desempeña funciones críticas antes, durante y después de la trombectomía: activación y preparación rápida del paciente (control de vías, monitorización hemodinámica, control glucémico y de temperatura), asistencia en sala de angiografía, manejo del kit y medicación, cumplimiento de medidas de asepsia y asistencia en la retirada y cuidado de la vía de acceso. Tras el procedimiento, el control neurológico estrecho, monitorización de signos de complicación hemorrágica y manejo de factores generales (presión arterial, glucemia, temperatura) son fundamentales para optimizar el resultado10.

SEGUIMIENTO Y PRONÓSTICO:

El ictus constituye una de las principales causas de discapacidad en adultos a nivel mundial. Cerca de un tercio de los supervivientes presenta secuelas físicas, cognitivas o conductuales que pueden generar distintos grados de dependencia funcional. Además, sin un manejo adecuado, el riesgo de recurrencia es elevado

—alrededor del 10% en la primera semana, del 15% al mes y hasta del 40% a los diez años—, aunque la prevención secundaria puede reducir este riesgo hasta en un 80%1,2.

Las secuelas son muy heterogéneas y afectan tanto al plano físico como cognitivo y emocional, condicionando la autonomía y calidad de vida. Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentran alteraciones motoras y del equilibrio, espasticidad, trastornos del lenguaje, deterioro cognitivo, problemas de deglución y dolor central, así como síntomas neuropsiquiátricos como depresión, ansiedad o cambios conductuales. Por ello, los cuidados posteriores deben adaptarse a la situación clínica del paciente, la fase evolutiva del ictus y la presencia de factores de riesgo modificables como tabaquismo, dieta o enfermedades crónicas1,2.

La necesidad de rehabilitación debe evaluarse tras la estabilización clínica, idealmente en las primeras 24–48 horas. El especialista en rehabilitación define los déficits tratables, establece un pronóstico funcional y marca los objetivos terapéuticos, coordinando la intervención de los distintos profesionales. La duración del proceso es variable y puede extenderse entre seis y doce meses, manteniéndose mientras existan objetivos alcanzables o el paciente desee continuar1,2.

Principales secuelas del ictus1.

· Dolor central: dolor neuropático quemante o lacerante, desencadenado por estímulos mínimos; puede requerir fármacos específicos.

· Hombro doloroso: frecuente en el lado afectado; asociado a subluxación y mala posición del miembro; precisa movilización y cuidados adecuados.

· Caídas: muy comunes y con elevado impacto funcional; se reducen mediante ejercicios, educación y adaptación del entorno.

· Osteoporosis: pérdida de densidad ósea, especialmente en el lado parético; requiere valoración y tratamiento.

· Disfagia: alteración de la deglución, con riesgo de desnutrición y aspiración; necesita evaluación y manejo especializado.

· Disfunción sexual: frecuente tras el ictus; puede mejorar con valoración médica y tratamiento de causas asociadas.

· Necesidad de rehabilitación de mantenimiento: algunos pacientes precisan sesiones periódicas prolongadas para evitar deterioro funcional secundario.

CONCLUSIONES

El ictus isquémico continúa siendo una de las principales causas de muerte y discapacidad a nivel mundial, con un impacto sociosanitario de enorme magnitud. Su carácter tiempo-dependiente convierte la atención precoz en un elemento decisivo para el pronóstico, motivo por el cual resulta imprescindible disponer de sistemas de respuesta rápida, como el Código Ictus, una adecuada coordinación interprofesional y el uso de herramientas diagnósticas avanzadas que permitan diferenciar de manera precisa el tejido infartado del viable.

En este contexto, las terapias de reperfusión han transformado por completo el abordaje del ictus agudo. La trombólisis intravenosa continúa siendo una herramienta fundamental, especialmente cuando se administra dentro de las primeras horas, pero presenta limitaciones importantes en pacientes con oclusión de gran vaso. Es precisamente en este punto donde la trombectomía mecánica ha supuesto un avance trascendental y constituye, actualmente, el pilar más determinante para mejorar la supervivencia y la autonomía funcional de los pacientes con ictus isquémico agudo.

La evidencia científica demuestra que la trombectomía mecánica ofrece tasas de recanalización significativamente superiores, una mayor probabilidad de independencia funcional y una reducción sustancial de la discapacidad a medio plazo. Su eficacia es especialmente notable en oclusiones proximales de gran vaso, donde la trombólisis intravenosa presenta menor capacidad de reperfusión.

Además, gracias a la neuroimagen multimodal, es posible seleccionar de forma precisa a aquellos pacientes que conservan una penumbra isquémica salvable, lo que ha permitido ampliar la ventana terapéutica hasta 24 horas en casos bien seleccionado.

A pesar de su indiscutible beneficio, es una técnica compleja que exige experiencia, recursos especializados y un alto grado de coordinación. Asimismo, no está exenta de complicaciones, tanto hemorrágicas como isquémicas o derivadas del propio procedimiento, cuya frecuencia depende del estado del tejido cerebral, del tiempo hasta la reperfusión y de la pericia del equipo intervencionista. Estas limitaciones refuerzan la necesidad de contar con unidades de ictus avanzadas, equipos de neurorradiología intervencionista disponibles 24/7 y protocolos bien establecidos para minimizar retrasos.

El papel de enfermería resulta igualmente esencial en todas las fases del proceso: detección precoz, activación del Código Ictus, optimización del estado hemodinámico, apoyo durante la intervención y vigilancia intensiva posterior. Una actuación rápida, precisa y estandarizada por parte del personal de enfermería constituye un factor clave para lograr que el paciente llegue a tiempo al tratamiento endovascular y para detectar complicaciones de forma precoz.

Finalmente, aunque la trombectomía mecánica representa una herramienta terapéutica de enorme impacto, el proceso no termina en la reperfusión. La rehabilitación precoz y multidisciplinar es fundamental para reducir las secuelas, que continúan siendo frecuentes y variadas, afectando a la movilidad, el lenguaje, la deglución o el estado emocional. La prevención secundaria, por su parte, adquiere un papel protagonista para evitar recurrencias, especialmente en pacientes con factores de riesgo modificables.

En conjunto, el manejo moderno del ictus isquémico agudo se sostiene sobre cuatro pilares inseparables: detección precoz, neuroimagen avanzada, trombectomía mecánica en pacientes candidatos y cuidados integrales posteriores. De todos ellos, la trombectomía mecánica destaca como la intervención que más ha cambiado el curso natural de la enfermedad y la que mayor potencial tiene para seguir mejorando la supervivencia libre de discapacidad en los próximos años.

BIBLIOGRAFÍA

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  13. ANEXO

ANEXO 1. Escalas relacionadas con el diagnóstico del ictus. Escala NIHSS.

Escala NIH Stroke Scale

Mipropiolio. Escala NIHSS para ictus agudo. ¿Qué es el síndrome de inatención unilateral? [Internet]. 2015 [citado 2 de diciembre de 2025]. Disponible en: https://mipropiolio.wordpress.com/2015/11/08/escala-nihss-para-ictus-agudo-que-es-el-sindrome-de-inatencion-unilateral/

Escala RANKIN:

Resultado de imagen de escala de rankin modificada

Tratamiento Ictus. Escala de Rankin modificada [Internet]. 2020 [citado 2 de diciembre de 2025]. Disponible en: https://www.tratamientoictus.com/escala-de-rankin-modificada/

Escala ASPECTS

ASPECTS

Youtube. Escala NIHSS – valoración neurológica en ictus agudo [Internet]. 2018 [citado 2 de diciembre de 2025]. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=aVuwrKB784o

ANEXO 2:

Escala TICI (Thrombolysis in Cerebral Infarction): sistema de puntaje que categoriza el grado de reperfusión de un vaso tras una intervención trombolítica en el contexto de un ACV.

Los puntajes son:

  • 0 (sin flujo anterógrado)
  • 1 (flujo que es posterior a la oclusión, pero sin reperfusión tisular)
  • 2A (reperfusión tisular parcial en<66% del territorio de la arteria ocluida)
  • 2B (reperfusión tisular completa del territorio de la arteria ocluida pero enlentecida respecto a la arteria homóloga contralateral)
  • 3 (reperfusión tisular completa y sin retraso).

Colla-Machado PE, Pigretti SG, Balian NR, Luzzi AA, Rabellino JM, Peralta OA, Zurrú MC, García-Mónaco RD. Trombectomía mecánica en el tratamiento del accidente cerebrovascular isquémico: experiencia de un centro de alta complejidad en Argentina. Neurología Argentina. 2016;8(3):145–151 [Citado 2 de diciembre de 2025]. Disponible en: https://www.elsevier.es/es-revista-neurologia-argentina-301-articulo-trombectomia-mecanica-el-tratamiento-del-S1853002816000367

 

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