Manejo y cuidados de enfermería del paciente pediátrico y neonato con catéter central de inserción periférica

14 octubre 2026

AUTORES

  1. Omar Gómez García. Diplomado en Enfermería. Enfermero en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
  2. Pablo Muñoz Torrealba. Graduado en Enfermería. Enfermero en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
  3. María Nieves Mirón Sierra. Diplomada en Enfermería. Enfermera en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
  4. María Sevil Aguareles. Graduada en Enfermería. Enfermera en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.

 

RESUMEN

El catéter central de inserción periférica (PICC) es una herramienta fundamental en pacientes pediátricos y neonatales que necesitan tratamientos intravenosos prolongados, especialmente en prematuros, ya que permite administrar nutrición parenteral y medicamentos y reduce las venopunciones periféricas.

Su utilización requiere una indicación individualizada y una reevaluación periódica para evitar mantener el dispositivo cuando ya no sea necesario. La inserción debe realizarse por profesionales capacitados, siguiendo protocolos estandarizados y medidas estrictas de prevención de infecciones. La selección adecuada de la vena, el uso de ecografía cuando esté indicado y la confirmación de la posición de la punta son aspectos esenciales.

Durante el mantenimiento, enfermería debe garantizar la higiene de manos, la manipulación aséptica, la desinfección de conexiones, la permeabilidad del catéter y la vigilancia diaria del punto de inserción. También es necesario controlar la longitud externa del catéter y detectar signos de infección, desplazamiento, obstrucción, flebitis, trombosis u otras complicaciones mecánicas. La reducción de manipulaciones innecesarias disminuye el riesgo de infección.

La retirada debe realizarse cuando finaliza la indicación o aparece una complicación. En situaciones difíciles, especialmente en neonatos de muy bajo peso, debe evitarse aplicar fuerza excesiva y solicitar apoyo especializado.

Finalmente, la seguridad del PICC depende también de una adecuada comunicación entre profesionales, documentación, continuidad asistencial y educación de padres o cuidadores. La formación continua y la aplicación de protocolos institucionales son fundamentales para reducir complicaciones y mejorar la calidad de los cuidados.

PALABRAS CLAVE

Catéteres venosos centrales, cuidados de enfermería, recién nacido, pediatría.

ABSTRACT

The peripherally inserted central catheter (PICC) is an essential vascular access device for pediatric and neonatal patients requiring prolonged intravenous treatment, particularly premature infants. It allows the administration of parenteral nutrition and medications while reducing repeated peripheral venipunctures.

PICC placement should be based on an individualized assessment of the patient’s therapeutic needs and vascular access. The need for the catheter should be reassessed regularly to avoid unnecessary exposure to complications. Insertion requires trained professionals, standardized protocols, strict infection-prevention measures, appropriate vein selection, and confirmation of the catheter tip position. Ultrasound can facilitate vascular access when appropriate.

Nursing care during maintenance focuses on hand hygiene, aseptic handling, connector disinfection, catheter patency, and daily assessment of the insertion site. Nurses should monitor for erythema, edema, discharge, pain, bleeding, changes in the skin, and variations in the external catheter length that may indicate displacement. Other complications, including infection, obstruction, thrombosis, phlebitis, malposition, migration, and catheter damage, must also be detected promptly. Unnecessary catheter manipulation should be minimized to reduce infection risk.

The PICC should be removed when treatment is completed or when complications require removal. Difficult removals, particularly in very-low-birth-weight neonates, require individualized assessment and specialist support rather than excessive force.

Finally, safe PICC management depends on effective communication, accurate documentation, continuity of care, and education of parents or caregivers. Ongoing staff training and adherence to institutional protocols are essential to reduce complications and improve patient safety.

KEY WORDS

Catheters, nursing care, newborn, pediatrics.

DESARROLLO DEL TEMA

El catéter central de inserción periférica (PICC, Peripherally Inserted Central Catheter) constituye una alternativa fundamental para garantizar un acceso vascular seguro en pacientes pediátricos y neonatales que requieren tratamientos intravenosos prolongados. Su utilización permite administrar medicamentos, soluciones hiperosmolares y nutrición parenteral, además de reducir el número de venopunciones periféricas y contribuir a la preservación del capital venoso del paciente. En el recién nacido prematuro, estas ventajas adquieren especial relevancia debido a la limitada disponibilidad de vasos sanguíneos y a la necesidad frecuente de tratamientos prolongados¹ .

La utilización del PICC, sin embargo, no está exenta de riesgos. Entre las principales complicaciones descritas se encuentran la infección del torrente sanguíneo asociada al catéter, la obstrucción, la malposición, la flebitis mecánica, la extravasación, la migración o desplazamiento, la rotura del catéter y la trombosis. Por este motivo, la actuación de enfermería resulta determinante tanto durante la inserción como durante el mantenimiento y la retirada del dispositivo² .

La evidencia disponible indica que el cuidado del PICC debe basarse en protocolos estandarizados, capacitación específica del personal, vigilancia sistemática y reducción de manipulaciones innecesarias. En neonatología, además, las intervenciones deben adaptarse a las características fisiológicas del recién nacido, especialmente cuando se trata de prematuros o pacientes de muy bajo peso.

Selección e indicación del PICC:

La decisión de colocar un PICC debe estar relacionada con las necesidades terapéuticas del paciente y con una valoración individualizada del acceso vascular. En pediatría, las indicaciones incluyen la necesidad de nutrición parenteral, tratamientos intravenosos de duración intermedia o prolongada y situaciones en las que el acceso venoso periférico resulta difícil. En un programa pediátrico dirigido por enfermería, la nutrición parenteral constituyó la principal indicación para la colocación del dispositivo, seguida de la previsión de tratamiento intravenoso superior a seis días y de la dificultad para obtener un acceso periférico².

En neonatos prematuros, el PICC adquiere especial importancia porque permite administrar nutrición parenteral y medicamentos que no son adecuados para una vía periférica. Además, disminuye la necesidad de realizar múltiples venopunciones, lo que puede reducir el dolor y el estrés asociado a procedimientos repetidos¹.

No obstante, la indicación debe reevaluarse periódicamente. El mantenimiento de un PICC cuando ya no existe una necesidad clínica puede exponer al paciente a riesgos innecesarios. La literatura sobre práctica de enfermería ha señalado precisamente la importancia de valorar la necesidad y duración del catéter como parte de una estrategia de seguridad. En la encuesta realizada a profesionales de acceso vascular de 47 hospitales, solamente el 30 % manifestó disponer de una política escrita para evaluar la necesidad o adecuación del PICC, lo que evidencia la necesidad de fortalecer los sistemas de evaluación del dispositivo³.

Cuidados de enfermería durante la inserción:

La inserción de un PICC requiere competencia técnica, conocimiento anatómico y cumplimiento estricto de las medidas de prevención de infecciones. La formación específica del profesional es especialmente importante en pediatría, donde el reducido calibre vascular y las características anatómicas del paciente aumentan la dificultad del procedimiento.

En un programa pediátrico de inserción realizado por enfermería, los profesionales recibieron seis meses de formación antes de realizar procedimientos de forma independiente y debían mantener un volumen mínimo anual de inserciones para conservar sus competencias. El estudio mostró que un programa dirigido por enfermería puede ser viable y presentar una baja tasa de complicaciones cuando existe capacitación estructurada y protocolos institucionales².

La selección de la vena también constituye un aspecto relevante. En neonatos, las venas basílica y axilar pueden ofrecer ventajas debido a su anatomía y trayecto. Por el contrario, la selección de vasos de miembros inferiores debe valorarse cuidadosamente por el mayor riesgo de determinadas complicaciones¹.

La utilización de ecografía puede facilitar la identificación vascular y la punción, especialmente en pacientes pediátricos de mayor tamaño. En la encuesta realizada a profesionales de acceso vascular, el 91 % declaró utilizar ecografía para localizar una vena apropiada y el 76 % empleaba guía electrocardiográfica para la colocación del PICC³.

Otro aspecto esencial es la confirmación de la posición de la punta. Una ubicación incorrecta puede ocasionar complicaciones mecánicas y graves consecuencias clínicas. En el programa pediátrico analizado, la posición de la punta se confirmó mediante radiografía, considerando la vena cava como posición central adecuada².

Mantenimiento y vigilancia del PICC:

El mantenimiento constituye una de las principales responsabilidades de enfermería. El objetivo es conservar la permeabilidad del dispositivo, prevenir la infección y detectar precozmente cualquier complicación. Las medidas deben comenzar con una adecuada higiene de manos y continuar con una manipulación aséptica de todas las conexiones y componentes del sistema.

La revisión bibliográfica sobre cuidados neonatales destaca como intervenciones fundamentales el lavado de manos, la utilización de medidas de protección durante los procedimientos, la antisepsia del sitio de inserción, la desinfección de los conectores, el mantenimiento de la permeabilidad y la realización de curas según protocolo institucional¹.

La enfermera debe valorar diariamente el punto de inserción, observando signos de eritema, edema, secreción, sangrado, dolor o cambios en la piel. También debe comprobar la integridad del apósito y la longitud externa visible del catéter, ya que un cambio puede sugerir desplazamiento. En el paciente pediátrico, esta vigilancia debe complementarse con la observación de cambios conductuales o signos de dolor que puedan indicar una complicación.

La permeabilidad también debe comprobarse antes y después de la administración de medicamentos, siguiendo el protocolo institucional. El estudio monográfico sobre cuidados neonatales destaca el lavado del catéter con solución salina y la utilización de una técnica pulsátil como parte de las medidas de mantenimiento¹.

Debe evitarse la manipulación innecesaria del dispositivo. Cada conexión constituye una oportunidad potencial para introducir microorganismos. Por ello, los procedimientos deben organizarse de manera que se reduzca el número de accesos al sistema y se mantenga una técnica aséptica durante toda manipulación.

Prevención de la infección asociada al PICC:

La infección del torrente sanguíneo es una de las complicaciones más relevantes del PICC, especialmente en neonatos prematuros. La inmadurez inmunológica, el bajo peso, la hospitalización prolongada, la nutrición parenteral y la necesidad de múltiples procedimientos invasivos incrementan la vulnerabilidad de esta población¹.

El estudio realizado en población neonatal destaca la relación entre infección y factores como la manipulación inadecuada, el incumplimiento de la higiene de manos, una técnica aséptica deficiente y la permanencia prolongada del catéter. Asimismo, señala la importancia de establecer bundles o paquetes de medidas estandarizadas para reducir las infecciones asociadas a dispositivos vasculares¹.

El personal de enfermería desempeña un papel central porque participa continuamente en la administración de medicamentos, la conexión y desconexión de sistemas, la realización de curas y la vigilancia del dispositivo. Por ello, la capacitación continuada y la adhesión a protocolos institucionales son elementos esenciales para reducir las infecciones.

La evidencia pediátrica también muestra que la infección no constituye la única complicación relevante. En una cohorte de 2558 PICC en pacientes pediátricos, la tasa de infección del torrente sanguíneo asociada a la línea central fue del 1,9 %, mientras que la trombosis fue del 1 % y el sangrado significativo del 0,2 %⁴.

Prevención y detección de complicaciones mecánicas:

Además de la infección, enfermería debe vigilar la aparición de obstrucción, malposición, flebitis, migración y rotura del catéter. En un estudio pediátrico de 169 pacientes, las complicaciones más frecuentes fueron la malposición y la oclusión. La edad más temprana y el uso de catéteres de menor diámetro se asociaron con un mayor riesgo de complicaciones² .

La observación del miembro donde se encuentra el PICC resulta fundamental. La aparición de edema, cambios de coloración, dolor, aumento de temperatura, eritema o disminución de la perfusión debe alertar al profesional sobre la posibilidad de complicaciones vasculares o mecánicas.

La migración del catéter merece especial atención en los niños debido a su movilidad. El movimiento de las extremidades puede modificar la posición de la punta, por lo que debe comprobarse la localización cuando exista sospecha de desplazamiento. En el estudio de Yu et al., determinadas maniobras de movilización del brazo permitieron corregir la malposición en nueve casos seleccionados, aunque estas intervenciones deben realizarse siguiendo protocolos y después de valorar la situación clínica².

Cuidados durante la retirada:

La retirada del PICC debe realizarse cuando finaliza la indicación terapéutica o cuando existe una complicación que obliga a retirar el dispositivo. Antes de proceder, enfermería debe comprobar la indicación médica, valorar el estado del catéter y verificar que se ha retirado íntegramente.

En neonatos de muy bajo peso pueden aparecer dificultades excepcionales durante la retirada. He et al. describieron el caso de un prematuro de 30 semanas y 1240 g cuyo catéter presentó varios pliegues dentro del vaso, dificultando su extracción. El caso demuestra que, ante una retirada complicada, no debe aplicarse una fuerza excesiva, sino realizar una valoración individualizada y solicitar la participación de profesionales especializados. La colaboración multidisciplinar permitió finalmente resolver el problema de forma segura⁵.

Este caso pone de manifiesto que la enfermería debe conocer las posibles complicaciones de la retirada y reconocer cuándo una situación supera el procedimiento habitual. La seguridad del neonato debe prevalecer sobre la rapidez de extracción.

Educación, comunicación y continuidad de cuidados:

El manejo seguro del PICC no depende únicamente de las habilidades técnicas. La comunicación entre profesionales y la correcta documentación son elementos esenciales. Harrod et al. identificaron problemas relacionados con la falta de información durante las transiciones asistenciales, diferencias en la documentación y deficiencias en la comunicación sobre el cuidado del PICC y las fechas de cambio de apósitos o retirada⁶.

Aunque este estudio fue realizado en centros de cuidados de larga duración y no específicamente en población pediátrica, sus resultados son aplicables como principio general de seguridad: la información sobre el dispositivo debe acompañar al paciente durante cualquier transición asistencial. En pediatría y neonatología, además, los padres o cuidadores deben recibir información comprensible sobre la finalidad del catéter, las medidas de protección y los signos de alarma que deben comunicar al equipo sanitario.

La formación del personal constituye igualmente un elemento fundamental. La encuesta de Chopra et al. mostró una amplia variabilidad en experiencia, conocimientos y prácticas entre profesionales de acceso vascular, reforzando la necesidad de programas de formación y protocolos institucionales³.

Consideraciones sobre la evidencia disponible:

La evidencia analizada presenta diferentes niveles metodológicos. Se incluyen estudios retrospectivos pediátricos, una encuesta sobre profesionales de acceso vascular, un estudio cualitativo sobre enfermería, un caso clínico neonatal, una revisión bibliográfica y una revisión sistemática y metaanálisis. Por tanto, los resultados deben interpretarse considerando las características de cada diseño.

La revisión sistemática y metaanálisis más reciente comparó PICC con catéteres venosos centrales insertados directamente y encontró resultados similares en eficacia, trombosis, fallo del catéter y necesidad de reintevención, pero una menor tasa de infección con PICC⁷. Sin embargo, los autores señalan que el 75 % de los estudios incluidos presentaba un riesgo de sesgo elevado, por lo que sus conclusiones deben interpretarse con cautela.

Además, parte de la evidencia procede de población adulta y debe extrapolarse con prudencia a neonatos y niños. La revisión de Bellota Velarde resulta especialmente útil para el contexto neonatal, mientras que los trabajos de Badheka y Yu aportan evidencia directamente relacionada con pacientes pediátricos¹,².

 

CONCLUSIONES

El PICC constituye una herramienta de gran utilidad en la atención pediátrica y neonatal, especialmente cuando se requieren tratamientos intravenosos prolongados, nutrición parenteral o medicamentos que precisan un acceso central. Su utilización permite preservar el capital venoso y reducir la necesidad de múltiples venopunciones, pero también introduce riesgos que requieren vigilancia especializada.

Los cuidados de enfermería deben abarcar todo el proceso: valoración de la indicación, preparación e inserción, confirmación de la posición, mantenimiento, administración de tratamientos, vigilancia de complicaciones y retirada. Entre las medidas prioritarias destacan la higiene de manos, la técnica aséptica, la desinfección adecuada de las conexiones, la vigilancia del sitio de inserción, el control de la permeabilidad y la valoración diaria de la necesidad de mantener el catéter.

En el paciente neonatal, especialmente en prematuros y recién nacidos de muy bajo peso, estos cuidados deben ser todavía más rigurosos debido a su mayor vulnerabilidad frente a infecciones y complicaciones mecánicas. La evidencia también respalda la creación de equipos especializados de acceso vascular y programas de capacitación continua para enfermería.

En definitiva, la seguridad del paciente pediátrico o neonatal portador de un PICC depende tanto de la correcta ejecución técnica como de la estandarización de los cuidados, la vigilancia continua, la comunicación entre profesionales y la reevaluación diaria de la necesidad del dispositivo. La enfermería ocupa una posición estratégica para prevenir complicaciones y favorecer un uso seguro y eficaz del PICC.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Bellota Velarde LM. Cuidado de enfermería en la prevención de infecciones del torrente sanguíneo asociado a PICC en recién nacidos [trabajo académico]. Lima: Universidad Peruana Cayetano Heredia, Facultad de Enfermería; 2024.
  2. Yu Z, Hu X, Xu X, Lin L, Gu Y, Zhou J, et al. A nurse-inserted peripherally inserted central catheter program in general pediatrics: a single-center experience. BMC Pediatr. 2023;23:21. doi:10.1186/s12887-022-03809-x.
  3. Chopra V, Kuhn L, Ratz D, Flanders SA, Krein SL. Vascular nursing experience, practice knowledge, and beliefs: results from the Michigan PICC1 survey. J Hosp Med. 2016;11(4):269-275. doi:10.1002/jhm.2523.
  4. Badheka A, Bloxham J, Schmitz A, Freyenberger B, Wang T, Rampa S, et al. Outcomes associated with peripherally inserted central catheters in hospitalised children: a retrospective 7-year single-centre experience. BMJ Open. 2019;9(8). doi:10.1136/bmjopen-2018-026031.
  5. He L, Ye Q, Huang L, Wang M, He M, Li B. Using phlebotomy to remove a difficult peripherally inserted central catheter insertion and removal in very low birth weight infants: case report of a rare complication. AME Case Rep. 2024;8:51. doi:10.21037/acr-23-145.
  6. Harrod M, Montoya A, Mody L, McGuirk H, Winter S, Chopra V. Challenges for nurses caring for individuals with peripherally inserted central catheters in skilled nursing facilities. J Am Geriatr Soc. 2016;64(10):2059-2064. doi:10.1111/jgs.14341.
  7. Peripherally inserted versus centrally inserted central venous catheters: a systematic review and meta-analysis of efficacy and complications. JVS Vasc Insights. 2026;4:100370. doi:10.1016/j.jvsvi.2026.100370.

 

Publique con nosotros

Indexación de la revista

ID:3540

Últimos artículos