Mantenimiento de la normotermia perioperatoria: papel de la enfermería en la prevención de la hipotermia inadvertida y sus complicaciones. Trabajo monográfico

6 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Aroa Hijós Puig. Enfermera Interna Residente de EFyC. Centro de Salud de Barbastro, Aragón. España.
  2. María Andreu Martí. Enfermera en el Servicio Aragonés de Salud, Aragón. España.
  3. Laura Revuelto Mendoza. Enfermera en el Servicio Aragonés de Salud, Aragón. España.
  4. María Victoria Tolosa Pinilla. Enfermera en el Servicio Aragonés de Salud, Aragón. España.
  5. Julia Hernández Modrego. Enfermera en el Servicio Aragonés de Salud, Aragón. España.
  6. Verónica Muñoz Fernandez. Enfermera en el Servicio Aragonés de Salud, Aragón. España.

RESUMEN

La hipotermia perioperatoria inadvertida constituye una de las complicaciones más frecuentes durante el proceso quirúrgico y se asocia a un incremento de la morbimortalidad, las complicaciones postoperatorias y los costes sanitarios. El mantenimiento de la normotermia es una medida fundamental para garantizar la seguridad del paciente y favorecer una recuperación postoperatoria adecuada. El objetivo de este trabajo fue revisar la evidencia científica disponible sobre la hipotermia perioperatoria inadvertida, analizando sus mecanismos fisiopatológicos, los principales factores de riesgo, las complicaciones asociadas y el papel de la enfermería en la prevención y el mantenimiento de la normotermia. Para ello, se realizó una revisión narrativa de la literatura mediante una búsqueda bibliográfica en las bases de datos PubMed, CINAHL y Scopus, incluyendo artículos científicos, revisiones sistemáticas, metaanálisis y guías de práctica clínica publicados preferentemente en los últimos diez años. La evidencia revisada demuestra que la hipotermia perioperatoria incrementa el riesgo de infección del sitio quirúrgico, alteraciones cardiovasculares, coagulopatías, aumento del sangrado, retraso en la recuperación anestésica y prolongación de la estancia hospitalaria. Asimismo, confirma que la monitorización continua de la temperatura corporal, el precalentamiento preoperatorio, el calentamiento activo mediante sistemas de aire forzado y el calentamiento de fluidos intravenosos constituyen las estrategias más eficaces para prevenir esta complicación. La enfermería desempeña un papel esencial durante todo el periodo perioperatorio mediante la identificación de pacientes de riesgo, la aplicación de medidas preventivas, la monitorización de la temperatura y el seguimiento postoperatorio, contribuyendo de forma decisiva a mejorar la seguridad y la calidad de los cuidados.

Palabras clave

Hipotermia, período perioperatorio, enfermería perioperatoria, cuidados perioperatorios, monitorización fisiológica, seguridad del paciente.

ABSTRACT

Inadvertent perioperative hypothermia is one of the most common complications during the surgical process and is associated with increased morbidity, postoperative complications, and healthcare costs. Maintaining perioperative normothermia is essential to ensure patient safety and promote optimal postoperative recovery. The aim of this study was to review the available scientific evidence regarding inadvertent perioperative hypothermia, focusing on its pathophysiological mechanisms, risk factors, associated complications, and the role of nursing in its prevention and management. A narrative literature review was conducted using the PubMed, CINAHL, and Scopus databases. Scientific articles, systematic reviews, meta-analyses, and clinical practice guidelines published mainly within the last ten years were included. The reviewed evidence indicates that perioperative hypothermia is associated with an increased risk of surgical site infection, cardiovascular complications, coagulation disorders, greater blood loss, delayed anesthetic recovery, and prolonged hospital stay. Continuous temperature monitoring, preoperative prewarming, active forced-air warming systems, and warming of intravenous fluids were identified as the most effective strategies for preventing this complication. Perioperative nurses play a key role throughout the surgical process by identifying high-risk patients, implementing preventive measures, monitoring body temperature, and providing postoperative follow-up, thereby contributing significantly to patient safety and the quality of perioperative care.

Key words

Hypothermia, perioperative period, perioperative nursing, perioperative care, physiologic monitoring, patient safety.

INTRODUCCIÓN

La hipotermia perioperatoria inadvertidaHPI constituye una de las complicaciones más frecuentes durante el proceso quirúrgico y continúa representando un importante problema de seguridad del paciente. Se define como una temperatura corporal central inferior a 36 °C durante cualquier fase del periodo perioperatorio y puede afectar entre el 50 y el 90 % de los pacientes sometidos a cirugía bajo anestesia general o regional cuando no se aplican medidas preventivas adecuadas1,2,3.

El mantenimiento de la normotermia resulta esencial para garantizar el correcto funcionamiento de los procesos fisiológicos y favorecer una recuperación postoperatoria segura. Sin embargo, la acción de los agentes anestésicos, la exposición al ambiente del quirófano, la administración de fluidos intravenosos a temperatura ambiente y la duración de la intervención alteran los mecanismos normales de termorregulación, favoreciendo el descenso de la temperatura corporal2.

La hipotermia perioperatoria se asocia a un aumento de la morbimortalidad y de las complicaciones postoperatorias, entre las que destacan la infección del sitio quirúrgico, las alteraciones de la coagulación, el incremento del sangrado, la aparición de eventos cardiovasculares, el retraso en la recuperación anestésica y el aumento de la estancia hospitalaria, con el consiguiente incremento de los costes sanitarios1,3,4

En los últimos años, diferentes sociedades científicas y organismos internacionales han publicado recomendaciones dirigidas a prevenir la hipotermia perioperatoria mediante la monitorización continua de la temperatura corporal y la aplicación de sistemas de calentamiento activo durante todo el proceso quirúrgico2,5,6. En este contexto, la enfermería desempeña un papel fundamental en la identificación de los pacientes de riesgo, la implementación de medidas preventivas, la vigilancia continua y la aplicación de protocolos basados en la evidencia científica, contribuyendo de forma decisiva a mejorar la seguridad y la calidad de la atención perioperatoria5,7.

Por ello, el objetivo de este trabajo es revisar la evidencia científica disponible sobre el mantenimiento de la normotermia perioperatoria, analizando los factores implicados en el desarrollo de la hipotermia inadvertida, sus principales complicaciones y las intervenciones enfermeras dirigidas a su prevención.

OBJETIVOS

Objetivo general:

Actualizar los conocimientos sobre el mantenimiento de la normotermia perioperatoria y analizar el papel de la enfermería en la prevención de la hipotermia perioperatoria inadvertida y sus principales complicaciones.

Objetivos específicos:

Describir los mecanismos implicados en la aparición de la hipotermia perioperatoria.

Analizar las principales complicaciones asociadas al descenso de la temperatura corporal durante el proceso quirúrgico.

Revisar las estrategias actuales para la prevención y el tratamiento de la hipotermia perioperatoria.

Destacar las principales intervenciones enfermeras dirigidas al mantenimiento de la normotermia.

METODOLOGÍA

Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica sobre la hipotermia perioperatoria inadvertida y las estrategias para el mantenimiento de la normotermia durante el proceso quirúrgico.

La búsqueda bibliográfica se llevó a cabo en las bases de datos PubMed, CINAHL y Scopus. Se incluyeron artículos publicados preferentemente en los últimos diez años, en español e inglés, relacionados con la prevención de la hipotermia perioperatoria, la monitorización de la temperatura y los cuidados de enfermería en el paciente quirúrgico. También se incorporaron publicaciones de mayor antigüedad cuando, por su relevancia científica, se consideraron fundamentales para el desarrollo del trabajo.

RESULTADOS

Hipotermia perioperatoria inadvertida: fisiopatología y mecanismos implicados:

La temperatura corporal constituye uno de los principales indicadores de la homeostasis del organismo y se mantiene, en condiciones fisiológicas, dentro de un estrecho rango de aproximadamente 36,5-37,5 °C gracias a un complejo sistema de termorregulación controlado por el hipotálamo. Este centro integrador recibe información procedente de termorreceptores centrales y periféricos y coordina diferentes respuestas autónomas y conductuales destinadas a conservar el equilibrio entre la producción y la pérdida de calor. Entre los principales mecanismos efectores destacan la vasoconstricción y la vasodilatación cutánea, la sudoración, los escalofríos y la termogénesis metabólica, cuya activación depende de pequeñas variaciones en la temperatura corporal central2.

Durante el proceso quirúrgico, estos mecanismos fisiológicos se ven alterados por diversos factores relacionados con la anestesia, el procedimiento quirúrgico y las condiciones ambientales del quirófano. Como consecuencia, el paciente presenta una mayor susceptibilidad a desarrollar hipotermia perioperatoria inadvertida, definida como una temperatura corporal central inferior a 36 °C en cualquier momento del periodo perioperatorio. Esta alteración continúa siendo una de las complicaciones más frecuentes de la cirugía, a pesar de la disponibilidad de estrategias preventivas eficaces y de las recomendaciones emitidas por diferentes sociedades científicas internacionales5

El descenso de la temperatura corporal tras la inducción anestésica sigue un patrón relativamente constante y se desarrolla en tres fases. La primera corresponde a la redistribución rápida del calor desde el compartimento central hacia los tejidos periféricos como consecuencia de la vasodilatación inducida por los anestésicos. Esta fase constituye el principal mecanismo responsable de la hipotermia inicial y puede ocasionar una disminución de entre 1 y 1,5 °C durante la primera hora de anestesia, incluso cuando el paciente permanece adecuadamente cubierto4.

Posteriormente, durante la segunda fase, la temperatura continúa descendiendo de forma más lenta debido a que las pérdidas de calor superan la producción metabólica. En este periodo adquieren especial importancia las condiciones ambientales del quirófano y la exposición prolongada de superficies corporales durante la intervención. Finalmente, tras varias horas de cirugía, algunos pacientes alcanzan una tercera fase caracterizada por la estabilización de la temperatura corporal como consecuencia de la activación parcial de la vasoconstricción periférica. No obstante, esta respuesta termorreguladora permanece considerablemente deprimida durante la anestesia general y puede verse aún más limitada en pacientes de edad avanzada o con enfermedades crónicas8.

Los anestésicos generales modifican profundamente los mecanismos de termorregulación. Los agentes inhalatorios, el propofol y numerosos fármacos opioides producen vasodilatación periférica, disminuyen el metabolismo basal e incrementan el umbral necesario para desencadenar respuestas frente al frío, como la vasoconstricción o los escalofríos. Como resultado, el organismo pierde la capacidad de conservar el calor corporal de forma eficaz durante la intervención quirúrgica.

Aunque tradicionalmente se ha considerado que la anestesia regional presenta un menor riesgo de hipotermia, diversos estudios han demostrado que también altera significativamente la termorregulación. El bloqueo simpático favorece la vasodilatación de las extremidades anestesiadas, aumenta la redistribución del calor y modifica la percepción térmica del paciente, lo que dificulta la identificación precoz del descenso de la temperatura corporal. Cuando la anestesia regional se combina con anestesia general, el riesgo de desarrollar hipotermia aumenta de forma significativa9.

Además de la alteración de los mecanismos fisiológicos de termorregulación, durante el procedimiento quirúrgico se producen pérdidas continuas de calor hacia el ambiente. La radiación constituye el principal mecanismo responsable, representando aproximadamente el 60 % de las pérdidas térmicas, seguida de la convección, la evaporación y la conducción. La exposición del campo quirúrgico, la utilización de soluciones antisépticas, la administración de fluidos intravenosos o líquidos de irrigación a temperatura ambiente y las bajas temperaturas habituales del quirófano contribuyen de forma importante al desarrollo de hipotermia, especialmente en procedimientos prolongados2.

La intensidad del descenso térmico no depende únicamente del tipo de anestesia o del procedimiento realizado, sino también de las características individuales de cada paciente. La edad avanzada, el bajo índice de masa corporal, la presencia de enfermedades endocrinas o cardiovasculares, el estado nutricional deficiente y la existencia de hipotermia preoperatoria se consideran algunos de los principales factores predisponentes. Asimismo, las intervenciones de larga duración, la cirugía abdominal o torácica extensa y la administración de grandes volúmenes de fluidos intravenosos incrementan significativamente el riesgo de desarrollar hipotermia perioperatoria inadvertida10.

En conjunto, estos mecanismos explican por qué la hipotermia perioperatoria continúa representando un importante problema de seguridad clínica. Su aparición no responde a una única causa, sino a la interacción de múltiples factores fisiológicos, anestésicos, quirúrgicos y ambientales que actúan de manera simultánea durante todo el proceso perioperatorio. Por este motivo, las estrategias preventivas deben iniciarse antes de la intervención y mantenerse de forma continuada hasta la recuperación del paciente, siendo la enfermería uno de los profesionales con mayor capacidad para detectar precozmente el riesgo e implementar medidas basadas en la evidencia científica.

Factores de riesgo asociados a la hipotermia perioperatoria inadvertida:

La aparición de hipotermia perioperatoria es un proceso multifactorial en el que intervienen variables relacionadas con el paciente, el procedimiento quirúrgico, la técnica anestésica y las condiciones ambientales del quirófano. La identificación precoz de estos factores permite establecer estrategias preventivas individualizadas, siendo una de las responsabilidades fundamentales del personal de enfermería durante la valoración preoperatoria.

Factores dependientes del paciente:

Las características individuales del paciente influyen de forma significativa en su capacidad para mantener la temperatura corporal durante la cirugía. La edad avanzada constituye uno de los factores de riesgo más importantes, ya que el envejecimiento se asocia a una disminución del metabolismo basal, una menor capacidad de vasoconstricción periférica y una respuesta termorreguladora menos eficaz frente al frío. Del mismo modo, los pacientes pediátricos presentan un mayor riesgo debido a su elevada relación superficie corporal-peso, que favorece una pérdida de calor más rápida2,11

El índice de masa corporal también desempeña un papel relevante. Las personas con bajo peso o escasa reserva de tejido adiposo poseen una menor capacidad de aislamiento térmico, lo que incrementa la velocidad de pérdida de calor. Por el contrario, la obesidad parece ejercer un cierto efecto protector al disminuir la redistribución térmica y reducir las pérdidas de calor hacia el ambiente, aunque este efecto no elimina la necesidad de aplicar medidas preventivas.

Diversas patologías crónicas pueden alterar los mecanismos fisiológicos de termorregulación. Entre ellas destacan el hipotiroidismo, la diabetes mellitus con neuropatía autonómica, las enfermedades cardiovasculares y determinadas alteraciones neurológicas. Asimismo, algunos tratamientos farmacológicos, como los sedantes, los antidepresivos, los betabloqueantes o los vasodilatadores, pueden modificar las respuestas normales frente al frío y favorecer el desarrollo de hipotermia8,9.

Otro factor determinante es la temperatura corporal previa a la intervención. Los pacientes que acceden al bloque quirúrgico con temperaturas inferiores a 36 °C presentan una mayor probabilidad de desarrollar hipotermia intraoperatoria, incluso cuando se aplican medidas de calentamiento activo. Por ello, las guías clínicas recomiendan valorar sistemáticamente la temperatura preoperatoria y corregir cualquier descenso antes del inicio de la anestesia.

Factores relacionados con el procedimiento quirúrgico:

La duración de la intervención constituye uno de los factores más estrechamente relacionados con el descenso progresivo de la temperatura corporal. Cuanto mayor es el tiempo quirúrgico, mayor es la exposición del paciente al ambiente frío del quirófano y más prolongada resulta la acción depresora de los anestésicos sobre los mecanismos termorreguladores.

El tipo de cirugía también influye de forma considerable. Las intervenciones abdominales, torácicas, vasculares y traumatológicas suelen asociarse a una mayor pérdida térmica debido a la amplia exposición de cavidades corporales y a la utilización frecuente de soluciones de irrigación. Del mismo modo, las cirugías con pérdidas sanguíneas importantes o que requieren transfusión masiva presentan un riesgo elevado de hipotermia si los hemoderivados no se administran previamente calentados6.

La administración de grandes volúmenes de fluidos intravenosos o de soluciones de irrigación a temperatura ambiente representa otro factor de riesgo ampliamente reconocido. Diversos estudios han demostrado que incluso pequeñas cantidades de líquidos fríos pueden producir descensos clínicamente relevantes de la temperatura central cuando la exposición es prolongada12.

Factores relacionados con la anestesia:

La anestesia constituye el principal desencadenante de la hipotermia perioperatoria. Tanto la anestesia general como la regional alteran los mecanismos normales de termorregulación, aunque mediante mecanismos fisiopatológicos diferentes.

En la anestesia general, la inhibición de la vasoconstricción y de los escalofríos, junto con la vasodilatación periférica inducida por los agentes anestésicos, favorece una rápida redistribución del calor corporal durante la primera hora tras la inducción. Además, la reducción del metabolismo basal disminuye la producción endógena de calor, contribuyendo al mantenimiento de temperaturas corporales inferiores a la normalidad durante toda la intervención8.

En la anestesia regional, el bloqueo simpático provoca vasodilatación en los territorios anestesiados e interfiere en la transmisión de estímulos térmicos hacia el sistema nervioso central. Como consecuencia, el hipotálamo interpreta de forma errónea la temperatura periférica y retrasa la activación de los mecanismos defensivos frente al frío. Cuando ambas técnicas anestésicas se combinan, el riesgo de hipotermia aumenta considerablemente9.

Factores ambientales:

Las condiciones ambientales del bloque quirúrgico desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento de la temperatura corporal. Habitualmente, la temperatura del quirófano se mantiene entre 18 y 21 °C para garantizar el confort del equipo quirúrgico y limitar el crecimiento bacteriano. Sin embargo, estas temperaturas son muy inferiores a la zona de confort térmico del paciente anestesiado, favoreciendo pérdidas continuas de calor por radiación y convección.

La exposición prolongada de amplias superficies corporales, la utilización de soluciones antisépticas alcohólicas, la humedad derivada del procedimiento quirúrgico y la circulación constante de aire en el quirófano incrementan aún más dichas pérdidas. En consecuencia, la aplicación de medidas de calentamiento activo debe iniciarse antes de que aparezca el descenso de la temperatura, ya que resulta considerablemente más eficaz prevenir la hipotermia que corregirla una vez instaurada.

La combinación de estos factores explica que la hipotermia perioperatoria sea una complicación frecuente incluso en pacientes sometidos a procedimientos de baja complejidad. Por ello, las principales sociedades científicas recomiendan realizar una valoración sistemática del riesgo de hipotermia antes de cualquier intervención quirúrgica y adaptar las medidas preventivas a las características individuales de cada paciente10.

Complicaciones asociadas a la hipotermia perioperatoria inadvertida:

La hipotermia perioperatoria inadvertida no solo altera la temperatura corporal del paciente, sino que desencadena una serie de cambios fisiológicos capaces de afectar prácticamente a todos los sistemas del organismo. Numerosos estudios han demostrado que incluso descensos leves de la temperatura central, comprendidos entre 1 y 2 °C, incrementan significativamente el riesgo de complicaciones postoperatorias, prolongan la recuperación y aumentan los costes derivados de la asistencia sanitaria1,8.

Alteraciones cardiovasculares

Las complicaciones cardiovasculares constituyen una de las consecuencias más relevantes de la hipotermia perioperatoria, especialmente en pacientes de edad avanzada o con enfermedad cardiovascular previa. El descenso de la temperatura corporal activa el sistema nervioso simpático, incrementando la liberación de catecolaminas y produciendo vasoconstricción periférica, aumento de la resistencia vascular sistémica y mayor consumo de oxígeno por parte del miocardio8,13.

Esta respuesta fisiológica favorece la aparición de hipertensión arterial, taquicardia y alteraciones del ritmo cardíaco durante el periodo perioperatorio. Cuando la hipotermia es más intensa, también puede producir bradicardia, prolongación del intervalo QT y un mayor riesgo de arritmias ventriculares potencialmente graves. Además, el aumento del trabajo cardíaco puede precipitar episodios de isquemia miocárdica en pacientes con cardiopatía isquémica o insuficiencia coronaria13.

Diversos estudios han observado que mantener la normotermia durante la cirugía reduce la incidencia de eventos cardíacos postoperatorios y mejora la estabilidad hemodinámica, motivo por el cual las principales guías clínicas consideran el control de la temperatura una medida esencial para disminuir el riesgo cardiovascular asociado al acto quirúrgico.

Alteraciones de la coagulación y aumento del sangrado:

La coagulación es uno de los procesos fisiológicos más sensibles a las variaciones de la temperatura corporal. La hipotermia disminuye la actividad enzimática de la cascada de coagulación, altera la función plaquetaria y prolonga el tiempo necesario para la formación del coágulo. Como consecuencia, aumenta el sangrado intraoperatorio y la necesidad de transfusión de hemoderivados14.

Diversos ensayos clínicos han demostrado que los pacientes normotérmicos presentan menores pérdidas sanguíneas durante la cirugía y requieren un menor número de transfusiones en comparación con aquellos que desarrollan hipotermia. Este aspecto resulta especialmente relevante en cirugía ortopédica, vascular y abdominal mayor, donde el volumen de pérdidas hemáticas puede ser considerable14.

Asimismo, el empleo de fluidos intravenosos y productos sanguíneos previamente calentados ha demostrado reducir el deterioro de la coagulación asociado al descenso de la temperatura corporal, constituyendo una de las intervenciones preventivas con mayor respaldo científico12.

Infección del sitio quirúrgico y alteración de la cicatrización:

La relación entre hipotermia perioperatoria e infección del sitio quirúrgico ha sido ampliamente descrita en la literatura científica. El descenso de la temperatura corporal provoca vasoconstricción periférica, disminuyendo el flujo sanguíneo hacia los tejidos y reduciendo el aporte de oxígeno a la herida quirúrgica. Esta situación compromete la función de los neutrófilos y limita la capacidad del sistema inmunitario para eliminar microorganismos presentes durante la intervención15.

Además, la disminución de la perfusión tisular retrasa la síntesis de colágeno y otros procesos implicados en la cicatrización, favoreciendo la dehiscencia de la herida y aumentando la probabilidad de desarrollar infecciones postoperatorias. En un estudio clásico realizado por Sessler y colaboradores, los pacientes que mantuvieron una temperatura corporal normal durante la cirugía presentaron una incidencia significativamente menor de infección de la herida quirúrgica en comparación con aquellos que desarrollaron hipotermia inadvertida.

La prevención de la hipotermia constituye, por tanto, una medida indirecta de prevención de las infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria, especialmente en procedimientos con elevado riesgo de contaminación o larga duración15.

Retraso en la recuperación anestésica:

Otra consecuencia frecuente de la hipotermia es la prolongación del efecto de numerosos fármacos anestésicos. La disminución de la temperatura reduce el metabolismo hepático y el aclaramiento renal de diversos medicamentos, retrasando su eliminación y prolongando tanto la recuperación de la conciencia como la recuperación del bloqueo neuromuscular.

Como consecuencia, los pacientes permanecen durante más tiempo en la Unidad de Recuperación PostanestésicaURPA, requieren una monitorización más prolongada y presentan un retraso en la movilización precoz y en el inicio de la ingesta oral. Estos factores pueden dificultar el cumplimiento de los programas de recuperación intensificada tras la cirugíaERAS y aumentar la duración de la hospitalización9.

Escalofríos y aumento del consumo de oxígeno:

Los escalofríos postoperatorios representan una de las manifestaciones clínicas más frecuentes de la hipotermia, con una incidencia descrita entre el 10 % y el 60 % de los pacientes sometidos a anestesia general. Aunque habitualmente se consideran una complicación menor, producen un importante aumento del consumo metabólico y pueden incrementar hasta en un 400 % la demanda de oxígeno del organismo.

Este incremento del consumo de oxígeno resulta especialmente perjudicial en pacientes con enfermedad pulmonar o cardiovascular, en quienes puede favorecer la aparición de hipoxemia, dolor torácico o eventos isquémicos. Además, los escalofríos aumentan el malestar del paciente, dificultan la monitorización postoperatoria y pueden interferir en la cicatrización de determinadas heridas quirúrgicas15.

Incremento de la estancia hospitalaria y de los costes sanitarios:

Las complicaciones derivadas de la hipotermia repercuten directamente sobre la utilización de recursos sanitarios. El aumento de las infecciones quirúrgicas, las transfusiones, las complicaciones cardiovasculares y la prolongación del ingreso hospitalario generan un importante incremento del coste asistencial. Diversos estudios económicos concluyen que la implantación sistemática de programas de mantenimiento de la normotermia resulta coste-efectiva, ya que el coste de los sistemas de calentamiento activo es considerablemente inferior al derivado del tratamiento de las complicaciones asociadas a la hipotermia.

Desde la perspectiva de la seguridad del paciente, la hipotermia perioperatoria debe considerarse una complicación potencialmente prevenible. La evidencia científica disponible demuestra que la aplicación de protocolos de calentamiento activo, la monitorización continua de la temperatura y la actuación coordinada del equipo multidisciplinar reducen de forma significativa la incidencia de complicaciones postoperatorias y favorecen una recuperación más rápida y segura.

Estrategias para la prevención de la hipotermia perioperatoria: papel de la enfermería:

La hipotermia perioperatoria inadvertida constituye una complicación potencialmente prevenible mediante la aplicación de intervenciones sencillas basadas en la evidencia científica. En los últimos años, diferentes organismos internacionales, entre ellos el National Institute for Health and Care Excellence NICE, la American Society of PeriAnesthesia Nurses ASPAN, la Association of periOperative Registered Nurses AORN y las recomendaciones europeas sobre manejo de la temperatura perioperatoria, han establecido protocolos dirigidos al mantenimiento de la normotermia durante todo el proceso quirúrgico2,9,16,18.

Dentro de este contexto, la enfermería perioperatoria desempeña un papel fundamental, ya que participa de forma continuada en las fases preoperatoria, intraoperatoria y postoperatoria. Su actuación no se limita únicamente a la aplicación de sistemas de calentamiento, sino que incluye la valoración del riesgo, la monitorización de la temperatura, la implementación de medidas preventivas individualizadas y la evaluación continua de la respuesta del paciente.

Valoración preoperatoria e identificación de pacientes de riesgo:

La prevención de la hipotermia comienza antes del ingreso del paciente en el quirófano. Durante la valoración preoperatoria, la enfermera debe identificar aquellos factores que incrementan la probabilidad de desarrollar hipotermia, permitiendo establecer un plan de cuidados adaptado a las características de cada paciente.

Entre los principales factores de riesgo se encuentran la edad superior a 65 años, el bajo índice de masa corporal, la presencia de enfermedades endocrinas o cardiovasculares, la existencia de hipotermia previa, la clasificación ASA elevada, la duración prevista de la cirugía superior a 60 minutos, la combinación de anestesia general y regional, así como la necesidad de administrar grandes volúmenes de fluidos intravenosos o hemoderivados10.

Asimismo, las recomendaciones actuales aconsejan registrar la temperatura corporal antes de la inducción anestésica. Cuando el paciente presenta una temperatura inferior a 36 °C, se recomienda retrasar, siempre que sea posible, el inicio del procedimiento quirúrgico hasta alcanzar nuevamente la normotermia mediante medidas de calentamiento activo16.

La valoración enfermera también debe incluir aspectos relacionados con el confort térmico del paciente, el uso de medicación que pueda alterar la termorregulación y las condiciones ambientales existentes durante el traslado al bloque quirúrgico, ya que la pérdida de calor puede comenzar incluso antes de la entrada en el quirófano9.

Precalentamiento preoperatorio:

El precalentamiento o prewarming constituye una de las estrategias preventivas que mayor evidencia científica ha acumulado durante los últimos años. Su objetivo consiste en aumentar la temperatura de los tejidos periféricos antes de la inducción anestésica para disminuir el gradiente térmico existente entre el compartimento central y el periférico. De este modo, cuando los anestésicos producen vasodilatación, la redistribución del calor resulta menos intensa y el descenso inicial de la temperatura corporal se reduce de forma significativa17.

Las guías clínicas recomiendan aplicar sistemas de calentamiento activo mediante aire forzado durante un periodo aproximado de 20 a 30 minutos antes de la anestesia, especialmente en procedimientos de duración superior a una hora o en pacientes considerados de alto riesgo. Incluso periodos más cortos, de entre 10 y 20 minutos, han demostrado ser eficaces para disminuir la incidencia de hipotermia intraoperatoria.

La enfermería desempeña un papel esencial en esta fase, siendo responsable de comprobar el correcto funcionamiento del sistema de calentamiento, vigilar la tolerancia del paciente, evitar lesiones térmicas y registrar el tiempo de aplicación antes del traslado al quirófano.

Calentamiento activo durante la cirugía:

Aunque las mantas convencionales y otros métodos de aislamiento pasivo disminuyen parcialmente la pérdida de calor por radiación y convección, la evidencia científica demuestra que estas medidas, utilizadas de forma aislada, no son suficientes para prevenir la hipotermia durante procedimientos prolongados. Por ello, las principales sociedades científicas recomiendan el empleo sistemático de sistemas de calentamiento activo siempre que la duración prevista de la intervención supere los 30-60 minutos.

El sistema más estudiado y utilizado es el calentamiento mediante aire forzadoForced-Air Warming, considerado actualmente el método de referencia por su eficacia, seguridad y facilidad de utilización. Diversos metaanálisis han demostrado que reduce significativamente la incidencia de hipotermia, las infecciones del sitio quirúrgico, el sangrado intraoperatorio y la duración de la estancia hospitalaria6.

Existen además otros sistemas de calentamiento, como las mantas eléctricas resistivas, los colchones térmicos o los dispositivos de circulación de agua caliente. Aunque algunos estudios muestran resultados similares, la evidencia disponible continúa siendo más sólida para los sistemas de aire convectivo, motivo por el cual siguen siendo los más recomendados por las guías clínicas internacionales17.

La enfermera circulante debe comprobar que el dispositivo seleccionado se encuentra correctamente colocado, evitar la obstrucción del flujo de aire y verificar periódicamente el funcionamiento del equipo durante toda la intervención, minimizando el riesgo de quemaduras o lesiones por presión derivadas de una utilización inadecuada.

Calentamiento de fluidos intravenosos y soluciones de irrigación:

La administración de soluciones intravenosas a temperatura ambiente constituye una fuente adicional de pérdida térmica, especialmente cuando se infunden grandes volúmenes durante procedimientos prolongados. Se estima que cada litro de cristaloides administrado a temperatura ambiente puede producir un descenso aproximado de 0,25 °C en la temperatura corporal central12.

Por este motivo, las recomendaciones actuales aconsejan calentar previamente todos los fluidos intravenosos administrados a velocidades elevadas, así como los hemoderivados y las soluciones de irrigación utilizadas durante la cirugía. Las soluciones de irrigación deben mantenerse habitualmente entre 38 y 40 °C para evitar pérdidas térmicas adicionales sin comprometer la seguridad del procedimiento16.

La supervisión de estos dispositivos corresponde habitualmente al personal de enfermería, que debe comprobar la temperatura programada, verificar el funcionamiento del calentador y garantizar que los fluidos alcanzan al paciente dentro de los rangos recomendados.

Monitorización continua de la temperatura corporal:

La monitorización constituye uno de los pilares fundamentales para prevenir la hipotermia perioperatoria. Sin embargo, diversos estudios han puesto de manifiesto que la temperatura continúa siendo una de las constantes vitales menos registradas durante el proceso quirúrgico, a pesar de las recomendaciones internacionales9.

Las guías NICE recomiendan medir la temperatura corporal antes de la intervención y monitorizarla de forma continua durante cualquier procedimiento quirúrgico cuya duración prevista sea superior a 30 minutos. Entre los métodos considerados más fiables se encuentran las sondas esofágicas, nasofaríngeas, vesicales y timpánicas, aunque en los últimos años también se han desarrollado dispositivos de monitorización no invasiva con resultados satisfactorios.

La enfermería participa activamente tanto en la colocación de los dispositivos de monitorización como en la interpretación de los registros obtenidos, comunicando cualquier descenso de la temperatura al equipo anestésico para instaurar precozmente las medidas correctoras necesarias.

Cuidados postoperatorios:

Las intervenciones dirigidas al mantenimiento de la normotermia no finalizan con la cirugía. Durante el periodo de recuperación postanestésica es frecuente que persistan los efectos de los anestésicos sobre la termorregulación, motivo por el cual existe un riesgo elevado de hipotermia residual y de aparición de escalofríos.

En la Unidad de Recuperación PostanestésicaURPA, la enfermera debe continuar monitorizando la temperatura corporal, mantener las medidas de calentamiento activo cuando sea necesario y valorar la presencia de escalofríos, dolor, alteraciones hemodinámicas o cualquier otra manifestación clínica relacionada con el descenso térmico. Las guías clínicas recomiendan mantener el calentamiento activo hasta que el paciente alcance una temperatura central igual o superior a 36 °C, registrando periódicamente su evolución.

Además, la educación sanitaria adquiere especial importancia en esta fase. Informar al paciente sobre la posibilidad de experimentar sensación de frío tras la cirugía y explicar las medidas empleadas para prevenir complicaciones contribuye a disminuir la ansiedad y favorece una recuperación más confortable.

En conjunto, la evidencia científica demuestra que la actuación coordinada de la enfermería durante todas las fases del proceso perioperatorio resulta determinante para mantener la normotermia y reducir la incidencia de complicaciones relacionadas con la hipotermia inadvertida. La implantación de protocolos normalizados y la formación continuada del personal sanitario constituyen herramientas fundamentales para mejorar la seguridad del paciente quirúrgico y garantizar una atención basada en la mejor evidencia disponible.

DISCUSIÓN

La evidencia científica revisada confirma que la hipotermia perioperatoria inadvertida continúa siendo una de las complicaciones más frecuentes del proceso quirúrgico, a pesar de que existen estrategias preventivas eficaces y recomendaciones internacionales ampliamente difundidas. Diversos estudios coinciden en que la aplicación de medidas de calentamiento activo, junto con la monitorización continua de la temperatura corporal, reduce de forma significativa la incidencia de hipotermia y de sus complicaciones asociadas, como la infección del sitio quirúrgico, el aumento del sangrado, los eventos cardiovasculares y la prolongación de la estancia hospitalaria15,16.

Las recomendaciones publicadas por el National Institute for Health and Care Excellence NICE, la American Society of PeriAnesthesia Nurses ASPAN y la Sociedad Europea de Anestesiología muestran una elevada concordancia al señalar que el mantenimiento de la normotermia debe iniciarse antes de la intervención quirúrgica y mantenerse durante todo el periodo perioperatorio. Entre las intervenciones con mayor respaldo científico destacan el precalentamiento preoperatorio, la utilización de sistemas de calentamiento activo por aire forzado, el calentamiento de fluidos intravenosos y la monitorización sistemática de la temperatura corporal9,12.

Sin embargo, diversos estudios ponen de manifiesto que la aplicación de estas recomendaciones continúa siendo desigual en la práctica clínica. La temperatura corporal sigue siendo una de las constantes vitales menos monitorizadas durante el periodo perioperatorio y, en numerosos centros, las medidas preventivas se limitan al empleo de aislamiento pasivo, a pesar de que la evidencia demuestra que esta estrategia resulta insuficiente cuando se utiliza de forma aislada. Esta situación pone de manifiesto la necesidad de reforzar la implantación de protocolos asistenciales basados en la evidencia y promover una mayor sensibilización de los profesionales sanitarios sobre las consecuencias clínicas de la hipotermia perioperatoria.

En este contexto, la enfermería perioperatoria desempeña un papel fundamental en la prevención de la hipotermia inadvertida. La valoración preoperatoria del riesgo, la monitorización continua de la temperatura, la aplicación de medidas de calentamiento activo y el seguimiento del paciente durante el postoperatorio convierten a estos profesionales en un elemento clave para garantizar el mantenimiento de la normotermia. Asimismo, la formación continuada y el trabajo coordinado con el resto del equipo quirúrgico favorecen una mayor adherencia a las recomendaciones internacionales y contribuyen a mejorar la seguridad y la calidad de la atención perioperatoria5.

Aunque existe una amplia evidencia que respalda la eficacia de las estrategias dirigidas al mantenimiento de la normotermia, persisten diferencias entre los protocolos utilizados por los distintos centros hospitalarios, así como en la disponibilidad de recursos destinados al calentamiento activo y a la monitorización de la temperatura. Estas diferencias pueden condicionar la implementación de algunas recomendaciones y justifican la necesidad de continuar promoviendo protocolos estandarizados y estudios que evalúen su impacto en diferentes contextos asistenciales.

CONCLUSIONES

La hipotermia perioperatoria inadvertida continúa siendo una complicación frecuente durante el proceso quirúrgico y se asocia a un mayor riesgo de eventos adversos, entre ellos la infección del sitio quirúrgico, el aumento del sangrado, las alteraciones cardiovasculares, el retraso en la recuperación anestésica y la prolongación de la estancia hospitalaria. A pesar de la existencia de recomendaciones y protocolos basados en la evidencia científica, su prevención continúa representando un reto en la práctica clínica.

La evidencia disponible demuestra que la monitorización continua de la temperatura corporal, el precalentamiento preoperatorio, la utilización de sistemas de calentamiento activo y el calentamiento de fluidos intravenosos constituyen las estrategias más eficaces para mantener la normotermia y reducir las complicaciones relacionadas con la hipotermia perioperatoria. La aplicación sistemática de estas medidas mejora la seguridad del paciente y favorece una recuperación postoperatoria más rápida y segura.

La enfermería perioperatoria desempeña un papel esencial en todas las fases del proceso quirúrgico, desde la identificación de los pacientes con mayor riesgo hasta la aplicación de medidas preventivas y la vigilancia continua de la temperatura corporal. La implantación de protocolos estandarizados, junto con la formación continuada de los profesionales, puede contribuir a mejorar la calidad asistencial, aumentar la adherencia a las recomendaciones internacionales y disminuir la incidencia de esta complicación potencialmente prevenible.

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