- Enrique José Izuel García. Graduado en Enfermería por la Universidad de Zaragoza. Enfermero 061 Aragón. España.
- Marina Castro Rojas. Graduada en Enfermería por la Universidad de Córdoba. Enfermera 061 Aragón. España.
- Samuel Martínez Morales. Diplomado universitario en Enfermería por la Universidad de Cádiz. Enfermero 061 Aragón. España.
- Sandra Leal Martínez. Graduada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza. Enfermera 061 Aragón. España.
- Silvia Guillén Cariñena. Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Valencia. MIR de Medicina Familiar y Comunitaria en el Hospital San Jorge de Huesca. España.
- Simeón Solaz Moreno. Diplomado en Enfermería por la Escuela Universitaria de Enfermería de Valencia. Enfermero 061 Aragón. España.
RESUMEN
En la gran mayoría de casos en los que nos podamos encontrar como profesionales de la enfermería, tendremos como factor común el dolor, ya sea de tipo físico o emocional. Como sanitarios hemos de saber desenvolvernos con soltura ante esta circunstancia para poder aliviar y mejorar el estado general del paciente y con ello contribuir de forma positiva a contrarrestar su patología. El dolor es un síntoma, esto es, un factor que responde a la subjetividad del propio paciente, sin embargo, podemos trabajar con escalas y protocolos que pretenden estandarizar de forma objetiva esos criterios subjetivos, y es esta la finalidad de este estudio de investigación en el que abordaremos diferentes pautas de trabajo para afrontar el dolor.
PALABRAS CLAVE
Dolor, tratamientos paliativos, tratamiento del dolor, dolor en urgencias, pain, pain treatment, pain emergency.
ABSTRACT
Pain is a complex sensory and emotional experience that often accompanies diverse health and disease processes. Its effective management requires the integration of both pharmacological and non-pharmacological strategies. This article presents a review of the main therapeutic approaches and reflects on the role of nursing in supporting and caring for patients who suffer from pain.
KEYWORDS
Pain, treatment, nursing care, pharmacology, nursing.
INTRODUCCIÓN
El dolor es el factor que produce mayor sufrimiento en cualquier enfermedad y en muchas ocasiones no se maneja de forma correcta, bien por desconocimiento formativo, por error humano, por prejuicios ante los diferentes condicionantes sociales del paciente, que en muchas ocasiones conlleva a pensar en exageraciones en su discurso o por falta de comunicación entre los diferentes sectores sanitarios (profesionales de medicina – Profesionales de enfermería)1
De cualquier modo también es cierto que no se puede ni se debe tratar del mismo modo un dolor crónico, un dolor agudo, o dolores asociados a enfermedades terminales. En unos casos la finalidad es mejorar su calidad de vida, en otros coadyuvar a la curación, y en los últimos, evitar sufrimientos innecesarios y agonía en la fase final de la vida.
OBJETIVO
El objetivo de este trabajo de investigación es el de recopilar diversos materiales bibliográficos y estudiar las formas de actuación intentando establecer patrones comunes que nos ayuden a entender mejor la necesidad principal de un buen tratamiento del dolor.
MÉTODO
Lectura de bibliografía diversa y puesta en común.
RESULTADOS
Tras la lectura de diversos artículos, tenemos una visión más clara del tema que tenemos entre manos.
La relevancia del dolor y su correcto manejo es un problema global2.
El dolor también es una herramienta diagnóstica, ya que su aparición nos indica la necesidad de una atención, y dependiendo del tipo, localización y otros factores nos ayudan a identificar qué tipo de intervención se precisa.
El alivio del dolor es un derecho fundamental3 y todo aquel profesional de la salud que impida o dificulte el acceso a la posibilidad de alivio está cometiendo una grave falta ética4.
En los casos en los que estas faltas sean por descuido u omisión se considera negligencia, y en el caso de no realización de terapia analgésica teniendo posibilidad de llevarla a cabo, se denomina negligencia terapéutica. Estas negligencias terapéuticas pueden ser también la reticencia al uso de opiáceos por sus efectos secundarios, pautas de dosificación inferiores a las analgésicas, o con intervalos de tomas mayores a lo habitual.
Otro error es la no administración de la analgesia si el enfermo se encuentra sin dolor, aunque esta haya sido pautada igualmente.
Para los intereses de este estudio clasificaremos el dolor en base a 3 factores.
Duración del dolor, pudiendo ser agudo o crónico. El primero es un dolor limitado en el tiempo y que no suele acompañarse de un componente psicológico. El crónico en cambio, si se acompaña de este factor psicológico, pues tratamos de un dolor que no desaparece, se mitiga y el paciente debe resignarse a convivir con él.
Curso del dolor, pudiendo ser continuo o Irruptivo. En el primero, hablamos del dolor que permanece a lo largo del día, mientras que el irruptivo es un incremento elevado y esporádico del dolor5.
Intensidad, pudiendo ser leve, moderado o severo. Los casos de intensidad leve son compatibles con la realización de las actividades cotidianas, en los de intensidad moderada interfiere con ellas y en los de intensidad severa hay una interferencia con el descanso.
La valoración del nivel de dolor, (o su intensidad), de una persona, tiene la limitación de la recogida de información subjetiva por parte del paciente, es decir, es el paciente el único que en ultima instancia puede valorar y transmitir el nivel del dolor al que se ve sometido. Esto puede ser un problema en el caso de pacientes crónicos que llegan a crear una tolerancia al dolor.
Para universalizar los criterios de los pacientes en pautas a seguir, trabajamos con escalas en el caso de paciente consciente. Ejemplos de estas escalas son las escalas EVA (escala visual analógica) en la que presentando al paciente un gráfico con diferentes niveles de dolor le pedimos que intente indicarnos el nivel que representa el dolor que tiene en ese momento.
Hemos de averiguar igualmente cual es la fuente del dolor, de que tipo es (opresivo, quemazón, pinchazo…), factores que aumentan el dolor, factores que lo apaciguan y cuando se manifiesta ese dolor.
La reevaluación de las escalas es necesaria tras las diferentes actuaciones que hagamos para valorar las variaciones si las hay de ese dolor, y de esa manera poder saber la efectividad o no de un tratamiento.
El dolor como hemos comentado en los casos crónicos no siempre es curable, pero hay diferentes formas de tratarlo, desde los tratamientos clásicos con analgésicos, pasando por otras técnicas como la acupuntura, la fisioterapia y en algunos casos determinadas intervenciones quirúrgicas que también pueden ayudarnos al tratamiento del dolor6.
Una posible lista sobre la que ir desplazándonos podría ser algo similar a lo siguiente.
Terapias conductuales que nos hagan pensar en otra cosa.
Técnicas de relajación, meditación y respiración.
Técnicas mecánicas (frío, calor, masaje).
Más allá de lo anterior y pudiendo usarse en combinación con ello, entraríamos en las terapias farmacológicas analgésicas, procurando ir de menos a más conforme sea necesario, atendiendo a las recomendaciones de la OMS7,8,9.
Paracetamol.
AINES (Antiinflamatorios no esteroideos).
Opiáceos (morfina y derivados).
Fármacos de actuación directa en el sistema nervioso (gabapentina, carbamazepina…).
La administración de analgesia deberá ir ligada a una prescripción facultativa en la que pueden alternarse o combinarse uno o varios de los tipos de medicamentos nombrados, pero siempre se tendrá en cuenta las alergias medicamentosas del paciente, y el no mezclar dos tipos de AINES diferentes, pues aumenta la posibilidad de aparición de efectos adversos.
Como es fácilmente entendible, diferentes ámbitos de actuación requieren diferentes formas de afrontar las situaciones, sin embargo, en todos ellos se ha de trabajar desde el respeto, con grandes dosis de comprensión y profesionalidad.
No es lo mismo tratar un dolor de origen cardiaco en un centro de atención primaria, que un dolor postquirúrgico en una planta de hospital, un politrauma en emergencia extrahospitalaria, un paciente oncológico en fase terminal en su domicilio o un paciente con dolor crónico no oncológico en el que el factor psicológico también va a ser muy importante.
El tratamiento del dolor de origen cardíaco va a priorizar el uso de fármacos que hagan remitir ese dolor inhibiendo los mecanismos de acción que lo han causado por ejemplo con el uso de nitritos. Si bien ha sido muy extendido también el uso de mórficos, cada vez se usan menos por presentar una gran incidencia en casos de complicaciones mortales en esa patología.
En el tratamiento postquirúrgico va a ser frecuente el uso combinado y alterno de medicamentos como el paracetamol y algún AINE como el metamizol, no descartando tampoco el uso de opiáceos de rescate.
En el caso del politrauma extrahospitalario va a requerirse una evaluación global de sus constantes para poder hacer uso en su caso de analgésicos de origen opiáceo.
El tratamiento del dolor en cuidados paliativos terminal se va a centrar básicamente en el uso de mórficos y acompañamiento del paciente para aliviar su dolor espiritual, si bien también es frecuente el uso de otros fármacos en combinación y terapias alternativas como las indicadas con anterioridad10,11,12.
Todos ellos presentan dolor, pero su etiología es diferente y por tanto sus necesidades y respuestas han de ser personalizadas dentro de unas recomendaciones globales.
CONCLUSIONES
Cuando trabajamos con el dolor hemos de ser conscientes en todo momento que no hay un único dolor. Como profesionales de la salud hemos de ser capaces de identificar las necesidades y aportar unas respuestas acordes.
Es de vital importancia la interacción y el trabajo interdisciplinar de medicina y enfermería para una correcta aplicación de las terapias, tanto farmacológicas como no farmacológicas.
Otro factor a tener en cuenta cuando trabajamos con el dolor es la individualidad de la respuesta. Si bien en términos generales los fármacos actúan de igual modo en los pacientes, la respuesta no tiene por qué ser idéntica en todos ellos y allí entra de lleno la importancia de la labor enfermera para identificar esas respuestas y adaptar los diferentes tratamientos a las necesidades específicas
No existen pacientes quejicas, existen personas con una diferente tolerancia a un mismo estímulo, y tan importante son sus necesidades como las de aquella persona que sufre en silencio por no molestar.
Un paciente sin dolor es un paciente que va a afrontar de mejor manera un proceso adverso y de ahí la necesidad de saber cómo conseguir llegar a ese objetivo.
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