Abordaje del estreñimiento en lactantes desde la enfermería de atención primaria. Revisión actualizada

24 febrero 2026

AUTORES

  1. María Pilar Lafuente Sánchez. Enfermera Familiar y Comunitaria. Centro de Salud de Mora de Rubielos (Teruel). España.
  2. Sonia García Val. Enfermera Familiar y Comunitaria. Centro de Salud de Delicias Norte (Zaragoza). España.
  3. Manuel Cerezo Royo. Enfermero Familiar y Comunitaria. Centro de Salud de Delicias Sur (Zaragoza). España.
  4. Beatriz Viñuales Chueca. Enfermera Familiar y Comunitaria. Centro de Salud de Berbegal (Huesca). España.
  5. Natalia Fidalgo Pinilla. Enfermera de Pediatría. Centro de Salud de Valdespartera (Zaragoza). España.
  6. Aurora Hurtado Abad. Enfermera Familiar y Comunitaria. Centro de Salud de Delicias Norte (Zaragoza). España.

 

RESUMEN

El estreñimiento en lactantes es un motivo de consulta muy frecuente en Atención Primaria1,3,5. En la mayoría de los casos es funcional y se relaciona con la introducción de la alimentación complementaria, cambios de fórmula o factores conductuales1,7. El diagnóstico es fundamentalmente clínico, apoyado en una historia detallada, exploración física y criterios como Rome IV7,8, reservando pruebas complementarias para signos de alarma o mala respuesta al tratamiento1,2.

Las guías recientes (2020–2025) de la AEP, ESPGHAN y NASPGHAN recomiendan un abordaje integral que combine educación familiar, intervenciones dietéticas, hábitos saludables y tratamiento farmacológico cuando sea necesario2,4,5,7. El polietilenglicol (PEG) se considera el laxante de primera elección por su eficacia y seguridad2,4,7. También se destaca la importancia de promover la lactancia materna y de establecer rutinas saludables de deposición1,3,9.

El papel de enfermería es clave en la detección precoz, la educación sanitaria, el seguimiento y la mejora de la adherencia terapéutica5,7. La evidencia actual muestra que un enfoque coordinado entre enfermería y pediatría, centrado en la familia, reduce la medicalización innecesaria y optimiza los resultados clínicos4,5.

PALABRAS CLAVE

Estreñimiento, lactante, atención primaria, cuidados de enfermería, pediatría, guías clínicas.

ABSTRACT

Constipation in infants is a very common reason for consultation in primary care1,3,5. In most cases, it is functional and related to the introduction of complementary feeding, formula changes, or behavioral factors1,7. Diagnosis is primarily clinical, supported by a detailed history, physical examination, and criteria such as Rome IV7,8, reserving additional tests for alarm signs or poor response to treatment1,2.

Recent guidelines (2020–2025) from the Spanish Association of Pediatrics (AEP), the European Society for Pediatric Neurology (ESPGHAN), and the National Association for Pediatric Neurology (NASPGHAN) recommend a comprehensive approach that combines family education, dietary interventions, healthy habits, and pharmacological treatment when necessary2,4,5,7. Polyethylene glycol (PEG) is considered the first-line laxative due to its efficacy and safety2,4,7. The importance of promoting breastfeeding and establishing healthy bowel habits is also emphasized1,3,9.

The role of nursing is key in early detection, health education, follow-up, and improving treatment adherence5,7. Current evidence shows that a coordinated, family-centered approach between nursing and pediatrics reduces unnecessary medicalization and optimizes clinical outcomes4,5.

KEY WORDS

Estreñimiento, lactante, atención primaria, cuidados de enfermería, pediatría, guías clínicas.

INTRODUCCIÓN

El estreñimiento en la población pediátrica constituye uno de los motivos de consulta más frecuentes en Atención Primaria y en los servicios de pediatría, con especial prevalencia durante el primer año de vida1,3,7. En los lactantes se manifiesta como dificultad o disminución de la frecuencia de las deposiciones, acompañada de dolor, heces duras y malestar, lo que puede generar rechazo alimentario y, en casos prolongados, complicaciones como la impactación fecal8. Aunque la frecuencia de las evacuaciones en los primeros meses es muy variable, en ausencia de signos de alarma la causa es funcional en aproximadamente el 90–95% de los casos1,2,7.

Este problema genera preocupación en las familias y una elevada demanda asistencial, especialmente cuando no se dispone de un abordaje estructurado5,7. En lactantes menores de seis meses resulta fundamental descartar etiologías orgánicas como la enfermedad de Hirschsprung, el hipotiroidismo congénito, la alergia a proteínas de leche de vaca o alteraciones anatómicas1,2,6. Las guías recientes de ESPGHAN/NASPGHAN y de la Asociación Española de Pediatría subrayan la importancia de una evaluación basada en la historia clínica, la identificación de signos de alarma y la aplicación de intervenciones escalonadas2,5,7.

En este contexto, el profesional de enfermería desempeña un papel esencial en Atención Primaria mediante el triage, la educación sanitaria, el seguimiento y la coordinación con pediatría5,7. Su participación es clave para la detección precoz de complicaciones, la orientación a las familias y la mejora de los resultados clínicos, contribuyendo a prevenir la cronificación del estreñimiento y a optimizar la calidad de vida del lactante4,5.

OBJETIVOS

Objetivo general:

Evaluar sistemáticamente la evidencia científica reciente (2020–2025) sobre el estreñimiento en lactantes, incluyendo su diagnóstico, tratamiento y el papel de la enfermería en Atención Primaria.

Objetivos específicos:

  • Sintetizar la epidemiología, fisiopatología y criterios diagnósticos del estreñimiento en lactantes.
  • Analizar las recomendaciones actuales de las principales guías clínicas y la evidencia terapéutica disponible.
  • Evaluar el papel de la enfermería en la educación, seguimiento y manejo en Atención Primaria.

 

METODOLOGÍA

Se realizó una búsqueda estructurada y narrativa de literatura científica y guías clínicas publicadas entre 2020 y 2026 en las principales bases de datos biomédicas: PubMed/MEDLINE, Scopus, Web of Science y Google Scholar1,2,4,7,8. La búsqueda se complementó con documentos procedentes de sociedades científicas pediátricas nacionales e internacionales, así como con protocolos asistenciales de hospitales y servicios de Atención Primaria españoles2,3,5,6,10.

Se seleccionaron ensayos clínicos, estudios observacionales, revisiones sistemáticas y narrativas, guías de práctica clínica y documentos técnicos relevantes1,2,3,7,8,10. También se incorporaron guías previas de ESPGHAN/NASPGHAN, AEP y SEGHNP cuando seguían vigentes o en proceso de actualización2,3,5,6. La evidencia se evaluó siguiendo criterios de calidad metodológica aceptados en medicina basada en la evidencia, aplicando el sistema GRADE cuando estaba disponible2,7,8.

RESULTADOS

1. Epidemiología:

La prevalencia del estreñimiento funcional en el primer año de vida varía según la población y los criterios diagnósticos utilizados, situándose alrededor del 2,9% en menores de un año, aunque algunos estudios reportan cifras superiores al 25% dependiendo de la definición, la edad y el contexto analizado1,4,7,8. Su aparición se asocia con frecuencia a la transición de lactancia materna a fórmula y a la introducción de alimentos sólidos1,4,9. Algunos estudios describen una ligera mayor prevalencia en niñas, aunque la evidencia no es consistente7,8. Aun así, constituye un motivo frecuente de consulta durante el primer año de vida1,3.

Clínicamente, el estreñimiento funcional se manifiesta por disminución de la frecuencia de las deposiciones respecto al patrón habitual, heces duras y voluminosas, dolor o malestar durante la evacuación, llanto, posturas de retención y distensión abdominal1,2,4. En lactantes amamantados, la presencia de deposiciones infrecuentes pero de consistencia blanda puede considerarse normal si no existen signos de malestar1,2,7.

Más del 90% de los casos en lactantes corresponden a estreñimiento funcional1,2,6. Su fisiopatología incluye retención voluntaria secundaria a deposiciones dolorosas, cambios dietéticos que modifican la consistencia fecal, inmadurez neuromuscular del colon y factores psicosociales o ambientales2,7,8. La incidencia es mayor en lactantes alimentados con fórmula que en aquellos con lactancia materna exclusiva, debido a diferencias en la composición de grasas, proteínas y osmolaridad1,2,9.

2. Diagnóstico:

El diagnóstico del estreñimiento en lactantes es fundamentalmente clínico y se basa en una historia detallada, una exploración física completa y la identificación de signos de alarma1,2,5,7. Las guías actuales recomiendan recoger información sobre la edad de inicio, la frecuencia y consistencia de las deposiciones (utilizando la escala de Bristol adaptada), la presencia de dolor, sangrado o esfuerzo excesivo, el tipo de alimentación, la medicación concomitante y los antecedentes familiares1,2,5,7. La exploración física debe incluir la evaluación del crecimiento, la inspección anal, la valoración del tono rectal y la búsqueda de signos neurológicos1,2.

Los criterios de Rome IV constituyen el estándar diagnóstico para el estreñimiento funcional en lactantes y niños, evitando pruebas complementarias innecesarias cuando no existen signos de alarma2,7,8. Estos criterios requieren la presencia de al menos dos de los siguientes síntomas durante un periodo determinado: menos de dos o tres deposiciones por semana, heces duras o dolorosas, retención fecal o posturas retentivas, y presencia de una masa fecal importante en el recto o episodios de incontinencia fecal asociada2,8. En lactantes no entrenados para el control de esfínteres, su interpretación debe ajustarse a la edad y al patrón fisiológico normal2,7.

Los signos de alarma que sugieren una posible etiología orgánica incluyen retraso en la expulsión del meconio más allá de las 48 horas, inicio muy temprano de los síntomas, vómitos biliosos, distensión abdominal marcada, sangrado rectal persistente sin fisura anal, fallo en la ganancia ponderal, síntomas neurológicos o dolor persistente1,2,6,7. Ante su presencia, se requiere derivación urgente a pediatría especializada y la realización de estudios diagnósticos adicionales2,6.

El manejo inicial en Atención Primaria se centra en intervenciones no farmacológicas, especialmente la educación sanitaria1,3,5. El personal de enfermería desempeña un papel clave explicando la fisiología normal del lactante, corrigiendo falsas creencias como la necesidad de una deposición diaria y enseñando técnicas de masaje abdominal y movilización que favorecen el tránsito intestinal1,3,5. Estas intervenciones permiten orientar adecuadamente a las familias y optimizar el abordaje del estreñimiento funcional desde los primeros niveles asistenciales3,5.

3. Fisiopatología:

El estreñimiento funcional en lactantes es un trastorno del intestino en el que intervienen factores conductuales, neurogastrointestinales y la adaptación del niño a los cambios en su patrón alimentario2,7,8. La retención voluntaria tras experiencias dolorosas puede iniciar un círculo vicioso de distensión rectal y disminución de la sensibilidad, lo que agrava la sintomatología2,8.

Su origen suele ser multifactorial e incluye la inmadurez de la motilidad intestinal, los cambios dietéticos como la transición de lactancia materna exclusiva a fórmula o la introducción de alimentos sólidos, la baja ingesta de líquidos y las modificaciones en la composición de la dieta1,2,4,7. También influyen factores conductuales y la ansiedad familiar ante la defecación dolorosa7,8.

En los lactantes alimentados con leche materna exclusiva, las deposiciones pueden ser infrecuentes pero de consistencia normal debido a la alta absorción de nutrientes y al bajo residuo fecal, lo que no debe confundirse con estreñimiento verdadero1,2,7.

4. Diferenciación entre estreñimiento funcional y trastornos orgánicos:

Aunque la mayoría de los casos son funcionales, signos de alarma que requieren evaluación especializada incluyen retraso significativo en la expulsión de meconio neonatal, vómitos biliosos persistentes, distensión abdominal marcada, sangre rectal sin relación al trauma mecánico, crecimiento deficiente o pérdida de peso, anomalías en el periné o espina bífida y ante cualquier característica sugestiva de patología orgánica, debe remitirse de forma urgente a pediatría o gastroenterología pediátrica1,2,6,7.

5. Manejo en Atención Primaria:

5.1. Educación y apoyo a la familia:

La educación de los cuidadores es fundamental1,3,5. El personal de enfermería juega un papel clave explicando la normalidad de variaciones en el patrón de deposiciones en lactantes saludables, la importancia de evitar maniobras invasivas innecesarias (p. ej., estimulación rectal sin indicación clara), identificar señales que requieren consulta médica o derivación y establecer hábitos de deposición regulares, con tiempos tranquilos y sin presión1,3,5.

La educación sanitaria debe enfatizar que el tratamiento puede requerir varias semanas para observar mejoría sostenida, y que la constancia en las medidas recomendadas es crítica1,4,5.

5.2. Medidas Dietéticas y de Hábitos

Si el lactante ha comenzado alimentación complementaria, se debe considerar ajustes de la dieta progresiva, introduciendo frutas y vegetales ricos en agua y fibra adecuados para la edad, asegurar una ingesta de líquidos adecuada aunque la evidencia de que un aumento de líquidos por sí solo mejore el estreñimiento es limitada, es razonable medir la ingesta total2,4,7,9.

La evidencia actual es heterogénea en cuanto a la eficacia de fibra suplementaria, probióticos o prebióticos específicos, y no existe consenso firme para recomendaciones rutinarias en todos los casos2,4,8. No obstante, una dieta equilibrada acorde con las guías de alimentación complementaria es parte de una estrategia integral4,5.

5.3. Tratamiento Farmacológico:

Las guías pediátricas basadas en evidencia recomiendan Polietilenglicol (PEG) como tratamiento de elección para la desimpactación y mantenimiento en lactantes mayores de 6 meses si hay estreñimiento sintomático con heces duras o impacto fecal clínicamente significativo2,6,7,10. El PEG actúa como un laxante osmótico que retiene agua en las heces, facilitando su paso sin absorberse sistemáticamente ni ser metabolizado por la microbiota2,7. La dosis y duración deben ajustarse según edad, peso y respuesta clínica, con seguimiento estrecho desde Atención Primaria. Otras opciones como lactulosa pueden utilizarse en caso de intolerancia al PEG, aunque con eficacia variable1,2. El uso de enemas o supositorios se reserva para casos específicos, difícil tolerancia al tratamiento oral o en presencia de impactación fecal severa, y bajo supervisión médica2,6,10.

5.4. Intervenciones de Enfermería:

La enfermería desempeña un papel en la valoración rutinaria de los patrones de deposición, consistencia y síntomas asociados, registro y seguimiento de progresos y efectos adversos al tratamiento, Educación sobre señales de alarma y cuándo derivar al pediatra o gastroenterólogo y apoyo emocional a los cuidadores para asegurar adherencia al tratamiento y reducir ansiedad familiar1,3,5,7.

 

DISCUSIÓN-CONCLUSIONES

Los resultados de esta revisión muestran que el estreñimiento funcional en lactantes continúa siendo un motivo de consulta frecuente en Atención Primaria, pese a tratarse en la mayoría de los casos de un proceso benigno y autolimitado1,3,5,7. La variabilidad en la prevalencia reportada refleja diferencias en los criterios diagnósticos utilizados, la heterogeneidad de las poblaciones estudiadas y la falta de estandarización en la evaluación clínica1,4,7. En este sentido, la adopción de los criterios de Rome IV ha supuesto un avance significativo al proporcionar un marco diagnóstico claro que reduce la realización de pruebas innecesarias y facilita la identificación de signos de alarma2,8.

La evidencia reciente confirma que la fisiopatología del estreñimiento funcional en lactantes es multifactorial, combinando inmadurez neuromuscular, cambios dietéticos y factores conductuales1,2,7,8. Este enfoque integrador permite comprender por qué la transición alimentaria ya sea a fórmula o a sólidos, constituye un momento crítico en la aparición de síntomas1,7,9. Asimismo, se destaca la importancia de diferenciar las deposiciones infrecuentes pero normales en lactantes amamantados del estreñimiento verdadero, evitando intervenciones innecesarias1,2.

En cuanto al manejo, las guías internacionales coinciden en priorizar las intervenciones no farmacológicas, especialmente la educación sanitaria dirigida a las familias2,3,5,7. La enfermería emerge como un pilar fundamental en este proceso, no solo por su cercanía con los cuidadores, sino por su capacidad para detectar signos de alarma, promover hábitos saludables y garantizar la continuidad asistencial3,5,7. El papel de la educación en la reducción de la ansiedad familiar y en la prevención de la medicalización excesiva es especialmente relevante3,5.

Respecto al tratamiento farmacológico, el polietilenglicol (PEG) se consolida como la opción de primera línea por su eficacia y perfil de seguridad2,6,10, mientras que otras alternativas como probióticos, prebióticos o intervenciones conductuales requieren mayor evidencia antes de recomendarse de forma rutinaria2,4,8. Este hallazgo subraya la necesidad de actualizar periódicamente los protocolos asistenciales para alinearlos con la evidencia más reciente4,6.

 

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