Nº de DOI:10.34896/RSI.2026.67.34.001
AUTORES
- Lucía Cantón Ramos. Enfermera. Complejo Asistencial Universitario de León. Castilla y León, España.
- Lucas Molinero Fernández: Enfermero. Complejo Asistencial Universitario de León. Castilla y León, España.
RESUMEN
El atragantamiento constituye una emergencia potencialmente mortal que puede evolucionar rápidamente desde una obstrucción de la vía aérea hasta una parada cardiorrespiratoria. En las personas mayores hospitalizadas, la debilidad, la dependencia para la alimentación y la posible existencia de disfagia no identificada pueden incrementar el riesgo de aspiración y de complicaciones respiratorias.
Se presenta el caso de una mujer de 89 años ingresada en Medicina Interna por una infección respiratoria, con antecedentes de enfermedad pulmonar obstructiva crónica e insuficiencia cardiaca. La paciente mantenía un nivel de consciencia normal, no presentaba antecedentes conocidos de disfagia y recibía dieta triturada por mejor tolerancia.
Durante el turno de tarde, mientras ingería pan acompañada por su familia y correctamente incorporada, comenzó con tos e incapacidad para hablar, evolucionando posteriormente hacia una obstrucción completa de la vía aérea, pérdida de consciencia y parada cardiorrespiratoria en asistolia.
Tras el aviso familiar, enfermería inició inmediatamente las maniobras de desobstrucción y, al confirmarse la ausencia de pulso, comenzó la reanimación cardiopulmonar. La paciente recuperó la circulación espontánea después de aproximadamente cinco o seis minutos y de la administración de dos dosis de adrenalina.
Tras la recuperación presentó somnolencia, secreciones abundantes, hipoxemia y acidosis respiratoria. Recibió oxigenoterapia, tratamiento antibiótico y vigilancia clínica, diagnosticándose posteriormente neumonía por aspiración.
La alimentación se suspendió temporalmente y, tras una valoración médica de la deglución, se reinició con dieta adaptada para disfagia y líquidos espesados. La paciente evolucionó favorablemente, no presentó nuevos atragantamientos ni secuelas neurológicas aparentes y fue dada de alta aproximadamente dos semanas después. El caso destaca la importancia de la actuación enfermera inmediata y de la reevaluación del riesgo de disfagia en personas mayores hospitalizadas.
PALABRAS CLAVE
Trastornos de deglución, obstrucción de las vías aéreas, aspiración respiratoria, paro cardíaco, reanimación cardiopulmonar, atención de enfermería.
ABSTRACT
Choking is a potentially life-threatening emergency that can rapidly progress from airway obstruction to cardiac arrest. In hospitalized older adults, weakness, dependence during feeding, and the possible presence of unidentified dysphagia may increase the risk of aspiration and respiratory complications.
This report presents the case of an 89-year-old woman admitted to an Internal Medicine ward with a respiratory infection and a history of chronic obstructive pulmonary disease and heart failure. The patient had a normal level of consciousness, no known history of dysphagia, and received a texture-modified diet for improved tolerance.
During the afternoon shift, while eating bread accompanied by her family and correctly positioned upright, she developed coughing and inability to speak, subsequently progressing to complete airway obstruction, loss of consciousness, and cardiac arrest with asystole.
Following notification by the family, the nurse immediately initiated choking relief manoeuvres and, after confirming the absence of a pulse, started cardiopulmonary resuscitation. Return of spontaneous circulation was achieved after approximately five to six minutes and the administration of two doses of adrenaline. After recovery, the patient presented somnolence, abundant respiratory secretions, hypoxaemia, and respiratory acidosis. She received oxygen therapy, antibiotic treatment, and clinical monitoring, and was subsequently diagnosed with aspiration pneumonia.
Oral feeding was temporarily discontinued and, following medical swallowing assessment, a dysphagia-adapted diet and thickened liquids were introduced. The patient progressed favourably, experienced no further choking episodes or apparent neurological sequelae, and was discharged approximately two weeks later. This case highlights the importance of immediate nursing intervention and reassessment of dysphagia risk in hospitalized older adults.
KEY WORDS
Deglutition disorders, airway obstruction, respiratory aspiration, heart arrest, cardiopulmonary resuscitation, nursing care.
INTRODUCCIÓN
La disfagia orofaríngea es una alteración de la deglución que puede comprometer la seguridad y la eficacia de la alimentación, especialmente en personas mayores hospitalizadas. Su presencia favorece el paso de alimentos, líquidos o secreciones hacia la vía aérea y puede ocasionar desnutrición, deshidratación, neumonía por aspiración e incluso episodios agudos de obstrucción. Sin embargo, puede permanecer sin identificar cuando no existen antecedentes neurológicos ni manifestaciones evidentes durante las comidas.
En un estudio realizado en pacientes hospitalizados, la disfagia presentó una prevalencia especialmente relevante en las unidades de Medicina Interna y se asoció de manera independiente con la neumonía aspirativa y con una mayor mortalidad. Estos hallazgos respaldan la necesidad de mantener una vigilancia activa de la deglución, incluso cuando el paciente conserva un nivel de consciencia normal y no refiere dificultades previas para tragar1.
La identificación precoz de la disfagia puede resultar compleja en las personas mayores, ya que no siempre se manifiesta mediante atragantamientos evidentes. La tos durante o después de la ingesta, los cambios en la voz, el babeo, la dificultad para manejar el alimento en la boca, la prolongación de las comidas o las infecciones respiratorias recurrentes pueden actuar como signos de alerta; no obstante, también pueden producirse aspiraciones sin una respuesta tusígena claramente observable. Por ello, la ausencia de antecedentes o de dificultades referidas no excluye completamente una alteración de la deglución. Las herramientas de cribado no instrumental permiten detectar pacientes con posible riesgo y orientar decisiones como adaptar la textura de los alimentos y líquidos, suspender temporalmente la ingesta oral o solicitar una valoración especializada. Sin embargo, su utilidad preventiva depende también de que los resultados se acompañen de medidas asistenciales individualizadas2.
El atragantamiento por un cuerpo extraño debe sospecharse cuando una persona que está comiendo presenta de forma repentina incapacidad para hablar, tos ineficaz o dificultad respiratoria. Mientras la tos sea efectiva debe favorecerse su mantenimiento; cuando deja de serlo, la obstrucción puede progresar rápidamente hacia hipoxemia, pérdida de consciencia y parada cardiorrespiratoria. Las recomendaciones europeas establecen una secuencia de golpes interescapulares y compresiones abdominales en la persona consciente con obstrucción grave. Si estas maniobras no consiguen liberar la vía aérea y la víctima pierde la consciencia, debe iniciarse inmediatamente la reanimación cardiopulmonar y utilizar el desfibrilador tan pronto como esté disponible. El reconocimiento precoz y la rapidez de actuación son especialmente relevantes en el entorno hospitalario, donde la respuesta coordinada del equipo puede condicionar el pronóstico neurológico y la supervivencia3.
La aspiración de alimentos o secreciones puede producir una lesión pulmonar química, una infección respiratoria o una combinación de ambas, especialmente cuando existe una elevada carga de material aspirado y dificultad para mantener una vía aérea permeable. En las personas mayores, la fragilidad, la dependencia funcional, la enfermedad respiratoria crónica y una deglución ineficaz pueden aumentar la probabilidad de complicaciones. La prevención de la neumonía aspirativa requiere una estrategia multifactorial que incluya la identificación del riesgo, la adaptación de la textura de alimentos y líquidos, una posición adecuada durante la ingesta, la supervisión de la alimentación y el mantenimiento de una correcta higiene oral. Ninguna medida aislada garantiza la eliminación del riesgo, por lo que las intervenciones deben individualizarse y reevaluarse después de cualquier episodio de tos, atragantamiento o deterioro respiratorio relacionado con la ingesta1,4.
Enfermería ocupa una posición esencial para observar la tolerancia a la alimentación, identificar cambios en la deglución y actuar ante un atragantamiento. La vigilancia debe incluir la posición del paciente, el grado de dependencia, el nivel de consciencia, la capacidad para toser y manejar las secreciones y la aparición de signos de alarma durante o después de la ingesta. Asimismo, resulta necesario registrar y comunicar cualquier episodio sospechoso, suspender la alimentación cuando la seguridad no pueda garantizarse y reforzar con pacientes y familiares las indicaciones sobre texturas, líquidos y supervisión. Sin embargo, se han identificado necesidades formativas entre los profesionales sanitarios respecto al reconocimiento y manejo de la disfagia, lo que respalda la implantación de protocolos multidisciplinares y herramientas de cribado que faciliten una actuación homogénea2,5.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Se presenta el caso de una mujer de 89 años ingresada en una unidad de Medicina Interna por una infección respiratoria. Entre sus antecedentes clínicos destacaban enfermedad pulmonar obstructiva crónica e insuficiencia cardiaca. Antes del episodio mantenía un nivel de consciencia normal, no precisaba oxigenoterapia y presentaba una saturación basal aproximada del 94–95%.
Permanecía encamada durante la mayor parte del día, aunque podía mantenerse sentada e incorporada para comer, actividad para la que necesitaba la ayuda de otra persona. No constaban antecedentes de disfagia, tos durante la alimentación, cambios en la voz, atragantamientos previos ni dificultades conocidas para manejar alimentos o líquidos. Tampoco se había realizado ninguna prueba específica de cribado de la deglución.
La paciente tenía prescrita una dieta triturada por presentar una mejor tolerancia a esta textura, aunque la indicación no se relacionaba con un diagnóstico de disfagia ni con problemas conocidos para tragar. No se habían pautado líquidos espesados ni otras medidas específicas para prevenir la aspiración.
Durante el turno de tarde, la paciente se encontraba consciente, sentada y correctamente incorporada para realizar la comida, acompañada por un familiar que le prestaba la ayuda que necesitaba habitualmente. Mientras ingería un fragmento de pan comenzó de forma repentina con tos intensa e incapacidad para hablar. La familia identificó la situación y avisó inmediatamente a la enfermera responsable.
Al llegar a la habitación, la enfermera encontró a la paciente consciente, con tos progresivamente ineficaz e imposibilidad para hablar. En pocos instantes dejó de ser capaz de respirar, por lo que se consideró que la obstrucción de la vía aérea (OVACE) había evolucionado hasta ser completa.
La saturación de oxígeno descendió aproximadamente hasta el 60%, con una frecuencia cardiaca de 110 latidos por minuto y una tensión arterial de 150/80 mmHg. Se solicitó ayuda, se avisó al médico de guardia (MG) y se iniciaron inmediatamente maniobras de desobstrucción mediante compresiones abdominales con la paciente sentada. A pesar de la intervención, no se consiguió expulsar ningún resto alimentario y la paciente perdió la consciencia.
Tras la pérdida de consciencia se comprobó la ausencia de respiración efectiva y de pulso, iniciándose inmediatamente maniobras de reanimación cardiopulmonar. Al conectar el monitor-desfibrilador se confirmó asistolia, por lo que no estaba indicada la administración de descargas.
La intervención se desarrolló de forma coordinada entre la enfermera responsable, otras enfermeras, la técnica en cuidados auxiliares de enfermería y el médico de guardia. Se realizaron compresiones torácicas, ventilación con balón autoinflable y mascarilla y administración de aproximadamente dos dosis de adrenalina. Después de unos cinco o seis minutos de reanimación se consiguió la recuperación de la circulación espontánea. La paciente recuperó progresivamente la respiración y la consciencia, por lo que no fue necesario realizar una intubación orotraqueal.
Tras recuperar la circulación espontánea, la paciente permaneció inicialmente somnolienta y presentaba abundantes secreciones respiratorias. La saturación de oxígeno se situó aproximadamente en el 85%, con una frecuencia cardiaca de 100 latidos por minuto y una tensión arterial de 130/75 mmHg. Se administró oxigenoterapia mediante mascarilla con reservorio a 15 l/min, observándose una recuperación progresiva de la saturación, aunque no inmediata.
Se mantuvo una vigilancia estrecha del nivel de consciencia, la respiración, la oxigenación y la estabilidad hemodinámica. Posteriormente se realizaron un electrocardiograma, una gasometría arterial, una analítica sanguínea urgente y una radiografía de tórax. La gasometría mostró acidosis respiratoria y la imagen radiológica evidenció un empeoramiento respecto a la situación previa.
La paciente permaneció ingresada en Medicina Interna y fue diagnosticada de neumonía por aspiración, añadida a la infección respiratoria que había motivado el ingreso. Se inició tratamiento antibiótico, aunque no fue posible recuperar el fármaco concreto administrado. Durante las horas posteriores presentó secreciones respiratorias muy abundantes, que precisaron vigilancia continua y aspiración cuando resultó necesario para favorecer la permeabilidad de la vía aérea.
A medida que mejoró la oxigenación, fue posible sustituir la mascarilla con reservorio por gafas nasales a 3 l/min. La oxigenoterapia se mantuvo aproximadamente durante tres días y pudo retirarse después de comprobar la recuperación respiratoria y la estabilidad de la saturación.
Tras el episodio se suspendió temporalmente la alimentación oral y se mantuvo la hidratación mediante sueroterapia intravenosa. La medicación oral considerada imprescindible se administró, según prescripción, con una pequeña cantidad de gelatina para facilitar la deglución y reducir el volumen ingerido. Posteriormente se realizó una valoración médica de la capacidad deglutoria, sin que conste la aplicación de una prueba instrumental o de una escala específica de cribado.
Cuando la situación clínica permitió reiniciar la alimentación, se prescribió una dieta triturada adaptada para disfagia y líquidos espesados. La ingesta se realizó con la paciente correctamente incorporada y bajo supervisión. Asimismo, se informó a la familia sobre las nuevas indicaciones, la necesidad de respetar las texturas pautadas y los signos de alarma que debían comunicar al personal sanitario.
La evolución posterior fue favorable. La paciente recuperó progresivamente su nivel habitual de consciencia y no presentó secuelas neurológicas aparentes ni lesiones relacionadas con las maniobras de reanimación. Tampoco se produjeron nuevos atragantamientos después de adaptar la dieta y aplicar las medidas de supervisión durante la alimentación. La recuperación clínica del episodio de broncoaspiración se produjo aproximadamente durante la semana posterior, aunque el ingreso se prolongó alrededor de dos semanas hasta la resolución de la infección respiratoria. Finalmente, la paciente fue dada de alta con alimentación adaptada y recomendaciones para reducir el riesgo de nuevas aspiraciones. La parada cardiorrespiratoria, las intervenciones realizadas y la evolución posterior quedaron registradas en la historia clínica electrónica (HCE).
VALORACIÓN ENFERMERA SEGÚN PATRONES FUNCIONALES
La valoración enfermera se estructuró de acuerdo con los once patrones funcionales de Marjory Gordon, permitiendo organizar los datos clínicos disponibles, identificar las necesidades alteradas y fundamentar posteriormente los diagnósticos y cuidados enfermeros6.
1. Patrón percepción-manejo de la salud: ALTERADO.
La paciente se encontraba ingresada por una infección respiratoria y presentaba antecedentes de enfermedad pulmonar obstructiva crónica e insuficiencia cardiaca. No tenía antecedentes conocidos de disfagia ni episodios previos de tos o atragantamiento durante la alimentación. Después del evento se reforzó con la paciente y su familia la necesidad de respetar las texturas prescritas, mantener una posición adecuada y comunicar cualquier signo de dificultad durante la ingesta.
2. Patrón nutricional-metabólico: ALTERADO.
La paciente necesitaba ayuda para comer y recibía dieta triturada por presentar una mejor tolerancia, aunque inicialmente no tenía diagnosticada disfagia ni utilizaba líquidos espesados. Durante la ingesta de pan sufrió una obstrucción completa de la vía aérea que evolucionó a parada cardiorrespiratoria y posteriormente a neumonía por aspiración. Tras el episodio permaneció temporalmente en dieta absoluta, con hidratación intravenosa. Posteriormente se reinició la alimentación mediante dieta triturada adaptada para disfagia y líquidos espesados, bajo supervisión.
3. Patrón eliminación: NO VALORABLE.
No se dispone de información suficiente sobre el patrón urinario o intestinal previo al ingreso ni sobre alteraciones específicas durante la evolución. La sueroterapia intravenosa y la suspensión temporal de la alimentación oral hicieron necesario mantener la vigilancia del balance hídrico, aunque no se documentaron complicaciones relacionadas con la eliminación.
4. Patrón actividad-ejercicio: ALTERADO.
La paciente permanecía encamada durante la mayor parte del día y únicamente se incorporaba para comer, necesitando ayuda de otra persona. Antes del episodio no precisaba oxigenoterapia y presentaba una saturación basal del 94–95%. Durante el atragantamiento desarrolló hipoxemia grave, pérdida de consciencia y parada cardiorrespiratoria en asistolia. Después de recuperar la circulación espontánea necesitó oxigenoterapia, inicialmente mediante mascarilla con reservorio y posteriormente con gafas nasales a 3 l/min durante aproximadamente tres días.
5. Patrón sueño-descanso: NO VALORABLE.
No se dispone de información sobre las características habituales del sueño ni sobre posibles alteraciones durante el ingreso. La infección respiratoria, la vigilancia posterior a la parada y las intervenciones asistenciales pudieron modificar el descanso, aunque no existen datos suficientes para considerar este patrón alterado.
6. Patrón cognitivo-perceptual: TEMPORALMENTE ALTERADO.
Antes del episodio la paciente mantenía un nivel de consciencia normal. Durante la obstrucción completa perdió la consciencia y presentó una parada cardiorrespiratoria. Tras recuperar la circulación espontánea permaneció inicialmente somnolienta y recuperó progresivamente su situación neurológica habitual. No presentó secuelas neurológicas aparentes al finalizar el ingreso.
7. Patrón autopercepción-autoconcepto: NO VALORABLE.
No se dispone de información suficiente sobre la percepción de la paciente respecto a su estado de salud, dependencia, imagen corporal o repercusión emocional del episodio.
8. Patrón rol-relaciones: PARCIALMENTE ALTERADO.
La paciente necesitaba ayuda para la alimentación y contaba con la presencia y colaboración de su familia. El familiar que la acompañaba identificó el atragantamiento y avisó inmediatamente a enfermería. Después del episodio, la familia recibió información sobre la adaptación de la dieta, el empleo de espesantes, la supervisión durante la ingesta y los signos de alarma.
9. Patrón sexualidad-reproducción: NO VALORABLE.
No se dispone de información relacionada con este patrón ni se identificaron datos clínicos relevantes para el episodio descrito.
10. Patrón adaptación-tolerancia al estrés: ALTERADO.
La gravedad del atragantamiento, la pérdida de consciencia, la reanimación cardiopulmonar y las complicaciones respiratorias posteriores constituyeron una situación de elevado estrés fisiológico. No fue posible valorar la respuesta emocional de la paciente durante la emergencia. La actuación de la familia fue adecuada, ya que identificó el problema y solicitó ayuda inmediatamente.
11. Patrón valores-creencias: NO VALORABLE.
No se dispone de información sobre valores, creencias espirituales o preferencias personales que influyeran en las decisiones asistenciales adoptadas.
DIAGNÓSTICOS DE ENFERMERÍA POR TAXONOMÍA NANDA-NOC-NIC
A partir de los datos obtenidos mediante la valoración enfermera se establecieron los diagnósticos prioritarios y se seleccionaron los resultados y las intervenciones correspondientes conforme a las taxonomías NANDA-I, NOC y NIC7–9.
NANDA-I 00031: LIMPIEZA INEFICAZ DE LAS VÍAS AÉREAS.
Limpieza ineficaz de las vías aéreas relacionada con acumulación de secreciones y dificultad para eliminarlas, asociada a infección respiratoria y broncoaspiración, manifestada por secreciones respiratorias abundantes, tos ineficaz, hipoxemia y necesidad de aspiración.
NOC 0410: Estado respiratorio: permeabilidad de las vías respiratorias.
Indicadores:
- Eficacia de la tos.
- Frecuencia y esfuerzo respiratorios.
- Saturación de oxígeno.
- Mantenimiento de una vía aérea permeable.
NIC 3140: Manejo de las vías aéreas
Actividades:
- Valorar periódicamente la frecuencia, profundidad y esfuerzo respiratorios.
- Mantener a la paciente incorporada, salvo contraindicación clínica.
- Vigilar la presencia de tos ineficaz, disnea, cianosis o disminución del nivel de consciencia.
- Mantener preparado el material necesario para actuar ante una nueva obstrucción.
NIC 3160: Aspiración de las vías aéreas.
Actividades:
- Valorar la necesidad de aspiración según la presencia de secreciones y la capacidad para eliminarlas.
- Vigilar la saturación, la frecuencia cardiaca y la tolerancia antes, durante y después del procedimiento.
- Interrumpir el procedimiento ante desaturación grave, inestabilidad hemodinámica o mala tolerancia.
- Reevaluar la permeabilidad de la vía aérea y la respuesta respiratoria después de la intervención.
NANDA-I 00030: DETERIORO DEL INTERCAMBIO GASEOSO.
Deterioro del intercambio gaseoso relacionado con alteración de la ventilación y acumulación de secreciones, asociado a obstrucción de la vía aérea, infección respiratoria y neumonía por aspiración, manifestado por saturación de oxígeno de hasta el 60% durante el atragantamiento, hipoxemia persistente tras recuperar la circulación, acidosis respiratoria y necesidad de oxigenoterapia.
NOC 0402: Estado respiratorio: intercambio gaseoso.
Indicadores:
- Saturación de oxígeno.
- Frecuencia y profundidad respiratorias.
- Coloración de piel y mucosas.
- Nivel de consciencia.
- Presencia de disnea.
- Equilibrio ácido-base.
- Necesidad de oxigenoterapia.
NIC 3320: Oxigenoterapia.
Actividades:
- Administrar oxígeno mediante el dispositivo y flujo prescritos.
- Comprobar el funcionamiento y la correcta colocación del dispositivo.
- Vigilar la saturación y la respuesta clínica al tratamiento.
- Reducir progresivamente el aporte de oxígeno según la evolución y prescripción.
- Prevenir lesiones cutáneas y sequedad de las mucosas relacionadas con el dispositivo.
- Registrar el sistema utilizado, el flujo administrado y la respuesta obtenida.
NIC 3350: Monitorización respiratoria
Actividades:
- Controlar frecuencia, ritmo, profundidad y esfuerzo respiratorios.
- Vigilar la saturación de oxígeno de forma continuada durante la fase aguda.
- Valorar el nivel de consciencia y detectar signos de hipoxemia.
- Auscultar los sonidos respiratorios e identificar disminución del murmullo vesicular o ruidos añadidos.
- Revisar los resultados de la gasometría arterial y comunicar alteraciones relevantes.
- Observar la evolución radiológica y clínica de la neumonía por aspiración.
- Comunicar inmediatamente cualquier empeoramiento respiratorio.
NANDA-I 00103: DETERIORO DE LA DEGLUCIÓN.
Deterioro de la deglución relacionado con debilidad general y dependencia para la alimentación, manifestado por atragantamiento durante la ingesta de un alimento sólido, incapacidad para manejar el bolo alimenticio con seguridad, obstrucción de la vía aérea y necesidad posterior de adaptar la textura de alimentos y líquidos.
NOC 1010: Estado de deglución.
Indicadores:
- Capacidad para mantener el alimento en la boca.
- Formación y control del bolo alimenticio.
- Deglución sin tos ni atragantamiento.
- Ausencia de cambios en la voz después de la ingesta.
- Manejo adecuado de las secreciones.
- Mantenimiento de una posición segura durante la alimentación.
- Tolerancia a la textura y viscosidad prescritas.
NIC 1860: Terapia de deglución.
Actividades:
- Valorar el nivel de consciencia y la capacidad para colaborar antes de iniciar la ingesta.
- Observar la presencia de tos, voz húmeda, babeo, retención de alimento o dificultad respiratoria.
- Mantener a la paciente sentada o con el cabecero elevado durante la alimentación.
- Administrar alimentos con la textura y los líquidos con la viscosidad prescritas.
- Ofrecer cantidades pequeñas y permitir tiempo suficiente entre cucharadas.
- Suspender la ingesta ante cualquier signo de deglución insegura.
- Solicitar una nueva valoración de la deglución si aparecen cambios clínicos.
NIC 1050: Alimentación.
Actividades:
- Comprobar la dieta prescrita antes de ofrecer alimentos o líquidos.
- Proporcionar ayuda durante toda la ingesta.
- Evitar alimentos no incluidos en la dieta adaptada.
- Mantener un ambiente tranquilo y reducir las distracciones.
- Verificar que la boca quede libre de restos al finalizar.
- Mantener a la paciente incorporada después de la comida.
- Enseñar a la familia las medidas necesarias para proporcionar una alimentación segura.
NANDA-I [00039] Riesgo de aspiración.
Está relacionado con deterioro de la deglución, dependencia para la alimentación, abundancia de secreciones y disminución transitoria del nivel de consciencia.
NOC [1918] Prevención de la aspiración
Indicadores:
- Identifica los factores de riesgo.
- Evita los factores de riesgo.
- Adopta una posición adecuada para comer y beber.
- Selecciona los alimentos conforme a las recomendaciones.
- Utiliza espesantes líquidos según la prescripción.
- Permanece incorporada después de comer o beber.
NIC [3200] Precauciones para evitar la aspiración.
Actividades:
- Valorar el nivel de consciencia y la capacidad de deglución antes de comenzar la alimentación.
- Comprobar la textura de la dieta y la viscosidad de los líquidos prescritas.
- Mantener a la paciente sentada y con el tronco incorporado durante la ingesta.
- Proporcionar alimentación supervisada y adaptada a su grado de dependencia.
- Administrar pequeñas cantidades y mantener un ritmo lento.
- Comprobar la deglución antes de ofrecer el siguiente bocado.
- Interrumpir la alimentación ante tos, alteraciones de la voz, dificultad respiratoria o desaturación.
- Mantener a la paciente incorporada después de las comidas.
- Vigilar la presencia de secreciones y otros signos indicativos de aspiración.
- Mantener disponible el equipo de aspiración.
- Educar a la familia sobre la dieta prescrita, la postura adecuada y los signos de alarma.
- Registrar la tolerancia a la alimentación.
DISCUSIÓN
El caso presentado pone de manifiesto que la ausencia de un diagnóstico previo de disfagia no excluye la existencia de alteraciones de la deglución en las personas mayores hospitalizadas. La paciente no había presentado episodios anteriores de atragantamiento ni signos evidentes de dificultad para tragar; sin embargo, reunía diferentes condiciones de vulnerabilidad, como la edad avanzada, la dependencia para la alimentación, la inmovilidad y la presencia de enfermedad respiratoria.
La disfagia puede permanecer sin identificar cuando sus manifestaciones son leves o silenciosas, especialmente si no se realiza un cribado específico, lo que incrementa el riesgo de aspiración, neumonía y otros acontecimientos adversos durante el ingreso hospitalario1,2.
La evolución desde una obstrucción grave de la vía aérea hasta una parada cardiorrespiratoria fue rápida, lo que evidencia la necesidad de reconocer precozmente los signos de alarma y actuar de manera inmediata. La incapacidad para hablar, la desaparición de la tos efectiva y la imposibilidad para respirar indicaron la progresión hacia una obstrucción completa.
Ante esta situación se realizaron maniobras de desobstrucción y, tras la pérdida de consciencia y la confirmación de la ausencia de pulso, se inició reanimación cardiopulmonar. Esta secuencia se corresponde con las recomendaciones vigentes, que indican comenzar las maniobras de desobstrucción ante una obstrucción grave y, si la persona pierde la consciencia, iniciar inmediatamente la reanimación cardiopulmonar y aplicar el desfibrilador tan pronto como esté disponible3.
Después de recuperar la circulación espontánea, la paciente presentó hipoxemia, abundantes secreciones, acidosis respiratoria y empeoramiento radiológico, hallazgos compatibles con la posterior neumonía por aspiración. La aspiración de contenido orofaríngeo o alimentario puede ocasionar una lesión pulmonar y favorecer el desarrollo de infección respiratoria, especialmente en personas mayores con movilidad reducida, dependencia funcional y dificultad para eliminar las secreciones.
En este caso, la infección respiratoria preexistente y la EPOC pudieron disminuir la reserva respiratoria de la paciente y contribuir al deterioro posterior al atragantamiento. La evolución observada respalda la necesidad de mantener una vigilancia respiratoria estrecha tras resolver la obstrucción, incluso cuando se haya recuperado el pulso y la respiración espontánea1,4.
Tras el episodio se adoptaron diferentes medidas dirigidas a prevenir nuevas aspiraciones: suspensión temporal de la alimentación oral, valoración de la deglución, modificación de la textura de la dieta, utilización de líquidos espesados, supervisión durante las comidas, mantenimiento de una postura incorporada y educación de la familia.
Estas intervenciones deben aplicarse de forma individualizada y revisarse según la evolución clínica, ya que la prevención no depende exclusivamente de modificar la consistencia de los alimentos. La vigilancia durante la ingesta, el control del nivel de consciencia, la higiene oral y la identificación precoz de tos, cambios en la voz o dificultad respiratoria constituyen componentes esenciales de una estrategia preventiva multifactorial2,4,5.
La participación de la familia adquiere especial relevancia cuando la persona presenta dependencia para la alimentación. Aunque en este caso el familiar acompañante identificó rápidamente el atragantamiento y avisó al personal de enfermería, después del episodio fue necesario proporcionar indicaciones específicas sobre la textura de los alimentos, el empleo de espesantes, la postura y los signos de alarma. La educación dirigida a pacientes y cuidadores puede favorecer el cumplimiento de las recomendaciones para el manejo de la disfagia; no obstante, estas deben reforzarse durante el ingreso y comprobarse en la práctica, debido a que la adherencia puede ser incompleta incluso después de una intervención educativa.
La paciente no presentaba un diagnóstico previo de disfagia ni había sido sometida a un cribado específico al ingreso, puesto que no existían antecedentes ni manifestaciones clínicas que hicieran sospechar una alteración de la deglución. No obstante, la edad avanzada, la dependencia funcional, la inmovilidad, la EPOC y la infección respiratoria configuraban un perfil de especial vulnerabilidad.
Aunque no puede afirmarse que la realización de un cribado hubiera evitado el episodio, este caso plantea la conveniencia de establecer procedimientos que permitan identificar precozmente las dificultades deglutorias en pacientes con factores de riesgo. La utilización de herramientas estructuradas por profesionales de enfermería adecuadamente formados puede facilitar la detección de la disfagia y la adopción temprana de recomendaciones relacionadas con la alimentación y la consistencia de los líquidos2,10.
La actuación enfermera resultó determinante tanto en la identificación inicial del atragantamiento como en la continuidad asistencial posterior. El aviso de la familia permitió una valoración inmediata, seguida de la activación del equipo, las maniobras de desobstrucción y el inicio de la reanimación cardiopulmonar cuando la paciente evolucionó a asistolia.
Después de recuperar la circulación espontánea, los cuidados se dirigieron a mantener la oxigenación, vigilar el estado neurológico y respiratorio, controlar las secreciones y prevenir nuevas aspiraciones. La respuesta coordinada entre enfermería, técnicos en cuidados auxiliares y personal médico evidencia la importancia de disponer de profesionales entrenados y protocolos conocidos para abordar acontecimientos tiempo-dependientes en unidades de hospitalización convencional3,5.
LIMITACIONES
Este caso presenta las limitaciones propias de un estudio clínico individual, por lo que sus resultados no pueden generalizarse a otros pacientes o contextos asistenciales. Además, no se realizó un cribado estructurado de disfagia antes del episodio ni una valoración instrumental posterior, lo que impide determinar si existía una alteración de la deglución previa no identificada. Tampoco fue posible precisar el tratamiento antibiótico administrado ni disponer de todos los valores analíticos y gasométricos obtenidos durante la evolución. No obstante, la información registrada en la historia clínica permitió reconstruir la secuencia asistencial, analizar la intervención enfermera e identificar oportunidades de mejora relacionadas con la prevención del atragantamiento y la aspiración.
CONCLUSIONES
El atragantamiento en una persona mayor hospitalizada puede evolucionar rápidamente hacia una obstrucción completa de la vía aérea y una parada cardiorrespiratoria, incluso cuando no existen antecedentes conocidos de disfagia. El reconocimiento precoz de los signos de obstrucción grave, la activación inmediata del equipo y el inicio de las maniobras de desobstrucción y reanimación resultaron fundamentales para conseguir la recuperación de la circulación espontánea y evitar secuelas aparentes.
La evolución posterior evidencia la necesidad de mantener una vigilancia respiratoria estrecha después de resolver la obstrucción, debido al riesgo de hipoxemia, acumulación de secreciones y neumonía por aspiración. Asimismo, la valoración de la deglución, la adaptación individualizada de la dieta, la supervisión durante las comidas, la postura adecuada y la educación de la familia constituyen medidas esenciales para prevenir nuevos episodios.
Este caso destaca el papel de enfermería en la identificación de situaciones tiempo-dependientes, la aplicación inmediata de cuidados de emergencia y la planificación de intervenciones preventivas. La incorporación de procedimientos estructurados para detectar el riesgo de disfagia en personas mayores vulnerables podría mejorar la seguridad durante la alimentación en las unidades de Medicina Interna.
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10. Benfield JK, Wilkinson G, Everton LF, Bath PM, England TJ. Diagnostic accuracy of the Dysphagia Trained Nurse Assessment tool in acute stroke. Eur J Neurol. 1 de agosto de 2021;28(8):2766-74. doi:10.1111/ene.14900
ANEXOS
ANEXO 1: Cronología del caso:
