AUTORES
- Elena Desmartines Clemente. Graduada en Enfermería, Universidad San Jorge Zaragoza, Zaragoza, España.
- Celia López de la Rosa. Graduada en Enfermería, Universidad de Zaragoza, Zaragoza, España.
- Violeta Martínez Adiego. Graduada en Enfermería, Universidad de Zaragoza, Zaragoza, España.
- Cristina Lobera Fortea. Graduada en Enfermería, Universidad de Zaragoza, Zaragoza, España.
- Andrea Pérez Rodríguez. Graduada en Enfermería, Universidad de Zaragoza, Zaragoza, España.
RESUMEN
Introducción: La insuficiencia cardiaca es un síndrome clínico de elevada prevalencia, morbimortalidad y coste sanitario, cuya incidencia aumenta progresivamente con el envejecimiento poblacional. La educación terapéutica y el automanejo del paciente son pilares fundamentales en su abordaje, habiéndo demostrado que las intervenciones enfermeras estructuradas en consultas especializadas reducen de forma significativa las hospitalizaciones y mejoran la calidad de vida.
Presentación del caso: Varón de 46 años con diagnóstico reciente de miocardiopatía dilatada no isquémica con disfunción sistólica severa (FEVI 14%) que ingresa por insuficiencia cardiaca descompensada con edemas generalizados, disnea de mínimos esfuerzos y ortopnea. Tras la estabilización clínica es derivado a la consulta de enfermería de insuficiencia cardiaca, donde se realiza una valoración integral mediante las catorce necesidades de Virginia Henderson, escalas de valoración nutricional y de conocimientos, y se establece un plan de cuidados enfermero individualizado orientado al control de síntomas, la adherencia terapéutica, la modificación de hábitos dietéticos, la actividad física adaptada y el afrontamiento de la nueva situación de salud.
Conclusiones: La consulta de enfermería de insuficiencia cardiaca constituye un marco esencial para la educación terapéutica del paciente y su familia. La intervención enfermera estructurada, centrada en el automanejo y la toma de decisiones compartida, mejora el conocimiento del paciente sobre su enfermedad, favorece la adherencia al tratamiento y contribuye a prevenir las descompensaciones y reingresos hospitalarios.
PALABRAS CLAVE
Insuficiencia cardiaca, miocardiopatía dilatada, educación terapéutica, automanejo, cuidados de enfermería, adherencia terapéutica.
ABSTRACT
Introduction: Heart failure is a clinical syndrome characterized by high prevalence, morbidity, mortality, and healthcare costs; its incidence is progressively rising alongside the aging of the population. Therapeutic education and patient self-management are fundamental pillars of its management; structured nursing interventions delivered in specialized clinics have been shown to significantly reduce hospitalizations and improve quality of life.
Case presentation: A 46-year-old male, recently diagnosed with non-ischemic dilated cardiomyopathy and severe systolic dysfunction (LVEF 14%), was admitted due to decompensated heart failure presenting with generalized edema, dyspnea on minimal exertion, and orthopnea. Following clinical stabilization, he was referred to a specialized heart failure nursing clinic. There, a comprehensive assessment was conducted using Virginia Henderson’s fourteen basic needs framework, along with nutritional and knowledge assessment scales. An individualized nursing care plan was established, focusing on symptom control, treatment adherence, dietary habit modification, adapted physical activity, and coping strategies for his new health status.
Conclusions: The heart failure nursing clinic provides an essential setting for therapeutic education for both the patient and their family. Structured nursing intervention—centered on self-management and shared decision-making—improves the patient’s understanding of the disease, fosters treatment adherence, and helps prevent decompensation and hospital readmissions.
KEY WORDS
Heart failure, dilated cardiomyopathy, therapeutic education, self-management, nursing care, treatment adherence.
INTRODUCCIÓN
La insuficiencia cardiaca (IC) es un síndrome clínico complejo caracterizado por la incapacidad del corazón para bombear suficiente sangre para satisfacer las demandas metabólicas del organismo, o para hacerlo únicamente a expensas de presiones de llenado elevadas¹. Constituye uno de los principales problemas de salud pública a nivel mundial, con una prevalencia estimada del 1-2% en la población adulta de los países desarrollados, que asciende hasta el 10% en mayores de 70 años.² En España supone la primera causa de hospitalización en mayores de 65 años y genera un elevado coste sanitario, tanto por los ingresos hospitalarios como por el seguimiento ambulatorio que requiere³.
La miocardiopatía dilatada no isquémica es una de las causas más frecuentes de IC con fracción de eyección reducida en pacientes jóvenes. Se caracteriza por la dilatación y disfunción sistólica del ventrículo izquierdo en ausencia de enfermedad coronaria significativa, hipertensión arterial grave u otras causas secundarias identificables⁴. Su diagnóstico en personas jóvenes supone un impacto emocional y funcional de gran magnitud, con necesidad de importantes cambios en el estilo de vida y una adherencia estricta al tratamiento farmacológico.
En este contexto, las consultas de enfermería especializadas en IC han demostrado ser una intervención eficaz para mejorar los resultados en salud de estos pacientes. La educación terapéutica estructurada, el seguimiento estrecho y el apoyo al automanejo se asocian a una reducción significativa de las hospitalizaciones, una mejora de la calidad de vida y un aumento de la supervivencia⁵. La enfermera de IC actúa como nexo entre el paciente, la familia y el equipo médico, facilitando la toma de decisiones compartida y el empoderamiento del paciente en el manejo de su propia enfermedad.
OBJETIVO
El objetivo del presente trabajo es describir el abordaje enfermero de un paciente joven con diagnóstico reciente de miocardiopatía dilatada no isquémica e IC descompensada, atendido en la consulta de enfermería de IC, ilustrando el proceso de valoración integral, planificación de cuidados y educación terapéutica llevado a cabo.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Se presenta el caso de un varón de 46 años, 1,80 m de altura y 110,7 kg de peso (índice de masa corporal: 34,2 kg/m², obesidad grado I), casado y en situación de desempleo. Fumador activo. Sin alergias medicamentosas conocidas.
En marzo de 2021 ingresa en centro hospitalario por tromboembolismo pulmonar (TEP), neumonía bilateral y miocardiopatía severa. Se realiza resonancia magnética cardiaca que es sugestiva de miocardiopatía dilatada de origen isquémico con viabilidad, objetivándose ventrículo izquierdo dilatado con fracción de eyección del ventrículo izquierdo (FEVI) del 14%, ventrículo derecho de tamaño normal con fracción de eyección del ventrículo derecho (FEVD) del 36%, insuficiencia mitral severa y derrame pleural derecho. El cateterismo cardiaco posterior muestra coronarias angiográficamente sanas y FEVI severamente deprimida, descartando origen isquémico y confirmando el diagnóstico de miocardiopatía dilatada no isquémica con disfunción sistólica severa. El Holter registra extrasistolia ventricular aislada polimorfa escasa. Presenta además antecedente de dislipemia, bloqueo completo de rama izquierda del haz de His (BCRIHH) basal e intervenciones quirúrgicas previas de ligamento cruzado anterior, menisco y safenectomía bilateral. Los antecedentes familiares incluyen abuelo paterno fallecido por miocardiopatía.
El paciente acude a urgencias por aumento progresivo de edemas en extremidades inferiores, aumento del perímetro abdominal y empeoramiento de la disnea hasta hacerse de mínimos esfuerzos. Refiere ortopnea, con necesidad de incorporarse durante la noche para mejorar la dificultad respiratoria, y tos irritativa persistente. Niega dolor torácico. Presenta además edema palpebral bilateral.
En urgencias se realizan las siguientes pruebas complementarias: el electrocardiograma refleja ritmo sinusal a 110 lpm, PR de 0,14 segundos y BCRIHH de 0,15 segundos sin alteraciones agudas de la repolarización. La radiografía de tórax muestra derrame pleural derecho y signos de descompensación cardiaca. La analítica destaca una hemoglobina de 13,2 g/dl, leucocitos 7.970/μl, plaquetas 428.000/μl, INR 3, pro-BNP 6.027 pg/ml y PCR 13,5 mg/l, con PCR rápida negativa.
Se administra furosemida intravenosa y el paciente ingresa en el servicio de cardiología con diagnóstico de IC descompensada. Durante el ingreso se pautan dieta hiposódica, reposo en cama, control de diuresis y constantes por turno, oxigenoterapia si saturación inferior al 92% y tratamiento farmacológico. El ecocardiograma realizado durante el ingreso confirma miocardiopatía dilatada con disfunción sistólica severamente deprimida, insuficiencia mitral funcional moderada-severa, ventrículo derecho hipercontráctil e hipertensión pulmonar ligera. Al alta se objetiva mejoría clínica franca con tratamiento deplectivo, sin incidencias significativas ni eventos arrítmicos registrados en telemetría.
El tratamiento al alta incluye: Entresto 24/26 mg, Atorvastatina 20 mg, Bisoprolol 2,5 mg/24 horas, Furosemida 40 mg diario, Eplerenona 25 mg, Rivaroxabán 20 mg, Sacubitrilo/Valsartán 49/51 mg, Ivabradina 7,5 mg y Lansoprazol 15 mg.
Antes del alta se realiza una primera visita de la enfermera de la Unidad de IC en la habitación, centrada en la escucha activa. Se observa aumento del nerviosismo del paciente al comenzar a explicar las medidas higiénico-dietéticas, por lo que se aplaza la consulta educativa al domicilio, citándose para el día 21 de abril en la consulta de IC, y posteriormente el día 30 de abril en la consulta de IC del Hospital Universitario.
VALORACIÓN
VALORACIÓN INTEGRAL:
Valoración según las catorce necesidades de Virginia Henderson:
La recogida de datos se realiza mediante entrevista clínica, historia clínica, observación directa y pruebas diagnósticas disponibles, organizándose la información según el modelo de las catorce necesidades básicas de Virginia Henderson.
Necesidad 1: Respiración. La respiración se encuentra afectada por la disnea de mínimos esfuerzos y la ortopnea que presenta el paciente. Refiere necesidad de incorporarse por las noches para mejorar la dificultad respiratoria. Presenta tos irritativa persistente y clase funcional NYHA III. La saturación de oxígeno basal es del 98%, la frecuencia cardiaca de 70 lpm y la tensión arterial de 86/73 mmHg. Se auscultan crepitantes bibasales e hipoventilación derecha. No presenta cianosis. Es fumador activo.
Necesidad 2: Comer y beber adecuadamente. El paciente presenta obesidad grado I con un índice de masa corporal de 34,2 kg/m². Debe seguir una dieta hiposódica y restrictiva en líquidos, con un límite de 1,5 litros diarios incluyendo los líquidos de la alimentación, medida fundamental para evitar la sobrecarga de volumen y prevenir nuevas descompensaciones. No presenta dificultad para la masticación ni la deglución, ni alergias ni intolerancias alimentarias. Presenta edemas en ambas extremidades inferiores y a nivel palpebral, como manifestación de la retención hídrica.
Necesidad 3: Eliminación. El paciente es continente tanto urinaria como fecalmente, con deposición diaria de características normales. Debido a su situación clínica se encuentra en tratamiento diurético con furosemida y eplerenona, con necesidad de control estricto de diuresis para valorar la respuesta al tratamiento deplectivo.
Necesidad 4: Moverse y mantener una buena postura. La tolerancia a la actividad está gravemente limitada por la disnea de mínimos esfuerzos y la fatiga. El paciente refiere agotamiento al caminar 250 metros, con necesidad de detenerse y descansar. No presenta limitación articular ni deformidades. El tono muscular es adecuado y los movimientos son coordinados, aunque la capacidad funcional global está muy comprometida en el momento del ingreso.
Necesidad 5: Dormir y descansar. El sueño se encuentra alterado por la ortopnea y la disnea nocturna, que obligan al paciente a incorporarse para mejorar la dificultad respiratoria. Refiere despertares nocturnos frecuentes por sensación de falta de aire.
Necesidad 6: Vestirse y desvestirse. Autónomo para vestirse y desvestirse, con ropa apropiada y limpieza adecuada.
Necesidad 7: Mantener la temperatura corporal normal. Temperatura cutánea de 34,5ºC, coloración de piel normal. Es capaz de percibir los cambios de temperatura y adaptar su vestuario en consecuencia.
Necesidad 8: Mantenerse limpio y aseado. Buen aspecto general, uñas limpias y piel limpia. Mantiene hábito de aseo diario. Presenta lesiones en ambas extremidades inferiores por edemas con fóvea. A su llegada a urgencias se canaliza vía periférica en mano izquierda calibre nº 18, y al ingreso en planta de cardiología se canaliza nueva vía periférica en antebrazo izquierdo calibre nº 18.
Necesidad 9: Evitar peligros ambientales y daños a otras personas. Consciente y orientado. Se muestra preocupado y nervioso por su situación, refiriendo: “Estoy un poco preocupado por todo lo sucedido y mi situación actual. Necesito tener mucha información para poder llevarlo lo mejor posible.” No presenta dolor ni comportamientos de ansiedad patológica. Mantiene actitud colaboradora en todo momento.
Necesidad 10: Comunicación para expresar emociones, temores y necesidades. Correcta capacidad verbal y expresión no verbal, con adecuado nivel de comprensión y buena memoria. Es una persona sociable que expresa abiertamente sus sentimientos y sensaciones, tanto a nivel verbal como corporal. Reconoce sentir nerviosismo y cierto miedo ante su nueva situación de salud, y muestra gran interés por conocer todo lo relacionado con su enfermedad y su manejo.
Necesidad 11: Actuar según sus creencias. Muestra respeto y tolerancia. Refiere ser creyente.
Necesidad 12: Ocupación para sentirse realizado. Actualmente en situación de desempleo. Capaz de tomar decisiones de manera independiente.
Necesidad 13: Recreación y entretenimiento. Expresa no poder realizar las actividades que hacía anteriormente debido a la limitación funcional impuesta por su enfermedad. Se dedica a leer y ver la televisión como principales actividades de ocio.
Necesidad 14: Aprendizaje. El paciente expresa haber recibido información adecuada por parte del personal sanitario sobre su patología y proceso. Se muestra muy receptivo a recibir nueva información, pregunta sus dudas activamente y muestra gran interés por aprender a manejar su enfermedad de forma autónoma, lo que constituye un factor pronóstico favorable para la adherencia terapéutica.
Valoración con escalas:
Para complementar la valoración inicial se utilizan las siguientes herramientas:
En primer lugar, se realiza una encuesta de valoración inicial del paciente con IC, que recoge datos antropométricos cardiovasculares, antecedentes personales, presencia de síntomas de descompensación y hábitos de vida previos a la enfermedad. Los resultados evidencian obesidad, tabaquismo moderado, dislipemia, presencia de disnea, ortopnea, tos irritativa, cansancio intenso y edemas en extremidades inferiores como síntomas de descompensación activa. El paciente desconoce la mayoría de las medidas de automanejo de su enfermedad en el momento de la primera consulta.
En segundo lugar, se aplica el Cuestionario de Riesgo Nutricional “Conozca su salud nutricional”, que valora el estado nutricional del paciente y orienta las intervenciones dietéticas necesarias⁶. Los resultados indican la necesidad de cambios importantes en los hábitos alimentarios, siendo el objetivo principal la restricción de líquidos y sodio para evitar la sobrecarga de volumen cardiaco.
En tercer lugar, se realiza una evaluación de conocimientos, actitudes y habilidades del paciente sobre su proceso de enfermedad mediante una encuesta estructurada que valora áreas como el conocimiento de la IC, el régimen terapéutico, el autocontrol de la enfermedad, el control del peso, el estado nutricional y la tolerancia a la actividad⁷. Los resultados evidencian conocimientos previos muy escasos en todas las áreas evaluadas, lo que justifica una intervención educativa intensiva y estructurada por parte de enfermería.
Se valora asimismo la pertinencia de aplicar la Escala de Pfeiffer para el cribado cognitivo y la Escala de Barthel para la valoración funcional, con el objetivo de descartar deterioro cognitivo que pudiera comprometer la capacidad de automanejo y orientar las intervenciones de manera adaptada a las posibilidades reales del paciente.
PLAN DE CUIDADOS ENFERMERO
Control de síntomas y adherencia terapéutica:
El objetivo prioritario en este paciente es conseguir una adherencia total al tratamiento farmacológico y a las medidas de automanejo, dado que el conocimiento insuficiente del régimen terapéutico constituye el principal factor de riesgo de descompensación y reingreso hospitalario en el paciente con IC⁵.
La enfermera revisa con el paciente cada uno de los fármacos prescritos, explicando su nombre, mecanismo de acción simplificado, dosis, horario de administración, efectos esperados y principales efectos adversos a vigilar. Se insiste especialmente en la importancia de no suspender ni modificar ningún fármaco sin consultar previamente con el equipo sanitario, y en la necesidad de comunicar de forma precoz cualquier cambio en los síntomas habituales.
Se educa al paciente sobre los signos y síntomas de alarma que deben motivar un contacto urgente con el equipo sanitario o acudir a urgencias: aumento de peso superior a dos kilogramos en una semana, aumento de los edemas, empeoramiento de la disnea, aparición o aumento de la ortopnea, presencia de palpitaciones o síncope, y cualquier otro síntoma que el paciente perciba como diferente a su situación habitual⁸.
Se entrega al paciente material educativo en soporte papel que resume de forma clara y accesible toda la información transmitida, incluyendo el listado de medicación, los signos de alarma, las recomendaciones dietéticas y las pautas de actividad física. Este material actúa como refuerzo de la educación verbal y facilita la consulta en el domicilio.
Educación dietética y control del peso:
La dieta constituye uno de los pilares fundamentales del automanejo en el paciente con IC. Se explica al paciente la relación directa entre la ingesta de sodio y líquidos y la retención hídrica, y cómo esta puede desencadenar una descompensación cardiaca.
Se establecen las siguientes recomendaciones dietéticas individualizadas: restricción de sodio a menos de dos gramos diarios, evitando alimentos procesados, conservas, embutidos, quesos curados, aperitivos salados y el uso de sal en la preparación de los alimentos; restricción de líquidos a un máximo de 1,5 litros diarios, incluyendo el agua, los zumos, los caldos y los líquidos presentes en los alimentos; y reducción calórica moderada adaptada a las preferencias alimentarias del paciente para contribuir a la pérdida de peso, dado que la obesidad aumenta la precarga cardiaca y empeora la disnea⁹.
Se enseña al paciente a pesarse diariamente en las mismas condiciones, por la mañana en ayunas y tras la primera micción, registrando el peso en un diario de seguimiento. Se explica la interpretación de los resultados y las acciones a tomar ante variaciones significativas. Esta medida sencilla y reproducible es una de las estrategias de automanejo con mayor evidencia en la prevención de descompensaciones⁸.
Se facilitan ejemplos de menús diarios adaptados a las restricciones dietéticas y a los gustos del paciente, con el objetivo de hacer la dieta lo más llevadera posible y favorecer la adherencia a largo plazo.
Actividad física adaptada:
A pesar de la limitación funcional severa presente en el momento del ingreso, la actividad física adaptada y progresiva es una intervención recomendada en el paciente estable con IC con fracción de eyección reducida, habiéndose demostrado su beneficio sobre la capacidad funcional, la calidad de vida y la morbimortalidad¹⁰.
Se explica al paciente la importancia de no permanecer en reposo absoluto una vez superada la fase de descompensación aguda, y se establecen pautas de actividad progresiva adaptadas a su situación: inicio con paseos cortos de cinco a diez minutos a ritmo tranquilo, con aumento gradual de la duración e intensidad según tolerancia, evitando siempre el ejercicio que provoque disnea intensa, palpitaciones o mareo. Se recomienda el ejercicio aeróbico de baja intensidad, como caminar, como actividad principal, y se desaconseja el esfuerzo isométrico intenso.
Se instruye al paciente sobre la importancia de respetar los periodos de descanso, evitar los esfuerzos en las horas de mayor calor y suspender la actividad ante cualquier síntoma de alarma, contactando con el equipo sanitario si estos no ceden con el reposo.
Abordaje emocional y mejora del afrontamiento:
El diagnóstico reciente de una enfermedad cardiaca grave en un paciente de 46 años supone un impacto emocional de gran magnitud, con alteración de la imagen corporal, pérdida del rol laboral y social, y necesidad de afrontar cambios profundos en el estilo de vida. El nerviosismo y el miedo expresados por el paciente desde el primer contacto son respuestas comprensibles y esperadas ante esta situación.¹¹
La intervención enfermera en esta dimensión se basa en el establecimiento de una relación terapéutica de confianza, mediante la escucha activa, la actitud empática y la disponibilidad para responder a todas las dudas e inquietudes del paciente sin prisas ni juicios. Se facilita la expresión de sentimientos y se valida la experiencia emocional del paciente, normalizando sus reacciones.
Se trabaja con el paciente la identificación de objetivos realistas a corto y largo plazo, fomentando su autonomía y su participación activa en la toma de decisiones sobre su salud. Se refuerza positivamente cada avance conseguido en el proceso de aprendizaje y adaptación, con el objetivo de aumentar la autoeficacia percibida y la confianza en su capacidad de manejar la enfermedad¹¹.
Se informa al paciente sobre la posibilidad de recibir apoyo psicológico si en algún momento lo considera necesario, y se deja siempre abierta la puerta a consultar cualquier duda entre visitas.
Cesación tabáquica:
El tabaquismo activo constituye un factor de riesgo cardiovascular mayor que debe abordarse de forma explícita en el plan de cuidados de este paciente. Se realiza una intervención breve de consejo sanitario antitabaco, informando al paciente sobre el impacto directo del tabaco sobre la función cardiaca y su pronóstico, y ofreciendo derivación a un programa de cesación tabáquica si el paciente muestra disposición para el abandono¹².
DISCUSIÓN
El caso presentado refleja el perfil emergente del paciente joven con IC secundaria a miocardiopatía dilatada no isquémica, cuya atención plantea retos específicos en comparación con el paciente anciano con IC más frecuentemente descrito en la literatura. La juventud del paciente, su situación de desempleo, el impacto emocional del diagnóstico y la necesidad de cambios radicales en el estilo de vida condicionan de forma determinante el plan de cuidados enfermero.
La FEVI del 14% registrada en este paciente lo sitúa en el grupo de mayor riesgo de eventos adversos dentro de la IC con fracción de eyección reducida¹. Sin embargo, la evidencia disponible muestra que el tratamiento farmacológico optimizado con los cuatro pilares terapéuticos actuales —inhibidores del sistema renina-angiotensina-aldosterona, betabloqueantes, antagonistas del receptor de mineralocorticoides e inhibidores del cotransportador sodio-glucosa tipo 2— puede producir una recuperación significativa de la FEVI en pacientes con miocardiopatía dilatada no isquémica, especialmente en fases iniciales.¹ Este dato es especialmente relevante para la intervención educativa enfermera, ya que la adherencia estricta al tratamiento farmacológico adquiere en este contexto una importancia pronóstica directa que debe ser transmitida al paciente de forma clara y motivadora.
La consulta de enfermería de IC ha demostrado de forma consistente en la literatura su capacidad para reducir los reingresos hospitalarios y mejorar la calidad de vida en el paciente con IC⁵. Su efectividad se sustenta en la continuidad asistencial, la personalización de la educación terapéutica y la accesibilidad del paciente al equipo de enfermería ante cualquier duda o cambio en su situación clínica. En el caso descrito, la detección precoz del nerviosismo del paciente durante la primera visita en planta y la decisión de aplazar la consulta educativa a un momento de mayor tranquilidad refleja una práctica centrada en el paciente que favorece la receptividad y la retención de la información.
La evaluación de conocimientos realizada en la primera consulta evidenció un nivel muy bajo en todas las áreas valoradas, hallazgo coherente con la literatura que muestra que la mayoría de los pacientes con IC de nuevo diagnóstico presentan importantes déficits de conocimiento sobre su enfermedad en el momento del alta hospitalaria⁷. Este resultado justifica plenamente la inversión de tiempo y recursos en la educación terapéutica estructurada como intervención enfermera de primer orden.
El abordaje del tabaquismo activo, aunque no siempre recibe la atención que merece en el contexto de una IC descompensada aguda, forma parte indisociable del plan de cuidados a largo plazo. La cesación tabáquica es la intervención de modificación del estilo de vida con mayor impacto demostrado sobre la morbimortalidad cardiovascular y debe abordarse de forma sistemática en todos los pacientes con enfermedad cardiovascular establecida¹².
CONCLUSIONES
El abordaje enfermero del paciente con IC en la consulta especializada va mucho más allá de la transmisión de información sobre la enfermedad. Requiere una valoración integral que identifique las necesidades reales del paciente en todas sus dimensiones, un plan de cuidados individualizado que priorice los objetivos según la situación clínica y las capacidades del paciente, y una relación terapéutica basada en la confianza, la escucha activa y el respeto a la autonomía.
La educación terapéutica estructurada sobre el automanejo de la IC, incluyendo el control del peso diario, la restricción de sodio y líquidos, el reconocimiento de signos de alarma, la adherencia farmacológica y la actividad física adaptada, constituye la intervención enfermera con mayor impacto demostrado en la prevención de descompensaciones y reingresos hospitalarios.
El abordaje emocional del paciente joven con diagnóstico reciente de IC grave es un componente esencial del plan de cuidados que no debe subordinarse a los aspectos puramente clínicos. La intervención precoz sobre el miedo y el nerviosismo, el establecimiento de objetivos realistas y el fomento de la autoeficacia son determinantes para la adherencia terapéutica y la calidad de vida a largo plazo.
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