Nº de DOI: 10.34896/RSI.2026.74.83.001
AUTORES
- Lucía Cantón Ramos. Enfermera. Complejo Asistencial Universitario de León. Castilla y León, España
- Avelina Cachón Villadangos. TCAE. Complejo Asistencial Universitario de León. Castilla y León, España
- Javier Francisco Merillas Alija. Administrativo. Complejo Asistencial Universitario de León. Castilla y León, España.
RESUMEN
Las caídas intrahospitalarias constituyen un evento adverso especialmente relevante en las personas mayores, debido a su origen multifactorial y a las posibles consecuencias sobre la morbimortalidad, la autonomía funcional y la duración de la hospitalización.
Se presenta el caso de una mujer de 82 años, ingresada en una unidad de Medicina Interna por descompensación de una enfermedad renal crónica, con antecedentes de enfermedad de Alzheimer y diabetes mellitus. La paciente presentaba riesgo alto de caídas, con una puntuación de 5 en la escala de Downton, y un índice de Barthel de 70 puntos. Tenía indicado acompañamiento durante los traslados entre la cama, el sillón y el baño.
Durante el turno de tarde, la paciente sorteó las barandillas de la cama y se dirigió al baño sin solicitar ayuda ni utilizar dispositivos de apoyo. Tras el aviso inmediato del otro paciente de la habitación, fue encontrada en el suelo, somnolienta y con claros signos de dolor. Presentaba una presión arterial (TA) de 90/70 mmHg, una frecuencia cardiaca de 100 latidos por minuto (lpm) y una saturación de oxígeno del 90 %.
Las pruebas de imagen confirmaron una fractura pertrocantérea derecha y un hematoma subdural de importancia clínica.
La paciente precisó craneotomía descompresiva y osteosíntesis mediante clavo intramedular, seguidas de vigilancia durante tres días en la unidad de cuidados intensivos. Posteriormente presentó infección de la herida quirúrgica de la cadera y anemia, con una hemoglobina de 8,5 g/dl, que requirió la transfusión de dos concentrados de hematíes. Su índice de Barthel disminuyó hasta 40 puntos.
El caso evidencia la necesidad de individualizar y reevaluar continuamente las medidas preventivas en pacientes con deterioro cognitivo, especialmente cuando el riesgo está identificado, pero existe una capacidad limitada para comprender o cumplir las recomendaciones de seguridad.
PALABRAS CLAVE
Accidentes por caídas, seguridad del paciente, factores de riesgo, enfermedad de Alzheimer, fracturas de cadera, hematoma subdural agudo.
ABSTRACT
In-hospital falls are a particularly relevant adverse event among older adults because of their multifactorial origin and their potential impact on morbidity, mortality, functional autonomy, and length of hospital stay. This article presents the case of an 82-year-old woman admitted to an Internal Medicine unit due to decompensated chronic kidney disease, with a medical history of Alzheimer’s disease and diabetes mellitus. The patient had a high risk of falling, with a score of 5 on the Downton Fall Risk Index, and a Barthel Index score of 70. Assistance was required during transfers between the bed, chair, and bathroom.
During the afternoon shift, the patient climbed over the bed rails and walked towards the bathroom without requesting assistance or using any mobility aid. Following an immediate alert from another patient sharing the room, she was found on the floor, drowsy and showing signs of pain. Her blood pressure was 90/70 mmHg, heart rate was 100 beats per minute, and oxygen saturation was 90%. Imaging tests confirmed a right pertrochanteric fracture and a clinically significant subdural hematoma.
The patient required decompressive craniotomy and internal fixation with an intramedullary nail, followed by three days of monitoring in the intensive care unit. She subsequently developed a surgical wound infection at the hip and anemia, with a hemoglobin level of 8.5 g/dL, requiring transfusion of two units of packed red blood cells. Her Barthel Index score decreased to 40.
This case highlights the need to individualize and continuously reassess fall-prevention measures in patients with cognitive impairment, particularly when the risk has already been identified but the patient’s ability to understand or follow safety recommendations is limited.
KEY WORDS
Accidental falls, patient safety, risk factors, Alzheimer disease, hip fractures, hematoma, subdural, acute.
INTRODUCCIÓN
Las caídas constituyen un importante problema de salud pública y representan la segunda causa mundial de muerte por traumatismos involuntarios. Aunque pueden producirse a cualquier edad, las personas mayores presentan el riesgo más elevado de sufrir lesiones graves o fallecer como consecuencia de ellas. Los cambios físicos, sensoriales y cognitivos asociados al envejecimiento, junto con la presencia de enfermedades crónicas y entornos no adaptados a sus necesidades, incrementan tanto la probabilidad de caída como la gravedad de sus consecuencias. Entre las lesiones más frecuentes se encuentran las contusiones, los traumatismos craneoencefálicos y las fracturas de cadera, que pueden ocasionar dolor, discapacidad, pérdida de autonomía y necesidad de cuidados de larga duración1.
En el ámbito hospitalario, las caídas se consideran eventos adversos de origen multifactorial, resultado de la interacción entre factores intrínsecos del paciente, factores extrínsecos relacionados con el entorno y circunstancias propias del proceso asistencial.
La edad avanzada, el deterioro cognitivo, la alteración de la marcha y el equilibrio, la hipotensión, la disminución de la capacidad funcional y el uso de determinados medicamentos aumentan el riesgo de sufrir estas caídas accidentales.
A estos elementos se añaden situaciones habituales durante la hospitalización, como la necesidad urgente de acudir al baño, los cambios de habitación, la utilización de dispositivos desconocidos o la ausencia puntual de supervisión. Por ello, las personas mayores hospitalizadas deben recibir una valoración individualizada que permita identificar sus factores de riesgo modificables y establecer intervenciones preventivas adaptadas a sus necesidades2.
El deterioro cognitivo constituye un factor especialmente relevante en la prevención de las caídas intrahospitalarias. Las personas con demencia pueden presentar alteraciones de la orientación, la memoria, la atención y la capacidad para reconocer situaciones de peligro, lo que dificulta que comprendan o recuerden las recomendaciones de seguridad.
Asimismo, pueden intentar levantarse o desplazarse sin solicitar ayuda, incluso cuando su movilidad está limitada y el riesgo ha sido previamente identificado. En comparación con las personas hospitalizadas sin deterioro cognitivo, estos pacientes presentan una mayor vulnerabilidad frente a resultados adversos como caídas, delirium, pérdida funcional, prolongación de la estancia e institucionalización.
Esta situación exige reforzar la vigilancia y adaptar las intervenciones preventivas a la capacidad cognitiva y al comportamiento habitual de cada paciente3.
Las escalas de valoración permiten detectar a los pacientes con mayor probabilidad de sufrir una caída, pero la clasificación del riesgo no constituye por sí sola una intervención preventiva. Los resultados obtenidos deben traducirse en un plan de cuidados individualizado, visible y compartido por los profesionales, el paciente y su entorno cuidador.
Este plan puede incluir asistencia durante los desplazamientos, revisión de la medicación, adecuación del entorno, disponibilidad de ayudas técnicas y vigilancia proporcional al nivel de riesgo. Las intervenciones centradas en el paciente, que vinculan cada factor identificado con medidas específicas y favorecen la participación de la familia y del equipo asistencial, han demostrado reducir las caídas y las lesiones asociadas en unidades hospitalarias de adultos4.
La aparición de una caída pese a la identificación previa del riesgo pone de manifiesto la necesidad de evaluar no solo la presencia formal de medidas preventivas, sino también su adecuación a las características clínicas, cognitivas y funcionales del paciente.
En este contexto, el objetivo del presente trabajo es describir el caso de una paciente mayor hospitalizada en una unidad de Medicina Interna que sufrió una caída con consecuencias graves, así como analizar los factores de riesgo presentes, las medidas preventivas implantadas, la actuación asistencial posterior y las oportunidades de mejora dirigidas a evitar incidentes similares2,3.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Se presenta el caso de una mujer de 82 años ingresada en una unidad de Medicina Interna por descompensación de una enfermedad renal crónica.
Entre sus antecedentes personales destacaban la enfermedad de Alzheimer y la diabetes mellitus. La paciente recibía tratamiento diurético, circunstancia que podía favorecer un aumento de la necesidad de acudir al baño y contribuir a la aparición de alteraciones hemodinámicas.
Antes de la caída presentaba una situación de dependencia moderada para las actividades básicas de la vida diaria, con una puntuación de 70 en el índice de Barthel, y necesitaba la ayuda de otra persona para determinados desplazamientos.
Durante la valoración enfermera se identificó un riesgo alto de caídas, con una puntuación de 5 en la escala de Downton. De acuerdo con la situación cognitiva y funcional de la paciente, se estableció la necesidad de acompañamiento durante los traslados entre la cama, el sillón y el baño.
Como medidas preventivas adicionales, se mantuvieron las barandillas de la cama elevadas y el timbre de llamada accesible. La familia había sido informada de la situación de riesgo y de la necesidad de que la paciente no realizara desplazamientos sin ayuda. Los resultados de la valoración y las principales medidas preventivas se resumen en el Anexo I.
Durante el turno de tarde, en ausencia de acompañamiento familiar, la paciente sorteó las barandillas de la cama y se levantó sin solicitar ayuda mediante el timbre. Inició el desplazamiento hacia el baño sin utilizar ningún dispositivo de apoyo y la caída se produjo junto a la entrada de este.
El paciente que ocupaba la otra cama avisó inmediatamente al personal de la unidad. A la llegada del equipo asistencial, la paciente fue encontrada en el suelo, somnolienta y con signos evidentes de dolor. La secuencia temporal del incidente y de las actuaciones posteriores se recoge en el Anexo II.
Tras localizar a la paciente, se realizó una valoración conjunta médica y enfermera, manteniéndola inmovilizada y evitando su movilización hasta descartar lesiones graves.
La paciente se encontraba somnolienta y presentaba signos de dolor, así como acortamiento y rotación del miembro inferior derecho. En la valoración inicial se registró una TA de 90/70 mmHg, una frecuencia cardiaca de 100 lpm y una saturación periférica de oxígeno del 90 %.
Ante la alteración del estado neurológico, el antecedente de traumatismo craneal durante la caída y la sospecha de lesión osteoarticular, se inició la vigilancia clínica y hemodinámica y se solicitaron pruebas de imagen urgentes. Paralelamente, se activó el protocolo institucional de actuación ante caídas.
La radiografía de cadera confirmó la presencia de una fractura pertrocantérea derecha. Debido al golpe craneal y a la somnolencia observada tras la caída, se realizó un estudio mediante tomografía computarizada craneal, que evidenció un hematoma subdural de importancia clínica.
Ante la gravedad de ambas lesiones, se indicó tratamiento quirúrgico. En el mismo acto operatorio se efectuaron una craneotomía descompresiva para el abordaje del hematoma subdural y una osteosíntesis de la fractura pertrocantérea mediante clavo intramedular (clavo largo). La intervención neuroquirúrgica evolucionó inicialmente de forma favorable.
Tras la intervención quirúrgica, la paciente ingresó en la unidad de cuidados intensivos (UCI) para vigilancia neurológica y control postoperatorio. Permaneció en esta unidad durante tres días y, tras una evolución inicial favorable desde el punto de vista neuroquirúrgico, regresó a la planta de Medicina Interna.
Allí continuó el seguimiento clínico, con vigilancia de su estado neurológico por parte de los servicios correspondientes (Neurocirugía y Traumatología) y control de las posibles complicaciones derivadas de las lesiones, las intervenciones realizadas y el periodo de inmovilización.
Durante la evolución posterior en la planta de Medicina Interna, la paciente desarrolló una infección de la herida quirúrgica de la cadera, por lo que se instauró tratamiento combinado con dos antibióticos.
Asimismo, presentó anemia, con una concentración de hemoglobina de 8,5 g/dl, que requirió la transfusión de dos concentrados de hematíes. Estas complicaciones, junto con la necesidad de mantener inicialmente el encamamiento hasta asegurar una evolución neurológica favorable, prolongaron la estancia hospitalaria y retrasaron el inicio de la recuperación funcional.
Como consecuencia de la caída, las lesiones sufridas, las intervenciones quirúrgicas y las complicaciones posteriores, la capacidad funcional de la paciente experimentó un deterioro significativo.
El índice de Barthel descendió de 70 puntos antes del incidente a 40 puntos en la valoración posterior, lo que reflejaba un aumento de la dependencia para las actividades básicas de la vida diaria.
La paciente permaneció inicialmente encamada hasta que su evolución neurológica permitió comenzar la movilización progresiva con el equipo de fisioterapia del hospital. Posteriormente, se planteó la continuidad del proceso rehabilitador para favorecer la recuperación de la movilidad y reducir el grado de dependencia. En el momento en que finalizó el seguimiento correspondiente a este caso, la paciente continuaba hospitalizada.
El incidente fue documentado en la historia clínica electrónica (HCE) y se cumplimentó el correspondiente parte de caídas en GACELA. En el registro se dejaron reflejadas las circunstancias en las que se produjo la caída, la valoración médica y enfermera posterior, las constantes vitales, las lesiones detectadas, las pruebas diagnósticas solicitadas y las actuaciones realizadas.
También se efectuó una nueva valoración de la capacidad funcional mediante el índice de Barthel. Este registro permitió garantizar la continuidad asistencial, facilitar el seguimiento de la evolución clínica y disponer de la información necesaria para el análisis posterior del evento adverso.
VALORACIÓN DE ENFERMERÍA SEGÚN LOS PATRONES FUNCIONALES DE MARJORY GORDON
La valoración enfermera se estructuró según los once patrones funcionales de Marjory Gordon, con el objetivo de organizar los datos clínicos, funcionales, cognitivos y sociales de la paciente e identificar sus principales necesidades de cuidados5.
PATRÓN PERCEPCIÓN-MANEJO DE LA SALUD: ALTERADO.
La paciente se encontraba hospitalizada por una descompensación de su enfermedad renal crónica y presentaba antecedentes de enfermedad de Alzheimer y diabetes mellitus. Recibía tratamiento diurético y precisaba supervisión para realizar determinados desplazamientos.
El deterioro cognitivo limitaba su capacidad para comprender, recordar y seguir de manera autónoma las recomendaciones de seguridad. Aunque el riesgo de caídas había sido identificado y se habían establecido medidas preventivas, la paciente se levantó sin solicitar ayuda y sorteó las barandillas de la cama para dirigirse al baño.
PATRÓN NUTRICIONAL-METABÓLICO: ALTERADO.
La presencia de diabetes mellitus y enfermedad renal crónica condiciona unas necesidades metabólicas específicas. Durante la evolución posterior a la caída, la paciente presentó anemia, con una concentración de hemoglobina de 8,5 g/dl, que requirió la transfusión de dos concentrados de hematíes.
También desarrolló una infección de la herida quirúrgica de la cadera, tratada mediante la administración combinada de dos antibióticos. No se dispone de información suficiente sobre el peso, la talla, el estado de hidratación, la ingesta habitual o el tipo de dieta prescrita.
PATRÓN ELIMINACIÓN: POTENCIALMENTE ALTERADO.
La paciente recibía tratamiento diurético en el contexto de su enfermedad renal crónica, circunstancia que podía aumentar la frecuencia o la urgencia urinaria y favorecer la necesidad de desplazarse al baño.
Sin embargo, no se dispone de información suficiente sobre el ritmo miccional, la continencia, la diuresis, el patrón intestinal o la presencia de dispositivos de eliminación. Por ello, no puede determinarse una alteración concreta de este patrón.
PATRÓN ACTIVIDAD-EJERCICIO: ALTERADO.
Antes de la caída, la paciente necesitaba ayuda de otra persona para determinados desplazamientos y presentaba una puntuación de 70 en el índice de Barthel, compatible con dependencia moderada para las actividades básicas de la vida diaria.
Además, mostraba debilidad, marcha inestable y riesgo alto de caídas. Tras sufrir la fractura pertrocantérea derecha y el hematoma subdural, permaneció inicialmente encamada y su puntuación en el índice de Barthel descendió hasta 40 puntos. Posteriormente inició movilización progresiva con el equipo de fisioterapia, con previsión de continuar el proceso rehabilitador.
PATRÓN SUEÑO-DESCANSO: NO VALORABLE.
No se dispone de información sobre el patrón habitual de sueño, la presencia de insomnio, despertares nocturnos, somnolencia previa al incidente o utilización de medicación hipnótica. La somnolencia observada inmediatamente después de la caída se interpretó como un signo clínico agudo relacionado con el traumatismo craneal y no como una característica del patrón habitual de sueño.
PATRÓN COGNITIVO-PERCEPTUAL: ALTERADO.
La paciente presentaba enfermedad de Alzheimer, con desorientación y limitación para comprender y recordar las indicaciones de seguridad. Tras la caída fue encontrada somnolienta y con signos evidentes de dolor.
El traumatismo craneal produjo un hematoma subdural de importancia clínica que precisó craneotomía descompresiva y vigilancia neurológica posterior. No se dispone de una puntuación concreta en la escala de Glasgow ni de información suficiente sobre posibles déficits sensoriales previos.
PATRÓN AUTOPERCEPCIÓN-AUTOCONCEPTO: NO VALORABLE.
No se dispone de información fiable sobre la percepción que la paciente tenía de sí misma, su estado emocional, su autoestima o su vivencia de la pérdida de autonomía.
El deterioro cognitivo dificultaba la obtención de datos subjetivos y la valoración de su respuesta emocional ante la hospitalización, la caída y el aumento posterior de la dependencia.
PATRÓN ROL-RELACIONES: PARCIALMENTE VALORABLE.
La familia conocía el riesgo de caídas y había sido informada de la necesidad de acompañar a la paciente durante los traslados entre la cama, el sillón y el baño. En el momento del incidente no se encontraba ningún familiar presente.
El paciente que ocupaba la otra cama avisó inmediatamente al personal tras producirse la caída. No se dispone de información suficiente sobre la persona cuidadora principal, la convivencia habitual, la estructura familiar o el apoyo disponible tras el alta.
PATRÓN SEXUALIDAD-REPRODUCCIÓN: NO VALORABLE.
No se dispone de información relacionada con la sexualidad, la salud reproductiva o posibles preocupaciones de la paciente en esta esfera.
No se identificaron datos clínicos que justificaran una valoración más específica de este patrón durante el episodio asistencial descrito.
PATRÓN ADAPTACIÓN-TOLERANCIA AL ESTRÉS: NO VALORABLE.
No fue posible valorar de manera fiable las estrategias de afrontamiento de la paciente ante la hospitalización, la caída, las intervenciones quirúrgicas y la pérdida de autonomía.
El deterioro cognitivo y la evolución neurológica limitaron la obtención de información subjetiva sobre ansiedad, miedo, estrés o mecanismos de adaptación.
PATRÓN VALORES-CREENCIAS: NO VALORABLE.
No se dispone de información sobre las creencias religiosas, los valores personales, las preferencias relacionadas con los cuidados o la existencia de voluntades anticipadas.
Por tanto, no puede determinarse la influencia de este patrón sobre las decisiones asistenciales adoptadas.
PLAN DE CUIDADOS NANDA-NOC-NIC
A partir de los datos obtenidos mediante la valoración por patrones funcionales de Marjory Gordon, se elaboró un plan de cuidados individualizado utilizando las taxonomías NANDA-I, NOC y NIC vigentes. Se priorizaron los problemas relacionados con la seguridad, el deterioro cognitivo, el dolor, la movilidad y la integridad tisular, por ser los que presentaban una mayor repercusión sobre la evolución clínica y funcional de la paciente6–8 .
Los diagnósticos enfermeros seleccionados fueron los siguientes:
• 00303. Riesgo de caídas del adulto.
Riesgo de caídas del adulto relacionado con deterioro cognitivo, desorientación, alteración de la movilidad, debilidad, marcha inestable, hipotensión, tratamiento diurético, necesidad de ayuda para los desplazamientos y antecedente de caída durante la hospitalización.
- NOC:
- 1909. Conducta de prevención de caídas.
- 1902. Control del riesgo.
- NIC:
- 6490. Prevención de caídas.
- 6654. Vigilancia: seguridad.
- ACTIVIDADES NIC
- Reevaluar periódicamente el riesgo de caídas y siempre que se produzcan cambios en el estado neurológico, funcional o hemodinámico.
- Mantener la cama en la posición más baja, con los frenos activados y el timbre accesible.
- Vigilar la aparición de mareo, hipotensión o inestabilidad antes de iniciar la movilización
- Informar a la familia y favorecer su participación, sin sustituir la supervisión profesional necesaria.
• 00085. Deterioro de la movilidad física.
Deterioro de la movilidad física relacionado con dolor, debilidad, inmovilización y disminución de la fuerza, asociado a fractura pertrocantérea derecha, tratamiento quirúrgico y periodo de encamamiento, manifestado por necesidad de ayuda para los desplazamientos, imposibilidad inicial para la deambulación y descenso del índice de Barthel de 70 a 40 puntos.
- NOC:
- 0208. Movilidad.
- 0200. Ambulación.
- NIC:
- 0221. Terapia de ejercicios: ambulación.
- 0840. Cambio de posición.
- ACTIVIDADES NIC:
- Respetar las restricciones de carga y movilización indicadas por Traumatología y Neurocirugía.
- Coordinar la movilización con el equipo de fisioterapia.
- Vigilar durante la movilización la aparición de dolor, mareo, hipotensión, fatiga o alteraciones neurológicas.
• 00132. Dolor agudo.
Dolor agudo relacionado con agentes lesivos físicos y procedimientos quirúrgicos, manifestado por signos conductuales de dolor, limitación del movimiento y necesidad de analgesia.
- NOC:
- 2102. Nivel del dolor.
- 1605. Control del dolor.
- NIC:
- 1410. Manejo del dolor agudo.
- 2210. Administración de analgésicos.
- ACTIVIDADES NIC:
- Valorar el dolor de forma periódica y antes y después de cada intervención analgésica
- Observar cambios en la expresión facial, la postura, la movilidad, la vocalización y la conducta.
- Anticipar la analgesia antes de las curas, los cambios posturales y las sesiones de fisioterapia.
• 00129. Confusión crónica.
Confusión crónica asociada a enfermedad de Alzheimer, manifestada por desorientación, alteración de la memoria, dificultad para comprender o recordar las recomendaciones de seguridad y conducta de riesgo al levantarse y desplazarse sin solicitar ayuda.
- NOC:
- 0901. Orientación cognitiva.
- NIC:
- 6460. Manejo de la demencia.
- 4820. Orientación de la realidad
- 6654. Vigilancia: seguridad.
- ACTIVIDADES NIC:
- Determinar el estado cognitivo basal y diferenciarlo de cambios neurológicos agudos.
- Facilitar elementos de orientación, como reloj, calendario, iluminación adecuada e identificación visible del personal y de la habitación.
- Favorecer la presencia y colaboración de la familia cuando fuera posible.
- Vigilar la aparición de mayor somnolencia, agitación, desorientación o alteraciones conductuales.
• 00044. Deterioro de la integridad tisular.
Deterioro de la integridad tisular relacionado con el procedimiento quirúrgico y la alteración del proceso de cicatrización, manifestado por infección de la herida quirúrgica de la cadera y necesidad de tratamiento antibiótico combinado.
- NOC:
- 1101. Integridad tisular: piel y membranas mucosas.
- 0703. Severidad de la infección.
- NIC:
- 3660. Cuidados de las heridas.
- 6540. Control de infecciones.
- ACTIVIDADES NIC:
- Valorar y registrar periódicamente el aspecto de la herida, los bordes, la piel circundante, el exudado, el olor y los signos inflamatorios.
- Vigilar la aparición de fiebre, aumento del dolor, exudado purulento, dehiscencia o extensión del eritema.
- Administrar los antibióticos prescritos y vigilar la respuesta terapéutica y los posibles efectos adversos.
- Favorecer una alimentación compatible con la enfermedad renal y la diabetes, adaptada a las necesidades derivadas del proceso de cicatrización.
- Registrar la evolución de la herida y comunicar cualquier signo de empeoramiento.
DISCUSIÓN
La caída descrita no puede atribuirse a un único factor, sino a la concurrencia de múltiples elementos de riesgo. La edad avanzada, la enfermedad de Alzheimer, la dependencia para los desplazamientos, la debilidad, la inestabilidad de la marcha, el tratamiento diurético y la situación hemodinámica de la paciente aumentaban su vulnerabilidad.
A estos factores se añadió la ausencia de supervisión directa en el momento en que intentó acudir al baño. Esta combinación coincide con la naturaleza multifactorial atribuida a las caídas intrahospitalarias y con la mayor frecuencia de resultados adversos observada entre las personas mayores hospitalizadas con deterioro cognitivo2,3.
Aunque la paciente había sido clasificada con riesgo alto mediante una puntuación de 5 en la escala de Downton y disponía de medidas preventivas, estas no fueron suficientes para evitar el incidente. La presencia de barandillas elevadas y de un timbre accesible no garantiza la seguridad, ya que ambas medidas dependían, en cierta medida, de que la paciente comprendiera su finalidad, recordará las indicaciones y solicitara ayuda antes de levantarse.
La enfermedad de Alzheimer reducía esta capacidad y favoreció que sorteara las barandillas e iniciará el desplazamiento de manera autónoma. Este hecho muestra que la aplicación de una escala debe considerarse el punto de partida de la prevención y no su resultado final; la puntuación obtenida debe traducirse en intervenciones individualizadas, dinámicas y adaptadas al comportamiento real del paciente2,4.
El desplazamiento al baño constituye un momento de especial vulnerabilidad dentro del entorno hospitalario. En un estudio realizado en pacientes adultos ingresados, el 45,2 % de las caídas analizadas estuvo relacionado con la eliminación, y el trayecto desde la cama o el sillón hasta el baño fue la situación descrita con mayor frecuencia.
En el caso presentado, el tratamiento diurético, la dependencia para la movilidad y la alteración cognitiva podrían aumentar la probabilidad de que la paciente intentará acudir al baño sin esperar ayuda. Por ello, la prevención no debía limitarse a indicar acompañamiento, sino incluir una estrategia proactiva de eliminación, con ofrecimiento periódico de ayuda, anticipación de las necesidades miccionales y supervisión directa durante todo el desplazamiento9.
Las consecuencias de la caída fueron especialmente graves al combinarse una fractura pertrocantérea con un hematoma subdural que precisó tratamiento neuroquirúrgico.
La coexistencia de fractura de cadera y traumatismo craneoencefálico en personas mayores se ha relacionado con una mayor morbimortalidad y una recuperación más compleja que la observada cuando la fractura aparece de forma aislada10.
En esta paciente, las intervenciones quirúrgicas, el encamamiento inicial, la infección de la herida y la anemia prolongaron el proceso asistencial y contribuyeron al descenso del índice de Barthel de 70 a 40 puntos. El deterioro cognitivo previo añadió dificultades al proceso rehabilitador, aunque no debe considerarse una razón para excluir a la paciente de la movilización y la rehabilitación adaptadas, sino un elemento que exige cuidados coordinados e individualizados11.
La actuación posterior a la caída permitió identificar precozmente dos lesiones potencialmente graves. La somnolencia, los signos de dolor y la alteración del miembro inferior justificaron la inmovilización inicial, la vigilancia clínica y la realización urgente de pruebas de imagen.
La presencia de signos traumáticos tras una caída hospitalaria se ha asociado con una mayor probabilidad de detectar lesiones relevantes mediante estudios radiológicos12.
Asimismo, la cumplimentación del parte de caídas en GACELA no debe entenderse únicamente como un trámite administrativo, sino como una herramienta de seguridad que facilita la continuidad asistencial y el análisis de los factores contribuyentes. El estudio sistemático de los informes de incidentes permite reconocer patrones, detectar oportunidades de mejora y orientar modificaciones preventivas dentro de las unidades hospitalarias13.
A partir del análisis del caso, las oportunidades de mejora deben orientarse hacia una prevención más dinámica e individualizada. La reevaluación del riesgo debería realizarse siempre que cambien el estado cognitivo, la movilidad, la medicación o la situación hemodinámica, y sus resultados tendrían que comunicarse de forma clara durante los relevos asistenciales.
En pacientes con demencia, la educación y el timbre de llamada pueden resultar insuficientes si no se acompañan de supervisión directa, anticipación de las necesidades de eliminación y vigilancia adaptada a los periodos de mayor actividad o desorientación.
La participación familiar puede reforzar la seguridad, pero no debe convertirse en el elemento del que dependa la prevención. Las intervenciones multifactoriales, la formación de los profesionales y los planes personalizados ofrecen mejores posibilidades de reducir las caídas que la aplicación aislada de una única medida4,14.
Este trabajo presenta las limitaciones propias de un caso clínico individual, por lo que sus resultados no pueden generalizarse ni permiten establecer relaciones causales entre los factores identificados y la caída. Además, no se dispone de algunos datos clínicos específicos, como la puntuación en la escala de Glasgow, la relación completa de medicamentos, los antibióticos administrados o el seguimiento funcional hasta el alta hospitalaria.
La paciente continuaba ingresada cuando finalizó el periodo de observación, por lo que no fue posible conocer su grado definitivo de recuperación, el destino posterior ni la posible aparición de nuevas complicaciones. No obstante, el análisis permite identificar aspectos relevantes para la práctica enfermera y reflexionar sobre la necesidad de individualizar las medidas preventivas en pacientes hospitalizados con deterioro cognitivo y dependencia funcional.
CONCLUSIONES
Las caídas intrahospitalarias presentan un origen multifactorial y pueden producir consecuencias graves en las personas mayores. En el caso descrito, la edad avanzada, la enfermedad de Alzheimer, la dependencia funcional, la alteración de la movilidad, la situación hemodinámica y el tratamiento diurético configuraron un escenario de riesgo elevado.
La caída ocasionó una fractura pertrocantérea derecha y un hematoma subdural que precisaron tratamiento quirúrgico, prolongaron la hospitalización y provocaron un deterioro importante de la autonomía de la paciente.
La identificación del riesgo mediante una escala y la existencia de medidas preventivas no garantizan por sí solas que la caída pueda evitarse. En pacientes con deterioro cognitivo, las intervenciones deben adaptarse a su capacidad real para comprender, recordar y cumplir las recomendaciones de seguridad.
El acompañamiento directo, la anticipación de las necesidades de eliminación, la reevaluación periódica del riesgo y la comunicación efectiva entre los profesionales resultan esenciales para complementar las medidas ambientales y reducir la probabilidad de nuevos incidentes.
La actuación rápida del equipo permitió detectar y tratar precozmente las lesiones, mientras que el registro del evento facilitó la continuidad asistencial y su posterior análisis. Este caso pone de manifiesto el papel fundamental de enfermería en la valoración continua, la vigilancia, la individualización de los cuidados y el aprendizaje derivado de los eventos adversos.
La prevención debe entenderse como un proceso dinámico que requiere revisar las medidas implantadas y adaptarlas a la evolución clínica, cognitiva y funcional de cada paciente.
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ANEXOS
ANEXO I. Valoración del riesgo de caídas, capacidad funcional y medidas preventivas aplicadas:
(Fuente: elaboración propia)
| Área Valorada | Situación previa a la caída | Situación posterior a la caída | Interpretación clínica |
|---|---|---|---|
| Riesgo de caídas | Escala de Downton: 5 puntos | Riesgo persistente tras el incidente | Riesgo alto de caídas |
| Capacidad funcional | Índice de Barthel: 70 puntos | Índice de Barthel: 40 puntos | Evolución de dependencia moderada a dependencia grave |
| Estado cognitivo | Enfermedad de Alzheimer, desorientación y dificultad para seguir las recomendaciones de seguridad | Somnolencia y empeoramiento neurológico tras la caída | Limitación para reconocer el riesgo y solicitar ayuda |
| Movilidad | Debilidad, marcha inestable y necesidad de ayuda para determinados desplazamientos | Encamamiento inicial e inicio posterior de movilización con fisioterapia | Deterioro significativo de la movilidad |
| Factores farmacológicos y hemodinámicos | Tratamiento diurético por enfermedad renal crónica. | TA: 90/70 mmHg
FC: 100 lpm SpO2: 90% |
Posible aumento de la necesidad de acudir al baño y presencia de inestabilidad hemodinámica |
| Medidas preventivas indicadas | Acompañamiento en los traslados cama- sillón- baño; barandillas elevadas; timbre accesible; familia informada | Reevaluación funcional, vigilancia clínica y adaptación del plan de cuidados. | Las medidas requerían refuerzo e individualización debido al deterioro cognitivo. |
ANEXO II: Cronología de la caída y evolución asistencial:
