Actualización en el manejo del síndrome de distrés respiratorio del adulto (SDRA)

6 diciembre 2025

AUTORES

  1. Laura Rojo Alonso. Hospital Universitario de Burgos. Servicio de Anestesiología y Reanimación. Residente. Burgos, Castilla y León, España.
  2. Amaia Casado Martínez. Hospital Universitario de Burgos. Servicio de Obstetricia y Ginecología. Residente. Burgos, Castilla y León, España.
  3. Amaia Ruiz Araus. Hospital Universitario de Burgos. Servicio de Pediatría y Áreas Específicas. Residente. Burgos, Castilla y León, España.
  4. Teresa Toledo Arizón. Hospital Universitario de Burgos. Servicio de Oftalmología. Residente. Burgos, Castilla y León, España.
  5. Ana Mena Miguel. Hospital Universitario de Burgos. Servicio de Medicina Familiar y Comunitaria. Residente. Burgos, Castilla y León, España.

 

RESUMEN

El síndrome de distrés respiratorio del adulto (SDRA) es una entidad de insuficiencia respiratoria hipoxémica aguda secundaria a lesión pulmonar difusa no cardiogénica, que continúa representando una carga importante de morbimortalidad en las unidades de cuidados intensivos. En este artículo se revisan el impacto y la epidemiología contemporánea del SDRA, su definición y clasificación (con especial atención a la definición de Berlín), los mecanismos fisiopatológicos clave (incluyendo alteración de la barrera alveolo-capilar, inflamación y ventilación heterogénea), criterios diagnósticos, estrategias terapéuticas fundamentadas en evidencia (ventilación protectora con volumen tidal bajo y control de presiones, manejo de PEEP, posición prona, bloqueo neuromuscular, ECMO), y las intervenciones farmacológicas más relevantes, con especial discusión de la evidencia generada durante la pandemia de COVID-19 sobre esteroides sistémicos. Se analizan también estrategias de personalización del tratamiento (monitorización de la mecánica respiratoria, driving pressure, uso de esofagotraqueal/eco para titulación de PEEP) y las indicaciones actuales y controversias sobre ECMO. Finalmente, se resumen las líneas de investigación actuales y las conclusiones prácticas para el cuidado del paciente con SDRA.

PALABRAS CLAVE

SDRA, ventilación protectora, PEEP, oxigenación, ECMO.

ABSTRACT

Acute respiratory distress syndrome (ARDS) is an acute hypoxemic respiratory failure secondary to diffuse noncardiogenic lung injury and remains a major cause of morbidity and mortality in intensive care units. This review covers the current epidemiology and impact of ARDS, its definition and classification (with emphasis on the Berlin definition), core pathophysiological mechanisms (alveolar–capillary barrier disruption, inflammation and heterogeneous ventilation), diagnostic criteria, evidence-based therapeutic strategies (low tidal-volume protective ventilation and pressure control, PEEP management, prone positioning, neuromuscular blockade, extracorporeal membrane oxygenation), and pharmacologic interventions, including corticosteroid evidence emerging during the COVID-19 pandemic. We discuss personalization strategies (respiratory mechanics monitoring, driving pressure, esophageal pressure and imaging-guided PEEP titration) and the current indications and controversies regarding ECMO. Finally, research directions and practical conclusions for patient care are summarized.

KEY WORDS

ARDS, lung-protective ventilation, PEEP, oxygenation, ECMO.

DESARROLLO DEL TEMA

Impacto y epidemiología:

El síndrome de distrés respiratorio del adulto (SDRA/ARDS) es una causa frecuente de insuficiencia respiratoria grave en pacientes críticos. Estudios multicéntricos internacionales han estimado que el SDRA representa aproximadamente el 10% de las admisiones a UCI y cerca del 23–24% de los pacientes ventilados invasivamente durante su estancia en UCI¹³. En la cohorte LUNG-SAFE, que incluyó unidades de 50 países, la incidencia puntual fue del orden de 0.42 casos por cama de UCI durante 4 semanas y la mortalidad global permaneció alta, aumentando con la gravedad de la hipoxemia³. La pandemia de COVID-19 incrementó la carga absoluta de pacientes con SDRA (por infección vírica primaria) y generó un gran volumen de evidencia clínica sobre manejo ventilatorio y terapias adyuvantes²,⁴.

La mortalidad del SDRA varía según la definición y la severidad: en la validación de la definición de Berlín, la mortalidad fue de 27% en SDRA leve, 32% en moderado y 45% en severo, lo que enfatiza la relación entre grado de hipoxemia y pronóstico¹. Además, el reconocimiento clínico del SDRA es imperfecto en la práctica habitual, con subdiagnóstico especialmente en formas leves y moderadas³.

Definición, fisiopatología y clasificación

La definición de referencia actual es la definición de Berlín (2012): inicio agudo (dentro de la semana de un evento clínico), infiltrados bilaterales en imagen torácica no completamente explicables por derrame pleural, atelectasia o nódulos, y edema respiratorio no explicado por insuficiencia cardiaca o sobrecarga de volumen. Además, la gravedad se estratifica por la relación PaO₂/FiO₂ (con PEEP ≥5 cmH₂O): leve 201–300 mmHg, moderado 101–200 mmHg, severo ≤100 mmHg¹. Recientemente se ha discutido la necesidad de adaptar la definición para incluir pacientes con soporte alto por flujo (HFNO) y para mejorar la aplicabilidad clínica, talleres y propuestas más recientes abordan estas limitaciones y criterios operativos1,².

Fisiopatología:

El SDRA es el resultado final de múltiples insultos (neumonía, sepsis, aspiración, trauma, transfusión masiva, inhalación, pancreatitis, etc.) que desencadenan una respuesta inflamatoria alveolar exagerada. Los mecanismos fisiopatológicos centrales son:

  • Lesión de la barrera alveolo-capilar: aumento de permeabilidad, edema alveolar proteico y alvéolos llenos de fluido que impiden el intercambio gaseoso.
  • Inflamación pulmonar: activación del sistema inmune innato (neutrófilos, macrófagos) y liberación de citocinas proinflamatorias (IL-1, IL-6, TNF-α), que perpetúan la lesión².
  • Heterogeneidad ventilatoria: «pulmón en mosaico» con áreas no aireadas (consolidación, atelectasia) adyacentes a unidades relativamente sanas, lo que favorece sobredistensión de unidades aireadas con la ventilación asistida y genera lesión pulmonar inducida por ventilador (VILI).
  • Alteraciones de la mecánica respiratoria: reducción de la compliancia pulmonar, incremento de presiones transpulmonares y modificadores hemodinámicos secundarios a la PEEP y la ventilación mecánica².

 

Conceptos fisiológicos útiles: presión de meseta (plateau), presión distensiva o driving pressure (ΔP = plateau − PEEP), que se ha asociado de forma consistente con mortalidad en análisis observacionales y secundarios de ensayos clínicos, bajar la ΔP parece ser un objetivo fisiológico protector⁹.

Clasificación:

La estratificación por PaO₂/FiO₂ de la definición de Berlín es la más utilizada (leve/moderado/severo)¹. Existen propuestas complementarias que consideran la etiología (directa vs indirecta), el fenotipo biológico (hiper- vs hipoinflamatorio) y la mecánica (alto- vs bajo-elastancia), con implicaciones pronósticas y terapéuticas potenciales, aunque la implementación rutinaria de fenotipos todavía es materia de investigación².

Diagnóstico:

El diagnóstico combina datos clínicos, gasométricos, radiológicos y hemodinámicos:

  1. Historia y factores desencadenantes: neumonía, sepsis, aspiración, trauma.
  2. Gasometría arterial: PaO₂/FiO₂ con PEEP ≥5 cmH₂O para estratificar gravedad (criterios Berlín)¹,3.
  3. Radiología torácica: infiltrados bilaterales nuevos en radiografía o TC (distribución dependiente, consolidaciones y áreas de atelectasia). El uso de ecografía pulmonar ha aumentado y puede apoyar el diagnóstico en la cabecera.
  4. Descartar sobrecarga cardiogénica: ecocardiograma, BNP/NT-proBNP y evaluación clínica, si existe duda, se puede recurrir a cateterismo o ecocardiografía para descartar fallo cardiaco primario.
  5. Reconocimiento clínico: el estudio LUNG-SAFE mostró subreconocimiento frecuente del SDRA, lo que repercute en la aplicación de terapias protectoras³.

 

Se recomiendan algoritmos que integren criterios de Berlín y herramientas de imagen y hemodinámica para confirmar la naturaleza no cardiogénica del edema y priorizar intervenciones dirigidas.

Tratamiento: evidencia y recomendaciones actuales:

El manejo del SDRA combina medidas generales de soporte, ventilación mecánica protectora, maniobras adyuvantes y, en casos seleccionados, oxigenación extracorpórea veno-venosa (VV-ECMO). A continuación se exponen los principios con las evidencias principales.

1) Ventilación protectora — bajo volumen tidal y control de presiones:

La piedra angular del tratamiento del SDRA es la ventilación con volumen tidal bajo (≈6 ml/kg de peso corporal predicho) y límites de presión alveolar (plateau ≤30 cmH₂O). Esta estrategia redujo mortalidad en el ensayo ARDSNet (ARMA) y ha sido el estándar desde entonces⁴. Además, la monitorización de la driving pressure (ΔP) ha surgido como predictor pronóstico y objetivo terapéutico fisiológico: una ΔP menor se asocia a mejor supervivencia y puede guiar ajustes de PEEP y volumen tidal⁹.

Evidencia: ARDSNet (NEJM, 2000) demostró reducción de mortalidad con volúmenes bajos⁴, análisis posteriores subrayan la importancia de ΔP⁹.

2) PEEP — cómo y cuándo:

El uso de PEEP es crucial para reclutar unidades alveolares, mejorar la oxigenación y prevenir atelectrauma. Ensayos comparativos entre estrategias de PEEP alto vs bajo mostraron mejoras en la oxigenación pero resultados de mortalidad heterogéneos, metaanálisis sugieren beneficio del PEEP alto en subgrupos con SDRA moderado-severo⁵. Las guías más recientes recomiendan PEEP personalizado: emplear tablas de PEEP/FiO₂ o técnicas avanzadas (medidores de reclutabilidad, tomografía/computarizada cuando esté disponible) para optimizar PEEP evitando sobredistensión⁶,¹¹. Estudios recientes también discuten la no recomendación rutinaria de maniobras agresivas de reclutamiento por posible daño hemodinámico y barotrauma¹¹.

Evidencia: ALVEOLI (NEJM 2004) y meta-análisis posteriores sobre PEEP⁵, guías clínicas y revisiones recientes ofrecen recomendaciones condicionadas.

3) Posición prona:

La ventilación en prona aplicada de manera temprana y prolongada (≥16 horas) en SDRA severo (PaO₂/FiO₂ <150 mmHg) reduce la mortalidad y es recomendada en pacientes con SDRA moderado-severo que requieren ventilación invasiva⁶. El ensayo PROSEVA (NEJM 2013) mostró reducción significativa de mortalidad a 28 y 90 días con pronación temprana y prolongada⁶.

Evidencia: PROSEVA⁶.

4) Bloqueo neuromuscular:

El uso de bloqueadores neuromusculares (p. ej., cisatracurio durante 48 horas) en SDRA temprano y severo fue asociado con mejoría en oxigenación y reducción de mortalidad en algunos estudios (ACURASYS, NEJM 2010), aunque ensayos posteriores (ej. ROSE) han generado debate sobre el beneficio neto cuando se aplican estrategias de sedación y ventilación protectora modernas⁷. La recomendación actual es considerar bloqueo neuromuscular en pacientes con SDRA severo refractario a ajustes ventilatorios, en las primeras 48 horas, valorando riesgo de debilidad adquirida en UCI.

Evidencia: ACURASYS (NEJM 2010) y ensayos posteriores⁷.

5) Uso de esteroides:

La evidencia sobre esteroides en SDRA «no COVID» es heterogénea, sin embargo, en el contexto de COVID-19 asociado a SDRA, estudios aleatorizados y un meta-análisis prospectivo (WHO REACT) mostraron reducción de mortalidad con corticosteroides sistémicos en pacientes críticamente enfermos (incluyendo pacientes con ventilación mecánica)¹⁵. El ensayo RECOVERY demostró beneficios del dexametasona (6 mg/d por 10 días) en pacientes hospitalizados con COVID-19 que requerían oxígeno o ventilación¹⁰, ensayos regionales (CoDEX) mostraron aumento de días libres de ventilador en SDRA por COVID-19¹¹. Actualmente las guías recomiendan corticosteroides para COVID-19 crítico, en SDRA no COVID la decisión debe individualizarse y considerar la etiología y posible infección concomitante.

Evidencia: RECOVERY¹⁰, CoDEX y meta-análisis WHO REACT¹¹,¹⁵.

6) Terapias inhaladas y NMDA/locales:

Terapias como óxido nítrico inhalado pueden mejorar temporalmente la oxigenación pero sin beneficio claro de supervivencia, su uso suele limitarse a puente para decisiones o antes de ECMO.

7) Oxigenación extracorpórea (VV-ECMO):

La ECMO veno-venosa es una terapia de rescate para pacientes con SDRA extremadamente severo y refractario a medidas convencionales (hipoxemia refractaria, acidosis incontrolada, barotrauma persistente) y debe considerarse en centros con experiencia. Ensayos controlados (EOLIA, NEJM 2018) no demostraron diferencia estadísticamente significativa en mortalidad primaria, aunque el ensayo fue detenido temprano y permite interpretaciones favorables respecto a un posible beneficio en subgrupos y en análisis bayesianos, además, los pacientes en el brazo control muchos veces cruzaron a ECMO como rescate⁸. Las recomendaciones actuales (ELSO, guías de sociedades) señalan que ECMO puede considerarse en pacientes seleccionados con SDRA muy severo cuando se cumplen criterios y hay recursos y experiencia para su manejo¹⁶.

Evidencia: EOLIA (NEJM 2018) y guías ELSO⁸,¹⁶.

8) Manejo hemodinámico, nutrición y profilaxis:

Manejo de la volemia y soporte vasopresor según perfusión, control glucémico moderado, soporte nutricional temprano, prevención de infecciones nosocomiales y cuidados de la movilización temprana en fases de recuperación son pilares complementarios del tratamiento integral.

Estrategias de personalización y monitorización avanzada:

La heterogeneidad fisiopatológica del SDRA requiere individualizar estrategias:

  • Medición de presión esofágica para estimar presión pleural y optimizar PEEP en casos de obesidad o aumento de presión abdominal.
  • Monitorización de la mecánica respiratoria (compliance, plateau, ΔP) para ajustar volumen tidal y PEEP y minimizar VILI⁹.
  • Ecografía pulmonar y de vena cava para evaluar recruitability y hemodinámica.
  • Tomografía computarizada en centros especializados para planificar estrategias de reclutamiento y PEEP si está disponible.

 

Recientes trabajos abogan por estrategias de PEEP guiadas por recruitability en lugar de tablas uniformes, y estudios de 2022–2024 discuten la utilidad de titulación individualizada del PEEP usando técnicas de imagen y mediciones de mecánica⁶,¹¹.

Complicaciones y secuelas a largo plazo:

El SDRA y su tratamiento con ventilación mecánica pueden generar complicaciones agudas (neumotórax, infección respiratoria, hemorragia asociada a ECMO) y secuelas crónicas: discapacidad funcional, disminución de la calidad de vida, secuelas pulmonares radiológicas y supresión muscular por inmovilización y esteroides. El seguimiento post-UCI (rehabilitación pulmonar, fisioterapia) es importante para mejorar resultados funcionales a largo plazo².

Perspectivas y líneas de investigación:

Las áreas activas de investigación incluyen:

  • Identificación de biomarcadores y fenotipos clínico-biológicos que permitan terapias dirigidas (p. ej., fenotipo hiperinflamatorio que podría beneficiarse de moduladores inmunitarios).
  • Estrategias de monitorización personalizada del PEEP y técnicas para medir recruit ability en la cama del paciente.
  • Ensayos que aclaren el papel preciso y la óptima indicación de ECMO en subgrupos concretos y los criterios de selección.
  • Investigación sobre agentes farmacológicos (antiinflamatorios, moduladores de la permeabilidad alveolar) y dispositivos de ventilación avanzada.
  • Estudios sobre resultados funcionales y rehabilitación post-SDRA y medidas para reducir la discapacidad a largo plazo².

 

CONCLUSIÓN

El SDRA continúa siendo una entidad de alta carga en medicina crítica. El enfoque terapéutico actual se basa en ventilación pulmonar protectora (volumen tidal bajo, control de presiones), optimización del PEEP de manera individualizada, uso de posicionamiento prona en SDRA severo, consideración de bloqueo neuromuscular en situaciones seleccionadas, uso juicioso de corticosteroides cuando la evidencia lo respalda (especialmente en COVID-19), y uso de ECMO como terapia de rescate en centros experimentados. La implementación adecuada de medidas basadas en la evidencia y la personalización según la mecánica respiratoria y el fenotipo del paciente son claves para mejorar resultados. La investigación futura dirigida a la estratificación biológica y a terapias dirigidas promete transformar la práctica clínica en los próximos años.

 

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